CAP 18
—Tú nunca has perdido la cabeza por nadie —replicó Letty, sonrojándose—. No es propio de ti. Además, igual que en el caso del señor Sinclair, ni siquiera me insinuaste que supieras de mi existencia.
—Lo mismo puede decirse de ti. Al parecer, los dos nos habíamos fijado en el otro, pero tú estabas comprometida con Owen y yo era demasiado joven. No tenía ni idea de lo que quería hacer contigo, más allá de follarte sin límites, pero no sabía cómo conseguirlo. Eres una criatura tan perfecta, tan inmaculadamente gloriosa, que me parecía obsceno, además de imposible, lanzarme encima de ti y echarte un polvo.
Que Letty no se escandalizase por su vocabulario tan directo demostraba que cada vez se sentía más cómoda con él, a diferencia de lo que habría sucedido apenas unos días atrás.
—Al parecer, ahora se te da mejor contener esos instintos, mucho más que cuando te vi en acción hace años.
—Contigo habría sido distinto.
Ella se sonrojó todavía más y apartó la mirada hacia la comida que había entre los dos.
—Quizá si Brian hubiese sido más atrevido, o más directo en cuanto a sus sentimientos por Mia , y no estoy insinuando que no sea considerablemente feliz con Vince...
—Yo evito especular sobre el pasado. La vida es como es. Intentar sacar lo mejor de ella ya resulta bastante difícil, no tiene sentido malgastar energías lamentando algo que no se puede cambiar.
Letty asintió dándole la razón, pero su mirada ausente delató lo confusa que estaba.
—Tú actúas decidido a no lamentar nada de lo que haces —murmuró casi para sí misma—. Mientras que yo siempre he optado por no hacer nada y así no tener nada que lamentar.
—¿Y quién decide cuál de las dos opciones es mejor?
—A mí me gustaría probar la tuya, al menos durante un tiempo.
Dom levantó la vista hacia el cielo para mitigar la presión que pudiesen ejercer sobre Letty sus siguientes palabras:
—Ahora es el momento perfecto. Ahora que estás lejos de casa puedes reinventarte y nadie tiene por qué enterarse.
—Tú te enterarás.
—Ah, sí, pero no se lo diré a nadie.
Ella dijo que no con un dedo y a él ese gesto le pareció encantador y juguetón.
—Me estás influenciando, pero todavía no sé si para bien o para mal.
—Yo sé exactamente lo que necesitas.
—¿Ah, sí?
—Completa libertad. —Se sentó—. Existe, y yo puedo enseñártela.
—La libertad siempre tiene consecuencias.
—Sí, pero ¿las críticas y la reprobación son consecuencia de la libertad o simplemente un incordio? ¿De verdad importa lo que los demás piensen de ti si tienes a tu alcance los medios para ignorarlos?
Letty exhaló y dijo:
—Empieza a importarme lo que pienses tú de mí.
—Estoy loco por ti. —Dom tomo la botella de vino que sobresalía de la cesta—. Y por ahora me gusta todo lo que voy descubriendo.
—No puede ser que los dos prescindamos de las convenciones sociales.
—¿Por qué no?
—Alguien tiene que ser la voz de la razón, y te elijo a ti para que lo seas.
—¿En serio? —se rió Dom.
—Intercambiaremos los papeles: yo me comportaré como si las consecuencias de mis actos no me importasen lo más mínimo y tú estarás pendiente de las normas de decoro. Te irá bien la práctica, teniendo en cuenta que quieres volver a entrar en sociedad cuando regreses a Inglaterra.
Él estaba más que intrigado por la escandalosa sugerencia de Letty .
—Vamos —lo animó ella—. Los dos sabemos lo bien que se te da romper las reglas; la cuestión es si eres capaz de seguirlas. ¿Puedes renunciar a un negocio, a un objetivo o a un deseo sólo por el mero hecho de que sea escandaloso? ¿Puedes dejar pasar una oportunidad sólo para evitar la censura?
—¿Y tú, puedes romper las convenciones? —preguntó él—. ¿Puedes seguir adelante con algo a pesar de que sea escandaloso? ¿Puedes aprovechar una oportunidad aunque corras el riesgo de que critiquen?
—Puedo intentarlo. —Le sonrió de un modo que él no le había visto nunca—. ¿Quieres que apostemos algo para que mi sugerencia te resulte todavía más interesante?
—Oh, así ya me parece muy interesante. —Intercambiar sus papeles abría un abanico de nuevas y sensuales posibilidades—. Pero ya me conoces, nunca rechazo una apuesta. ¿Veinte guineas?
Letty le tendió la mano.
—Hecho.
