Disclaimer: Todos los personajes correspondientes de Death Note no me pertenecen. A excepción de múltiples OC mencionados.

19

PASTEL DE FRESA

lawliet

Toque la puerta. Dos veces. Debía de ser paciente, suponía yo. Hacia un par de minutos atrás, quizá alrededor de media hora que se había retirado de la sala.

Espere un par de segundos. Estaba comenzando a pensar cuáles serían las posibilidades y maniobras si ella se negaba a abrir la puerta. Quizá, podría cuestionarle a Near si podía venir conmigo a tocar la puerta y me permitiera entrar.

— Puedes pasar, cariño — El timbre de su voz se interpuso tras la puerta. Ruborice un poco al pensarlo, más tome aire nuevamente y abrí la puerta con cuidado, para entrar y cerrar la puerta a mis espaldas.

La encontré recostada en el piso, justo al lado de la estantería. Sus ojos se dibujaban en el suelo con las puntas de sus pies tocándose. Su cabello estaba mojado mientras hacia cepillándolo mientras miraba hacia la nada. Se veía frágil y delicada — Por primera vez la vi vistiendo un vestido. Normalmente utilizaba sus pantalones cortos y su blusa de tirantes. Más hoy, tenía una excepción. Era un vestido blanco, tenía bordados y le llegaba a sus rodillas. Sus piernas extendidas, aquella suaves y delicadas.

Se veía hermosa, y su cabello aún seguía mojado. No entendía porque había decidido cambiar su ropa; ¿Por qué, simplemente? Ella alzó su rostro. Sus mejillas rosadas.

— Yo...Venía a pedirte disculpas — Mencione en voz baja.

— Está bien — Ella murmuró mientras cerraba sus ojos.

Se veía triste. En realidad creí que estaba molesta, no entendía porque su cambio de humor tan repentino.

—...Te traje pastel — Dije para enseñarle el pedazo.

Más esto no la animó en lo más mínimo.

– Si...gracias. Está bien.

Me quede callado. Coloque el pastel al lado de su café en la mesa de noche para dirigirme hacia ella. Le mire con cuidado. No sabía que decirle.

— Perdón por ser imprudente e corromper tu privacidad. Después de todo no me tienes la confianza. Y aunque la tuvieras, sería tu decisión. Es algo personal tuyo y fue, realmente desconsiderado..

Ella me callo. Sus ojos aguados me miraron.

— ¿Podrías hacerme el favor de cerrar la puerta, simplemente?

— ¿Quieres que me retire? — Cuestione.

— No. No quiero que te vayas. Más quiero que cierres la puerta con seguro, por favor.

Seguí sus órdenes. Suponía que era diferente si estábamos en su habitación; seguía desenredando su cabello húmedo más sus mejillas aún hacían mojadas por sus lágrimas.

— ¿Podrías sentarte? — Señaló al lado vacío, al lado de la estantería - específicamente a su lado.

Me coloque en el piso, me inmuté a sentarme en mi posición común y escuche la manera detenida que hacia fricción el cepillo con su cabello.

Dile cumplidos.

— Tienes el cabello largo — Murmuré.

Ella alzó el rostro y me miró unos segundos. Me sonroje. Sus ojos deslizaron nuevamente y volvió a pasar el cepillo sobre su cabello.

— Si — Comenzó — Beyond solía ser muy brusco conmigo. Y si, tenía una obsesión con mis pechos. Y si, también, solía morderme en el pecho la mayoría de las veces. En ocasiones parecía más obsesionado con mis senos que en tener relaciones en general.

Me estaba respondiendo todas mis preguntas. Todas las que había hecho.

— Bien...— Murmuré para ahora mirar su cabello caer, aún estaba desenredando las puntas. Nunca había tenido el cabello suelto más podría jurar que aparentaba llegarle por abajo de sus caderas —, ¿Alguna vez haz estado embarazada?

La pregunta pareció golpearle. Sus ojos se colocaron llorosos.

— Nunca...

– ¿Beyond alguna vez te cuestionó por tener hijos de sangre?

— No. Nunca lo hizo...— Ella susurro en voz baja.

—...Entonces mi análisis es incorrecto — Murmuré para mí mismo.

Ella giro a mirarme. Colocó el cepillo en el suelo para tomar una especie de crema para cabello en las puntas. Seguía con su cara triste y nostálgica.

— Muchas veces, las personalidades nostálgicas buscan mujeres de figuras voluptuosas, tanto caderas como senos ya que esto indica fertilidad. Las caderas, que la mujer puede conceder hijos y los pechos que puede amamantar. Muchos hombres, con personalidades de estos rasgos no se atreverían de herir a la figura materna: no porque la ven como un remplazo que les otorgará atención. En segunda...¿Beyond solía amamantarse de tus pechos?

Estaba ruborizada. Sus mejillas estaban más que rojas. Parecía que sus lágrimas se habían desvanecido después de todo.

