DÍA DE LUZ: "Guerra y Amor"
PARTE 2
-¡Zero, no me dejes sola ahora! –exclamó Yuuki en un aire de desesperación. Ante la impavidez de aquel rostro, se volvió hacia el Sangre Pura que era su hermano y su esposo: -Kaname..., dime qué ocurre. ¿Por qué te apareces así? ¿Por qué has hecho tantas cosas que ponen en peligro el orden...? –El abatimiento de la soledad aunó en su pecho ganas de llorar. –Ya no es como antes. No has llegado hasta aquí para llevarme contigo, ¿o me equivoco? ¿Qué es lo que quieres ahora?
-Mi pobre y dulce Yuuki, te has convertido en un obstáculo para mí.
-¿Q-Qué... estás diciendo?
Los jóvenes vampiros congregados en la Academia no tardaron en reunirse allí, bajo el tormentoso cielo que amenazaba con volcarse sobre todos. Kaien Cross, quien trataba de digerir que Touma había sido asesinado hacía minutos gracias a haberse ausentado tan sólo por un momento, también pasó a formar parte de la escena. Intentó llamar la atención de su hija adoptiva y evitar que se amparase torpemente bajo los brazos del traidor Kaname, mas guardó silencio ante la llegada de la dama oscura Shirabuki. Un alborotador vuelo de pájaros negros preludió el levantamiento de su imagen tele-transportada. Kaname, aún sin moverse de su sitio, se hallaba en un extremo y Sara, en el otro, quedando los líderes cazadores y Yuuki en el medio. La mujer, ya reunificada, rió. Dos minutos después arribaría Takuma Ichijou.
"Ha llegado la hora, mis leales sirvientes. Ya pueden despertar y hacer mi voluntad"
Los alumnos vampiros vestidos de blanco cambiaron, extraviándose todo gesto de vida independiente en ellos. Rodearon a Kaname y le hicieron sentir la amenaza de la muerte.
-¡Kaname! –gritó Yuuki.
Él, sordo a su esposa, se dirigió a la infausta Sangre Pura:
-Así que has despertado a tus esclavos. ¿A todos?
-Si consigues vivir lo suficiente, te enterarás.
Zero Kiryuu sujetó su revólver Eclipse junto a su pierna e increpó contra Sara:
-En la ciudad...
-Sí, mi bello e irresistible Presidente. Mis flores se están levantando en cada rincón de este mundo donde yo he puesto mi mano... ¿Qué sucede? Tu palidez debe indicar el vértigo que te ataca en este momento, ¿o no?
-¡Sara, ¿de qué estás hablando? –chilló Yuuki-. ¡No estarás pensando en...! ¿Kaname? Por favor, no... ¡No voy a permitirte lastimarlo, ¿me oyes?
A un ritmo difícil de seguir, la joven vampiresa comenzó a llorar. Su vista rebotó entre Zero y su marido en un vórtice de confusión e ineficiencia, suplicando que alguien, quien fuera, la orientase. Kaien Cross, por su parte, tomó la decisión de intervenir. Los cazadores, todos presentes entonces, incluidos la Patrulla 8, Jinmu y Oy, identificaron la expresión de terror en la cara de su capitán y pensaron automáticamente en la mujer que él amaba y que se hallaba lejos.
"Muévanse. Ahora es cuando las cosas se precipitan y se recogen los frutos"
Tronó el firmamento detrás de las nubes y la atmósfera pareció aplastarse. Kira Airen, sujeta a la mano caballeresca de un Aliam Fushimoto ansioso, miró por encima de su hombro al camino que fueron dejando atrás.
-¿Estás bien? –le consultó Sora Amabuki.
La respuesta no fue entonada. Se volvió al frente y luego Aliam se detuvo bruscamente, arrastrándola a ella a hacer lo mismo. Él levantó la cabeza hacia cuatro varones de expresión enferma, firmes de pie sobre el tejado de un almacén. Aguardó sin decir nada pero colocándose por enfrente de Kira, de ojos absortos.
"La ciudad es suya. Tómenla. Tómenla en mi nombre"
Se abalanzaron sobre los cuatro cazadores sin dar previo aviso. Aunque Aliam dio todo de sí por evitar que Kira tuviese que luchar, finalmente el enfrentamiento halló el equilibrio en que a cada cazador le correspondiese un vampiro. La presteza de un látigo mágico contrastó con el fuego metálico de una ametralladora ligera y el filo de dos espadas cortas. La brutalidad de los bandidos, sin embargo, fue arrolladora y dividió a los humanos en el espacio de esa ancha calle adoquinada.
-¡KIRA! –gritó Aliam, exasperadamente tratando de darle en el blanco a su oponente que no paraba de zigzaguear y provocarlo.
Ella liberó un marcado quejido de dolor al ser impactada por un puñetazo al estómago y luego derribada boca abajo por un codazo sobre su angosta espalda. El azote Ayilai escapó de su mano y el vampiro la zamarreó del cuello de la blusa en busca de su garganta. Si bien la chica se esforzó por hacer a un lado el dolor y retener al criminal, no fue suficiente, y sólo pudo salvarse gracias a la intervención de Takumi. Al él darle muerte a ese vampiro, restaron tres, pero luego se sumó otro más, una mujer de poco cabello y de aspecto elegante pero secretamente desquiciado. Se tiró a las espaldas de Sora y lo mordió, mas su mellizo no fue capaz de asistirlo mientras él mismo era arremetido de peor manera tras darle margen a Kira para huir.
-¡C-Co-rre! ¡Aliam..., LLÉVATELA AL CUARTEL! –Takumi vociferó. Perdió su espada y peleó mano a mano.
Kira Airen se levantó a los tumbos, recuperó su látigo y buscó la mano de su protector de barba.
-¡Sora! ¡Takumi! –gritó aquél.
-¡Sólo VAYAN!
Aliam pudo únicamente eliminar a uno. Expuesto a un drama que podía llenarlo de culpa para el resto de su vida, tuvo que dejar a los mellizos y proteger la vida de la dama presidencial. Corrieron juntos a toda velocidad, volviendo por el camino que ya habían transitado.
Akane no pudo, en paralelo, calmar demasiado a la mujer que chillaba neurasténicamente hacia el chico que la había acometido en su tienda. Sin tener más opción que llevárselo a la sede, procedió a alejar a los fisgones y levantarlo del piso.
-Oye, vamos, ponte de pie.
Vislumbrando que el muchacho respiraba y movía sigilosamente las manos, supo que no era incapaz de incorporarse. Fue violenta esta vez y lo volteó para que quedara con la cara hacia arriba. Empero, le ganaron en velocidad; el chico fue fugaz a un punto en que Akane, aún siendo una guerrera experimentada, no lo pudo ver venir. En sus manos polvorientas retuvo tres pastillas que le metió a la fuerza en la boca, haciendo de tapón al mismo tiempo con la palma extendida. Con gran decisión, le empujó la cabeza para que las píldoras se le situaran más cerca de la entrada de la garganta y luego se irguió con la ayuda de sus codos y unas piernas flexibles como goma. Firme, golpeó a la cazadora justo en la cumbre de la nariz y la noqueó, echándola en reversa y causando su caída. Los espectadores aullaron espantados. El bandido escapó y diseminó sus fechorías entre ciudadanos desprevenidos mientras un coro de terror se detonó en toda Fukuoka ante la liberación de la anarquía y la barbarie. Los vientos soplaron con fuerza, trayendo la tempestad en escasos minutos. Las marionetas asesinas de Sara Shirabuki, vampiros y humanos por igual, se encendieron y comenzaron a regar el pánico entre la gente que no había consumido las píldoras de sangre y por ende no respondía a ella.
-¡No se derramará más sangre en mi casa! –dictaminó Kaien Cross, abrazando y cubriendo con su cuerpo a Yuuki, que desesperaba por ir a los pies de su inestable esposo. La protegió tanto de Sara como de Kaname, pues ambos visualizaban la misma meta: destruir la vida de todos los Sangre Pura para recabar su poder. Para ello, tal y como lo venía pensando ya, Yuuki debería morir también.
La zozobra no hurgaba en el alma de esos villanos que carecían de lazos afectivos en el planeta Tierra. Sara hablaba tranquila, disfrutando de cada instante de creciente descontrol:
-La ciudad explotará. Cada uno de mis servidores está respondiendo a mis peticiones y se apoderará de todo aquel territorio que fue una vez gobernado por humanos o por otros Sangre Pura. Kaname, deberías analizar tu situación con un poco más de sensatez... Conozco todos tus secretos, todas tus debilidades; estás en una desventaja peligrosa.
Terció un Toga Yagari rabioso, apuntando con su rifle:
-¡No te ilusiones tanto, inmunda vampiresa! ¡Tu magistral plan será frustrado! ¿Creíste que no sabíamos de tu idea de controlar a todos con tus drogas especiales? ¡Pues, olvídalo; la asociación de cazadores ha penetrado en la planta farmacéutica Ichijou y ha detenido la producción de las píldoras, maldita serpiente!
Ella se sonrió, exponiendo sus colmillos.
-Oh, debería darles vergüenza que me subestimen así. Les falta mucho por aprender, incompletos humanos. Ahora mismo, sus preciados camaradas, a quienes tú, querido Kiryuu, has enviado a la muerte, atestiguan uno de mis más certeros poderes. Mi plan ya está cumplido. Sugiero que marchen aprisa si no desean que el baño de sangre que se está viviendo en la empresa farmacéutica llegue a las puertas de su cuidado cuartel gótico... o a los delicados pies de la doncella Airen.
Los ojos lilas de Zero se abrieron como platos. La ansiedad lo hizo temblar.
-¡Sara! –exclamó Yuuki, en los brazos de su padre adoptivo-. ¡Esto no es nada de lo que pensabas hacer! ¡Para!
-A mí tú no me darás órdenes –dijo, sumida en una cólera contenida-. He tejido una compleja telaraña y por mucho tiempo como para que infantes como tú, princesa, me digan qué hacer.
La furia que se activaba en el cuerpo de la asesina comenzó a filtrarse como un halo que se formó a su alrededor. Su pérfida sonrisa se convirtió en la expresión, opuesta, de un tremendo disgusto y anhelo de tortura. La estática de su poder generó chispas a lo largo de su pelo ondulado y bailó entre sus dedos flacos. En concordancia con ella, los estudiantes vampiros adoptaron una actitud ofensiva y predispusieron sus mentes a ejecutar maniobras psíquicas que repelieran a Kaname.
-Las cosas van a cambiar. El orden del mundo va a cambiar. Sal de mi camino, Yuuki, o a ti te reduciré al polvo antes que a los demás.
Cross y Zero se miraron, intercambiando una idéntica expresión de terror por el futuro inmediato. La dama Shirabuki estuvo dispuesta a luchar y los minutos se escaparon demasiado rápido.
-¡Zero, tienes que irte! –el Director gritó angustiado y sujetando con firmeza a su hija adoptiva-. ¡La guerra entre Kaname y Sara no es un conflicto para humanos! ¡Vete! ¡Kira te necesita!
El sonar de ese nombre sagrado enarcó los ojos celosos de Yuuki Kuran y aquilató los del joven presidente, quien asintió con la cabeza y procedió a retirarse de escena, aún armado. Lo siguieron su maestro tuerto, Omashu, y los miembros de la Patrulla 8 Shigeo y los hermanos punk Junichi y Chiasa, mientras todos los restantes apoyaron a Kaien en defensa del colegio. Corrieron exaltados en dirección al establo, presionados por la brutal fuerza con que se mecían las copas de los árboles por el viento. Al adentrarse en aquella construcción, Zero no pudo huirle a las preciadas memorias que compartía con Kira Airen de sus tiempos como estudiantes, sobre todo del día luego de su cumpleaños. La efigie de esa delicada sonrisa surcó su cabeza sólo para acentuar su ansiedad por reencontrarse con ella y ponerla a salvo.
-¡Rápido! ¡Todos monten un caballo!
Seis corceles fueron, por ende, salvados de ese campus ardiente. Zero subió desesperado al lomo de Lily, la blanca, y sus cinco fieles fueron a la zaga. Los caballos respondieron perfectamente y galoparon a gran velocidad, picando el suelo.
"Caos"
"Delicioso..."
-¡Vamos, tenemos que llegar al cuartel! –Yagari arengó antes de gritarle a su caballo que fuera más aprisa.
Doce almas persiguieron el mismo destino en un repentino tiempo de calamidad.
Aliam llevó a Kira detrás de sí casi como un barrilete, atravesando una locura que explotaba de manera insólita. Mientras él sintió que su cuerpo se encrespaba en la adrenalina de hallarse en el infierno de un momento a otro, ella fue cautivada por los aullidos de confusión de la gente y las expresiones angustiadas de quienes no paraban de correr. Aturdida, pensó en Zero y en su padre, en el refugio. Rememoró los rostros de su familia difunta y sintió un picor que le subió por la garganta y que vapuleó sus lagrimales buscando vencerla.
-¡No te frenes, Kira! –la alentó Aliam.
La lluvia comenzó a tocar la tierra.
Naru Sukimo y seis hombres, incluido su riguroso capitán, escaparon despavoridos y malheridos de la empresa farmacéutica Ichijou. A sus espaldas los perseguían numerosos vampiros aún deseosos de más carne a pesar de las muertes que ya habían ocasionado a los humanos. Entre sí, estos se ayudaron a moverse lo más aprisa que era posible para sus piernas magulladas y sangrantes, hasta alcanzar el vehículo en que habían arribado allí. A los tumbos, se metieron en el mismo y arrancaron sin perder tiempo. El líder, aún con un brazo abierto y bestialmente tajado por dientes, manejó con habilidad y derrapó sobre el pavimento húmedo. Las ráfagas de viento no obstante no servían para refrenar la rabia de los esclavos de Sara que se prendían de la camioneta como monos y golpeaban contra el metal a fin de destruirla. Naru, amoratada por los golpes en su cara, tomó una pistola y se asomó por la ventana a dispararles. Igual hicieron dos cazadores más, no sin salir más lesionados que antes.
