Capítulo 21:
Aun seguía apoyada en aquella pared, con la mirada perdida cuando la puerta se volvió a abrir y a través de ella apareció Heather mirándola preocupada.
-¿Qué ha pasado? –preguntó acercándose a ella rápidamente.
Dianna parpadeó varias veces dándose cuenta en ese instante de unas cuantas lágrimas que se habían deslizado por su mejilla. Intentó hablar, abrir la boca y formar algún tipo de palabra, pero lo único que consiguió es que un pequeño sollozo escapase entre sus labios sin poder evitarlo.
Después de eso solo sintió como los fuertes brazos de Heather la abrazaban y ella rompía a llorar desconsoladamente.
No recuerda exactamente como regresó a su casa, todo aparece borroso en su cabeza, no debido al alcohol, sino a todo el dolor y las lágrimas que había derramado le daban la impresión de que estaba en un sueño o más bien una pesadilla. Solo es consciente de unas pequeñas cosas, como cuando se subió a un taxi y después abrió la puerta de su casa y un olor familiar inundó sus fosas nasales, el resto había desaparecido de su cabeza, así sin más.
Cuando abrió los ojos de nuevo, lo primero que notó fue un cuerpo caliente pegado al suyo. Cerró los ojos de nuevo intentando controlar sus emociones mientras averiguaba si al final había sido todo una pesadilla o no. Así que cuando se armó de valor abrió los ojos y giró la cabeza.
Lo que se encontró allí no era lo que esperaba, por lo menos no lo que hubiese deseado.
Heather estaba acurrucada junto a ella, dormida profundamente aun con la ropa puesta al igual que ella misma. Era evidente que la había acompañado hasta la casa y luego no había querido dejarla sola, así que simplemente se quedó allí, abrazándola hasta que Dianna se quedó dormida aun con unos leves sollozos escapando de sus labios.
Suspiró cerrando los ojos de nuevo. Todo había sido real, Lea la había dejado y lo peor de todo es que no entendía que es lo que había pasado exactamente ni mucho menos como arreglarlo, si es que tenía arreglo.
De repente un ruido la sacó de sus pensamientos haciendo que abriese los ojos de nuevo y mirase la puerta de su habitación confundida. Escuchó atentamente esperando averiguar de donde procedía pero el silencio inundaba toda la casa.
Se relajó de nuevo intentando que el creciente dolor de cabeza que sentía se esfumase para poder pensar con tranquilidad, pero era inútil, lo único que conseguía era recordarlo todo una y otra vez haciendo que el dolor aumentase a cada minuto que pasaba.
Se dio por vencida y con cuidado de no despertar a su amiga se levantó de la cama arrastrándose a por un poco de café que la despertase.
Por el camino a la cocina se detuvo observando su rostro en uno de los espejos que adornaban el pasillo. Su pelo estaba totalmente despeinado mientras que sus ojos aun estaban rojos de las horas que había pasado llorando, el maquillaje estaba totalmente destrozado y su mirada transmitía una tristeza que nunca había visto antes en si misma.
Se quedó allí durante unos segundos, mirándose a los ojos sin apenas reconocerse hasta que un nuevo ruido la sacó de sus pensamientos.
-Estas hecha un desastre –dijo una voz de repente.
Se giró asustada y se encontró con Naya, apoyada en la puerta de la cocina con un bol de cereales mientras la miraba.
-Yo también te quiero –gruñó Dianna girando los ojos y pasando por su lado ignorándola.
-Lo digo en serio, deberías darte una ducha o algo –dijo entre bocados.
-¿Qué haces en mi casa? –soltó de repente la rubia girándose para enfrentarla.
-No iba a dejar a Hemo aquí sola lidiando contigo –respondió encogiéndose de hombros.
-No te la voy a robar, tranquila –dijo Dianna con sorna.
-Oh, eso ya lo sé, no te preocupes –dijo de manera despreocupada mientras seguía comiendo.
-No estoy con ganas de aguantarte, así que por favor, déjame en paz –le pidió cansada de las tonterías de la otra.
