Hola,
Con más retraso del que hubiese querido, por fin he publicado el siguiente capítulo.
RESUMENCILLO DE LO PUBLICADO:
Jonathan Lane Kent es un niño de preescolar. Tiene una madre 'piriodista-divertida' que no para de hablar por teléfono cuando cocina, así que el pequeño tiene un paladar a prueba de bombas. Tiene un padre 'granjero de fin de semana' y 'piriodista-aburrido' que trae sacos de ropa sucia todos los días y juega con él a 'adivinar zanahorias' en la granja.
Poco a poco Jonathan se ha dado cuenta de que 'ver al otro lado de la pared' es un juego muy divertido y que mamá no sabe jugar a ello. También escucha más cosas de las que debería, aunque también es cierto que la gente no debería decir más cosas de las que debería. Ni mamá ni papá le dejan que coja cosas más grandes que él y una noche que estaba especialmente inspirado flotó en el aire unos segundos.
Desde entonces cuando mamá quiere darse un respiro, le deja jugar con un anillo super chulo que brilla en azul cuando él está cerca y se apaga cuando él se aleja. Nunca ha conseguido engañar al anillo. Es un anillo mágico.
Tras superar su primera Navidad en la que tuvo el honor de recibir los regalos del mismísimo Papá Noel y que terminó con una escapada de papá y mamá para liberar tensiones, por fin se acerca la primavera...
Jonathan estaba despierto y esperando en la cama a que fuera la hora de levantarse. El problema era que tenía unas ganas enormes de hacer pipí. Se incorporó y desde la cama echó un vistazo buscando el orinal que mamá le dejaba en su cuarto para situaciones de emergencia. No lo encontró. De vez en cuando reinaba el caos 'Lane' sobre el orden 'Kent' en casa de 'Lane & Kent'.
El niño se levantó de la cama y, descalzo, caminó silenciosamente hasta la puerta. Asomó su cabecita por el pasillo. Ya era de día, pues la luz que entraba por los ventanales del salón iluminaba el otro extremo del corredor. Jonathan se acercó de puntillas a la puerta del baño, giró el picaporte y... no pudo abrir. Estaba cerrado.
De repente oyó unos ruidos raros, se asustó, soltó la manilla y miró a un lado y al otro esperando ver a mamá o papá. Los ruidos cesaron. Venían de dentro del baño. ¿Qué sería eso?. Parecía un... un animal... pero no un gatito o un perrito, no, algo así como un león... Volvió a oir los ruidos, a la vez que sintió su corazón acelerarse. ¡Era como un monstruo! ¡Sí! ¡Seguro que era un monstruo!
Monstruos a parte, su vejiga le recordó que no aguantaría mucho más doliéndole agudamente. Se agarró la entrepierna con las manos y empezó a dar saltitos, cosa que no ayudó en nada. O se enfrentaba al 'monstruo' del baño o se hacía el pis encima. Entonces, aunque se lo tenían totalmente prohibido, empezó a plantearse la posibilidad de mirar 'a través' de la puerta, simplemente por saber que tipo de monstruo era. Quizás si era uno pequeño podría vencerle...
Sintió una ráfaga de aire detrás suyo y antes de que le diera tiempo a girarse oyó la voz de papá...
- ¿Jonathan? - dijo extrañado.
El niño se volvió y se sintió inmediatamente más tranquilo al tener a su padre a su lado.
- ¡Papá! ¡Ven papá hay un monstruo en el baño! - gritó con urgencia.
Papá iba vestido de 'piriodista' con un gran macuto de ropa a su espalda. Se sabía que era ropa porque estaba lleno a reventar y asomaban un par de mangas de camisa por la apertura.
- ¿Qué...? ¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Y mamá? Pensaba que ya estaríais en el Planet... - le dijo confuso.
- ¡Me va a explotar el pene, papá! - fue lo que le contestó el pequeño tras reordenar sus prioridades dejando al monstruo del baño para después.
Clark se quedó visiblemente trastornado al oir a su hijo usar la palabra 'pene', pero tendría que acostrumbrarse porque Lois decía... ¿Lois? echó un vistazo a través de la puerta del baño y...
- Eeeeh, hijo, haz pipí en el orinal. - le dijo intentando mantener la calma.
- ¡Pero no sé dónde está, papá...! - dijo saltando una vez más.
- Pues, hazlo en el cubo de fregar. Anda ve... - dijo dándole un suave empujoncito hacia el salón.
El niño se alejó corriendo, momento que aprovechó Clark para coger el picaporte con la mano y empujar con la suficiente fuerza como para abrir la puerta. No calculó muy bien y terminó llevándose por delante el pestillo metálico y un trozo de madera del marco.
Había alejado a Jonathan no porque no quisiera que el niño le viese abrir la puerta 'a lo bruto' y lo imitara después, no. Lo que quería evitar es que viese a su madre vomitando hasta la primera papilla.
