Hola hola gente querida! Cómo les va?
Yo aquí estoy una vez más dando acto de presencia con un nuevo cap de mi locurita.
En esta ocasión les traigo un episodio bastante surtido, porque habrá de todo un poco: tensiones, reencuentros, momentos difíciles, y también momentos más livianos. Porque si bien pasan algunas cosas no muy gratas, no quise que haya demasiado drama o violines tristes. Y aunque algunas cuestiones complicadas no lleguen a solucionarse del todo, creo que a esta altura de la historia, que está cada vez más próxima a terminar, no vale la pena estirar mucho más las pálidas. Al menos yo lo considero así.
Pero igualmente quiero que averigüen por uds mismxs a qué me refiero, así que lxs invito a leer el VEINTE en paz y espero que me cuenten qué les pareció.
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajito me despido y respondo sus rws.
Bell.-
:: Capítulo Veinte ::
Ya casi era mediodía. Darien se encontraba en la acera, caminando de un lado a otro frente a la entrada del juzgado, terminando de fumar el vigésimo cigarrillo de la mañana.
Ese día había acompañado a Serena a declarar, ya que por recomendación de Masato ella había tomado la decisión de presentarse y exponer frente al fiscal a cargo del caso de su padre que ninguna de las firmas que figuraban en los títulos de las propiedades, que él supuestamente le había cedido, eran verdaderas. Sino que en realidad se trataba de una buena cantidad de documentos adulterados de manera fraudulenta, es decir falsificando su firma.
Esa mañana los tres habían llegado muy temprano, pero tuvieron que esperar varias horas hasta que la hicieran pasar a Serena. Y ahora ella se encontraba en una de las oficinas acompañada de Masato declarando ante el fiscal y un juez.
Ya hacía casi dos horas que había entrado y Darien estaba cada vez más impaciente con la espera, y a cada rato salía a la calle a fumar. Una vez que apagó el cigarrillo, entró de nuevo al lugar. En unos asientos del pasillo se encontró con Rei y Seiya que hacía unos minutos acababan de llegar para saber cómo marchaba todo y apoyar a su amiga.
—¿Aún no ha salido? —preguntó Darien.
—No, todavía no —respondió Rei—. Ten paciencia, Darien, no creo que se demoren mucho más porque… —y antes de que terminara de hablar, vieron que la puerta del despacho se abría y aparecía Serena.
Los tres se acercaron a ella. —¿Cómo estás, Serena? —preguntó Darien impaciente—. ¿Cómo te fue?
Enseguida también apareció Masato. —Por fortuna todo salió bien —explicó mientras revisaba unos papeles que le enseñaba a Darien—. Ahora con estos documentos ella se asegura de no tener nada que la involucre más con…
—Disculpen —los interrumpió Serena—, estoy un poco aturdida, quisiera salir de aquí.
—Claro, ve tranquila, ve —dijo Darien—. Yo me quedaré unos minutos para que Masato me explique todo y enseguida nos vamos, ¿sí? —dijo con una cálida sonrisa.
Serena también sonrió levemente, pero tenía una clara expresión de cansancio en su rostro. —Está bien.
—Nosotros la acompañaremos —se ofreció Rei mientras se colgaba del brazo de Serena y las dos salieron acompañadas de Seiya.
Una vez afuera, Serena soltó un largo y pesado suspiro. —Por fin ya todo terminó.
—Sí, amiga —la animó Rei—. Ya todo acabó, ¿cómo te sientes?
—No lo sé, aún tengo la cabeza llena de datos, cláusulas, números. Ha sido muy agotador, no creí que llevaría tanto tiempo.
—¿Pero hubo algún problema o algo que los retrasara? —preguntó Seiya.
—No, por suerte no hubo inconvenientes. Masato vino preparado, tenía todo lo que había que exponer meticulosamente ordenado de antemano. Lo que pasó fue que se trataba de muchas propiedades, fueron muchos los documentos que hubo que revisar uno por uno y repetir los mismos procedimientos cada vez.
—Bueno, lo importante es que todo salió bien y que a partir de ahora no tienes que preocuparte más por estos asuntos tan tediosos —dijo Rei.
Serena volvió a suspirar. —Sí, lo único que quiero ahora es estar tranquila y volver a casa.
—Ay, no… —dijo Rei repentinamente exaltada—. No puede ser, ¿por qué aquí? ¿Por qué ahora? —gruñó entre dientes dirigiendo su mirada hacia el otro lado de la calle.
—¿Qué pasa, Rei? —preguntó Serena extrañada y volteó a ver de qué se trataba. Y al reconocer a las personas que se acercaban caminando hacia ellos entendió la reacción de su amiga.
—Vaya —dijo una refinada y arrogante mujer que la observaba de pies a cabeza por encima de sus anteojos de sol—, pero miren quién está aquí. Parece que la hija pródiga al fin se dignó a regresar.
—Ikuko, por favor —la detuvo un hombre mayor que iba a su lado—. Hola, Serena —la saludó cordial—, ¿cómo estás? Qué gusto volver a verte, pasaron muchos años.
