Disclaimer: Los Juegos del Hambre no nos pertenecen.

Historia para el foro "El Diente de León" – SYOT Colaborativo


Tablero de ajedrez

Los hombres, a pesar de que sufrían las consecuencias cada vez que cerraban los ojos, no llegaban a comprender a cabalidad lo que estaba sucediendo. Ellos eran el campo de batalla de una guerra que apenas daba inicio. La incertidumbre daba paso al miedo, y el miedo a las pesadillas.

Mientras tanto ambos ejércitos se alineaban. El de Morfeo dispuesto a conservar la paz en los sueños de los humanos, y el de Fobétor determinado, más que nunca, a sembrar el terror y la desesperación.

Fueron los primeros en atacar. Mientras que Mara y los Djinn se encargaban de mantener paralizados a los mortales, los Oneiroi hacían lo propio, enfrentando a los Ángeles Guardianes y apropiándose, en todas sus formas, de las pesadillas de los humanos.

En aquel gran tablero de ajedrez los peones ya habían comenzado a moverse.

Y el ejército de Morfeo debía comenzar a defenderse sino quería quedarse atrás.


Mana Prescott, 17 años. Distrito 5


Avanzamos, bajo los rayos del sol, al mejor ritmo que somos capaces de mantener. Rail va al frente, lista para atacar si es necesario. Adler y yo vamos unos pasos detrás, analizando todo a nuestro alrededor, tratando de estar listos tanto para servir de apoyo y, a la vez, para saber qué dirección tomar en caso de necesitar un escape.

Una punzada me hace apretar los ojos unos segundos, en los que ahogo un quejido mordiéndome la lengua. Respiro profundo y llevo mi mano izquierda a mi vientre. Si bien la herida en mi pierna ya no molesta y ha cicatrizado bastante bien, la del abdomen sigue causándome malestar. Adler se ha detenido a mi lado, su ceño está fruncido mientras observa mi mano.

— Estoy bien. Hay que seguir.

Siento sus pasos detrás de mí, por lo que intento acelerar un poco el paso. No podemos darnos el lujo de desperdiciar las horas del día. Estoy segura que mis aliados lo notaron también. Es sutil, pero los días se vuelven más cortos desde que iniciaron los Juegos, mientras que las noches son cada vez más largas. Estoy segura de que este hecho no es para nada al azar, algo que involucra la oscuridad está al acecho.

— ¡Mierda!

El grito de Rail logra tomarme por sorpresa. Está bastante más adelante que nosotros y cuando empieza a correr lo único que nos queda a Adler y a mí es tratar de alcanzarla. No tarda mucho en detenerse y la intriga desaparece cuando soy capaz de apreciar la causa de su molestia. Verdes setos empiezan a alzarse frente nosotros a medida que llegamos donde Rail. Una vez a su lado lo único que somos capaces de hacer es soltar un apesadumbrado suspiro. Los setos no parecen tener fin y un mal presentimiento me embarga.

—Es imposible de rodear—. Adler se cruza de brazos y me mira de reojo por lo que asiento con la cabeza.

—Tendremos que atravesarlo— digo mientras mis manos acarician las hojas, tratando de reconocerlas.

— ¿Qué se supone que es esto? —Rail se escucha enojada mientras, con uno de sus cuchillos, realiza un pequeño corte a los setos.

Doy unos pasos y atravieso la especie de entrada que forman los setos y una vez ahí puedo comprobar que mi sospecha se confirma. Es bastante obvio lo que nos aguarda.

—Es un laberinto—. Digo mientras frunzo el ceño.

Los diseños irregulares, que apenas se aprecian desde nuestra perspectiva, muy posiblemente tengan alguna clase de diseño si se los mira desde arriba. Delante y a los costados puedo notar cruces y entradas propias de un laberinto, mientras trato de analizar la mejor manera de encontrar una salida.

— ¡No podemos entrar ahí entonces! — Rail mira con absoluta desconfianza las paredes de setos frente a ella mientras mi mirada se dirige a sus manos.

Sus nudillos están casi blancos debido a la fuerza que ejerce al apretar sus cuchillos. Desde el ataque de los enanos, su postura corporal ha estado más tensa y alerta contrastando con la actitud relajada del inicio. Sin embargo, entiendo su recelo, es claro que estamos entrando en la boca del lobo, pero no es como tengamos elección.

—No queda de otra— la voz de Adler es dura mientras se adentra y se coloca a mi lado—, nos guste o no, terminaremos haciendo cada cosa que ellos quieran. Y esta es una de ellas.

Sé a quién se refiere y, por la mirada que Rail le dirige, ella lo sabe también.

No debemos olvidar que somos simples títeres de gente sin escrúpulos. Lo único que nos queda es tratar de conservar la calma y mantener la cabeza fría. Muerdo mi labio inferior, todos queremos salir de aquí, sin embargo, solo uno logrará hacerlo. Y nada nos garantiza que seamos nosotros.

—Bien—, Rail entra con pasos firmes— ¿por dónde? — su mirada afilada recorre nuestro alrededor.

—Préstame uno de tus cuchillos— Rail me mira ceñuda pero no duda en dármelo.

Hago un corte bastante significativo en un extremo de uno de los setos, de forma que sirva de guía.

—Vamos a marcar los caminos que sigamos y retrocederemos en caso de ser necesario. En un laberinto normal, el algoritmo de Tremaux debería mostrarnos, tarde o temprano, la salida. Pero...— mi voz se paga y frunzo el ceño.

—Este no es un laberinto normal, ¿no? Estamos en los Juegos del Hambre después de todo — Adler ha entendido a la perfección la dirección de mis pensamientos.

—Exactamente.

—Bueno entonces. No perdamos más tiempo —Rail nos sonríe de forma socarrona.

Asiento con la cabeza y empiezo a caminar con Adler detrás de mí. El paisaje repetitivo no hace más que impacientar los ánimos y el miedo a que algo salga de entre los setos está siempre presente.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero hemos avanzado un buen trecho, la gran mayoría en silencio. Nos hemos visto obligados a retroceder un par de veces y así tratar de encontrar el camino que nos lleve a la salida. Nuestras posturas no han dejado de permanecer alerta a pesar de que, de momento, ninguna criatura ha aparecido de la nada dispuesta a atacarnos.

— ¡Descansemos! — Rail nos mira unos metros delante mientras saca una botella de agua de su mochila.

—Está bien—. Concuerdo mientras tomo una botella de agua de mi mochila y veo a Adler hacer lo mismo.

Apenas soy capaz de dar un sorbo cuando la tierra empieza a temblar, haciéndome perder el equilibrio. Adler logra tomarme del brazo en lo que vemos, demasiado sorprendidos como para hacer nada, como las paredes del laberinto empiezan a moverse obligándonos a apoyarnos en la que tenemos más cerca.

— ¡¿Qué rayos pasa?! — apenas soy capaz de enfocar a Rail al escucharla, cuando un muro de setos se interpone entre nosotros.

— ¡Rail! — intento moverme, pero es imposible. Setos van y vienen mientras somos arrastrados por el laberinto.

No pasa más de un minuto cuando el movimiento se detiene y nos damos cuenta no solo de que Rail ya no está con nosotros sino también de que el laberinto ha adoptado una forma completamente distinta a la anterior. Inutilizando por completo la manera en la que planeábamos salir. Muerdo mi labio con tanta fuerza que puedo sentir el sabor metálico en mi paladar. Es claro cuál es el objetivo de este lugar o al menos uno de ellos.

—Intentan separarnos— Adler observa los setos con desprecio, aunque sé que tal sentimiento está más dirigido a quienes nos pusieron aquí que a simples hojas.

—Debemos encontrar a Rail. Dbemos tratar de impedir que continúe apartándonos.

—Lo sé. No bajes la guardia— Adler mantiene su kunai en alto.

Empezamos a caminar, tratando de no separarnos mucho, aunque no sea garantía de nada.

—Mana—. Su voz es aún más seria de lo habitual cuando se detiene, obligándome a hacer lo mismo—. ¿Qué tanto confías en Rail?

Ha volteado su cuerpo en mi dirección. La pregunta me ha tomado por sorpresa.

— ¿Confiar? Es una palabra muy fuerte—mis ojos se dirigen al cielo—. ¿A dónde quieres llegar?

—Rail es peligrosa. Sé que lo has notado. Aunque, es mejor tenerla cerca que lejos—, Adler ha apoyado su espalda en un muro de setos cercano. Sus brazos cruzados y una expresión de absoluta seriedad—, hay que tener cuidado con ella.

