Capítulo 21:

Los alumnos ingresaron a la sala de clases haciendo el conocido barullo mezclado de optimismo y desencanto... de alegría y tristeza... de polos opuestos... ¡Sentimientos adolescentes! Los veía tomar asiento llenando poco a poco la inmensidad absorbente del salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, alejándolo de aquellos pensamientos culpables que lo embargaban en su eterna soledad... Había estado recordando aquellos tiempos... Reflejado en los rostros de todos aquellos muchachos frente a él, vistiendo aquel uniforme, cargando esa libertad de vivir y errar, viviendo... Suspiró y se puso de pie.

-Buenas tardes, alumnos... –los saludó con un murmullo agrio y casi imperceptible. –Antes de comenzar la clases, necesito que dejen sus trabajos sobre el mesón...

Algunos alumnos se aventuraron en ser los primeros en alzar la marcha hacia el escritorio del profesor Snape con aires desconfiados, sin embargo, Severus hoy no tenía ganas de discutir ni enfrentarse a nadie. Estaba demasiado sumido en sus propios pensamientos como para distraerse por una ruma de mocosos ineptos... Sonrió levemente... ¿No había sido él también un mocoso inepto? ¿Un bueno para nada buscando una oportunidad? Sólo quería creer en algo que lo hiciera sentir vivo... que lo hiciera parte de algo, que lo llegara a convertir en una pieza imprescindible. ¿A cambio de qué? ¿De hundir a otros con él? Cuando había sido él quien se había salvado dejando a otros atrapados en su propia mentira... Él había logrado escapar... No todos lo habían logrado, aunque quisieran hacerlo, no podían contra él... contra Voldemort.

-En parejas por favor... –ordenó mirando de reojo a los muchachos sentados frente a él.

Sus ojos se posaron en una mesa a un extremo del salón... Podía verlos sonreír burlonamente... Quizás su mente le jugaba una mala pasada, pero estaban frente a él... Todos y cada uno de ellos... Podía ver a Lucius bromeando con William Parkinson, batiéndose a duelo de esgrima con sus varitas. Un poco más atrás reconoció el pálido rostro de Eulaly Huntington cuchicheando con la aún más pálida Narcissa Black, mostrándose sus nuevos tonos rosas para pintar las uñas... Unos asientos a la derecha pudo divisar a la rechoncha Victoria Nott discutiendo fervorosamente con un chico de cabellos sobre el rostro e increíblemente grasos... Meneó suavemente la cabeza y aquellas siluetas tan familiares dieron paso a otras facciones... Unos ojos castaños lo observaban tristes desde aquella mesa... Podía reconocer esa mirada donde fuera y no porque conociera a su dueña... podía ver en esos ojos ese vacío que podía reconocer en los propios... Pero yo podía hacer nada por ella, ni por él... ya no estaba en sus manos.

-¿Qué esperan? –preguntó Snape algo molesto de ver que los chicos no se movían de sus puestos. -¿Quieren que designe yo las parejas? ¿Ah?

Los chicos se pusieron en movimiento acercándose entre ellos... protegiéndose de la ira de Snape. Mal que mal, si los dejaba elegir a sus parejas de duelo estaban de suerte... No debían abusar de su buena fortuna. Y, entretanto los alumnos tomaban sus posiciones en el salón, Severus Snape parecía sumergirse nuevamente en sus pensamientos más oscuros y sensibles.

-¿Quién es ella? –preguntó un joven detenido frente a la celda de Victoria Nott. –No parece peligrosa...

-¿No la reconoces, Burk? –exclamó Ingram, el carcelero y auror a cargo de la nueva "visita ilustre" de la prisión de Azkabán. –Es la temida mortífago, la señorita Nott...

-¿Nott? –interrogó el moreno acercándose aún más a las rejas tratando de enfocar bien la vista. –Imposible... ¡Nunca la atraparían!

-Pues... –bufó Ingram sacando pecho e indicándose a sí mismo. –Este que tienes frente a ti le dio la baja hace unas semanas... Y ahí la tienes, de lo más domesticada.