—Hola, abuelo —lo saludó ella con frialdad—. Hola, mamá —y miró a Ikuko a los ojos, sorprendiéndose de sí misma al darse cuenta de que no se sentía para nada incómoda ni nerviosa con este inesperado encuentro.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Ikuko con prepotencia mientras volvía a acomodarse los lentes—. No me digas que viniste corriendo a ayudar a tu papá —dijo con sarcasmo—. Como siempre te has mostrado tan pendiente y preocupada por tu familia…
—No vine a ayudarlo, no tengo por qué hacerlo.
—¿Y entonces para qué viniste? —volvió a preguntar Ikuko repentinamente irritada—. ¿Para ver cómo lo encierran en la cárcel? ¿Para verlo quebrado, arruinado? ¿Para ver cómo se hunde en sus fracasos, sus miserias? ¿Para ver las consecuencias de su desastroso y deshonrado comportamiento? ¿Tan cínica eres que sólo vienes para eso? ¿Tanto disfrutas de lo mal que lo estamos pasando?
—¿De qué estás hablando? —Serena también comenzaba a molestarse—. ¿De dónde sacas todos esos disparates? Lo que a ustedes les pase no es de mi incumbencia, yo sólo vine a aclarar las cosas para…
—Para desentenderte de todo, como siempre lo hiciste —refutó Ikuko—. Porque siempre has despreciado a tu familia, siempre has rechazado todo lo que te ofrecimos. Siempre has sido una ingrata y desconsiderada con nosotros, Serena, y por lo que veo no has cambiado nada.
—¿Ah, sí? ¿Eso piensas de mí?
—Claro que sí. Porque puede que tu padre y yo hayamos cometido muchas equivocaciones, que no nos comportáramos precisamente como los padres más amorosos y perfectos del mundo, pero a ti y a tu hermano nunca les faltó nada, nosotros les dimos todo lo que pudimos, pero tú jamás lo valoraste.
—Eso no es verdad.
—Sí lo es. Ahora mismo lo estás demostrando, Serena, porque no viniste a ayudar a tu padre, porque lo que a él le pase no te importa en lo más mínimo, jamás te importó. En cambio yo sí he venido para ayudarlo, para apoyarlo, para no dejarlo solo.
—¿Qué estás diciendo? ¿Tú quieres ayudarlo? —preguntó Serena riendo—. No mientas, mamá, a ti tampoco te importa lo que a él le pase, sólo estás aquí para evitar salir perjudicada, porque tanto tú como el abuelo también están involucrados en todo este lío.
—Serena —intervino el hombre—, entiendo que estés molesta, pero creo que deberías calmarte y…
Pero ella lo ignoró por completo. —Si no es por tu propia conveniencia entonces dime, ¿qué estás haciendo aquí? —le preguntó a su mamá—. ¿Para qué viniste? ¿Por qué él te está acompañando? —y miró a su abuelo con una dura expresión.
—Ya te lo dije —respondió Ikuko—, para ayudar a tu padre.
—Por dios, mamá, no seas ridícula. ¿Piensas que te creo eso? Además ustedes están divorciados hace años, no tiene sentido que…
—Pero es el padre de mis hijos, es la persona que elegí para formar una familia y no puedo…
—¿La persona que elegiste? —la cortó Serena enojada—. ¿Para formar una familia? Más bien para hacer negocios querrás decir, y no porque lo hayas elegido, sino porque él te obligó a hacerlo —y de nuevo le dirigió una mirada fulminante a su abuelo—. ¿Cómo puedes seguir fingiendo y diciendo tantas mentiras después de todo lo que pasó? —continuó encarando a Ikuko—. Ustedes jamás se preocuparon por nosotros, lo único que siempre les importó fue el dinero, el poder, sostener esa fachada de familia feliz sólo para aparentar, para hacer negocios y ganar más dinero, porque siempre fueron unos ambiciosos —cada vez elevaba más el tono de su voz—, ¡unos frívolos y unos hipócritas!
—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! —exclamó Ikuko ofendida.
—¡¿Y tú cómo te atreves a seguir mintiéndome en la cara como si yo fuera una estúpida?! —Serena ya no podía ocultar su enojo.
—Por favor —intervino de nuevo su abuelo intentando evitar que armaran un escándalo en plena calle—, tranquilícense las dos. Ésta no es manera de hablar de estos asuntos.
—¡Tú no te metas! —gritó Serena furiosa—. ¡Tú eres el menos indicado para decirme cómo debo comportarme! ¡Porque eres el principal responsable de todo! ¡Todo lo que pasó, todo lo que está sucediendo ahora es por tu culpa!
Y mientras los ánimos comenzaban a ponerse cada vez peor y el ambiente era cada vez más tenso, oportunamente llegó Darien, quien al ver a Serena tan alterada se acercó enseguida a ella. —¿Qué está pasando aquí? —preguntó preocupado al tomarla de los hombros, y ella inmediatamente se calló y bajó la mirada avergonzada—. ¿Quiénes son estas personas?
—Ellos son —dijo Serena con voz apagada—, mi abuelo y mi mamá —y los señaló a los dos. Ahora Darien comprendía con claridad lo que estaba ocurriendo.
Ikuko lo miró altiva, observándolo de arriba abajo. —¿Y quién es este hombre? —le preguntó a Serena—. ¿Acaso es tu abogado?
—No —respondió ella—. No es mi abogado, él es…
—Su prometido —la interrumpió Darien—. Yo soy el prometido de Serena.