¡Lois! - dijo justo antes de avalanzarse hacia ella.
Su mujer estaba en pijama, haciendo penitencia en el retrete, aunque parecía que ya había pasado lo peor. Se movía con torpeza intentando levantarse, pero no acertaba. Clark le vio la tez pálida y le dio un vuelco el corazón. Sujetándole por los brazos con delicadeza le ayudó a erguirse.
- No es nada, Clark, estoy bien. - le tranquilizó ella al verlo sobresaltado mirándole con preocupación con esos inmensos ojos azules.
- ¿Seguro? - susurró él apartándole un mechón de pelo de la frente.
- Sí... - respondió Lois hipnotizada por cada movimiento que él hacía, pero en un segundo su cerebro cambió de tema - Oh, Dios ¿y Jonathan?
- Está bien, está despierto, pero lo...
- ¡Oh! Que no me vea así... - dijo ella justo antes de dirigirse al lavabo para lavarse la cara.
Clark la sostuvo mientras ella se lavaba, acariciándole amorosamente los hombros y la espalda. Se sentía tan inútil cuando Lois caía enferma, aunque fuese un simple resfriado... Le acercó la toalla para que se secara y él, comprobando que ya se tenía en pie sola, apartó las manos con el mismo cuidado que si fuera un castillo de naipes.
Ella se dio cuenta de lo asustado e impotente que se sentía. Además había otro sentimiento en el ambiente... una idea que estaba flotando por encima de sus cabezas... Lois sabía que se lo iba a preguntar... Clark abrió la boca para hablar, pero en ese preciso instante oyeron un llanto proveniente del salón.
Jonathan había estado intentando abrir la puerta de la terraza para poder orinar en el cubo, que estaba fuera, pero tenía puesto el seguro para niños, así que se lo había hecho encima. Tenía el pantalón del pijama empapado, y estaba llorando sujetando la manilla de la puerta con ambas manos cuando Lois y Clark entraron en el salón.
Papá fue quien primero se acercó a él.
- Perdona, hijo, me olvidé que la puerta estaba cerrada, no llores, no importa... - le dijo acariciándole la cabeza.
Jonathan soltó la puerta y se abrazó a la pierna de papá tapándose la cara de la mirada de mamá, que seguramente le iba a regañar.
- No encontré el orinal. - dijo dirigiéndose compungidamente a su madre.
Entonces mamá sonrió.
- Bueno, supongo que ha sido culpa mía por no dejarlo en su sitio. - le dijo cariñosamente.
El niño se serenó al comprobar que no le iban a castigar.
- Bueno, Clark, cambio de planes, yo voy a por la fregona y tu devuélvele a tu hijo la dignidad.
- Ok. Vamos, campeón.- dijo cogiendo a Jonathan de las axilas y elevándolo con el mismo cuidado que si manipulara un explosivo.
- Papá ¿qué es la dignidad? - preguntó el niño de camino del baño.
- ¿En estas circunstancias?... darse una ducha rápida.
- ¡Jo! - respondió cabizbajo. Hubiese preferido una regañina.
Clark utilizó el termómetro para comprobar la temperatura del agua antes de rociar poco a poco a su hijo.
- ¿Papá, me ha 'espotao' el pene? - preguntó Jonathan mirándose a sí mismo con preocupación.
Clark hizo una mueca para aguantarse la risa.
- No. Tranquilo, no ha explotado nada. Sólo te has hecho pipí. - dijo para a continuación cerrar el grifo y empezar a enjabonarle.
Jonathan levantó los brazos para que papá le siguiera enjabonando.
- ¿Papá, por la tarde me tendré que duchar otra vez? - preguntó enfadado mientras Clark volvía a abrir el grifo para aclararle.
- Mmmm... Ya convenceré a mamá para que no.
Después de aclararlo, papá lo envolvió en la toalla y se lo llevó a la habitación. Lo secó a conciencia, incluso usando el secador de pelo de Lois.
- Jonathan, ¿Te gustaría tener un hermanito? - le preguntó papá mientras le ayudaba a ponerse la camiseta.
- ¡Jo, papá! ¡Eso ya se lo dije a mamá! - respondió él con fastidio.
Clark se quedó extrañado.
- ¿Mamá ya te preguntó lo mismo? ¿cuando? - preguntó como no queriendo dar importancia.
- ¡No sé papá!¡El otro día!¡Tengo muchas cosas en la cabeza! - respondió él mientras intentaba ponerse los calcetines.
- Aaaa...já. - dijo Clark reconociendo el estilo 'Loisy' de hablar y pensando en que era mucha coincidencia que a Lois se le hubiese ocurrido preguntar 'por casualidad' lo mismo...
- Bien. ¿Y que le contestaste a mamá?
- Pues... ¡Que tengo que pensarlo! - le contestó él muy ocupado abrochándose los botones del peto.
