—¡Que demonios!— te quejaste, no veías mucho, quitando del medio que estabas en un sótano, tus gafas habían salido volando a quien sabe donde.
—¿Estas bien?— pregunto Dave con angustia en su voz.
—He estado mejor —contestaste sinceramente —¿Puedes ver mis lentes desde ahí?.
Notaste una luz moverse, suponías que era del teléfono de Dave.
—Ah…— comentó con tono pesado Dave antes de caer al mismo agujero en el que estabas, lo siguiente que sentiste fueron sus brazos rodeándote—Me alegra que no tengas ningún rasguñó, ten— tomaste tus gafas de su mano y te las pusiste, todo estaba oscuro pero recordabas ese lugar.
En mejores tiempos fue tu refugio contra dragones y demás cosas imaginarias.
Y lo recordaste.
Dos sombras, bajaste a ese mismo sótano, luego tu madre furiosa pegando gritos, ruidos, luego la otra sombra sacandote de ahí entre un montón de humo, pasto verde y otro niño pequeño ayudándote a salir.
Caíste al piso,
—John— gritó el albino tirándose a tu lado.
—Necesito salir de aquí— contestaste agitado.
—Dios— escuchaste decir a Dave mientras conducía. Abriste los ojos para encontrarte con un escenario bastante oscuro.
Nubes, grises y gigantes se levantaban delante de la carretera. Ojalá estuviéramos hablando de las nubes del cielo.
—Papá— susurraste para ti.
Dave aceleró, los móviles de ambos comenzaron a sonar como locos, pero nadie contestaba.
El rubio intentaba apresurarse a llegar al centro, y tu mirabas las marcas de graffiti verde en los edificios: signos de interrogación y flechas indicando direcciones inexistentes.
Miles de sirenas policiales alumbraban el lugar, no había luz eléctrica.
Dave se estaciono en un supermercado y saliste corriendo hasta el ayuntamiento.
Entonces lo viste, en lo alto del edificio, en un pequeño balcón—sonriendo con esa hipócrita sonrisa que alguna vez te atrapo.
—Muy buenas tardes, señorito Egbert— exclamó por el megáfono mientras te veía con sus ojos verdes que parecían almacenar veneno –Quiero decir que éstas igual de guapo como siempre– hizo una pequeña pausa para dedicarte una cínica sonrisa —Amor.
—Es una lastima que lo nuestro no haya funcionado John, pero ¿sabes que también es una lastima? que tu padre también haya sido un verdadero hijo de puta al enviar sus soldados en un lago de inocentes.
No entendías de que hablaban, pero te sentías impotente, tu padre con la cabeza baja, atado de brazos, con un hilillo de sangre saliendo de su boca.
Tu madre siempre tuvo razón, no era tan santo después de todo.
…Daniel siempre fue un doble cara, un aparente ángel en su disfraz, pero no es más que todo lo que dice odiar en el mundo…
—John— gritó Jane viniendo detrás tuyo.
La policía había hecho un muro humano, pero los que estaban del lado de Jake eran más, muchos miles más.
—Esto se está descontrolando, las carreteras estan cerradas y…
—¿Que es lo que quiere?— la interrumpiste.
—Que tu padre y su maldita mafia caigan al infierno— te contestó antes de que Jane pudiera decir algo, desde su mismo lugar.
No estabas preparado para esto, no pudiste aguantar mas y caíste en los hombros de tu hermana a llorar.
Ya había muerto demasiada gente, no querías ver nada de sangre.
—John tranquilo, esto no es tu culpa.
—Les doy un plazo de 13 horas a partir de que ese reloj marque la hora en punto, quiero cabezas muertas o su alcalde morirá— ordenó desde las alturas.
—Muevanse malditos gordos americanos — se quejó.
—Jane ¿Por que?— le cuestionaste
—No lo se— contesto triste mientras te acariciaba el cabello
Un par de horas habían pasado, Jake seguía sosteniendo la punta del arma en la cabeza de tu padre, pero el parecía ausente. No habías visto a Dave desde que llegaste ahí.
La noche había llegado y el fuego de la ciudad se había apagado, el humo había desaparecido, por lo que Jane te había contado habían incendiado un hospital primero, luego varios establecimientos gubernamentales y habían amenazado con quemar el edificio si no les entregaban al alcalde.
