Capítulo XVIII: Cuando las ilusiones se rompen
Eran aproximadamente las tres de la mañana del martes (hora Japón) cuando Viktor llegó al aeropuerto de Fukuoka. Se había querido golpear cuando hizo cálculos y notó que le convenía mucho más tomar un vuelo a Tokyo primero o bien, uno que fuera más expedito. Pero no había estado muy dispuesto a fijarse en ese tipo de cosas cuando había comprado el pasaje, sino que optó por el que salía más pronto.
Tal vez, y solo tal vez, debería dejar de tomar decisiones apresuradas.
Suspiró mientras se ponía su bolso al hombro y salía del aeropuerto. No pudo evitar recordar la vez anterior en que había estado en la misma situación. En aquel tiempo él había llegado a Tokyo y había estado bastante perdido antes de saber dónde residía Yuuri. Ahora, en cambio, eso lo tenía bastante claro, pero de igual forma tampoco podía viajar de inmediato a la casa de los Katsuki. Era demasiado tarde y ni él era tan desconsiderado para llegar de improviso a esa hora.
Así que no le quedó de otra que alojarse por unas horas en el hotel del aeropuerto.
Momentos después, tendido en la cama de la suite, pensó que también estaba asustado. Esta vez era completamente diferente a la anterior en muchos sentidos, y vaya que ahora le importaba la forma en la que Yuuri reaccionaría al verlo metido en su casa luego de meses.
Llegaría luego de haber realizado aquel programa frente a toda la gente con una declaración de amor de lo más cursi. Solo esperaba que Yuuri hubiese entendido sus intenciones por medio de ese programa, así quizás le ahorraría el tener que explayarse más de la cuenta. Mientras menos dijera era menos probable que lo terminara arruinando todo. Era algo que había aprendido con el pasar de los años.
Miró su teléfono, apagado hasta ese momento, y reprimió el impulso que tenía de llamarlo. Debía resistir. Lo vería en unas horas, de todos modos, y quería darle una sorpresa.
Aun así estaba nervioso, y media hora después, cuando se dio cuenta de que no podría pegar ojo por esa noche, comenzó a moverse como maniaco por los metros cuadrados de su habitación. Tanta fue su impaciencia que no resistió mucho más, y a los minutos ya estaba abordando el taxi que lo llevaría hasta Hasetsu. Quizás podría recorrer la ciudad en el entretanto.
Tiempo después ―no sabría decir cuánto― estaba en la costanera de la ciudad, con su bolso al hombro y observando el oleaje a lo lejos.
Observó las gaviotas emprender vuelo y recordó las miles de veces que observó junto a Yuuri un paisaje similar. Decidió que quizás no le haría mal pasar ahí las horas que faltaban para poder llegar a la residencia de Yuuri. Quizás el sonido constante de las olas y el olor salino lograran tranquilizarlo.
Suspiró al notar como poco a poco comenzaba a aclarar. Quizás debería empezar a dirigirse a casa del japonés, pensó con impaciencia, para luego él mismo notar que aquello era descabellado. No tenía hora, porque se negaba a mirar su celular, pero sabía que aún era demasiado temprano como para ir a imponer su presencia.
Decidió, en cambio, continuar caminando por la ciudad portuaria, hasta que el Ice castle hasetsu se mostró ante él con todo su esplendor.
Sonrió cuando una idea pasó por su mente.
Una de las primeras cosas que hizo cuando se volvió entrenador de Yuuri fue pedir una copia de las llaves del lugar. Pese a que quizás no era necesario, Viktor había arrendado la pista para tener exclusividad, incluso para entrenar cuando el personal no estuviera presente. Podría decirse que fue presuntuoso de su parte, pero a la larga les había servido, sobre todo cuando Yuuri, siendo víctima de aquella ansiedad que lo solía atacar en ocasiones, decidía entrenar hasta quedar sin energías.
Y aún tenía aquella llave guardada.
La sacó e ingresó al recinto. Luego se disculparía con la familia Nishigori por irrumpir de aquel modo, pero definitivamente necesitaba distraerse un momento y ordenar sus ideas.
E hizo lo que mejor se le daba. Patinó. Aleatoriamente primero y luego de forma abstraída, de la que su cuerpo comenzaba a crear temas nuevos sin que él tuviera siquiera consciencia de ello. Sonrió cuando se dio cuenta, y no pudo evitar pensar que, para él, Yuuri Katsuki era una fuente inagotable de inspiración.
