Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de MarieCarro, sólo nos adjudicamos la traducción.


The Perfect Partner Program

By: MarieCarro (Beta en inglés Mylissa Fanfiction)

Traducción: aleshita-luvs-paramore

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 21: La decisión

Intenté olvidar todo a medida que los años pasaban lentamente, y funcionó hasta cierto punto.

Pude dejar atrás todo lo relacionado con Renée cuando el divorcio finalizó y eso significaba que también dejaba atrás a los Carter. Papá se había negado a asociarse con cualquiera de ellos mientras George intentara rondarme, así que por la tranquilidad de su propia reputación ante la sociedad, ellos prometieron mantenerse alejados y encontrar una nueva novia para George.

Temblé ante el pensamiento de la próxima pobre chica a la que le pondrían las garras y desgarrarían con los dientes.

También fue un momento de dicha en mi vida, cerca de tres años después de que el enorme fiasco ocurriese, ver a mi padre, a los cincuenta y cinco años decir "sí, acepto" a una mujer que realmente merecía todo el amor que nunca tuvo permitido darle a Renée.

Mi madrastra, una mujer que desearía fuera de mi sangre, no era de familia adinerada como Rénee. Ella, como mi padre, trabajó toda su vida para obtener lo que tenía hoy, y era una de la más exitosas gineco-obstetras de Seattle. La doctora Susan Tozzi, o Sue como prefería que la llamasen, era de descendencia italiana, y me trataba como si fuese su hija.

Por su matrimonio obtuve dos hermanos. Liliana y Samuel, Lilly y Sam, para acortar.

Lilly era un año mayor que yo, mientras Sam era cuatro años menor. Ambos ya tenían familia, pero me dieron la bienvenida como hermana suya con los brazos abiertos, y sus hijos no demoraron en llamarme tía Bella.

Una de las hijas de Liliana compartía el nombre conmigo y la hizo sentir tan bien que pensé que se desmayaría cuando lo supo. Especialmente cuando se dio cuenta de que yo también prefería Bella antes que Isabella. Liliana solo la llamaba Isabella cuando estaba enojada o quería hablar seriamente con ella.

También decidí que finalmente deseaba convertirme en oficial de policía como mi papá, y después de completar mi entrenamiento en la academia de policía, trabajé como aprendiz con uno de los oficiales que habían trabajado en el departamento de policía casi tanto como mi papá.

No podía recordar haber visto a mi papá tan orgulloso de mí alguna vez como cuando me entregó mi nueva placa durante la ceremonia de graduación de la academia, y luego nuevamente cuando obtuve mi trabajo en el departamento de homicidios.

Había estado trabajando allí durante dos años y medio hasta ahora, y lo estaba haciendo bien por mí misma. Me había comprado una casa, sobre todo con la ayuda de mi padre ya que no podría haberla pagado de otra forma.

Sin embargo, a pesar de que había muchísimos momentos de alegría en mi vida, nunca pude olvidar por completo al hombre que me había cambiado irrevocablemente y no necesariamente de la mejor manera.

Y aunque ya había pasado la marca de los treinta en este momento, no había conocido ningún hombre aún. Había desarrollado serios problemas de confianza, y supongo que esa era la razón por la que nunca había tenido más de tres citas con nadie en los cuatro años que habían pasado.

Edward visitaba mis sueños a menudo, y había habido días en los que despertaba por las mañanas con el corazón dolorido.

Era estúpido, y odiaba anhelar a un hombre que era malo para mí, y que obviamente nunca lo tendría, pero no le podía decir eso a mi corazón. Quería experimentar la pasión que había sentido con Edward, de nuevo, y desde su punto de vista, Edward era el único que podría lograrlo.

Mi corazón había cerrado las puertas y ventanas muy apretadas, y nadie que estuviese detrás de su afecto lo obtendría a menos que probase que valía la pena en todos los aspectos.

De esta forma era que había llegado a la decisión que mi padre desaprobaba. Ser una mujer de treinta y uno sin un hombre en mi vida fue el empujón que necesitaba y aunque en un principio estuve en contra, me hallé a mí misma frente a muchos y diferentes perfiles de hombres que donaban a sus jugadores que esperaban por su última carrera.

Esperaba los resultados de mis exámenes de fertilidad, y estaban por salir cualquier día a partir de hoy.

Papá y Sam se oponían a que lo haga, y sabía por qué. Estaban muy unidos a sus propios hijos, y no se podían imaginar ser el tipo que se perdería de cada paso en la vida de ellos.

Sue y Lilly me apoyaban por completo. Al principio deseaban estar seguras de que esto era lo que realmente quería, y cuando lo hicieron, solo asintieron y me ayudaron a tener todo preparado.

