Capítulo largo para nuestras queridas lectoras, muchas gracias por vuestros comentarios y apoyo. Esperamos que disfrutéis y como siempre, esperamos opiniones :)


Capítulo 21. ¿Cómo llegamos a esto?

Regina llegó a The Rabbit Hole, cada vez que pisaba ese sitio se acordaba de su primer encuentro con Emma, había pasado bastante tiempo desde aquello, pero lo tenía fresco en la memoria. Una vez dentro preguntó a una de las camareras por el jefe y le indicó donde estaba su despacho. Lo que la chica había llamado "despacho" era un cuarto mugroso que sólo tenía una mesa, sillas y fotos de mujeres desnudas colgadas. Killian la miró de arriba abajo y le indicó que se sentara.

-No voy a entretenerlo mucho, soy digamos… amiga de Emma y también soy una persona muy influyente en el mundo de la política- usó su tono más serio –Estoy muy segura de que conoce a mi marido, viene muy seguido con su grupo de amigos –el hombre la miró sin entender- Es el ministro de economía, vamos no se haga el desentendido. Sé que últimamente ha intentado hacer que la señorita Swan haga cosas que no están dentro de sus competencias como stripper- hizo una pausa para darle tiempo al señor Jones para que asimilara sus palabras, no le parecía un hombre muy inteligente –Espero que no vuelva a obligarla a ir a una casa a hacer shows "particulares" porque podría hacer un par de llamadas y tendría serios problemas, tanto usted como su… local-

Killian Jones atendía con un semblante serio y conforme Regina iba relatando ese discurso, su pulso se aceleraba y su enfado crecía.

-¿Ha entendido mis palabras? Para que se asegure de que no miento, le diré algo. Dudo que vuelva a ver a mi marido pisar este lugar, y a sus amigos tampoco, ya me encargué de ese tema. Pero le juro que si le hace a Emma una más, voy a hacer que cierren este antro de cuarta y usted quizás termine en la cárcel… y créame que eso sería un acto de bondad de mi parte- le dijo la morena al no recibir respuesta alguna del hombre.

-Perfectamente señora- apretaba sus puños con ira, pero no se atrevió a contestar. A sus empleadas podía tratarlas como quisiera, pero no a esa mujer que tenía apariencia importante. Era consciente de que su marido era una persona muy peligrosa, y ella no lo parecía menos.

-Estupendo, espero no volver a verlo en mi vida- se levantó de la silla y salió de la sala. A pesar de la seguridad que aparentaba con su voz, por dentro temblaba por los nervios. Tomó aire y cogió su coche para volver a casa.


Desde que Emma era la niñera de Henry su vida había cambiado mucho, le gustaba estar en esa enorme casa y disfrutar de la compañía del niño. Además, veía mucho a Regina, aunque extrañaba esas tardes de los sábados que pasaban en su cama jugando a que le daba clases.

Esa noche tenía que trabajar, pero antes de irse había organizado una sesión de películas con Henry. Se prepararon en el sofá, con una manta y nada más darle al play escuchó esa voz que tanto le gustaba oír.

-¿Puedo apuntarme?- Regina acababa de llegar de una reunión con sus amigas y estaba mirando la escena desde el marco de la puerta.

-Mmm, no lo sé- dijo la pelirroja sonriendo -¿Tú qué dices chico?-

Henry se rio –Claro que puedes- se echó a un lado dejando un hueco entre los dos.

La morena se acercó para sentarse y se volvieron a tapar con la manta, dio un beso a su hijo en la mejilla y miró hacia la televisión -¿El Rey León? ¡Pero si la has visto mil veces!-

-Es que me encanta- Henry miraba embobado.

Ambas mujeres se miraron sonriendo, pasaron unos cuantos minutos y Regina tomó la mano de la pelirroja por debajo de la manta, para acariciarla suavemente. Al sentirla, Emma sonrió mirándola de reojo, no era normal para ella tener este tipo de momentos tontos pero a la vez tan bonitos y siempre que podían tenerlos disfrutaban.

La morena no podía sentirse más a gusto en ese momento, tenía a las dos personas más importantes de su vida a su lado. Miró a Henry y vio que sus ojos estaban cerrados, era tarde para él –Se ha quedado frito-

-Es que hoy no durmió siesta- susurró –Hemos estado jugando toda la tarde- la miró fijamente a los ojos, sonriendo y sintiendo la felicidad del momento. De alguna forma, se sentía como si ellos fueran su familia, lo que tanto había deseado pero que jamás se había cumplido –Te amo- le salió sin pensarlo, pero hacía tiempo que lo sentía y que deseaba decirlo.

Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Regina, sólo una persona le había dicho que la amaba y fue Danielle en su juventud. Sintió cómo su corazón se aceleraba, como si volviese a ser esa joven enamorada –Yo también te amo-

Emma se acercó para besarla suavemente y luego apoyó la cabeza en su hombro mientras sus manos seguían acariciándose. A pesar de que no quería romper el momento, sabía que tenía que irse a trabajar –Deberíamos llevarlo a la cama-

Se levantaron y sin quitarle la manta Regina lo tomó en brazos, era un niño grande, pero todavía podía con él. Caminaron hasta el cuarto del pequeño y lo tumbaron en la cama, luego salieron en silencio.

-¿Te tienes que ir?-

Emma asintió, sabiendo que era doloroso para Regina pensar a dónde se dirigía –Hoy ya no me libro- sonrió levemente.

-Bueno… que vaya bien y mañana nos veremos- a pesar de cómo se sentía sabía que no podía hacer nada, así que se acercó para darle un beso de buenas noches y se despidieron.


Killian esperaba sentado en el vestuario, con los brazos cruzados y una pose muy seria, a que una de sus bailarinas llegara. Cuando vio que Emma cruzó la puerta la llamó con un gesto con el dedo.

-Así que ahora tienes amistades de poder ¿No? Y las envías para que intenten… asustarme-

La pelirroja lo miró sorprendida, sin entender nada –No sé a qué se refiere-

-Creo que sabes muy bien a qué me refiero, vino una mujer a decirme que no deberías ir más a trabajar a casas porque si no tendría problemas- la miró enfadado.

Emma se quedó callada y empezó a comprender, seguramente Regina había estado ahí y había hablado más de la cuenta. Se enfadó al ver que se había metido donde no debía –Bueno, lo lamento, no fue mi intención que viniera. Sólo ignora lo que dijo- tenía miedo de perder su empleo por la intromisión de la morena.

-Claro que voy a ignorarlo, trabajarás donde yo te diga mientras sigas aquí- dicho eso se dio la vuelta caminando fuera de los vestuarios.

Killian Jones era un hombre respetado, al menos en su club, si sus empleadas no le tenía un mínimo de miedo nunca conseguiría que le tomaran en serio. Pero en realidad, detrás de esa fachada se encontraba un hombre bastante cobarde, y las amenazas de Regina habían hecho mella en él. Podría mandar a cualquiera de las otras chicas a casas particulares, pero no a Emma, no quería tentar a la suerte y que de verdad esa mujer morena le causara problemas. Pero sus temores no tenían por qué ser confesados a la pelirroja, a él le interesaba que ella continuara pensando que tenía todo el poder que quisiera sobre su persona.


Unas horas después, una borracha Emma Swan caminaba por los pasillos. Había estado bebiendo con sus compañeras, necesitaba hacerlo, estaba muy enfadada con Regina, con su jefe y con su vida. La morena la hacía ubicarse en una posición en la que sentía que no tenía poder sobre su propia vida ni decisiones. Hacía todo lo que ella deseaba sin dudar, pero con esto se había pasado, no sólo le podría haber traído problemas a ella misma, sino que quizás Jones se comunicara con su marido y obviamente eso sería grave para todos, incluso Henry.

Entró a su cuarto y tiró sus zapatos al suelo, luego se metió al baño tambaleándose y se lavó la cara intentando despejarse. Fue directo a tirarse a la cama.

Regina no había conseguido conciliar el sueño del todo, nunca lo hacía cuando sabía que la pelirroja estaba en el club, así que cuando escuchó ruido en los pasillos se levantó con cuidado y fue caminando hasta el cuarto de la niñera.

Tocó a la puerta flojito y entró -¿Emma? ¿Está todo bien?-

Al escucharla, la pelirroja se incorporó en la cama –Está todo perfecto, vete a dormir a tu cuarto-

Regina notó que el tono de la otra mujer no era muy amable y olía el olor a alcohol -¿Qué te pasa?- se acercó a la cama.

-Nada, no quiero que te metas en mi cuarto ni en mis cosas, que te quede muy claro-

-¿Por qué esa actitud? Has tomado y no sabes lo que dices-

-Sé completamente lo que digo y tú también deberías. No me interesa todo el poder ni el dinero que tengas, no quiero que vuelvas a meterte en mis cosas, y mucho menos a hablar con mi jefe de nuevo- Emma hablaba seria y enfadada, aunque se notaba que el alcohol le hacía hablar más de la cuenta.

