Hola. Ya estoy aquí, con el capítulo... En fin. Creo que es todo...
Disclaimer: Ningún personaje de HunterxHunter me pertenece, todos son propiedad de su respectivo dueño: Yoshihiro Togashi.
Advertencia: Shonen-ai en capítulos futuros; situada entre los primeros arcos del anime/manga.
Al notar que el silencio que los rodeaba a ambos había cambiado, Gon se dispuso a interrumpirlo. —¿Por cuánto tiempo tendremos que seguir caminando?
—Será el tiempo que deba ser. —respondió cortante; ¡Dios, cuanto odiaba a los niños!—. Si caminas en silencio, llegaremos más rápido.
El niño lo miró molesto, sin percatarse de que su aura se había manifestado alrededor de su cuerpo; pero aun así, el hombre no se detuvo. —Eso no tiene sentido.
—Bienvenido al mundo real hijo.
Chasqueó la lengua con cierta molestia. —No soy tu hijo.
—Lo eres… —replicó con un tono de burla—. El antiguo Gon sigue vivo en ti, por lo tanto, sigues siendo mi hijo, por más que ahora pertenezcas a la familia Zoldyck—. Ante el silencio del menor, Ging Freecss continuó con sus palabras. —Sí que has tenido suerte ¿Una familia de asesinos? Y no cualquier familia, sino lo más peligrosos y despiadados que pudieran existir ¡Que suerte la tuya! De ser hijo de un Cazador Doble Estrella al hijo del Jefe de una familia de asesinos—. Llevó una mano hasta su barbilla. —Me pregunto cuál opción será mejor ¿Tú qué opinas?
Jugueteó con el dobladillo de su chaqueta verde. —Opino que te vayas al demonio, tú y tu maldita intuición.
—Vaya carácter el tuyo, creí que serías más paciente conmigo—. Una tímida sonrisa apareció en su rostro. —Cada vez te reconozco menos, Gon.
—Tú no me conoces, así que, no puedes decir nada. —replicó con molestia, deteniendo su caminar—. ¿Sabes una cosa? Esto es una pérdida de tiempo ¡Me voy de aquí! ¡No intentes detenerte!
—¿Ah sí? Bien, ten un buen viaje. —comento en un tono sincero.
—¿No vas a impedirlo?
—¿No has dicho que no soy nada tuyo? Bien, si quieres irte hazlo. No te detendré, creí que sabías que venías conmigo con plena consciencia de tus actos. A propia voluntad—. Ging mantuvo esa expresión altanera en su rostro. —Pero… si deseas irte, antes déjame decirte una cosa más. ¿Puedes concederme ello?—. Muy a su pesar, el niño terminó asintiendo. —Gracias.
—Habla rápido Ging, quiero irme de aquí.
—¿Aun tienes la caña de pescar que te obsequié la primera vez que te conocí?—. Al no recibir una respuesta, continuó con sus palabras. —Recuerdo bien ese día. Me encontraste sin tenerlo planeado, tu primera reacción fue correr hacia mí para abrazarme y yo no supe que hacer. Me quedé allí, a tu lado, escuchando cada una de tus palabras… escuchando como me decías papá—. Llevó una mano detrás de su cabeza, en un gesto de vergüenza. —¿Qué se suponía que hiciera? No entendía nada, hasta que vi tu sonrisa y tus ojos alegres, entendiendo así que todo esto estaba mal… —decía con sinceridad—. …Tú me despertaste Gon.
Ante esas palabras, Gon no sabía cómo reaccionar. —¿Yo…?
Asintió sin deshacer esa sonrisa. —Sí. Fuiste tú…—. Volvió la vista hacia adelante. —Puedes cambiar las cosas Gon, tu apariencia, tu familia y tu actitud, pero, hay algo que no cambiará… y eso es tu manera de ser. Y solo tengo una advertencia para ti, no cometas el mismo error que yo cometí… —dijo con un tono calmado—. No te conviertas en alguien como yo—. Estiró su mano derecha con cierto temor con la sola intención de rozar la mejilla del niño, pero éste terminó corriendo su rostro, para así también evadir su mirada. —Gon. Yo cometí varios errores en la vida, mi primera vida. Abandoné todo lo que amaba, solo por seguir lo que creí que era importante….—. El silencio le indicó que podía continuar. —A mi familia en Isla Ballena y a tu madre y a ti…
—¿Ella te odió, verdad?
—Sí.
—No es de sorprender… yo también odiaría a la persona que amo, si éste me abandonase por un tonto sueño.
—No lo harías. —lo interrumpió—. Tú no eres capaz de odiar a alguien. Eres una persona buena Gon. Tú nunca podrás ser como ellos, ser un asesino… no tienes el alma de uno. Eres mi hijo. Un niño torpe, alegre, descuidado, un tanto terco y persistente… que nunca se daría por vencido ante nada y siempre.
Una sonrisa sin gracia adornó el rostro del pequeño moreno. —Era ese niño. —dijo con un nudo en la garganta—. …era así. Ya no soy más esa persona ¡Deja de molestar con eso!
—Lo eres.
Negó con la cabeza ante esas palabras. —Ya no soy ese Gon, no insistas anciano—. Mantuvo su mirada sobre el cielo, evitando a como dé lugar desviar la mirada al hombre a su lado. —Esa versión de mi murió.
—Sigues siendo esa persona—. El niño negó con la cabeza, pero el adulto insistió. —Gon—. El susodicho volteó su rostro. —No te preocupes por ello, porque sé quién eres… porque lo veo… Siempre serás ese niño que intentaba alcanzar al bastardo de su padre, aun sabiendo que éste intentaba alejarse.
—Concuerdo. —musitó sonriente—. Si eres un bastardo…
Ging chasqueó la lengua con molestia. ¡Quería ser amable y ese niño arruinaba el momento! —¿Por qué no permites que te consuele?
De un manotazo, apartó la mano sobre su rostro. —Porque no lo necesito. Además, es imposible… que yo vuelva a ser el de antes…
—Lo único que puedo decirte… es que sé quién eres. Sé qué tipo de persona eres… lo sé. Eres mi hijo, mi único hijo…. Eres lo más importante que tengo, pero que nunca pude disfrutar como corresponde por mi estúpido e innecesario ingenio… —esto último, lo dijo con un tono burlón en su voz, ganando una pequeña sonrisa por parte del menor—. Te prometo… que un día volverás a sonreír como antes y podrás enseñarle al mundo, lo buena persona que eres…—. Movió su mano para terminar revolviendo el cabello del pelinegro. —Y si es imposible… sé que hay algo que nunca perderás…
—¿Qué no voy a perder?
