Solo podía dejar el tiempo pasar hasta el día siguiente, donde ese idiota la conduciría a su nuevo retiro. No tenía ni idea de a dónde Lang tenía pensado llevarla, ni tampoco le importaba. Lo único que quería era acabar con todo aquello de una vez por todas…
Y una vez más, el agente idiota seguía con sus idioteces.
Shih-na meditaba tranquila en su celda, llenándose de tanta paz interior como fuera posible, hasta que una desfilada de múltiples pasos llegó desde el otro extremo del pasillo.
La celda no tardó mucho en abrirse.
-…Por favor, quien sea menos tú, idiota.-vaciló la rea, sin ni siquiera girarse.
-(…) ¿Cómo lo has adivinado?
La reclusa extraditada se dio la vuelta para encontrarse con Lang mirándola con una sonrisa burlona, mientras se quitaba sus extravagantes gafas de sol.
-¿Qué otro idiota podría molestarme estando ya en la cárcel? Tú, claro…-añadió, antes de volverse a girar.
-Me has pillado. Venía a traerte una especie de regalo de bienvenida a Zheng Fa, pero igual soy demasiado idiota para dártelo.-contraatacó el agente lobo.
-En ese caso, no me lo des. No te había pedido ningún regalo, ni de bienvenida ni de despedida.-musitó ella, molesta.
-Vaya… Ni yo mismo podría haberlo expresado mejor… De bienvenida y de despedida… Muy buena.
-¿…?
Al fijarse mejor, notó que Lang aguantaba una caja mediana que había traído consigo, envuelta en una especie de tela de diseño intrincado, muy parecida a su chaqueta. Un lazo dorado la complementaba.
-... Me gustaría saber por qué rayos te has tomado la molestia.
-(…) ¿Por qué, eh? Te responderé cuando me respondas tú a la misma pregunta.
-¡…!
Touché. No iba a admitirlo, por supuesto.
Shih-na calló. En lugar de decir nada, se acercó al artefacto adornado de oriente. Deslizó suavemente el lazo y delicadamente apartó la tela que lo envolvía. En el interior había una auténtica belleza material: un vestido chino.
Era realmente hermoso: formado por largas e impolutas telas del negro más absoluto y recubierto con una delicada redecilla dorada con motivos indescifrables, muy ornamentado con algún lazo y cinta. Digno de una divinidad, o de una emperatriz. Y no de una contrabandista.
-Póntelo. Yo no miro, por si lo ibas a preguntar. Te esperaré fuera. Espero que sea de tu talla. (…) Y tampoco va a servir de mucho que hagas preguntas.
Miles de interrogantes llenaban la mente de la rea, pero ¿Qué podía hacer? ¿Resistirse a ponerse un vestido tan bonito? ¿Qué podía perder? Con suerte, estaría envenenado y la mataría.
Lang, tal y como había prometido, abandonó la celda después de volverla a cerrar, dejando encima del modesto y único camastro el dichoso abrigo de la tinta.
Antes de ponerse siquiera el vestido, Shih-na se quitó los guantes (empezando por el izquierdo) y recuperó algo del bolsillo: un brillante anillo de plata con un adorno selenita.
Rápidamente, se cambió de vestido, aunque le gustara lo que llevaba puesto. Le quedaba perfecto, exactamente de su talla, y realzando mucho su guapura exterior.
-…Tch. Para ser idiota, tiene buen gusto.
(…)
No pasaron ni diez minutos hasta que Lang pudo regresar sobre sus pasos y abrir la celda de nuevo. Y encontrarse a su "subordinada" con el vestido que le regaló. Tuvo que admitir que le sentaba divinamente… Pero no lo dijo.
-Es de tu talla… Supongo que he acertado…-murmuró, evitando con esfuerzo sobrehumano colorarse.
-… Supongo. Xie xie.
Gracias. De nuevo esa palabra. De significado tan amplio en esa situación.
-¿Xie xie por qué?
¿Por extraditarla, por salvarle el pellejo, por defenderla…?
-Xie xie… Por el vestido.
Solo el vestido… No era lo que se decía un xie xie muy cálido.
-¿Solo eso? ¿Nada más? ¿Nada de nada?-preguntó el hombre-lobo, notablemente descontento.
-…Solo eso. Nada más. Nada de nada.-repitió ella en modalidad enunciativa.
Y Lang Zi dijo: "Hágase el silencio".
-¿A qué se debe el honor de vestirme de princesa, agente idiota? Bonita ropa la que dais a los presos en Zheng Fa.
