Poco menos de un año antes.
Habían pasado ya tres meses desde la noche en que Francis se presentó a la puerta de Arthur, con lágrimas en los ojos y en busca de consuelo. No había hallado lo que necesitaba, en ese entonces no conocía a Arthur en profundidad y tampoco sabía sobre las contradicciones en su personalidad. Con ingenuidad había creído que sería protegido en sus brazos, al menos por un tiempo.
—¿Hasta cuándo tendré que hacer esto? —preguntó Francis en voz alta antes de beber un sorbo de su café. Winifred, que preparaba una taza para ella misma, no se molestó en girarse para contestar.
—Hasta que yo diga que te detengas.
—¿Tomará mucho tiempo? Ya llevo más de un mes —explicó y tras una pausa continuó—. Es que no me hace sentir muy cómodo.
—Debiste haberlo pensado antes de aceptar —dijo con una breve risa. Acto seguido tomó asiento frente a Francis y lo penetró con la mirada cuando notó que deseaba seguir hablando del asunto.
—Es verdad que necesito el dinero, pero puedo dejarlo en cualquier momento si llegas a excederte.
La mujer soltó otra risa, no tan divertida como burlona.
—No podrías dejarlo ni aunque quisieras, ¿sino de dónde más sacarías semejante suma?
Sin decir palabra, y ahora con el rostro contorsionado por el enojo, Francis terminó su café.
—¿Por qué lo haces?
—Simplemente deseo lo mejor para mi hijo, no quiero que cometa los mismos errores que yo. Todos debemos aprender a confiar en la gente. Procura que no salga lastimado, esto es importante, una vez que te haya aceptado en su vida debes esperar y luego hacer que te deje, él debe creer que tiene el poder de la situación, ¿comprendes?
—La verdad que no. Sería mucho más honesto y saludable si lo dejaras que madure, ¡como todas las personas! Cualquier cosa es preferible a manipularlo, sin ofender.
—Pues sí me ofende. Lo que intento es cuidarlo, soy todo lo que tiene —afirmó Winifred.
No, pensó Francis, se tiene a sí mismo. No dijo palabra al respecto, sino que optó por cambiar de tema.
—¿Cómo supiste de mí? ¿Debo creer que una persona tan cerrada como él te habló de mí?
—Tengo mis fuentes.
Francis la observó por unos segundos, pensando que quizá lo mejor era desistir. Últimamente tomaba decisiones sin pensarlo demasiado con el fin de no sentir asco hacia sí mismo. Podía seguir haciendo la vista gorda por más tiempo, pero sabía que llegado el momento ya no podría soportarlo.
