Draco Malfoy y el corazón de un Slytherin

Capítulo 21 – Negación: mentirse no es la solución

Las pesadillas empezaron casi inmediatamente y no solamente cuando dormía. Primero estaba la pesadilla de su actual relación con Harry. Harry no le dirigía la palabra y llevaba puesta la máscara impasible todas las veces que se cruzaban. Harry había dejado de ir a los encuentros de quidditch de medianoche; para Draco eso era una cobardía y una actitud reprochable. Harry había interrumpido todas las lecciones, si bien se seguían reuniendo martes y jueves, lo único que hacía era sentarse en silencio leyendo o redactando un deber. Draco había hecho un par de intentos para hacer las paces pero el obstinado Gryffindor lo había rechazado de plano… no iba a probar una vez más, él tenía su dignidad… y los Malfoy no ruegan.

Y además, la indiferencia de Potter no era algo que tuviese que afectarlo…

Otra pesadilla era Dennis Creevey, quien siguiendo los pasos de su hermano había formado el club de fans de Draco Malfoy. Donde fuera que estuviera, allí estaba Dennis o alguno de los otros socios del club tomándole fotos o haciéndole preguntas necias… ¡lo estaban volviendo loco!

Muchas de las fotos que Dennis le tomaba terminaban en los diarios o en las revistas… igual que las que Colin le tomaba a Harry. Dumbledore había prohibido terminantemente el acceso de la prensa al predio de la escuela, pero eso no había impedido que los periodistas —Rita Skeeter era la peor— publicaran infinidad de crónicas sensacionalistas sobre Harry, Draco y Voldemort… lo cual no dejaba de ser irónico puesto que hasta hacía poco habían negado repetidamente el "supuesto" retorno del Señor Oscuro. Pero el cadáver era una prueba irrefutable…

Para peor, los recuerdos del enfrentamiento con Voldemort eran recurrentes. Las pesadillas cuando estaba dormido podía solucionarlas, al menos en parte, con pociones para dormir sin sueños… pero cuando estaba despierto… Harry moría una y otra vez en su mente… era una tortura constante que parecía no tener fin… el recuerdo de esos ojos verdes despojados de vida seguía atormentándolo a cada minuto.

¡Maldito Gryffindor!

—¡Mierda! —en un ataque de rabia barrió con la manga todos los ingredientes y utensilios que tenía sobre la mesa de experimentación. Había estado trabajando sobre una nueva poción, un derivado de la poción matalobos que serviría para impedirle la transformación a un animagus. Pero ya llevaba semanas en lo mismo y no había obtenido ningún resultado. Hizo un gran bollo con todos los folios cubiertos de notas, lo arrojó dentro del caldero y lo incineró.

Blaise justo salía del depósito portando una bandeja con ingredientes cuando el caldero explotó. El aula de Pociones era un desquicio, el contenido púrpura del caldero se había proyectado en todas direcciones. Draco no se había salvado, estaba como si hubiese tomado una ducha con agua morada. —¿Todo bien, Malfoy?

—De maravilla.

Blaise dejó la bandeja sobre el escritorio de Snape y se le acercó para ayudarlo con el desastre. Pudieron rescatar algunos ingredientes y con unos cuantos encantamientos pudieron limpiar y restaurar el orden.

Blaise se apoyó sobre la mesa y preguntó: —¿Qué es lo que pasa, Draco?

—Malogré la preparación. —replicó Draco sucintamente al tiempo que sacaba de la cartera una hoja de pergamino nueva— Tengo que empezar desde el principio.

—A mí me pareció más bien un berrinche.

Lo fusiló con la mirada. —De ningún modo fue un berrinche, los Malfoy no…

—¿Y entonces cómo lo llamarías? —inquirió Blaise interrumpiéndolo— ¿Una expresión violenta de desazón?

—¡Andate y dejame tranquilo!

Blaise soltó una breve carcajada y volvió al escritorio para recuperar la bandeja. —¿Vas a asistir al partido de quidditch de mañana?

—No.

—Puede ser un encuentro espectacular… oí rumores de que Potter ha mostrado pésimo rendimiento en las prácticas.

Draco apretó las mandíbulas. —Por favor, abstenete de mencionar ese nombre en mi presencia.

—¿Todavía seguís peleado con Potter? —Blaise revoleó los ojos— ¡Merlín, Draco! Ya pasó más de un mes desde que te fuiste de boca.

—¿Estás insinuando que fue culpa mía? —preguntó con voz helada.

—Sí. —respondió Blaise— Fuiste vos el que le dijiste que lo detestabas.