—¡¿Qué?! —gritó Rei sobresaltada y de inmediato Seiya le tapó la boca con las manos para hacerla callar.
—¿Tu prometido? —preguntó Ikuko incrédula—. ¿Este hombre es tu prometido? —y echaba a reír—. No, pero si tú eres el colmo, Serena. Esto sí que jamás me lo hubiera imaginado.
—¿Disculpe? —dijo Darien al soltar a Serena. Él también comenzaba a molestarse ante la actitud de Ikuko.
Ella se puso seria. —No te ofendas, querido, no tengo nada en tu contra, ni siquiera te conozco. Pero debo advertirte que esta jovencita es… —miró a Serena despectiva—. Es increíble, siempre nos reprochaste nuestro estilo de vida, la manera de administrar nuestros negocios, renunciaste a todo lo que te dimos y te llenaste la boca hablando de ideales, de valores y principios absurdos. Hasta te involucraste con ese fotógrafo de cuarta, haciéndote la chica romántica y bohemia. ¿Y ahora resulta que estás comprometida con un hombre como él? —volvió a examinar a Darien de pies a cabeza—. Dime, Serena, ¿quién es la hipócrita ahora?
—Señora —Darien se acercó a ella esforzándose sobremanera para no exasperarse—, no quiero ser irrespetuoso con usted, pero me parece que se está excediendo. Serena no es…
—Está bien, Darien —lo detuvo Serena tomándolo de la mano—, no es necesario que me defiendas —y lo miró a los ojos con la intención de transmitirle su seguridad. Él asintió un poco más tranquilo y decidió no volver a intervenir.
Serena miró a Ikuko. —Mamá, voy a ser franca contigo —dijo con un calmado pero al mismo tiempo firme tono de voz—. Ya estoy harta de todo esto. Estoy cansada de seguir enojada contigo, con papá, con… —miró a su abuelo pero él evitó su mirada. Así que ella volvió a dirigirse a su madre—. Aunque durante todos estos años estuve profundamente resentida y dolida con ustedes por todo lo que pasó, por cómo nos distanciamos, por haberme desentendido de todo y huir, jamás dejé de pensar en ustedes. Porque siempre tuve la ingenua ilusión de que algún día volveríamos a vernos y las cosas se arreglarían entre nosotros y nos convertiríamos en una familia de verdad, pero… Nada de eso sucedió, y recién ahora puedo comprender al fin que en realidad jamás sucederá.
—Pero porque tú te fuiste —la acusó Ikuko—. Desapareciste de un día para el otro y nunca regresaste.
—Sí, me fui, me escapé de todo como una completa cobarde —reconoció Serena—. Y anduve a la deriva por mucho tiempo, deambulando por muchos sitios intentando con desesperación hallar algo que me sirviera para rehacer mi vida de otra manera, como yo realmente quería. Sin embargo tuve mucho miedo, fui muy inestable, insegura, desconfiada y me costó muchísimo esfuerzo y dolor soltar tantos recuerdos tan pesados y difíciles, tantos sentimientos tan desagradables y viejos. Pero ahora todo es diferente —dijo al mirar a Darien esbozando una sonrisa—. Ahora encontré lo que necesito para cambiar mi perspectiva de las cosas y sentir que soy capaz de tener una vida feliz, creer que puedo lograrlo y que en verdad lo merezco. Porque ya no estoy más perdida ni a la deriva, ya no me siento más sola ni asustada, ya encontré mi lugar en el mundo, mi hogar, mi verdadera familia —Darien sonrió conmovido por sus palabras y ella no dejaba de mirarlo a los ojos y apretar su mano con fuerza—. Porque nosotros somos una familia —le dijo emocionada—, nosotros y nuestra princesa, ¿verdad? —él asintió agrandando su sonrisa.
Serena volvió a mirar a Ikuko y a su abuelo. —Así que lamento decirles esto, pero ya no hay más espacio en mi vida para ninguno de ustedes —concluyó. Y sin decir más nada dio media vuelta con la intención de alejarse de ellos e irse de ahí lo antes posible.
—Serena… —la llamó su mamá con voz temblorosa—. Hija… —Serena se detuvo y volteó. Ella se había quitado los lentes y la miraba con aflicción—. Yo… —no pudo soportar más verla a los ojos, y bajó la mirada apenada—. Lo siento… —dijo con voz apagada y volvía a ponerse los anteojos—. Lo siento mucho —dio media vuelta, se colgó del brazo de su padre y los dos entraron al juzgado sin mirar atrás.
Todos se quedaron inmóviles en medio de la acera observándolos en silencio hasta que los perdieron de vista. Y cuando ya no pudieron contenerse más, Seiya y Rei se abalanzaron sobre su amiga para abrazarla con fuerza. —¡Serena! —gritaron efusivos los dos. Estaban emocionadísimos con la intensa escena que acababan de presenciar y ambos eran un mar de lágrimas.
—¡Eres mi heroína, Serena! —gimoteaba Seiya—. ¡Estoy tan orgulloso de ti!
—¡Amiga, estuviste increíble! —dijo Rei entre sollozos—. ¡Temía tanto que te quebraras y todo se echara a perder otra vez!
—Pero te luciste, Serena —siguió Seiya—. Fuiste muy valiente y les dijiste todo lo que merecían escuchar.
