Capítulo 21 - Reencuentro

El de espera, era el más desquiciante de todos los sentimientos. Desquiciaba tanto o más que el de hambre o el de sed.

Esa no era una manera de salvar a Link. Cabalgar en mitad de la noche sin pegar ojo para luego no hacer nada cuando estaba tan cerca no era ayudar. ¿Cómo iba a rescatarlo si se veía obligada a esperar como una idiota sin poder moverse del sitio? Ella podía hacer más. Valía lo suficiente como para hacer más.

—Zelda, te he preparado un poco de té. Las tardes en la aldea son frías y suele reconfortar bastante.

—Señora, debió usted avisarme para que la ayudase.

Ella se apresuró para agarrar las dos tazas de té que temblaban haciendo sonar la porcelana en las viejas manos de la madre de Impa.

Se sentó junto al fuego y la anciana hizo lo mismo.

—Está muy rico —sonrió a la anciana, que la miraba como esperando un veredicto.

—Es el favorito de Impa, lleva un poco de jengibre. Lo toma desde que no medía más de dos palmos del suelo.

—¿Tiene Impa hermanos?

—¡Oh, sí! Tiene tres, todos varones. Slazem, el mayor, trabaja en las excavaciones del desierto, es un reconocido arqueólogo. Aisem vino después, nació en medio de una gran tormenta. Es soldado y trabaja en el castillo, como Impa. Aunque él no consiguió llegar tan lejos y de vez en cuando tiene riñas de celos con ella, su padre siempre decía que la furia de la tormenta se quedó grabada en él —carcajeó la anciana —pero es buen muchacho. Impa vino después. Nació en primavera, cuando todas las praderas que rodean la aldea están en flor… los sabios de la aldea me dijeron que era un buen presagio. Y luego está el menor, Kazem. Él fue una pequeña sorpresa, pensé que no podría volver a quedar encinta a esa edad, pero ahí apareció mi pequeño, cabezota y risueño a la vez. Estudió medicina y vive aquí en la aldea, ejerciendo de médico. Ojalá pudiera ver a todos mis hijos tan a menudo como a él.

—¿Viene Impa a menudo de visita? —preguntó, dando otro sorbo a su té.

—No tanto como debería. Y cuando viene suele marcharse a esas horribles fronteras, en lugar de pasar más tiempo con su vieja madre. Ojalá jamás las hubieran construido.

—Sohna, ¿puedo preguntarle por qué no se puede ir en caballo hasta la frontera?

—No sé, son cosas de la reina Arien.

Zelda frunció el ceño y durante un rato ninguna dijo nada. De veras la temperatura había bajado así que la anciana sheikah añadió más leña al fuego, que se avivó, haciendo crepitar la madera.

—No debería meterme en esto… —dijo la anciana, rompiendo el silencio.

—Pero…

—Pero… ten cuidado. No creas que no he oído cómo te llama mi hija. Te llama "alteza". No sé bien qué significa eso, pero eres joven y de buen corazón, no mereces sufrir. Me recuerdas mucho a mi nieta mayor, Siza. Vive en el desierto y tiene el pelo rubio como tú, ese color no es común en los sheikah. Siempre le pido que se cuide y tú deberías hacer lo mismo.

—Gracias por el consejo.

—Lo que quiero decir es… la corte es un lugar peligroso para una chica joven como tú. Incluso lo es para mi Impa. Muchas veces le he pedido que dejase ese trabajo… ella podría trabajar donde quisiera, no necesita hacerlo tan cerca de la corte, donde hay tantos engaños y problemas.

—Sólo estoy de visita —dijo ella —no debe preocuparse por mí.

—Bien. Era mi obligación decírtelo. Mi hija no trae a cualquier persona a casa, debes ser muy importante para ella —sonrió la anciana, mostrando muchas más arrugas al hacerlo.

Zelda le devolvió la sonrisa y se levantó para mirar por la ventana. El sol había empezado a caer, era la hora de ir a donde Impa le había indicado. El estómago se le encogía por el sentimiento de anticipación y también por las dudas. ¿Y si no había logrado sacar a Link de la cárcel? Le dijo que tardaría dos días exactos en hacerlo si todo iba bien. Si esa noche no aparecían tendría que aventurarse a buscarlos, como fuese.