Una exclamación de sorpresa lo sacó de su ensueño.
Detuvo sus movimientos de manera abrupta y miró hacia el origen del grito. Fuera de la pista, en dirección a la salida, Yuko Nishigori lo miraba sorprendida.
Viktor no tuvo de otra que acercarse a la orilla, sin evitar sentirse como un criminal atrapado in fraganti.
―Yuko ―saludó al tiempo que ponía su mejor expresión inocente―, lamento haber entrado así como así ―mentira, no lo hacía―, pero no me pude contener.
―Está bien. ―Yuko esbozó una sonrisa sincera―. Es solo que me sorprendió verte acá, cuando el campeonato europeo fue hace poco.
Viktor sonrió mientras quitaba el hielo a las cuchillas de los patines.
―Sí, bueno… ―dudó un momento―. Necesito hablar con Yuuri, y no quería esperar ni un segundo más.
Quizás fuera porque se mantenía mirando las cuchillas de los patines, que no percibió la expresión de sorpresa de la mujer de cabello castaño.
―Creo que ya va siendo hora de que me vaya. Yuuri suele despertar como a esta hora, ¿no? ―Sonrió esta vez mirando a la mujer―. Espero poder sorprenderlo. ―Acto seguido abandonó la pista para ponerse sus zapatos y marcharse del lugar.
―¿No lo sabías? ―oyó que Yuko le preguntaba.
―¿Eh, saber qué? ―cuestionó mientras se calzaba los zapatos y comenzaba a anudar los cordones.
―Yuuri no está acá en Japón.
Y ahí fue el momento en que el mundo de Viktor Nikiforov se detuvo.
―¿A qué te refieres con eso? ―cuestionó intentando esbozar una sonrisa que no sentía―. ¿Cómo que Yuuri no está acá?
―Le salió la opción de hacer un intercambio académico en otro país. Se marchó hace poco menos de un mes.
No fue necesario que Viktor hiciera muchos cálculos para caer en cuenta que todas las veces que habló con Yuuri, este estaba en otro lugar.
Y no se lo había dicho.
¿Por qué no lo había hecho?
¿Acaso no confiaba en él?
Por un momento le rondó la idea de que Yuko estuviera bromeando, pero lo desechó inmediatamente después. Conocía a la mujer hace meses y sabía que no bromearía con algo de ese calibre.
Aunque aquello solo le dejaba una alternativa: Yuuri le había ocultado dónde estaba.
¿Es que acaso no le importaba lo suficiente como para contarle dónde estaba?
Todas aquellas dudas comenzaron a llenar su mente.
Soltó una maldición en ruso y sacó su teléfono. Llamaría a Yuuri y aclararía todo ese embrollo. Cuando encendió el aparato, este mostró demasiadas llamadas perdidas y mensajes de parte de su hermana, de Chris y de Yurio. Sin embargo, no les dio importancia. Ya después se encargaría de recibir sus regaños por haberse ido así como así. Marcó inmediatamente el número de Yuuri, rezando en silencio porque este atendiera la llamada.
Pero no lo hizo. Ni siquiera cuando lo intentó por videollamada, ni por llamada de whatsapp.
Volvió a sentarse en la banca de la que se había levantado de pronto. Yuuri no cogía el teléfono.
Intentó llamarlo directamente a su celular ―algo que había evitado, considerando que tenía mejores formas de hacer llamadas internacionales―, pero este figuraba como número no vigente. Era lógico, ¿no? Si Yuuri no estaba en Japón, entonces lo más probable era que hubiese cambiado su número.
Escondió la cara entre sus manos.
Si se ponía a pensar todo fríamente ―por primera vez en semanas, ya que su cerebro lógico parecía haberse tomado un descanso― muchas cosas comenzaban a tomar sentido de a poco. Aquellas llamadas hechas a horas extrañas, la incomodidad que muchas veces percibió en el otro y la que no sabía cómo justificar.
¡Dios santo! ¿Qué tan ciego había estado para haber pasado tantos detalles por alto?
Aunque quisiera justificar un poco el actuar de Yuuri, las dudas se lo estaban devorando.
¿Yuuri había siquiera pensado en comunicarle su nueva ubicación? Quería pensar que sí, que tan solo no había encontrado el momento adecuado, pero mientras más lo pensaba, menos motivo tenía para justificarlo. ¿Había siquiera pensado un poco en él?
Una duda lo asaltó de pronto.