Sé lo que quiere decir. No hay duda de que Rail elegiría su pellejo sobre el nuestro en cualquier situación. Pero, ¿no lo haríamos nosotros también? Las circunstancias fueron diseñadas para ello después de todo. Sin embargo, hay algo más en torno a ella

—Lo sé, no fue normal que diéramos con ese árbol—, miro la piqueta en mis manos, cuya hoja está bañada con el veneno de las manzanas que ahí encontramos. — Me pregunto qué clase de animal la guio hasta ahí.

—No pude distinguirlo bien. ¿Por qué crees que es importante? — no puedo evitar sorprenderme por la forma que Adler es capaz de leerme.

—Creo que nada en esta Arena fue hecho al azar. Todo guarda un significado oculto—. Por tanto ese animal también, más si es lo que creo que es.

—Ya veo.

Adler empieza a caminar nuevamente cuando el movimiento bajo nuestros pies vuelve a sentirse.

— ¡Adler! — ambos sabemos lo que esto significa.

Él sujeta el seto detrás suyo con fuerza, intentado avanzar ayudado de este y yo trato lo mismo con menos éxito. Sin embargo, todo esfuerzo es nulo cuando un seto se interpone entre nosotros y el seto del que estoy sujeta se mueve a gran velocidad, llevándome a una posición completamente nueva y lejos de Adler.

Cuando todo se detiene y estoy en un nuevo modelo de laberinto, sujeto la piqueta con fuerza. Debo mantener la calma y tratar de encontrar a alguno de mis aliados antes de que otra cosa me encuentre a mí. Estoy sola, pero no pienso detenerme.


Arya Frisk, 18 años. Distrito 2


—No puedo más con el tobillo — se queja un poco más abajo Amber mientras cojea—. Ojalá haya una habitación o algo en el castillo.

—No lo creo, aunque espero lo mismo — mascullo terminando la escalera que acompaña a la gran habitación de piedra con vidrieras repletas de amapolas y luciérnagas.

Arriba me encuentro con el mismo rellano de antes, con las mismas armaduras y la misma puerta de madera. Aún no sabemos con exactitud si la puerta va abrirse o no, pero tenemos un poco de esperanza en un lugar donde suelen decirte que de eso hay nada. Espero a que Amber termine de subir de las escaleras, y dejo que se sostenga de mi brazo, aunque yo no me sienta mucho mejor. Sin dudas mantenerse hidratados y alimentados es importante, pero necesito medicina. A ver si Azel deja de rascarse el culo y se pone manos a la obra.

Cuando nos encontramos frente a la puerta, Amber y yo preparamos fuerzas para derribar la puerta — porque para qué simplemente intentar halar el picaporte de la puerta — y por poco nos caemos de boca contra el piso: la puerta misteriosamente estaba abierta.

—¿No era que no se podía abrir? — cuestiona Amber.

—Estoy muy segura de que no se podía abrir, Amber — le digo de malas pulgas. Últimamente ando de muy mal humor. La rubia pone los ojos en blanco y niega con la cabeza.

—En fin, sigamos.

Seguimos caminando hasta encontrar una puerta en la derecha, que lleva a una habitación vacía con una modesta iluminación gracias a una ventana elevada que está lo suficientemente alto como para que una persona normal no pueda ver a través de ella. Amber da un gritito de victoria y se sienta como puede, con un jadeo de alivio al poder descansar el tobillo.

Yo me siento en la esquina más cercana, mirando hacia la puerta. Si alguien nos encuentra aquí estamos muertas, así que pusimos el pote metálico del repelente pegado a la puerta. Así, si alguien intenta abrir la puerta el pote caerá primero a modo de alarma y podremos reaccionar con más rapidez. No es la mejor garantía que existe, pero es lo que tenemos.

Estaríamos más seguros si la rata traicionera de Geb no se hubiera largado. Que yo tampoco tengo moral, ya que pensaba hacer lo mismo, pero ¡no puede hacerlo antes que yo! El imbécil jodió mis planes. Y no ayuda en nada que ahora Amber esté más desconfiada que nunca.

—¿Cómo sigue tu fiebre? — Me pregunta Amber unos centímetros a mi derecha.

—Ahí. Todavía no he empezado a sudar pero tengo frío. Una maravilla — comento sarcásticamente —. ¿Tu tobillo?

—También ahí. Doliendo como el demonio y creo que lo tengo inflamado —. Entonces se me ocurre una idea. Agarro mi mochila y busco la pomada desinflamatoria. Obviamente no es porque se me haya ocurrido compartir mi pomada como una buena samaritana, sino que ayudaría a que Amber vuelva a confiar en mí. Después de todo, la confianza entre miembros de alianza es importante.

—Ten un poco de pomada, Amber — le ofrezco y ella no puede evitar mostrarse sorprendida. Sin embargo, se recompone y acepta el gesto.

—Gracias — me regala una pequeña sonrisa y se coloca una pequeña cantidad de pomada en el tobillo, y la extiende por el área inflamada. De repente, frunce el ceño e interrumpe la actividad para mirarme con gesto suspicaz —. ¿Es este otro regalo de un patrocinador?

—Claro, venía en la mochila que tú y él revisaron conmigo — le respondo con aspereza al recordar a la mugrienta rata. Ojalá la esté pasando mal. Amber asiente, no muy segura del todo, y me devuelve la pomada.

—Supongo que debemos descansar. Voy a ver si consigo dormir un poco, ¿Puedes hacer la primera guardia? — me pregunta. Si duerme estando yo despierta, es un paso más hacia a la confianza, así que asiento — Tan pronto estemos recuperadas, hay que ir a cazar. Necesito matar. Sobre todo, a una pequeña rata.

—Me gusta esa petición — sonrío con una mirada cargada de odio.

Amber se recuesta encima de su mochila e intenta dormir. Yo me mantengo vigilante y atenta por los primeros veinte minutos, pero la fiebre no es ninguna tontería y empiezo a sentirme mal. Tengo frío y siento una pesadez en el cuerpo. Sin embargo, mi orgullo no me permite quejarme y sigo "vigilando". Pero pronto mi cuerpo no da más y me quedo dormida en una pegajosa e incómoda pesadilla.

—¡Arya! —me grita Amber, al rato —. Estás muy caliente, ven —. Me reincorporo cómo puedo y miro desorientada a la habitación —. Toma — dice ofreciéndome una botella que al darle trago identifico que es agua. Me la tomo toda de una sentada —. Estabas muy deshidratada. Necesitas medicina.

—Gracias por la ayuda, mamá Amber — susurro irónicamente, rodando los ojos.

—Idiota — masculla y la escucho riéndose por lo bajo —. Sabes que te ayudo a que te mejores porque no voy a permitir que una debilucha vaya conmigo. Necesito que estés sana y fuerte para matarlos a todos —. Se pone seria y guarda la botella. Vale, voy a traicionar a Amber obviamente, pero intentaré que no estemos en una situación en que tengamos que matarnos mutuamente. Se lo ha ganado —. Es gracioso que me llames mamá. Recuerdo cuando me enfermé una vez, tenía fiebre muy alta y me dolía todo. Mi mamá estuvo días y días sin dormir, preocupada por mi fiebre y todo eso. La recuperación fue hasta divertida y todo —. Una sonrisa bastante sincera acompaña su cara y luego mira a la nada con añoranza —. Como la extraño. ¿También hacías esas cosas con tu mamá?

En una situación normal le hubiera dicho que si, y le hubiera mentido con algo. Pero, ya sea delirios de la fiebre o yo que sé, decido contarle la verdad.

—Mi mamá está muerta, jamás la conocí —. Su cara cambia totalmente de curiosidad a remordimiento por haber preguntado —. De hecho, a los dos no los conocí. ¿Te acuerdas de Bryce Frisk del Dos? El último tributo cosechado del Distrito Dos —. Ella asiente porque sabe quién es, fue la última edición antes de que empezaran a surgir, poco a poco, los profesionales. Se ve en todas las Academias de Panem. Y sabe bien cuál fue su destino.

—Lo siento, Arya. Yo no quería…

—No, está bien.

—Perdón por ser curiosa, pero… ¿Con quién vivías entonces? ¿Sola?

Y nuevamente, maldiciendo a la puta fiebre, no me niego a contarle.