—¿Cree usted que-

—Es posible. —se adelantó Sohna —Si mi hija dijo que volvería hoy al caer el sol, así lo hará. Es cabezota y obstinada y suele cumplir lo que promete. Hay una capa en el armario del pasillo, póntela antes de salir afuera a esperarles, no debes coger frío.

—Voy enseguida —dijo, sin poder ocultar su nerviosismo.


Desde el límite de la aldea se veía un camino serpentear y perderse entre colinas.

Se intuía la sombra de arboledas lejanas, y también montañas con picos blanqueando en el horizonte, no sabía muy bien si dentro o fuera de las fronteras de Hyrule. Poco a poco fue oscureciendo y cada vez se veía menos. Frente a ella había poco más que sombras, la noche era particularmente oscura porque el cielo empezó a encapotarse al caer la tarde.

La espera se le hizo eterna, infinita. No tenía reloj, pero sabía que habían transcurrido al menos dos horas tras la caída del sol. Justo cuando sentía que se le agotaba la paciencia creyó ver moverse un punto negro en la lejanía del camino. Aguzó la vista y vio otro punto precipitarse tras el primero. Descendió un poco el sendero para ver mejor. Eran ellos, sin duda, ambos corrían al punto de encuentro a tal velocidad que parecía que algo los estuviera persiguiendo. Su corazón comenzó a acelerarse, como si ella misma fuese parte de esa carrera. No podía creérselo, ya intuía la silueta de Link aventurándose camino adelante, era tan imposible que él hubiese ido a buscarla, tan imposible que hubiera dejado tanto atrás, que pensó que aquello podría ser una de sus visiones y le costaba asimilar que estaba despierta.

Él se detuvo a pocos metros de ella, parecía exhausto por la carrera.

—¿Link?

—Kindaia… Zel.

Se abalanzó para deshacer los pocos metros que los separaban y lo abrazó, lo abrazó con fuerza, con tanta fuerza como le permitían los brazos y como nunca antes lo había hecho. Tras unos instantes, ambos se dejaron caer poco a poco al suelo. Pudo sentir cómo las piernas de Link flaqueaban y él se sentó para recobrar el aliento mientras ella se arrodilló frente a él en el suelo, rodeándolo aún, respirando su presencia y tratando de creerse que era real.

—Estás aquí —murmuró contra su hombro. También lloraba, no sabía bien en qué momento había empezado a hacerlo.

—Estoy aquí.

—No puedo creerlo, no puedo creer que hayas venido a buscarme.

—Yo siempre te voy a buscar, ¿recuerdas?

Soltó una pequeña risa, envuelta en lágrimas, mientras seguía aferrándose a él. Link esperó con paciencia, le concedió todo el tiempo que quiso hasta que ella se decidió a romper aquel abrazo para poder mirarle a la cara.

—Tengo tantas preguntas que no sé ni por dónde empezar —confesó ella, secándose las lágrimas.

—Empieza por estar tranquila, ya no llores más, ¿vale?

—Lo intentaré, no puedo prometer que vaya a conseguirlo —bromeó, mientras algunas lágrimas de emoción aún escapaban a su control.

Link le apartó el pelo de la cara para observarla mejor, mientras ella veía cómo él se tensaba por un instante.

—Zel, ¿te han hecho daño?

—¿Qué? ¡No!

—¿Me lo prometes? No intentes decirme que no sólo para que esté tranquilo.

—No, no me han hecho daño, de verdad. ¿Y a ti? Tienes sangre seca en la cara, Link. ¿Qué te ha pasado?

—Es un rasguño. Soy torpe y me caí al suelo, así que me di un golpe en la ceja.

Zelda siguió inspeccionándolo, pero era difícil en medio de la oscuridad. Estaba segura de que Link no se había caído y eso hacía que se le encogiese el estómago.

—Y tú… —dijo él. La observaba con la misma atención que ella ponía en él —estás más delgada, mucho más. Me he dado cuenta cuando nos hemos abrazado.

—Impa me obliga a hacer mucho deporte… será por eso.

—Cocinaré para ti. Te prepararé muchas cosas buenas para que no estés tan delgada.

Link alargó la mano para rodearle la cara y ella se la retuvo, besándole la palma. Su mano, antes suave y cálida era ahora muy rugosa, podía sentir la piel dura y levantada contra la cara. ¿Qué diablos le habían hecho a Link?