Clark sonrió, él de su edad hubiese dado cualquier cosa por tener un hermano o una hermana, pero estaba claro que su hijo era de una naturaleza diferente.
Dejó a su hijo recogiendo su cuarto y salió al olor del café recién hecho. Lois estaba en la cocina adecentándolo todo mientras preparaba el desayuno. Sonrió aliviado al verla con mucho mejor aspecto.
- Lois, ¿no deberías tomarte la mañana libre? - dijo él casi en tono de súplica.
Ella se volvió con la cuchara de palo en la mano y una galleta oreo mordida en la otra.
- ¡Ya pasó todo! ¡Estoy bien! Y ya vamos con un buen retraso Clark, así que no me entretengas ¿Cómo va el pequeño? - dijo, y acto seguido se metió la galleta en la boca y le dio la espalda, para seguir cocinando.
- Bien. Pero eeeh.. él me ha dicho... - comenzó a decir.
- ¡He encontrado el orinal! - gritó el niño desde su cuarto.
-¡Genial cariño!¡Ponlo en su sitio! - gritó Lois respondiéndole.
-¡Vale!
Clark quería hablar tranquilamente, pero la imagen de su mujer cocinando el desayuno con prisa después de haber vomitado no invitaba a una conversación reposada.
- Lois, escucha, si es lo que yo pienso que es, me gustaría que... - empezó a decir él.
- ¡Jonathan!¿¡Huevos revueltos o en tortilla!? - preguntó Lois alzando la voz y haciendo ruido con los cacharros.
- ¡Revueltos! ¡Y sin quemar! - gritó el niño, muy acostumbrado a conversaciones de esquina a esquina de la casa a gritos con mamá.
- Lo siento cariño - dijo en voz normal dirigiéndose a Clark- No es un buen momento ¿Te quedas a desayunar o tienes que fiuuu? - dijo gesticulando con la mano.
Clark lo intentó de nuevo.
- Lois. Si sospechas que puedes estar... esperando, quiero que me lo digas desde el primer momento - dijo suavemente - no quiero que lleves tu sola la carga.
-¡Clark! - dijo haciéndose la inocente - Pueden ser mil cosas, quizás me sentó mal algo que comí, o he cogido algo de frío, ya sabes fiuuu - dijo volviendo a gesticular.
Lois no apartó la mirada de la sartén en su empeño de revolver bien revueltos los huevos y evitando completamente su mirada.
- ¿¡Mamá, puedo pasar la línea para coger una galle..!? - preguntó Jonathan desde el borde de la cocina. Pero antes de que terminara la pregunta papá le había dado el paquete entero de oreos. Entonces se fue contento al sofá.
- Lois... - dijo Clark poniendo su mano encima de la de ella. Lois dejó de revolver y tragó saliva.
- Bueno, digamos que... tengo un retraso, Clark. - dijo mirándole de refilón para observar su reacción. Él guardó silencio moviendo casi imperceptiblemente los músculos de la cara. Sus ojos no dejaron de mirarla y ganaron en brillo.
- ¿Cuánto tiempo, Lois? - preguntó dulcemente.
- Eeeeh, déjame que piense...- dijo mirando el calendario - Unas seis semanas. - dijo evitando sus ojos.
- Lois... ¿Sabes que de un vistazo podría saber...?
- ¡Ocho!- dijo rápidamente. - Quizás nueve, en todo caso ¡menos de diez!¡Lo juro!- acabó confesando ella.
Clark respiró hondo. Una mezcla de ilusión y temor se reflejó en su cara. Cogió una naranja del frutero sonrió a su mujer, se acercó y la abrazó, le dio un beso y después otro... y otro, se le quedó mirando a los ojos.
- Entonces fue... un regalo de Navidad.
Lois se quedó pensativa y entonces se dio cuenta de que posiblemente esa escapada romántica a un paraíso tropical la noche de Navidad había sido...
-¡Cuida Lois, que se queman los huevos! - le dijo su marido despertándola de su pensamiento.
Clark rió mientras ella se afanaba en apartar la sartén del fuego y disipar el humo. Lois miró a su marido con preocupación, pero él estaba feliz: exprimía las naranjas apretándolas con super fuerza sobre un vaso mientras tostaba con láser unas rebanadas de pan. Afortunadamente Jonathan estaba embelesado con el televisor y las galletas.
- ¿Lo ves? Por eso no quería decírtelo, cariño, con nuestro historial no podemos permitirnos ilusionarnos tan pronto - se lamentó ella negando con la cabeza.
- Imagínate. La parejita. Sería Genial.- dijo él encestando la piel de la naranja, totalmente seca, en el cubo de la basura.
- Sí, genial... - dijo resignadamente Lois echándole un vistazo y sonriendo - ...pero vuelve a la realidad y haz el favor de usar el exprimidor, que lo estás poniendo todo perdido, cariño.
Ains... estos dos... todavía me vuelven loca...