Sonó, entonces, el teléfono en el cuartel. Una mujer inquieta levantó el tubo para oír el clamor consternado del hombre huraño que comandaba aquella escuadra frente a la corporación. Sus ojos abiertos de par en par dieron cuenta de lo que escuchó:
-¡Protejan la sede! ¡Protejan el edificio! ¡Los vampiros se han levantado! ¡Hemos perdido gente y no podemos más! ¡Estamos volviendo! ¡PREPÁRENSE!
Haniko atendió a la situación cuando notó el pasmo en el rostro de su colega que sostenía el teléfono.
-¿Qué sucede?
Ella lo miró. La estridente y áspera voz del hombre del otro lado llegaba a sus oídos. Le quitó el tubo de las manos y habló él.
-¡¿Qué es lo que ocurre?
-¡Haniko, esto es un desastre! ¡¿Qué pasa en esta ciudad? ¡¿Todos se han vuelto locos?
-¡¿Dónde están?
-¡En camino de vuelta! –Un estruendo a metal golpeado interrumpió de momento la comunicación.
-¡¿Hola? ¡¿Qué pasa?
Los gritos de una mujer que indudablemente era Naru se distinguían allí, acongojados y pidiendo ayuda a la vez que exhortaba a no perder fuerzas. El capitán luchó y recuperó el teléfono por última vez:
-¡Se desató la guerra...! ¡Díganle al Presidente! Dios... ¡C-Cuiden el cuartel!
Lo que siguió fue galimatías de bramidos animales y armas en ejecución.
A Haniko se le cayó el teléfono de la mano. Aterrado, tomó una bocanada de aire y corrió como una fiera hasta el vestíbulo de entrada, declamando a su paso:
-¡Cierren las puertas! ¡Los vampiros atacan! ¡CIERREN LAS PUERTAS!
Pero fue tarde. El enemigo había llegado y los invadía más rápido de lo que se podía calcular.
"Destrúyanlo todo"
-¡No decaigas! –dijo Aliam Fushimoto hacia Kira Airen, quien comenzaba a perder el aliento, y antes de tener que repudiar instantáneamente el ataque de una joven enloquecida, humana, sin embargo.
-¡Ah! ¡No es vampiro! ¡Aliam, esta chica no tiene colmillos! –ella gritó, contemplando el cuerpo tumbado boca arriba de su agresora.
Sin soltarla, siguió. A su alrededor, los ciudadanos se enfrentaban y luchaban por la vida o por la muerte, originando un reguero de sangre distorsionado por la lluvia que el viento alteraba impetuosamente. El ruido colmó sus oídos. El mundo perdió sentido.
Regresaron hasta el punto en que Akane se había desligado de la marcha. Sin pensar, se detuvieron ahí para buscarla. Descartando rostros horrorizados y caras enemigas salvajes, exploraron con la vista. Kira la vio tendida en el suelo.
-¡Akane!
-¡Kira, no sé si-!
-¡Ella necesita ayuda!
Tuvieron que esperar para socorrerla. Debieron luchar y reducir a los vampiros y a los humanos que, cegados por una intoxicación sin precedentes, sólo podían operar para aniquilar todo lo que se cruzara en su camino. Dos hombres mayores, de unos cuarenta y tantos años, y una chica de tal vez veinticinco arremetieron entonces contra los cazadores. Los héroes pelearon juntos los dos, sumergidos en el aturdimiento del bullicio y la intensidad del aire. No sin resultar lacerados, finalmente soslayaron aquellos tres obstáculos. Sobre la cara de Kira se lucían dos cortes grandes hechos por garras, sobre el costado derecho, junto a su oreja, y también presentaba un raspón importante en su frente. Aliam había recibido un golpe en la boca y escupía la sangre que prorrumpía de sus encías. Sus armas se veían gastadas.
-¡¿Estás bien? –ella exclamó entre chillidos de civiles aterrados y animales carnívoros.
-¡Saquemos a Akane de aquí y vámonos!
Aunque los tres atacantes no estuviesen muertos, por el momento no se levantarían. Ayudándose, Aliam y la chica fueron contra corriente a través de las ráfagas de frío hasta una mujer de trenzas rubias que trataba de moverse pero carecía de suficiente fuerza para hacerlo bien.
-¡Akane! –Kira dijo, tocándole la espalda.
-¡Despierta, mujer! ¡Tenemos que irnos de aquí ahora! ¡Levántate!
La volteó, de modo que la expresión vacía de sus ojos entumecidos fue clara. Ellos dos se miraron y se echaron para atrás unos centímetros. Aliam la sacudió para despabilarla.
-¡Oye, idiota, vamos! ¡Regresa!
Eso fue suficiente para espolearla. Akane se incorporó al tiempo que rodeó el cuello de Aliam con sus dedos y comenzó rápidamente a ejercer presión. Kira retrocedió, espantada, y el caballero no tuvo mucho tiempo para reaccionar; intentó ponerse de pie, pero la mujer se sostuvo mejor y lo dominó. A la vez, un resquicio entre sus agresivos gestos de enemistad permitió que fuera visible un conflicto que se estaba acarreando dentro de su cuerpo.
-¡¿Qué estás haciendo? –la joven Airen exclamó, aún insegura sobre si arremeter contra la cazadora sería lo mejor-. ¡Detente!
La asfixia aunada en los ojos sobrecogidos de Aliam fue lo que le dio el ánimo para intervenir. Se colocó detrás de Akane, trabó las manos por delante de su garganta y tiró. La mujer de trenzas no desistió sino hasta que realmente el oxígeno empezó a írsele del pecho. Parpadeó repetidamente frente a la falta de vitalidad y la agresividad del viento mojado contra sus pestañas.
-¡AKANE! –Kira volvió a gritar, estirándose hacia atrás y tratando aún más de separar a sus amigos.
Una explosión a ocho metros lo logró. Fuego y luz acompañados de un estrépito como a vidrio volando los tumbó hacia un costado y les soltó las manos. Probablemente eran bombas molotov. Las llamas se deslizaron por el suelo, indemnes aún al clima, e incrementaron el miedo entre los humanos lúcidos. Kira giró a contemplarlo, y el fulgor se reflejó en sus iris atormentados. Por detrás del mismo se elevaron cinco chicos de aspecto callejero y rebelde, sonrientes, de modo que a uno se le vieron perfectamente los colmillos. Ella, sin tiempo, sujetó su látigo y se incorporó a tientas mientras Aliam recobraba la respiración y se tomaba el pecho. La Akane trastornada tardó también, por lo que la chica tuvo que tomar distancia y encarar a los cinco delincuentes sola. Quiso llorar, pero apretó los dientes. Sólo al joven que era un vampiro pudo repelerlo con Ayilai; los demás, por ser humanos, no sufrieron más que el filo natural de dicho azote. Uno se escabulló, por ende, con facilidad, y le trabó un brazo en la espalda. Otro le arrebató el arma y le detuvo la cabeza, que luchaba por repartir frentazos. Aulló al cielo que se precipitaba y pidió auxilio. Aliam alzó su ametralladora, pero Akane lo detuvo y lo golpeó en la sien.
"Vean. Por fin, los humanos y los vampiros se han unido. Qué obedientes"
Chigima sintió que el corazón le iba a explotar en el momento en que, detrás de las líneas enemigas, se veía la ciudad arder. Un coro masivo de gritos de espanto resonaba desde lejos y conjuraba un certero infierno que nadie pudo anticipar. En conjunto con Haniko, las amigas de Naru y los más hábiles cazadores que defendieron el frente del cuartel, disparó sin parar y peleó cuerpo a cuerpo con cada intruso que penetraba en el edificio y sembraba la ruina. La unidad canina espontáneamente respondió y accionó a fin de cuidar a los cazadores, por lo que ellos también portaron heridas. Ladridos y gruñidos salvajes se sumaron a la algarabía.
-¡KIRA! ¡DEBO ENCONTRAR A KIRA! –gritó agotado mas sin tregua, luego de dar muerte a un formidable Nivel E que le había rasguñado el cuello y el borde inferior de la cara.
La razón por la cual todavía no había salido corriendo a buscarla era la misma que lo mantenía atado en ese momento: eran demasiados. No paraban de venir. Los vampiros. Los humanos. La gente. Las flores de Sara Shirabuki.
-¡Esto es el caos! –Haniko, sudado y con un ojo entrecerrado, berreó.
Riten y los demás enfermos se había bajado de sus camillas, aunque rengueasen o se agarraran la panza producto de no haber sanado del todo. Tomaron todos un arma, la que fuera, y formaron una unidad de refuerzo para cuando, Dios no lo quisiera, los enemigos hubieran vencido a los guardianes del frente y penetrado en el interior del lugar.
-¡HIJA! –aulló Chigima.
-¡¿Ésa es Naru...? –saltó Haniko, divisando a lo lejos una mujer demacrada y con el rostro manchado de sangre, que arrastraba a un hombre que no movía las piernas.
Los truenos y los relámpagos sacudiendo el firmamento guiaron el agua, batida por el viento que soplaba en confusas direcciones y anárquicamente. Aún así, los seis portentosos caballos avanzaron animados, compenetrados con las ansias de sus jinetes. El sonido opaco de los veinticuatro cascos pegando contra el piso de asfalto atrajo dos Nivel E de rostro famélico y que se colgaron de los muslos de Lily y del caballo negro que montaba Omashu. Yagari disparó contra uno y Zero aniquiló al otro. Los cuerpos cayeron y quedaron abandonados en el camino. El Presidente hizo fuerza con los ojos por llegar más lejos de lo que la física le permitía, loco por reunirse con Kira Airen y contra la corriente del huracán que castigaba al pueblo de Fukuoka. Los cazadores, empapados de pies a cabeza, respiraban agitados en el miedo y la incertidumbre.
-"Por favor, no dejes que la toquen. Sólo dame unos minutos más"
El pánico que le taladró el espíritu le daba ganas de romper en llanto. Su maestro siguió incitando a sus colegas.
-¡VAMOS! ¡Rápido, rápido!
La academia que dejaban atrás no se hallaba exenta de disturbios. Con dos semidioses luchando a muerte entre sí y una Sangre Pura en el medio que intentaba detenerlo todo, las chispas no paraban de saltar. Kaname Kuran se encontró en una clara desventaja aún cuando se dio el privilegio de libertar sus más férreas manifestaciones de poder, pues Sara conservaba la calma y la finura en cada uno de sus movimientos; le sobraba fuerza y vitalidad para contestar a todas las arremetidas del caballero vampiro. Yuuki Kuran, a la par, quería pero no podía intervenir a favor de su esposo. Kaien Cross, armado con su espada y apoyado por los demás cazadores, había dado unos cuantos pasos hacia atrás de la pelea entre los nobles y retenía a la joven dama que chillaba. Los vampiros espectadores participaban lanzando ataques telequinéticos contra Kaname, quien disimulaba el cansancio. El silbido del vendaval se había convertido en un rugido que agitaba la melena rubia de Sara y ejercía presión sobre los débiles.
-¡SARA, YA BASTA! ¡POR FAVOR, DEJA EN PAZ A KANAME! –Yuuki suplicó. Su mano se extendía hacia la alta imagen de su hombre pálido.
Zero Kiryuu, en cambio, rompió los límites del tiempo para llegar hasta la mujer que era su destino y universo. Ni un ciclón tres veces más arrebatado que esa tormenta podría haberlo frenado. Clamó al aire el nombre de Kira Airen.
Ella sollozó ante la impotencia que le oprimió el cuerpo y ante las impúdicas manos de los criminales que intentaron hacerle tragar unas sospechosas pastillas. Sus ojos frenéticos repudiaron la violencia que, no obstante, la doblegó. Uno de los bandidos le dio un golpe seco en el estómago, ocasionando que ella tomara una gran bocanada de aire y, en la misma, las píldoras, que le metieron a la fuerza. El terror la invadió mientras le taparon la boca y la cubrieron de risotadas y burlas. Su pecho se constriñó a medida que su esófago peleaba por cerrarse y frenar la entrada de la droga, el veneno que se adueñaría de su cuerpo. Aliam Fushimoto la llamó entre quejidos por tener que combatir a Akane, pero no fue él quien pudo ayudarla.
Fue un muchacho que, en su egoísmo, había traicionado a la Asociación días antes. El hombre que, aún sensual, no había podido robar el corazón de la dama presidencial. Con su veloz pistola, pese a ser anti-vampiros, derribó primero a uno y luego a otro de los criminales, hiriéndolos directamente a las piernas y paralizándolos. Al tercer y al cuarto humano que quedaban, los noqueó, mas no sin cierta dificultad, tras surtirles una serie de golpes a la cara. Él recibió un grado de violencia que le amorató los pómulos, aunque no gravemente.
Kira tuvo el margen, así, para echarse al suelo, escapar, y evacuar su organismo. Se metió dos dedos en la boca y fue más lejos, todo lo que le permitió el ancho de su quijada, hasta que las arcadas fueron suficientes y pudo vomitar, deshaciéndose de las pastillas que no habían llegado a decantar en su estómago. En una tierra de súbitas tinieblas, donde imperó la fuerza de una naturaleza colérica y la locura, ella lloró y tembló, trastornando sus entrañas hasta que las limpió del todo. Se sujetó la garganta en el dolor de semejante forzamiento y pegó la frente al piso, sin lograr entender qué rayos ocurría.
Aliam pidió ayuda al joven llegado:
-¡K-KAI-TO! ¡AUXILIO-!