—Tú también estás muy cambiado. ¿Qué me dices de esa enorme barba de oso? Te pareces mucho a Ralek —bromeó, haciéndole reír. Era maravilloso volver a oír su risa.

—Es que, verás, he olvidado la última vez que pude afeitarme. ¿Estoy guapo?

Zelda soltó una carcajada y volvió a abrazarle, y volvieron a escaparse las lágrimas.

—Alteza, no quiero interrumpir nada.

—¡Impa! —exclamó. Había olvidado por completo a Impa, ni siquiera supo en qué momento llegó.

—Estaríamos mejor en casa —dijo la sheikah, cruzándose de brazos, sin mirarles directamente —aquí afuera hace frío.

Se puso en pie y abrazó a Impa, que se tensó, sorprendida por su reacción.

—No sé cómo darte las gracias, Impa, gracias, gracias —dijo, manteniendo su abrazo. Impa puso una mano tímida en su hombro —nunca voy a olvidar lo que has hecho por mí. Gracias por traerle.

—Bueno, alteza, ya es hora de volver a casa —dijo Impa, desviando la conversación —mi madre nos habrá preparado algo para comer.


Sohna los recibió con la lumbre chisporroteando en la chimenea. Mientras la ayudaba a servir la cena en la mesa, Impa y Link se lavaron en una tina de agua caliente que la anciana había preparado para ellos. Ambos se sentaron a cenar con un profundo cansancio en la cara, pero reconfortados tras poder asearse un poco.

Durante la cena ella apenas pudo probar bocado, además, paradójicamente las bolas de arroz fue lo único que su estómago revuelto de emociones le permitió probar.

Link se zampó todo lo que Sohna puso en la mesa.

—Diosas, ¿qué es esto? —preguntó Link, con la boca llena —está delicioso.

—Es un poco de jamón ahumado, lo preparan en la aldea —sonrió Sohna —toma, cómetelo todo, no seas tímido.

—¿D-de verdad?

—Claro, un muchacho como tú necesita alimentarse bien.

Zelda no podía parar de sonreír como una imbécil mientras veía a Link comer. Se comió todo el arroz que Sohna, Impa y ella misma no habían acabado. El jamón. Un plato con huevos cocidos. Unas sobras de sopa de pescado que Sohna sacó de la despensa. Más de medio queso. Dos hogazas enteras de pan.

—Link, ¿quieres que te haga unas salchichas? —preguntó Sohna.

—Por las barbas del Vigilante, madre. Si sigue comiendo así va a enfermar —gruñó Impa.

—Lo cierto es que… aún tendría hueco para unas salchichas —dijo Link, con timidez.

—No se hable más, voy a la cocina —dijo la anciana.

—Diablos… —murmuró Impa.

Zelda no pudo evitar soltar una carcajada.

—¿Y qué haremos ahora? Pensé que podrías sacar a Link sin problemas, no huyendo como si él fuese un delincuente fugado —dijo, tratando de distraer la atención de Impa.

—No estoy autorizada para liberar prisioneros —dijo Impa, con aire taciturno —sólo la reina Arien en persona firma los salvoconductos que autorizan ese tipo de acciones.

—Deberíamos habérselo pedido a la reina…

—Uhm. Teníais mucha prisa en ir a buscar a este zampabollos en mitad de la noche. Si os lo hubiese propuesto, ¿habríais decidido esperar al día siguiente para hablar con la reina?

—…No —reconoció, sintiendo calor en las mejillas.

—Además, hablar de Link a la reina habría traído muchas complicaciones. Aún no sé cómo le vamos a explicar todo esto. Con el mensaje que dejamos, su majestad debe creer que nos hemos marchado para complementar vuestro entrenamiento. Salir de noche y avisando a través de un mísero mensaje de papel ya tendrá consecuencias, no es modo de proceder con una reina. Y lo peor es que no puede ni imaginarse que estamos tan cerca de la frontera… mucho menos que hemos agraviado a uno de sus capitanes sheikah haciendo que un preso se fugue.

Zelda frunció el ceño. Otra vez las dudas sobre su madre. No sabía bien cómo sentirse respecto a ella. Cuando estaban juntas Arien mostraba su afecto, se mostraba feliz de haberse encontrado con ella. Pero la reina hacía cosas que… no estaban bien.

