Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK. Rowling.
21
Un día agitado.
—Ron —escuchó desde lo más profundo de sus sueños—. Ron… —su ángel volvía a repetir su nombre— ¡RON!
—¿Qué? —se despertó asustado.
Lo primero que vio fueron unos ojos cálidos pero desesperados puestos en los suyos y al correrse un poco al costado, algo desorientado, recibió los rayos del sol en su cara logrando molestarlo suficiente como para volver a taparse con la sombra que dejaba ella. Se habían quedado dormidos hasta el amanecer. Hermione sonreía divertida al ver la cara de dormido que su marido tenía.
—Son las siete de la mañana y es domingo… —le informó—. No puedo creer que por primera vez hayas durado toda una noche conmigo.
—Y yo no puedo creer que no nos enfermáramos… —dijo él frunciendo el entrecejo—. ¿Vamos a desayunar?
—¿Eh? ¿Qué pasó contigo? ¿Te cambiaron? —preguntó tratando de evitar reírse.
—Tengo hambre, es lo mínimo que puedo hacer por ti… Invitarte a desayunar —aseguró con tranquilidad y poniéndose en pie la ayudó a ella—. ¿Quieres ir o…?
—Sí, claro que quiero, pero antes vamos a tener que hablar… —le dijo ella poniéndose en marcha junto a él.
—¿Qué hice ahora? —preguntó frenándose y mirándola fijamente.
—Es por Harry; me molesta tanto que él también sea como tú… —empezó pero Ron la interrumpió.
—No es como yo, él no tiene nada que ver en esto. Es un buen amigo, nada más. Me ayuda y evita que me atrapen como tú haces. No puedes culparlo porque entonces tú también estás haciendo las cosas ilegalmente.
—Eso lo sé, todo es ilícito si tiene que ver contigo pero Harry era un buen hombre…
—Él no es un ladrón, Hermione… Se preocupa por mí así como lo hace contigo. Y aunque esté enojado con él, sigo pensando que no se merece que Ginny lo eche de la casa —opinó él y continuó—, y ustedes por ser mujeres, siempre se sienten incomprendidas y bla bla bla pero al final hacen todo un circo por él que no hizo más que ayudarme… Y lo peor es que buscan un pretexto con eso de que puede ser o no un ladrón, pero lo que en realidad les molesta es que no les haya dicho la verdad desde un principio… Ahora, si él se los decía, ¿estás tan segura de que no se hubieran enojado de la misma manera? —preguntó sutilmente Ron.
—Tienes razón… —dijo ella entre dientes y con la cabeza gacha.
—¿Qué dijiste? No te oí bien —musitó Ron.
—¡Que tienes razón! ¿Está bien? —repitió alzando la voz y mirándolo por fin de forma divertida—. Creo que Ginny no debe echarlo porque no se merecen vivir lo mismo que nosotros, pero compréndela, le ha estado mintiendo y encima es con respecto a ti… —se volvió seria y continuó—. Ella te quiere pero está muy dolida por todo, está como yo solo que… yo no puedo echarte de ninguna parte porque no vives conmigo y tampoco te echaría en ese caso porque ya comprobé que no puedo estar lejos de ti… No quiero más esto, Ronald.
Ron le sonrió; sus palabras, sus mejillas sonrojadas, su cabello enmarañado, sus ojos cafés brillando con el sol de la mañana… Todo en ella la hacía ver adorable. Además, lo había llamado Ronald, eso le encantaba aunque jamás se lo hubiera dicho. Se acercó y tomó sus manos, inclinó su cabeza un poco y esperó a ver qué hacía ella. Entonces como él esperaba, sus ojos se cerraron por la cercanía y sintió los labios de ella atrapar a los suyos con lentitud. Sus bocas se movieron al compás de una música silenciosa que solo ellos reconocían y sabían leer la misma partitura que los llevaba siempre al mismo lugar… A besarse lento y suave, apasionada y desenfrenadamente por momentos. A sentir un calor sofocante y a la vez el frío que provocaba la piel erizada de ambos cuando se tocaban. Esos eran sus besos. De esos que viéndolos desde un perfil externo, hacen sentir enamorado a cualquiera. Ron separó sus cuerpos respirando normalmente por la nariz e inhalando todo el aroma desprendido de ella. Hermione lo besó dulcemente una vez más y agarrando una de sus manos comenzó a caminar con él como si fueran una pareja reciente disfrutando de sus primeros días de noviazgo. Pero como no lo eran, pronto se iba a notar el por qué.