—Gracias, chicos —dijo Serena de nuevo emocionada—. Gracias por ser mis mejores amigos y estar siempre conmigo.
Darien los observaba riendo contento y apenas se separaron volvió a tomar la mano de Serena.
—Bueno —dijo Rei un tanto avergonzada mientras le limpiaba las lágrimas a Seiya—, creo que exageramos un poco, pero en verdad estamos muy felices por ti, amiga.
Seiya abrazó a su novia por los hombros. —Es cierto, nos alegra mucho verte así —agregó ya más tranquilo—, dándole al fin un cierre a todos estos asuntos tan viejos.
Serena suspiró largamente y optó por no decir más nada. Sin bien se sentía sumamente aliviada tras haber podido demostrarle a su madre y a su abuelo que ya no estaba resentida ni tenía más remordimientos que la ataran a ellos, sabía que había sido una situación muy difícil y determinante, y aún estaba algo aturdida y mareada por todos los acontecimientos de los últimos días.
—Bueno, ¿qué les parece si vamos a almorzar todos juntos? —sugirió Seiya entusiasmado con la intención de levantarle los ánimos a su amiga—. Podríamos avisarles a Yaten y Mina, ¿qué dicen?
—Creo que es una buena idea —dijo Darien—. ¿Tú qué quieres hacer? —le preguntó a Serena, quien no se mostraba demasiado convencida con la propuesta.
—Vamos, amiga —insistió Rei—. Vayamos todos juntos a almorzar al Crown —se refería a aquel café que solían frecuentar de chicas y al cual ya habían visitado el día anterior cuando ella llegó a Tokio.
Serena miró a Darien de nuevo y él asintió con una nueva sonrisa intentando animarla. —Está bien —aceptó—, vamos.
Después de despedirse de Masato, quien se quedó en el juzgado para hacer unos últimos trámites, los cuatro chicos comenzaron a caminar hasta la esquina.
Una vez que Seiya y Rei se fueron a buscar su auto para irse, Serena y Darien caminaron unos metros más hasta el auto que estaba estacionado cerca de ahí. Cuando llegaron y se detuvieron, ella esperó a que él desactivara la alarma para poder subirse, pero le llamó la atención que no lo hiciera y que se quedara inmóvil frente a ella sin decir nada. —¿Qué pasa, Darien? —preguntó preocupada al verlo tan serio—. ¿Te sientes bien?
Darien la miró a los ojos con intensidad y sin titubear tiró de su mano para acercarla a él con un rápido movimiento y abrazarla con fuerza. —Estoy loco por ti, Serena —murmuró contra su cuello—. Estoy loco de amor por ti —Serena también lo abrazó y así se quedaron por unos instantes. No querían soltarse, él no dejaba de mecerla entre sus brazos y ella suspiraba emocionada a cada rato sintiéndose tan agradecida y feliz por la forma en que la contenía y acogía —Serena… —susurró Darien profundizando el abrazo —Mi Serena…
Ella también lo abrazó con más fuerza y acariciaba su cabello con dulzura. —¿Qué te pasa, Darien? ¿Qué tienes?
Él suspiró largamente y demoró en responder. —Todo lo que dijiste, tu actitud, el modo en que te expresaste, las palabras que usaste, la forma en que apretabas mi mano mientras hablabas… —se separó un poco para mirarla pero sin soltarla—. Me dejaste impresionado, Serena. Siempre pensé que eras una chica fuerte y honesta, pero hoy lo demostraste con tanta seguridad, con tanta convicción que…
—No exageres —dijo ella tímida—, no fue para tanto.
—Para mí si lo fue —enfatizó Darien—. Sobre todo porque me sentí identificado con cada cosa que dijiste. Porque para mí tú también eres mi lugar en el mundo, mi refugio, mi familia.
—Darien…
—Porque te amo, Serena —susurró él y volvía a abrazarla—. Te amo tanto…
—Yo también te amo —susurró ella—. Te amo con toda mi alma…
Después de permanecer abrazados por unos instantes más, Darien volvió a mirarla a los ojos y ahora acariciaba su rostro con ternura. —Todo va a estar bien —murmuró dándole cortos besos en los labios—. Si estamos juntos, todo estará bien.
Serena le devolvía cada beso, y al estar así los dos podían confirmar de nuevo que tenerse el uno al otro, saber que estaban dispuestos y eran capaces de apoyarse y acompañarse, que el sincero y profundo amor que mutuamente se entregaban era todo lo que necesitaban para poder sentirse felices y tranquilos.
Estaban en su burbuja, regalándose dulces besos y delicadas caricias, sintiéndose cada vez más enamorados, era como si el mundo a su alrededor simplemente hubiera dejado de existir. Hasta que unos estridentes bocinazos los hicieron regresar a la realidad. —¡Oigan tortolitos! —gritó Rei asomándose por la ventanilla del auto que se había detenido frente a ellos—. Dejen los arrumacos para más tarde y apresúrense —bromeó, y ella y Seiya, quien conducía, echaron a reír divertidos al ver cómo Serena y Darien se sonrojaban.
—Definitivamente mis amigos están locos de remate —bromeó ella apenas los chicos se fueron. Y cuando lo miró de nuevo sonrió enternecida al verlo tan avergonzado—. Mi amor, eres tan lindo… —dijo al volver a besarlo.