—La reina entenderá lo que Link significa. No tiene ningún argumento válido para juzgarlo. Y si lo hace, ambos nos marcharemos de inmediato. —sentenció ella.

—Alteza… conozco a vuestra madre desde hace años. ¿Podríais permitirme que le hable de Link primero? Yo… la pondré en contexto. Necesito aclarar las cosas a mi manera. Después de todo he sido yo la que prácticamente os ha raptado del castillo y se ha saltado las normas sacando a Link de la cárcel.

—¿Y permitir que te castigue como hizo con Olly?

—El castigo de Olly no tuvo nada que ver con vuestra madre. Eso lo decidió el Consejo Sheikah por… ya sabéis por qué.

—¿Por qué? —preguntó Link de repente, con la boca llena.

—Pensaba que no estabas escuchando —dijo Impa, poniendo los ojos en blanco.

—Que no diga nada no significa que no escuche —se defendió él.

—El caso es que yo hablaré con la reina en primer lugar. Vos y Link esperaréis una vez yo haya aclarado los medios de su rescate.

—¿Y qué pasa con Elm y Numa? ¿Qué pasa con otros prisioneros que no han hecho nada malo y viven como esclavos? —gruñó Link.

—¿Quiénes son esos? —preguntó Zelda, sin entender nada.

—Son mis amigos. No me pienso ir a ningún sitio sin rescatarlos a ellos también —dijo él, apretando el puño sobre la mesa.

—Impa, ¿no hay una manera de que saquemos a los amigos de Link?

—Volver a la frontera sería una locura. Deben estar desesperados buscando a Link… y también a mí. Necesitamos el salvoconducto de la reina.

—Link… —dijo ella, agarrándole la mano para que se relajase.

—Si lo del salvoconducto no funciona, haré lo que sea para sacarlos, Zel. Tenlo en cuenta.

—Está bien —aceptó.

Aunque la verdad es que le asustaba esa actitud defensiva de Link. Había muchas cosas que no sabía, demasiadas. No sabía cómo se las había arreglado para llegar hasta ahí, ni cómo fue capturado en la frontera.

Una vez Link acabó de cenar, la necesidad de dormir se hizo evidente en su cara. Lo observó, viendo cómo él trataba de mantener el tipo mientras ella discutía con Impa sobre cómo partirían de regreso al castillo, cuál sería el mejor camino y si podrían llevarse o no el caballo del hermano de Impa. Pero a Link se le cerraban los ojos, lo conocía lo suficiente como para saber que se esforzaba por parecer despierto.

—Es mejor que vayamos a dormir ya —intervino ella, interrumpiendo el discurso de Impa —se os ve cansados. Necesitáis descansar después de ese viaje loco hasta la frontera.

—Son las palabras más sabias que he oído en toda la noche —dijo Sohna —he preparado camas con almohadones de pluma para todos y he encendido las chimeneas de la planta de arriba, así nadie pasará frío.

—Almohadas de plumas… —murmuró Link.

—Zelda, tú puedes seguir usando el dormitorio de Aisem, como anoche. He preparado el de Kazem para Link. Impa dormirá en su habitación… esa que se digna a visitar sólo muy de vez en cuando…

—Madre…

—¿Acaso es mentira? —refunfuñó la anciana.

Todos terminaron de limpiar los restos de la cena y subieron escaleras arriba. Sohna lo tenía todo previsto, aquella humilde casa de campo era lo más cómodo y acogedor que Zelda podía recordar desde su propio apartamento en Central Hyrule.

—Mañana os espero levantada temprano, alteza —se despidió Impa, antes de retirarse —se puede hacer muy buen ejercicio en esta aldea.

—Bah, tonterías. Mañana os presentaré a Kazem, tal vez él pueda examinar a Link para comprobar que no tiene ninguna herida grave —dijo Sohna, que apareció con el camisón puesto y un candil en la mano.

—Eso sería fantástico, Sohna, gracias —dijo Zelda.

—Buenas noches, niños. Que descanséis —se despidió Sohna.

—Buenas noches —respondieron ambos, casi al unísono.