Naya no dijo nada mas, simplemente se quedó allí, mirándola y comiéndose sus cereales mientras Dianna se servía un poco de café que tanto necesitaba en esos momentos, pero esa mirada, esa presión que sentía en su espalda estaba acabando con su paciencia, sobretodo sabiendo que la otra quería decir algo, algo que seguramente no le iba a gustar.
-¿Qué? –gruñó Dianna después de beber un sorbo de café girándose para mirarla.
-Así que Lea y tú habéis roto –soltó como si nada siguiendo con sus cereales.
-¿En serio? –preguntó Dianna incrédula- ¿En serio me estas diciendo eso?
-Era evidente que iba a pasar tarde o temprano –se encogió ligeramente de hombros- No puedes mantener por mucho tiempo una relación así en este mundillo.
Dianna abrió la boca intentando formar alguna palabra, pero la ira que la recorría por dentro en esos momentos se lo impedía.
-Te recuerdo que tú relación es igual que la mía –gruñó apretando los dientes.
-La que tenías querrás decir –murmuró Naya- De todas maneras estas equivocada, mi relación no se parece en nada a la tuya.
La rubia apretó los puños intentando contenerse.
-¿Y en que se diferencian según tú?
-Que ni a mi ni a Hemo nos importa lo que digan de nosotras –dijo con sencillez y Dianna lo sintió como una fuerte bofetada- Mira Dianna –dijo dejando el tazón de cereales ya terminado sobre la encimera- Si vives tu relación según lo que piensa la gente de ella, lo único que conseguirás es destrozarla –la señalo intentando que entendiera que es lo que le había pasado- Yo no soy idiota, sé que no puedo hacer pública nuestra relación, no por ahora al menos, pero no me preocupa lo que digan de nosotras mientras tanto, yo no lo negare ni lo admitiré y lo que piensen será su problema. Vosotras, escondiéndoos, poniéndoos nerviosas y a la defensiva lo único que conseguisteis es aumentar los rumores y por tanto la presión sobre vosotras.
Dianna la miraba detenidamente intentando asimilar todo lo que la otra le estaba diciendo y aunque el dolor de cabeza no la ayudaba, creía entender lo que le intentaba decir la otra.
-Buenos días cariño –susurró Heather de repente abrazando a Naya por la espalda provocando que la otra sonriese automáticamente- ¿Qué pasa? –preguntó al notar la tensión en el ambiente.
-Nada –respondió Naya dulcemente dándole un suave beso en los labios- Ve al salón, ahora te llevo algo para desayunar –le propuso y la otra miró a Dianan detenidamente intentando averiguar si era prudente dejarlas solas, después de que la rubia asintió levemente Heather sonrió feliz y después de dejarle otro beso las volvió a dejar solas.
-Si quieres recuperarla, de verdad –prosiguió la morena mientras preparaba otro tazón de cereales- tienes que sentirte cómoda en tu relación, siempre, no solo cuando estéis en la intimidad pero sobretodo tienes que sentirte cómoda contigo misma –y después de decir eso abandonó la cocina llevándole el desayuno a su novia.
Dianna se volvió a quedar sola pérdida en sus pensamientos. Necesitaba relajarse y aclarar su mente así que apuró lo que le quedaba de café y sin decir una sola palabra se dirigió al baño intentando ignorar los mimos que se daban sus dos amigas en el sofá.
En cuanto sintió como el agua recorría su cuerpo desnudo cerró los ojos apoyándose en la pared y sintiendo solo como cada gota de agua golpeaba contra su piel.
Había perdido a la persona que mas quería, la que mas le hacía sonreír, la que mas le hacía feliz y seguramente debido a sus inseguridades.
Golpeó con el puño la pared llena de rabia.
¿Cómo no lo había visto venir? ¿Cómo no se había dado cuenta de las tristes miradas de Lea cuando soltaba su mano al salir a la calle o como la evitaba en público? ¿Cómo no noto como su novia sufría por su indiferencia? Pero a pesar de todas las preguntas que no conseguía entender y que inundaban su mente había una en especial que la atormentaba. ¿Por qué Lea no le había dicho como se sentía antes de que explotara todo frente a su rostro?
Necesitaba hablar con ella, intentar encontrar una solución, intentar recuperarla, aunque le costase más que cualquier cosa en toda su vida, no podía dejarlo pasar, tenía que intentarlo, sino sabía que se iba a arrepentir.