Con la presión de los dos varones, Akane pudo ser arrebatada de su consciencia. Kaito Takamiya se la calzó al hombro como una bolsa de papas y se irguió. Exclamó:
-¡Kira! ¡¿Estás bien?
El de cabeza rapada se lanzó junto a la chica y le levantó la cara para cerciorarse de su estado. Vio las lágrimas cayendo de sus ojazos que ahora reflejaban el fuego de las bombas y le habló en un tono alto que se impusiera al ruido de la lluvia.
-¡¿Qué te han hecho?
Ella negó con la cabeza y se colgó de él. Ambos extenuados y malheridos se ayudaron recíprocamente a pararse. Contemplaron con mayor espanto la ruina que avanzaba sobre el pueblo y Kaito gruñó.
-¡Están invadiendo el cuartel! ¡Zero no ha llegado todavía!
-¡¿El cuartel? –saltó el otro hombre-. ¡Y, ¿qué hacemos?
-¡¿Dónde están los Amabuki?
-¡Se quedaron atrás!
-¡¿Qué?
-¡Kaito –dictó ahora en un tono de desfallecimiento agudizado-, debemos poner a Kira a salvo hasta que Zero llegue...!
-¡Pero están atacando masivamente el edificio de la Asociación! ¡Están destruyendo todo! ¡¿Estás seguro?
-¡N-No podemos quedarnos en la calle! –Kira increpó-. ¡Kaito, Chigima, ¿dónde está?
-¡Allá! ¡Está allá!
Un rayo aterrizando en la tierra y quebrando el cielo los hizo callar. No quedó más alternativa que acudir a la sede de los cazadores. El camino no fue fácil; el desastre plagó cada esquina. Los civiles más aturdidos ignoraban cómo escapar de la locura. Niños y mujeres de poca reacción que se paralizaban en el medio de la calle y eran embestidos por las fieras humanoides que buscaban sangre sin importar su verdadera genética. Kira Airen no podía desentenderse de escenas como ésa, de modo que tenía que intervenir para protegerlos. Aliam iba detrás de ella y Kaito, con sólo una mano disponible mientras sostenía a Akane desmayada, los cubría con su revólver.
-¡Corran a sus hogares ahora y enciérrense! ¡No se queden aquí! ¡Y no busquen a la policía! –la chica gritaba a todo pulmón.
Los vampiros parecían salir de debajo de los adoquines, de las paredes de ladrillo. Sus ojos rojos fulguraban frenesí y aullaban como lobos.
-¡KIRA, VAMOS! –Aliam rogaba.
-¡Corran..., CORRAN! –exclamó Kaito entonces.
Aquellos que no habían caído como víctimas de las pastillas modificadas por Sara eran perfectamente identificables por la gente que sí lo había sufrido. Por eso, a medida que la totalidad de los humanos era arrestada por los criminales, menos espacio tenían Kira y sus fieles para huir sin ser vistos. La violencia, al tiempo, cobró más formas, encendiendo incontrolables fuegos, reventando ventanas y desmantelando casas humildes. Las fuerzas de seguridad públicas, los rescatistas y los bomberos no alcanzaban a entender la gravedad y el verdadero sentido de ese levantamiento criminal; mucho menos pudieron refrenarlo.
-¡¿Ya ves, Kaname? –voceó Sara Shirabuki, riendo e incinerando de a poco al hombre Sangre Pura-. ¡El control lo tengo yo! ¡¿Realmente creíste que tú dominabas esta tierra?
-No pierdas de vista... que tanto tú como yo hemos asesinado gente en pos de nuestra propia evolución... –fue lo que él dijo entre dientes, sudoroso ya y preocupado por su vida.
Para ese momento Yuuki se había librado de los brazos de su padrino, se había armado con la vara-hoz Artemis y había empezado a usarla. Mas aún sin poder llegar a Sara, luchó contra Takuma Ichijou, su esbirro, y Kaien Cross ya no pudo hacer otra cosa que dejarlos ajustar las cuentas. Cazadores como Jinmu y Oy se lo llevaron a las rastras para protegerlo y evitar que se hiciera matar, ignorando a la vez sus quejidos y súplicas por volver con su irracional hija.
Los caballos se resistieron a superar las barreras de la ciudad Fukuoka. Se clavaron en el lugar y relincharon. Zero Kiryuu y sus guerreros tuvieron un instante para contemplar el catastrófico paisaje que les aguardaba.
-¡DI-DIOS...! –gritó casi sin voz Chiasa, la dama punk, y con los ojos abiertos de par en par.
Si bien el efecto inmediato de chocar con un horizonte que se derrumbaba solo era el de perder todas las esperanzas y penar por los que con seguridad ya estarían muertos, el líder, encolerizado, arengó a la yegua Lily y la obligó a ingresar en el pueblo. Los cinco que iban detrás lo copiaron a despecho del miedo de los animales.
La luz se había extinguido bajo el yugo de la tempestad que les siguió pegando. El agua revuelta corriendo en horizontal en vez de verterse sobre las calles sacudía los pasos por momentos indecisos de quienes trataban de salvarse a sí mismos y a sus amistades. Chigima, por su parte mareado y portando una seria lesión en la rodilla, no tuvo oportunidad de regresar puertas adentro del cuartel mientras debió combatir incontables vampiros Nivel E y otros tantos que portaban distintivos de la familia Gihato y que, no dominados por las pastillas de Sara, simplemente aprovechaban la ocasión para vengarse de los cazadores. Su paciencia fue notable, esperando que llegaran los refuerzos para así poder marcharse a buscar a su hija. Haniko, por su parte, apenas pudo ayudarlo antes de que el rotundo impacto de una roca voladora lo dejara inconsciente; fue refugiado en el punto más lejano posible dentro del vestíbulo. Naru Sukimo, destruida, había sobrevivido casi por suerte, junto con sólo tres hombres más, luego de que huyeran de la empresa farmacéutica Ichijou y de que el enemigo hubiera derribado su camioneta. Sus amigas, entre ellas la joven muda de dieciséis años, ya estaban alcanzando el final de su propia entereza. No había tiempo para respirar y comprender por qué estallaba la guerra de repente.
-¡¿Dónde está Kira? –ella gritó a Ico Chigima.
-En la... ¡ciudad! –contestó jadeante antes de desplomarse en el suelo.
El número de los muertos subía. Riten había tenido que salir al frente a luchar, y detrás de él fueron otros pacientes previamente en enfermería. Las agresiones con que tuvieron que lidiar no se limitaban a colmillos que perseguían cuellos o a uñas que buscaban lacerar rostros; la pólvora jugó también, los proyectiles, las armas blancas y las más brutas, gañotes y mazas.
"Con todo lo que tengan, sometan el mundo a mis pies. Arreglen lo que hasta aquí ha estado mal"
El padre de Kira Airen observó con frustración la expresión de frenesí portada por los bandidos que iban hacia él, a los pies del edificio y expuesto. Fue cuestión de minutos para que la calamidad lo atravesara, con una bala que impactó junto a su hombro izquierdo, por encima del pectoral. Se paralizó y cayó de espaldas. Sin embargo, nadie pudo gritar su nombre, mientras los más diligentes invasores penetraban en el cuartel y detonaban una y luego otra bomba en el pasillo principal, cobrándose más de una vida en el proceso. Cayeron pedazos de pared y se alzaron el humo y el polvo. Tos surgida de varias bocas se sumó al alboroto. La benévola unidad canina hizo cuanto estuvo dentro de sus capacidades para contener a los vampiros del clan Gihato, pero estos pudieron escabullirse hasta la habitación compartida de Zero Kiryuu y la suculenta mujer Airen. De a estacazos tiraron abajo la puerta, aunque se atajaron al encontrar el cuarto vacío.
Todo se caía. A falta de la violencia terrestre, el imperioso céfiro derrumbaba postes de luz. Uno de ellos bloqueó el paso de Kira Airen y sus compañeros. Saltaron las chispas de los transformadores y de los cables cortados en contacto con el agua. La joven chilló en su espanto, cubriéndose la cara. Al girar sobre sí para distanciarse del obstáculo, se vio una estampida de humanos drogados y Niveles E que rastreaban presas, avecinándose. Pero detrás de la misma, un par de hermanos rengueando, ocultos en las sombras, y a punto de desmoronarse. Uno de ellos estaba peor que el otro.
-¡Sora! ¡Takumi! –ella los llamó.
Sora levantó la cabeza en un gesto de torpeza que bien podría ostentar un ciego aturdido por la pluralidad de los sonidos oscuros. Miró a través del humo, del fuego y del agua, siguiendo el rastro de esa celestial voz.
-¡Por aquí!
El cazador arrastró a su mellizo de la forma más discreta que le fue posible a fin de no ser visto por las bestias. No sorprendió a nadie que, sin embargo, éstas los notaran. El posterior reflejo de Sora fue el de espantarse y quedarse inmovilizado. Cubrió con su cuerpo a Takumi y observó el ímpetu de los vampiros abalanzándose hacia ellos. Aliam se interpuso entonces y empleó su ametralladora. Kira no acató las órdenes de él y también se colocó en el medio, sacudiendo su látigo Ayilai. Kaito Takamiya se quedó quieto pero disparó cuanto le permitió su cacerina actual.
-¡SORA! –gritó la chica-. ¡CORRE! ¡VE AL CUARTEL, VE...!
Así lo hizo, ya sin aliento y sucio, pero fue capaz. Kaito, no obstante, le advirtió.
-¡Sora, el cuartel está bajo ataque!
Una vampiresa que no era Nivel E pero que se hallaba bajo el efecto de una gran sobredosis de pastillas o bien en una hambruna colosal, tomó a Aliam por el cuello y lo mordió. Un alarido desesperado prorrumpió de su boca antes de que sus dientes se constriñeran en un gruñido de cólera. De una maniobra brusca, propia de las artes marciales que los cazadores conocían bien, se la sacó de encima, sólo para ver cómo a Kira pasaba a ocurrirle lo mismo mientras un joven de doce años, también, la atacaba en las piernas. Por primera vez desde que el infierno se había levantado, ella aulló al cielo negro:
¡ZEROOO...!
Lily corrió lo más aprisa que pudo para hacer la voluntad de su jinete. Ella y el caballo montado por Omashu fueron los únicos que pudieron salvarse de la lluvia de piedras que, de un momento a otro, fue dirigida hacia ellos. Los perpetradores eran miembros del clan Haze, al acecho cerca de las puertas de la ciudad. Los de la familia Gihato aún no mostraban la cara al Presidente Kiryuu.
-¡HAZE! –exclamó Yagari, cubriéndose de las pedradas que lastimaban y enloquecían a su corcel.
Chiasa, la mujer punk, chilló cuando un cascote le pegó en el pecho. Se tambaleó sobre el sostén de su animal que asimismo perdió el equilibrio. Shigeo, el hombre de esencia samurái, quiso luchar, pero Zero les ordenó seguir y huir de esa acometida. Y aunque los cinco le hicieron caso, aquélla no estaba cerca de terminar. Vinieron luego los Nivel E que los escoltaban, bloqueando el paso y armados con armas blancas. Zero fue el primero en intentar cruzarlos y el primero en sufrir; una daga larga fue clavada en el pecho fibroso de Lily cuando ella intentó saltar... Los dos gritaron. Ella dio pocos pasos torpes alejándose del agresor y cayó de costado, haciendo a Zero rodar.
-¡NO! ¡LILY! –lloró entre hipidos. Se puso de pie y, encolerizado, disparó hacia los vampiros...
El caballo de Yagari padeció el mismo ataque y se desplomó a varios metros después de que el cazador se bajara y luchara con el agresor. Igual sucedió con los que llevaban a los hermanos punk. El corcel de Shigeo fue herido en un costado pero sin que eso resultara letal. Omashu tuvo la oportunidad de distanciarse y salvaguardar el suyo.
Kaito Takamiya terminó acorralado contra una pared mientras las huestes enemigas procuraban vencer su balance y hacerlo caer con la dama inconsciente que sostenía sobre su hombro. Kira y Aliam estuvieron solos, sin margen para equivocarse. Él caía de rodillas y se sujetaba el cuello lacerado al tiempo que ella sentía el ardor de colmillos alrededor de sus muñecas. Le tiraban del pelo para exponer mejor su garganta, y la imagen del rostro de Seta Houki emergía en su memoria, quizás probando que los vampiros siempre volvían a buscarla o tal vez, por el contrario, recordando que si había podido superar la pesadilla y el hechizo Oblivion conjurado por él, podría ahora prevalecer ante cualquier afrenta. Se defendió con todo lo que tuvo dentro de sí, empleando una y todas las maniobras que Chigima le había enseñado de pequeña y llevando a su cuerpo al límite y más allá. Palabras de adultez surgían en sus oídos abombados:
-"Zero no está ahora. Defiéndete tú sola. Eres cazadora; mátalos"
Su espíritu, impensadamente, era más acérrimo que el alma de su amigo. Ni bien ella pudo sacarse a las bestias de encima por un instante, lo arengó, furiosa, casi como lo haría un entrenador de boxeo a su alumno desfalleciente:
-¡ALIAM, PONTE DE PIE AHORA! ¡PELEA!
Su ametralladora había quedado lejos, fuera de alcance. La lucha mano a mano fue la única opción viable, y así fue tomada por el caballero que veía delante de sus ojos un virtuoso ángel peleando en tiempos de Apocalipsis. Trató de desprenderse del dolor de su piel y de sus huesos y libertó su vigor como si ése fuera su último duelo con los bebedores de sangre.