-Bueno... –suspiró el joven inquisidor del ministerio. –Si tenerla sin comida, sin agua y sin asearse es parte de su nuevo comportamiento... ¡Te felicito, Ingram! Eres un gran auror... Quizás algún día llegues a Ministro o a Capitán de Movimiento de los Aurores. ¡Vaya dominio que has tenido con esta maldita! –miró a Ingram con una sonrisa macabra y alzó las cejas. –Bueno y ¿para qué me mandaste a llamar?

-Quiero que la hagas hablar... –exclamó el auror golpeando las rejas sonoramente y provocando que la morena prisionera pegara un salto. –Quiero nombres... detalles... planes... ubicaciones... ¡Todo sobre esos malditos!

Buck miró una vez más a la muchacha arrinconada al fondo de la celda... Era atractiva, peligrosa y seguramente algo violenta. Sonrió y le dirigió una mirada obscena a Victoria, quien sólo desvió la vista hacia otro rincón del lugar. ¿Valía realmente la pena todo esto? Soportar las humillaciones, los golpes... Si tan solo su sonrisa le devolviera las esperanzas... Pero aquella farsa había terminado hace tanto, que ya casi ni recordaba porqué había creído en él... Si dentro de ella no había más que odio, rencores y mucho dolor. Tal vez ver a muggles sufriendo bajo el poder que manejaba sin piedad podría darle algo de alivio, llenar su alma de algo más que esperanzas... recuperar con sus vidas la que ella había perdido.

-Vamos a ver... –suspiró Buck abriendo la celda y caminando hacia Victoria. –¿Vas a cooperar, Nott?

-¿Y tú qué crees? –respondió mirándolo a los ojos. –Puedes dejar ya las amenazas y tomar el camino que han elegido todos...

-Y ese es... –murmuró mientras la muchacha se puso de pie y se quitó la túnica. –Interesante... y inimaginablemente seductor...

El joven inquisidor se acercó a Nott y la arrojó violentamente al suelo... Quizás ellos no lo sabían, pero el entregarse de esa forma sólo ejercía un poder ante ellos... Dos segundos más de vida, unas cuantas respiraciones más, algo más de tiempo para que su esperanza que Lucius llegara por ella se continuara extinguiendo entre los gemidos calurientos del hombre entre sus piernas.

El amargo sabor de sus lágrimas colmó su boca, al tiempo que Buck saboreaba sus labios de forma lasciva y ansiosa. Sus manos ardientes y húmedas la recorrían con fiereza dejando lejos de ella lo sentido hace tanto en brazos de quien sabía mentir tan bien, que hasta sus falsos besos le sabían a verdad. Un dolor leve en su abdomen bajo la trajo de vuelta a la realidad... todo había terminado... El ardor se calmaría en algunas horas, ya lo sabía... lo conocía. Sólo deseaba que alguna vez pudiera sentir nuevamente el placer de entregarse a otro por amor, creyendo en ello... cuando ya dentro de ella no existía espacio para otro sentimiento que no fuera la desolación.

La noche caía nuevamente en Hogwarts, abrazando cada rincón con su manto de fría penumbra sólo atenuado por el ligero balanceo de la vela sobre su escritorio. La habitación era demasiado espaciosa para quien no alcanzaba a ocupar más de medio metro cuadrado de ella... Quizás desde otro punto de vista le parecería diferente, pero aquello era irrealizable, mas no imposible. Se acercó a la ventana y alcanzó a penas el templado vidrio con su manita arrugada... ¡Aquel no era él! No la sombra triste que esperó alguna vez ver en su reflejo al envejecer, no era quien imaginó llegar a ser... ¡nada tenía sentido! Ni su vida, ni sus decisiones... ni este rostro sin identidad... robado.

¿En qué minuto decidió venderse? ¿Cuándo dejó de creer en que el rescribir su historia tenía sentido? ¿En que la verdad valía menos que la desconfianza? Aquel sentimiento de incertidumbre llamaba a gritos la presencia ausente, aunque cercana de su pasado perdido... Cómo extrañaba su reflejo en los espejos, su voz siseando retumbar en sus oídos... si tan sólo ella lo supiera. Pero no debía, no podía involucrarla en su macabro juego, no a ella. No cuando en su recuerdo podía tenerla por siempre, no cuando mostrarle la verdad pudiese significar su fin. ¡Cobarde! Mil veces cobarde, mil veces idiota, mil veces... mil veces la pensaba.