—Vivía en un orfanato — le explico —. La vida que llevábamos era una mierda. Apenas podías caminar y decir tu nombre, ya eras capaz de trabajar para el orfanato. De las tareas más sencillas a las más duras. También se repartían las teselas entre todos para poder mantener el sitio. Jamás vi a la mujer encargada mover un dedo para ayudar en algo. Perra —. Aprieto los puños para amortiguar la ira que me invade —. Luego de años y años sin reclamar nada, hasta que una chica del orfanato salió cosechada – para entonces teníamos quince años –, y la voluntaria que tocaba no apareció y ella tuvo que ir, decidí que yo no iba a permitir que ocurriera algo. No tenía un plan ni un sitio a donde ir, fue algo idiota la verdad, pero escapé del orfanato y fui al sitio donde quería estar: la Academia. Sabía que había que pagar una pequeña cuota para entrenarse, pero esperaba ¿misericordia? Que alguien me aceptara y pudiese entrenar. Obviamente me ignoraron y rechazaron, los entrenadores no me conocían de nada, pero hubo uno que me aceptó, que pidió que me dieran una oportunidad –. Tomo aire y continuo mi perorata –. Se trataba del viejo Viktor. Sinceramente jamás supe por qué ese viejo loco me aceptó, pero a partir de ese día empecé a vivir y a entrenarme con él. Todo lo que sé es gracias a él, y gracias a sus consejos. Hasta que… – trago profundo y me preparo para la parte que viene – murió. Lo encontraron asesinado en nuestro departamento. Estaba devastada, otra vez me quedaba sin alguien. Perdida en el mapa… ¡Sin nadie a quien acudir a pedir ayuda! ¡SOLA! Eternamente sola… – Sin darme cuenta estoy de pie y gritándole, histérica, a Amber y, para aumentar mi sorpresa aún más, lagrimas comienzan a brotar de mis ojos –. Yo… perdón por gritarte.

–Tranquila, Arya, ni te molestes… – La rubia parece atónita. Abre y cierra la boca sin decir ninguna palabra –. Creo que fueron muchas emociones para la fiebre.

–Sí, tal vez, fue eso… – susurro pausadamente.

–Bueno… ¡Arya, escucha! – su tono de voz suena alegre e intento oír lo que Amber me dice. Una sonrisa aliviada recorre mi cara: es el sonido de un paracaídas. Me paro y abro la puerta para recoger las cosas que traen. Un termo con sopa, cuatro botellas más de agua y pastillas que supongo que son para la fiebre.

–¡Por fin, bastardo infeliz! ¡Gracias! – Me arrodillo al piso riéndome y, dándome por satisfecha, recojo mi botín y vuelvo con Amber.


Zachary Johnson, 15 años. Distrito 10


Hace un tiempo que el viento se ha detenido, pero su rugido aún retumba en mis oídos.

Sé que Adeline está muerta por la mancha roja que cubre mi escondite, intento ignorar la figura redonda que se encuentra justo al centro. La luz del sol se cuela por el domo haciendo un juego de luces que, si bien no llegan hasta donde yo me encuentro, puedo apreciar por encima de mi cabeza.

Es entonces cuando escucho el motor de un aerodeslizador. Nunca he sido claustrofóbico, pero siento que el aire me falta. Sé que debo calmarme, pero todas las imágenes de la guerra, con su sangre y su muerte, parecen regresar. Las lágrimas siguen resbalando por mis mejillas, pero ahora es un llanto silencioso.

La cabeza de Adeline desaparece, pero lo que evitaba que esta no cayera sobre mí no. Ahora hay más luz en mi refugio, que cada vez me parece más una prisión; sin embargo, no puedo ver lo suficiente como para calcular la hora, aunque parece que aún es de día. Al parecer estoy destinado a pasar los últimos días de mi vida a oscuras. Cuando camino por la Arena es de noche y el sol solo brilla cuando estoy atrapado en algún sitio.

Tengo que encontrar una forma para salir de aquí lo más pronto posible. Si bien este agujero me salvó la vida, si no salgo pronto, puede convertirse en mi tumba. Pero antes... pero antes no pasará nada si cierro los ojos durante un rato.

...

Cuando vuelvo a abrir los ojos aún es de día, me alegra, pero no alcanzó a ver lo suficiente como para calcular la hora. No creo que hayan pasado más de un par de horas, ya que en un lugar como este, si se quiere sobrevivir, dormir profundamente no es una opción.

Siempre he tenido muy presente mi vida pasada, la guerra incluida, pero nunca como ahora. Mi vida como Zachary ha sido buena. Con mis frustraciones al tener el papel equivocado en mi familia y al descubrir que la vida de mi hija y mi nieta no es la que yo esperaba. Sin embargo, desde que el "señor Johnson" se alejó de nuestras vidas, con excepción de los días de cosecha, mi vida ha sido bastante pacífica. Mi familia no tiene muchos lujos, nunca los ha tenido, pero tenemos nuestra pequeña casa y unas tierras llenas de animales. Que, si bien no son solo nuestros, nos dan para comer. Mi hermana y yo vamos a la escuela y tenemos zapatos. Incluso, si el gobierno nos permitiera vender nuestra televisión, nos habríamos podido dar el lujo de no pedir teselas. Quizá, si para el Capitolio no fuera tan importante que viéramos estos estúpidos Juegos, yo no tendría que estar aquí.

La muerte ha sido parte de mi vida desde que fui pequeño por primera vez. Los ancianos y los bebés morían de hambre mientras al lado de ellos se preparaban filetes. Cuando entré a la guerra, mis amigos morían a mi lado mientras mis flechas acababan con la vida de otros hombres. Por las fechas en las que volví a nacer, hubo una sequía que hizo que el alimento de nuestras ovejas y cabras se redujera hasta el punto que las madres dejaron de dar leche y todas las crías murieron. He visto epidemias que acaban con la mitad de los animales y he descargado mi cuchillo contra el cuello de más de un animal enfermo. Pero siempre había asumido que esta nueva vida era una nueva oportunidad de llegar a viejo en paz. Sería un tío presente y un tío abuelo consentidor. Me quedaría en el rancho con los animales y, cuando estuviera viejo, solo adoptaría muchos perros.

Suspiro mientras saco la lámpara que cogí en el baño. Apenas la he usado hasta ahora así que espero que aún tenga bastante pila. Con ella alumbro las paredes de mi escondite buscando algún lugar por el que salir. Hay unas cuantas raíces salidas así que quizás podría escalar. Sin embargo, lo que sea que me separa del resto de la Arena todavía sigue siendo un problema. Sobre todo, si consideramos que, tarde o temprano, puede que me quede sin oxígeno.

Me pego lo más posible a una de las paredes del agujero y saco una flecha. Si tiro con cuidado puedo asegurarme de que en caso de que regrese no me lastime. Espero que sea lo suficientemente poderosa para liberarme, ojalá y lo que me cubre no sea vidrio porque entonces estoy seguro de que no saldré ileso.

Tenso lo más que puedo el arco y disparo. La fecha rebota al centro y regresa para clavarse justo enfrente de mí. Rayos.

La saco de la tierra y examino la punta, no parece muy dañada aunque sí ha tomado una tonalidad más oscura y está caliente. Lo que me hace pensar que más que vidrio lo que me cubre debe de ser un campo de energía. Si puedo encontrar de dónde proviene esa energía podría intentar hacer un corte y así escapar de aquí. Sin embargo, para eso antes tengo que llegar arriba.

Le doy el último trago que le queda a mi segunda botella de agua y la dejo ahí tirada mientras me cargo de todo lo demás. Me pongo la pequeña navaja en la boca y empiezo a escalar agarrándome de las raíces. El primer intento es un completo fracaso.

Lo intento una docena de veces. Las caídas son relativamente suaves por el montículo de tierra que cada vez es más grande en el fondo. En dos ocasiones estuve tan cerca de llegar que pude sentir el sol, pero esas caídas fueron las peores.

Sé que no debería rendirme ahora que soy el único que queda de la alianza. No debería rendirme y punto, no cuando la vida me dio otra oportunidad de cuidar a mi familia. Pero las horas de caminata y estrés me cobran su factura. Si Cherise y los Vigilantes así lo quieren, me darán una forma de escapar, yo ya he dado de mi parte.

Me hago bolita en mi madriguera de conejo y vuelvo a dormir, espero volver a abrir los ojos, aunque sea una vez más.


Kinsey Alcott, 16 años. Distrito 11


Anoche, tras el ataque de aquellos extraños mutos, Kenley ha quedado lesionada y me siento culpable; ella iba desarmada por mi culpa, además se puso en peligro para allanarme el camino, dejándome a mí al más débil de los dos mutos. Al final, pudimos derrotarlos, pero sin duda ella se ha llevado la peor parte…

No sé si agradecerle lo que hizo o si, por el contrario, enfadarme con ella porque evidentemente me ha menospreciado.