Link acompañó a Zelda pasillo adelante hasta su habitación y eso la hizo recordar las veces que se burlaba de él por hacer eso cuando vivían juntos en el apartamento. Era increíble lo mucho que habían cambiado las cosas.

—¿Estarás bien? —preguntó él, una vez llegaron a la puerta.

—Mejor que bien —sonrió ella. Sin embargo, Link se mantuvo serio —ey, ¿qué te pasa?

—Nada. Es que me ha sorprendido un poco verte llorar tanto y… me asusta que te haya pasado algo malo durante este tiempo, Zel.

Ella le agarró la mano y trató de apretársela con fuerza.

—Quiero que sepas que ese momento, ahí afuera, en ese camino empedrado de un mundo que no conocemos, ese y sólo ese… ha sido el momento más feliz de mi vida. Por eso lloraba.

—V-v… —balbuceó él, sin acertar a decir nada.

Se abrazó a él, que la oprimió un par de veces con fuerza antes de soltarla. Después lo besó en la mejilla cubierta de barba, era una sensación extraña pero agradable. Cualquier contacto con Link era agradable. Sentirle era como estar en casa, como verse centrada en el lugar y momento exacto en el que debería estar. No sentía eso con nadie más, esa sensación de plenitud sólo la había conocido con él.

—Buenas noches, Link. Espero que sigas ahí cuando despierte mañana.

—He comido tanto que creo que seguiré por aquí…—bromeó él —espero que tú también sigas ahí cuando yo me despierte.

—Por supuesto.

Link se mantuvo mirándola unos segundos más sin moverse del sitio, como si estuviera sopesando alguna idea. Después dibujó una media sonrisa y puso rumbo a su dormitorio, al final del pasillo.

Zelda se puso el camisón que Sohna le había prestado, al parecer perteneció a Impa cuando era más joven. Se metió en la cama. Estaba agotada después de la vorágine de los últimos tres o cuatro días, y la cama del hijo de Sohna era lo más cómodo que pudiera imaginarse… pero no podía dormir. Necesitaba seguir cerca de Link, tal vez si cerraba los ojos y volvía a abrirlos él se esfumaba como el Link infantil de sus sueños en Términa. Llevaba necesitando a Link desde que puso un pie en ese mundo. No sabía qué pasaría con Marie… él había ido a buscarla sin ningún tipo de duda, dejando a Marie atrás, a su familia atrás. Tenía mil preguntas que hacerle, pero sobre todo quería saber "por qué". Por qué. Qué le había empujado a ir hasta allí. Por qué tomar un riesgo así. Por qué romper una vida tranquila y alejada de peligros. La última vez que se vieron ella iba de la mano de Olly, ya ni siquiera vivían juntos. Y aun así él…

Se puso en pie y encendió una pequeña lámpara de aceite que había en la mesita y fue hacia la puerta. Cuando la abrió descubrió a Link al otro lado, con el puño en el aire, a punto de golpear la madera.

—Zel, yo…

—Link, ¿qué haces ahí?

—Yo… Me preguntaba si aún tienes esas pesadillas. Ya sabes.

Ella hizo un esfuerzo por disimular la sonrisa y parecer seria.

—Oh, sí. Tengo unas pesadillas horribles, espantosas. De hecho, iba a preguntarte si me dejarías dormir contigo… ya sabes.

Link sonrió y entró a la habitación mientras ella cerraba la puerta.

—¿Qué lado prefieres? —preguntó él, apartando las mantas.

—El de siempre.

Ambos se metieron en la cama y se cubrieron con las mantas, Zelda apagó la luz de la lámpara de aceite.

Podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo de Link a su lado. Él estaba inmóvil, con los ojos clavados en el techo, igual que ella. Aunque estaban despiertos, estaba tan feliz de tenerlo cerca que renunció a plantearle sus dudas, las dudas que la habían sacado de la cama para ir a buscarle. Sus dudas no significaban nada si él también deseaba dormir junto a ella, no merecía la pena arruinar un momento así con sus celos y preguntas absurdas.

Arrastró la mano por la superficie del colchón hasta tropezar con la de Link. Él reaccionó de inmediato, entrelazando los dedos con ella, como si lo estuviera esperando.

—Kindaia, Zel.

—¿Qué significa eso? Antes también lo dijiste…

—Significa "luna" en piken. Es como decir buenas noches o adiós o algo así. Me lo enseñó un amigo en la frontera.

