Capítulo 21

La historia de Shin y Ma

-Hogar dulce hogar –Musitó con ironía el samurái-cantante-bailarín-amante de las berenjenas y poseedor de un título muy largo. En su vida esperó volver a visitar aquella vieja mansión, comparable a un palacio de la época Edo.

Paredes blancas con enredaderas florales, rejas pintadas de negro en punta, el terreno abarcaba cuatro hectáreas fácilmente, todo bordeado por las paredes, las enredaderas y el enrejado. Para Gakupo, esa extensión le parecía algo exagerada, aunque cuando él tenía prácticas hasta le parecía que el espacio no bastaba.

-Mamá estará feliz de verte de nuevo, te tenemos una muy bonita sorpresa, hermano mayor –Gakuko sonrió y salió corriendo hacia su casa. Gakupo algo cohibido por el comentario de la muchacha fue tras ella aunque esta le llevaba ya bastante ventaja.

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-Volvimos –Anunció Gakuko moviendo la puerta corrediza de entrada.

Frente a ella estaban tres personas, un hombre adulto de cabello largo y morado hasta la cintura, facciones un poco toscas, pero atractivo a la vista; la pequeña barba que cubría su barbilla le daba una imagen muy madura. La siguiente, una mujer con una sonrisa adornando su rostro, facciones muy finas y detalladas, como una escultura de Miguel Ángel; de cabello oscuro hasta los hombros, piel pálida y ojos azules igual que el hombre, ella estaba sentada sobre las piernas de este. Por último, un pequeñín (comparado con Gakupo, claro) sostenía con sus manos una flauta de madera, sus ojos eran de azul claro y su cabello de un tono magenta. Los tres vestían kimonos violetas.

-Padre, Madre, Gaki, es bueno verlos a todos –Saludó Gakuko con una reverencia, la cual fue casi inmediatamente desecha por un abrazo que le dio su familia.

-Hermana… -Susurro el pequeño, el cual respondía al nombre de Gaki.

-Hola a todos –Dijo Gakupo al juntarse a donde se encontraban los demás. El padre de Gakuko, su padre, lo miró duramente por unos momentos, pero ablandó el gesto para recibirlo con un fuerte abrazo.

-Te eché mucho de menos, Gakupo –Y el samurái cantante devolvió el abrazo con cariño.

-¿Gakupo? –El pequeño se acercó al samurái y se lo quedó mirando, después esbozó una ligera sonrisa –Hermano, yo también te extrañe –Gaki fue a abrazarlo al igual que su madre.

-Pero mira hijo, cómo as crecido –La mujer a parte de abrazarlo, se pasó besando toda su cara a lo que su padre y hermanos miraron con gracia.

-Ya mamá, no es necesario todo eso –Decía Gakupo abochornado por los exagerados cariños que le daba su madre. Se libró de ellos apartándola un poco, ella se quejó un poco pero le sonrió. Entonces Gakupo se dirigió a su hermano menor –Valla Gaki, tu también has crecido. No me mandaron fotos de ti en todo lo que estuve allá –Dijo mientras le revolvía los cabellos del menor.

-¡Deja eso, hermano, mira como me dejaste el peinado! –Se quejó Gaki haciendo un gracioso puchero. Gakuko veía la escena feliz con su padre al lado –Pero bueno, seguiste tu sueño, ¿no?, te volviste un exitoso cantante.

-¿Me han escuchado? –Preguntó Gakupo feliz de que lo hayan apoyado en su carrera, sin que él lo supiera, pero significaba bastante para él.

-Padre no hace más que poner discos donde tu cantas, es una lástima que no participes en muchos, tienes una preciosa voz hijo –Alagó su madre.

-Sí, una igual a la de tu madre –Le siguió su padre –Kuma y yo estamos orgullosos de ti.

-Entonces, ¿Por qué me pidieron que regresara? –Cuestionó extrañado y triste –Si estaban tan orgullosos.