Miraste a ver a tu padre pero no Jake ya no estaba ahí.
—John, John, Johny~— tarareó tu nombre mientras bajaba a la entrada.
Un silencio fúnebre envolvió a todos.
—Alguien muy sabio me dijo una vez: No existen malos ni buenos en la guerra, solo ganadores y perdedores… Y ya me cansé de perder. Te preguntarás ¿Si tu madre, la gran y todo poderosa condesa, me apoyaba porque está tres metros bajo tierra?— dijo en tono burlón —la respuesta es fácil, jamás impidió nada, se centro en su estúpida venganza que no iba a llegar a ningún lado, patética, sacaste eso de ella.
—No lo escuches John— te dijo Jane dulcemente para tranquilizarte.
Jake río irónico —Jane Crocker, la aparente hija bastarda de la condesa, viviendo en un mundo de dulces y gente buena, tú y tu hermano no son más que ratas de laboratorio, ¿Por que no nos lo confirmas Daniel?—.
En la cima del balcón tu padre los miraba, parecía estar mas despierto que hace varios minutos.
Una especie de soldado lo tenia tomado de la cabeza y otro le había dado un megáfono.
—Lo siento tanto John…— titubeó.
—Así es John, o espera experimento D-002— No entendías nada, y realmente no querías entender, solo querías que todo eso terminara.
—¡Dilo Daniel!¡CONFIESALO! experimentaste con tu hijo, tus malditas drogas buenas para nada. Creéme Egbert, nada de esto fue coincidencia, no es coincidencia que seas alérgico al maní, no es coincidencia que tengas un oído musical perfecto, no es coincidencia que seas sonámbulo— Pauso para acercarse a ti, la muralla humana la daba paso. Jane te apretó hacia ella, tu solo lo veías acercarse.
—No es coincidencia que estés estudiando lo que tu padre hacia como pasatiempo —escupió con veneno en sus palabras para regresar por donde vino.
—Confiesa Daniel Egbert, confiesa que desde que tu padre murió en mi pueblo por su maldito «oro blanco» tu también te obsesionaste con eso…
—¡Calla!— levantaste la voz enojado —Estoy harto de todo— te zafaste de los brazos de Jane —Estoy harto de la sobre protección de todos, estoy harto de no recordar bien las cosas, estoy harto de todas la mentiras que me dicen para que no me de cuenta que nada esta bien, pero sobre todo estoy harto que nadie me diga quien soy, que he hecho— tomaste aire, jamás habías explotado de esa forma.
—Muy bien John, ¿Quieres respuestas? Respuestas tendrás. Eres una rata de laboratorio, tu noviecillo también lo es.— su semblante cambio a uno oscuro y triste y continuó hablando —Mi hermana también lo fue...—
—Dejate de tonterías Jake, estoy harta de ti — ahora fue Jane la que explotó —Sarah no volverá, ¡entiendelo!— Grito molesta.
Una mueca se dibujo en su rostro.
—Lo se Jannet, lo se mejor que nadie, Strider lo sabe, John lo sabe, La condesa lo supo siempre «no puedes regresar el pasado, pero si cobrarlo en el futuro»
Mordías tu labio al escuchar eso, no terminabas de creer que tu mamá dijera algo como eso.
Un par de camionetas negras llegaron justo a espaldas de Jake, él les dio la espalda, ahora tu abrazabas a Jane.
Varios hombres vestidos de negro bajaban con otros «aparentes» civiles arrestados a quienes los acomodaban de espaldas a un muro del estacionamiento del ayuntamiento.
—Fuego— grito Jake sin su megáfono.
Alguien cubrió tus ojos y se lo agradecías infinita mente.
Lo siguiente que escuchaste fue: —últimas palabras—
—Jamas quise hacerte daño, espero algún día puedas perdonarme— y a los segundos algo cayendo desde un lugar alto.
Quien fuera la persona que te cubría los ojos debajo de tus lentes, podía sentir lágrimas, lágrimas de confusión, lágrimas que indicaban que habías perdido la poca familia que tenías.
—Ahora sabes lo que se…— otra bala.
