Hola! Al fin puedo subir el capítulo 21! Guau...nunca pensé que llegaría tan lejos con esta historia. Éste es muy corto, pero me gustó escribirlo, para cambiar un poco de punto de vista y de personaje :)

Disclaimer: Como siempre, El Legado no es mío (aunque ya me gustaría que lo fuera :P)

Agradecimientos: A MarySLi, por su apoyo y reviews, y a todos los que lean esta historia!

Lean, disfruten y dejen reviews!


21

Planes

Su mirada vagó por los muros de piedra negra de la sala del trono, mientras apoyaba una mano en su regazo y otra en la empuñadura de su espada. Sus ojos se detuvieron en las puertas, por donde ambos jóvenes habían salido unos segundos antes, y sus pensamientos se dirigieron hacia Murtagh, su nueva y poderosa arma, aquella que usaría contra los vardenos en poco tiempo.

Galbatorix esbozó una pequeña y cruel sonrisa, saboreando una victoria que, esta vez, estaba seguro de conseguir.

-¿Por qué sonríes?-preguntó una ronca voz de mujer desde las sombras.

Mylnïa apareció a su lado, con una ceja arqueada, y los profundos y oscuros ojos clavados en su rostro, escrutándolo. La media elfa se llevó una mano a la espesa cabellera negra y dijo, con suavidad:

-Imagino que, ahora que los tienes en tu poder, dejarás de preocuparte por esos dos niños, mi rey-se rió.

-Mylnïa-gruñó él-, ¿por qué todo es una broma para ti?-preguntó, irritado.

-No lo sé-respondió ella, burlona-, supongo que es parte de mi personalidad-se encogió de hombros.

Galbatorix soltó un bufido, cansado de los eternos comentarios de la media elfa, pero se quedó pensativo, meditando en silencio. Mylnïa, que no acostumbraba a ser ignorada, se sentó en su regazo, sonriendo maliciosamente, y dijo:

-Tu silencio, rey Galbatorix, ¿a qué se debe?

-Son sólo reflexiones, querida mía-respondió, sin mirar a la mujer-. ¿Por qué lo preguntas?

-Por nada, sólo por los deseos de saber-respondió ella, riendo y poniéndose de pie-. ¿Qué planeas hacer con el muchacho?

-¿Murtagh?-inquirió él, arqueando las cejas-. Él es quien enfrentará a Eragon Asesino de Sombra en la batalla que se avecina…y me aseguraré de que venza.

-¿Y Ariana?-preguntó Mylnïa, con curiosidad, ladeando la cabeza ligeramente.

-Ariana es un caso especial. Sé que hará lo que yo ordene, pues su lealtad hacia su amiguito Murtagh no le permitirá desobedecer, pero aún así temo que intente algo desesperado-respondió Galbatorix, ensimismado y con los ojos perdidos en algún lugar de sus revueltos pensamientos.

-Pero, ¿por qué la quieres? Ella es una traidora, una mentirosa, una rebelde-dijo la mujer con desprecio-, ¿en qué puede ayudarte esa joven?

-Porque prefiero que ella esté aquí, en este castillo bajo mi dominio, y no suelta como una bestia salvaje en Alagaësia; si hubiese conseguido unirse a los vardenos, podría haberles contado todo lo que sabe sobre las defensas del palacio-hizo una pausa-. ¿Ahora lo entiendes, Mylnïa?

La mujer sacudió levemente la cabeza, ignorando la pregunta del rey, y caminó por la amplia sala del trono, absorta en sus propios pensamientos, con los ojos negros perdidos en el vacío. Galbatorix esbozó una retorcida sonrisa de complacencia al recordar los sucesos de aquel día tan maravilloso, en que por fin había recuperado el dominio sobre la Mano Negra, Ariana, usando a su viejo amigo Murtagh y al dragón Espina. Había sido todo tan fácil…pero la niña le había dado muchos problemas. Él había creído que luego de unas semanas de tortura, ella se rendiría y rogaría por piedad; sin embargo, no lo había hecho, más bien todo lo contrario. Ariana se había mostrado horrorosamente altiva y orgullosa, muy lejos de lo que él había esperado, y no había cedido ante nada, ni siquiera ante su ataque mental. Su fuerza continuaba sorprendiéndolo, pero la resistencia que demostraba ante cualquier intento de someterla era algo que Galbatorix no conseguía entender.

-¿Qué es lo que harás con Ariana y el Jinete?-preguntó la ronca voz de Mylnïa, interrumpiendo las meditaciones del rey.

-Ambos son fuertes luchadores, y Murtagh se ha convertido en uno de los últimos Jinetes de Dragón del mundo. Ella, por el contrario, sigue siendo una muchacha rebelde, pero será de utilidad en las batallas contra los vardenos-respondió Galbatorix, más para sí mismo que para la mujer, pero supo que la media elfa lo escucharía.

-¿Así que pretendes utilizarlos solamente para tu guerra?-inquirió ella, arqueando una fina ceja negra-. ¿No usarás a Ariana como antes?

-Ya no-replicó el rey-. Al menos no como antes.

Mylnïa pestañeó suavemente, y apoyó una pálida mano en su cinturón de cuero.

-Los vardenos se están fortaleciendo, me temo.

Galbatorix apretó los puños ante la mención del aumento de poder de los rebeldes. Era cierto: eran más fuertes ahora de lo que habían sido jamás, y Surda estaba volviéndose una amenaza, que nunca antes había considerado. El control del Imperio, muy a su pesar, estaba escapándosele de las manos.

-Pero aún no poseen el poder que yo tengo-dijo, con voz gélida.

-Sabes muy bien que el Jinete de la resistencia ganará fuerza con el tiempo, a medida que su instrucción avance-comentó la media elfa-. Debes hacer algo para debilitar a los vardenos.

-¡¿Y qué pretendes que haga, Mylnïa?-aulló Galbatorix, poniéndose de pie furiosamente-. ¡Con su nueva líder, Nasuada, han ganado más poder que nunca!

Ella permaneció en silencio unos momentos, con los negros ojos fijos en el vacío.

De repente, murmuró:

-Mátala.

-¿Qué?-preguntó el rey.

-Mata a Nasuada-repitió la media elfa-. Los vardenos aún lamentan la muerte de Ajihad, eso te da ventaja, y si ella muere quedarán tan desmoralizados que les será imposible vencerte.

Él comenzó a ver los puntos favorables de aquella idea.

-Y cuando los gemelos y Murtagh se revelen en la batalla, quedarán destruidos-continuó ella, conteniendo una sonrisa.

Galbatorix miró a la mujer plantada frente a él, extasiado, y dijo:

-Aplastaré a la resistencia, y con la muerte de sólo una persona.

-Envía a Ariana-dijo Mylnïa-, ella sabrá cómo hacerlo.

-No-respondió él, cortante-. Ariana no lo hará, me traicionará y revelará mis secretos a los rebeldes. Otros deberán hacerlo.

La media elfa se encogió de hombros.

-Como quieras-hizo una pausa-. Después de todo, es tu sirvienta, no mía.

-Pero si los demás fallan, ella será la encargada de destruir la vida de Nasuada, hija de Ajihad, nueva líder de los vardenos-dijo, sentándose una vez más.

La media elfa sonrió.