—Te dejo dos minutos solo y tú vas y aprendes una lengua nueva… —bromeó —lo de "kindaia" es muy bonito. Me encanta, Link. ¿Qué más sabes decir?

—No mucho.

—Volverás a por tus amigos, así podrás seguir aprendiendo. Te lo prometo.

Link apretó un poco su mano y después suspiró. Ambos se mantuvieron en silencio, con las manos enlazadas, sin apenas moverse y con la vista fija en las vigas de madera del techo.

—Tal vez… si duermes de lado, estarías más cómoda —susurró él.

—Pero no me sueltes.

—Tranquila, no tenía pensado hacerlo.

Ella se tumbó de costado, dándole la espalda y él la envolvió por detrás, encajando con ella y rodeándola con el brazo. Diosas, estaba envuelta en Link, ¿cuántas veces había tenido la oportunidad de dormir así con él y no se había atrevido a hacerlo? Demasiadas. Ahora estaba rodeada por su calor, por su olor y por su latido, un latido fuerte, que casi podía sentir contra la espalda. Se acurrucó un poco más contra él y cerró los ojos, no tardó demasiado en dejarse vencer por un sueño profundo.


Zelda se despertó cuando oyó voces en el piso de abajo.

Se rodeó en la cama y vio el hueco que Link había dejado a su lado. Él estaba de pie, con la puerta entreabierta y el oído pegado a la rendija.

—Link, ¿qué haces?

—Shhh. Escucha.

Fue hasta la puerta y pegó la oreja junto a él. Había una discusión en la planta baja, Sohna, Impa y la voz de al menos dos hombres.

—¿Has venido hasta mi casa sólo para acusar a mi hija de cosas horribles? ¿Acusas a la comandante de la guardia privada de la reina? ¿En serio me estás diciendo eso? —gruñó Sohna.

—N-no, señora, yo… —titubeó la voz masculina —sólo obedezco las órdenes del capitán Jondar. Él dijo que la comandante se había llevado a un recluso sin permiso.

—Ya ves que no me he llevado a nadie. Estoy visitando a mi madre —dijo Impa. Sonaba segura de sí misma, un poco como si estuviera resignada por el interrogatorio.

—Óyeme joven —volvió a intervenir Sohna —más vale que te marches por donde has venido y le digas a ese capitán tuyo que se meta en otros asuntos…

—Madre… él sólo hace lo que le ordenan —dijo Impa —¿alguna pregunta más?

—N-no, señora… —titubeó el hombre.

—Diosas. Impa, tendrás que informar a la reina de esta ofensa —dijo Sohna.

—Por favor, os suplico que no lo hagáis —dijo el hombre. Su voz sonaba lastimera, habían conseguido amedrentarle —me marcharé de inmediato de la aldea, diré al capitán que se confunde.

—Eso ya suena mejor —refunfuñó Sohna —que tengas buen día.

Después se oyó cómo se cerraba la puerta y pasos escaleras arriba. Zelda intercambió una mirada fugaz con Link e Impa irrumpió en el dormitorio antes de que ninguno pudiese abrir la boca.

—Alteza… me alegro de que ya estéis despierta.

—Sí… —asintió, mientras veía cómo Link intentaba escurrirse por detrás hacia la puerta.

—Brincamuros, demasiado tarde para huir, haces tanto ruido como una estampida de moblins. No voy a hacer preguntas ni a cuestionar qué haces en los aposentos de su alteza —dijo Impa. Link se quedó paralizado en el sitio, como si se hubiera petrificado, la situación era un poco cómica.

—Impa, no es lo que tú crees —trató de justificar ella, intentando aguantarse la risa.

—He dicho que no voy a preguntar. Lo que hagáis en vuestros aposentos es cosa vuestra. Y ahora escuchadme. El imbécil de Jondar ha seguido nuestra pista hacia la aldea. Entre mi madre y yo hemos conseguido despistar a sus emisarios, pero hemos de partir de inmediato hacia Hyrule, no podemos detenernos más.

—No hay problema, podemos viajar ahora mismo —dijo Link.

—Bien. Mi madre ya nos ha preparado unos almuerzos de emergencia y podremos llevarnos el caballo de mi hermano para Link. Tendremos que volver a la aldea en otra ocasión… con más calma.