¿Había siquiera visto, maldita sea, las presentaciones que con tanto anhelo había preparado?
Yuuri tendría que responder todas aquellas preguntas. Por dios que sí.
Fue con esa certeza que levantó la cara, con sus ojos brillando determinados.
―¿Dónde está? ―cuestionó mientras miraba a la mujer que lucía preocupada por su expresión.
La expresión de Yuko mutó a una de culpabilidad.
―Lo siento, Viktor. ―Desvió la mirada―. Yuuri nos hizo prometer que no se lo diríamos a nadie.
Se tragó la maldición que quería soltar. Yuko no tenía la culpa de que su mal humor ruso estuviera a punto de salir a la superficie, pero realmente le importaba una reverenda mierda que Yuuri quisiera mantenerlo en secreto. Él se encargaría de averiguar dónde demonios estaba.
Fue con esa idea que abandonó el ice castle con una sonrisa falsa, ocultando ―o al menos eso intentaba― todo el cabreo que comenzaba a formarse dentro de él. Su siguiente destino era el onsen, donde esperaba que Hiroko pudiera darle una respuesta satisfactoria, y una razón. Porque no entendía el por qué de la repentina decisión de Yuuri de irse a estudiar al extranjero.
¿No que él ya había sacado su carrera? ¿No debería estarse preparando para el resto de la temporada? ¿No habían estado platicando hace unos días sobre los programas de exhibición? ¡Maldita sea! ¿Es que nada de lo que habían hablado esos últimos días era genuino?
A medida que avanzaba, sus pasos se iban haciendo cada vez más apresurados, hasta que finalmente comenzó a correr por las calles que lo separaban de las aguas termales.
Faltaba poco más de una cuadra cuando notó un grupo de personas agrupadas fuera de la casa de Yuuri. Parecían como si estuvieran debatiéndose entre tocar o no.
Fue cuando estuvo más cerca que notó quienes eran específicamente.
―¿Qué hacen acá? ―cuestionó con la respiración algo agitada.
Aquellas cinco personas lo miraron con alivio, aunque Viktor pudo ver algo más que lo molestó.
―Ustedes lo sabían, ¿verdad?
―Solo para que quede claro ―intervino Chris a su vez―, yo me enteré la noche del banquete.
Pero en realidad Viktor no lo había dicho por él, sino que por las dos personas que en ese momentos se mantenían cabizbajos, como si esperaran una reprimenda.
―¿Y bien? ―cuestionó de nueva cuenta.
―Te lo íbamos a decir ―se apresuró a asegurar Natalya.
Viktor esbozó una sonrisa, una que a todas luces se podía apreciar como peligrosa.
―¿Ah, sí? ¿Y cuando iba a ser eso si se puede saber? ―Sus palabras parecían ser puñales para ambos―. Les habría agradecido que me lo dijeran antes de que tomara un vuelo a Japón, por ejemplo.
―¡No es nuestra culpa que tú…! ―Yurio se calló a media oración―. ¿Qué íbamos a saber nosotros de que te vendrías para acá sin más?
―¿Desde cuando lo saben? ―cuestionó sin hacer caso de lo anterior.
Yurio pareció atragantarse con su propia saliva antes de responder. Miró a Otabek en busca de ayuda, pero este le hizo saber con la mirada que no lo iba a ayudar; estaba solo en eso. Con Natalya tampoco contaba, ya que la mujer parecía querer hacerse pequeña a un lado de Chris.
―¿Recuerdas esa noche que tuve que ir a buscarte a un bar? Al día siguiente llegó Natalya, ¿no? ―Viktor asintió, impaciente porque continuara―. Ese día logré comunicarme con el Katsudon, pero no me quiso decir dónde estaba. Por Natalya supe que era un lugar donde hablaban español, así que le pedí a Otabek que viera si podía averiguar dónde estaba. ―Convenientemente decidió omitir el asunto de la foto tomada a un Yuuri semidesnudo. Realmente no creía que fuera el momento para mencionarlo.
―¿Por qué no me dijiste de esto antes?
―¡No sabía dónde estaba! Sigo sin saberlo, de hecho ―murmuró mientras miraba a Viktor de reojo―. Te lo iba a decir cuando acabara el campeonato europeo y no estuviésemos bajo tanta presión, pero te me adelantaste…
Viktor suspiró antes de posar su mirada sobre su hermana menor.
―¿Y tú? ¿No lo sabías?
Fue en ese momento que Natalya se deshizo en sollozos.