Los ojos de Zero Kiryuu reflejaron la ira en un vehemente color escarlata que se desplazó hasta el tatuaje de su cuello. Su cuerpo encontró la motivación necesaria para enaltecerse como el Nivel E purificado que era en realidad. Eso le permitió acabar con cada uno de los vampiros que les habían tendido esa emboscada, en un tiempo fugaz que intimidaba a los mortales... Entonces se volteó a su amiga agonizante y se echó al suelo, a su lado. Le tocó el cuello amplio y respiró trasluciendo su angustia.
-Lily...
La sangre que huía de la herida de la daga se deslizó hasta tocar las rodillas de él. Se inclinó y abrazó a la yegua que respiraba despacio, colocando su cara junto a la de ella.
-Y-Yo quería ponerte a salvo... Lo siento... Lo siento...
Su maestro Toga Yagari mantuvo la guardia alta mientras observó la cruel despedida. Omashu y Shigeo supieron que no debían perder tiempo ni arriesgarse a que los últimos dos caballos muriesen también, por lo que continuaron la marcha a toda velocidad.
-Lily... Eres mi amiga, no me dejes... –imploró. Sus lágrimas se confundieron en las gotas de la lluvia corriendo por su rostro perfecto pero maculado.
Pasaron unos pocos segundos hasta que el magno animal dejó de mover el pecho. Se sintió aumentar el peso de su cráneo sobre el brazo de Zero y él supo que ya se había terminado. La abrazó con más fuerza, apretando los dientes y cerrando bien los ojos. A lo lejos se oyeron los aullidos de los vampiros y los pedidos de auxilio de la gente inocente, mezclado eso con el bullicio de explosiones y la destrucción de las edificaciones. Chiasa Hido se llevó una mano a la boca, sobrecogida por lo que estaba contemplando. Junichi suspiró cabreado.
-Zero... –susurró Yagari a su pupilo, poniéndose de rodillas a su lado y tocándole el hombro-. Ya está. No puedes hacer nada.
El ser que lo había acompañado durante los largos días de soledad en la academia Cross, esos días en que Yuuki jugaba con su corazón y él tenía que pagar por sin embargo quererla, se desvanecía del mundo, se iba de entre sus dedos. Lily le había ofrecido un silencio que reparaba todos los daños en su corazón y que le había permitido aguantar hasta la llegada de Kira Airen. Había sido vital para él y de pronto dejaba de estar. Era una vez más cuando los vampiros le arrebataban una parte de su felicidad.
Gimoteó con la garganta oprimida por el desconsuelo y se separó de ella lentamente, apoyándole la cabeza de nuevo en el piso. Le cerró los ojos con las manos y se ahogó en su propio llanto. Chiasa quiso llorar también, por ver a su líder destrozado. Los cielos tronaron y él entonces también, rugiendo en dirección a Dios y consumiéndose en la desolación que le llenó el cuerpo. Su rabia resonó en toda la ciudad.
-¿Z-Zero...? –Kira masculló sin aire en los pulmones, al oír a lo lejos, entre el ruido heterogéneo, un clamor que le resultaba familiar.
Sin que fuera una respuesta del Señor del firmamento ni nada semejante, una inmensa luz blanca se disparó desde la tierra hacia las alturas, detrás de la cortina de agua y varios kilómetros a lo lejos. Los cuatro cazadores se voltearon a verlo pero desconociendo la causa.
Un Kaien Cross que no paraba de derramar lágrimas habló en un tono desgarrador desde su refugio en su casa:
-Con esta guerra, luego de los despojos, el mundo ya no será el que conocíamos. Dios, ¿por qué tanto odio...? ¿Por qué?
-¡Zero! ¡Lily se ha ido, pero Kira te necesita! ¡Corre! –el tuerto increpó contra el muchacho, irguiéndolo y arrastrándolo a avanzar en contra de la pujanza de la tormenta.
Sora llegó con Takumi a doscientos metros del edificio del cuartel. Gritó pidiendo ayuda y Naru fue a socorrerlo, no sin necesitarlo ella misma simultáneamente. Detrás la siguió la muda de dieciséis años.
-¡¿Qué pasó? ¡¿Dónde está Kira?
-¡Sigue allá! ¡Son demasiados!
Entre los tres llevaron a Takumi al interior de la fortaleza profanada. No fue fácil entrar sin cruzarse con los violentos invasores que reducían a los guardias y socavaban todo espíritu de lucha. Haniko no recuperaba su consciencia. Ico Chigima sangraba de un modo peligroso producto de la herida de bala, mientras un joven lo cubría y se batía a duelo sin descanso. Cuatro perros de la unidad canina especial habían sido puestos fuera de pelea aunque no hubieran perdido la vida. Subiendo las escaleras del exterior, Naru recibió un flechazo en el muslo y se quebró en su andar. No perdió tiempo y vociferó a su colega sin habla:
-¡Llévalos adentro! ¡Ponlos a salvo!
Se arrancó la flecha de la pierna y se incorporó temblorosamente. Sollozó de cara al panorama que se reproducía a su alrededor. Apretó los dientes. Tomó una espada que había sido abandonada sobre los peldaños y caminó hacia el frente. Pensó en la madre de Zero Kiryuu y pensó en él. Llenó su pecho de aire y luego lo soltó. Enlazó las manos en la empuñadura de la espada y bajó las escaleras. Chigima farfulló y estiró una mano cubierta de sangre.
-K-Kira... M-Mi hija...
Dispuesta a morir en el frente de la batalla, Naru Sukimo caminó hacia los hostiles. Si iba a morir ese día, estaba bien, porque evidentemente era en la guerra que las generaciones de cazadores venían esperando. Y una cazadora sabe bien que su vida puede terminar en cualquier momento tratándose de luchar contra vampiros. Alzó la vista a los relámpagos y se abalanzó.
-¡Naru! –tratando de detenerla, gritó el muchacho que cubría a Chigima.
Chocó contra una vampiresa Nivel E que lucía un estado de enfermedad seria. La redujo a la nada con pocos movimientos y luego siguió con dos hermanos adolescentes notablemente vinculados con la familia Gihato. Si bien uno de ellos logró morderle el brazo, ambos fueron derrotados también.
Kira y Aliam pudieron unirse en una postura más compacta que les evitara ser separados. Casi espalda con espalda, se fueron haciendo de un mínimo espacio y se corrieron hasta aproximarse a Kaito Takamiya, aún encerrado y ya demasiado malherido como para aguantar el peso de Akane sobre su hombro. Tuvo, por ende, que dejarla en el piso y defenderse de quienes querían someterlo. Había perdido una parte de su camisa, por lo que fue vulnerable a atracos más directos. Su torso delgado y marcado de surcos se transparentó con la tela mojada. Y pese a su afán por sobrevivir, un posterior impacto a la nariz le llenó los ojos de lágrimas y lo dejó momentáneamente ciego.
-¡KAITO, RESISTE! –la chica le rogó.
De quien recibió el siguiente golpe no fue de los vampiros o de los humanos drogados, sino de la misma Akane que, recuperando la consciencia, se incorporaba por sí sola y procedía a tumbarlo. Kira Airen se horrorizó al ver la expresión de locura en aquel rostro normalmente tan elegante. Pálida, ojerosa, poseída, la dama de trenzas, tras desmayar a Kaito, giró hacia ellos dos y gruñó como lo haría una criatura ávida de carne
-Esto se acabó, Kira –dijo Aliam en un tono de exasperación sin límites-. Debemos ir.
Se tomaron de la mano y corrieron como aves a través de los caminos del aire. Los destellos a lo lejos, probablemente por encima del territorio de la academia Cross, continuaban disparándose con una implicancia aún desconocida, lo que hacía latir el corazón de los dos héroes con mayor angustia.
-¡Más rápido, Kira! ¡RÁPIDO! ¡NO MIRES ATRÁS!
Una lanza delgada pero de madera pesada se escabulló hasta darle a Naru en el costado, perforando lo que podría ser el hígado. La punta le tocó las costillas, lo que la hizo chillar pese a la paralizante crisis que se propagó por su organismo en microsegundos. Sus huesos se sintieron quebradizos. Cayó de rodillas y lloró. Alzó la vista unos centímetros y vislumbró, detrás de la nebulosa, un hombre de espaldas anchas que caminaba hacia ella y con un el puño cerrado. La boca le brillaba en un rojo y en un blanco que sólo anticipaba la ferocidad con la que iría a devorarla. Sin poder moverse ya, la cazadora suspiró y bajó la cabeza. Encontró debajo de sí su propia sangre corriendo entre sus miembros y fundiéndose con el agua acumulada en el suelo. El dolor aumentó hasta convertirse en un abatimiento imposible de tolerar y ella cerró los ojos. Lo siguiente que oyó fue la risa del vampiro pero interrumpida por el relinchido de un caballo. Entonces reventó un sonido como a metal fino y piedras contra asfalto, y el vampiro se desplomó delante de Naru. Esperanzada, ella tomó una bocanada de aire y miró a su salvador, Omashu, que, tras horrorizarse en la efigie del cuartel destruido, le habló desde el lomo de su corcel:
-¡Naru, ¿qué ocurrió aquí? ¡¿Kira está adentro?
Gimoteó y respondió en lo que, sintió, fueron sus últimos instantes de lucidez:
-No... Está en la... ¡ciudad! Kaito... fue a buscarla...
No perdió tiempo en inquirir qué le había pasado a Chigima, que continuaba herido en el suelo, ni tampoco, aunque lo deseaba, pudo bajarse a auxiliar a la mujer. Le dio un aviso a su compañero Shigeo y pateó los lados del caballo para alentarlo a desplazarse prestamente:
-¡Avísale a Zero!
Los ojos de Omashu rastrearon en busca de una chica de pelo negro, viva o muerta, en un tenaz esfuerzo por separar la distorsión de la lluvia difuminada en el viento y los bultos del fuego con el humo y los trastos.
-¡Kira! ¡KIRA! ¡Kira Airen! ¡¿Dónde estás?
Ella tropezó cuando una de sus piernas acabó por agotarse y doblarse. Aliam, no con mayores bríos, la levantó de inmediato y la empujó. De pronto la ciudad parecía un laberinto, un campo de batalla irreconocible; en las tinieblas los guiaron el instinto... y las plegarias. Plegarias, que de haber sido oídas, no habrían permitido la inusitada aparición de un rostro que llevaba tiempo sin mostrarse. Una cara blanca enmarcada en una melena verdusca. De seguro los había estado esperando para interceptarlos en el justo momento, porque así fue como ocurrió, de hecho. Aliam la vio primero, escondida en lo alto de una de las columnas del edificio del banco de la ciudad, y tan pronto como la reconoció, ya era tarde; ella había bajado. Se plantó frente a ellos dos y sonrió. Sus ojos a medio cerrar indicaron el placer con que iría a exterminarlos en cuanto les pusiera las manos encima.
La joven cazadora tartamudeó. Su amigo la cubrió con el cuerpo.
-Shi... ¡¿Shikara Haze!
-Airen... –dijo la vigorosa vampiresa, bella y ataviada en un vestido corto color gris-. Tú no deberías estar aquí ahora. Podrían lastimarte, ¿no se te ocurrió pensarlo?
Con la voz un tanto ensordecida, se rió. Aliam, con Kira pegada a él, se desplazó de costado para sortear el grave obstáculo que se les presentaba sin más. Shikara ladeó la cabeza y les sonrió.
-¿A dónde creen que van? Ha pasado un tiempo sin vernos, última heredera Airen. ¿Dónde quedaron tus modales? Vamos, salúdame. Dame un beso...
Notó el espontáneo movimiento del látigo Ayilai en las manos de Kira, a lo que respondió con un aire jocoso y de falsa lamentación.
-Mmm..., qué lástima que no tengamos luna, ¿no? Tu azote surtiría un mejor efecto si gozara de su luz.
-Pierde cuidado –entonces contestó la cazadora-. Si tengo que usarlo, lo usaré con o sin luna.
-Claro está. ¿Realmente tienes deseos de seguir malgastando tu espíritu cuando puedes dar todo esto por concluido en buenos términos?
-¿Dándote mi sangre? ¡No, gracias!
Los humanos trataron de caminar escapando, pero Shikara los continuó sitiando.
-¿Dónde está tu novio ahora? Mmm, otra presa digna de saborear lentamente...
En el instante en que Kira se hizo esa misma pregunta, manifestó la exasperación con un resoplo apresurado.
Shigeo, el cazador de coleta de samurái notificó a su presidente al volver a encontrarlo:
-¡Zero, Kira está en la ciudad!
-¡¿Q-QUÉ...? ¡PERO...! –exclamó el chico sin querer creer la noticia.
-¡Sukimo lo ha dicho! ¡En el cuartel no está!
-¡¿EN QUÉ PARTE DE LA MALDITA CIUDAD?
-¡No lo sé!
El líder rogó poder montar el caballo que llevaba a Shigeo y éste le permitió tomar el control total. Fueron los dos juntos mientras se les encomendó a Yagari y a los hermanos Hido seguir el camino hacia el cuartel.
-¡Dios, por favor, por favor, por favor...! –Zero masculló repetidamente.
Sabiendo la identidad de Shikara Haze como Sangre Pura, la angustia de los dos cazadores lesionados por evitar ser atacados por ella, fue aún mayor. En la distancia se vislumbraban peones de Sara merodeando y subrogando víctimas, por lo que la escapatoria parecía evaporarse.
-Aliam... –Kira sollozó junto a su guardián y mientras buscaban un camino por el cual desviarse y huir.
-El terror te está invadiendo, Airen –dijo la vampiresa, regodeada-. Cálmate.