La morena levantó sus cejas dándose cuenta de a lo que se refería -¿Así que es por eso? Lo hice por tu bien Emma, se están aprovechando de ti y tú no haces nada para evitarlo-

-Ya te dije que es mi problema y si tanto te molesta mi otro trabajo y no puedes vivir con ello, será mejor que me vaya y punto-

-Si es lo que quieres pues vete, no me hagas sentir como que te obligo a que estés aquí, si tanto amas desnudarte delante de borrachos espero que puedas hacerlo hasta que tengas 80 años- ambas estaban enfadadas y en sus palabras podía notarse.

Emma se levantó de la cama y empezó a buscar ropa para ponerse –Sí, mejor me dedicaré a eso. Me encanta hacerlo y debería tirarme a toda persona que se me ocurra- mientras se vestía.

-¡Nadie te lo impide! Eres libre de hacer lo que quieras y con quien quieras- levantó su voz, pero recordó que estaban todos durmiendo e intentó tranquilizarse.

Ya estaba vestida del todo y se acercó a la morena –Claro que soy libre, siempre lo he sido. ¿Ahora me dejas irme?-

-Ah, ¿Te vas a ir sin más? ¿Eso es lo que mi hijo significa para ti? Genial, ¡Pues vete!- se echó a un lado.

-Por favor, no metas al niño en todo esto- al escuchar esas palabras la actitud de Emma había cambiado, se tomó la cabeza con ambas manos y caminó de un lado a otro pensando –Esto es entre tú y yo. Creo que debemos terminar lo que sea que tenemos, si pretendes que piense en tu hijo-

Regina se sorprendió al escucharla –Si es lo que quieres…- se cruzó de brazos tomando una actitud infantil con todo eso.

Al ver que no había nada más que hablar Emma caminó dirigiéndose a la puerta y salió de allí, tomó su coche y manejó hasta su casa. De casualidad llegó sana y salva, pues aún se encontraba bastante alcoholizada.

Cuando la pelirroja se tiró en su cama, se dio cuenta de lo que había pasado. Se habían dicho "te amo" esa misma noche, ¿Cómo era posible que las cosas hubieran terminado así? Sea lo que fuera, no podía quedar así con ella, mucho menos con el pequeño Henry que no tenía nada que ver en sus problemas. Le marcó a su celular.

La morena intentaba dormir hasta que escuchó su teléfono. No quería atenderlo, pero tal y como iba Emma manejando tenía miedo de que le hubiera pasado algo, así que contestó -¿Sí?-

-Mira Regina... sé que te he tratado mal recién, y tienes razón, no estaba pensando en Henry. Pero creo que ya no debemos estar juntas-

La morena se quedó en silencio unos segundos. Había pensado que la pelea que habían tenido un rato antes sólo era producto de la borrachera de Emma y del enojo del momento, que simplemente lo iban a poder solucionar luego, pero evidentemente parecía que no –No busques esto como excusa Emma, ya sé que estás cansada de ser la otra, era innecesario que montaras este circo. ¡Puedes hacer lo que te plazca!-

La pelirroja suspiró -¿Es necesario que te pongas así? Te estoy pidiendo disculpas... y si, a veces me cansa un poco ser la otra, porque cada día tengo menos esperanzas de que algún día solo seamos tú y yo, sin tu marido-

-Yo te dije lo que había desde el primer momento, no me culpes por eso. Pero en cuanto te metiste así en mi vida y en la de mi hijo tendrías que haber pensado en las consecuencias, ¡no sólo se trata de ti y de mí!-

Emma no podía dar crédito a lo que escuchaba, como si sólo ella fuera una víctima en todo esto -Está bien Regina, dejemos lo nuestro de lado. Quieres que siga cuidando a tu hijo o ¿No?-

-No quiero verte todos los días porque va a ser incómodo, pero lo que yo quiero no importa ahora, importa lo mejor para Henry- Regina intentaba demostrarle que le importaba menos de lo que pensaba, pero ni ella se lo creía.