Helicópteros volando, los escuchabas descender a tierra.
La persona que te tapó lo ojos, alejo sus manos de tu rostro, pero aún no querías ver nada.
—…John— musitó Jane poniendo una mano en tu hombro, mientras dabas media vuelta. –Todo termino–
Comenzaste a caminar, despacio deseabas alejarte y que todo fuese una pesadilla. Cada paso que dabas aceleraba tu llanto. No avanzaste mucho, cuando caíste de rodillas y liberaste tus tristeza.
Y justo en ese momento comenzó a nevar.
Sentías a Dave a tu lado, y decía algo, pero no querías escucharlo.
Ya no sabias en quien confiar, cuando todo el mundo te ocultaba algo, sea bueno o malo.
1 semana después.
Cerraste tu maleta, habías tomado tu decisión hace mucho. Si nadie iba a darte respuestas, tu las buscarías.
—John ¿éstas seguro de esto?— te cuestionó Dave sentado en la que alguna vez fue la cama de ambos.
No le contestaste, no le habías dirigido la palabra desde el incidente de la casa donde no quiso darte respuestas, así que él tampoco las tendría.
Tomaste tu abrigo y una vieja bufanda roja que el albino te había regalado hace no mucho tiempo.
—¿Al menos me dirás a donde iras?— Volvió a tomar la palabra el rubio.
—Dave, alejate de mi ¿Vale?— exclamaste mientras terminabas de acomodarte la bufanda, no molesto si no, preocupado. —Te despido y… Creó que lo nuestro nunca funcionará si esta basado en mentiras del pasado— te sinceraste.
Él se levanto de la cama, jugaba nerviosamente con sus dedos.
—John, eres lo único que me queda— dijo tomándote de las muñecas, no encontrabas mas que honestidad en su voz, pero ya no querías vivir así. No ibas a negar que aún lo querías como algo más que amigos, pero ahora solo querías estar solo y aclarar tu mente.
—Lo siento, te quiero, pero…— cerraste los ojos— Esto no es para mi.
Dave palideció y su cara se tornó triste.
—Al menos, dejame darte algo.
Salió de la habitación y regresó con un cuaderno entre manos.
—Si alguna vez decides perdonarme, quiero que lo leas.
—¿Por que no puedes decirme que pasó cuando éramos niños?.
—Le prometí a Daniel que no lo haría, pasará lo que pasará.
No pediste más respuestas, bajaste la maleta de la cama y saliste por ultima vez de aquel departamento, irías a Inglaterra con Jane, tu madre les había dejado una casa ahí. Terminarías de estudiar biología y después de eso, dejarías que el tiempo te guíe.
Dave: === sigue con tu vida.
—No puedo Rose, no puedo, esto esta mal— le dijiste suplicante a la rubia que aunque pareciera tonto, siempre había tenido la respuesta a tus problemas.
—A que le tienes miedo, ¿Será acaso obsesionarte con él como lo hiciste con Jade?— Pasaste tus manos por tu cabello desordenándolo mas de lo que ya estaba y afirmaste con la cabeza.
La chica solo suspiro, cerró los ojos un momento mientras pensaba.
—Cariño, si lo quieres de buena forma sabrás lidiar con esto, solo no pienses en él como si fuera de cristal. Estará bien, no podría decir lo mismo de ti—.
La chica dejó un par de dólares y salió del establecimiento.
Diste otro sorbo a tu café, hacia meses que John se había ido del país, no sabías nada sobre él ni su hermana, había dejado tu trabajo y comenzaste a hundirte.
Rose te sacaba de tu apartamento algunas veces para distraerte, pero siempre terminaban en lo mismo: John.
Lamentabas internamente el no decirle lo de su pasado. Pero no querías que odiara a su padre ya muerto como de seguro odiaba a Jake.
Abriste los ojos, habías escapado una vez mas del orfanato, jamás te imaginaste que fuera la última vez que lo harías
¿Quien diría que acabarías así? Atado a una camilla en una especie de hospital.
—Hola Dave— saludo un señor con cubre bocas. —Soy un viejo amigo de tus padres— dijo con tono dulce, era imposible no tener miedo ante eso.