-Por una simple razón… "Un samurái no retrocede a su palabra", tienes que cumplir el trato hasta el final –Musitó su padre bajando la mirada. También él a veces había pensado que el "código del guerrero" podía llegar a ser demasiado –Lo lamento hijo mío, pudiste haber llegado lejos.

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-Demasiada atención… muchachos… no puedo… respirar –Trataba de articular una sofocada Meiko, estaba atendida por Kaito hasta la coronilla, literalmente.

-A una mujer embarazada se le deben cumplir todos sus caprichos –Dijo Kaito buscando la forma de abrazarla entre tanto peluche y comida.

-¡¿Es que acaso nadie se ha dado cuenta de que ni Gakupo ni Gakuko se encuentra aquí? –Gritó Luka desesperada de que nadie notara la ausencia de su amigo.

Todos se la quedaron viendo extrañados. ¿A caso Gakupo no se había quedado dormido en la camioneta?

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En tanto, Gakupo estaba en su habitación, bueno, la que era su alcoba hace más de siete años. Nada había cambiado, pareciera que solo habían entrado ahí a retirar el polvo. Incluso un burrito que había dejado a medio comer seguía sobre su almohada, pero por una u otra razón no quiso tirarlo.

Escuchó como la puerta corrediza se abría y como alguien entraba hasta sentarse a su lado. Seguro era Gakuko, pues era la única persona que habitaba en esa gran mansión tradicional que no podía permiso para acceder a una habitación; la servidumbre e incluso su familia avisaban antes de entrar.

Sin embargo, en esta ocasión, no fueron ni Gakuko ni Gakupo los que hablarían. La mirada escarlata de la muchacha se intensificó al igual que la azulina del joven cantante.

-Es un milagro que no trajeras un arma contigo a la hora de verme –Dijo Shin, el demonio que habitaba en Gakupo.

-Bueno, hoy no tengo ganas de pelear –Respondió Ma, quien poseía a Gakupo en diversos casos –También porque este lugar me trae recuerdos, bueno, antes de que construyeran estas paredes claro está.

-Si, aquí fue donde nos conocimos, ¿verdad? –Ma asintió con la cabeza, después la apoyó en el hombro de Shin.

***Hace unos pocos milenios, en medio de una de tantas guerras que debatían el territorio y dominio del antiguo Japón, un samurái meditaba con la espata sobre su cabeza sentado en una gran roca.

Respiraba pausadamente, se encontraba sumamente concentrado hasta que algo que le fue arrojado rompió el momento de paz.

-Así que una mercenaria se atreve a atacarme, a mi, ¡al gran samurái Shin! –Exclamó el hombre poniéndose de pie y en posición de combate. Frente a él apareció un encapuchado mucho más pequeño.

-Este es territorio de mi pueblo, no dejaré que alguien como tu invada mi hogar –Respondió firmemente el mercenario. Shin solo atinó a estallar en carcajadas.

-Pues veamos qué tan bueno eres, pero debo advertirte, nadie ha siquiera rosado mi armadura ¡Estás perdido! –Exclamó antes de abalanzarse contra el mercenario.***

-Pero en ese entonces yo no sabía que eras una chica –Profuso Shin mirando el cielo por la ventana del cuarto de Gakupo.

-Y cuando lo supiste casi te daba un infarto –Ma rió –Una chica, mucho más joven que tu; te había pateado el trasero todas las veces que nos enfrentamos.

-¡Yo también te gané algunas veces! –Se excusó a lo que Ma volvió a reír.

Pero calló, recordó que poco después de que Shin descubrió que ella era una chica vino lo peor: El inicio de su tormento eterno.

***Hace miles de años, mucho después de que la mercenaria y el samurái se conocieran y pasaran de ser rivales a amigos cercanos, en un pequeño festival que celebraba el final de la contienda del pueblo de Ma, quienes habían ganado, los dos buscaban algo con que entretenerse pues estaban muy aburridos sin las batallas a las cuales asistían día y noche. Shin había aceptado ayudar a Ma a librarse de los invasores que acosaban la pequeña aldea.