-¿Incómodo? ¿En serio?- para ella no era así, verla y no poder estar con ella sería doloroso -Perfecto, entonces seguiré cuidando de él y haré lo posible para no tener que verte si tanto te molesta-

La morena resopló -Me parece increíble todo esto, como si estuviera haciendo algo malo, quizás nunca debimos empezar nada, sabíamos que a la larga iba a ser peor-

-Yo también tengo derecho a tener una vida ¿No te parece?-

-Nunca he dicho lo contrario, es más siempre lo he tenido presente. Pásalo bien con tu nueva vida-

-Lo haré, no te preocupes. Más tarde iré a la casa para cuidar a Henry como siempre. Duerme bien Regina, adiós -cortó la llamada y se recostó en la cama. Se sentía muy triste, definitivamente esa había sido la pelea más fuerte que habían tenido. No iba a ser fácil convivir con ella sin poder tocarla, ni abrazarla o besarla, se volvería un inferno.

Cuando la pelirroja colgó, Regina se quedó pensando en lo que acababa de pasar. Sentía mucho miedo, de alguna manera se sentía protegida a su lado, no quizás en un sentido físico, pero sí de la soledad. La idea de volver a su vida de antes la atormentaba, no quería eso. Las lágrimas se apoderaron de sus ojos, entendía que Emma tenía derecho a tener una vida, a formar una familia o lo que quisiera, pero era muy doloroso pensar en perderla, y mucho más, pensar en que algún día se alejara para siempre de su vida.


Al día siguiente Emma volvió a la casa temprano en la mañana. Tenían planeado ir con Henry al parque aunque realmente no tenía muchas ganas. El niño le recordó que su madre tenía el día libre y que su padre no estaba en casa así que podrían ir los tres, pero se generó un silencio incómodo, y las excusas empezaron a salir a flote. Terminaron saliendo de paseo sólo Henry y Regina, pues ella le dijo que quería pasar tiempo a solas con él. Lo dejaron muy confundido, él siempre creyó que tenían una muy buena relación, a veces hasta le sorprendería lo bien que se llevaba su madre con la niñera que se suponía que era una amiga, pero que jamás él había escuchado nombrar. Algo raro había para él, pero debido a lo cerradas que estaban ambas mujeres dudaba que se lo contaran.

A la vuelta se encontraron con Emma mirando tv en la sala, se notaba que Max aún no había vuelto por la paz que había en el ambiente. Cuando Henry la vio corrió hacia ella.

-Ey Emma, ¿Me has echado de menos?-

Sonrió al verlo –Claro que sí, ¡Ven y dame un beso!- cuando vio a Regina se puso un poco más seria pero intentó hablarle lo más calma posible –Hola Regina…- el niño le dio un beso en la mejilla y se sentó a su lado –Cuéntame tooodo lo que has hecho-

-Buenas tardes Emma- La morena se sintió mal por la situación al ver lo mucho que Henry quería a Emma, nunca se había apegado tanto a una niñera y menos en tan poco tiempo.

-Hemos ido al parque pero mamá está rara, no sé qué le pasa- lo dijo como si su madre no estuviera frente a ellos.

-¡Oye! ¡Encima que te llevo al parque! Estoy bien, deja de molestar con eso- sonó algo borde pero era por toda la situación.

Emma la miró mal, no le gustaba que le contestara así al niño, no era su culpa –Quizás tu madre no está teniendo un buen día, sólo eso-

Regina levantó una ceja al escuchar a la pelirroja, sentía que la estaba haciendo quedar como la mala de la película –Sí claro, no me hagas caso, quédate con Emma que seguro está teniendo un mejor día- y se dio la vuelta para subir las escaleras, claramente enfadada.

El niño se quedó mirando sin entender -¿Qué les pasa? No soy tan tonto-

-Ahora vuelvo ¿Sí? Tengo que hablar de algo con tu madre-

Subió detrás de la otra mujer, llegando a su cuarto –Regina, el niño se está dando cuenta, ¡intenta comportarte un poco por favor!-

-¿Ahora también me dices cómo debo comportarme en mi casa con MI HIJO?- resaltó esas últimas palabras, sentía que Emma se estaba tomando demasiadas atribuciones.