Ambos asintieron sin abrir la boca y obedecieron todas las órdenes y disposiciones que Impa hizo para partir lo antes posible.


Zelda dejó la aldea con una extraña melancolía atenazando su corazón. La casa de Sohna había sido un lugar mágico por muchos motivos, le había traído a Link de vuelta y a la vez había recuperado la sensación de hogar.

Prometió a Sohna volver a visitarla y de repente empezó a sentir el peso de sus propias promesas. Quería ayudar a Link a rescatar a sus amigos presos en la frontera, quería ver a Sohna de nuevo… pero temía no poder cumplir con todo, y por primera vez desde que llegó, comenzó a temer la reacción de la reina de Hyrule.

Todo el peso de sus miedos se esfumaba de golpe cuando giraba la cabeza y veía a Link cabalgando junto a ella. Verle era tan irreal como estar dentro de un sueño. También él la miraba de vez en cuando y cada vez que tropezaba con sus ojos sentía como si algo vibrase dentro de ella. Ya no la miraba igual que siempre, algo había cambiado entre los dos, y ahora los ojos que tan familiares eran para ella, también la hacían sentirse nerviosa y alterada.

Impa los hostigó por los campos de Hyrule, obligándoles a ir casi al galope y sin descanso alguno. Después de lo que Zelda estimó que serían más de diez horas de viaje, llegaron a la Ciudadela y al gran portón amurallado. El sol había empezado a caer en el horizonte y sus últimos rayos dibujaban el cielo naranja cerca de la línea con la tierra y púrpura en las capas más altas.

—Aquí debemos separarnos —dijo Impa —vos iréis por el mismo lugar por el que abandonamos el castillo, alteza. Yo me encargo de introducir a Link, como acordamos. Daré orden a los guardias para que os reciban. No hablaréis de Link a la reina sin que lo haya hecho yo antes.

—No pienso separarme de Link ahora que nos hemos vuelto a encontrar —dijo ella, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba ante la perspectiva —¿y si vuelven a atraparlo?

—No lo harán, os lo prometí —dijo Impa.

—Lo sé, pero ahora no quiero hacerlo. Si Link no es bienvenido en Hyrule entonces yo tampoco lo soy —replicó ella. Sabía que sonaba infantil, pero le daba igual.

—Alteza, lo hago por la seguridad y el bien de todos.

—Zel —intervino Link, después de un largo silencio —hagamos como dice Impa.

—No, no es una buena idea.

—Vamos. No tardaremos ni un día en volver a vernos. Será una separación pequeña esta vez.

Ella emitió una especie de gruñido, no podría afirmarse que aquello era un "sí", pero Impa lo dio por válido.

—Impa, ¿me dejas que me despida de Zelda? Será sólo un momento —pidió Link.

—Diosas —gruñó la sheikah, apartándose para darles algo de intimidad.

Link descabalgó y ella hizo lo mismo. La envolvió con un abrazo antes de que pudiera abrir la boca para volver a protestar y casi de inmediato relajó su postura, cediendo ante su calidez. Los abrazos de Link tampoco sabían como los de antes. Ahora escondían una necesidad mayor, una especie de anhelo secreto. Y ese "algo" indescriptible los volvía mejores. Mucho mejores.

—Esta Impa parece de fiar —dijo él, con una media sonrisa —démosle una oportunidad. Y si su plan falla, siempre nos quedará una promesa.

—¿Qué promesa? No será otra vez esa historia tuya de que "siempre me vas a buscar" —dijo, empleando el tono bromista que a menudo usaba con él.

—No. Esta promesa.

Entonces Link se sacó una especie de colgante del cuello y se lo ofreció a ella.

—¿Esto qué es, Link? Desde que has llegado a este mundo estás muy raro… —bromeó, para tratar de ocultar un poco su nerviosismo.

—Es un amuleto, pero dentro, guarda una promesa. Lo abrirás cuando estés a solas, en tu habitación o en donde sea que te alojes en el castillo.

—Dime qué es.

—En realidad ya lo sabes.

Link sonrió y se alejó de ella sin decir nada más.