—Las personas que más quieres… los amigos que has conseguido a esta vida, ninguno de ello es una mentira. Y puede que los hayas conocido en tu antigua vida, pero aquí son diferentes... porque la estima que sienten por ti es verdadera. Es real…—. Con sus pulgares retiró algunas de las lágrimas en el rostro del menor. —Al igual que yo… —murmuró con una sonrisa—. Seas quien seas, eso no importa… siempre estaré orgulloso de ti.
—Ging.
—Estoy seguro que harás lo correcto al final…. —dijo al revolverle el cabello en un gesto cariñoso, notando que el menor mantenía esa mirada triste en su rostro—. Tengo fe en ello…
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Gon abrió sus ojos abruptamente, despertando de aquel recuerdo que invadía su cabeza para atormentarlo. Con la respiración alterada, buscó con la mirada algo que pudiera identificar para saber en dónde se encontraba y al hacer un movimiento involuntario con sus manos, escuchó el sonido que hacían las cadenas y los grilletes al moverlos, elevó la vista y una sonrisa triste surcó en su rostro al comprender que estaba en la sala de torturas.
¡Lo que menos necesitaba era recordar a Ging! Él solo era un dolor de cabeza en su vida.
«Genial… Como me gustaría tenerlo frente de mí y matarlo». Tomó una bocanada de aire para poder calmar su respiración. «Parece ser que Milluki escapó cuando tuvo la oportunidad. Maldito bastardo ¿En verdad creen que esto podría detenerme? ¡No me hagan reír!». Cerró sus ojos con pesadez y lentitud, disfrutando el suave bamboleo de su cuerpo. Era muy relajante y precisamente era eso lo que necesitaba su cuerpo: desde este último tiempo, sentía todo su cuerpo exhausto. Como si no hubiese dormido en días, días y días. «No creo que sea mala idea… descansar durante todo este tiempo…. Después de todo, estaré varios días aquí. Dependiendo el humor de mi querida y amada madre». Pensó con burla, haciendo referencia a la mujer de amplio y vaporoso vestido. —Me pregunto… que tipo de veneno usará conmigo…
Y esperó.
Esperó pacientemente a que esa mujer apareciera en la habitación. ¿Qué sentido tendría tratar de evitarlo?
Suspiró, no sabía cuánto tiempo tendría que esperar y eso le impacientaba; fue hasta ese momento que recordó algo importante: Killua estaba aquí.
Había venido por él; un nudo terminó apareciendo en su garganta. No entendía lo que ocurría. ¿Por qué ese niño volvía a atormentarlo? ¡¿Para que regresaba a la mansión?! ¿Para molestar su existencia? Ya le había causado mucho daño ¿qué más quería? Ya lo había destrozado por completo, rompió su corazón y su espíritu.
Un repentino sentimiento de angustia detuvo sus pensamientos. «¿Otra vez vuelvo a sentirme de esta manera? ¡Ya me estoy cansando de esto! » —¿Por qué me sigue atormentando? Quiero que se vaya… Ya no quiero seguir sufriendo.
«No estás sufriendo… estás tratando de despertar completamente… »Una voz grave, diferente las voces que escuchó en toda su vida, resonó de repente, causando que el pelinegro de ojos almendra guardara silencio abruptamente. «Esa angustia que sientes, se debe a que deseas despertar para no olvidar algo importante… »
—¡¿Quién eres?! ¡Responde! ¡¿Dónde estás?!
El menor se removió intranquilo, sintiéndose totalmente impotente al ver que no podía liberarse de los grilletes. «Yo soy el poder que se encuentra oculto en tu interior, fue gracias a mí que todo este cambio pudo realizarse…». Ante esa respuesta, Gon detuvo sus movimientos. Escuchando atentamente lo que esa voz dijera.«Hay una razón por la cual sientes esa angustia en tu pecho. Tu mente intenta olvidarlo, pero tu corazón y tu alma no. »
—¿De qué hablas?
«Nosotros… hicimos… establecimos una condición especial». Gon no entendió a que se estaba refiriendo y ante ello, movió sus manos un tanto incómodo. «Esa condición especial… es la causante de tu malestar.»
—¿Especial? ¿Por qué… una condición especial…?
«Tu alma. Diste tu alma para que Killua cumpliera su mayor deseo, perdiendo toda tu vida y recuerdos, procurando que él tuviera lo que siempre deseó. Una vida lejos de esa familia que tanto daño le ha hecho… esa fue la condición principal». El pelinegro sollozó sin saber el por qué. Recordar aquel suceso triste de su antigua vida, hacía que sintiera una sensación de melancolía en su pecho. «…pero… la condición especial fue que pudieras conservar algo importante. Uno de los recuerdos más importantes de tu vida… »
—¿U-un… recuerdo?
«Hay un recuerdo aislado en tu mente. Ese es el motivo por el cual siempre recordabas a Killua; y procuraste esperarlo... Esperabas a que él viniera por ti».Ultimó con calma, asegurándose de que su "dueño" pudiera comprender lo que sucedía en realidad. «Ese es el motivo de tu angustia. Porque una parte tuya quiere olvidarlo y continuar con esta vida… pero ese recuerdo, ese recuerdo te pide que no dejes de esperar a Killua…». Los sollozos del menor eran capaces de interrumpir el silencio de la habitación.
Tomó unas cuantas respiraciones para poder calmar los latidos acelerados de su corazón. —¿Y cuál es… recuerdo… que no quería olvidar?—preguntó en un murmullo casi imperceptible—. ¿Cuál era? ¿Podrías decirme?
«¿Estás seguro de que deseas verlo?». Gon esperó pacientemente y al no encontrar las palabras necesarias que pudieran expresar ese sentimiento, terminó asintiendo con la cabeza. Notando como su corazón se estrellaba con más fuerza contra su pecho, al punto de no querer detenerse, y su pulso acelerado no parecía dejarlo tranquilo.
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Killua guardó silencio abruptamente, sintiendo como su pulso salía disparado y su corazón comenzaba a latir con mucha fuerza, como éste quisiera escapar de su pecho. Su boca permaneció entre abierta, gesticulando sin tener la intención de hablar.
—Ki-Killua… —dijo el nombre de su mejor amigo en un tartamudeo—. Y-yo…lo que dije hace un momento es verdad.