Sonrió a su reflejo entristecido tras esos añosos ojos enrojecidos. No recocía en ellos nada que le perteneciera, ni en su brillo malicioso ni en su penetrante mirada... Nada le pertenecía, ni siquiera su vida, menos su voluntad. Se había entregado absurdamente a quien rechazaba, sólo por no querer luchar limpiamente por su libertad, sólo porque sabía que en la mente del ministerio no habría lugar para su inocencia... ¡Manchada vida, marcada existencia! Un destino escrito por otros, que ahora tatuaba su piel dejando entre ver su triunfo por sobre... por sobre aquella sonrisa inocente y esos anhelantes ojos castaños.

-Perdóname, Hermione... –suspiró desviando la mirada hacia el suelo, negando aquella figura pequeña y escuálida que no le pertenecía. –Pero ésta es mi manera de luchar... Aunque tenga que negarte, negarme e inclinarme frente a quienes detesto... Era ya mi destino, desde mucho antes que yo mismo lo supiera. –caminó hacia la cama y se sentó a los pies. –Quisiera poder evitar que tu risa me afecte, que tu voz me doblegue las fuerzas que él aún no ha consumado, las esperanzas que la oscuridad no ha envuelto... Sólo... sólo quisiera una razón para hacerlo, para arriesgarme, para... sólo para verte a través de mis ojos una última vez.

Había evitado sentir aquello toda su vida, se había prometido a sí misma no cometer aquel estúpido error... Porque si había en su ser algo de raciocinio, ello no le sucedería, no mientras su cabeza dominara lo que solía llamar "hormonas"... Pero... ¿qué hacer cuando el sentimiento la embargaba a cada segundo, su mente lo pensaba en todo momento y su cuerpo pedía sentirlo con una necesidad que bordeaba su vitalidad?

Negó con la cabeza, intentando borrar su sonrisa, acallar el susurro de su voz... ¿Dónde había quedado su entereza impenetrable? ¿Su firmeza irrevocable ante tan débil ilusión que cobraba fuerza a cada mínimo indicio de esperanza? (n/a: me encantó esa frase, sorry tenía que decirlo) No debía, no correspondía... La haría vulnerable, maleable... La haría sentir viva, para luego dejarla morir añorando lo perdido.

-Me voy a dormir –se estiró Pansy dejando caer la pluma al suelo –Estoy exhausta...

-¡No botes mis cosas! –exclamó Blaise molesto recogiendo la pluma y dejándola sobre la mesa. –Ya le arruinaste la punta... –la observó detenidamente acercándosela a la nariz. –Me la debes, Parkinson...

-¡Cállate, Zabini! –bufó Elloise poniéndose de pie. –Puedes quedarte con la mía... –recogió sus cosas y salió veloz de la sala común.

Los chicos se observaron un segundo... Elloise Essex llevaba algún tiempo comportándose de aquella manera. Evitando conversar, apenas alzando la mirada... Ya ni siquiera comía. Y, hablemos con la verdad, en el caso de la morena Slytherin el dicho "comer para vivir" se aplicaba como "vivir para comer". Sus notas habían bajado aunque se reunía casi todos los días con los otros dos muchachos a preparar los contenidos de los ramos... Parecía que su mente se hallaba en otro sitio... muy lejos... Aunque, quizás, no tan distante de...

-Ya te digo, Blaise –suspiró Pansy jugueteando con su cabello. –Elloise se enamoró...

-¿Elloise Essex? –exclamó el moreno sorprendido acercándose a su compañera. -¿Nuestra Elloise Essex? ¿La reina del sarcasmo y la ironía? ¿La bien alimentada morena?

-Sí, sí... –asintió la rubia risueña. –La misma... ¿No lo has notado? Ay... –suspiró otra vez con cierto aire anhelante y ensoñado –Si pasa todo el día embobada en sus pensamientos, sonrojándose cuando se la sorprende soñando despierta... –Blaise alzó una ceja con un gesto burlesco ante las descripciones de Pansy. –En fin... ¡Me alegro por ella!