Darien rió y cuando cortaron los besos se tomaron otra vez de las manos. —¿Vamos, Sirenita? —dijo ya más tranquilo mientras buscaba las llaves del auto. Ella asintió y se fueron juntos.
.
.
.
Un par de horas más tarde, después de haberse reunido con sus amigos para almorzar y pasar un momento agradable que les sirviera para distraerse y relajarse un poco, Darien y Serena se dirigieron al departamento de él.
Apenas entraron, Darien arrojó el saco y la corbata que acababa de quitarse en el sofá y se sentó. —Al fin en casa… —dijo suspirando mientras estiraba los brazos para desperezarse.
Serena dejó su bolso sobre la mesita y se sentó a su lado. —¿Estás muy cansado? —él asintió abrazándola por los hombros—. Yo también, estoy exhausta. No veo las horas de regresar al pueblo —dijo al reposar su rostro en su pecho.
—Yo también quiero volver, esta ciudad me agota. Tengo muchas ganas de ir a la playa, tumbarme en la arena a tomar sol y olvidarme de todo.
—Sí, qué lindo sería estar en la playa ahora. Y nadar un poco, jugar con las olas, como si estuviéramos de vacaciones.
—Eso suena interesante —murmuró Darien en tono seductor—. Me gustaría mucho verte nadar con uno de tus bonitos y sensuales trajes de baño —y tomaba su rostro para que lo mire y comenzar a darle suaves besos en los labios.
Serena reía y le devolvía los besos. —¿Así que quieres verme en traje de baño? —preguntó coqueta.
—Sí, hay uno que me gusta mucho —dijo él sin dejar de besarla—. Un bikini color turquesa que te queda muy bien.
—¿Color turquesa? —ella intentaba recordar—. Ah sí, uno con vuelitos. Pero ése hace mucho que no lo uso, ¿cómo es que te acuerdas tan bien?
—Sólo te lo vi puesto una vez, cuando fuimos a la playa con Hotaru y los chicos a los pocos días de conocernos.
—¿En serio recuerdas lo que llevaba puesto aquel día? —preguntó Serena riendo y él asintió con una insinuante sonrisa—. ¡Qué atrevido! ¿Estuviste observando con tanto detalle mi traje de baño?
—Claro que sí, era imposible no mirarte —respondió Darien mientras retomaba los besos—. Te veías tan sexy y hermosa… —y ahora comenzaba a descender por su cuello haciéndola reír más por las cosquillas que le provocaba.
—¡Conque resultaste ser un mirón!
Él cortó los besos y la miró. —No te hagas la escandalizada, Serena, si tú también me mirabas —afirmó.
—¿Yo? —dijo ella haciéndose la desentendida.
—Sí, cuando volvimos a casa esa tarde y me pusiste ese gel para las quemaduras, ¿lo recuerdas?
—Sí, me acuerdo que te habías quemado mucho con el sol.
Darien retomó los besos en su cuello. —Y mientras me 'curabas', no dejaste de comerme con los ojos ni por un segundo, yo me di cuenta.
—¡Eso no es cierto!
—Sí lo hiciste, y querías aprovecharte de mí.
—Por dios, Darien, ¡no sabía que fueras tan presumido!
Él volvió a mirarla a los ojos. —Pero ahora ya no tienes por qué hacerte la tímida —dijo mientras empezaba a recostarla contra el sofá con delicadeza—. Puedes aprovecharte de mí todo lo que quieras, te doy mi consentimiento —y la besó con intensidad.
Serena no dejaba de reír por sus ocurrencias, pero lentamente los insistentes besos y las suaves caricias de Darien comenzaban a vencerla. Poco a poco se atrevió a besarlo con más intensidad mientras él acariciaba con impaciencia una de sus piernas para acomodarla alrededor de su cintura y pegar su cuerpo contra el suyo.
Y así ambos permanecieron inmersos en esos apasionados e interminables besos hasta que el sonido de un teléfono los distrajo. Al darse cuenta de que era su celular, Serena suavizó los besos y Darien gruñó molesto sin soltarla. —No atiendas —protestó entre besos—. Por favor, Sirena, no atiendas.
Ella tomó su rostro para alejarlo un poco. —Eres insaciable, 'Ojos azules' —dijo riendo—. Pero tengo que atender, debe ser Masato —Darien suspiró resignado y se incorporó para dejarla levantarse.
Serena buscó su teléfono en su bolso y antes de atender se fue hasta la cocina para poder hablar con reserva. Y mientras esperaba a que regresara, Darien volvió a recostarse en el sofá y durante esos breves minutos se puso a pensar en todo lo que había ocurrido durante esa semana.
Reflexionaba sobre lo tranquilo y satisfecho que se sentía por haber podido ayudar a Serena a acomodar sus asuntos personales y apoyarla para que llevara a cabo todos los procedimientos legales con los que tuvo que lidiar ese día. Creía que era lo menos que podía hacer por ella en estos momentos tan difíciles después de todo lo que ella había hecho por él durante el poco tiempo que se conocían.
Pero asimismo estaba sumamente cansado, se sentía tan estresado y agotado mental y físicamente, que no veía las horas de que todo terminara de una buena vez para poder regresar juntos a su pueblo y retomar su vida allá. Y mientras pensaba en todo esto, casi sin darse cuenta lentamente se fue quedando dormido.