Con rapidez terminó de ducharse, se vistió y después de coger las llaves y el móvil abandonó el apartamento ante la confusa mirada de las otras dos, pero a pesar de eso decidieron no decir o hacer nada, sabían que esa determinación en su mirada significaba algo y no iban a ser ellas las que se interpusieran en esa aparente gran decisión.
No tardó en llegar a casa de Lea y en cuanto golpeó su puerta noto como los nervios los tenía a flor de piel. Las manos le temblaban, bueno no solo las manos, sino casi todo su cuerpo estaba con una extraña sensación como si no pudiera controlar sus músculos, además de eso notaba como las manos comenzaban a sudarle, intentó secarlas con el pantalón pero no fue muy útil ya que después de aquello parecía que las tenía aun mas sudadas. Cogió aire con fuerza cuando oyó unos pasos acercarse a la puerta y cerró los ojos durante unos segundos hasta que sintió como la puerta se abría.
En esos momentos esperaba encontrarse a Lea tal como estaba ella hacía apenas unos minutos, toda destrozada, despeina y horrible, pero en vez de eso lo que encontró le congeló el corazón.
-Hey –dijo a modo de saludo un sonriente Theo.
-H…ho…la… -respondió Dianna con la voz entrecortada.
-¡Theo! ¿Quién es? –se oyó una voz desde el interior del apartamento y la dueña de esa voz no tardó en aparecer quedándose totalmente congelada en cuanto vio a Dianna allí, en la puerta y con una expresión de dolor absoluto en su rostro.
Lea no estaba como la rubia se esperaba, de hecho parecía aun mas radiante que de costumbre, con un brillo especial en todo su ser y no parecía haber estado llorando, ni mucho menos sufriendo por lo que había pasado hacía apenas unas horas.
-Pasa, pasa Dianna –dijo Theo emocionando haciéndose a un lado para que la rubia pudiese entrar, pero Dianna seguía clavada en su sitio, con la vista fija en Lea y habiéndose olvidado incluso de moverse.
-Tengo que hablar con ella un momento –susurró Lea al chico que la miró algo confundido- ahora vuelvo –le dio un pequeño beso en la mejilla y salió del apartamento ignorando la mirada aun mas dolida de Dianna y cogiéndola de la mano tirando de ella en dirección al ascensor.
La rubia se dejó arrastrar sin oponer resistencia, seguía en una especie de trance, aquello no podía estar pasando, Lea no sería capaz de hacerle algo así cuando no hacía ni un día que lo habían dejado, no, no podía ser. Se repetía una y otra vez intentando convencerse a si misma.
Sin saber muy bien como, de repente Dianna se vio detenida y después de mirar a su alrededor dándose cuenta que estaban en la azotea centró su atención en Lea que la miraba frunciendo el ceño.
-¿Qué haces aquí? –espetó Lea.
-Yo… -comenzó a intentar hablar la rubia, pero después de haber visto a Theo todo parecía haberse ido de su cabeza.
-No tengo tiempo para esto –murmuró Lea después de unos minutos de silencio pasando por su lado con intención de regresar a su casa.
Pero de repente su camino se vio interrumpido cuando Dianna agarró su brazo con firmeza evitando que continuase. Aquella simple frase había despertado algo en ella que creía que ya no estaba, que había acabado con el.
-¿Pero si tienes tiempo para estar con él? –gruñó con amargura.
-No tienes ningún derecho a estar celosa –respondió de la manera mas tranquila que pudo librándose del agarre de la otra.
-¿Qué no… -se mordió el labio intentando contenerse- ¿Qué no tengo ningún derecho? ¿No han pasado ni unas horas y ya lo tienes en tu casa? Quizás eso explica muchas cosas, quizás solo te querías librar de mí para volver con él, quizás ya te habías cansado de mí o simplemente había sido un juguete para entretenert… -no pudo terminar la frase porque la mano de Lea se estampo contra su cara.