-No es eso, lista. Es que… Vamos a ir a un sitio. Y no podía sacarte de aquí vestida a rayas, ¿No?
-…¿Me estás diciendo que los polis no saben que estás aquí?
-¡Claro que lo saben! Hablé con el viejo del tribunal esta mañana. ¿Qué te crees, que vengo cada día a tomarme un café a este sitio?
-¿Y se puede saber qué lugar es ese y a qué viene dejarme salir nada más entrar? Tanto esa fiscal del diablo como tú sois idiotas.
-No oses compararme con un fiscal, Shih-na. Llámame idiota o llámame imbécil, pero NUNCA me llames fiscal.
-…Lo siento.
Y por "lo siento", Lang intuyó "el sentimiento es mutuo".
-¿Y me quieres llevar a una cena con velitas? ¿O a bailar el vals con la reina? Sea lo que sea, son cosas que no puedo hacer.-contraatacó la presa.
-Quiero que veas algo. Hoy es día 21 de junio, y a lo mejor mañana ya no estarías a tiempo de verlo.
-¿Porque me vas a cambiar de cárcel?
Lang pareció meditar aquella pregunta.
-Por eso también.-respondió enigmáticamente.
-…Me pica la curiosidad qué es lo que puede ser para que un agente de la ley saque de la trena a una espía como yo.
-Sabes como yo que todavía quiero saber si de verdad eres tal cosa.
-¡…! ¡Ya te lo he dicho! ¡Soy una asesina y jugué contigo, porque soy un alma malvada! ¿No te basta?
-…Pues no.
Inútil negociar. No se iba a rendir, lo leyó en sus ojos.
-Idiota, lo que creía… Bueno, ¿Vamos?
-Espera. Antes de salir… Vas a tener que maquillarte un poco.
-¿Para verme más guapa, hm?-le picó ella.
-No es por eso… Es porque si la gente te ve, y te ve mañana al cambiarte de cárcel… Se va a armar un cirio. Te matarían, pero después vendrían a por mí.
-…Ah, ya veo. "Lang Zi dice: Un lobo solo mira por él mismo."
"Todo lo contrario", quería responder el hombre-lobo. Pero quiso hacerla enfadar…
-Te he traído una peluca, y puedes quitarte las lentillas y el maquillaje.
-…No llevo lentillas. Y tampoco maquillaje. Los ojos que tengo, y la piel que tengo. No hay nada debajo.
-¡¿…?!
Aquello no era posible. Calisto Yew, su anterior disfraz, tenía los ojos marrones, y una infinidad de pecas minúsculas bajo los ojos. La pregunta volvía a ser… ¿Por qué no estaban?
-…En ese caso… Voy a tener que maquillarte un poco.
Como lobo precavido, Lang llevaba algunas otras cosas para disfrazarle la cara. Se dejó de sombras de ojos y brillos de labios (porque la hacían más guapa…), y le dio unas lentillas marrones y le dibujó él mismo con un lápiz maquillador un montón de puntos. Pasaban por pecas auténticas. Al ponerse la peluca, negra como el tizón, sin flequillo y larga, ya se sabía de qué iba difrazada… De nuevo.
-Por el momento… Volverás a tu imagen de Calisto Yew.
Definitivamente, Lang era un idiota: Si la gente la linchaba por ver a Shih-na, la contrabandista, ¿Por qué no lo harían al ver a Calisto Yew, la asesina?
(…)
El sol estaba a punto de ponerse. El primer sol del verano. Estando en la celda, no había podido apreciar la belleza de la luz astral demasiado bien, pero aún brillaba hermosamente. No obstante, el cielo se veía plomizo, con nubes pesadas entre las cuales se distinguía el círculo de fuego.
Podría llover en cualquier momento. Y el aire era bastante frío.
-Sígueme.
Ambos abandonaron el recinto de la lúgubre prisión, ella aunque fuera por poco tiempo, y caminaron por callejuelas oscuras y algunos caminos terrosos, hasta llegar a uno de los lugares más recónditos de todo Zheng Fa.
-…¿Y ahora?
-Delante de ti.-indicó Lang, señalando con el dedo.
Delante de ella. Como si hubieran aparecido en ese instante, miles de lucecillas adornaban la oscuridad, algunas de diferentes colores. Se oía a mucha gente hablar y reír, y un agradable y característico olor bañó la esencia del aire. Un poco más apartado, al final de un cruce por un camino, se encontraba un modesto escenario, vacío. Parecía todo salido de la nada.
Se trataba de una feria estatal. Se respiraba paz y felicidad. Todo el mundo parecía contento.
