Disclaimer:los personajes de Hetalia que aquí se presentan no me pertenecen, sino a Hudekazu Himaruya (gran genio mundial xD) sólo México es mío n_n
Advertencias:violencia, guerra, yaoi (varias parejas para Mex O_O [entre las que cuento RuMex, USAMex y… lo demás es sorpresa XD]), dolor y demás…
Priiiiivet!
Ahora sí, con algo de tiempo traigo este capi n_n y pues… algo más largo que los anteriores; espero que lo disfruten, aunque hay… TRAGEDIA en este capítulo sí mis queridas amigas TT_TT, no les contaré ahora (no podría) pero pronto se enterarán de cosas tristes.
Bueno, a pesar de eso, espero que lo disfruten y me dejen sus comentarios.
Esta vez la guerra es suya.
Tambaleante, la guerra se abrió a mi paso, como si sólo hubiera esperado mi llegada…
Los pasos lentos de los militares estadounidenses ponían los cabellos de punta, mas en esta ocasión, Nación y mandatario se pusieron de pie, mirando hacia la puerta, esperando que "los otros" llegaran; las pisadas eran cada vez más fuertes y a la vez más lentas. Thomas suspiró, ya sin temor.
—Llegó la hora, ¿no es así? —Matthew no pudo evitar sonreír…
—Ya lo creo Thomas —la puerta del despacho se abrió violentamente.
—¡Levanten las manos donde podamos verlas!, ¡hagan lo que se les dice y quizás no serán lastimados! —Gritó un hombre, dando un paso al frente, con una docena de militares a su espalda, cargando pesados rifles. Matthew y Thomas hicieron caso de inmediato, pero sin dejar de mirar retadoramente a los invasores.
—¡No hay nadie más aquí! —Señaló una chica que había entrado a registrar la oficina— nadie más…
—Good, entonces: ¡lléveselo! —Volvió a ordenar el superior, señalando a Canadá— ¡supongo que nuestro país podrá reclamar el territorio de Canadá si lo llevamos con nosotros! —Dijo mofándose y dándoles la espalda.
—Eso no es cierto — aquella voz hizo volverse al militar— ¡Canadá nunca pertenecerá a Estados Unidos!, ¡bien!, podrán ocupar el país, pero nunca van a hacer que su gente los perdone —Thomas le decía eso al uniformado, mientras otros dos estadounidenses lo sujetaban por los brazos; él trató de zafarse, pero fue en vano y sólo logró que lo golpearan en el estomago.
—¡No hagan eso! —Canadá se soltó de quienes lo tenían y empujó a los otros dos que apresaban a su jefe— vamos Thomas… —pero no alcanzó siquiera a levantarlo del suelo; un disparo detrás de él lo había tomado por sorpresa y el hombre caía rápidamente— Thomas…
—Lo siento Matt… —le dijo en un susurro— te-te fallé…
—No, no tú no… —un disparo más: Thomas había muerto por un tiro en la cabeza— ¡No!, ¿cómo… —Matthew se levantó, con el cuerpo del otro en brazos, llorando— ¡¿Cómo se atreven?
—Ordenes de nuestro presidente —le dijo descaradamente el militar al mando— llévenselo ya —ahora entre todos, tomaron a Canadá de los brazos; él trató de oponer resistencia al principio, pero un momento después, dejó de hacerlo y les permitió conducirlos hacia los tanques que había afuera de aquellas oficinas. El cuerpo del que alguna vez había sido su jefe, se quedó tendido en el suelo: nadie se preocupó por moverlo.
—EstadosUnidosysugentevanapagarloquenoshanhecho:¡TeloprometoThomas!—pensó Canadá, a la vez que entraba al tanque, dando una última mirada al edificio, ates de que se lo llevaran de su país…
**o**
Las Vegas, Nevada.
—¡Allá!, ¡por allá, abajo! —el gran helicóptero de combate pasó zumbando nuevamente por encima de los restos de los tanques rusos; Cuba que había dejado su puesto en su territorio para ayudar con el rescate de Iván, se asomó por un costado de la aeronave.