-No Regina... pero ¡Lo que acabas de hacer fue completamente fuera de lugar! Él dijo que estabas rara y solo se me ocurrió decirle eso… dile que lo sientes-

-¡Tú no vas a decirme que es lo que tengo que hacer! Ve a trabajar, a ocuparte de tu tarea en esta casa, ¡Para eso te pago! Y si tienes algún problema con como trato a mi hijo, ¡Ya sabes dónde está la puerta!-

Emma se quedó dura. La última vez que había escuchado a Regina comportarse de esa manera tan fría había sido cuando recién se habían conocido, en aquellas primeras citas. Dio unos pasos hacia atrás –Está bien, eso haré-

La conversación terminó en ese mismo momento. Regina no se sentía orgullosa de su conducta, estaba descargando su ira contra las dos personas que más quería en la vida, pero no tenerla le afectaba más de lo que esperaba. Tenía que aceptar que la relación estaba terminada, y que no sólo eso era lo importante, sino que Emma no iba a estar mucho tiempo más sola, sólo hacía falta verla para saber que con un simple chasquido encontraría a alguien.

Antes de irse a la cama, la morena se aseguró de ir al cuarto de Henry para darle las buenas noches y pedir perdón por su comportamiento. El pequeño era un niño muy listo y sabía que pasaba algo, aun así no insistió preguntándole a su madre. Luego de un abrazo y un beso lo arropó y se fue a dormir con su esposo.


Una semana después las cosas no habían mejorado, estaban siendo unos días duros y tristes para ambas mujeres. Se esquivaban siempre que se veían y Henry sentía que estaba en medio de algún tipo de pelea pero siempre le ponían alguna excusa tonta para explicar su comportamiento.

Emma estaba en su cuarto, preparando el traje que llevaría hoy en su actuación, lo tenía colocado sobre la cama y escuchó que alguien llamaba a la puerta –Adelante-

Regina entró y vio las prendas -¿Preparando el… uniforme?-

La pelirroja suspiró –Sí, algo así ¿Qué necesitas Regina?-

-Mañana me voy pronto así que tienes que quedarte con Henry- su tono era frío.

-Está bien, no hay problema- fue hacia el armario dando por terminada la conversación.

Pero Regina no se movía –Esa actitud que tienes con mi hijo no me deja en buena posición, no me gusta estar quedando como la mala de todo esto, mientras tú eres la buena que lo consiente todo- llevaba guardando esas palabras durante toda la semana.

Emma se dio la vuelta escuchándola muy sorprendida –Yo sigo tratando a Henry como el primer día, y si te toma como la mala o la borde es por tu culpa, porque tomas actitudes infantiles cada vez que estamos los tres juntos-

-¡Ah claro! Es mi culpa ¡Venga Emma! Las dos estamos metidas en esto, no te hagas la pobrecita-

-No me hago la pobrecita ¡Intento no hablarle de ti al niño! Y si te molesta cómo lo trato lo lamento, lo estoy haciendo igual que siempre, no puedo de otra forma- cogió la ropa de la cama y empezó a guardarla en su bolsa del trabajo.

-¡No me levantes la voz! Soy tu jefa y no tienes derecho a hablarme así- Regina hablaba muy enfadada.

La stripper se quedó mirándola cuando dijo eso, estaba a punto de contestarle pero se contuvo. Tomó sus cosas –Está bien, cuando no estés así de alterada hablaremos de nuevo-

-¡No estoy alterada!- obviamente lo estaba, pero no iba a aceptarlo –Pero si tanta prisa tienes en desnudarte ¡vete!-

Esas palabras cabrearon a Emma –Estoy cansada de que hables de mi trabajo como si fuera algo que me encanta hacer cuando sabes perfectamente que no es así-

-¿Ah no? Cada vez lo dudo más, tienes posibilidades de dejarlo con lo que ganas y cuando estábamos juntas te ofrecí más dinero ¿Acaso te lo pensaste? ¡No! Tu trabajo era más importante que todo eso-

La pelirroja negó con su cabeza sin poder creer las palabras que salían de la boca de la otra mujer, sabía que lo estaba haciendo para hacerla sentir mal –Como se nota que siempre has tenido todo servido sin tener necesidad de temer perderlo. ¿Quieres que te diga que me encanta mi trabajo? ¿Qué te da la razón como todos los que te rodean? Sí, me encanta. Y si tu intención era hacerme sentir mal también lo has logrado- sus ojos se llenaron de lágrimas –Ahora permiso, JEFA, tengo que ir a hacer lo que más me gusta en el mundo- sin darle tiempo a decir nada caminó fuera de la habitación.

Regina se quedó quieta al ver cómo se había puesto Emma y sabiendo que se había pasado de la raya con ella. Aun así no fue capaz de ir tras ella.


Una hora después, una recién divorciada Belle se dirigía a The Rabbit Hole buscando a cierta pelirroja a la que hacía bastante tiempo le había echado el ojo.