Hasta que de repente se despertó al notar que Serena ya había regresado y se acostaba en el sofá de espaldas a él, tomando sus brazos para que rodeara su cintura, y sus manos para entrelazar sus dedos con los suyos.
Darien la acercó a su cuerpo lo más que pudo y acomodó su rostro en su cuello. —¿Quién era? —preguntó preocupado al oírla suspirar.
Serena demoró en responder. —Mi hermano —dijo en voz baja y apretó sus manos con fuerza.
—¿Qué quería? ¿Pasó algo?
—No, todo está bien. Sólo me dijo que quiere verme para que hablemos. Nos reuniremos esta tarde a tomar un café.
—Ya veo. ¿Quieres que te acompañe?
—No, no es necesario.
—De acuerdo —dijo él y decidió no insistir. Se quedaron callados por unos segundos, y Darien sentía que el sueño volvía a vencerlo, ya ni podía mantener los ojos abiertos—. ¿Estás bien? —volvió a preguntar al percibir que Serena suspiraba otra vez.
—Sí, estoy bien —respondió ella—. Es sólo que me siento algo inquieta al saber que volveré a verlo. Aunque siempre hemos estado en contacto, hace muchos años que no nos vemos y me imagino que será una situación un tanto extraña. Pero creo que todo va a estar bien.
—Seguro que sí —la animó Darien—. Por lo poco que me contaste tengo la impresión de que es un chico agradable —ella asintió—. Todo estará bien, ya verás —murmuró él y después de darle un dulce beso en la mejilla, reposó de nuevo su rostro en su cuello y soltó un largo suspiro.
Volvieron a permanecer en silencio por unos instantes más. Ahora Serena se detenía a pensar en todo lo que había pasado ese día: el encuentro con su mamá y su abuelo, la tensa discusión que tuvo con ella, y también recordaba lo que dijo Darien cuando apareció. Él le había dicho a Ikuko con firmeza y determinación que era su prometido, lo cual la tomó completamente por sorpresa, jamás esperó que dijera algo como eso, mucho menos en una situación así.
¿Por qué lo habría hecho? ¿Para defenderla? ¿Para provocar a su madre? ¿O se trataría de un impulso o algo por el estilo? Pero creía conocerlo bastante bien, y sabía que Darien no era una persona impulsiva, sin embargo se había expresado con tanta seguridad y convicción que no parecía tratarse de algo que se le acababa de ocurrir.
Así que en lugar de seguir buscando una explicación al asunto, decidió preguntarle. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, él habló antes. —Serena, quiero hacerte una propuesta.
Y al escucharlo ella se puso repentinamente nerviosa y sintió que los latidos de su corazón se disparaban. —Dime —dijo intentando sonar lo más calmada posible.
—Quiero que tú y yo… Esta noche… Tengamos una cita.
—¿Una cita?
—Sí, nuestra primera cita romántica. Quiero que cumplamos con ese bendito trato de una buena vez. Así que voy a llevarte a cenar a un bonito lugar, y brindaremos con un delicioso champagne y te pediré formalmente que seas mi novia, ¿qué te parece?
Serena sonrió de oreja a oreja. —Está bien, acepto tu propuesta.
—¿Y también aceptarás ser mi novia cuando te lo pregunte?
—Déjame pensarlo un poco y te responderé esta noche cuando me lo pidas.
—Más te vale que aceptes —murmuró él al darle cortos y ruidosos besos en su cuello y haciéndola reír. Hasta que después de unos cuantos arrumacos y mimos más la abrazó de nuevo con fuerza—. Novios… —susurró suspirando—. Tú y yo seremos los novios más cursis y melosos del mundo.
—Novios… —repitió ella. Y tras una nueva pausa decidió preguntarle sobre lo que la tenía tan inquieta—. Darien —lo llamó.
—¿Qué?
Serena inspiró hondo para tomar valor. —Cuando hoy dijiste… Esta mañana, cuando le dijiste a mi mamá que tú… Que eres mi prometido, ¿hablabas en serio? —se atrevió a preguntarle al fin—. Porque la verdad es que me sorprendiste tanto al decir eso que, no sé, como que no me lo esperaba. ¿Por qué lo dijiste? —él no respondía y ella volvió a ponerse nerviosa—. ¿Darien? —lo llamó de nuevo y finalmente se dio cuenta de que se había quedado dormido. Así que suspiró resignada, volvió a apretar sus manos y cerró los ojos—. Novios… —repitió y con una tranquila y alegre sonrisa en su rostro también se durmió.
.
.
.
Esa misma tarde, Serena se reuniría con su hermano en un café como habían acordado cuando él la llamó. Y Darien se ofreció a llevarla en su auto para luego dirigirse hasta el estudio, ya que debía reunirse con sus socios y sus clientes una vez más antes de regresar al pueblo.
Cuando Serena entró al lugar, reconoció a Sammy sentado en una de las mesitas junto a la ventana del bar, y al verla acercarse a él se puso de pie. Una vez que ella llegó a la mesa ambos permanecieron inmóviles por unos instantes, no sabían cómo saludarse, cómo tratarse. Hacía años que no se veían y era bastante extraño para los dos volver a encontrarse. —Hola, Sammy —dijo Serena con una cálida y gentil sonrisa.