Aliam Fushimoto supo que ni bien Shikara alcanzase a su compañera, todo habría terminado. La separó de su lado y le ordenó volver, correr hacia el desastre que dejaban atrás pero que no era una muerte tan certera como esa verduga. Levantó en su brazo la ametralladora pequeña y tiró del gatillo, pero todas y cada una de las balas que emitió, la villana las esquivó como una libélula. Al concluir, el arma ya no disponía de municiones. Ella liberó una carcajada, ostentando sus majestuosos colmillos y observó del otro lado a un colega fiel ahora cerrándole el paso a Kira. Fue un impacto fulminante el de hallar de nuevo un rostro que el tiempo parecía haberse llevado para siempre, el de un hombre de pelo negro hasta los hombros, de lascivos gestos y que históricamente había codiciado el cuerpo y la sangre de la chica.
Ésta abrió los ojos, estupefacta, y balbuceó el nombre del nuevo participante, quien empuñaba una espada corta pero de reluciente filo:
-¡Ka-Kadashi!
-Tiempo sin vernos, querida. ¿Me has extrañado?
Ella corrió hasta Aliam otra vez. Él la abrazó y respiró agitado al comprender que, si antes no había salida, ahora menos. Reinando el caos de esa manera, perfectamente podían despedirse. El dolor en sus cuerpos se enalteció sin piedad gracias a la humedad y la violencia de la atmósfera...
En el segundo ulterior, los dos vampiros intercambiaron una pérfida sonrisa de placer. La misma, no obstante, no se prolongó más de lo esperado. Al sonar de pesados cascos de un caballo, Shikara Haze se volteó, encontrando a un hombre agitado blandiendo un cuchillo y sentado sobre el lomo de un animal brioso.
-¡Omashu! –Aliam Fushimoto gritó.
El salvador clamó el nombre de Kira Airen y arremetió contra la vampiresa. Ésta levantó un muro de fuego a las patas del caballo para lograr que el mismo volcara a su jinete y huyera. Efectivamente, la idea se concretó, y el cazador se dispuso a luchar cuerpo a cuerpo con ella. Del otro lado, Kadashi asaltaba a Aliam con la espada y lo separaba de Kira.
-¡Aliam!
-¡Aléjate! ¡NO te metas!
Mientras se hundía en la impotencia, ella sostuvo su azote contra su pecho. Caminó en reversa hasta apoyar la espalda contra una pared y observó las maniobras desesperadas de sus dos amigos enfrentadas al poder inhumano de sus contrincantes. La táctica de Aliam se basaba principalmente en inmovilizar la espada de Kadashi, lo cual lo llevaba a cortarse seguidamente las manos. Para tratar de derribarlo, sólo podía patearlo. Omashu, por su parte, ni en sueños podía alcanzar a cortar la piel de Shikara Haze, que eludía cada movimiento con una grácil celeridad. De hecho, él no pudo ni pegarle.
Por tanto, ella se manifestó:
-Dios, eres tan débil y tan lento, que podría matarte con un solo brazo y los ojos tapados. Sal de mi camino, ridículo humano. Ni tu sangre debe valer la pena.
Al término de su jactancia, le propinó un titánico golpe en el pecho que lo hizo retroceder siete metros y que lo dejó tieso y sin aliento por el suelo. Frente a un nuevo panorama, Aliam no podía retornar hacia Kira y evitar que Shikara, ahora libre, fuera a devorarla. La joven cazadora entendió lo mismo y salió corriendo en dirección al cuartel. La Sangre Pura la persiguió, sin la necesidad de prisa, pues Kira apenas era capaz de trotar...
Creyó, por las evidencias hasta el momento, que así como había partido de la Asociación con Akane, los mellizos Amabuki y Aliam a hacer unas compras, ahora regresaba magullada, extenuada y, sobre todo, sola. A medida que atravesaba una amplia y abandonada plazoleta, sintió la seguridad de que no volvería a ver a sus amigos y que probablemente no vería más a aquellos que se hallaban lejos, como Haniko, Cross, Yagari, Chigima... o Zero. Un quejido de tormento y pavura brotó de su boca trémula antes de echar un vistazo hacia atrás, hacia Shikara, que andaba tras ella con una tranquilidad desesperante. Entonces gritó y volvió la mirada al frente dispuesta a acelerar sus pasos, pero la vampiresa ya estaba ahí, acorralándola casi como por arte de magia. Chilló de nuevo, horrorizada, y dio un salto en reversa.
-¡DÉJAME EN PAZ! ¡VETE! –suplicó luego de dar un torpe latigazo al aire.
Después de una pequeña risa dichosa, la dama oscura habló, siniestra:
-Quédate quieta, por favor. No quiero hacer un desastre contigo.
Dio un único paso hacia Kira y se frenó inmediatamente. Se dio media vuelta y divisó un caballo más pero dirigido por dos hombres en su lomo. El de adelante era el Presidente de los cazadores, de rostro furioso y a la vez acongojado.
Si bien su novia tuvo el reflejo deseo de aclamarlo, en su lugar aprovechó la distracción y esgrimió su látigo Ayilai para darle a Shikara en el costado de la cabeza. Ésta berreó y se tambaleó tocándose la cara mientras saltaron chispas producto de la fricción contra el material de esa arma anti-vampiros.
Entonces, sí, exclamó, por fin:
-¡ZERO!
Corrió a sus brazos entretanto él saltó del caballo y avanzó al mismo encuentro. Al hacer colisión, la atrapó y la sujetó contra su pecho. Su corazón férvido golpeó el tembloroso cuerpo de Kira.
-¡D-Dios...! ¡Gracias, Dios, GRACIAS! –Zero sollozó, apretando al amor de su vida por un segundo que supliera la angustia de ese día. Se atajaron en el momento en que sintieron que iban a llorar, para atender al escenario que aún no se resolvía.
Shigeo, el hombre de peinado de samurái, tomó a la sazón el control del caballo y lo arengó a llegar hasta Kadashi, que daba la impresión de estar sometiendo a Aliam a una muerte inminente. Cabalgó con ímpetu, rabioso, y al cruzarse con el vampiro, Aliam se echó prestamente a un lado. El animal relinchó y golpeó a Kadashi con las patas hasta lo tumbó, casi rompiéndole el hueso del cráneo en el proceso y provocando que perdiese su espada. El cazador de barba, en cuatro patas, vislumbró esa arma a unos metros, ahora cubierta por el agua en un charco, y se incorporó rápidamente para ir a buscarla.
Shikara Haze de pronto vio que la situación no estaba más bajo su dominio. Gruñó, aún sosteniéndose la cara tras el azote de Ayilai, y comenzó a esquivar los disparos detonados por la pistola de Zero Kiryuu hacia ella, aunque sin total éxito. Con la cabeza aturdida gracias a Kira Airen, una bala le llegó al brazo, invocando en el aire un alarido tremendo. Zero se dio un instante para disfrutar del decaimiento de la villana que, no obstante, tuvo el empeño de ejecutar sus destrezas mentales para crear bloqueos entre ellos y prevenir otro disparo.
Omashu, a unos cuantos metros, procedía a incorporarse, recuperando arduamente el aliento luego del impacto que Shikara le había hecho sufrir en el pecho hasta casi infartarlo. Observó los hechos. Observó el triunfo de Aliam sobre Kadashi en el piso, al empuñar una espada y clavársela a la altura del corazón.
-¡MUERE, MONSTRUO! –el cazador le gritó victorioso.
El vampiro liberó un quejido seco que acompañó la expresión de sus ojos absortos. Se puso rígido y, un momento después, se le aflojaron los miembros. Su cuerpo se deshizo lentamente y se mezcló con el agua, enturbiándola. Aliam alzó la espada de nuevo y habló a su compañero:
-¡Shigeo, Kaito se quedó atrás! ¡Está grave! ¡Ayúdalo!
Aquél hizo caso y se retiró con el caballo a toda marcha.
Shikara Haze, encorvada al padecer las lesiones, pasó a ser la presa rodeada por los humanos. Por un lado se oponían Zero Kiryuu con Kira Airen, por otro Omashu, armado con un cuchillo anti-vampiros, y por otro, Aliam Fushimoto, equipado con la espada robada. La cercaron. El odio en sus ojos hacia esos representantes de la Asociación incineró el aire. Gruñó hacia Aliam.
-Mataste a Kadashi...
-Cierra la boca, maldita Sangre Pura.
Zero, de la mano de su novia, intervino:
-Sucia vampiresa, ¿quisiste aprovechar la anarquía de este día para cumplir tus nefastos deseos de tomar la sangre de Kira? ¿Qué rayos tienen ustedes en las venas?
-Dinos qué es lo que está pasando.
-Sara liberó a sus tropas –le aclaró a su compañero-. Evidentemente los tenía a todos en un estado de esclavitud subliminal, pero listos para ser despertados en cualquier momento.
-¿Me vas a decir que esta inmunda también es seguidora de Sara? –Aliam increpó, refiriéndose a Shikara.
-No, claro que no... Peones de ella son sólo aquellos que hayan tomado sus píldoras, sean vampiros o no. Shikara es simplemente una oportunista.
Ésta soltó una risotada. El empellón que Kira le había aplicado en la cabeza se le hacía cada vez más notable, más oscuro, como un veloz hematoma, y le iba cubriendo el costado, desde la mitad de la frente hasta el pómulo, en camino a ensombrecerle en minutos los párpados también.
-Hablas de mí como si yo fuera una mera Nivel E –dijo-. Aún siendo el líder de tu gente..., ¡deberías avergonzarte! ¡¿Cómo osas hablar así de mí?
-Todos ustedes dicen lo mismo –espetó Zero, y tensó el dedo sobre el gatillo, preparado para disparar otra vez.
Ella reconoció el leve sonido del revólver calibrado antes del fuego, y tuvo el margen de correrse. Avanzó dos metros a su derecha hasta llegar a la esquina y doblar a una calle no muy angosta, huyendo ya de las balas. Se ocultó, a su paso, detrás de los coches estacionados, los restos caídos de edificios o conteiners de basura y consiguió que Zero no le diera en el blanco. Sin soltar la mano de Kira, él se plantó de cara a aquel camino y siguió intentando atinarle a Shikara con Eclipse. Empero, al tiempo, cuando Omashu y Aliam se arrimaban a la situación que se había ido de su campo visual, venía una amenaza externa... El pasado regresaba sobre el correr de las semanas y se reunía con la actualidad, cruzando gente, porque, por delante de otros disgregados esclavos de Sara Shirabuki a lo lejos, se alzaba un muchacho aún ávido de venganza. Un vampiro que, al igual que sus dos predecesores, hacía uso de la oportunidad del caos, conociera o no la razón del mismo, para concretar aquellos asuntos que tenía pendientes. Había atacado en más de una vez a Kira Airen dentro del territorio de la academia Cross y violaba las reglas que se le imponían. Normalmente contaba con la escolta de otro joven, pero de momento actuaba de forma independiente. Se salió de su refugio al divisar a Zero Kiryuu y a su pareja de espaldas a él, varios metros adelante, y levantó el brazo sosteniendo un revólver de caño largo y delgado. La oportunidad que se le ofrecía era increíble y no estaba dispuesto a perderla. Por un instante no supo bien a quién debía apuntar primero: si a él o a ella. Se decidió por él, por Zero. Cerró un ojo, ganando precisión mientras aquellos no acusaron recibo...
El único que veía las cosas era Omashu. Aliam iba desaforado a perseguir a Shikara, ansioso por desquitarse con ella por el tormento que él había tenido que vivir en esa jornada. No miraba más que el cuerpo de la vampiresa que ambicionaba pulverizar. Omashu, en cambio, por ir más atrás, jadeante aún, atisbó a Zashi, el vampiro, en el mínimo tiempo para esforzarse por última vez y detener el desastre antes de que fuera imposible de revertir. Entendió que estar armado con un sencillo cuchillo no le permitiría derrumbar a Zashi. También supo que no alcanzaría el tiempo para avisarle a Zero a fin de que se volteara y se defendiera con Eclipse. Analizando el contexto nuevamente, comprendió que el vampiro en realidad a él no lo veía, de modo que podía actuar y desviar los hechos de su cauce.
"Gracias, Zero, por haberme visto cuando ya todos habían desistido de ayudarme"
Se oyó un fogonazo de un disparo por detrás de ellos. Se dieron vuelta. Shikara lo hizo incluso, sólo por un segundo antes de echarse a correr otra vez. Vieron a Omashu pálido y tieso, de pie, alineado con ellos y temblando ligeramente. Zero, atónito, lo vio fruncir el ceño y luego cerrar los ojos. Soltó un quejido con fuerza y jadeó. Sus brazos lánguidos a los lados de su cuerpo manifestaron la reducción total del vigor que una vez había corrido por sus venas. Entonces cayó de rodillas y dejó expuesto a su asesino, unos cuantos pasos a la zaga. Kira lo reconoció sin demora alguna y se le abrieron los ojos como platos. Embelesada, murmuró parte de aquel sucio nombre y luego se detuvo. Un silencio sepulcral ensordeció los oídos de Zero.
-No...
La expresión de aridez en la cara de Omashu denotó su propio fin. Y así, estalló la angustia y estalló la ira. Kira aulló en su pena y Zero gritó encolerizado.
-¡OMASHU! ¡OMASHUUUU...!
El Presidente disparó, apretando los dientes y rabioso, a un Zashi que huyó como una rata, apenas sí eludiendo los balazos. Kira corrió desesperada hacia Omashu mientras él terminó de desplomarse boca arriba en el suelo inundado. Y si bien Zero sabía que podía terminar de matar al vampiro si iba tras él y lo cazaba como lo tenía merecido, se frenó y eligió quedarse.
Aliam se arrimó también, hasta que los tres cazadores rodearon al héroe que acababa de sacrificarse por el bien de sus amigos. Kira le sostuvo la cabeza encima de su propio regazo y le habló en un tono desesperanzado:
-Omashu, Omashu, por favor, no te mueras. ¡OMASHU!
