CAPITULO 20

-Dom y Leticia han corrido diez kilómetros para venir aquí, Denisse. Y Dom llevaba botas - dijo el padre de él con orgullo.

-¿Has venido corriendo para verme? -preguntó su madre, sorprendida.

Dom sabía que cada vez se hundía más en el barro, pero ya aclararía todo aquello cuando su madre no estuviera tumbada en una cama de hospital conectada a máquinas y con un tubo de oxígeno en la nariz. ¡Sus padres parecían tan complacidos por la confusión de su relación con Letty !

-Bueno, diez kilómetros no. Nos han traído en coche los últimos.

-¿Con botas?

Dom nunca habría creído que fuera tan importante para ellos. La emoción le formaba un nudo en la garganta.

-Tenía que ver si estabas bien -dijo con brusquedad.

A su madre no pareció importarle su tono.

-Eso es maravilloso.

-Es un hombre maravilloso. Deberían dedicar algo de tiempo a conocerlo -dijo Letty.

A pesar de la suavidad de su tono, sus palabras sonaron como un reto.

Nadie dijo nada por un momento. El señor Toretto se enderezó un poco con los labios apretados. Dom casi dio un respingo cuando vio que se suavizaba su rostro y tomaba la mano de su esposa.

-Creo que tiene razón, señorita. Sospecho que nuestro hijo es maravilloso.

Aquello era lo más cerca que habían estado nunca de un momento familiar entrañable. Dom se emocionó.

Y casi agradeció que John entrara en ese momento por la puerta.

-Doctora Miller, ¿qué hace aquí?

¿Qué hacía John allí?

Dom miró a Letty.

-¿Esto es obra tuya?
Ella asintió.

-No sabía lo que te ibas a encontrar. He pensado que podías necesitarlo -le dijo al oído. John se acercó y le pasó un brazo a Dom por los hombros.

-Gracias por cuidar de mi chica.

-¿Tu chica? Pero nosotros pensábamos... -la enferma frunció el ceño confusa.

John sonrió.

-Sí. Letty y yo estamos prometidos. ¿No se lo ha dicho Dom ?

-No. Nadie ha mencionado ese detalle -declaró el señor Toretto .

-Pero Dom y Letty ... -la madre de Dom parecía al borde de las lágrimas.

-John es muy bromista -Letty lo miró muy seria-. Deja de burlarte de la doctora Miller -miró a la tiene que descansar. Chicos, Vamos a tomar un café.

La madre de Dom sonrió.

-Ah, una mujer como a mí me gustan, de las que saben asumir el mando -miró a su hijo-.Me gusta, hijo.

-A mí también -declaró su padre.

Bueno, pues ya eran tres, porque a Dom también le gustaba.

-Soy un tipo con suerte.

-La afortunada soy yo –Letty lo miró con adoración.

-Pero... –John los miraba a los dos, confuso...

Letty lo interrumpió.

-Un café con hielo sería una maravilla, ¿verdad? Vamos a buscarlo -tomó a John del brazo.

-¡Ay! Me pellizcaste.

-Perdona -miró a la madre de Dom -.Procure descansar.

-Lo haré. Gracias por venir con mi hijo -miró a Dom -. Pasarás por aquí antes de marcharte, ¿verdad?

-Sí. Duerme un poco.

Letty sacó a John de la habitación. Dom los siguió.

-¿A qué venía eso? -preguntó John en cuanto salieron al pasillo.

-Cállate -le dijo Letty , cortante-.Necesito desesperadamente una taza de café para sentirme humana. Luego hablaremos.

Siguió andando. Richard se separó de la pared en la que estaba apoyado y se acercó a John . La mirada que pasó entre ellos era una mirada inconfundible de amantes.

-Veo que te has traído a la coalición del arco iris -comentó Letty.

Richard la miró de lado a lado y se agarró del brazo de John .

A Dom le resultaba desconcertante ver a su mejor amigo del brazo de su amante gay. Pero, en general, no mucho más que encontrarse a Letty en su cama o descubrir que sus padres pensaban que era gay. En conjunto, había sido una noche muy curiosa. Y todavía no había terminado.

Bajaron en el ascensor. A las tres y media de la mañana, eran los únicos pasajeros.

Cuando se cerraron las puertas, John respiró hondo y olfateó el aire como un perro de presa. Palideció visiblemente y miró a Letty y luego a Dom.

-ustedes dos se han acostado juntos - no era una pregunta.

-¿Pero qué dices? -lo desafió Letty.

-Ustedes dos ... han tenido sexo –John miró a Dom -. No puedo creer que te hayas acostado con mi prometida... ^.^