—G-Gon…—. Inconscientemente, sus manos sujetaron las mantas bajo su cuerpo, al borde de terminar rasgándolas por completo y rozar el frío suelo.
Llevó su mano derecha hasta detrás de su cabeza. —Disculpa si es muy pronto… pero es así como me siento…
Las mejillas del albino se colorearon salvajemente. —Idiota… n-no lo di-digas así… —masculló por lo bajo, sin tener la intención de ser grosero con su mejor amigo. —. Gon… y-yo…
Mostró una sonrisa compresiva, totalmente cariñosa para el otro. —Ey, tranquilo… no pienses, solo siente.
—P-Pe-pero…
—Ven—. Tomó una de las manos de Killua para llevarla hasta su pecho. —¿Sientes los latidos de mi corazón? Es por ti, eres tú quien me hace sentir así. Por eso, quiero estar a tú lado para siempre, amándote tanto como pueda. Quiero estar junto a ti, incluso hasta que seamos viejitos….
—Gon.
Quería detenerlo, pero también, quería seguir escuchando lo especial que era para su mejor amigo. Era egoísta, lo sabía, pero por primera vez, ese egoísmo le traía verdadera felicidad.
—Quiero vivir toda mi vida contigo y seguir enamorado de ti hasta no poder más… —dijo con total sinceridad, estando también seguro de sus propias palabras—. Para que así, este amor que te tengo, pueda permitirme encontrarte en otra vida.
Desvió el rostro un tanto avergonzado. —Tú sabes que…—. Lamió su labio inferior y tragó saliva con pesadez. Estaba muy nervioso, por no decir aterrado. —...me será difícil olvidarme de ese terrible pasado que llevo sobre mis hombros…
—Sé que no será sencillo, pero, no quiero alejarme de ti Killua, ni hoy ni nunca. Porque, aunque no lo creas… yo quiero estar contigo…—. Repentinamente, tomó entre sus manos las ajenas.
Killua lo miró sorprendido, más luego una expresión de tristeza apareció en su pálido rostro. —G-Gon yo tengo miedo de no poder darte la vida que te mereces.
Tuvo el fugaz pensamiento de apartarse, sin embargo, aquello terminó por desaparecer y dejo que el contacto siguiera entre ambos. Al separarse, el menor contempló a su acompañante con una de las sonrisas más grandes que pudiera tener. Tratando de transmitirle de esa manera, todo el cariño, el amor y el afecto que sentía por él.
—No quiero a nadie más que no sea Killua... nunca me interesará alguien más que tú. Mientras estés conmigo, no necesito nada más.
Con el rostro empañando en lágrimas, asintió con la cabeza ate las palabras del pelinegro, como si también sintiera que eran ciertas. —Gon.
—¿Sí?
—¿Estás seguro de lo que dices?
—¿Qué quieres decir?
—¿En verdad me amas?—. El menor asintió de inmediato, para luego y con mucho cuidado, besar suavemente una de las mejillas encendidas. —Gon ¿no estás mintiéndome…?
Se alejó unos centímetros para poder mirar y contemplar aquellos ojos azules cielo que tanto amaba. —No. En verdad te amo.
—¿Y tú estás feliz que sea así? Amar a alguien como yo… —. Ante el repentino abrazo de su compañero, liberó algunas lágrimas que había procurado ocultar. —A pesar de todo… ¿me acompañarás siempre…?
—Killua.
—¿E-eh?
—Lo estás pensando demasiado. Siente Killua… solo siente. —murmuró a la par que se aproximaba a los labios ajenos, quedando a solo milímetros de distancia.
Sintiendo también, como el aliento de ambos se mezclaban.
El peli-blanco fue quien terminó por acortar la distancia, uniendo al fin ambos labios, en un tímido y ansiado beso. Torpe, pero cariñoso. Capaz de desatar la pasión oculta en sus corazones; el beso cambió de rumbo, a uno más apasionado, dejándose llevar por aquel sentimiento tan puro y bello. Sellando así, ese momento perfecto; besos llenos de cariño, las caricias fugaces pero a la vez temerosas, los murmullos cariñosos, las respiraciones entrecortadas, los estremecimientos involuntarios, y las desesperadas ansias por continuar.
Poco a poco, las prendas de vestir fueron retiradas de sus cuerpos gracias a la intervención del otro, entre caricias suaves a las porciones de piel descubierta y los besos cariñosos compartidos; esa noche, el pelinegro de ojos almendra se encargaría de hacer sentir especial a su compañero, hacerle entender cuan especial era para él. Los únicos sonidos que interrumpían el silencio, eran los gemidos y sus respiraciones entrecortadas, sin saberlo el ritmo desenfrenado de sus corazones comenzaba a sincronizarse, pareciendo un solo sonido.
Ambos se convirtieron en uno. Ambos permanecían junto al otro, de una manera más íntima y especial, completamente única.
Ese amor que nunca se dijo en voz alta, que siempre se mantuvo oculto en el rincón más alejado de sus corazones, ese amor que había nacido con una simple mirada, al fin podía manifestarse en aquel encuentro.
Todo el amor que sentía mutuamente... que sentía por el otro, era correspondido.
Y la noche sería testigo de ese amor que comenzaba a florecer.
Killua suspiró complacido ante las suaves caricias que recibía por parte de su compañero, sin embargo, una repentina duda hizo que se alejara del contacto brevemente y mirar interrogante al menor. —Gon… ¿No nos habrá hecho mal?
Gon lo miró sorprendido y poco a poco comenzó a incorporarse. —¿T-te hice mal? ¿Te lastimé? Cuanto lo siento Killua yo no quería, pensé que… esos gemidos que hacías se debían a que querías continuar… lo siento… —balbuceó nerviosamente, percibiendo que sus ojos habían comenzado a humedecerse.
—No es eso…—. Estiró una de sus manos para acariciar con suma ternura la mejilla ajena. —No me hiciste mal, me hiciste tanto bien. Mucho bien… —murmuró contra los labios ajenos en un tono coqueto—. Me refiero… al hecho de estar aquí toda la noche, en medio del bosque. ¿Mito-san o tu abuela no estarán preocupadas?
—Oh, es verdad. Bueno… supongo que sí, pero, no creo que se molesten…. O al menos eso espero…
Killua pareció estar satisfecho con aquella respuesta y volvió a recostarse sobre el pecho del menor, repartiendo caricias por aquel sector, ganando una especie de suspiro embelesado de su amigo.