—¡Baja ahora, chico! —Gritó al vislumbrar por fin el cuerpo de su amigo, o por lo menos su ropa, que se distinguía apenas del suelo donde él estaba tendido.
Cuando al fin el helicóptero aterrizó, Jorge Luis bajó de éste con desesperación, pero al encontrarse a un par de metros del ruso, se detuvo en seco: eso definitivamente no era lo que esperaba: ¡Rusia parecía un anciano!
—¡Señor Cuba!, ¿qué… —un médico se había acercado por si se necesitaba su ayuda, pero detuvo su pregunta y se quedó igual que su Nación al ver al hombre en el suelo, pues antes lo había visto ya muchas veces y estaba seguro de que…
—¡No es el momento para quedarte parado! —Dijo el cubano, saliendo de su ensimismamiento y haciendo lo mismo con el doctor— ¡vengan acá!, ¡hay que llevarlo al helicóptero! —dos paramédicos más se acercaron para llevarse a Iván en una camilla; el doctor los siguió de cerca— ¿QuéesloquehizoEstadosUnidos? —se preguntó Cuba, mientras subía también a su nave.
**o**
+++, Alemania.
Un hombre con una gabardina negra, que le cubría la mayor parte del rostro, esperaba recargado en el muro de un gran edificio; tenía los ojos verde claro y el cabello rubio y perfectamente peinado. Su expresión dura, contrastaba enormemente con sus delicadas facciones. Había recibido una llamada de un antiguo amigo que al parecer, necesitaba de sus "servicios especiales", y claro, un favor que le debía y la buena suma que le había prometido, eran lo suficiente para convencerlo.
—¡Franko! —una voz lo asaltó de sorpresa: su amigo había llegado, nadie más podía sorprenderlo de aquella manera— ¡Franko!, GutenTag! —Prusia había llegado a su lado, agitando una mano con alegría y sonriendo con superioridad— ¡me alegra que hayas venido!; West necesita algo de "ayuda" y el increíble yo no puede proporcionársela —le dijo como si le restara importancia.
—Ya veo… —contestó Franko muy lentamente, mirando a los ojos al alvino— tengo entendido por lo que me dijiste… que es una misión de infiltración —alegó en un susurro y mirando a los dos lados antes de continuar; Gilbert asintió, de nuevo mostrando su enrome sonrisa— además… me prometiste una buena cantidad.
—Ja, a veces siento que olvidas con quien estás hablando —reprochó la ex-Nación— si el increíble yo promete algo, por supuesto que lo cumplirá: ahora —su rostro se volvió más serio, casi dejando de lado cualquier expresión típica en el pruso— te explicaré lo que debes hacer…
Veinte minutos más tarde, tanto Prusia como Franko, caminaban por la calle en sentido opuesto; el rubio, andaba aprisa por esa concurrida avenida: tenía que salir lo antes posible si es que quería terminar con eso y claro que iba a ser peligroso, pero al igual que la representación de su Nación, él también tenía una gran conciencia con esos asuntos… aunado a lo que se iba a ganar, ese era un asunto al que no se podía negar.
—EsperoqueFrankosepaloquevaahacer —Gilbert se había detenido justo en la esquina de la calle, y se estiraba lo suficiente como para ver a su amigo alejarse rápidamente por entre la multitud— esmásimportantequeloquepuedodemostrar…
**o**
Búfalo, E.U.A.
Por entre tanques canadienses destruidos y algunos cuerpos tirados encima de ellos, se abría paso parte de las tropas estadounidenses que regresaba, desde Toronto con una buena noticia para Smith y un "trofeo" para el país.
—En cuanto lleguemos, hay que buscar al señor presidente —dijo el militar al mando, ufanándose—: tenemos que llegar mostrándole la supremacía de nuestras tropas sobre las canadienses, ¿no? —los demás asintieron, levantándose de sus lugares y hasta golpeando las paredes del auto.