—Hola —dijo él también sonriente y la invitó a sentarse a su lado.
Enseguida se acercó un mesero para tomarles su orden, y Sammy pidió café para los dos. Estuvieron en silencio hasta que les trajeron su pedido, él con la mirada perdida en la calle y ella observándolo detenidamente.
—Bueno, ¿querías hablar conmigo? —Serena se atrevió a preguntar. Él pudo volver mirarla y ella sonrió de nuevo para intentar transmitirle que estaba dispuesta a escucharlo.
—Sí —respondió Sammy—. Me gustaría que hablemos de ciertos asuntos en particular, pero no sé por dónde empezar. Es que estoy un poco nervioso, no voy a mentirte —dijo riendo—. Se me hace tan raro reencontrarme contigo después de tanto tiempo, pero al verte de nuevo, al tenerte frente a mí, no lo sé… —y la examinaba entera con la mirada—. Estás tan hermosa, hermanita —soltó sin rodeos y ahora reían los dos—. Hace tanto que no te veo y no esperaba encontrarte tan… Tan radiante, tan linda.
—Tú también te ves lindo —dijo Serena—. Parece que tu viaje te ha sentado muy bien —Sammy acababa de llegar hacía un par de días de aquel viaje de reconciliación que había hecho con su esposa—. ¿Por dónde has estado?
—Grecia —respondió él—. Rentamos una casa frente al Mediterráneo y no nos movimos de ahí por más de dos semanas.
—Vaya, Grecia es precioso. ¿Y cómo está Mika? ¿Cómo marchan las cosas entre ustedes?
—Espléndidamente bien. Hemos pasado por una crisis bastante fuerte, estuvimos a punto de divorciarnos. Bueno, en realidad yo fui quien tomó esa determinación. Ya sabes, siempre fui algo inestable e inseguro. Pero por fortuna ella me hizo entrar en razón y me ayudó tanto, en muchos sentidos. Es una mujer increíble.
—Me alegro mucho por ustedes. Y me gustaría conocerla algún día.
—Seguro, ya organizaremos una reunión. Así de paso yo también conozco a tu prometido —dijo Sammy con soltura y Serena lo miró con ojos enormes—. No pongas esa cara de susto —dijo riendo por su expresión—. Hoy hablé por teléfono con mamá y ella me lo dijo —y Serena se tensó de repente al recordar su encuentro con Ikuko—. ¿No vas a contarme? —insistió Sammy curioso—. ¿Quién es él? ¿Cómo lo conociste? ¿Cuándo será la boda? Más te vale que me invites, ¿eh? Porque no quiero perderme por nada en el mundo semejante acontecimiento, no como tú que te ausentaste a la mía —le reprochó riendo otra vez.
Serena se relajó un poco al ver la actitud desenvuelta y amable de su hermano. —Bueno, en realidad es algo muy reciente. Lo conocí hace unos meses, cuando Mamo falleció.
Sammy se puso serio al escucharla. Si bien nunca había conocido a Mamoru personalmente sabía que era alguien muy especial y querido por su hermana, y estaba al tanto de su delicada situación de salud, pero recién ahora se enteraba de que había muerto. —Lo siento —dijo apenado.
—Darien es su hijo —siguió ella—. Es decir, el hermano de Hotaru.
—¿El hijo de Mamoru es tu prometido? —preguntó él sorprendido, y Serena asintió con una tímida sonrisa, pero no se atrevió a decirle que el asunto del compromiso aún era algo que ni siquiera ella tenía claro—. No sabía que tenía un hijo, no me hablaste nunca de él.
—Es que ellos estaban algo distanciados y Darien regresó al pueblo justo el día antes que Mamo muriera. Fueron momentos muy difíciles, él se hizo cargo de la tutela legal de Hotaru, del negocio. Y bueno, con el tiempo nos fuimos conociendo más y ahora estamos juntos.
—Vaya, hermanita, por la cara que tienes se nota que estás perdidamente enamorada —comentó Sammy entusiasmado y Serena sonrió con timidez—. ¡Te felicito!
—Gracias…
—Bueno —volvió a hablar él después de una pausa—, como te comenté hace un momento, hoy hablé con mamá, y ella me contó todo lo que está pasando. Me dijo que esta mañana se encontró contigo en el juzgado, que discutieron y que después supo lo que habías hecho, que habías declarado ante el fiscal. Y sobre eso quiero que hablemos.
—Mira, Sammy, yo no sé qué te habrá dicho ella, pero la verdad es que yo no…
—No hace falta que me expliques nada, Serena —la interrumpió él—. Yo entiendo a la perfección por qué lo hiciste y me parece totalmente lógico y comprensible, yo en tu lugar habría hecho exactamente lo mismo —reconoció y ella lo miró sorprendida—. Aunque es muy probable que esto complique aún más la situación de papá.
—Lo sé, porque quedó en evidencia que él adulteró los documentos. Pero aunque yo no hubiera hecho nada, tarde o temprano esto se iba a saber lo mismo. Yo no lo hice para perjudicarlo, esa no fue mi intención, yo sólo quise…
—Está bien, Serena, no te pongas mal, no te sientas culpable, te dije que te entiendo. Pero lo que en realidad quiero decirte es que yo también estoy cansado de todo esto.