Poco a poco, con ayuda de Bounder, logramos volver al sitio donde tenemos nuestro campamento, nada parece estar fuera de lugar, aunque la chica del Cuatro insistió en dar una vuelta por el perímetro. Yo ayudé a Ken a acomodarse en su tronco, le devolví su hacha y empecé a revisar entre nuestras provisiones para atenderla. No teníamos gran cosa para tratarla, no obstante, la ayudo a desinfectar y vendar sus nuevas lesiones. Bounder al regresar señaló que por el aspecto del brazo de Kenley lo más seguro es que se hubiese dislocado el hombro izquierdo por la caída, así que le improvisamos un cabestrillo usando las mangas desprendibles de su traje.

Lo único bueno del asunto es que, aparentemente, las cosas entre ellas parecen haber vuelto a su cauce, lo cual me tranquiliza y hasta me alegra… Si bien Kenley continúa estando algo meditabunda, no se la ve tan alterada como cuando salimos de la casita de dulce. Y Bounder se encuentra más centrada que nunca, es de ella de quien dependemos para orientarnos, ya que a mí todo el lugar me parece tan igual que soy un completo inútil para la tarea.

Un completo inútil en toda la extensión de la palabra para los malditos Juegos del Hambre. Quizá es por la aparente tranquilidad del amanecer que empiezo a cuestionármelo todo. Las mil estupideces que he cometido desde que entré a la arena, la forma en que he arruinado la promesa que le he hecho a Arah.

De cualquier forma, no se puede decir que estemos resultando aburridos a los telespectadores, pues, aunque no estamos intentando llamar la atención intencionalmente, la acción para nosotros no ha parado desde el mismo momento en que empezaron los juegos… sin embargo, cada vez que me pongo a analizar nuestras acciones como alianza, y las mías en particular, siento que estamos dando tumbos de un error a otro. Y eso no nos augura nada bueno.

¿Cómo se me ocurrió tratar de negociar con los profesionales? Era evidente que no aceptarían ningún tipo de propuesta, pero tuvo que salir el chico conciliador que hay en mí. ¿Qué diablos hace alguien así en los Juegos del Hambre? ¿Ganar? Por supuesto que no…

Si, por el contrario, hubiese seguido el consejo de Arah, si hubiese luchado desde un principio, tal vez Yuta continuaría estando con nosotros… o al menos habríamos emparejado las cosas con esa alianza. No habría sido fácil, pero si hubiese tomado el control de la situación, si hubiese despertado aquel famoso ímpetu de los Alcott, del que se enorgullecía papá, las cosas habrían resultado diferentes.

Después, sin aprender nada de lo anterior, se presenta la oportunidad de acabar con una alianza fuerte, de hacernos con un refugio mucho más confortable de lo que es acampar en medio del bosque y, de nuevo, yo le aconsejo a mis compañeras que nos retiremos…

Definitivamente no son estas las decisiones que me llevarán de regreso a casa, no estoy jugando como debería, no estoy actuando de la forma más inteligente… porque sigo con esta maldita manía de querer cuidar y proteger a los demás, de no dañar a nadie y eso, a todas luces, solo me perjudica, tal como lo ha señalado Ashton innumerable cantidad de veces.

Pero es difícil, es bastante difícil cambiar de actitud de un momento a otro, o quizá simplemente no soy capaz de hacerlo. ¿Cuántas veces en casa papá intentó hacerme actuar de otro modo? Y yo simplemente me encerraba en mí mismo, como si cerrando los ojos al mal del mundo este pudiera desaparecer… ¿Y acaso no fue justamente eso lo que me pidió Arah? Que me apropiase de mi propia existencia, que labrase a pulso mi destino…

Incómodo con mis pensamientos, me levanto del tronco y doy un par de pasos, alzo el rostro y el sol en lo alto me transmite calor y fuerzas…Irónico dado que las temperaturas continúan siendo bajas, pero su fulgor de alguna forma me da esperanza, es cierto que no he hecho nada memorable hasta ahora, pero eso no quiere decir que no vaya a hacerlo, que no pueda robar algo de protagonismo, simplemente necesitamos un plan…

Las chicas todavía descansan, o eso parece, cada una dentro su pequeño nicho, Ken admirando sus hachas nuevas y Bounder moviendo inquietamente una de sus piernas, entonces veo las profundas ojeras en su rostro, Bou tiene bastante tiempo sin dormir y no puede seguir así. Tengo que convencerla de descansar.

―Chicas ―llamo su atención, apoyándome en un árbol entre las dos―, creo que necesitamos avivar la chispa y ponernos en movimiento, pero con un objetivo claro…

Sé que he captado la atención de Bou, que enseguida se sienta, para oírme mejor.

―¿A ver, Key, qué se te está ocurriendo…?

―Tomar la iniciativa y dejar de esperar… ―Kenley se incorpora, aunque de momento no dice nada ―. Estar deambulando aquí no nos servirá de nada para avanzar en los juegos y menos para conseguir más patrocinadores… además más temprano que tarde los vigilantes volverán a enviarnos sus bonitas creaciones… Lo ideal sería que buscáramos la manera de salir del bosque y saliéramos a cazar― enfatizo, cabeceando en dirección a Bounder―, como dicen ustedes.

Una media sonrisa aparece en sus labios y es entonces que Kenley empieza a opinar:

―Primero tratemos de recordar quienes quedan…

―Yo quiero a la Dos ―enfatiza Bounder de buenas a primeras.

―Es mejor ir por los más débiles o los que estén solos ―señala Ken, y yo concuerdo con ella. Aun cuando no me disgustaría una venganza contra esa alianza, no debemos menospreciarla, los tres son fuertes y están entrenados.

―Están los pro, los cerebritos del Tres, los del Cinco… Los del Doce… ¿Quiénes más?

―Las madres… ―agrega sombríamente Kenley.

Ante la mención de esa alianza y tratando de quitarle hierro al asunto rápidamente repongo:

―Sí, bueno Zack y Adeline…, la voluntaria… ¿Quién se nos queda?

―Por más planes que tracemos creo que lo más importante es salir de aquí y atacar lo primero que se mueva que veamos… pero con determinación ―señala Bou, mirándome fijamente y luego a Kenley.

―Está bien ―accedo enseguida―. Pero primero quiero que duermas… De lo contrario no hay plan…

―Pero… ―intenta rechistar.

―Pero nada ―la corto―. Contamos contigo para ubicarnos aquí y si sigues sin pegar el ojo, ya podemos irnos despidiendo de ti.

―Tiene razón, Bou. La falta de sueño puede acabar rápidamente con un tributo… intenta dormir unas horas, ¿sí?

La discusión termina cuando empiezan a descender tres paracaídas, cayendo prácticamente a los pies de cada quien.

Mi paquete es grande, lo cual me motiva, siento en él la aprobación de Ashton y a la vez lo veo como una recompensa: al fin tengo una mochila, dentro trae unas gafas de visión nocturna que muero por probar, un set de cuchillos, una botella de yodo, una bebida energética, dos botellas de agua y dos panes de mi distrito. Sonrío, se siente como si hubiesen pasado décadas desde la última vez que comí pan de mi distrito.

―Haré el intento de dormir ―promete Bou, después de acomodar sus nuevas provisiones―, pero permanezcan atentos mientras lo hago, no dejen que nada los tome por sorpresa…

―Ambos vigilaremos mientras tú duermes.

―Y si quieres yo te puedo cantar una nana…― finaliza Ken, irónicamente.

De más está decir que Bou no acepta esa última oferta. Simplemente se arrebuja su capucha hasta taparse los ojos y se acurruca en el centro del nicho que ha escogido, pero sus piernas bailan un compás frenético que de ninguna manera le permitirá relajarse. Así que le hago un gesto a Ken para que mantenga los ojos bien abiertos, me acerco a Bou y comienzo a acariciar su espalda para tranquilizarla, en principio se tensa, pero la arrullo suavemente mientras sigo tratando de relajarla, no es nada fácil… pero una hora después el tenue sonido de su respiración me indica que al fin se ha dormido.

Kenley entonces se sienta por fin y revisa entre sus cosas, también su paquete es grande… botellas de agua, latas de conserva, frutas y comida. Yo, doy varias vueltas a nuestro alrededor, hasta que me gruñe el estómago, entonces saco de la mochila uno de los panes y una botella de agua, me dedico a rumiarlo poco a poco y dar sorbitos de agua, engañando al hambre. Y así pasan las horas, Ken y yo turnándonos para dar vueltas a nuestro alrededor, Ninguno tiene intención de despertar a Bou, así que la dejamos dormir hasta que prefiera, cuando despierta ya empieza a oscurecer.

―¡Vaya! De verdad lo necesitaba― dice mientras se estira.