—Sí, tienes razón…—. Lamió su labio inferior, en claro gesto de nerviosismo, para luego murmurar el nombre de su mejor amigo: —Gon…
—¿Mmm?
—Lo intentaré…
—¿Intentar?
Asintió con una pequeña sonrisa en el rostro. —Intentaré ser la persona que necesitas en tu vida, hacerte feliz. Pero para ello, necesito que me esperes a que pueda liberarme de este pasado que me atormenta. Porque… tu amor me da paz…
—Killua…. —musitó con algo de temor, nunca antes se había quedado sin palabras y mucho menos en presencia de su amigo.
—Por eso… te pido que me esperes…
—¿Qué?
—¿Me esperarás, Gon? —logró formular aquella pregunta, sintiendo el rápido aleteo de su corazón y como su respirar parecía estar a punto de detenerse.
—Sí… —dijo sonriendo a la par que con sus pulgares retiraba algunas lágrimas fugitivas que rodaban por las mejillas del albino—. Toda la vida te voy a esperar, Killua.
No estaban seguros del por qué pero, ante ese repentino silencio por parte de ambos, todas las dudas y temores se esfumaron de sus mentes. En un solo instante. Porque todo lo demás había perdido sentido alguno ante la presencia del otro, ante el hecho de saber que su persona más preciada, nunca los iba a abandonar; un tímido y último beso entre ambos no se hizo esperar. Siendo ésta la manera en poder demostrar cuanto se amaban mutuamente.
Ese sería el comienzo de una promesa por parte de ambos… que duraría más allá de sus vidas. Para toda la eternidad.
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«Esa promesa era más fuerte que cualquier pacto que se haya conocido... Ustedes dos estaban unidos…». Gon escuchó aquella voz grave y distinta en su cabeza. «Tú nunca ibas a soltar a Killua, porque él se había convertido en una parte de ti. En este recuerdo, tú y él se juraron amor eterno, y te aferraste a esa imagen, a ese bello recuerdo para no soltarlo nunca…». Varios sollozos escaparon de los labios temblorosos del menor. «…porque no importaba como, tú sabías que ibas a volver a encontrarlo para amarlo una vez más y nunca apartarte de él. »
Ante esas últimas palabras, Gon se liberó de las cadenas que aprisionaban sus muñecas. Aterrizó de una manera un tanto brusca y torpe, terminando con una rodilla y mano sobre el suelo como soportes del peso de su cuerpo. Mantuvo la cabeza baja con la respiración alterada, una fina capa de sudor sobre su frente y un incesante dolor en su pecho, mezclado con ese sentimiento de angustia que ya era conocido para él.
«Eso era… ¿lo más importante para mí? —pensó al terminar de quitar los fríos grilletes de sus muñecas—. ¿Fue por eso que yo no podía olvidar a Killua? » Elevó una de las manos hasta su pecho. Varios recuerdos de su vida comenzaron a manifestarse en su mente: desde la primera vez que lo conoció a Killua en el Examen de Cazador hasta la noche en donde estuvieron juntos por primera vez.
Y Gon lo comprendió. Comprendió el verdadero significado de esos recuerdos, el sentido de su nueva existencia: encontrar a su persona especial.
Esperar a Killua y volver a encontrarlo para no soltarlo nunca.
«Dios mío ¡Killua! ¿Qué hice...? ¿Cómo pude olvidarme de esa noche? ¿Cómo pude hacerlo…?». Sintió algo extraño en su pecho, que fue capaz de hacer que su llanto se detuviera, miró extrañado a los alrededores, tratando de buscar una manera de escapar de allí. —…tengo que encontrarlo…
El pelinegro pretendió levantarse pero sentía como si sus piernas no respondieran a su voluntad, y un tanto resignado esperó a que esto cambiara.
La entrada se abrió de repente, revelando la presencia del segundo hijo de la familia Zoldyck. —¡Oye Gon! Mamá ha ido a deshacerse de los intrusos y estoy seguro que tiene planeado…—. Su voz terminó silenciándose al ver a ese niño sentado sobre el suelo, con los grilletes y las cadenas rotas esparcidas a su alrededor. —Ey enano ¿Qué te sucede?
Al oír la voz de su hermano, se estremeció ligeramente ¿alguien más vendría por él? —¿Eh? Sí… sí, estoy bien. Solo me duele el pecho…
—¿El pecho?
—Sí…
—Gon…
—N-no… no entiendo… Tengo un dolor muy fuerte en el pecho, como si algo malo estuviera pasando. Es como una angustia tan fuerte, que siento que no puedo respirar… no sé qué me sucede, Milluki. Es como si este dolor no fuera mío, pero lo siento como propio….
—¿Dolor? —repitió algo extrañado—. ¡Oye! ¡¿Qué intentas decir?! ¡Habla claro mocoso!—. Lo tomó por el antebrazo, obligando a que se levantara del suelo. —¡¿Qué demonios te sucede?! —demandó estando alterado al sujetarlo por los hombros y sacudiéndolo con brusquedad.
El más joven se liberó de él, golpeándolo en ambas manos. —Es como angustia…
—¡Deja de hablar así! Maldición…
—Me siento angustiado, pero también tranquilo y además, extraño mucho a Killua. Siento que algo le está pasando, necesito estar con Killua…
—¿Ki…llua?—. Pudo sentir un mal sabor en la boca; porque ante la sola mención de ese nombre, sintió un nudo en el estómago. —¿Quién es Killua?
—Killua es lo más importante para mí… —. Lamió su labio inferior en un gesto de nerviosismo, y procuró ignorar el reciente nudo en su garganta. —Milluki… ¿si yo te dijera que no todo es como piensas… me creerías?
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Ante de la mirada desafiante de ese niño de ojos azules y cabello blanco, Kikyo terminó perdiendo todo su auto-control y el único pensamiento en su mente era deshacerse de ese chiquillo. ¡Por el bien de su hijo!
«Gon volverá a ser como antes… ¡si esos estorbos desaparecen!». Pensaba antes de disparar hacia su objetivo, sin embargo, no había previsto que uno de los jóvenes, el de cabellos rubios, se ubicaría delante del pequeño grupo al hacer aparecer una cadena plateada de su mano derecha para hacerla girar. —Kalluto-chan… —murmuró el nombre de su hijo más joven, quien terminó asintiendo en silencio al comprender el pedido de su madre—. ¡Nos desaceremos de todos ustedes!