—Capitán —la única persona que no se había alegrado demasiado con las palabras del superior, levantó la voz sobre todo el estrépito; estaba sentada junto al cuerpo semi-inconsciente del canadiense— creo que deberíamos parar un momento, hay que hablar a un doctor: está muy mal —señaló a Matthew; la Nación estaba pálida y sudorosa— tenemos que…
—Stop! —Gritó el capitán— no tienes que preocuparte por un enemigo de tu patria, además es la representación de un País, es imposible que muera si aún viven canadienses.
—Pero… —la mirada del otro paró en seco la voz de la chica— sí, señor —ella volteó la mirada hacia el canadiense, que había abierto levemente los ojos; se acercó un poco a él— yo no creo que tú hayas mandado a hacer el ataque —susurró lo suficientemente bajo para que sólo Matthew escuchara— no te preocupes, trataré de ayudarte —él sonrió con una mezcla de gratitud y tristeza.
—Hemos llegado señor —el joven que manejaba el gran monstruo de metal, señaló la llegada al campamento donde se había dicho que se alojaba Smith, por sólo unos días claro.
—Muy bien, bajemos, saquenlo también —se refirió a Matthew; tres soldados entonces lo tomaron por brazos y piernas para bajarlo del tanque, incluida la chica que había tratado de ayudarlo y que de hecho ahora buscaba que no lo lastimaran demasiado— señor presidente —saludó él, militarmente al bajar y ver a Robin parado secamente frente al tanque— me parece que las noticias le han llegado ya…
—Basta de tonterías capitán, quiero verlo.
—Claro, claro —asintió el hombre, apurando a sus soldados para que bajaran a Canadá más rápidamente, sin importarle si este se golpeaba— aquí está, aquí está —murmuró cuando estuvo abajo— y su jefe está muerto: ahora somos dueños de todo el territorio canadiense.
—… —Smith contempló a Canadá, por supuesto que el sabía que no había sido el canadiense quien mandó el atentado contra la Estatua de la Libertad, pero no iba a retractarse y mucho menos ahora— verygood, ahora capitán, me gustaría que me acompañara: tenemos que hablar de su siguiente misión… —el militar asintió y lo acompañó a una tienda de campaña; pero antes de que entraran a ella, Alfred salió de pronto de otra de ellas.
—¡Rob!, ¿ya regresaron entonces? —Gritó alegremente señalando las tropas— Verygood!, entonces podremos —pero se encontró entonces algo que probablemente no se esperaba— ¿Matt? —Canadá ni siquiera se movió— Matt… —quizás fuera que no veía al canadiense desde hacía mucho tiempo o que su estado era de verdad deplorable, pero fue en ese momento cuando el estadounidense pareció darse cuenta del gran error que había cometido— ¿cómo?... ¡Rob, no se supone que esto pasaría!; somos héroes, no malvados.
—Alfred, Alfred, Alfred —dijo el mandatario negando con la cabeza, mientras se acercaba al rubio— no puedes sentir algún tipo de compasión por un enemigo… de hecho, será mejor que lo lleven ahora mismo a prisión, antes de que haga alguna otra cosa.
—But, no creo que —levantó el rostro, sin saber qué hacer, pero al fin se decidió, por primera vez, a contradecir seriamente a su líder— ¡no!
—Sorry? —preguntó Robin quien ya se había dado media vuelta, dispuesto a irse.
—No quiero que lo lleven a prisión: él irá a mi casa en Washington —le dijo con firmeza y una seriedad poco común en él, lo que hizo que el presidente se replanteara las cosas: no convenía que Alfred estuviera en contra de él, sobre todo en una cosa tan sencilla, sin embargo, si él se oponía en este instante y tenía problemas con su Nación, no más probable es que ésta se levantara después con cosas más importantes. Luego de que este pensamiento cruzara velozmente la cabeza de Smith, contestó con suavidad.
—Muy bien, si así lo quieres, así será —aprovechó para agregar— pero mandaré algunos guardias… para cuando no te encuentres en condiciones de vigilarlo —Alfred asintió alegremente, lo que hizo que el otro sonriera de dentro de sí: era la oportunidad perfecta para mantener bajo control a su Nación.