―Se nota ―le respondo ―. Te ves mucho mejor. ¿Quieres comer algo?

―Nada que ver… ya es tiempo de ponernos en marcha.

En un cómodo silencio recogemos nuestras cosas y después de estas horas de inactividad, retomamos la marcha con Bounder al frente, seguida de Ken y yo cubriendo la retaguardia. He tenido que sacar mi otro pan, cada vez tengo más hambre y a la fecha no hemos conseguido nada que podamos cazar o comer, sino que hemos dependido de los envíos… espero que pronto eso pueda cambiar, al menos que podamos encontrar agua, ya tenemos como potabilizarla y yo he guardado mis botellas vacías para rellenarlas. Delante Bounder también va masticando algo, y veo que de repente empieza a andar más rápido, y no puedo creerlo… por fin… por fin atisbamos la salida de este bosque siniestro.


Teva Dunne, 16 años. Distrito 12


"Busca el nombre de esa persona. Entra en la Arena con ese nombre en tu mente, lucha y el resto déjamelo a mí…".

"Imagina que vas a una de esas batallas épicas con las que tanto fantaseas y trata de salir de allí con vida, que yo te estaré esperando".

"¿Dónde están mis princesas? No, Teva. Esto es para tus hermanas. A ti esto no te sirve. Además, creo que ni te importa".

"No llores, Teva. Tu padre no quiso decirte eso. Sabes que yo te amo hija, no lo olvides nunca".

Hay un coro de voces en mi cabeza. Miles de palabras se cruzan unas con otras, formando un caos descomunal. Pero algunas son más fuertes y logran permanecer unidas y presentarse tan juntas como el día que las escuché. Beryl, Sage, mi padre, mi madre. Palabras dichas en diferentes momentos de mi vida, en especial los que han marcado mi corta existencia.

Abro los ojos, esperando que la luz del día entre en mi cabeza y la despeje del todo.

Inútil. Siguen allí, así que me toca ignorarlas.

El sol ya se ha alzado bastante en el cielo y empieza a sofocar, pero ni eso me obliga a levantarme. No supe el momento en que el cuerpo de Hyden fue llevado. Cuando cerré los ojos debí quedarme dormida, porque cuando miré de nuevo el sitio donde lo dejé por última vez, ya no estaba. Tampoco las piedras dispersas alrededor de la Torre, es como si ninguna tragedia se hubiese dado en el lugar.

El resto del tiempo me he quedado inmóvil, esperando. Milo no llega y ya casi perdí toda esperanza de que regrese. Puede que vea su cara esta noche entre los caídos, puede que se haya perdido y no logre llegar.

Sé que debería hacer algo. Estar tirada boca arriba en el suelo me hace presa fácil de cualquiera que pase por aquí. Tengo miedo de reflexionar acerca del por qué no quiero mover ni un músculo, porque si lo hago tendré que aceptar que me siento derrotada. Estoy sola, mal herida y devastada.

"No te puedes quedar aquí. Ya es hora. Levántate, Teva".

No quiero hacerle caso esta vez. Ya me extrañaba su ausencia, en el desfile fue la última vez que la escuché. Yo la llamo simplemente "la voz" y para no sentirme tan desquiciada, nadie sabe de su existencia. Pero "ella" es más que una voz, es como si de un espectro se tratara y siempre me he negado a ver los profundos hoyos que tiene por ojos.

— ¿Para qué? Me duele todo. La herida del pecho es seria. La quemadura debe estar ya infectada. Estoy sola. ¿Para qué quieres que me levante? —Mi voz seca y ronca me sorprende. Le he respondido en voz alta y si alguien aún está interesado en mí y me está viendo, va a creer que estoy loca porque estoy hablando sola. ¿Qué más da? Me rio con fuerza. ¡Que lo crean! Tal vez siempre ha sido así…

"Tienes el espejo y no estás sola".

El espejo. Remuevo la cabeza con brusquedad porque se me había olvidado por completo el espejo. No recuerdo dónde lo dejé. Debo levantar un poco el cuello y allí lo veo. Ahora recuerdo haberlo dejado caer cuando corría desesperadamente para ayudar a Hyden. Espero que no se haya roto, aun no sé para qué sirve, pero lo que sea que haga no debe funcionar si está destrozado.

A cómo puedo me levanto y de inmediato me arrepiento. Me cuesta respirar, porque el dolor provocado por la herida del pecho no me deja expandirlo por completo y llenar mis pulmones con suficiente aire. No quiero mirar, pero creo haber dejado un pedazo de piel pegado en el suelo, porque el ardor se siente brutal. Después de unos segundos que pudieron ser horas, comienzo a caminar, rezando porque el espejo no esté roto.

Lo tomo con cuidado y me distraigo comprobando su estado, haciéndome olvidar mi aversión. Sin querer, observo la imagen que refleja. Para mi sorpresa y mi alivio no soy yo. En cambio, veo una especie de agujero, oscuro y profundo. No entiendo qué significa y la desesperanza me vuelve a embargar. ¿Por qué todo en esta Arena tiene que ser así? No me han dado tregua desde que llegué y aunque me he ganado este objeto, sigo con el sin sabor de no saber qué hacer con él.

Pero ya me he levantado y volver a caer en el suelo me parece ridículo. Además, la voz tiene razón: no estoy sola. Busco la mochila olvidada, guardo el espejo y me dispongo a caminar en busca de Milo, porque sigue siendo mi aliado y hasta no ver su cara en el cielo, tengo una alianza por la que luchar.

Me acerco a la Torre para verla por última vez. Me quiero despedir de ella porque ahora parece otra, inocente, exculpada, pura. Mis dedos recorren los dibujos que ahora visten sus paredes y recuerdo que es la Arena lo que las imágenes representan. Lo supe desde que distinguí la Cornucopia y la Torre, los únicos lugares de la Arena que conozco. Un destello de felicidad me abruma cuando diviso, allí donde todo mapa lo debe tener, una rosa de los vientos. Lamento no haberme fijado en la salida del sol, porque aunque la flor de lis me está indicando el norte, tengo la duda. Luego recuerdo que los días están siendo muy cortos y no sé si ha habido ocasos, que la luna es muy grande y entiendo que pueden estar usando las leyes físicas del universo a su antojo y que todo lo que aprendí con Sage tal vez no me sirva de mucho.

Me estoy comenzando a desesperar porque no quiero caminar sin rumbo, así que decido creer en lo que veo e intento trazar los otros puntos cardinales. Cuando termino, resuelvo que mi rumbo será el este, porque al volver a salir el sol podré verificar si todo este esfuerzo valió la pena. Ubico en el dibujo de la Arena el lugar que apunta el este y veo un jardín rodeado de rosas. Espero estar tomando la decisión correcta y comienzo a caminar, no sin antes tomar mi lanza.

No me distraigo con el camino. No descanso más de unos minutos porque tengo miedo de no poderme levantar de nuevo. Voy creando historias nuevas en mi cabeza, dándoles vida y voz a personajes afables y compasivos que me ayuden a olvidar un poco el dolor y la angustia de no saber muy bien a dónde me dirijo y con quién me podré encontrar.

El olor a rosas ahora es muy fuerte. Lo vengo sintiendo hace muchos metros atrás, pero ahora es embriagador. Entiendo inmediatamente por qué el olor es tan fuerte cuando veo el tamaño de las flores. Un campo de rosas rojas gigantes aparece ante mis ojos y ya no lo puedo evitar: otra vez agradezco profundamente haber vivido lo suficiente para que mis ojos pudieran contemplar tanta belleza.

Dejo la mochila y la lanza en el suelo y comienzo a caminar entre los colosales tallos pasando la punta de mis dedos por los pétalos sedosos que yacen en el suelo. Parece que un fuerte viento ha desojado una gran cantidad de rosas porque todo el piso está cubierto por una alfombra roja. Quisiera que la burbuja de felicidad en donde me encuentro dure un poco más, pero lo cierto es que he caminado todo el día y todavía no he encontrado a Milo.

Ahora me entra un pánico terrible de haberme desgastado en buscar a Milo, adentrándome en un sitio extraño como este. Comienzo a buscar una salida, porque ya debo ir pensando en donde pasar la noche y este lugar no me parece seguro. Debo también hacerme la idea de que he quedado sola, sin aliados y que debo jugar en función de ello.

Lo único que me queda es seguir buscando utilidad al espejo, así que lo saco y con mucho cuidado vuelvo a observar el reflejo. Aliviada de no ser mi imagen lo que veo, detallo lo que muestra: sigue siendo un agujero negro, pero ahora puedo ver más detalles. Es una especie de madriguera, terrosa y profunda. Me sorprende ver que la entrada del hoyo tiene alrededor muchos pétalos de rosas rojas, así que asumo que estoy muy cerca del lugar.