—¿Donde estoy preguntaste?— volteaste a ver a tu alrededor, un gran espejo estaba a tu derecha, veías tu cabello marrón claro y tus ojos verdes oliva ¿Quien diría que sería la última vez que te veías así?
—Dave hemos notado que estas un poco enfermo… Prometo que esta medicina no te dolerá mucho— una casa especie de máquina decía: D-001 fase alpha, aprobada, iniciando experimento.
Una intravenosa detuvo el suero que tenías en el brazo, comenzaste a patalear.
Un liquido blanco comenzó a suministrarse por vía intravenosa, tu piel comenzó a arder.
Gritaste que se detuvieran, pero nadie hizo nada.
De un minuto a otro, las luces se volvieron más claras ¿Habías muerto? Definitivamente no.
Miraste tu cuerpo, la poca piel que la bata de hospital dejaba ver, mostraba varios hematomas alrederor de varias incisiones provocadas por algunas otras agujas que no habías notado que tenías.
—¿Que sentiste?— preguntó aquel hombre.
—Todo me quemaba y la luz me lastima, creo que brilla demasiado.
Alguien te paso unos lentes de sol y veías todo un poco mas claro.
—Dave Strider, bienvenido a tu nueva vida, ya no vivirás en ese sucio orfanato, el gobierno te pagará la escuela y todo lo que necesites— dijo alguien desde una bocina.
—Experimento D-002 exitoso— dijo la máquina de antes.
Volteaste a ver al espejo de antes, toda tu piel y cabello era blanco.
Meses luego de eso, vivías en una especie de película, tenias «padres falsos» ya que solo te cuidaban, pero no eran mas que doctores.
Todo en ti seguía igual, pero superficialmente habías cambiado, ignorando el hecho que eras mas
Blanco que la nieve y no podías salir directamente al sol por periodos prolongados, habías crecido un poco mas y no subías de peso, no bajabas como solías hacerlo antes.
Una tarde mientras leías en la sala un hombre de traje se presento ante ti.
Lo habías visto antes, no recordaba de donde hasta que en la charla que tenían mencionó a tu fallecido hermano.
Lo recordaste, cuando tu y tu hermano se perdieron en la zona rica de aquella ciudad, entraron a una casa, y encontraron una ventana al sótano, ahí habían dos personas discutiendo, lo recuerdas siempre que vez a alguien con ojos azules.
—Daniel, estas loco.
—No Betty, nuestro hijo merece ser lo mejor de su generación.
—No a mi bebé, no.
—Cállate Crocker.
Le arrebató al niño en brazos, este solo lloraba.
El señor, molesto, tomo a su aparente hijo de uno de sus brazos inyectándole algo, la mujer salio corriendo del lugar y a los segundo el hombre también.
Luego de eso solo recuerdo humo, fuego y un: —Me llamó John— de un niño muy aturdido.
Cuando regresaste a la realidad, ese hombre solo estaba ahí sonriéndote.
Y supiste que no era bueno estar en su contra.
De pronto caíste a un vacío, veías rostros y momentos.
Hasta que caíste en otro lugar.
Un lugar blanco, brillante y suave.
Un hombre rubio y alto estaba parado enfrente tuyo.
Solo te miraba, hasta que se esfumó.
El sonido de tu alarma te despertó, no sabías por que soñabas esas cosas, pero tampoco era como para hacer un martirio tu vida por ello.
De nuevo otra melodía, para ser específicos una vieja canción que John tocaba en piano en sus noches de depresión.
Era un mensaje de un número desconocido.
«Queremos invitarlo a una audición, hemos visto algunos de sus vídeos responda este mensaje para confirmar su asistencia. Madx.»
Sonreíste a tu móvil y lo bloqueaste, al menos algo te estaba saliendo bien.
xx.
¡Bienvenidos al penultimo capitulo de Boyguard! Les deje un anuncio por tumblr, espero que alguien lo haya leido, aunque lo niego, idk. Es curioso, ayer estaba en twitter y vi que alguien decía que este fic era trolleo intenso a John, mas de dos años de conocer Homestuck y aún no se como les cae tan bien?¿
En fin, espero que hayan tenido excelentes fiestas patrias a los mexicanos y eso, ¡Nos vemos en el epilogo de Boyguard!
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