-Es para celebrar el verano. Al empezar cada estación, se hace una parecida. Porque es algo que nos importa mucho. El exterior.
-… Ya veo.
Shih-na, con sus falsos ojos de Calisto Yew, observaba todo a su alrededor. La feria constaba con muchos tenderetes distintos, y una iluminación sublime. Todo estaba planificado al detalle. Una amena manera de escapar de la rutina. Los viandantes que pasaban por allí lo sabían mejor que nadie.
-Lo que a lo mejor no sabes es que celebramos esto por otra razón.
Ella ya se imaginaba el sujeto de aquella conversación.
-… Si esta feria lleva aquí una semana, ya me hago una idea.
-(…) Te has dado cuenta.
Una semana antes se habían cumplido tres meses desde que la red de contrabando de la cual Shih-na formaba parte se había disuelto. Ahora, la gente podía ir de compras sin temer que los billetes fueran falsos.
Aquella celebración era para humillarla.
-…¿Me has traído aquí a ver si reflexiono?
-Nah, ya tendrás tiempo para reflexionar. Yo, por mi parte, aprovecharía para disfrutar de la libertad mientras durara… Pero yo no soy tú.
-…No te gustaría ser yo.
Decidió no responder a eso, ya que estaba por determinar aún.
-Cuéntame, ¿Te gusta Zheng Fa?
-Pues… Es bonito.-admitió Shih-na, con una media sonrisa.
-Sí, ¿Verdad? Es la octava maravilla del mundo.-se enorgulleció Lang, de su patria.
-La única pega… Es que está llenito de idiotas. Tú eres un buen ejemplo… Pero no eres el único.
-…¿Por casualidad lo dices por esa sucia fiscal?-dedujo Lang.
-¿Qué? ¿Por esa furcia? Si esa hubiera nacido aquí, no habría dicho que Zheng Fa es bonito.
-¿Eso significa que sabes dónde nació? No será… ¿Que la conoces? En el juicio también me lo pareció.
Aquello picó la curiosidad del joven lobo.
-…
-No vas a responder, ¿Verdad? Debí suponerlo, en fin… Ven, vamos a ver más cosas. Hace tanto tiempo que no venía a una de éstas… Cuánto lo añoraba. Por fin estoy en casa.
-… En casa…
-¿…?
Se hizo una incómoda pausa. Una voz aleatoria la rompió.
-¡Hombre, si eres tú, Lang!
Al girarse el susodicho, reconoció una cara conocida de la Interpol. Era otro agente, de menor rango. Había coincidido con él alguna vez.
-Qué tal, ¿Cómo lo llevas?-saludó Lang.
-Pues aquí, ya ves, descansando y celebrando que esos malditos chanchullistas están toditos entre rejas.
A Shih-na, que estaba al lado de los dos, se le escapó una risilla.
-Por cierto, ¿Quién es esa chica?
Era de esperar que aquel agente conociese la figura de Shih-na, pero como ahora iba disfrazada de "Calisto", no caería. Al fin y al cabo, un agente de menor rango no estaría al tanto de la información de su doble (triple, cuádruple, múltiple…) identidad.
-¿E-ella? Nadie, es…
Lang no podía decir que era una "maldita chanchullista" que no estaba entre rejas, o la paz de la noche se iría a tomar viento.
-¿Quién? Tío, ¿Qué bicho te ha picado? Dime algo sobre ella, ¿Es tu novia?
-¡…! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡¿M-mi novia?! ¡N-no, para nada! -pregunta incómoda.- Es mi… ¿Hermana?
-¿Es una broma? ¡Casi caigo, Lang! ¡Tú eres hijo único, a mí no me la das! ¡Es tu novia, por eso disimulas! ¡No me puedo creer que te hayas echado novia, lobo solitario!
-En realidad…-intervino ella.
Después de todo lo que había pasado, era normal que Shih-na quisiese enfadar al hombre-lobo haciéndole pasar un mal rato. Estaba a punto de inventarse que sí era su novia, que pronto iba a haber boda, que tendrían muchos hijos, y cosas por el estilo. Contra más falsas fueran, más herirían. Pero al final…
-Soy la prima tercera del hijo del medio hermano del padre de Shi-Long. Vengo de visita, y el hijo del medio hermano del padre de mi primo tercero se ha ofrecido en enseñarme su ciudad natal.
Eso había pillado a ambos hombres por sorpresa. Casi hubiera sido más ligero soltar lo de la boda y la familia numerosa.
-Ya… Ya entiendo…-mintió el acoplado.- Vaya, Lang, había oído que considerabas a mucha gente familia cercana tuya, pero… ¡Rayos!