Ese grito causó que el Nen del menor se activara y pequeñas descargas eléctricas comenzar a manifestarse por cada uno de los poros de su piel. —Kurapika…
El Kurta lo miró con detenimiento para luego terminar por asentir.
«El único que podrá deshacerse de ella… seré yo…». Sus cabellos canos parecían haberse tensado hacía arriba y una fina capa de aura blanca rodeaba cada centímetro de su cuerpo; esperó a que su amigo se apartara del camino y cuando esto sucedió, vio que era su oportunidad. «¡Kanmuru!». Aquel nombre surgió de repente en su mente, sin que existiera un motivo aparente para su aparición, y Killua comprendió que esa era su habilidad: manipular su aura para transformarla en electricidad.
La mirada fría y oscura que ese niño le dirigía, hacía que dos sentimientos contradictorios se situación sobre su pecho: uno era el terror. No iba a negar, que ese niño tendría el suficiente potencial para ser uno de los asesinos más talentosos de la historia. Y el otro sentimiento era la felicidad. Se sentía dichosa de poder ver una mirada como esa, ¿cómo alguien podría poseer esa mirada? ¡Cuánto deseaba que su querido Gon la mirase así! Ver esos ojos castaños cubiertos por oscuridad.
«Por más que lo intente… Gon siempre parece tener luz en sus ojos. —pensaba al recordar todos los entrenamientos con su hijo—. Pero aun así… aunque poseas esa mirada… ¡No permitiré que te lleves a mi hijo!». Cuando se dispuso a atacarlo, Kikyo notó algo extraño y retrocedió un paso inconscientemente al ver que ese niño había desaparecido. Buscó con la mirada su ubicación, sin embargo, ni siquiera podía sentir su aura. «¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está?! » Y fue cuando lo vio, a una mínima distancia de ella, tomó el impulso necesario para poder propinarles una patada a ambas personas.
El golpe del albino fue esquivada por la mujer, más no por el niño y éste terminó siendo arrojado varios metros entre los arboles; si no fuera que Kalluto se protegió con ambos brazos, no había sobrevivido a ese golpe.
«Te tengo…». Pensó Killua sonriente. «Ahora… muere…». Y con gran velocidad y agilidad tomó ambas muñecas de la mujer para luego propinarle una descarga eléctrica con gran intensidad. Capaz de inmovilizar cada uno de sus músculos. Esos cinco segundos que duró la descarga, había perecido eternos para ambos.
Un grito de dolor brotó de lo más profundo de su garganta, capaz de intimidar a quien fuera capaz de escucharlo. Luego de ello, su cuerpo no parecía responderle; nunca antes, había experimentado esa clase de dolor. —S-suelta…—. Guardó silencio abruptamente al sentir una punzada en su garganta. «…puede transformar sus manos en garras…»
—No te dado el permiso de hablar. Te mataré si vuelves a hacer una estupidez así… —murmuró al rozar con sus dedos el cuello de la mujer—. No hagas nada precipitado o asesinaré a tu madre…—. Miró por el rabillo de su ojo al niño pelinegro. —Buen niño… y ahora…—. Volvió la vista a la mujer. —Ve quitando esa absurda idea de tu cabeza y suelta el abanico…
Kykio apretó los dientes con fuerza al sentir una pequeña descarga ecléctica recorriendo cada rincón de su cuerpo. —…Maldito…. —masculló con voz ronca e inconscientemente, sujetó con más fuerza su "arma" predilecta.
«¿Duele, verdad? Pretendes fingir ser resistente a mis descargas eléctricas, sin embargo, no resistirás demasiado. Anda, provócame. Ahora que nada me une a ti… no dudaré en matarte » La sonrisa ladina en su rostro creció aún más ante aquel pensamiento burlón. —¿En verdad lo crees? Muchas gracias por el halago… eso mismo pienso yo de ti. —replicó en un tono ácido, destilando en cada una de sus palabras el profundo odio que sentía por ella—. ¿Puedes saberlo, no? Que si te enfrentas a mí terminarás mal…
Su boca se transformó en una mueca de dolor, teniendo la mandíbula tensa. —…Me las... pa-pagarás... tanto como tú... y tus amigos.
Antes de que pudiera continuar, la interrumpió. —Si llegas tan siquiera a tocarlos, te mataré—. La soltó con brusquedad, causando que la mujer cállese sentada sobre el suelo, y con su habilidad retrocedió hasta el lugar en donde se encontraban sus amigos; su Nen desapareció y su apariencia volvió a la normalidad. —Me quedaré con esto. —mencionó con burla sosteniendo en su mano derecha el abanico de la mujer, para luego lanzarlo al suelo y pisarlo con fuerza.
—Gon está aquí por voluntad propia… Regresó con su familia porque se arrepintió de sus acciones y entró en confinamiento solitario voluntariamente… así que, no sabemos cuándo se irá… están perdiendo su tiempo aquí…— La luz rojiza parpadeó a un ritmo acelerado, y ante ello Kikyo se tensó. Entendiendo de inmediato lo que estaba sucediendo. —¡¿Qué?! ¡No! ¡Padre! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡No hagas nada precipitado! —gritó completamente alterada, elevando cada vez más el tono de su voz—. ¡FINALMENTE GON HA REGRESADO!
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—¿Q-qué…?
—No estoy mintiendo Milluki… es la verdad—. Antes de que pudiera continuar, los agudos sentidos del moreno detectaron la presencia de alguien en los alrededores. «¡Maldición! Pudo haber activado su Zetsu desde hace tiempo… ¿habrá escuchado lo que dije?». Apretó los dientes e inconscientemente dio un paso hacia atrás. —Alguien viene… —murmuró mientras sus ojos almendra se oscurecían y su aura salía a flote.
Bastaron dos golpes a la puerta, para que la atmósfera se volviera tensa. —Voy a entrar—. La entrada se abrió y el dueño de aquella voz permaneció inmóvil, a unos metros de distancia de ambos jóvenes. —Ya es suficiente, Millu.
Milluki volteó su rostro al oír la voz del anciano. —Abuelo Zeno—. Sin saber por qué, se sintió un tanto incomodo por la presencia del hombre mayor. —¿Qué….?—. No podía formular la pregunta, la mirada seria y tranquila de su abuelo le incomodaba demasiado; por el rabillo de su ojo derecho, pudo ver la mirada suplicante de Gon.