―Estaba esperando que acabaras el campeonato para decírtelo.
Viktor cerró los ojos. De todas las personas, nunca imaginó que fuera su querida hermana quien le ocultara algo como eso.
―Y debo suponer que tú sabes dónde se encuentra, ¿verdad? ―Después de todo, su hermana se jactaba de poder diferenciar diferentes acentos del español.
Natalya suspiró para luego asentir.
―En Chile.
Viktor asintió, para luego darse la vuelta y comenzar a caminar lejos de ahí. No visitaría a Hiroko. Yuuri no estaba ahí y Viktor no se consideraba una buena compañía en esos momentos.
El resto de los presentes solo se quedaron mirando cómo Viktor se alejaba de ellos, estupefactos.
―¿A dónde se supone que vas ahora? ―cuestionó Yurio.
―¿No es obvio? Me largo a Chile. Hay unas cuantas cosas que Yuuri me debe explicar.
―¿Y para qué? ―preguntó Natalya a su vez poniéndose frente al pentacampeón.
Viktor la miró de reojo y luego desvió la mirada.
―No te metas en esto, Natalya.
―No, es que sí me meto ―refutó levantando la voz―. Estás enojado conmigo porque te oculté donde estaba el tipo ese, pero ¿no has pensado que no es con nosotros con quien deberías estar molesto? Sí, no te lo dijimos, pero lo hicimos porque pensamos que era lo mejor dadas las circunstancias. ¿Cuál es la justificación que tiene tu Yuuri, eh? ¿No era responsabilidad de él decírtelo en primer lugar?
Viktor solo apretó la mandíbula en respuesta y luego rodeó a su hermana para seguir caminando.
―No voy a discutir sobre esto afuera de la casa de Yuuri. Vamos al aeropuerto.
―¡Hey, espera un momento! ―se quejó Yurio.
―Viktor tiene razón ―habló Markus por primera vez―. No creo que este sea el mejor lugar para hablar.
Chris asintió a lo dicho por su pareja, aunque él no pudo evitar mirar hacia la construcción durante un momento. Así que ahí había sido donde Viktor había vivido el año anterior. Debía admitir que le habría gustado quedarse un poco más.
Natalya y Yurio tuvieron que morderse la lengua y asentir también. Ya eran de por sí demasiado vistosos como para agregar una discusión a la ecuación.
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El viaje al aeropuerto lo hicieron en silencio, o al menos Viktor se mantuvo callado durante todo el trayecto mientras buscaba vuelos que salieran de Japón a Chile. Un poco de frustración llegó cuando se enteró de que no salían vuelos desde Fukuoka y, por ende, tendría que hacer primero un viaje hasta Tokyo para poder llegar.
Por otra parte, el resto se mantenía alejados de Viktor. Algunos por prudencia ―Otabek y Markus― y otros porque estaban molestos, como era el caso de Yurio y Natalya. Chris, sin embargo, parecía ser el único que no leía el aura oscura de Viktor, o, como supusieron los demás, no le importaba.
El hombre se sentó en el puesto contiguo al de Viktor ―que había permanecido vacío por obvias razones― y suspiró sonoramente.
―Sí que has armado un buen lío, ¿eh? ―Sonrió mientras miraba a Viktor de reojo―. Ya es segunda vez que te vienes a Japón de forma impulsiva.
―Déjame solo, Chris ―murmuró Viktor sin ánimos de continuar con la charla.
―No. ―Se acomodó mejor en el asiento del tren―. Puede que hayas espantado a Natalya, pero yo soy ligeramente más tolerante a tu estupidez.
Viktor levantó ligeramente la mirada. Su hermana lo observaba con el ceño fruncido, y desvió la cara cuando sus ojos entraron en contacto.
―Creo que ella tiene razón ―murmuró Chris viendo el actuar de ambos hermanos―. Y no voy a negar que me irritó un poco la actitud que estás tomando. ―Sonrió cuando notó que al fin parecía tener la atención completa de Viktor―. No fuimos nosotros quienes nos fuimos a Chile sin comentárselo a nadie.
Viktor desvió la mirada y suspiró. Y Chris podría jurar que parecía el sonido de un animal herido.
―No sabes las alternativas que he barajado para justificarlo ―murmuró mientras apoyaba su cabeza en el hombro del suizo―, pero cada vez me cuesta más hacerlo. Intento no sentirme tan herido, pero…
―Es algo que no puedes evitar ―contestó su amigo por él―. Puedo entenderlo. Lo amas.