— Si. Lo hacía — Ella mencionó para mirar a sus pies.

— Fascinante...– Murmuré. Ella me miró con los ojos abiertos — No me refiero a eso. Me refiero a el hecho que las probabilidades de que existan menos riesgos a que te haga daño a ti. Tiene una obsesión contigo, Kat. El propio Beyond hace sintiendo envidia que te hayas quedado. Las posibilidades de que el asesinato sea para hacerme molestar son pocas; lo hace por ti. El está buscando que tú regreses con el. Lo que indica...que disminuyen las sospechas del setenta y dos a un trece por ciento. Beyond...nunca te haría daño, a pesar de ser agresivo en ocasiones...

Frene. Seguía ruborizada.

— ¿Por qué me preguntaste si alguna vez estaba embarazada o si el alguna vez me pregunto qué tuviéramos un hijo..?

— Podrías estar en tu etapa de galactorrea. Esto crea una unión psicológico entre el individuo que induce al consumidor y la mujer que está produciendo lactancia al momento de amamantar a...

Ella ruborizo más. Cubrió su rostro. Parecía querer morirse de la vergüenza. Me detuve al mirar su cuello. Parecía que inclusive sus piernas parecían rojas.

Ambos nos quedamos callados. Principalmente porque sabía que se estaba incomodando y ya tenía suficiente con que minutos atrás. Si debía de frenar, debía de frenar. Trataba de ser amable.

Aunque era un silencio incómodo inclusive para mí, permití que ella lo rompiera. Su rubor había desaparecido. La observe levantarse del suelo e irse a dirección a una bolsa de maquillaje en sus cajones.

Me quede ahí, viéndola. El cabello comenzaba a hacerle en rizos y caerle. Su cabello comenzaba a tomar forma y a secarse de manera natural.

Me quede observándola. Ella se aproximó a mi y se sentó enfrente de mi. Colocó la bolsa de maquillaje sobre sus piernas y me miró de reojo. Tenía flequillo. No sabía que tenía flequillo.

— La hormona prolactina estimula la secreción de lactancia — Mencionó ahora, su rubor se hizo mínimo más seguía presente — Sin necesidad de embarazo. Son casos mínimos, más suceden ocasionalmente.

Mi dedo se colocó sobre mi labio. Mis ojos penetraron los castaños de ella. Había distancia entre nosotros más juraba sentirla mínima. Podía verla. Había aproximadamente un metro y aún así, podía desviarme un poco del tema. El cabello le caía angelicalmente a sus pechos, mientras sus ojos se disponían a abrirse como grandes esferas — Sus labios se veían rosados.

— Me gustan tus labios. Parecen fresas sobre un pedazo de pastel — Admití mirándolos. Ella ruborizo más para mirar hacia otra dirección.

— ¿Por qué haces esto tan incomodo? — Kat maldijo en español mientras cubría a su rostro avergonzada.

— No trato de hacerlo incómodo. Trato de ser amable y te digo cumplidos — Mencione aturdido — ¿Te agrada la gente amable, no es así? Eso es lo que hacen. Normalmente adulan a las personas con cumplidos. Y tú eres amable con todos. No me gusta hacerte sentir incomoda más otra parte en realidad...

Al decir estas palabras, su rostro se suavizó por completo. Se veía confundida en unos instantes para después colocar una mano sobre mi hombro. Inclinó su rostro ligeramente hacia el mío. Sus ojos seguían curiosos, tomo mi barbilla y me hizo observarle con claridad. Parecía leerme. Sus ojos desprendieron aquel brillo particularmente dorado y naranja.

No sabía que estaba haciendo. Tampoco comprendía porque sus ojos desprendían aquellos colores tan particulares; más era hipnótico.

Cerró sus ojos. Y al abrirlos note su expresión facial completamente diferente; nuevamente sus ojos castaños se inmutaron a mirarme.

No entendía sus emociones. Trataba de capturarlas más mi corazón se partía en pedazos, lugar por lugar y desconocía el porque. No soltó mi mandíbula. Tampoco me grito. No acaricio mi rostro más al contrario, retiró de sus piernas su bolsa de maquillaje. Nuestras rodillas rozaron ahora. Enrosco sus brazos alrededor de mi cuello y me abrazo. Estaba aturdido. Confundido.

No la entendía. Estaba molesta conmigo por preguntarle cosas de la investigación y después, hacia indignada. Finalmente, me miraba con sus ojos raros y después me abrazaba. No entendía si todas las mujeres eran así.

— ¿Fueron los cumplidos? – Mencione aturdido.

Optó por hacerme la sorda. Beso mi frente. Desconocí el porque.

— Kat, me acabas de gritar – Mencione, siendo realista.

— Ando sensible, perdón. Más quizá fue el pedazo de pastel que me diste.

Era muy listo. Más era despistado en ciertos temas; este era uno de ellos y de ingenuo le creí.