Pero lo que me da curiosidad es que hay alguien dentro de él. La persona está sentada, abrazando sus piernas, con la cabeza agachada. No distingo quien es. Parece pequeña, pero puede ser un efecto de la profundidad del pozo. No es mucho más lo que puedo ver, pero un objeto inusual llama mi atención. Limpio un poco el espejo para divisar mejor y lo que veo despeja toda duda de quien se encuentra allí: es un carcaj lleno de flechas.

No entiendo el significado de este reflejo. El chico del Diez aparece ante mí, indefenso. En mi mente lo tengo asociado con historias de arqueros reales porque no olvido que me dejó sin habla cuando lo vi en el centro de entrenamiento. Pero si dejo al lado mi imaginación, recuerdo que solo es un niño.

No sé qué hacer. No creo que el espejo me esté mostrando algo irreal, él debe estar allí.

Ignorarlo sería igual que matarlo, porque podría morir allí de inanición. Si realmente quiero jugar a los Juegos del Hambre, esta debería ser mi segunda opción, pues la primera debería ser encontrarlo y acabarlo yo misma.

Ayudarlo podría ser parte de una estrategia: él es muy buen arquero, a pesar de su edad y tamaño. Además, no tendría que estar sola con tantos tributos vivos en la Arena aún.

La verdad es que lo quiero ayudar, por el simple hecho de que puedo hacerlo…

No es muy difícil encontrar la entrada del hoyo, porque pareciera que el camino estaba señalado, pues puedo ver huellas de zapatos y huellas de caballo.

—¡Ey! Toma el extremo del tallo que te voy a lanzar—grito con la cabeza y los hombros metidos en el hoyo para que me pueda escuchar.

Le arrojo el tallo más largo que puede encontrar en el suelo y compongo la expresión de mi cara para que pueda confiar.

Me mira perplejo y nervioso, por un momento pienso que se va a negar. Se agacha y veo que va directo al arco, pero de inmediato se lo cuelga de la espalda y abre la boca para gritar:

—¡Gracias!


Mazer Blitz, 16 años. Distrito 5


El sonido de las ramas quebrándose retumba en las paredes. Las lenguas de fuego describen formas extrañas, como si tuviera vida propia. Es un espectáculo tan entretenido que, por un momento, olvido los espasmos de frío que todavía sacuden mi cuerpo, pero gracias al saco de dormir mi temperatura corporal empieza a regresar a la normalidad. Tres, en cambio, sigue temblando sin control, y su piel se ha vuelto peligrosamente azul. Su cuerpo, tan menudo y pequeño, no es capaz de combatir el frío con tanta rapidez como el mío, y no es que me interese, pero quizá todavía la necesite, así que suspiro, y evito mirarla cuando abro mis brazos para hacerle lugar, indicándole con una seña que se acerque.

Ella me mira e intenta cubrir su cuerpo como si no quisiera que viera su ropa interior, lo que no tiene mucho sentido porque ya lo hice. Niega con la cabeza.

—E-Estoy b-bien— balbucea, acomodando la tela térmica de su saco sobre su espalda con manos temblorosas. No entiendo su obstinación, así que me acerco a ella, extendiendo mi brazo sobre sus hombros para pasar el otro extremo de mi manta sobre ellos.

—El calor humano es la mejor forma para que tu cuerpo regrese a su temperatura normal— explico al sentirla tensarse. Su incomodidad es tan palpable como la mía en un principio, por eso me sobresalto cuando posa sus heladas manos alrededor de mi pecho, causándome escalofríos.

—Lo s-siento— murmura, alejándose un poco. Yo me encojo de hombros y paso mi brazo por su cintura para que no se aparte y termine de compartir su calor conmigo, cosa que parece disgustarle, porque enseguida voltea el rostro.

Al cabo de unos minutos, Tres deja de temblar y su piel recupera el color, así que la suelto, pero descubro que es ella quien me está reteniendo. Quizá todavía no se sienta recuperada, aunque el calor empieza a ser asfixiante para mí.

—Creo que con eso es suficiente— digo, y ella me suelta como si mi piel le quemara, cubriéndose otra vez con su manta y yendo al otro lado de la hoguera, desde donde mira el fuego por un momento. Después de imitarla por un rato, recuerdo el cofre que saqué del lago y lo tomo para ver qué es lo que guarda. Sin embargo, cuando intento abrirlo descubro que, sorprendentemente, está sellado.

— ¿Qué tiene dentro? — pregunta Tres, recargando la cabeza sobre sus rodillas para observarme tratando de forzar la cerradura del cofre con mi cuchillo, pero es imposible, así que me doy por vencido.

—No se abre.

— ¿No tienes la llave?

—No había ninguna llave— respondo, molesto por casi haber muerto tantas veces en vano. Tres también bufa, de seguro teniendo la misma idea.

Entonces, para distraerme de la frustración, se me ocurre aprovechar la fogata. Me visto y busco en mi mochila la pequeña cacerola que recuperé de la Cornucopia, mi botellita de gasolina y jabón, y pongo manos a la obra, midiendo materiales y revolviendo la mezcla hasta formar el gel que me consiguió una puntuación tan alta en las Sesiones Privadas. Durante varios minutos me concentro en eso; después tomo unas botellas vacías y cuando el gel se enfría empiezo a llenarlas con precaución mientras Tres no deja de mirarme fijamente,. Después de un rato, se vuelve demasiado molesto.

— ¿Qué?

— ¿Quién es Himmel?— suelta como respuesta, y la última botella cae de mis manos. El resto del gel se queda en la cacerola, pero eso es lo de menos.

Me quedo callado, porque de repente me siento demasiado expuesto, no sólo con ella, sino también con las miles de personas que deben estarme viendo en todo Panem.

—No quiero hablar de eso— contesto, desviando la mirada. Tres parpadea. Es una reacción curiosa.

—Pero...— empieza a decir, pero su voz se interrumpe cuando otra rama cruje y una chispa sale disparada hacia la pared, provocando un pequeño destello que nos sobresalta— ¿Qué fue eso? — exclama, alarmada. Hay otra pequeña explosión en la pared que desprende un peculiar humo blanco que me recuerda a algo.

¿Acaso es posible...?

Con cuidado me acerco a la pared y con mi cuchillo raspo la roca, consiguiendo un poco de polvo blancuzco que se siente como arena en mis dedos. Me acerco a la fogata, arrojo el polvo y de nuevo aparece ése destello blanco, quemándome los dedos y haciendo que retire la mano de inmediato.

Esto podría ser malo.

—Magnesio— murmuro; los ojos se Tres se abren como platos.

— ¿Cómo lo sabes?

—Es un mineral bastante común en muchas clases de rocas. Toda la cueva debe estar revestida de él.

—Que no es... ¿peligroso?

Aprieto los labios. El magnesio en estado sólido necesita de una enorme fuente de calor para llegar a más que unas cuantas chispas, así que nuestra pequeña fogata no podría matarnos. Pero aun así deberíamos irnos.

—Termina de vestirte y recoge tus cosas— digo, poniendo las botellas de gel dentro de mi mochila, entre otras de agua para que el gel se mantenga frío y estable. También empaco el resto de mis cosas, dejando todo listo para salir.

— ¿Escuchaste eso? — Tres me sorprende con su pregunta, así que dejo mi mochila y presto atención. Al principio nada pasa, pero después de unos segundos escucho el sonido de una hoja metálica rozando las rocas, y una exhalación profunda que anuncia la presencia de alguien más.

—Escóndete— ordeno, tomando mi cuchillo. Ella me sigue y los dos nos acuclillamos tras una roca, de cara a la entrada, esperando en completo silencio hasta que él aparece, caminando hasta el centro de la cueva y acercándose a la hoguera que lo ilumina vagamente con sus llamas. Primero no hace nada, solo se dedica a mirar a su alrededor, merodeando entre nuestras cosas. Parece un poco golpeado, pero tiene una hoz que balancea en su mano derecha como un experto, e incluso podría haber alguien con él, así que nos quedamos escondidos, viéndolo titubear en torno a nuestras provisiones.

Me cuesta reconocerlo, sobre todo porque no es alguien a quien haya considerado antes, pero, a pesar de la escasa iluminación, puedo distinguir su rostro pecoso como el del chico del Nueve, alguien no muy relevante porque no es letal como otros, pero no puedo confiarme.