La sangre de la herida bajaba por el suelo, a los pies de los otros tres. Se vislumbraba en su pecho un topetazo como desde adentro que había quemado la piel y la carne. Su ropa pronto empezó a teñirse discretamente de rojo.
Fue el turno de Zero Kiryuu. Lo tomó de los hombros y lo miró a los ojos.
-Omashu... Escúchame. Escúchame... ¿Por qué? ¿Te has vuelto loco? ¿Por qué lo hiciste?
Él sonrió y sintió que una lágrima se le escapaba por el rabillo del ojo. Levantó una mano para tocar el antebrazo de su Presidente. La lluvia le pegaba en la cara, admirando todo desde abajo.
-Z-Zero... K-Ki... ryuu... Ya está...
-No... No, no lo digas. ¡¿Por qué?
Kira comenzó a llorar. Apretó los ojos y abrazó la cabeza de Omashu, suspirándole al oído.
-M-Muchos juramos cuidarte, ¿eh?... –dijo, antes de contenerse en un espasmo que le movió el pecho y que expuso la sangre en su boca.
-Te lo pido por favor... Omashu... –el muchacho rogó. Se agarró la cara y apretó los dientes-. No...
Aliam sintió que todo su rigor nato se le escapaba por los lagrimales. Quedó enmudecido por la acritud y bajó la cabeza.
La mano, débil pero a la vez firme por última vez, de Omashu, aunó arresto para llegar hasta el hombro de Zero, quien se destapó la cara y lo miró. De esos ojos lilas caían lágrimas.
-Z-Zero... T-Tú... Tú lograste... que se hiciera justicia... por mi hermano menor... Te debía... L-Lamento...
-No hables –le pidió su líder, tomándolo de la mejilla.
Omashu esbozó una pequeña pero pacífica sonrisa. Cerró los ojos y cató el peso de la oscuridad sobre su cabeza que no volvería a erguirse. Contuvo su mínima respiración y dio su final parecer:
-F-Fue hermoso... luchar... con ustedes... Zero..., K-Kira..., ojalá pueda ahora... ver a Yoken...
Cuando su pulso desapareció y su mano cayó a un lado, Kira alzó la mirada atormentada. Aliam liberó un resoplo de desánimo antes de romper en llanto silenciosamente. Y Zero soltó la cara del hombre que se había marchado, para golpear el suelo con el puño después... Rugió cual bestia en dirección al infierno y sollozó lo que se sentía como un desgarro de la más filosa espada abriéndole las entrañas. Había perdido a Lily y había perdido a un amigo que resultaba un hermano. Habría perdido la vida y habría perdido a Kira también de no ser por él. La presión de la guerra en sus hombros de pronto lo destruía y carbonizaba sus esperanzas de darle a su mujer un mundo digno en el cual vivir.
Shigeo llevó en el lomo del caballo a un Kaito Takamiya sin color, herido de gravedad tras haber sido mordido por una vampiresa que le había quitado una cantidad enorme de sangre, pero a Akane no había logrado hallarla. A poco de andar, los cazadores encontraron al corcel que había tenido como jinete a Omashu, y Aliam lo cabalgó y llevó junto con él el cadáver de su compañero. A pie fueron Zero Kiryuu y Kira, de la mano. Nadie dijo una palabra. La lluvia continuó cayendo pero con un poco de fuerza menos, mientras el viento amainó también. La vista se mantuvo en el camino y los vampiros no se atrevieron a acercarse. A lo lejos sonaban sirenas y exclamaciones de gente de las fuerzas de seguridad, aún luchando por restaurar el orden como fuera posible. El tiempo era difuso; las horas no tenían nombre ni tampoco los minutos, que se iban y se perdían bajo el firmamento ensombrecido de la tormenta. Se marchaban al igual que las almas de los muertos.
Por un momento Kira miró a Zero a su lado y encontró un rostro gris y golpeado, lacrimoso y desalentado pero que aún avanzaba, lo que causaba más pena. Ella tragó saliva y le apretó más la mano.
Desfilaron hasta llegar al edificio de la Asociación. Al bajar las escaleras estaba Toga Yagari. El gesto en su cara se traducía en una extenuación sin precedentes, a la vez en un profundo dolor por contemplar las ruinas de la ciudad. Atisbó a sus colegas llegar y fue hacia ellos, trotando sin energía.
-Al fin... han llegado, Zero... –dijo.
Nadie le contestó. Shigeo se bajó del caballo con Kaito en los brazos y subió los peldaños de la entrada hasta el interior del cuartel. Aliam tomó el cuerpo de Omashu y se lo pasó a su Presidente. Mientras aquél llevó ambos caballos al patio trasero del terreno, Zero entró y Kira lo siguió, con Yagari, atónito, a la zaga y sin atreverse a preguntar.
Cuando los advenidos hicieron presencia en el vestíbulo, los ojos desamparados de los presentes cayeron sobre ellos. Se cerraron las puertas dañadas y algunos ayudaron a prender más luces. El destello de las velas entonces se vertió sobre las miradas perdidas de los cazadores. Zero lo vio y sólo sintió deseos de pedir perdón. Bajó la cabeza y caminó lentamente hasta un cuarto tranquilo, uno bastante lejos de la entrada, donde pudo poner a Omashu a descansar hasta tanto las circunstancias permitiesen darle sepultura. Cerró la puerta y había una multitud a sus espaldas. Giró hacia la misma, encontrando a Naru Sukimo, demacrada y apenas de pie, entre todos. Ella dio unos pasos hasta ponerse de frente a Zero. Lo miró abatida.
-¿O-Omashu...?
Él asintió con la cabeza y bajó la barbilla. Ella cerró los ojos.
-Él me salvó la vida... –dijo en un tono de lamentación.
-A mí también. Y a Kira.
-¿Q-Quién...?
-Un vampiro. Un vampiro llamado Zashi.
-¿Dónde está? –susurró, aguantándose las ganas de llorar.
-Afuera. En algún lado, afuera, pero lo encontraré.
La rústica mujer abrió los ojos e inspiró. Lo tomó de los hombros y dictaminó como lo haría una madre:
-Tendrás ayuda.
Quiso abrazarlo, pero a un presidente de cazadores, jamás. El líder de la Asociación debía ser tenaz e intimidante; no podía quebrarse ni tomar consuelos.
Kira Airen permaneció más lejos, sin energía para contemplar la escena entre Zero y Naru. Se apoyó en una pared y los párpados le pesaron hasta cerrarle los ojos por la mitad. Respiró acongojada y observó a su alrededor la destrucción de lo que ahora era su casa; los muros perforados y abollados, la sangre en el piso, vidrios rotos y cartuchos de perdigones vacíos. Los médicos y enfermeros iban de una punta a la otra, aprisa y peleando por hacer a tiempo y atender a todos los heridos. Más de uno lloraba en silencio.
Se deslizó hasta sentarse en el suelo. Dejó caer su cabeza y aguardó quieta hasta el sonar de la voz de Chigima.
-¿K-Kira...?
Ella alzó la vista y lo encontró con una seria lastimadura en el hombro. Después de haber pensado que no volverían a verse, la chica estiró los brazos y gimoteó.
-Papá...
Él se colocó en cuclillas junto a su hija y la estrechó dificultosamente contra su pecho.
-Ya está... Ya estás aquí... Kira, gracias al cielo que te fuiste.
-¿Q-Qué?
-De haberte quedado aquí, habrías muerto... Dios, gracias por haber salido en este día.
La joven protestó, mirándolo furiosamente a los ojos:
-¿De qué rayos hablas? ¡Por mi culpa Omashu está muerto! –La gente miraba. Ella lloró en voz alta.
-¿Omashu...? –el hombre titubeó, al no haberse enterado de la noticia. Su cabeza giró hacia la multitud que había seguido al Presidente.
–¡Si yo no hubiese tenido la estúpida idea de salir en esta tarde, Omashu no habría tenido que hacer eso...! ¡Él me salvó la vida! ¡A mí y a Zero! ¡Ahora está...!
Chigima la forzó a enterrar la cara en sus amplios pectorales. Le acarició la cabeza.
-No fue tu culpa, Kira. No sé qué pasó en la ciudad, pero yo he estado aquí todo este tiempo y puedo asegurarte... que contigo aquí, te habrían asesinado antes de que Zero u Omashu hubiesen podido volver...
Toga Yagari, entre la masa de personas y los pocos disgregados como Kira y su padre, observó la escena de estos dos. Haniko, repleto de moretones, y Sora Amabuki, plagado, a su vez, de cortes e incisiones, salieron de la enfermería colapsada para encontrarse con lo mismo. Aquél, el de cabello negro, eligió acercarse. Se agachó y llamó a la dama.
-Kira... ¿Qué ocurrió?
Sin fuerzas en su corazón, contestó:
-Omashu murió. Se sacrificó para salvar la vida de Zero y la mía... Y sólo por mi imprudencia... Un hombre que merecía vivir, que estaba saliendo adelante luego de lo de Yoken...
Haniko buscó en Chigima y en Yagari algo de inspiración para no sentirse abatido y para alentar el espíritu de Kira. Luego de hallar en ellos sólo el vacío, tragó saliva y se sentó junto a la chica. Se le frunció el entrecejo y se tomó la cara.
-Déjame entender esto... ¿Omashu está muerto? –dijo en un aire que temblaba.
El silencio posterior confirmó la duda. El mismo se extendió unos segundos y Kira se halló en la obligación de explicar, ahora con Sora y Yagari más arrimados. Detalló, pero con pocas palabras, los acontecimientos que habían preludiado el heroico acto de honor de Omashu, con la participación de Kadashi y Zashi, ambos ex alumnos de la academia Cross. La atmósfera pasó así a agriarse y a inyectar en los oyentes una incertidumbre acerca de sus vidas en el futuro inmediato. Chiasa Hido y su hermano Junichi, los góticos, pudieron acercarse cuando el relato se desarrollaba por la mitad y también se pusieron al tanto de la mala nueva. Chiasa, de hecho, rompió en llanto en los brazos de su hermano prácticamente impávido pero que no respiraba.
Después, Kira hizo una consulta, mas sin ánimo alguno de echar de tema de conversación el fallecimiento de Omashu. La forma de hablar de todos transmitió luto.
-¿Alguien me puede decir si los perritos están bien?
Haniko le contestó.
-Hay varios, menos de la mitad, que han sido atacados, pero ninguno de muerte. Los encerramos en el campo de entrenamiento para ponerlos a salvo.
-¿Han actuado de alguna manera en particular de cara a esto? –preguntó Yagari.
-En realidad, sí, y yo, personalmente estoy sorprendido... Han defendido el cuartel y nos han defendido a nosotros con un compromiso... muy vivaz.
-Qué bueno... –opinó sonriente Kira.
Aliam Fushimoto se reunió con sus amigos pocos minutos más tarde. Pudo haber pasado por la enfermería para desinfectarse alguna de las tantas heridas que exhibía en el cuerpo, pero sencillamente no tenía ganas de nada. La lluvia había, al menos lavado el olor a sangre de su ropa. Cuando Kira lo distinguió entre las caras acongojadas, sintió una vergüenza como pocas. Sus colegas lo saludaron; Haniko lo abrazó.
Tuvieron que transcurrir mínimos segundos para que surgiera la inquietud sobre la falta de un miembro más, de la boca del mismo Haniko:
-¡¿Y Akane?
Aliam y la chica callaron, desviando, a la vez, la mirada al suelo. El otro empezó a sulfurarse.
-Algo le pasó. Estaba poseída, fuera de sí, y nos atacó a Kira, a Kaito y a mí. Hicimos todo lo posible por traerla y revertir lo que fuera que le hicieron, pero sobre el final ella había recobrado fuerzas y trató de matar a Kaito. Kira y yo tuvimos que huir.
-¡¿Estás diciendo que Akane sigue allá afuera? –Haniko gritó.
Más de un rostro se volteó a enterarse del tema.
Aliam vaciló con los ojos y finalmente asintió con la cabeza. Su colega se alejó violentamente y se agarró la cabeza. Chiasa expuso espanto en su perfil.
Fue el turno de Chigima:
-¿Dices... "poseída" como los demás civiles?
-Sí.
-En ese caso –Yagari terció- no está muerta. Está entre todos ellos. Sólo hay que encontrarla.
Kira Airen se puso de pie y marchó directamente a la enfermería, dejando a sus compañeros anonadados. Aliam la miró alejarse.
Dentro del recinto destinado al cuidado de los heridos y enfermos, el caos y la prisa reinaban. Nadie se quejaba, empero, aunque sí había quienes lloraban las pérdidas de amigos. Takumi Amabuki descansaba sobre una camilla; ya lo habían atendido y ahora dormía, por lo que estaba fuera de peligro. Minaha, la señora mayor, que gozaba de ciertos conocimientos de medicina, estaba ayudando y le ofreció a Kira algunos cuidados; sin embargo, ésta, maltrecha y pálida, se negó. Encontró luego a Kaito Takamiya, dormido también, conectado a un suministro de sangre y con el cuello muy vendado. Si bien ella guardaba un cierto reconcomio por ese muchacho por haberla ultrajado y forzado en los días anteriores, era innegable también que le había salvado la vida esa tarde. Por él, entonces, también se sentía ajada de culpa.
Se sostuvo del borde de una mesa repleta de instrumentos de primeros auxilios y suspiró. Cerró los ojos un momento, y al abrirlos de nuevo, Aliam la encaraba.
La deshonra terminó de colmarla. Bajó la cabeza cuanto pudo para manifestar su postración frente al hombre que la había defendido con la vida.
-¿Por qué haces eso? –no obstante, dijo él.
Ella abrió los ojos. Frunció una ceja, aún mirando el piso.