**o**
La Habana, Cuba.
—Y… ¿mejorará, doctor? —Cuba estaba sentado a unos metros de la cama de su amigo; un medico se tomaba su tiempo para revisarlo. Al escuchar la pregunta de la Nación, levantó la cabeza apenas un poco para decir.
—Es difícil de decir: está claro que no va a morir, sin embargo… nunca había visto algo parecido, dudo mucho del origen de esto, pero si me permitiera decir… —Cuba lo animó a que continuara— me atrevería a decir que es cierto lo que se dice: Estados Unidos está usando armas químicas en esta guerra —Jorge Luis levantó una ceja: era difícil de creer, pero al fin lo había logrado y el norteamericano había roto todos los "estatutos" sobre las guerras.
—¿Pero usted no puede hacer algo? —insistió el moreno.
—Me temo que no, habrá que ver que pasa —el cubano asintió— si es todo, yo me retiro —tomó su maletín y salió de la sala, dejando a un confundido cubano.
Al poco rato, él se levantó, dando unas vueltas alrededor de la habitación, sin atreverse a mirar siquiera a Rusia, del cual no escuchaba su respiración, aunque sabía que estaba… igual que antes.
De pronto, un sonido lo sorprendió: alguien que subía las escaleras de su casa sin mucho cuidado de hacer ruido o no. Eran varias personas ahora que lo pensaba; sin ser demasiado precavido, fue a tomar su arma de un lado del cuarto; apuntó con cuidado a la puerta, al tiempo que esta se abría con estrépito.
—¿Dónde está mi hermano?
—Ah… Bielorrusia, me asustaste —Cuba bajó el arma y la puso en su lugar; un par de segundos después, por la puerta entraron tres figuras más— ¡Chicos! —gritó el latino al ver las condiciones de los tres:
Eran ambos coreanos y China, pero en un estado terrible: Corea del Norte+++ tenía una enorme herida fresca en el rostro, que no dejaba de sangrar y dejaba algunas gotitas sobre el suelo; Corea del Sur parecía ileso, pero no podía estar más pálido, pues China, a quien traían sobre sus hombros estaba en el mismo estado que Rusia: parecía que un centenar de años habían pasado de pronto sobre su cuerpo y ni siquiera se podía mantener en pie sin ayuda.
—Encontramos toda la flota a la deriva, cerca de las costas de América; cuando tratamos de hacer contacto no recibimos respuesta, así que decidimos entrar… encontramos así a nuestro hermano —China no levantó la cabeza; ellos lo pusieron sobre un amplio sillón, a unos metros de la cama del otro.
—Llamaré al médico, se acaba de ir, pero comprenderá… —Cuba salió del cuarto e hizo la llamada prometida; regresó un par de minutos después, encontrándose con el mismo cuadro de hacía unos minutos.
—¿Qué sucederá con Canadá? —preguntó el surcoreano, sin dejar de mirar a su hermano, el cual había caído en un profundo sueño.
—… no lo sé —respondió el moreno, sintiéndose culpable; lo más probable es que las tropas estadounidenses hubieran ya tomado la mayor parte del territorio— espero que…
—¡¿Qué demonios pasó con ustedes? —El familiar tono francés apenas y los tomó por sorpresa— ¡¿Por qué se retiraron del territorio de l'Ameiké? ¿YmonpetitCanada? —Gritó furioso, pero su voz se quebró al ver que nadie contestaba— no… él…
—América nos atacó con armas químicas: tan sólo mira como terminaron ellos —le dijo el norcoreano con serenidad— no podíamos dejar que terminaran con el resto de nosotros.
—¡No! —Volvió a levantar la voz— ¡¿Pero que pasará con Matthew? ¿No es importante? —Reclamó furioso.