Automáticamente se tapó la zona golpeada cerrando los ojos durante unos segundos intentando tranquilizarse. Cuando los volvió a abrir el oxigeno volvió a abandonar sus pulmones. Lea la miraba con los ojos bañados en lágrimas intentando inútilmente controlarlas dejando por fin ver algo del dolor que sentía.
-No te atrevas nunca a mas a poner en duda mis sentimientos por ti –gruñó airada- Eres tú –la señaló con firmeza presionando con su dedo el pecho de la otra- la que ha destrozado esta relación, tú –volvió a presionar llorando con mas intensidad mientras Dianna la miraba atónita- Tú eras la que quería ocultarlo, la que le daba vergüenza que la viesen conmigo o siquiera hablasen de nosotras, ¡eras tú! –gritó.
-Lea… no… -susurró Dianna intentando agarrar con suavidad la mano de la otra pero Lea rápidamente se alejó apartando la mirada- Tienes razón –dijo después de un largo suspiro- Todo es mi culpa, mis inseguridades te hicieron daño, nos hicieron daño, pero deberías haberlo hablado conmigo –dijo intentando razonar las cosas.
-¿Cómo querías que lo hablase contigo si cada vez que había la mas mínima posibilidad de rumores te alejabas de mí, te cerrabas en banda y no había manera de acercarme? Diciéndotelo solo iba a conseguir discutir y que tú me alejases sintiéndote culpable pero en el fondo no siendo capaz de afrontar lo nuestro –dijo con amargura.
-¡Pero por lo menos habría tenido una oportunidad de arreglarlo! –gritó alterándose de nuevo- En cambio dejaste que la cosa creciese y creciese hasta que ya no se podía hacer nada.
-Tú misma lo has dicho –dijo lentamente Lea limpiándose las lágrimas- ya no se puede hacer nada –intentó de nuevo irse pero la rubia se interpuso en su camino.
-¡No! Lo puedo arreglar, sé que puedo –dijo casi suplicando- Déjame intentarlo… -susurró mirándola tristemente y con un poco de esperanza.
-Ahora mismo no puedo hacer frente a esto… -susurró desviando la mirada- lo siento…
-¿Y en un futuro? –preguntó esperanzada, era su última posibilidad, si por lo menos Lea veía un futuro, aunque fuese lejano, juntas, aun había algo de esperanza para ellas.
-No lo sé… -negó lentamente- De verdad no lo sé.
Esta vez cuando Lea se acercó a la puerta para bajar de nuevo a su apartamento Dianna no la detuvo, en cambio miró al suelo intentando ordenar sus pensamientos.
-¿Has vuelto con él? –preguntó antes de que la otra cerrase la puerta.
Lea se detuvo durante unos segundos antes de responder.
-No, no soy tan cruel como para regresar con él por despecho un día después de dejarlo con el amor de mi vida –y sin más cerró la puerta dejando en aquella azotea a Dianna que no pudo más que comenzar a llorar de nuevo.
Elizabeth te respondo por aquí ya que como me dijiste que leías mis historias imagino que leerás esto y así de paso lo explico de nuevo.
Estoy intentando actualizar las historias en cierto orden, con esto me refiero que intento actualizar todas las historias antes de volver a actual cualquiera de ellas. Por ejemplo, acabo de actualizar esta, por tanto me quedan otras tres por actualizar antes de volver a hacerlo con esta así que la gente que lee todas mas historias estará mas o menos contenta y la que solo lee algunas pues tendrá que esperar mas para leer los siguientes capítulos.
Espero que ahora haya quedado mas claro.
Vuelvo a mencionar que todo sería mas sencillo si os creáis una cuenta en Fanfiction, no solo por el hecho de que recibiréis emails cuando actualicen los autores/historias que os interesan sino también para responder cualquier tipo de pregunta que hacéis en los RW, ya que los escritores os podemos responder de manera privada si tenéis cuenta y no tenéis que esperar a otra actulización.
Así que haceros cuentas de una vez!
Me he estado dando cuenta de que no estáis comentando mucho últimamente en mis historias y no sé si es que no os gustan, os están cansando o es que tardo mucho en actualizar pero voy a acabar tomandomelo como que no os interesa y por tanto se me quitaran las ganas de escribir, yo solo aviso.
Esto no va para los que siempre me comentan, por supuesto.