-¿Y de quién? –preguntó el Slytherin tomando la pluma que Elloise había dejado sobre la mesa en reposición por la víctima de Parkinson. -¿Quién pudo traspasar su careta de chica firme?

-Yo diría que otro igualito a ella... –sonrió Pansy mirándolo maliciosamente y el chico de devolvió una mirada desconcertada. -¡No te hagas el que no te has dado cuenta, Blaise!

-Pues no... –contestó cerrando el libro de Encantamientos frente a él. –Seguro ha de ser ese Gryffinlooser de Thomas...

-¡Tente más fe, Zabini! –exclamó la rubia Slytherin palmoteando al muchacho en la espalda en gesto de apoyo. –Mira, no eres del todo idiota, puedes ser muy tierno y... hasta romántico si te lo propones... y, aunque no eres mi tipo, no estás feo.

-Creo que tomaré eso como un halago –bufó el chico mirándola de reojo. –No quisiera que Elloise se enamorara de mí... No, no es que no me guste... ¡Merlín! Adoro a esa chica... Pero... –la rubia lo observó fijamente. –No lo entenderías...

-¡Claro que lo hago! –chilló Pansy molesta. –Es porque no es una modelo... ¿cierto? O... ¿por qué es sangre sucia? O... ¿por qué tiene menos tacto que Goyle?... Todo es un pero cuando se trata de Elloise Essex... –el moreno trató de interrumpirla, mas una mirada amenazante de la chica lo detuvo en seco, dejándolo con la palabra en la boca. –No eres el único, Blaise... No eres el único chico que ha estado interesado en ella y por el "qué dirán" no ha decidido toma el riesgo... Polkins es un ejemplo.

-¡Sabes que Elloise nunca se tomó enserio lo de Polkins!

-¿Cómo hacerlo si sabe lo que sucederá? –preguntó la chica poniéndose de pie. –Por un segundo te creí diferente a los otros, Zabini... Pero eres igual que todos ellos... ¡No! Eres peor que ellos, porque ni siquiera aceptas que te importan las mismas mierdas que a ellos... ¡Buenas noches!

La rubia subió hacia su habitación mientras Blaise Zabini se quedaba solo frente a sus libros... Pensativo y muy serio.

-Si sólo supieras, Pansy... –suspiró dejando caer su mentón en sus manos entrelazadas sobre la mesa. –Tampoco querrías que ella me quisiera...

Se puso de pie y tomando su túnica negra de sobre un sillón, salió de la sala común y de las mazmorras.

-Estás muy callada, Herms –comentó Ginny untando una tostada con mermelada. -¿Sucede algo malo?

-No es nada, Ginny –suspiró la castaña Gryffindor revolviendo su café cadenciosamente. –Sólo estoy algo cansada...

-¿Pasaste mala noche? –preguntó Parvati sentándose frente a las chicas. –Podrías haberme pedido mis pastillas para dormir... pasar malas noches arruina tu piel.

La muchacha se concentró en su reflejo sobre el metal plateado de la frutera y comenzó a pellizcar sus mejillas para darle algo de rubor. Algunas lechuzas entraron al comedor dejando caer sus encargos sobre la mesa y regazos de sus dueños reunidos a la hora del desayuno. Un ave negra de plumas brillantes y visiblemente alborotadas se detuvo frente a Hermione. La chica tomó de sus garras el pergamino perfectamente enrollado, buscó algunas monedas y las introdujo en la bolsita de terciopelo que cargaba la lechuza.

Varios murmullos invadían el Gran Comedor, chirridos de tazas y conversaciones interrumpidas por la ingesta ansiosa de algún bocado parecían envolver el ambiente tranquilo del colegio. Los días de calma parecían haber regresado, dejando atrás un pasado tortuoso repleto de lamentos y llantos sordos que nada querían oír de consuelo. Las heridas parecían haber cerrado, olvidado a quien las marcó en tantas almas perdidas, dejando sólo las huellas de un recuerdo amargo.