Nueve observa nuestra fogata y cada tanto mira hacia la salida, de seguro pensando que estamos fuera, porque baja su arma y, tal y como lo temía, toma nuestras mochilas, sin dejar de estar atento por si alguien viene.

— ¡Nuestras provisiones! — susurra Tres, tapándose la boca cuando el intruso gira en nuestra dirección. Avanza unos pasos hacia nosotros, pero cuando pienso que seremos descubiertos su pie choca contra la cacerola y lo distrae. Se detiene y frunce el ceño mientras intenta limpiar el gel de sus botas, derramándolo aún más y esparciéndolo por sus extremidades sin darse cuenta del peligro en el que está.

No tengo opción. No puedo permitir que se vaya con nuestras cosas, porque sin esas provisiones moriremos sin remedio, así que debo hacer algo para detenerlo.

—Tenemos que salir— le susurro a Tres, y ella mira las mochilas rápidamente. No tengo que explicarle nada, porque entiende al instante, e incluso es ella quien me pasa una piedra para mi plan.

—Corre— le digo, y la lanzo contra la pared del fondo, causando un estruendo que hace que Nueve deje las provisiones para tomar su hoz. Y, cuando se adentra más en la cueva, vemos la oportunidad.

Ella es la primera en correr, tomando las tres mochilas a la carrera. El chico del Nueve se da cuenta e intenta perseguirla, así que tiro mi cuchillo a sus pies y lo hago caer mientras empiezo a correr también, pero casi de inmediato sujeta mi tobillo y me tira al suelo, tratando de golpearme. Forcejeamos, pero, aunque yo soy más alto, él es más fuerte, así que consigue dominarme casi de inmediato, pero no dejo de darle pelea.

— ¡Mazer!

El grito de Tres lo distrae, así que aprovecho el momento para moverme y empujarlo lejos de mí. Él vuelve a levantarse, y cuando intenta volver a atraparme consigo darle una patada en el estómago que lo hace tambalearse varios metros hacia atrás, con su pie cayendo directamente sobre el fuego, y en un instante su cuerpo entero estalla en llamas, tan violentamente que crea una aterradora explosión, un calor asfixiante que lanza mi cuerpo unos metros hacia adelante.

Cuando reacciono no puedo respirar, porque mis fosas nasales y mi garganta arden con cada intento. Durante varios segundos no puedo moverme, pero me obligo a rodar en la tierra cuando siento el fuego devorándose la tela de la pernera derecha de mi pantalón, ampollando mi piel, hasta que consigo apagarlo. Algo del gel se quedó en mi ropa, así que me deshago enseguida de mi chaqueta y uso las mangas desmoldables para limpiar los restos de gel antes que se enciendan, sin parar de toser.

Mi garganta arde cada vez más, mis lentes están sucios y peligrosamente calientes, así que me los quito antes de que los cristales estallen, pero, por suerte, eso no pasa. Tengo quemaduras en mi pierna derecha, algunas leves en el rostro y estoy casi seguro de que ya no tengo cejas, pero increíblemente, logré salvar mis manos, aunque el resto de mi piel arde como el infierno.

Entonces miro fijamente hacia el fondo de la cueva, apenas por una fracción de segundo que me parece eterno, y veo al chico de pecas, ahora envuelto en llamas, corriendo de un lado a otro, desorientado, esparciendo el fuego mientras grita de la forma más aterradora que he oído. Su piel completamente roja, en carne viva, y lo que antes era su rostro lleno de pecas derritiéndose como si fuera de plástico, dejando solo una masa sanguinolienta y deforme. Apenas nos separan unos diez u once metros, así que puedo ver el horrendo espectáculo detalladamente.

No sé por qué encuentro fascinante la forma en que el fuego consume su cuerpo, pero supongo que es la certeza de ver que mi plan ha funcionado. Demasiado bien, porque es tanto el calor que el magnesio empieza a reaccionar, estallando en pequeñas explosiones de humo blanco que se suceden rápidamente hacia donde estoy y que me hacen reaccionar.

Tengo que salir de aquí.

Un horrible y agudo dolor me invade cuando me levanto, y tengo que cojear porque mi pierna herida no responde. Sin embargo, la salida no está lejos, así que haciendo un último esfuerzo corro, apoyándome en las rocas, tratando de ganarle al fuego que está cada vez más cerca.

Los gritos de Nueve ahora son débiles estertores, y es casi como si pudiera oír sus órganos hirviendo antes de que el cañón finalmente anuncie el fin de su sufrimiento. Él se ha ido, y yo correré con la misma suerte si no me doy prisa.

— ¡Tres!— grito; ella está a unos pocos metros de mí, inconsciente bajo algunas rocas. Ella tampoco está ilesa. Tiene una quemadura bastante fea en su antebrazo izquierdo, las puntas de su cabello están chamuscadas, y su cabeza sangra por algún lado, pero no puedo saber por dónde, porque toda su cara está cubierta por sangre, tierra y hollín.

Su brazo derecho también está empezando a incendiarse, así que sin pensarlo voy hasta ella y le arrojo tierra encima, pero sigue sin reaccionar. Intento moverla, pero es inútil, no tengo la fuerza necesaria.

—Despierta— la sacudo, pero nada. Los estallidos están mucho más cerca. Se nos acaba el tiempo. El fuego amenaza, y empiezo a sentir pánico real por primera vez de morir.

Entonces, en medio del caos, escucho la voz de Kelvin:

"Nunca arriesgues tu vida por nadie"

Miro a Tres, que sigue inconsciente. Por un momento dudo, pero me obligo a levantarme; tomo las mochilas, alejándolas lo más que puedo del calor, y corro hacia la salida sin voltear, dejando el fuego y el peligro detrás; dejando a Tres a pasos de una muerte segura...

Me detengo en el umbral, porque por algún motivo ya no puedo avanzar.

"Nunca mires atrás", vuelve a decir la voz de mi mentor, pero es justamente lo que hago. No puedo evitarlo.

¡Maldición!

Sé que a Kelvin no le gustará lo que estoy a punto de hacer.


Cherise Rainbow, 19 años. Diseñadora de la Arena


—No tengo demasiado para ofrecerles de beber —digo, riendo un poco—. Agua, leche… Creo que me queda alguna cosa más.

—Un vaso de agua está bien —me dice Arah. Rowan asiente con la cabeza.

Es extraño tenerlos en mi apartamento, cada uno sentado en uno de los sofás. Extraño, pero a la vez familiar. Como si no fuera la primera vez.

Llevo también algo de fruta y Arah escoge un par de uvas mientras revisa cosas en su tableta. Rowan tiene los ojos fijos en ella, hasta que se da cuenta de mi escrutinio.

Intercambiamos una mirada que solo puede ser de complicidad.

—Pongamos tiempo límite para algunas cosas —propone él, hablando ya de trabajo—. ¿Cuándo creen que debería ser…?

El sonido de una llamada entrante lo interrumpe. Me disculpo antes de mirar quién es. Una foto de mi hermano brilla en la pantalla. Me voy a la habitación para hablar sin molestar a mis compañeros mientras siguen tomando decisiones.

—¿Lysander? —Más que un saludo, es una pregunta.

—Ese tono de sorpresa me ofende un poco— me río.

—Es que es una hora extraña para que me llames, sueles hacerlo cuando ya has cerrado el restaurante.

—Vaya, me sorprende que sepas la hora que es.

—¿Debería ofenderme yo ahora?

—Para nada, Cherise. Es solo que… veo que es cierto.

—¿Cómo dices?

—He venido a hacer una visita a papá y mamá, bueno también porque necesitaba algunas cosas que aún tenía en casa, y… me he encontrado a Taurus. —Rebusco un instante en mi interior, a ver si eso me remueve algo. Pero solo siento curiosidad.

—¿Han hablado? ¿Qué tal le has visto?

—Sí, hemos hablado. Parecía triste. Él… me ha preguntado cómo estás. Es como sumar dos más dos, así que me he imaginado lo que ha pasado. ¿Estás bien?

—Si me lo hubieras preguntado hace apenas un día, te habría dicho que no. Pero ahora sí. —Escucho murmullos desde el salón. Me asomo por la puerta entreabierta y resulta que Rowan se ha movido de sitio, ahora comparte el sofá con Arah. Sonrío—. Ha sido difícil darme cuenta de que Taurus y yo no funcionamos. Y, después de decidir que lo dejásemos, lo pasé mal. Me pregunté muchas cosas sobre mí misma, me sentí sola. Pero ahora me doy cuenta de que no lo estoy. Tengo a mi familia y nuevos amigos.