—¿Qué opinas de éste? —Becca levantó uno de los perfiles frente a ella y lo comenzó a leer en voz alta—. Un metro ochenta. Cabello oscuro y ojos azules. Trabaja como abogado. No hay acontecimientos importantes en su historia médica familiar.

Becca era la única a la que le permití que me ayude con los perfiles. Ella sabía lo que me gustaba y qué rasgos quería que algún hijo mío tuviese.

Ella me observó sobre el borde del papel.

—Suena perfecto, ¿no? —soltó muy entusiasta.

No pude evitar estremecerme cuando soltó la palabra "perfecto".

—No me importa lo perfecto —respondí. Era un poco sensible ante la mención de la palabra siendo aplicada a cualquier persona—. Todo lo que busco es a alguien que pueda usar su cerebro y tenga genes que no se choquen con los míos terriblemente.

Becca me regaló una pequeña sonrisa porque sabía de dónde venía mi reacción. Puso suavemente su mano sobre la mía en la mesa y la apretó un poco antes de volver a la tarea en la que estábamos.

—Oh, me gusta éste —dije y le entregué el perfil—. Un metro ochenta y cinco. Cabello oscuro y ojos verdes. Tiene descendencia escandinava y es profesor de secundaria.

Becca leyó el perfil y luego suspiró.

—Es una pena que los perfiles no vengan con una foto. Me gustaría ver los "rasgos angulares" que describe aquí. —Me reí con ella ante eso y luego tomé el perfil de vuelta—. Pero sí, me gusta. Parece un donador decente —continuó ella—. ¿Crees que hallaste al padre de tu bebé? —me cuestionó y luego guiñó.

No dije nada mientras lo analizaba. Era mi favorito de todos los perfiles que había visto, así que cuando finalmente asentí, Becca soltó un alarido y se lanzó a abrazarme.

Las lágrimas que comenzaron a caer por sí solas eran imparables, pero solo eran de felicidad. Por fin había caído en la cuenta de que tendría un bebé.

Tendría una nueva pequeña vida creciendo hasta convertirse en un humano dentro de mí.

Me convertiría en mamá.

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—¡Relájate, cariño! Todo saldrá bien —dijo Becca por décima primera vez, pero solo apreté su mano más fuerte.

—Estoy asustada —respiré entrecortadamente desde la dura cama donde la enfermera me había ordenado que me acostara—. ¿Qué tal si no fecunda? ¿Qué tal si los resultados están mal? ¿Qué tal si no puedo llevar un bebé a término?

—¡Por favor, cariño, solo respira! Los exámenes llegaron solo con resultados positivos. ¡No hay necesidad de que tengas estos miedos acerca de que algo pueda estar mal en ti! Y sabes que nada garantiza que fecunde. Solo podemos tener esperanza.

Asentí e intenté calmar mi respiración. Ella tenía razón, y yo ya sabía todo esto. Mis miedos eran irracionales, pero no podía mantenerlos a raya.

La doctora ingresó en ese momento, y se presentó a sí misma con una sonrisa amable.

—Bueno, Bella. ¿Estás lista para esto? —preguntó, y cuando le di un pequeño asentimiento, me indicó que pusiera los pies arriba de los estribos.

El día anterior, me dieron medicina que causaría una súper ovulación porque aparentemente, eso aumentaría las oportunidades de embarazarme. Sin embargo, también había sido advertida que eso incrementaría los riesgos de tener un embarazo múltiple.

No sabía cómo reaccionaría si descubría que tendría gemelos o trillizos en vez de solo un bebé si quedaba embarazada.

La doctora introdujo un instrumento de plástico dentro de mí, y al principio sentí como si fuese cualquier otro examen ginecológico, pero cuando el instrumento fue introducido aún más para abrir mi cuello uterino, la incomodidad cambió a un dolor creciente y no pude evitar el gruñido que se me escapó.

—Sí, lo siento, esto puede ser muy incómodo —se disculpó la doctora, y quise rodar los ojos en su dirección. Era tan típico de los médicos que se disculpasen por dolores que probablemente nunca experimentaron por ellos mismos.

No podía ver lo que estaba haciendo, pero supuse que estaba insertando el catéter en el instrumento así el esperma podía ser inyectado directamente en mi útero.

Ella me había comentado antes durante la cita cómo ocurriría el proceso para mi comodidad, y estaba agradecida por eso ahora. Se sentía bien estar al tanto de qué me estaba pasando ya que realmente no podía ver nada.

—Ahora procederé con la inseminación —dijo, y vi por la periferia cómo tomaba la inyección donde el fluido lechoso estaba.

Solo dos minutos después, sentí como el instrumento de plástico era removido, y siseé cuando rozó mi útero.