-S-sí, bueno… Te presento a… La prima tercera del hijo del medio hermano de mi viejo… Mi prima, para resumir. Se llama Shi…. Ai. Ai Lang.
-…Encantada.-saludó la nueva Ai.
-E-en fin, es un placer conocerla, señorita Ai Lang. Nunca había oído hablar de usted…
-Es que… Mi lejano primo no habla mucho de mí. Discúlpele, a veces es un poquito idiota.
Shi-Long calló. Nada, le había gustado la palabrita.
-Lo siento, no quería molestar, y menos siendo usted una visita, señorita Ai. Mejor me marcho ya. Encantado de volver a encontrarte por aquí, Lang.
-…Adiós, cuídate.
Aquel visitante aleatorio se marchó, dejándolos solos de nuevo.
-Así que ahora eres mi prima…
-…No me gusta que me llamen por otros nombres.
-Pues te aguantas, porque en la red bien que te cambiaban de nombre, y nunca protestabas.
Peor que una patada en el estómago.
-Esta noche, serás Ai Lang, mi prima lejana. Mañana, volverás a ser Shih-na.
-…. Ai Lang no existe. Shih-na tampoco existe… Solo voy vestida de Calisto Yew… Que tampoco existe.
Una buena parte del camino la tuvieron calladitos.
(…)
Ambos se habían quedado mudos después de las duras palabras de Shih-na, Ai, Calisto, o como fuera que se llamase. En el último tramo del silencio, este quedó levemente interrumpido por unos quejidos incesantes. Cada vez se intensificaban más.
Era Lang, que caminaba con dificultad. La herida que le había provocado Quercubine habría ido a peor.
-…
-Maldita sea… No puede ser… Maldita mocosa…-blasfemó Lang.
-… Tch.
-¡La leche, qué puñetero daño! Las muñecas están pasadas, ¡Hala, venga! ¡Démosle a la niña un arma blanca! Aunque tan blanca que me pone a mí negro. Lang Zi dice: ….. ¡Dios, qué daño!
Shih-na peleaba por no echarse a reír tan escandalosamente como sabía. Lang no aguantó más el dolor, y tuvo que sentarse en una especie de banco que había en una zona apartada. Al descalzarse de una bota y hacerse el dobladillo del pantalón, pudo comprobar que, efectivamente, el corte parecía infectado.
-Aiya, la madre que la matriculó… Sabe manejarse con cosas afiladas…
Su prima falsa miraba la escena, con ganas ininterrumpidas de reír desmesuradamente, pero… Al fijarse en la herida de bala que había no mucho más arriba, se acordó de aquella vez, en la embajada, cuando Lang le salvó la vida. Se había puesto de manifiesto su fachada, y en lugar de matarla él mismo, se llevó una bala que le pertenecía a ella. Y todo "porque ella es mi subordinada".
Pero ahora el idiota no estaba en condiciones de seguir siéndolo.
-…Deja que te vea la herida.
-¿…?
Shih-na observó con ojo crítico aquel mal. No tenía muy buena pinta, parecía muy difícil de curar. Pero en Zheng Fa, nada es imposible.
Cogió la bolsa donde Lang había traído las lentillas y el maquillaje para ocultar la persona de Shih-na y vio que, efectivamente, era un mini-botiquín, con algunos remedios bastante rudimentarios, típicos de la gente de Zheng Fa.
-Estate quieto. A lo mejor esto te escuece…
Ardía como una fragua, pero Shih-na sabía lo que hacía. Gracias a una serie de ungüentos, algunas gasas y traza delicada, la herida dejó de supurar, y tenía mucho mejor aspecto. Acto seguido, la envolvió con una venda.
-Ya está. A ver qué tal.
Después de volver a calzarse y apoyar el pie, Shi-Long estaba como nuevo. No le dolía casi nada.
-Vaya… No sabía que manejaras este tipo de remedios. Realmente eres de lo que no hay…
-…Tu vida por la mía, y al revés. Estamos en paz.
-Shih-na, ¿Qué…?
-Déjalo. No quiero hablar. Vamos, la feria aún no se ha acabado, tienes un poco más de rato para burlarte de mí.
Dicho lo cual, ella se puso a andar en dirección al bullicio de gente, que había quedado ligeramente apartado. Lang se acomodó y se dispuso a seguirla, bastante aliviado.
-Ah… (…) Y me llamo Ai. Al menos por ahora.
No cabía duda de que era una profesional de los disfraces, de las identidades… Y de las mentiras.