"¡Yo no soy tu hermano! ¡Por mi culpa vives en una mentira que mi deseo creó! Necesito volver todo a la normalidad con ayuda de Killua. Milluki, debo irme… debo buscar a tu hermano y regresar todo como era antes".
—Pero abuelo Zeno… mamá me ordenó que lo re-reprendiera hasta que se arrepintiera de sus actos…
—Lo sé. —fue su simple respuesta—. Gon, puedes irte.
El oji-marrón lo miró desconfiado, sin creer en ninguna de sus palabras. —¿Por qué puedo irme? Creí que… debía permanecer en este lugar
—Silva quiere verte.
—¿Su hijo quiere verme?—. Aquella respuesta no pasó desapercibida por ambos Zoldyck. —Entiendo… muy bien, iré. Pero luego de hacer algo más importante.
—Te recomiendo no hacerle esperar.
—Es una pena… si él quiere entablar una conversación conmigo, tendrá que esperar. Ahora soy yo quien decide las reglas del juego… —replicó con acidez y burla—. Pero iré a verlo luego.
—¡Gon, no hables así de papá! —manifestó ante una repentina ira; sea su hermano o no, no iba a permitir que ese mocoso se refiriera en ese tono de su padre—. ¡Siempre consienten a Gon, por esa razón es un niño malcriado y engreído…!
Zeno volvió la vista hacia el frente. —Es especial. Incluso, mucho más que Killua…—. Llevó ambas manos detrás de su espalda y caminó hacia la salida. —…Con el entrenamiento adecuado, sería uno de los asesinos más poderosos y talentosos que el mundo haya conocido, sin embargo, ese espíritu libre que posee dificulta las cosas. —murmuró—. No nació para ser asesino.
—Sí, pero…
Lo interrumpió. —Millu ¿qué piensas del potencial de tu hermano?
—Es increíble, claro. ¿Probablemente es el Zoldyck más poderoso de la historia, verdad? Mamá parece pensar en eso, tengo que estar de acuerdo.
—Un cumplido considerable.
—Pero estoy de acuerdo contigo en ese detalle de que él no nació para ser asesino, abuelo... —mencionó levantando su dedo índice—. Repudia cada una de las enseñanzas, sea de Illumi o de papá y se revela contra ellos, aunque eso signifique tener castigos peores que el anterior. Además… un niño que quiere hacer amigos no puede liderar a la familia Zoldyck. Al final, sólo es un llorón. Mentalmente débil.
Su entrecejo se frunció. —Eso es verdad… —dijo al detenerse, pero volvió a retomar la marcha al oír el parloteo de su segundo nieto. «Gon tiene mucho potencial. Silva y yo lo hemos visto con nuestros propios ojos… mucho más del que Killu podría tener en su vida». Pensaba mientras rememoraba los entrenamientos de su antiguo nieto y los del pequeño pelinegro. «Pero… mientras no descubramos como volver a la realidad, nos encargaremos de entrenar a ese niño. Después de todo, la familia Zoldyck necesita un sucesor… y él está más que calificado para ello. Un simple reemplazo temporal. » —Millu…
—¿Ah?
—Eres un chico muy brillante…pero esa tonta naturaleza tuya no ayuda.
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Kikyo tenía plena consciencia de lo que había sucedido en la celda donde su amado y querido hijo se encontraba aislado. —¡¿Por qué padre debe ser así?! ¡No voy a aceptarlo! ¡Mi hijo no! ¡Mi querido Gon! En un momento como este… planean apartarlo de mí ¡Planean apartarlo de su destino!—. Soltó varios gritos de rabia y frustración mientras con sus uñas afiladas rasgaba parte de la falda de su vestido violeta. Luego de unos minutos, terminó recordando en donde se encontraba, tomó una respiración profunda y con voz calmada, murmuró: —Algo ha surgido… Tienen suerte de que no nos deshagamos de ustedes, agradézcanlo. Así que, me despido…
Al ver que su madre intentaba escapar, Killua se levantó del suelo. —No des ni un paso más. Déjame aclararte algo… que parece no estás comprendiendo. Mantente alejada de mi camino, sino…—. Una sonrisa siniestra y maliciosa apareció en su rostro. —Te mataré…
La mujer se estremeció aterrada, pero a la vez, un sentimiento de júbilo se adueñó de su pecho y corazón. «Oh. Esos ojos tan fríos…». —Oh Killu… —balbuceó sin pensar, sin medir sus propias palabras. Sacudió levemente su cabeza para tratar de deshacer aquel dolor punzante—. ¿Estás… amenazándome?
—Te estoy advirtiendo… Si eres lista, sabrás hacer lo correcto, pero ve aceptando el hecho de que me llevaré conmigo a Gon. Ahora vete antes de que te mate y Silva no pueda salvarte.
—Miserable. —destiló en su voz odio puro. Dio media vuelta y comenzó a alejarse del lugar, sosteniendo con fuerza la falda de su amplio vestido.
Lo que no pareció notar, es que su hijo Kalluto permanecía en el mismo lugar. Mirando fijamente al niño de ojos azules. La expresión de su rostro no mostraba seriedad, sino más bien, había un aire curioso que poseyó ese rostro de muñeca de porcelana. —¿Quiénes… son ustedes?
Killua deshizo su ceño fruncido, solo para ser reemplazado por una expresión más relajada y sus labios lastimados terminaron curvándose en una leve sonrisa. «Siempre tan desconfiado, pero a la vez, intentando ocultar su notable curiosidad » —Somos… amigos de Gon.
Ante esa respuesta, sus ojos se entrecerraron. ─¿Amigos…? —repitió en un tono de voz que reflejaba confusión.
—Así es…—. Dio un tímido paso hacia adelante. —Somos amigos de Gon… Kalluto.
Antes de que el oji-violeta pudiera decir algo, una voz femenina interrumpió la conversación. —¡Kalluto-chan! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Ven aquí!—. A lo lejos se oyó el grito exasperado de Kykio.
—Sí, Okaa-sama. —murmuró el niño de kimono oscuro, para luego correr en dirección hacia donde se encontraba su madre; no sin antes, dirigirle una última mirada al albino.
El nuevo silencio que se había formado terminó por ser interrumpido gracias a las palabras del futuro médico: —Probablemente no debería decirlo, pero estas personas me aterran… —dijo con calma, captando la atención del albino y el rubio—. Y apuesto a que estaban mintiendo acerca de que Gon dijo que no podía vernos. ¿Tú que crees Killua? Después de todo, ellos alguna vez fueron tu familia…
El susodicho asintió. —Ella mentía. Siempre lo ha hecho y más si ello sirve para conseguir lo que quiere. Lo que temo, es sobre qué tipo de castigo le darán a Gon.