—¡Sí lo es! —El latino también estaba molesto— ¡por mí no hubiera dejado solo a ese chico!, pero no podíamos dejar que miles de personas murieran; ¡y ni siquiera hubiéramos podido hacer algo si todos estaban muertos? —Francis pareció quedarse sin argumentos, pero unas lágrimas silenciosas se escaparon de sus ojos— ah… Francia —suspiró el cubano— haremos todo lo que esté en nuestras manos para sacar a Matt de donde está; por ahora su gente está a salvo en casa de Australia, pero…
—Mercy… —susurró el europeo; se dio la vuelta y salió de la habitación del cubano, aunque se quedó en el pasillo exterior; el resto escuchó sus lamentos…
**o**
D.F., México.
Abrió la puerta con serena lentitud; el silencio fue quien lo recibió, como cada vez que llegara a casa… no es que se sintiese solo, pero aquella quietud a veces lo asustaba, aun cuando fuera de ahí el fuerte ruido de los autos llegaba a todos los rincones de la casa.
Alejandro cerró la puerta; estaba algo deprimido, no sabía por qué, pero el haber tomado esa decisión lo había puesto en ese estado. Era como si tuviera que estar alerta incluso antes de que hiciera algún otro movimiento… pero debía permanecer sereno: cabeza fría, sí, eso le permitiría atacar en el momento adecuado…
El timbre del teléfono lo asustó; su celular comenzó a sonar al mismo tiempo. Optó por no contestar ninguno de ellos y fue a tenderse al sillón; ambos aparatos dejaron de sonar luego de un rato y él pudo pensar con coherencia, ¿qué haría ahora?; ¿debía hablar con los del Círculo?, ¿o era mejor un ataque sorpresa? Sin duda la segunda opción era mucho más alentadora, pero también más peligrosa, pues sus tropas podían necesitar ayuda en determinado momento…
Bueno… aún quedaba algún tiempo, antes de que el CPA terminara de hacer lo que él había pedido; a su propio criterio, tenía como un mes para decidir lo que haría. Igualmente Estados Unidos estaría algo "ocupado" hasta que él actuara.
Con este pensamiento, se fue quedando dormido; arrullado por la idea de que las cosas estaban bajo control, sin embargo esto no duró por mucho:
—¡Alejandro!, ¡Alejandro!, ¡Por Dios, abre la puerta! —México abrió los ojos, con la sensación de que no había dormido nada; se levantó rápidamente y acudió a abrir— Alejandro —su tocaya estaba ahí, junto con su guardia completa de guaruras.
—¿Qué sucede? —preguntó serio a la Secretaria de Defensa.
—Josefina estuvo tratando de comunicarse contigo… es urgente —le hizo una seña para que la siguiera; él lo hizo y ambos subieron a un auto blindado.
—Ahora sí, dime lo que está pasando —apuró Alejandro, mirando con desconfianza hacia afuera del coche.
—Llegando: ella quiere decírtelo… pero supongo que también tiene que ver con la reapertura del CPA.
—¿Cómo lo supiste? —Le preguntó él sin estar muy sorprendido; Alejandra lo miró con obviedad— claro…
—Pero… no es algo que te alegrará saber —comentó, como si le dijera a lo que tendría que atenerse con la noticia; no mucho tiempo después, el coche blindado se detuvo frente a los Pinos; más guardias se pusieron en su camino, pero al instante los dejaron pasar.
Ya adentro, Josefina los esperaba como siempre en su oficina: miraba por la ventana hacia los jardines de la casa presidencial. México entonces se preguntó si ella no se sentiría sola, pero antes de que pudiese decir la pregunta en voz alta, ella se dio la vuelta y les dijo:
—Se retiraron —Alejandro se tomó un momento para asimilar las palabras de la mujer— las tropas de los del Círculo se retiraron, no hay más de ellas en Estados Unidos, sólo quedan varios bloqueos cerca de ambas costas, pero no es lo que se esperaba que quedara… además dio fin el "bloqueo" que Francia tenía sobre Inglaterra: volvió la electricidad y todo eso —completó, agitando el brazo.
—… ¿sólo así? —Le preguntó el mexicano luego de unos momentos— ¿o tuvieron una razón para irse?
