Tojo (argomales, aulagas): Enojo.

Cuenta una leyenda bretona que Dios hizo las flores del tojo y, para fastidiarle, el diablo creó las espinas. En compensación, Dios permitió que florecieran todo el año.

¡Feliz cumpleaños para Sho! Sin él no tendríamos Skip Beat! Sin importar lo mal que nos caiga. Aunque no es tan malo (sale corriendo a encontrar cobijo antes que la linchen)

… …

Quisiera decir que no lo reconoce, pero lo hace. Lo reconoce dentro del resto de tormentosas emociones que parecen cobrar vida en esa mirada. Vivió gran parte de su juventud enojado, iracundo. Y se pregunta si acaso ellos dos no tienen más en común de lo que creen, y quiere creer que no, porque él nunca, nunca lastimaría a Kyoko de la forma en que Shotaro lo hizo, sus acciones, imperdonables. Pero imperdonables también eran las cosas que él hizo, imperdonable era la muerte de Rick.

Eran jóvenes, eran estúpidos, y eso no excusaba lo que habían hecho, nunca lo haría. Pero aprenderían a vivir con las cargas de su pasado, llevándolas como heridas de guerra.

Una disculpa para Kyoko, eso se supone que es, pero la forma en que su mandíbula se cuadra, o cómo sus puños se aprietan a sus costados, dicen más que las palabras que parecen forzadas de su boca.

Enojo, enojo sobre todo lo demás.

Pero el enojo de Shotaro por primera vez no está dirigido a Kyoko, mucho menos a él, y Ren lo reconoce, ese enojo, más grande que cualquiera, el enojo con uno mismo. Sí, en esos ojos puede ver el arrepentimiento y el enojo propio de haberlo permitido, de haberlo causado, los mismos que un día vio en sus ojos.

Una disculpa ahogada en enojo, en arrepentimiento, el primer paso de un adiós o quizás, el de un nuevo comienzo.