-¿Me estás pidiendo perdón?
Levantó la barbilla hasta verlo, apenas, detrás de su flequillo negro.
-Podrías ser la culpable, pero no es este el caso –continuó.
-¿Qué...?
-Nada de esto fue por ti...
-No tienes la obligación de cuidarme, ni siquiera de la culpa.
-Cuando sea tu culpa, tendrás la razón, pero... –La tomó del hombro y la irguió. Ella ocultó los ojos. –Vi tu habitación, la que compartes con Zero. ¿Sabes cómo está?
Ella negó con la cabeza.
-Vinieron aquí a matarte, Kira.
Lo miró.
-Aunque insistí para que me obedecieras y no salieses a la ciudad hoy, parece que el Destino te dio la mejor de las ideas.
-Cállate, Aliam... Chigima me dice lo mismo, pero no hacen más que expiarme de algo que tengo que asumir como mi responsabilidad... ¡Si yo le causé la muerte a alguien, lo tengo que aceptar!
Le sujetó el cráneo con una mano membruda, de modo que se mirasen fijo a los ojos. El hombre fue concluyente:
-Si te quedabas aquí, ahora estabas muerta. Y como ya te lo hemos dicho, eres una parte vital para nuestra Asociación: Sin ti, Zero está muerto. Sin Zero, estamos perdidos. ¿Lo entiendes? Omashu no te salvó sólo a ti; hizo un acto de valor por todos nosotros, para permitir que ustedes dos, Zero y tú, puedan continuar.
La mirada azul de Kira reventó de lágrimas. Sus mejillas se ruborizaron y su pecho se sacudió en un espasmo que dio entrada a su siguiente decaída emocional. Se abrazaron. La cazadora asimiló las palabras de un amigo, aunque reciente, incondicional, y le dio las gracias.
Pegado a los muros, Zero Kiryuu escuchó al cielo silbando. La lluvia conjuraba un monótono murmullo, no rugía, pero los aullidos de salvajismo de los vampiros y de los humanos poseídos aún repiqueteaban en un pueblo domado por las tinieblas del terrorismo. Por esta razón y porque los integrantes de la Asociación merecían oír determinadas palabras, los instó a todos a reunirse en el vestíbulo cuanto antes. Los habría convocado a la sala de ceremonias donde pocos días antes lo habían elegido presidente, pero su objetivo era que su futuro comunicado fuese dado lo más cercano posible a todos los oídos.
Se dio unos minutos para descansar en soledad en aquel aula, en lo alto del edificio. Ningún vampiro había llegado hasta ahí, de manera que estaba intacta. Caminó entre los asientos y se sentó en el borde de la tarima donde había hecho el juramento presidencial. Suspiró, aguantando el llanto. El silencio le causaba una suerte de angustia y exasperación, mientras que también le infundían deseos de echarse a dormir y olvidar el mundo por un momento.
Hasta que los pasos de una visitante quebraron el vacío. Kira, tras consultar adónde había ido su amigo, lo había seguido. Entró discretamente en el espacio del salón y se detuvo cuando lo atisbó detrás de las sillas. Esperó a que se le diera paso, y así fue.
-Ven –Zero le dijo.
Caminó hasta él y se sentó a su lado. Inicialmente no supieron qué decir. Quizás no hacía falta decir nada, sino el mismo hecho de estar juntos.
Debió haber sido por eso que Zero se inclinó y apoyó la cabeza en la falda de su novia. Ella no escapó a la sorpresa, pero le acarició el pelo. Le besó la oreja y descansó su propia cara sobre él también.
-Todavía estamos aquí –dijo la dama luego de unos minutos.
-Te amo.
-¿Lo dices así porque creíste que no volverías a verme?
-Tuve mucho miedo.
-Yo también.
Dejó pasar unas pausas y sacó otro tema:
-Yagari me dijo lo de Lily...
Silencio.
-No puedo explicarte cuánto lo lamento.
Lo sintió temblar en su regazo. Le acarició la mejilla.
-Si no la hubiera sacado de la Academia... –él empezó.
-Shh... Es muy fácil atribuirse culpas en un día como éste...
-¡La voy a extrañar mucho...!
Se doblegó ante la tristeza por fin, y en algún modo lo disfrutó, porque sólo frente a ella sentía que podía hacerlo sin sentirse en falta con su autoridad presidencial. Se tapó la cara con una mano y se agarró a las rodillas de Kira con la otra. Ella lo envolvió con los brazos.
-Está bien, Zero... Estamos solos aquí.
-¡No quiero perder a nadie más...! –suplicó.
-Lucharemos todos juntos para que eso no pase.
-¡Pensé que te perdía a ti también!
-Claro que no... Aquí estoy. Y no dejaré de estar.
Los pocos minutos que sabían que tenían libres para recuperarse juntos, los aprovecharon para recabar fuerzas. El dolor tratando de consumirlos era un problema para resolver. Kira resistió mejor que Zero y se manejó elaborando estrategias para vencer el padecimiento. Recurrió al pasado, al buen pasado que los dos compartían, y enalteció lo mejor del mismo. Se sonrió. Ayudó a su novio a incorporarse y lo alentó.
-Apóyate en la felicidad. Ya has vivido tiempos oscuros, ¿no? Cuando yo estaba atrapada en el hechizo Oblivion, cada día debió pesarte... ¿En qué solías pensar?
Con la garganta oprimida por el duelo, él le respondió:
-En que... podrías volver... algún día... y pensaba en... –Asintió. –Pensaba en los hermosos días que habíamos tenido.
-Hazlo de nuevo entonces. Ahora te hace falta. Busca dentro de ti todos esos momentos que brillan. Nuestros cumpleaños, el baile, mis canciones, las falsas discusiones... Las sonrisas de nuestros amigos.
El pensar en eso trajo a Omashu a la mente de Zero. Cerró bien los ojos y apretó los dientes.
-Sé que duele. A mí también me duele... Pero escúchame... Presidente –dijo en un recio tono-, esta guerra hay que pelearla y de algo tenemos que agarrarnos. ¿Mmm...? Sé que tienes miedo. Yo estoy aterrada. Sólo aguanta un poco.
Él le sujetó la mano y le dejó en la misma un beso y un suspiro. Le murmuró:
-Tú eres mi sustento.
-Supongo que entonces la presidencia debería ser compartida, ¿no? –propuso en un aire humorístico que hizo reír al hombre.
-¿Lo ves? Aún en este día, tú logras hacerme reír.
Ella tragó saliva, repugnando las lágrimas, y aclaró:
-Para eso estoy.
Se abrazaron con fuerza, no como amantes, sino como compañeros. El calor de sus cuerpos pareció calmar las heridas y las contusiones que la chica había sufrido, por lo que anhelaron poder eternizarse en ese instante. Salir a pelear podía perfectamente acabar con sus vidas, y ese salón, con ellos dos solos adentro, se sentía como el cielo.
-Te amo, Zero.
-Yo también. Te amo.
Se miraron a los ojos y se dieron el privilegio de besarse. El goce de tal gesto dilató el tiempo y adoptó el sabor de la gloria por ser, quizás, el último de sus vidas.
Y después él buscó en su bolsillo, haciendo memoria de un amuleto que había conservado para atraer a la buena suerte. De entre tela mojada y pesada sacó el conejito de trapo confeccionado por Kira, también afectado por el agua acumulada adentro. Las orejas y las patas le colgaban.
-No lo perdiste... –dijo la mujer.
-Claro que no. Además, la lluvia hizo que quedara más aprisionado dentro de mi ropa.
-Yo diría que lo lleves por un rato más. Quizás haga falta algo de buena fortuna.
-Me sentiría mejor si no fuese necesario, pero lo tendré conmigo de todas formas. De hecho, Kira, lo tendré conmigo y lo conservaré para siempre.
Su faceta tierna y sinceramente débil por la sonrisa de su princesa, a sólo ella se lo dejó ver en bruto. No pudo más que darle las gracias por ser su confidente y por alimentar su corazón de esperanzas y de valor, hasta que un humilde Toga Yagari los interrumpió para solicitar su presencia en el vestíbulo.
Obedeciendo al llamamiento de su líder, todos estaban ahí, amontonados en el salón de entrada del cuartel. Algunos habían tenido que subir a los balcones del piso siguiente para poder tener un espacio y escuchar. Los internos y médicos en enfermería, junto a dicho recinto, prestaron atención. Hubo quienes, anteriormente inconscientes, habían podido despertar, y que ahora ansiaban oír las palabras de su primer mandatario. Kaito Takamiya y Sora Amabuki, entre ellos.
Yagari trajo entonces a Zero Kiryuu de la mano de Kira Airen, y ésta se quedó junto a los demás cazadores, al lado de su tío de un solo ojo y de su padre Chigima; cerca de sus amigos, como Aliam y Haniko. El Presidente caminó hasta situarse en el centro del vestíbulo y aguardó a que el silencio fuese suficiente para empezar. Miró los rostros de todos esos que lo seguían y que confiaban en él, y miró los ojos de la persona que resplandecía en su vida. Ella le devolvió el gesto y el discurso tomó su curso:
-Esta anarquía que hemos presenciado, algunos desde este edificio, otros, padeciendo el exterior que azotó a la ciudad, nos ha tomado a todos por sorpresa. Las investigaciones con respecto a los Sangre Pura Sara Shirabuki, Kaname Kuran y los clanes Houki, Gihato y Haze, nos permitían saber que algún día tendríamos que librar una batalla importante, una que torciese el curso de la historia de este mundo en el que llevan viviendo humanos con vampiros... Yo..., ustedes lo saben, no soy un humano entero, y me avergüenzo de ello. Ser así me ha traído desgracias, y las desgracias son también lo que antecedió mi vida como un ser mestizo. Me he convertido en una persona vengativa de cara a los monstruos que combatimos; es un problema personal. Pero creo que todos tenemos a alguien... que fue arrebatado de nuestras manos por un vampiro, por Sangre Pura, noble o Nivel E. Y creo que desde ese lugar hablo ahora: desde el lugar de un hombre que ha lamentado y que seguirá lamentando la muerte de familiares, amigos, amigos de amigos... Hablo desde el lugar de una persona que quiere vivir en un mundo pacífico, donde la ley se respete y donde se puedan proyectar años prósperos, años de conocimiento y salud, de felicidad. Lo triste es que para construir ese mundo tengamos que empuñar un arma. Sin embargo, opino que no fue por iniciativa de los seres humanos, si bien la humanidad ha tenido sus propias guerras antes. Al mismo tiempo, creo que cada uno de ustedes tiene una opinión acabada acerca de la convivencia que ha existido hasta aquí entre humanos y vampiros. Uno ha podido pensar que es ridículo poner juntos a un depredador con una presa y que los pactos de paz que se firman son inútiles; hay otros, como un hombre que en este momento pelea lejos de este cuartel, que sueña con una realidad de amor entre estas dos especies que son tan antagónicas. Yo... creo que eso es dulce, que es propio de un corazón bueno, de un alma honesta y sencilla. Algunos me corregirían y dirían que es ingenua, pero la bondad es irrebatible. Mi punto es... que eso quedó atrás. A partir del desastre, del caos... que nos ha pegado en este día, eso quedó atrás. La verdad es esta: que los vampiros han atacado nuestras vidas, nuestro mundo. Gente inocente allá afuera perdió todo; su hogar, su familia, sus seres amados. Nosotros también. Y no fue gracias a la acción de un cuerpo político corrupto dentro de esta asociación de cazadores, no. Quizás muchos o algunos de ustedes no me consideren idóneo para enfrentar esta guerra que llegó a nuestras puertas tan violentamente, porque soy joven o porque estoy enamorado. Pero saben que en mí late un deseo de justicia que data de muchos años, y lo quiero cumplir. Soy capaz... de cumplirlo. Por eso, como su presidente, pido perdón por mis errores y pido perdón por el dolor que los está aquejando en este momento, pero a la vez, como presidente, les pido que confíen en mí... Como creo que lo harán, los exhorto a que acaten esta orden... y peleen conmigo.
Un murmullo colectivo de aquiescencia rodeó al joven líder que sintió su espíritu glorificarse. Kira Airen tragó saliva y respiró, orgullosa y consciente de que los presentes estaban decididos a apoyarlo. Los más cercanos al acceso de la enfermería repitieron la mayor parte del discurso para que los internos pudiesen participar.
-Quienes no se sientan aptos para luchar, tienen mi permiso para permanecer aquí. Aquellos, en cambio, que estén dispuestos a cruzar esas puertas y enfrentar la guerra, la última guerra, con la amenaza de los vampiros, sepan que esto es el día decisivo que generaciones de cazadores han estado esperando. –Un coro de aliento lo secundó. –¡Tendrán todo mi apoyo; yo pelearé hasta el final, con cada uno de ustedes! –Otro coro surgió, y Kira se unió al mismo. -¡Tenemos los recursos! ¡Los trillizos Nishigata nos han proveído con un arsenal sofisticado y completo! ...vamos a sacarle provecho –propuso con una maléfica sonrisa, y la gente volvió a alentar, sobre todo aquellos amantes de las armas, como Aliam Fushimoto-. ¡No hay tiempo! ¡Debemos darnos prisa! ¡El enemigo no nos esperará! ¡Todos aquellos que no dispongan de armamento ahora, por favor, procedan al depósito para equiparse! ¡Los demás, permanezcan en este sitio! Y prepárense.
Con suma diligencia, se hizo lo que él dictó y no hubo nadie que se negara a luchar. En poco más de media hora, todo el cuartel se había hecho de un arma, blanca o de fuego, y estaba preparado para salir a conocer la muerte. De los asistidos en la enfermería, varios se levantaron para alistarse también, tal y como hicieron Kaito, Sora y Riten. Se formaron en filas irregulares en los pasillos hasta desembocar en el vestíbulo nuevamente. Hubo quienes aprovecharon el prólogo para estirar los músculos y hubo quienes empezaron a rezar.