—Al parecer, el arma química de Estados Unidos fue usada de nuevo, contra los chinos —hizo una pausa y miró de soslayo a su Nación— y contra los rusos —el moreno se agitó un poco— el resto de las tropas se retiró sin más, supongo que se llamó a una retirada, porque los coreanos tenían un excelente avance; pero lo peor… —ahora Pina guardó silencio, vacilando.
—¿Qué? —Alejandro se quedó estático— ¿qué sucedió?, ¿el gringo tiene a alguno de los del Círculo?… alguna —ella negó.
—Los estadounidenses entraron a Canadá… —México abrió la boca— tomaron posesión del territorio y… —vaciló de nuevo, pero tomó fuerzas, recargándose en el escritorio— mataron a Thomas y tomaron prisionero a Matthew —eso sí cayó pesadamente en la mente del mexicano.
Alejandro cayó hacia atrás sobre su asiento, preocupado, nervioso y de nuevo culpable; la secretaria de Defensa guardaba silencio, en compostura y Josefina miraba de nuevo por la ventana. No se habló nada por unos minutos, en los que México repasaba mentalmente los hechos por los que era culpable.
—¿Dónde lo tienen? —fue lo primero que escapó de sus labios cuando tuvo el valor para hacerlo.
—Matthew está en la casa de Alfred… no se sabe dónde está el cuerpo de Thomas: probablemente los militares lo abandonaron —dijo ella, con una mueca de desprecio; Alejandro no podía tampoco contener el odio que tenía contra el estúpido gobierno de su vecino.
—Debemos comenzar nuestro movimiento de inmediato: si los del Círculo permiten que Estados Unidos haga su ataque, entonces estamos perdidos, ¿qué pasó con la reunión de los países neutrales contra el arma química? —Josefina se encogió de hombros.
—Hice una llamada a los jefes de Alemania, pero dicen que necesitan pruebas para convocar a esa junta: no quieren provocar histeria —Alejandro suspiró.
—Entonces tendremos que movernos nosotros: arreglaré una cita con los del Círculo, hay que esperar que se mantenga en secreto; Alejandra —ella levantó la vista— moviliza las fuerzas, que no se haga mucho revuelo, pero necesito que todo esté listo —ella asintió— Pina, es mejor que por ahora no des ninguna conferencia ni opines públicamente de estos problemas.
—Sí; seguiré insistiendo con la reunión, supongo que eso no causará sospechas —Alejandro dio el visto bueno y salió pronto de ahí.
Ya fuera de la casa presidencial, México tomó su celular y marcó; esperó hasta que le contestaran, una voz conocida lo hizo; él sonrió para sí.
—Hola,¿México?,¿chico,erestú?
—¡Cuba!, sí, hermano soy yo —se tomó dos segundos para pensar lo que iba a decir— oye… escuché en las noticias lo que había pasado… de verdad lo siento —aunque tenía planeada cada palabra y cada entonación, esto último lo decía seriamente— no esperaba que eso pasara…
—Oh… pues,graciaschico,enseriolamentoquetetuvierasqueenterardeesamanera:séqueMatttambiéneratuamigoyRusia… —Jorge Luis calló, esperando no haberle causado daño al mexicano, sin embargo, éste sonrió del otro lado de la línea.
—No te preocupes, de hecho… —era el momento de poner la táctica en acción— me gustaría hablar con ustedes: los del Círculo… sí pueden claro; me parece que ahora tenemos muchos intereses en común… te diré la verdad, aquí mis jefes están preocupados por lo que pueda pasar ahora que ustedes se retiraron y… pues yo también —lo dijo en un tono demasiado sumiso, suave…— entonces sí, me gustaría hablar con ustedes, ¿se puede?
—Pues… ahoraseríapeligroso,hermano,pero —le dio algo de pena la situación de su hermano: se imaginaba el terror de su gente al saberse vecinos de Estados Unidos— siestannecesarioentoncessí,¿teparecepasadomañanaaquíenmicasa?