Cerca de la calle que justo cruzaban se escuchó un fuerte disparo y luego un grito desesperado, ambos se miraron en complicidad y salieron corriendo hacia el lugar del incidente. Una señora sollozaba agachada junto a un cuerpo herido que suponían sería su marido y un joven salía corriendo para el lado contrario empujando a todo aquél que se interponía en su camino. Este hecho a Ron le recordó algo similar a lo que él había vivido junto a su abuelo cuando era sólo un niño de trece años y lo había visto morir en sus brazos por un disparo de un joven que escapó corriendo. Se puso furioso por revivir esa imagen en su mente, por la promesa que había hecho aún siendo muy pequeño y por saber que no estaba cumpliendo del todo con su objetivo. Así que aún con los ojos desorbitados de su mujer puestos encima de él y con esa rabia contenida, salió corriendo detrás del muchachito que había cometido el crimen visto por muchos peatones. Hermione no salía de su asombro y lo único que había atinado a hacer era intentar calmar a la mujer mientras pedía que llamaran a una ambulancia. Por suerte la bala había dado en una pierna y no en otra zona más complicada.
Ron corrió bajo la mirada de muchas personas sorprendidas. Ya estaba cerca del chico cuando éste se decidió a cruzar una avenida sin haber visto que el semáforo seguía en verde y que los autos se amontonarían contra él. Entonces Ron lo siguió sin importarle nada y no supo cómo —tal vez por adrenalina— pero corrió más rápido de lo normal al ver que un camión estaba a punto de partir en mil pedazos al joven rastrero, y lo empujó con todas sus fuerzas para quitarlo del camino y salvarlo de aquella muerte segura. Ambos cayeron en la acera y quedaron tirados totalmente agitados. Ronald se paró antes que el chico y lo agarró de la camiseta mientras escuchaba como los bocinazos de los autos se alejaban pronto y todo volvía a la normalidad, excepto que él había tomado una postura diferente a la de siempre, había actuado como un policía al atrapar al muchacho y encima tuvo que salvarlo.
Hermione seguía atónita porque había visto todo desde lejos y muchas personas sabían que ella había llegado allí con el pelirrojo así que mantenían la vista en ella. Ronald se acercaba con el muchacho que tenía la cabeza gacha. Le había quitado el arma y la llevaba entre su chaqueta para no llenarla de sus huellas. Cuando llegó junto a Hermione ella lo miró interrogativamente pensando de nuevo que sería un buen policía si así lo quisiera. Un hombre de SWAT recién llegado esposó al muchacho y se lo llevó mientras otro le sacaba el arma a Ron y le pedía una declaración que él no iba a darle.
—Ron —dijo Hermione tratando de asimilar los hechos recientes.
—¿Qué? —le preguntó él mientras caía en la cuenta de que se había dejado llevar demasiado por la situación.
—Nada —dijo al no poder formular una pregunta.
Firmó un papel para los oficiales a cargo y liberó a Ron de tener que dar esa bendita declaración. La mujer agradeció a Ron por haber atrapado al chico y luego se subió en la ambulancia que había llegado y se fue acompañando a su marido. Ron no dijo nada y comenzó a caminar para el lado contrario sin esperar a Hermione. Ella lo siguió a paso apresurado hasta que logró alcanzarlo y frenarlo tomándolo de un brazo.
—¿Estás bien? —le preguntó con calma.
—Creo que sí. No digas nada sobre lo que pasó, por favor —le pidió mirándola a los ojos.
Se sentía raro y quería salir de allí, así que la besó a modo de despedida y paró a un taxi, en el cual se fue dejando a su mujer más confundida que nunca. Ella tenía que saber algo y no podía esperar a que el misterio se destapara solo. Levantó la mano y llamó a otro taxi que pasaba por allí.