Tal y como planearon, Impa se desvió nada más atravesar el portón y ella deshizo el camino que la llevó hasta las caballerizas. Una tropa sheikah la recibió, como había dispuesto Impa. Nadie le preguntó de dónde venía o dónde había estado, de alguna manera el código de honor sheikah suponía una gran ventaja cuando se trataba de ahorrarse explicaciones incómodas.

Una vez en el castillo se abalanzó escaleras arriba hasta su torre y allí despidió a sus doncellas, que carecían de toda la discreción sheikah de los soldados que la recibieron, así que tuvo que esquivar las miles de preguntas sobre su ausencia y sobre por qué "no había mandado Impa un emisario anunciando su llegada" para que ellas hubieran podido disponer un baño y su ropa de cama por adelantado. Antes de echar a la última doncella de cámara le pidió que informase a la reina de su regreso, y de que la esperaba en sus aposentos si deseaba hablar con ella esa noche. La doncella se fue con un andar saltarín, aquellas mujeres parecían más felices si se les ordenaba hacer algo y Zelda pensó que tal vez debería hacerlo más a menudo si quería encajar en aquella arcaica sociedad.

Una vez a solas, sacó el amuleto de Link. No podía pensar en otra cosa. ¿Qué diablos se le habría ocurrido esta vez? Lo examinó bien, era una plaquita de acero con las iniciales "N" y "R" grabadas en la superficie. Aquello no le decía nada a priori, no recordaba haber prometido nada a Link salvo que no volvería a dormir con él… promesa que había roto en incontables ocasiones. Pero él le había dicho "ábrelo". Así fue cómo vio una pequeña muesca en un lateral. Haciendo un poco de palanca con la uña consiguió hacer que la placa se abriera por la mitad, revelando un diminuto trozo de papel en su interior. El corazón le saltaba en el pecho mientras desdoblaba aquel mensaje oculto, aunque al hacerlo pudo reconocer el papel y el lugar de donde había sido arrancado. No daba crédito, no podía creer que él lo hubiera guardado por tanto tiempo.

—"Vale por un beso de verdad".


Nota:

Queridos lectores, aquí os dejo el esperado reencuentro, tal vez no adecuado para diabéticos y personas que sufran con los excesos de azúcar xD Pero como soy mala, la advertencia para diabéticos la pongo al final, cuando ya es demasiado para todos vosotros xDD

En este capítulo Zelda estaba tan cegada por el reencuentro que apenas ha averiguado nada, no sabe que su padre está detrás del viaje de Link, ni todos los problemas que hay en las fronteras… ni siquiera se permite liberar al completo sus sentimientos hacia él porque (hasta donde ella sabe), Link aún está con Marie. Creo que esto ocurre con las personas a las que queremos de verdad, que a veces sobran las palabras y Zelda simplemente es feliz con verle allí, en un lugar en el que jamás esperó encontrarse a Link, y todo lo demás es información innecesaria (de momento xD). A él le ocurre un poco lo mismo, pero veremos algo más sobre Link en el próximo capítulo.

Kindaia, lectores!

Camilo navas, no me retes, puedo ser muchísimo más diabólica si me lo propongo xD

Chico tranquilo, ni idea de cómo me he inspirado para el piken, jajajajajaja. Lo imagino como una lengua con raíces latinas, de ahí las terminaciones en "u" y cosas así. Me he inventado dos verbos auxiliares correspondientes al to be/to have en inglés o más bien al essere/avere italiano y luego palabras que me parecían exóticas xD Un abrazo!

Phoenix wolf 6446, de nuevo te digo que este fanfic no es netorare y nadie pone cuernos, jajaja. Cuídate!

Ultimate blazer, hombre de poca fé… xD

Clarissa, he intentado compensar mi maldad con pequeñas dosis de azúcar en este capítulo :P Vas muy bien encaminada en tus sospechas sobre Elm, nadie sabe tantos detalles sin haber formado parte de alguna manera de esa historia ;)

Egrett Williams, mil gracias por dejar review en cada capítulo, lo aprecio de corazón! :) No me he inspirado en nada en concreto para el piken, como le he comentado a otro lector un poquito más arriba lo veo como algo con raíces latinas, basado en idiomas que conozco y luego palabros que me parecían exóticos al pronunciarlos, no hay más, jajaja. Bueno, espero que puedas disfrutar con este reencuentro :) un abrazo!