—Deberías haberme llamado. Me hubiera gustado estar ahí para ti…

—Creo que era algo que tenía que resolver yo. He conocido nuevas personas que me han hecho pensar cosas totalmente diferentes. ¿Sabes? Es la primera vez en mi vida en que me doy cuenta de que tengo curiosidad por lo qué está por venir, por conocer a gente distinta y llegar a enamorarme. ¿No tienes la misma sensación? —Lys se ríe y me contagia.

—Resulta que, aunque siempre he pensado lo contrario, eres muy fuerte, hermanita.

—Me han tenido que ayudar para que me dé cuenta. Pero sí, creo que ahora sí lo soy.

Charlamos un poco más y quedamos en comer o cenar en alguno de mis descansos, para que le cuente bien todo lo que ha pasado (sé que se enfadará por ciertas cosas, a veces él parece el hermano mayor).

Después, cuando vuelvo al salón y veo a Arah mirando de una forma muy especial a Rowan, pienso en lo que le he dicho a Lysander.

Sí, quiero enamorarme. Taurus apareció en mi vida y nos atamos el uno al otro antes de pensar siquiera en lo que significaba el amor. Y ahora estoy ansiosa por sentirlo en mi propia piel. Que alguien me fascine, me atrape, me emocione si está cerca y le añore cuando esté lejos.

Alguien capaz de hacerme mucho daño. Y también muy feliz.

Creo que hay algo de magia en ello.

—Perdonen, era mi hermano —les digo, sentándome en el suelo frente a ellos.

—No sabía que tuvieras uno —comenta Arah.

Les cuento un poco acerca de Lys, de sus aspiraciones políticas y lo duro que está trabajando para subir escalones. Rowan en cierto momento asiente con la cabeza, como aprobando su forma de actuar.

—¿Cómo te sientes? —me pregunta, pillándome menos desprevenida de lo que hubiera pensado.

—Bien. Estoy realmente bien.

Quiero darles las gracias a ambos, porque en gran parte se los debo, pero me doy cuenta de que no hace falta. Rowan sonríe por mi respuesta y Arah me agarra una mano.

—Me alegro mucho, de verdad —me dice. Yo le aprieta la mano y le doy una sonrisa más grande.

Después volvemos al asunto que nos ha traído aquí, decidimos algunas cosas acerca de los Juegos, de la Arena, y valoramos cómo está yendo todo. Incluso nos decimos quiénes creemos que llegarán a los últimos puestos y quiénes no, por el potencial que han mostrado o el que están guardando. Vamos tomando notas, apuntando nuevas ideas y desechando otras que realmente no nos han convencido nunca. Fijamos el momento para ciertas cosas y nos damos por satisfechos.

Arah pone fin a la reunión al mirar la hora. Ya queda poco para que tengamos que volver a la Sala de Control.

—Nos vemos en cuarenta y cinco minutos en el ascensor —propone.

Yo asiento con la cabeza. Rowan no responde nada, lo que me hace pensar que, quizá, ellos no van a separarse, sino a aprovechar este rato. Les sonrío y me despido con la mano antes de que Arah cierre la puerta.

Me levanto y voy al baño. Preparo la bañera para meterme en ella, con un montón de jabones que forman espuma de colores. Tengo el tiempo justo para esto.

Busco mi tableta a prueba de agua, un regalo reciente de papá y mamá, y me dedico a dibujar lo que las burbujas me cuentan. Veo miles de historias y posibilidades en la espuma multicolor que me rodea cuando me meto en el agua. Suelto mi pelo, que seguía recogido en un moño desordenado, y me sumerjo entera, aguantando la respiración.

En los oídos casi parece retumbar cada uno de mis latidos. ¿O son los de otras personas?

Sonrío, y el agua se cuela entre mis dientes, llenándome la boca de sabores diferentes. Cereza, hierbabuena, limón.

Dibujo los caminos del mundo de la espuma, que recorren valles y escalan las montañas de mis piernas. Que hacen carreras para llegar las primeras a volver a fusionarse con esa agua. Ávidas de ser uno, juntas, en vez de gotas solitarias.

Una alarma suena en alguna parte, me hace salir de mi ensoñación.

Y salgo, sin problemas, al contrario de siempre.

Siento que la Cherise que era, ahora es diferente. No es otra, es la misma, pero ahora… ha alcanzado otro nivel. Disfrutar del mundo más allá de nosotros, no debe privarnos de disfrutar de este.

Termino de asearme, me seco y dibujo en el vaho mientras mi pelo cae en ondas sobre mi cuerpo. Me pongo el vestido más colorido que tengo y salpico mi pelo con estrellas.

Estoy justo a la hora acordada junto al ascensor. Arah y Rowan se reúnen conmigo, ambos salen del apartamento de ella. Recorremos el camino hasta la Sala de Control sin parar de charlar y yo siento que algo en mi pecho se va llenando, hace que sonría más y tenga más ganas de imaginar.

Todos están en sus puestos cuando entramos. Subimos hasta los tres asientos que están por encima del resto y miramos a las pantallas, esperando lo que se avecina.

—¿No faltan sillas? —pregunta de pronto Blair.

Rowan sonríe.

—Hemos decidido hacer recortes en el personal.

Ella se encoge de hombros, distraídamente, y empieza con el trabajo. Nos regala unos planos preciosos de lo que será uno de mis momentos favoritos de los Juegos. Aunque sé que para muchos pasará desapercibido.

El sol, grande y amarillo, comienza a ocultarse. En el cielo, que tiene algunas nubes suaves en el horizonte, se ven en su esplendor todos los colores del crepúsculo.

En el jardín, el bosque y el laberinto, los rayos del sol consiguen colarse entre cada hueco libre, y se reflejan en los ojos de los tributos. El agua del lago deja de estar antinaturalmente quieta, la luz parece despertarla y pequeñas ondas aparecen aquí y allá, destacando cada brillo. La vidriera del castillo refleja la luz anaranjada del exterior y colorea las amapolas blancas en rojo. La Torre parece aún más alta e inocente bañada por esa luminosidad, que recorre el mapa de la Arena y hace destacar los puntos clave en un precioso dorado.

Toda la Arena se llena de luces en un instante. Todos los tributos levantan la cabeza hacia el cielo, con miedo, con admiración. Algunos como si presintieran algo.

Aquí está, el último atardecer de la Arena.

Llega la noche eterna.


¡Primer capítulo del año! ¡Feliz 2017 y que este año nuevo esté cargado de proyectos y cosas geniales en sus vidas!

Volvemos al SYOT después de un merecido descanso. Esperamos que sus fiestas hayan sido geniales y que hayan podido reponer energías porque, oficialmente, se viene la segunda mitad del SYOT.

En este momento nos quedan 13 tributos con vida. En el capítulo anterior nos dejó Adeline. Agradecemos a Bermone su participación en el SYOT.

.

.

Preguntas:

1. POV favorito.

2. ¿Qué implicaciones crees que va a tener esta noche eterna para los tributos?

3. ¿Qué reto se te ocurre que podríamos hacer y que premios dar?

.

.

La dinámica de los reviews se mantiene: la idea es dejar comentarios personalizados en forma de feedback para quienes escriben. El respeto y la tolerancia serán más importantes que nunca porque ahora se pone más dura la cosa en cuanto a muertes y ya en cualquier momento puede caer cualquiera.

Manejemos el tema con madurez.

El seguimiento sigue siendo muy importante. Los personajes al día en este momento son: Amber, Adler, Lily, Bounder, Mazer, Rail, Kenley, Zachary y Kinsey.

.

Les repetimos la lista de equipos:

Elenear28: Mana, Mazer, Rail, Kinsey y Lily

Coraline T: Arya, Adler, Bounder, Adeline y Teva

HikariCaelum: Amber, Geb, Zachary, Milo y Kenley

.

.

Los narradores para el siguiente capítulo serán: Geb, Lily, Bounder, Rail, Teva y Arah.

Por favor recuerden ponerse en contacto con su moderadora a cargo para enterarse sobre qué les corresponde narrar en su respectivo POV, de ser posible, hoy mismo. Los parámetros de escritura serán de 1000 a 1650 palabras. Su máxima fecha de entrega será el día sábado 21 de enero, de manera que el capítulo nuevo será publicado el sábado 28 de enero. Les recordamos que ese POV que se entrega el 21 ya debe ir con la bendición de su moderadora a cargo, por lo que a más tardar debe entregarse el viernes al correo personal de esta.

Si llegan a entregar el sábado y el POV no ha tenido revisiones previas, se penalizará del mismo modo en que se penaliza a quienes no entregan a tiempo.

Para cualquier duda, o inquietud, recuerden que estamos a su disposición.

.

.

¡Gracias por leer! Saludos E, Cora y Hikari.