—Lo cual es cierto… lo detesto.

Blaise rió. —¡Pero dejate de joder, Malfoy! ¿Por qué no tomás un poco de Veritaseram a ver si así dejás de mentirte? Me consta que odiás a Creevey pero no te ponés histérico si pronuncio su nombre en tu presencia.

—¡Yo no me pongo histérico por Potter!

Blaise se limitó a sonreír con suficiencia.

—No tengo por qué seguir escuchando esto. — dijo Draco, juntó rápidamente todos su útiles y salió del aula dando grandes pasos. Las carcajadas burlonas de Zabini lo fueron siguiendo retumbando a lo largo de todo el corredor.

—No me pongo histérico por Potter… —iba mascullando mientras enfilaba en dirección de los dormitorios de Slytherin— …el muy necio del Gryffindor no podría importarme menos… no es nadie, absolut… ¡AaaHH!

El flash repentino de una cámara lo sobresaltó y lo cegó momentáneamente. Tuvo que parpadear varias veces para poder enfocar y taladrar con una mirada asesina a su acosador. —¡Creevey!

El Gryffindor de segundo año salió del nicho de la pared en el que se había agazapado. —Hola, —saludó sonriente— ¿me concederías una entrevista?

—¡No! —escupió Draco.

Dennis no se arredró. —¿Te puedo tomar otra foto, entonces?

¡Engorgio! —las orejas de Creevey crecieron hasta alcanzar un tamaño descomunal. Draco le agarró una y le aulló bien cerca: —¡Dejame en paz!

Lo empujó y siguió su camino dejándolo caído y temblando sobre el suelo.

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Entró a su habitación y cerró azotando la puerta. Arrojó todas sus cosas sobre la cama. Abrió con violencia la tapa de su baúl, rebuscó un poco, sacó un frasco de Veritaseram y se bebió el contenido. Dejó el frasco vacío sobre la cama y marchó hasta el espejo. Ya le iba a demostrar a Blaise…

—¡Detesto a Harry Potter!

Su reflejo se tornó azul.

Respiró hondo. —No me gusta Harry Potter para nada. —se corrigió rápidamente.

Seguía azul.

Se aproximó un paso más al espejo y con pánico en el tono articuló. —Creo que Potter es un pelotudo.

El reflejo recuperó su aspecto normal. —Ah… por ahí vamos mejor. —dijo con un gersto de asentimiento satisfecho— La poción debe de ser defectuosa porque yo no quiero tener nada que ver con Potter.

Azul instantáneo.

—¡No, no, no! —agarró los bordes del espejo con las dos manos— Potter no me inspira otro sentimiento que no sea repulsión. —azul impertérrito— ¡No me importa que no me hable! —azul— ¡No echo de menos el quidditch de medianoche! —azul— ¡No extraño para nada al tarado maricón de cabellos negros desordenados!

Azul.

—No me tiño el pelo. —el reflejo recuperó el color normal. La poción no era defectuosa.

Estaba jadeando, la mirada había adquirido un reflejo salvaje, las manos sacudían los bordes del espejo. —¡Harry me vuelve loco, me hace perder toda la sensatez! —reflejo normal— No llego a entenderlo. —normal— Sé muy bien lo que siento por él.

Normal.

Giró sobre los talones y salió de la habitación. Con determinación fue avanzando por los corredores de la escuela. Todos iban abriéndole paso, se replegaban intimidados.

Como era habitual, la entrada a la Torre de Gryffindor estaba guardada por el retrato de la Dama Gorda. Pero eso no iba a ser un impedimento para Draco. —Tessera revelo. —la contraseña apareció en letras rojas en el abanico de la Dama. Draco la pronunció en voz alta y el retrato le abrió paso.

Brotaron exclamaciones y gritos contenidos en la sala común de Gryffindor cuando lo vieron entrar, Draco los ignoró por completo y enfiló directo a las escaleras y al dormitorio de quinto; sabía cuál era, durante las vacaciones había estado allí en más de una oportunidad.

Harry estaba allí, pero no estaba solo. También estaban Weasley, Longbottom y Thomas. Entró y con violencia cerró la puerta detrás de sí.

Al verlo, Harry se puso de inmediato la máscara inexpresiva. Avanzó hacia Draco y se le interpuso en el centro del cuarto. —¿Qué es lo que querés?

Draco le agarró la cara con las dos manos y la hizo bajar un poco para que quedara a su misma altura. —¡A vos! —vociferó y acto seguido procedió a demostrarle qué era lo que había querido decir.

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