Lejos de la tranquilidad del alumnado, dos corazones se reunían en un mutuo pensamiento sin acuerdo... Se habían prometido dejar de pensarse, dejar de extrañarse... pero jamás olvidarse. No existían un trato de por medio, menos un compromiso de pacto silencioso que ocultase las añoranzas de un pasado dulce, de una realidad fantaseosa... de deseos que sólo dejaron un vacío, una nada que ahora compartían sin siquiera saberlo.

La mirada cansada y severa de Zweig Marais se detuvo un segundo en aquella silueta distante que parecía llamarlo, tentarlo a dejarlo todo. Podía reconocer en el rostro sonriente de Hermione un gesto que lo intranquilizaba y, por un segundo, creyó que no había terminado... que las esperanzas retomaban las riendas de su destino. Sonreía... lo hacía... En sus labios se dibujaba el pacto acordado, el trato que sí se habían hecho... Nunca dejarse vencer... nunca demostrar que aquel sentimiento de desesperanza los derrotaba cada día, que la razón para despertar había dejado de existir junto con la esperanza de un mañana... No cuando el futuro era incierto, cuando las fuerzas para seguir luchando los abandonaban con el sólo hecho de reconocer que Él tenía el control completo de sus vidas... que podía destruirlas... ¿O ya lo había hecho?

Hermione alzó la mirada del periódico aún enrollada sobre la mesa. Entre los otros estudiantes pudo sentir la mirada del profesor de Pociones... No era la primera vez que lo sorprendía mirándola, no era la primera vez que sentía reconocer en él algo que le hacía volver a creer... en olvidar esas palabras imborrables de aquel pergamino... de la carta...

Estiró El Profeta desviando su vista de la rojiza mirada que tanto amargaba su alma... Que le traía insulsas esperanzas en las que no quería creer... las que dolían más que su falta, más que su indiferencia.

-¿Novedades? –preguntó Ron asomando su cabeza pelirroja por sobre el hombro de su amiga. –Mmm... Basura... basura... ¿¡A quién puede interesarle el nuevo contrato de comercio con Uzbekistán!?... ¡Hey! Mi padre sale en el periódico...

-¡Cierto! –chilló Ginny tomando la misma posición que su hermano, tapando completamente la vista del diario a su propietaria.

-¿Qué sucede? –preguntó Harry tomando asiento frente a los tres Gryffindor. -¿Chicos?

Ron estiró la primera plana del periódico con la palma de la mano. Su rostro reflejaba completo orgullo sobre lo que su vista recorría con tal velocidad que sus ojos azules parecían bailar sobre el pergamino.

-Escuchen esto... –se aclaró la voz y elevó El Profeta frente a él. –"Las últimas redadas del Ministerio han desbaratado una red de contrabando que operaba desde comienzos del presente año. El jefe de la brigada de decomizadores de la sección sobre el uso indebido de la magia, Arthur Weasley, en compañía de sus agentes lograron dar con el paradero de cientos de objetos ilegalmente hechizados..."

Toda la mesa Gryffindor parecía escuchar atentamente el relato, mas la mente de una castaña muchacha se hallaba kilómetros por fuera de aquella realidad... ¿decomizadores? ¿Objetos ilegalmente hechizados? ¿Qué era aquel logro en la oscuridad que, presentía, se acercaba sin remedio? Si bien, era una noticia que seguro traería alegría y, quizás, algo de status a la familia Weasley, estaba tan distante de su vida como Draco Malfoy... Pero, ¿por qué lo pensaba como si aún estuviera presente? ¿Era tan absurda la idea de mantener la esperanza? Aún cuando él mismo había marcado las líneas, tachado la posibilidad de soñar... ¿Era lo que él realmente quería? ¡Maldita mente ilusa! ¿Por qué tuviste que ser tan fructífera? ¿Por qué no un poco menos idealista? ¿Por qué es cuando más se necesita razón, es cuando la emoción se le sobrepone? Si, después de todo, sueños son sólo eso... conjeturas... esperanzas infundadas en cambiar el sentido de lo que está escrito... escrito de su puño y mano, desde su corazón... ¿o sería desde su razón? ¿Por qué no creer que él también se estaba intentando convencer de que esto no tenía sentido? Quizás, ella no estaba sola... quizás él también la pensaba, la extrañaba... la necesitaba como ella a él. ¡Estúpida mente! ¡Estúpida mente soñadora, maldito corazón esperanzado! ¿En qué minuto sucedió esto? ¿En qué minuto él se clavó tan firmemente que ni un poco de raciocinio podía alejarlo? Si nada de aquello tenía sentido... nada... Separados por el destino, por sus raíces... separados sólo por una mentira de olvido en la que se refugiaban cuando se sentían caer.