―Estoy soberanamente jodido.
Chris rio.
―Te diría que conozco a alguien que puede quitarte esa cara, pero creo que mi recomendación llegó muy tarde. Meses tarde.
Viktor se unió a su risa, aunque esta fue sin vida.
―Lo único que quiero ahora es tomar un avión a Chile y buscarlo.
―También estoy de acuerdo con Natalya en otra cosa: ¿qué sentido tiene?
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Al llegar al aeropuerto, si bien lo primero que quería hacer Viktor era comprar un boleto y embarcarse lo más rápido posible en un avión a Chile, el resto parecía no tener tanta prisa y le propusieron comer algo primero. El primer impulso de Viktor fue negarse, pero luego recordó que hacía horas que no había probado bocado y su cuerpo ya comenzaba a resentirlo. De todos modos, si ya había perdido tanto tiempo en el tren bala, no habría problema en atrasarse una hora más.
Durante toda la comida, las miradas de Natalya y Viktor se encontraron en incontables ocasiones, aunque siempre terminaba de la misma forma: Natalya desviando su rostro con una mueca engreída. Y aunque Viktor de verdad que quería enojarse aun más con ella, aquel comportamiento solo lograba enternecerlo. Sabía que su hermana hacía eso solamente para darle entender que no lo volvería hablar hasta que él se disculpara apropiadamente.
Y puede que Viktor ya estuviera considerando el hacerlo.
Durante el viaje en el tren y luego de aquella charla con Chris, Viktor había llegado a la conclusión de que había exagerado con su reacción. Si había alguien con quien debería enojarse ese debía ser Yuuri. Pero era tan difícil y dolía tanto.
Había tantas cosas que aún no comprendía. Y el que Yuuri aún no le respondiera el teléfono lo podía aun más intranquilo. No se había limitado solo a llamarlo, sino que le había dejado mensajes por Line, Whatsapp y hasta por Telegram. Incluso estaba a punto de intentar contactarlo por Instagram o Touchbook, aunque se había autoimpuesto no visitar esas redes sociales desde el pasado grand Prix. No necesitaba conocer sobre los rumores que de seguro debían estarse esparciendo como reguero de pólvora por redes sociales.
Aún así, ahora su curiosidad iba en aumento. ¿Sería de conocimiento general el paradero de Katsuki Yuuri a esas alturas? Viktor esperaba no haberse mantenido tan desconectado como para que ni siquiera le llegara un rumor. No. Si Yuko había sido tan críptica sobre el paradero de Yuuri, entonces este solo debería limitarse a su familia, ¿verdad?
A pesar de sus conclusiones, no pudo evitar abrir el navegador de su iphone y poner "Yuuri Katsuki" en el buscador.
Las primeras entradas comentaban aún sobre la ausencia de Katsuki en las pasadas nacionales de Japón y cuestionaban su participación en el four continents a disputarse a mediados de febrero.
Viktor hizo una mueca al leerlo, sin evitar preguntarse si Yuuri, estando en Chile, querría participar en el campeonato. Al juzgar por la actitud de Yuuri durante las llamadas que compartieron, podría decirse que estaba al menos pensándolo.
Mientras seguía ojeando, una imagen llamó poderosamente su atención. Trataba sobre una foto de Yuuri tomada de espaldas, en donde parecía estar afuera del baño, con solo una toalla cubriéndolo. Viktor no pudo evitar quedarse mirando por más tiempo del necesario aquella espalda, hasta el punto de que tuvo que agitar la cabeza para enfocarse en lo realmente importante.
Al seguir revisando las entradas, frunció el ceño al pensar en las circunstancias que había rodeado a aquella foto. Por la fecha que había visto al cliquearla, podía notar que había sido de inicios de mes, cuando se suponía que ya debía estar en Chile.
¿Quién la había tomado? ¿Con quién viviría Yuuri en el continente sudamericano?
Se mordió el labio ante aquellas interrogantes y cuando notó aquel titular, sintió que una piedra se asentaba en su estómago.
"Yuuri Katsuki patinando con su novia"
Entró y notó que parecía ser una nota del fan club de Yuuri. Ahí, se mencionaba un video que había sido recientemente subido a Youtube, en donde Yuuri aparecía con una mujer que aparentemente era su novia. El post mencionaba la sorpresa de que Katsuki tuviera una pareja, a la vez que cuestionaba quién sería la misteriosa chica. Dentro del foro había diferentes comentarios con opiniones diversas, a favor y en contra de la, al parecer, flamante relación.