—Muy bien… —Alejandro sonrió— estaré ahí cerca del mediodía; ¡nos vemos carnal! —Dijo por último, colgando sin darle tiempo al otro de despedirse— muy bien, no tienen que enterarse de nada… por ahora.
**o**
Septiembre, 2040.
Washington D.C., E.U.A.
El sonido del viento fuera de la casa, daba la sensación de frío dentro de ella. Alfred se abrazó más fuertemente y comenzó a moverse de atrás para adelante en el sillón donde estaba; tímidamente miró a su izquierda: Canadá estaba ahí, dormido, aún cansado por todo lo que había pasado. En los últimos días apenas y había despertado por un par de minutos, para ingerir flojamente lo que estaba siempre a un lado de su cama, en la mesita de noche y luego volver a dormir.
El estadounidense se preguntaba si tenía que ver con la ausencia de gente en su territorio o a la muerte de su jefe; probablemente fueran ambas. De hecho él recordaba que eso pasaba cuando el mandatario más importante de un país era asesinado… aunque claro, en la mayor parte de las ocasiones no pasaba de una enfermedad leve, pero en el caso de su hermano…
Para sorpresa del mayor, Matthew comenzó a moverse sobre la cama; no tan lenta y dolorosamente como las veces anteriores, pero sin ser completamente ágil, de hecho, fueron necesarios un par de minutos hasta que el canadiense fue capaz de sentarse sobre la cama.
—Ah… yo… —Canadá se frotó la cabeza, adolorido; entornó los ojos un par de veces: no tenía sus gafas y no podía ver absolutamente nada— ¿dónde…
—Here! —Gritó su hermano al caer en la cuenta y con cierta torpeza, le puso los lentes. Alfred entonces esperó un momento, esperando que su gemelo lo saludara o algo por el estilo, pero…
—¿Qué hago aquí? —Dijo el canadiense, al verse el la casa del otro— ¿por qué me trajeron?
—Ah; pues… yo les dije que te trajeran porque…
—Tú… —Matthew hizo ademán de levantarse, pero el dolor lo hizo volver a sentarse— ¡¿por qué? ¿no tienes suficiente con lo que me hiciste?, ¿quieres burlarte más de mí?
—No, Matt, yo… —se quedó sin palabras— yo no…
—¿Tú no qué, Alfred?, ¡tú atacaste mi país sin motivo alguno!, ¡me invadiste! Y… ¡Thomas está muerto por tu culpa! —Reclamó, llenándose sus ojos de lágrimas.
—No, Matt, eso no fue lo que… —pero el canadiense no lo escuchó, se dio la vuelta y se paró de la cama aún con el dolor que lo embargaba.
—Quiero irme de aquí: si me tienen como prisionero, llévenme a una prisión, pero no quiero estar aquí —dijo con firmeza.
—No, no puedes irte, ¡estás herido! —De nuevo su hermano lo volvió a ignorar— Matt… Matt… perdóname —el canadiense no respondió a eso; pero viendo que Alfred no lo dejaría irse, dijo:
—Sólo déjame solo.
—O… O.K. —Estados Unidos salió lentamente del cuarto destinado a su hermano; cerró la puerta y se recargó en ella. Pronto lo escuchó llorar; y él… sintió ganas de hacer lo mismo.
… ¿Y?
Sí, sí, pobre Matty TT_TT y Alfred que aunque está arrepentido no le dice nada al idiota de Smith ¬¬, pero bueno, ¿en qué se basaría esta historia si lo hiciera? *suspira*
Y hoy hay agradecimientos pa': Merlina-Vulturi,TheAnimangaGirl,kiyoyami8,yad-12,YoukoSaiyo,HinataJagerjaquesyFeliaciaVargas3
Gracias por sus comens (suben el ánimo y son buenos pa' la salud XD)
Nos vemos para el próximo capi, espero subirlo pronto.
Poká!
Reviews Anónimos:
FeliciaVargas3
Bueno… pobre Matt, aquí está lo que le pasó, pero no te preocupes (tarde o temprano le haremos justicia muajajaja) y espero que te haya gustado el capi, poká!