—¿Qué tal si los rastreamos?
—No, no es la mejor opción. Si hacemos eso, la culpa recaerá en Canary. —murmuró desviando brevemente la mirada hacia al joven inconsciente—. Además… ellos sabrán que los seguimos y pueden guiarnos hacia cualquier lugar del territorio Zoldyck. Por más que lo intente… no puedo recordar la ubicación de cada una de las habitaciones y si le seguimos el rastro, corremos la suerte de caer en alguna trampa.
—Los llevaré a la oficina del mayordomo—. La morena entre-abrió sus ojos y miró con preocupación a los tres jóvenes. —Killua-sama, hay un teléfono que conecta a la mansión. Si Zeno-sama es el que responde…—. Se sentó sobre el frío suelo, llevando una de sus manos hasta la zona del golpe.
—¿Zeno-sama? ¿Mi abuelo?—. Canary asintió. —…Es verdad… tal vez él pueda ayudarme…—. Al recordar algo importante, el albino se volvió a la muchacha, mirándola un poco confundido. —Canary ¿A qué te referías… al pedirme salvar a Gon?
La expresión de la joven cambió abruptamente, tornándose a una más triste. —Porque yo siempre supe que él no podía pertenecer a este mundo, ni él, ni usted. Por esa razón sálvelo…
Killua sonrió. —A eso vine… Para llevarme a Gon.
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Gon caminó tranquilamente por el extenso corredor. Sabía hacia donde se dirigía, tantos días y noches dirigiéndose a esa habitación, solo para poder estar con la única persona que valía la pena en esa familia, con esa niña que tantas alegrías le había dados desde que solo era un niño: con su querida hermana Alluka.
Luego de varios minutos llegó a su destino. Detuvo su caminar al notar que se encontraba delante de la gigantesca bóveda e introdujo el código de seguridad de diez dígitos, la contraseña que le robó al jefe de la familia, para poder ingresar.
Y allí la vio.
Sentada sobre el suelo, con ambas manos en su regazo y una expresión calmada en el rostro, rodeada de varios peluches. Los ojos de la joven parecieron brillar ante la presencia de esa persona conocida, se levantó de inmediato y corrió hacia él, estirando ambos brazos con el fin de abrazarlo.
La sonrisa de la pelinegra apareció. —¡Gon! —gritó al lanzarse en sus brazos y comenzó a reír a carcajadas mientras sentía que el mayor los hacia girar a ambos—. ¡Gon, detente! —exclamó entre risas y besó la mejilla del mayor luego de que este la dejase sobre la alfombra—. Me alegro de verte Gon… ¡desde hace tiempo que no vienes!
—Es verdad… ¿has sido una buena niña en mi ausencia? —preguntó mientras revolvía los cabellos negros de la niña con su mano.
Ella asintió. —¡Sí, Alluka ha sido una niña buena! —respondió con un suave tinte rosado en sus mejillas, pero luego de un momento, la expresión de su rostro cambió. A una más triste—. Gon-chan ¿Has visto a mi Onii-chan? —indagó en un murmullo—. Dijiste que en un Examen de Cazador lo encontrarías, que por esa razón decidiste darlo cada año… porque no recordabas a qué edad lo conociste.
Gon se sorprendió ante las palabras de Alluka. —¿Ah sí? N-no lo… recordaba. —dijo en un murmullo, bajando la mirada. «…luego del incidente en mi primer Examen de Cazador, he olvidado muchas cosas. »
Suspiró.
Luego de descubrir que había olvidado algo tan importante como esa promesa, no sabía que esperarse.
«No Gon. No dudes… ya tomaste tu decisión y no debes dar marcha atrás… ¡Esta vez… no habrá inseguridades o arrepentimientos! Es definitivo…». —Alluka… he venido por una cuestión importante. Algo que tú y ella podrán hacer….
La pelinegra sonrió, entendiendo de inmediato a lo que se refería. —Gon ¿Morirías por mí? —preguntó levantando su mano derecha en el aire, al mismo tiempo que erguía su dedo índice y pulgar mientras que los demás rozaban la palma de su mano—. ¿Si?
Gon sonrió y asintió. —Claro Alluka. —respondió con un aire tranquilo.
—¡Bang!—. "Disparó" y vio como el cuerpo de su "hermano" caía al suelo, como si de un peso muerto se tratase. —¡Eso fue divertido!
Al oír la risa de la más joven, supo que su actuación debía llegar a su fin. Sacó la cabeza del interior de su chaqueta y terminó levantándose del suelo, quitando todo rastro de polvo de su vestimenta color verde. Ella volvió a reír y él se sintió feliz de ser el causante de esas risas. Gon se aproximó hasta la pelinegra para revolverle el cabello como siempre hizo, Alluka sonrió y continuó riendo por lo bajo.
—Gon.
—¿Si?
—¿Me das un abrazo? —pidió estirando ambos brazos lo más que pudo. El otro asintió y accedió a conceder su deseo. Alluka tarareó para sí misma mientras oía en su cabeza la voz de la misma Nanika, diciéndole que posibles "peticiones" debía hacer para cumplir el deseo de Gon.
Gon se separó para mirar tristemente a la menor, rozando con una de sus manos el cabello ajeno. —Alluka, lo siento. Perdona no poder ayudarte a salir de aquí…—. Apretó los puños con fuerza, hasta que sus manos tensas comenzaron a dolerles. Se sentía furioso. «No la merecen… ¡ninguno de ellos la merece! Al igual que Killua, ninguna persona de aquí merece tenerlos de familia… ¡Killua y Alluka estarían bien si permanecen lo más lejos de esta mansión. » Una suave caricia en su mejilla izquierda lo sacó de su trance. —Alluka…
Ella sonrió una vez más. —No te preocupes… yo estaré bien. Lo prometo… pero a cambio de esa promesa ¿Puedes prometerme algo?
Al deshacer esos pensamientos furiosos, optó por hacer sonreír a la niña. —¡Claro! Dime que…—. Gon guardó silencio abruptamente ante la repentina acción de la pelinegra. Sus mejillas se tiñeron levemente de un tinte rosado, casi imperceptible. —…Allu…ka… —murmuró su nombre mientras sentía que los delgados brazos de ella se enroscaban en torno a su cintura, afianzándose cada vez más.