—Bien —anunció y se levantó de la silla para retirarse los guantes y tirarlos en la basura—. Solo quédate quieta por unos minutos. Puede que sientas cólicos leves en los próximos días, pero eso es completamente normal.

—¿Cuán pronto puedo saber si estoy embarazada? —pregunté y la observé lo mejor que pude desde mi posición horizontal.

—Podría tomar pocas semanas. La mayoría de las mujeres tendrían sus resultados en dos, pero han habido algunas que no recibieron resultados positivos sino hasta el mes después de la inseminación, así que no te desanimes si eso es lo que pasa en tu caso.

—Así que supongo que no ayudará si ella hiciera lo mismo que Phoebe en "Friends" y se acostara de cabeza —indicó Becca con una risita, y yo le seguí enseguida. Solo mi hermanita encontraría la conexión de nuestro show favorito con la realidad así.

La doctora se rio también.

—Desafortunadamente, no. Así que no te hagas la prueba esta noche porque los resultados no estarán bien. —Ella ordenó sus instrumentos y luego me pidió que me levantase lentamente—. Me iré y dejaré que te vistas.

Una vez que tuve mi ropa de vuelta, Becca me alcanzó mi bolso, y nos dirigimos a la puerta.

—Así que, ¿qué piensas? ¿Cómo te sientes? —preguntó.

Me encogí de hombros.

—No lo sé. Realmente no siento alguna diferencia, pero creo que sería muy raro que de repente me sienta como si me hubiesen embarazado.

—Sí, eso creo.

Salimos a la recepción donde la doctora me dio algunas pastillas suaves para los cólicos. También me deseó buena suerte, porque sabía que si me hubiese embarazado, ella ya no sería mi doctora. Mi madrastra me había prometido que sería mi doctora, y en ese caso, cuando me mudara a la casa de mis padres para el último trimestre, ella sería capaz de moverse muy rápido en caso de que rompa la fuente.

Ese había sido un gran factor a considerar cuando decidí hacer esto sola. Me sentí muy calmada de saber que Sue cuidaría de mí durante todo el proceso y que cada paso estaría ya planeado.

Becca mantuvo nuestra conversación mientras conducía a casa de mis padres donde yo dormiría por esta noche. Sue quería mantenerse cerca de mí por si los cólicos se ponían muy fuertes, porque ella podría hacer pasar el dolor con un pequeño masaje abdominal. Ella realmente era la madre que yo quería desde el principio.

Tan pronto como nos estacionamos en el camino de entrada, Sue se acercó corriendo en nuestra dirección y papá caminó detrás de ella mucho más lento.

—¿Entonces? —preguntó cuando estuvo de pie frente a mí.

—Está hecho —respondí—. Ahora todo lo que puedo hacer es esperar y tener la esperanza de que fecunde.

—¡Oh, yo sé que lo hará! Puedo sentirlo —anunció Becca con confianza cuando salía del auto—. En nueve meses, habrá un pequeño durmiendo en una cuna en tu departamento, corazón. ¡Recuerda mis palabras!

Realmente tenía la esperanza de que estuviera en lo cierto.

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Caminaba de ida y vuelta frente a la puerta del baño con toda mi familia observándome. La curiosidad y los nervios eran palpables mientras esperábamos por la prueba que estaba sobre la encimera del baño.

Esperé exactamente veinticinco días antes de decidirme a hacer la primera prueba, aunque realmente tuve que luchar contra la urgencia de ir a la farmacia cuando el calendario marcó el día catorce. Aún no había tenido el periodo, pero no era la primera vez que tenía un retraso, al contrario, así que no era algo seguro que estuviese embarazada solo por no tenerlo.

Mis manos temblaban de los nervios, y cuando el cronómetro sonó, me alejé de la puerta del baño, sintiendo un repentino temor de los resultados.

—No puedo ver —susurré y rogué que cualquiera de mis familiares viera la prueba por mí. Después de unos segundos, papá se levantó de su asiento y fue al baño. Me palmeó el hombro mientras iba allí y me dio una sonrisa alentadora.

Vi que observaba la prueba, pero no movió ni un músculo de su rostro, así que no pude interpretar su rostro de ninguna manera.

Calmadamente tomó la prueba y un pedazo de papel y luego salió nuevamente.

Cada uno de los que estábamos en la habitación lo observamos y esperamos que dijera si era positiva o negativa, pero él solo tenía ojos para mí.

Por los más largos segundos de mi vida, él escudriñó mi mirada como si buscara algo en ella. Parecía que lo hubiese encontrado porque de repente sonrió y me entregó la prueba.

—Felicidades, muñeca —dijo, y yo observé hacia abajo donde estaba la prueba antes de permitirme tener esperanzas.

En el palillo, la sencilla marca positiva azul me devolvía la mirada.