-Vaya... –suspiró Hermione saliendo de sus pensamientos. –Esto, seguro, le valdrá un ascenso a tu padre...

-Sí, sí... –asintió el pelirrojo aún con ese brillo de triunfo en sus ojos y la sonrisa estampada en su rostro.

Un barullo invadió el comedor. Tres chicas Hufflepuff chillaban desesperadas siguiendo a la robusta figura de la profesora Sprout. Las miradas del alumnado se detuvieron en la escena, que irrumpió cortando con la armónica cadencia del ambiente, y ahora se acercaba hacia la mesa de los profesores.

-¿Qué habrá pasado? –murmuró Harry cruzando miradas con sus compañeros.

Lavender Brown se sentó algo agitada junto a Ron. Abanicaba sus manos ante su rostro descompuesto, limitándose a suspirar, lo cual atraía la atención de los chicos Gryffindor.

-¿Qué ocurre, Lav? –preguntó el pelirrojo a su lado doblando el periódico al tiempo que la morena escondía su cara entre sus manos. -¿Qué?

-Han atacado... –chilló asustada colgándose del brazo del muchacho. –Han atacado a una Hufflepuff... No volvió anoche a su dormitorio... La encontraron esta mañana cerca de la torre de Astronomía...

-¡Merlín! –exclamó Ginny volteándose hacia la mesa de los profesores, donde los rostros no lucían de los más animados. -¿Quién ha sido? ¿A quién?

-Fiona Hausdorf de 6º año –dijo Lavender sin soltar a Ron, quien se había vuelto visiblemente rojo. –Dicen que en la pared junto a donde la encontraron estaba... ¡Merlín!... La... la... la marca...

-¡Diablos cornudos! –chilló Luna acercándose a los Gryffindor, tomando por sorpresa a Hermione quien pegó un respingo. -¿Quiere decir eso que están acá? ¿En Hogwarts? ¿Dentro del colegio?

-¡Cómo saberlo! –exclamó Harry al tiempo que el director se ponía de pie.

El barullo cesó de pronto y todas las miradas se posaron inseguras en la alargada silueta de Albus Dumbledore. El director lucía afectado, su mirada tranquila vislumbraba un profundo desconcierto... Aquello no podía estar ocurriendo... No dentro del colegio, no frente a sus narices.

-¡Prefectos! –exclamó caminando frente al cuerpo estudiantil. –Dirijan a sus compañeros a sus casas... Las clases se suspenden hasta nuevo aviso...

Los azules ojos de Dumbledore se posaron brevemente en los verdes de Harry. Él lo sabía, estaban dentro, entre ellos... Pero ¿cómo saber quién había perpetuado el ataque a la Hufflepuff? ¿Por qué ella?

Los alumnos comenzaron a ponerse de pie en un silencio mortal que parecía penetrar profundamente en la mente de Potter... ¿Sería posible? Volteó a su derecha, ahí al fondo del comedor, oculto tras la figura de Snape... Zweig Marais... ¿Sería posible que el vejete de Pociones pudiese tener algo que ver con todo esto?

-¿Cómo está Hausdorf? –preguntó Ginny a Luna antes que la chica volviera con los Ravenclaw -¿Se recuperará?

-No lo sé... –suspiró volteando hacia su izquierda donde un muchacho rubio parecía no encontrar consuelo en las palabras amables de sus amigos. –Pero su novio es de mi casa... Luego te cuento... ¡Nos vemos!

Harry siguió la figura de Luna perderse entre los Ravenclaw y su mirada se cruzó fugazmente con los ojos celestes del chico rubio. Parecía rogarle que encontrara al culpable... y lo haría. Se lo prometió en cuanto el contacto ocular se quebró. Encontraría al culpable... Los próximos serían los sangre sucia, los mestizos y... él mismo.