En la oficina principal, simultáneamente, sonó el teléfono. Yagari, ya con su rifle calzado, fue quien atendió. Del otro lado sonó la voz de Kaien Cross. El tono era calamitoso y contagiaba perdición, una congoja difícil de describir.
-Toga...
-Cross.
-Yuuki desapareció. Kaname y Sara también...
-¿A dónde?
-No sé, pero están aquí todavía... Su batalla tomó un respiro... porque creo que morirán los tres.
-Cross... –Yagari titubeó, al saber que su colega enfrentaba la inminente muerte de su hija.
-L-Los... vampiros, los alumnos, los están buscando... Son animales, Toga... ¿Cómo pude pensar... que algún día podríamos convivir-?
-No te castigues. Hiciste lo que pudiste.
-Creo que no alcanzó..., pero tendré que llevarme ese dolor a la tumba.
-No hables así. Aquí hay muchos que te quieren y que no piensan verte muerto.
-Es porque Kira ha irradiado sobre ustedes ese amor que yo venía persiguiendo... ¿Podré hablar con ella? ¿Cómo está?
-Está viva. Podría no estarlo, pero está bien.
-Es un alivio... ¿Están todos bien?
-P-Pues..., no. Perdimos a Omashu y a varios más... Y Akane está desaparecida...
El silencio contestó a esa frase. Kaien de seguro estaría cerrando los ojos.
-Cross, dime si ustedes están bien.
-Estamos todos –dijo soltando de golpe el aire y suspirando después, evidentemente a duelo con el llanto-. Estamos en mi oficina. No me dejan salir.
-Me parece una buena idea –comentó entonces en un aire cómico antes de una risita.
-Toga, quiero hablar con Kira y con Zero..., por favor... No sé hasta cuándo podré...
-Claro.
El caballero buscó a la pareja presidencial y les pidió pasar al despacho. Quizás intuyendo una despedida, sus más cercanos amigos, Aliam, Haniko, los mellizos, Chigima, Naru Sukimo y los presentes miembros de la Patrulla 8, se acercaron también. Primero tomó el teléfono el chico.
-¿C-Cross...?
-Hola, Zero. ¿Estás bien?
-S-Sí... Podremos hacer esto.
-¿Van a la guerra?
-Sí.
-De acuerdo. Yo no quería esto, pero, ¿cómo puedo protestar? Tú me diste todo el apoyo posible.
-Es que te debo mucho –confesó con cierta dificultad. Frunció el entrecejo al catar un calor en la garganta y un principio de nudo.
-Jamás. Te cuidé y te crié porque te quise. Te he cuidado siempre por esa razón. Tú no me debes nada. ¿Sabes que estoy orgulloso de ti, verdad?
-Gracias...
-Me habría gustado mucho tener un hijo que fuera igual a ti, ¿sabes?
-Cross, no hables como si fueras a morir... –le rogó, cerrando los ojos. Kira abrió los suyos, asustada.
-Eres un adulto. Sabes que eso es muy posible ahora. Pero, bueno..., quería simplemente decir que si así sucede, moriré muy feliz, por haber compartido estos hermosos años contigo, viéndote crecer. Has sido un desafío muy agradable, Zero Kiryuu.
-C-Cross...
-Sé que triunfarás. Podrás perder a la mitad de tus tropas, pero el triunfo será tuyo, yo lo sé. Eres inteligente y tenaz. El tiempo está a tu favor y tienes a la persona que amas.
-Cross, escucha..., no quiero hablar así, pero... –Se armó de valor. –No habría llegado hasta aquí sin tu ayuda..., sin que me rescataras aquella noche en que mis padres murieron. Y sin esas... –dijo con una ligera risa nostálgica- estúpidas palabras de ánimo que me diste todos los días después de lo de Yuuki, no habría llegado a aguantar y conocer a Kira. Ustedes son la familia que me mantuvo y que me mantiene en pie. No me alcanzará la vida para agradecerte que estuviste ahí para mí siempre que lo requerí... y cuando no, también. Cross, siempre fui claro con esto, y yo tuve un solo padre, pero en estos años has sido... la clase de padre con el que todo hijo sueña... y me siento honrado de haber sido criado por ti. Y estoy siendo sincero.
Del otro lado, el legendario cazador se sacó las gafas empañadas. Tomó una vasta bocanada de aire y sonrió, contemplando la lluvia por la ventana.
-Zero, te he educado bien.
El chico rió suavemente y se sonrió asimismo.
-Hasta luego, Cross. Nos veremos pronto.
-Adiós, Zero. Cuídate. Pásame a Kira, por favor.
Las delicadas pero magulladas manos de la dama tomaron el tubo.
-¿Director? –habló con la emoción gobernando cada sonido salido de su boca.
-Sigues llamándome así; eres tan tierna, querida.
-Lo extraño.
-Y yo a ti. ¿Cuidarás a Zero por mí?
-Claro que sí. Lo prometo.
-Así me gusta. Kira, lo que les sucedió a ti y a tu familia fue nefasto, pero confieso que egoístamente en mi corazón estoy feliz de que por ese motivo tú hayas llegado a nuestras vidas, a la de Zero y a la mía. Eres... sencillamente un ángel. Trajiste luz y trajiste alegría. Hiciste que naciera la esperanza y la ilusión de una realidad feliz para todos. Y en lo personal... quiero agradecerte que apoyaras mi causa de querer unificar a los vampiros y a los humanos... No te oí cantar la otra noche, pero creo que hiciste milagros en ese momento. Es una pena que aún así este día este eclipsándose sobre mis planes y sobre tus buenas acciones... Acciones que son aún más honradas viniendo de una persona que vio su vida devastada por los vampiros.
-No me gusta que se esté despidiendo de mí así... –sollozó. Aliam le tocó los hombros, cabizbajo.
-Es probable que esto sea un adiós. Por eso tomo esta medida. Quería oírte y quería decirte esto. Ahora mismo te abrazaría.
-L-Lo quiero mucho, Director. En serio.
-Yo también. Te quiero muchísimo, Kira Airen.
Sobrevino un silencio que ofuscó a la chica. Sabía que tenía mucho para decir, pero las palabras no se formaban. Diría que lamentaba la decepción que Yuuki Kuran le causaba por no ser la hija que él idealizaba, pero no tuvo más tiempo. Él tomó el relevo.
-Debemos seguir. Sé cautelosa, querida.
-De acuerdo... Por favor, no se lastime, ¿sí?
-No te preocupes. Ve. Adiós.
La comunicación llegó a su fin y ella se quedó con el teléfono en la oreja. Luego de unos segundos lo miró y cerró los ojos. Colgó y aceptó el abrazo que Aliam le dio desde atrás. Zero le acarició la mejilla y Yagari tocó los hombros de su hijastro. Mientras todos bajaron la vista al piso en un silencio sepulcral, Ico Chigima propuso una oración, aunando las gracias por haber llegado hasta ese punto, habiendo entablado esas dulces relaciones, y ensalzando un pedido conjunto de protección para ellos y para sus hermanos, para los cazadores, también para la ciudad Fukuoka y para el país, para Kaien Cross y sus acompañantes, por la paz y la rectitud, por los buenos, para que el miedo se fuese y la destrucción se detuviera.
Y Kira se cambió la blusa negra destrozada, por una remera de tirantes blanca, algo que había podido recuperar de su habitación profanada. A partir de las plegarias y los discursos, había iniciado un diálogo interno entre ella y la Muerte, quien, quizás, la estaría esperando del otro lado de la gran puerta del cuartel. Si bien los cálculos arrojaban un inquietante resultado sobre su futuro inmediato, y si bien podía encontrar dentro de sí el arresto y la entereza para cerrar los ojos y morir, se convenció de que la razón la tenía ella más que cualquier destino preestablecido y desafió al mañana. Se ubicó cerca de la entrada, al frente de la mayoría de la gente, y le cuidaron las espaldas todos aquellos que hacían valer sus días, desde su padre Chigima hasta Kaito Takamiya. Contuvo con una mano el látigo Ayilai contra su pecho, y en la otra sostuvo una pistola de caño ancho que disparaba perdigones incendiarios y que Aliam le había entregado con plena confianza. Llenó su pecho de aplomo, pues sólo restaban minutos antes de salir.
Los francotiradores fueron despachados a las torres para evaluar la situación en el exterior. En vista de aquello, los vampiros y los humanos afectados por las drogas estaban cercando el territorio del cuartel y habían crecido en número, pero las condiciones climáticas habían mejorado.
La unidad de respaldo canina fue liberada, exceptuando a los perros que habían sido lesionados antes. Fueron conducidos hasta el vestíbulo y esperaron entre las personas. Los caballos podían descansar.
Zero Kiryuu entendió que no había más que hacer. Registró los pasillos, el cuarto de enfermería; allí el cuerpo médico le deseó buena suerte. Consiguió un cinturón de municiones especiales, con pólvora aún más volátil, para usar con su revólver Eclipse y se equipó con él. No le hizo falta nada adicional y caminó entre sus fieles hasta la avanzada, junto a Kira Airen y su familia. Todos se abrían a su paso. Al desfilar por al lado de Kaito, le habló en un susurro cordial que dejaba lejos de ellos los conflictos preliminares:
-Kaito, sé que en el peor momento fuiste al ojo de la tormenta para buscar a Kira. Por eso te doy las gracias. Espero que podamos pelear hombro con hombro.
Con una voz rasposa que se lucía en sintonía con su cara demacrada y grisácea, el muchacho asintió:
-Así será, Presidente.
Se puso un paso por delante de Kira, a quien miró fijamente a los ojos por un segundo. Suspiró y dio la orden:
-Abran las puertas.
Los encargados de lo mismo permitieron que el aire frío de las afueras se introdujera en el claustro del edificio gótico, aliviando por un momento el ardor de las heridas aún abiertas. Zero cerró los ojos y respiró el contacto con el éter dominado por el agua. Los rostros asustados pero convencidos de los guerreros fueron iluminados por el rubor de un cielo agresivo y flanqueado por relámpagos y rayos largos. La lluvia había cesado por un rato y el viento había mutado a una brisa gélida que estremecía la piel. Por lo lejos se apreciaban columnas de humo, opuestas a la humedad imperante, y los colores del pueblo se habían borrado. El joven de melena plateada se movió y comenzó a bajar las escaleras hasta la calle, secundado por todos. Al tocar el asfalto, miró por encima de su hombro a los tiradores de las torres, quienes le hicieron una seña positiva. Luego encaró los frentes. Encontró, entre las cenizas de la ciudad y los edificios, cuerpos ávidos de hacer colisión, hostiles armados. Estaban por todas partes, a lo ancho del panorama que circundaba al edificio de la Asociación.
Se cerraron las puertas del mismo y los cazadores aceptaron el arduo trabajo que tenían por delante. Intensas emociones que oscilaban entre la aflicción de la muerte y la felicidad del compañerismo, se encendieron entre todos ellos. Naru Sukimo murmuró los nombres de Omashu y de Yoken y se deleitó en la ansiedad por vengarse. Shikara Haze y el joven Zashi estaban allá. Los devotos del clan Gihato también. Se oyó un clamor, el de una mujer, elevándose entre aquéllos.
El Presidente aseveró:
-Es hora.
La historia podía ser escrita por los hombres y las mujeres. La oportunidad de poner fin al terror y a la sangre era ésa.
Kira Airen avanzó un paso y se colocó junto a su mejor amigo. Sin mirarlo, respiró y habló.
-No importa lo que pase. Estaremos juntos siempre, ¿sí?
-Eso no lo dudes jamás.
Se tomaron de la mano. Sus ojos enfrentaban el mismo destino, fuera uno plagado de dolor y tormentas o uno en que finalmente clareara la armonía.
-Si ganamos esta guerra... o si no.
-No tengas miedo, Kira.
-No tengo miedo.
La luz de la electricidad bailando en el firmamento siguió el compás de las marchas enemigas. Los vampiros y los poseídos se avecinaron a mayor velocidad, a la par de la tempestad en todos sus sentidos. Los humanos estaban listos.
-¡Firmes! –anunció el Presidente a sus valientes tropas.
Las armas de la gente con colmillos eran alzadas con furia, pero la formación de los cazadores fue irrompible y el miedo no ingresó en ellos. El baluarte de la Asociación entera residía en el espíritu de su líder y en el alma de la mujer que unificaba todos esos corazones. Ella giró la cabeza y miró a su gente, a sus hermanos. Yagari, Sora, Takumi, Haniko, Aliam, Naru, Riten, Chiasa, Junichi, Shigeo,... Ico Chigima. Ellos le sonrieron y ella les devolvió exactamente lo mismo. En su mente resplandecieron las caras de Akane y de aquellos que estaban lejos.
-Zero, conocerte fue lo mejor que me pasó en la vida..., aunque ésta fuera a terminar hoy.
-Sabes que yo siento lo mismo que tú.
Los hostiles se aclamaban a sí mismos aullando a los relámpagos. La conmoción que explotaba en el pecho del hombre le quebró la voz. Apretó los dientes y la mano de su amiga, su ángel de cabellera negra, quien hizo una aclaración:
-Pero no será así. Hoy no termina mi vida.
-Gracias por ser tan fuerte, Kira. Gracias por todo.
Los metros se redujeron. El choque era apremiante. Se extinguía el tiempo, pero los ideales cobraron un vigor sin igual por sobre el aguijón del recelo. Y antes de abrir fuego, la asociación de cazadores encumbró en una sola voz un fragor que resonó cual trueno:
"¡POR LA HUMANIDAD!"
"¡POR LA VIDA!"