—¿A qué te refieres?
—A que durante todos estos años en que tú estuviste lejos de nosotros, yo me esforcé muchísimo por adaptarme a ellos, sobre todo a papá. Y lo ayudé en sus negocios, trabajando a la par de él, siendo cómplice en alguna medida de sus fraudes, sus mentiras. Pero me costó muy caro, ¿sabes? Y recién pude darme cuenta de lo falsa que era nuestra relación, nuestro estilo de vida, todo lo que teníamos cuando mi segundo matrimonio estaba al borde del fracaso.
—Lo siento. Y lamento haberme alejado de ti.
—Pero ahora que todo se arregló —continuó Sammy—, sé que necesito darle un rumbo distinto a mi vida, empezar de nuevo. Y creo que estoy a tiempo de hacerlo, recién tengo 25 años, acabo de reconciliarme con mi esposa, me he reencontrado contigo. Porque quiero que volvamos a acercarnos, hermanita —dijo emocionado—, que estemos juntos, que no permitamos que nuestros padres y sus locuras vuelvan a lastimarnos. Lo que a ellos les pase y cómo se ocupen de sus problemas ya no es asunto nuestro. Ya hemos sufrido demasiado por su causa, creo que los dos tenemos derecho a tener una vida tranquila y feliz, a no permitir que cosas que nada tienen que ver con nosotros nos sigan atormentando, porque…
—Sammy —exclamó Serena profundamente conmovida por sus palabras y sin dudarlo lo abrazó con fuerza—. Sí, Sammy, yo quiero lo mismo, yo quiero… —sin poder evitarlo comenzó a llorar con intensidad—. Sammy… —repitió con voz temblorosa.
Su hermano también la abrazaba con fuerza para contenerla y ambos podían demostrarse con ese abrazo que querían y necesitaban reparar su relación, encontrar entre los dos una nueva manera de reencaminar las cosas desde otro lugar, de ser los hermanos que nunca habían podido ser. Y sabían que eso era lo mejor para ellos, lo que más deseaban poder lograr, porque eran familia, y a pesar de haber estado tanto tiempo distanciados, se querían muchísimo, no tenían dudas de eso.
Cuando el llanto de Serena fue disminuyendo, se separaron y Sammy comenzó a limpiar las lágrimas de sus mejillas con una servilleta. —Sigues siendo una llorona cabeza hueca —bromeó.
—Es cierto, últimamente estoy más llorona que nunca —reconoció ella y los dos rieron.
—Creo que has tenido suficientes emociones por hoy. Así que mejor pidamos otro café y hablemos de cosas más agradables, ¿quieres? —sugirió él con una alegre sonrisa y así los dos pasaron el resto de la tarde sumergidos en una interminable y distendida plática, que se debían hacía años.
Y bue, en fin… Como les comenté más arriba, este cap ha tenido de todo un poco… Y aunque las cosas entre Serena y sus padres no se resolvieron de la mejor manera, creo que el hecho de poder reencontrarse con su hermano fue algo bueno para ella.
¿Y qué decir de nuestro amado dulce de leche? Volvió a sorprendernos y enternecernos a todas con lo amoroso, comprensivo y protector que se comporta con Serena… Ahhhhh suspiros a montontes… Y ni les digo cuánto vamos a suspirar con el próximo capítulo… La cita chicas! LA CITA! Jijiji!
Bueno, a continuación van mis respuestas a sus rws:
-yssareyes48: Creo que hoy todas volvimos a 'babear' por Darien y por ende a envidiar a Serena… Espero que te haya gustado el cap!
-brujitadcc: Nuestro amado 'adonis' sigue provocándonos suspiros… El problema del papá de Serena quizás no se solucionó del todo, pero parece que ella finalmente pudo dar una vuelta de página y enfocarse de ahora en más en tener una vida feliz como realmente quiere…
-Bepevikn: Perdón por haber sido malosa en el cap anterior y dejarte con las ganas de más miel… hoy tuvimos una dosis suavecita, pero preparate para el próximo cap que te prometo que se vendrá bien meloso, jijiji…
-romi: Sí sí, nuestros queridos tortolitos están cada vez más enamorados… Espero que también te haya gustado el cap de hoy.
-Jan: A pesar de que las cosas entre Serena y sus padres no terminaron de la mejor manera, parece que ella ha podido cerrar ese difícil capítulo de su vida. Y su relación con nuestro adorado 'bombón' sigue desarrollándose mejor que nunca…
-kaguya: Serena se decidió a ponerle los puntos a sus padres, y a partir de ahora podrá estar más tranquila y rehacer su vida con el 'bomboncito' de Darien…
-Ana: Hoy también tuvimos un poquito más de romance y miel entre nuestros queridos tortolitos, a pesar de los dramas de Serena y sus padres…
-Camony: Bienvenida a mi locura! Espero que el cap de hoy también haya sido de tu agrado.
Bueno estimadxs lectorxs, esto ha sido todo por hoy. Les agradezco una vez más por su eterno e incondicional apoyo y entusiasmo! Principalmente a quienes a pesar de todo siguen pendientes de esta historia y no me abandonan, valoro y aprecio mucho su interés!
Espero ansiosa sus reviews!
Besotototes per tutti,
Bell.-