Viktor sintió que su cabeza se abombaba y siguió bajando, hasta encontrarse con una imagen extraída del video, en donde se podía notar a Yuuri sobre una mujer de pelo claro. Él tenía posado su brazo gentilmente debajo de su cabeza, mientras ambos estaban recostados en el hielo.
Había también el link del video, pero este le dio error cuando intentó verlo. Al parecer ya había sido borrado.
Viktor sabía que las fotos podían malinterpretarse, lo había vivido varias veces a lo largo de los años, pero también conocía a Yuuri, y sabía que el muchacho no era muy proclive a mostrarse accesible con personas desconocidas. Aquella chica definitivamente debía ser alguien especial para que Yuuri se permitiera tocarla con tanta confianza.
Viktor apretó la mandíbula.
¿Tan poco había tardado en pasar página?
Viktor aún recordaba lo renuente que había sido Yuuri con él en un principio, que habían pasado semanas antes de que Yuuri le permitiera acercarse más allá de los estrictamente necesario. Pero no llevaba ni un mes en Chile ¿y ya se permitía ese tipo de contacto?
Siguió bajando hasta llegar a los comentarios de la página.
«Creí que Yuuri y Viktor estaban juntos.» recitaba uno de ellos. Había diferentes comentarios al respecto, la mayoría comentando frases parecidas.
«¿Qué se ha creído esa tipa?» rezaba otro comentario. «¿Acaso cree que puede tener a nuestro Yuuri así como así?»
«Hey, no me gusta la idea más que a ustedes, pero debemos admitir que la chica es linda y Yuuri se ve feliz».
Feliz…
Viktor volvió a mirar la imagen, intentando distinguir mejor la expresión de su antiguo pupilo. Fue una tarea inútil. Tenía la cara inclinada hacia la mujer, de forma que esta no era visible. Sin embargo, si estaba de esa manera con su aparente pareja, debía ser feliz.
―Viktor, ¿te encuentras bien? ―La voz de Chris lo sacó de sus pensamientos.
―¿Qué? ―Levantó la cabeza y notó que ya todos estaban de pie, seguramente esperándolo―. Oh, sí, vamos.
Caminó junto a los demás hacía la zona de compra, mientras en su cabeza seguía dándole vueltas a la misma idea.
Ahora entendía por qué Yuuri no le había comentado donde estaba. No le importaba en lo más mínimo, al menos no de la forma en que Viktor quería ser apreciado.
¿De qué servía entonces todo el esfuerzo hecho? ¿Para qué entonces había hecho todo ese circo y atrasado lo inevitable? Yuuri era feliz en su nuevo hogar, hasta el punto en que él ya no importaba.
―¿En qué lo puedo ayudar? ―cuestionó una mujer en inglés.
Y estaba bien…
―Un pasaje en el primer vuelo que parta a Rusia, por favor.
Porque él también podría poner en orden su vida.
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Curiosidades:
El inicio del capítulo fue escrito con meses de diferencia, en distintos documentos y libretas. Al final uní todo e intenté calzar todo de manera coherente, aunque la idea del capítulo mutó bastante de lo que quería en un inicio, pero el resultado me dejó satisfecha.
Me hice un mundo con los horarios de vuelos y todo eso, y volveré a hacerme problemas en el capítulo siguiente.
Notas de autora:
¡Espero que les haya gustado el capítulo! Y espero que perdonen mi ausencia grosera, pero bueh… creo que no me crujía para este fic. Y siento que es mejor atrasarme en comparación a traer algo con lo que no estoy segura.
Así que finalmente Viktor sabe la verdad y ha decidido volver a Rusia. ¿Qué creen que sucederá de ahora en adelante?
El próximo capítulo narrará la perspectiva de Yuuri. ¿Qué creen que haya sucedido con nuestro japonés favorito?
Diccionario
Esta sección volverá pronto xD
Confesiones de una autora desesperada
I. Ya soy una enfermera titulada.
II. Por lo anterior debería empezar a buscar trabajo, pero me niego.
III. Este capítulo fue revisado por Pajarito de Agua. Me ayudó mucho su visión externa.
IV. Ahora más que nunca me creo Yato.
V. ¿Les gusta la portada nueva? Fue por un premio por un concurso de alianzas.
VI. Este fic cumplió dos años hace tres días. Aunque en realidad es un año porque el otro fue de hiatus.