Esa misma noche un caballero llegó a entregarle un sobre a Shin, este al abrirlo y leer el contenido palideció horriblemente, tanto que asustó, y le causó algo de gracia, a Ma. Shin desapareció poco después y la mercenaria no supo de él hasta pasados dos días.

El samurái evadió olímpicamente la ronda de preguntas que le había impuesto Ma, incluso en la cama que compartían pudo evitar responderle en sueños. La muchacha era muy persistente en cuanto a descubrir secretos, después de todo descubrirlos era parte de su trabajo en algunas ocasiones. Al final, Shin no pudo aguantar más y respondió.

-Estoy comprometido y tendré que casarme en dos día exactamente, es el tiempo que tengo para volver –Dijo montando su caballo y mirando con melancolía a Ma.

-Me dejas… ¡¿después de las noches que pasamos juntos? –Le reclamó al borde de las lágrimas.***

-Se lo que piensas –Dijo Shin sacando a Ma de su ensoñación, ella tenía la mirada perdida en alguna mancha en la pared –Quién diría que un caso como el nuestro molestaría a la diosa.

-Eres un idiota –Musitó Ma.

***Shin se fue dejando a Ma despechada, más que nada, iracunda, sus ojos brillaban más que el fuego mismo, pero supo que no podía hacer nada. Ma lloró por dos días hasta que recordó que la boda se celebraría esa misma tarde, entonces calló en desconsuelo absoluto.

Su madre, preocupada por la felicidad de su hija, creyó que lo mejor para ella era contraer nupcias con su primo, él siempre la quiso y la protegió incluso cuando sabía de la relación secreta que sostenía con Shin. La ley de su pueblo era clara: un samurái no debe relacionarse jamás con un mercenario o ninja, por eso la madre de Ma pensaba que para llenarla de honor y felicidad lo más recomendable era unirla a un hombre fuerte que realmente respetara las leyes y costumbres.

Lo que no sabían es que Shin había cancelado su compromiso en el momento que apenas cruzó la puerta de entrada a su aldea, no fue fácil, de eso no hay duda, pero al final logró lo que quería. Sin embargo lo obligaron a quedarse una semana más pese a su deseo de volver lo antes posible a donde se encontraba Ma. En ese pequeño lapso de tiempo otra carta llegó a manos de Shin, pero está lo dejó peor que la anterior, la boda de Ma se llevaría a cabo en dos días, ¿Qué irónico, no?

Al contrario de Ma, Shin estalló en cólera, sus ojos eran más oscuros que la noche misma, pero extrañamente emanaba un brillo de esa negra mirada, e inmediatamente llamó a los hombres que tenía a su mando. La rabia lo controlaba, no permitió que nadie descansara en las noches y avanzaron imparables hasta el amanecer, donde vieron las primeras casas del pueblo de Ma.

-¡No dejen nada con vida!

Y las órdenes de Shin se cumplieron, nadie se salvó de aquella masacre, salvo Ma que logró esconderse. Cuando ella creyó que todo se calmó salió de su escondite, pero la vista de lo que algún día fue su hogar en esos momentos era muy perturbadora. Todo en llamas, el cielo tormentoso y la figura de Shin viendo complacido como se consumía el lugar. Lo peor fue ver como el samurái atravesaba con su katana a su primo, la persona con la que se casaría, pero mas que eso su mejor amigo. Shin retrocedió y cuando estuvo lo suficientemente lejos, Ma fue donde el cuepo de su primo y lo sostuvo en su regazo.

Ma no contuvo las lágrimas, pero todo lo que podía hacer ahora era mirar con odio a Shin y sus hombres, seguramente él ya sabía que ella aún seguía con vida, pero no haría nada.

Algún día tendría oportunidad de vengarse***