Cerró sus ojos, disfrutando la cercanía del mejor amigo de su hermano; la persona que cuidó de ella como si fuera su propia familia. —Gon-chan… Cuida de mi Onii-chan ¿Sí? —pidió amablemente—. Tú y él deben estar juntos ¡Para siempre si es posible! No lo abandones… porque estoy segura, que él nunca te dejará a ti.
Una lágrima fugitiva descendió por su mejilla sonrosada. —Alluka. —murmuró aquel nombre sintiendo un nudo en su garganta—. Sí. Cuidaré mucho a Killua, lo prometo…—. Acarició los cabellos negros de la joven, dándole un trato delicado y amable a la vez. —Alluka… muchas gracias…
—Gon, aún falta una petición para conceder tu deseo. —dijo en un murmullo, a lo que su acompañante sonrió—. ¿Podrías darme un último beso como mi hermano mayor?
Gon la miró sorprendido, no esperaba que ella le pidiese algo así, sin embargo, esa expresión desapareció para ser reemplazada por una sonrisa. Dio un suave beso en la frente de la pelinegra, cerrando sus ojos en el proceso; era una sensación cálida y agradable.
Aguardó varios segundos hasta que el "cambio" se produjera para luego murmurar: —Te extrañaré…Alluka…—. Vio como tanto los ojos y la boca de la niña se oscurecían ante la activación de su habilidad—. A ti también… Nanika…
—Gon ¿Cuál es tu deseo?
—Mi… deseo es…—. Se aproximó hasta a la niña y murmuró contra su oído el deseo, como si también se tratase de un secreto que solo ellos podían conocer. —¿Puedes hacerlo?
Asintió tomando ambas manos del pelinegro. —Si Gon. Puedo conceder tu deseo—. Sus manos desprendieron un brillo sin igual, junto con una calidez que envolvió a ambos.
«¡Encontraré a Killua!». Una imagen del pasado apareció, y pudo verse a sí mismo, de apenas cinco años, prometiendo buscar al albino y a su lado, la joven Alluka, diciendo que lo ayudaría en lo que necesitase. «Killua… te extraño…». Pensaba al sentir su corazón estrujarse. —Alluka… —dijo su nombre y terminó sonriendo al ver que su deseo había sido concedido.
La pelinegra negó, impidiendo que él dijese cualquier frase en un momento como ese. —Ve Gon. Ve con mi Onii-chan ¡Estoy segura que él te extraña!—. Por más que demostrase una sonrisa alegre, en su interior, sentía tristeza. —¡No pierdas tiempo, ve por él! ¡Debe estar esperando! Y creo que ambos esperaron muchos años… como para seguir alejados del otro.
Bajó la mirada y vio el objeto oculto en la palma de su mano, y antes de darse cuenta, una sonrisa terminó apareciendo en su rostro. Asintió. —De acuerdo… —murmuró y rozó por última vez la mejilla de la joven—. …Te prometo que Killua y yo haremos que seas libre.
—Los estaremos esperando. ¡Alluka y Nanika los esperaran a ambos! —mencionó con una sonrisa.
Con una gran sonrisa en el rostro y sujetando su adquisición con fuerza, Gon partió de la habitación con un solo pensamiento en su cabeza y ese era, encontrar a Killua.
Y desde ese lugar, Alluka lo vio alejarse de ella. Sonrió y volvió a sentarse sobre el suelo, tomó uno de los peluches más próximos y buscó consuelo en él. —Nee Nanika ¿Hicimos bien, verdad? Ahora mi Onii-chan y Gon volverán a estar juntos.
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Una pelinegra de cuatro años miro con curiosidad al niño de ojos castaños. —Tú… no eres mi Onii-chan. —dijo con una sonrisa amable en el rostro—. ¿Mi Onii-chan dónde está?
El niño desvió la mirada del paisaje para volverse a ella. —No sé… —respondió con sinceridad—. No sé dónde está… no lo recuerdo…
—Oh. ¿Sabes cuándo volverá? ¡Alluka quiere jugar con su Onii-chan!
El oji-marrón volvió a negar con su cabeza. —No sé dónde está Killua…—. Dio un gran salto y bajó del marco de la ventana, aterrizando a unos metros de distancia de la niña. —¿Pero sabes una cosa? ¡Encontraré a Killua!
Sus ojos se vieron cubiertos por un brillo de emoción. —¿Buscarás a mi Onii-chan?—. Ante la respuesta afirmativa del otro, sonrió. —¡Yay! ¡Onii-chan volverá a casa!
—Alluka.
—¿Uh?
—No tienes de que preocuparte… volveremos a ver a Killua ¿y sabes por qué?—. Llevó ambas manos detrás de su espalda y le brindó una de sus mejores sonrisas a la pelinegra. —Porque… lo prometimos… ¡Siempre esperaré a Killua y siempre él vendrá por mí!
En aquella ocasión, tanto Alluka como Nanika comprendieron que ese niño era especial en la vida de su querido hermano mayor y ambas harían lo posible por ayudarlos a volver a estar juntos. Ya que también, fue la primera vez que entendió lo que era la libertad…
Esa libertad que su hermano había conseguido junto a ese niño.
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—Prometí ayudarlos a ambos, desde ese día… —murmuró al cerrar sus ojos; escuchando de fondo, como la entrada de la bóveda se cerraba de golpe y el silencio envolvía la habitación—. Nanika… no tienes de que preocuparte…
Dejo el panda a un lado y elevó su mirada hacia una de las cámaras de seguridad ocultas en la habitación, regalándole una sonrisa divertida a quien sea que estuviera observándola. Saludó con su mano libre y volvió la vista al frente, rogando internamente a que el tiempo transcurriese con mayor velocidad; deseaba por encontrarse otra vez con Killua. ¡Verlo sonreír! Que pasase tiempo con ella, como antes, pero sabía que desde que ese cambio se produjo no volvería a verlo. Y ahora, su fe había vuelto.
La sonrisa en su rostro no parecía querer desaparecer. —Mi Onii-chan y Gon vendrán por mí… ¡Y los tres seremos como una familia!—. Cerró sus ojos y llevó ambas manos hasta su pecho al sentir una extraña calidez envolviendo aquel lugar.
Estaba segura, que algún día podría ser libre.
Bien linduras, se portan bien ¿si? ¡Cuídense mucho-mucho-mucho! ¡Nos veremos luego!
Atte: Canciones de Cuna.
