Kyoko se ha resignado a su tercera noche de desastroso maldormir. Mil imágenes de Ren, Kuon y Corn destellando ante sus ojos cerrados. Las de Kuon más bien pocas, fragmentos de películas que encontró por internet, pero que le confirmaban que era quien era. El que pocos años después se convirtió en el famoso Tsuruga Ren, pasando por la conveniente caracterización, claro… Un pecado ocultar esos ojos verdes, la verdad…

Así que Tsuruga Ren era un personaje más, una forma de vida adoptada para esconder a Hizuri Kuon del mundo. ¿Quizás para huir de las alas de su padre?, como le dijo una vez Corn. ¿O de esa oscuridad que a veces le alcanza? Tampoco es que él negara que Tsuruga Ren fuera un nombre artístico. Pero era más que eso. Era una ficción, un disfraz, una máscara… ¿Por qué si no, saludar a su padre como si fuera un extraño? Cosa, por lo demás, terrible… Pero nadie puede ser veinticuatro horas otra persona… Eso lo sabía ella bien, de sus tiempos de Setsu. Y Hizuri Kuon vivía oculto tras Tsuruga Ren, que fingía ser Cain Heel, que actuaba como BJ. De locos…

Ahora se explicaban esos ramalazos que no iban con Tsuruga Ren, esos arranques y ese sarcasmo que no encajaban con la imagen del perfecto caballero que proyectaba. Y comprendía muy bien aquella oscuridad que vio en sus ojos aquella noche en que lo mordió… En el cuello…

"No pienses en su cuello ahora mismo, Kyoko…".

Pero también entendía ahora esos gestos dulces que tenía con ella. Era Corn. Su Corn, que le prestaba consuelo ahora igual que entonces. Eran gestos que le hacían pensar que él la veía como una igual, como una amiga quizás, y no solo como una kohai. Como aquella vez en Karuizawa cuando la consoló por pensar en los sufrimientos y penas de la vida de Corn.

"¡Alto ahí!".

¡Él lo sabía! Él sabía que ella era aquella Kyoko-chan… Solo así se entendía esa convicción, esa certeza, al asegurarle que Corn estaba bien, que no sufría… En algún momento tuvo que darse cuenta, y no le dijo ¡nada! Se lo calló… Todo este tiempo…

Pero… ¿Cómo iba a decírselo? "Hey, ¿te acuerdas de aquel niño que confundiste con un hada? Pues soy yo. Y ahora, te quitaré dos mil puntos por entrar en la actuación por las razones equivocadas… Y tres mil más por saludarme con el dedo…". No, no podía decírselo. Le hubiera mordido primero, atacado con sus furias después, y no le hubiera creído nunca…

Pero lo peor no era que le hubiera ocultado que era Corn… No… Lo peor, y lo que a Kyoko le mortificaba más porque le hacía tener esperanzas, era que él le había dicho que la quería. Con esa boquita y esos ojos verdes… Con la voz de Tsuruga Ren… El Corn que es Kuon y que es Ren le dice que la ama… Y ella va y lo rechaza. Le dice que no ama a Corn de la misma manera. Pa'pegarse un tiro, oiga…

Pero la hiperactiva mente de Kyoko está trabajando a marchas forzadas intentando conciliar lo que sabe de uno y de otros. Besos occidentales en la mejilla, insinuaciones seductoras como en la gala de Dark Moon, abrazos sugerentes en el suelo de la cocina, y nubes de ira si el cucaracha o el otro idiota estaban involucrados, maldiciones de leyenda, pesadillas, chupetones, mordiscos, besos robados, besos de renacimiento, caricias, promesas de eternidad, caricias incestuosas, abrazos inapropiados, compras de ropa, abismos de oscuridad… Y las bromas, las burlas despiadadas con ella como único objetivo… ¿Y 'aquella' noche con Cain, cuando ella probó ese cuello que la seduce y él le dijo que siempre sería suyo…? Las últimas dos semanas son reproducidas además minuciosamente. Sus comentarios, sus sonrisas, sus gestos, sus miradas intensas, sus atenciones, sus silencios… Los posibles secretos ocultos tras sus palabras… Su beso interrumpido… La tristeza en sus ojos cuando ella se fue…

Lo había tachado de playboy y había huido. Porque así era más fácil… Por miedo. Para protegerse… Pero sabiendo lo que ahora sabe…

"Que me admira… Que nunca molesto, que le encanta estar conmigo…".

"Que quería besarme…".

"¿Él?".

"¿A mí?".

¿Pero Tsuruga-san de veras lo era? Ciertamente tenía fama de playboy… Pero sinceramente, en año y medio, ¿cuántas conquistas le conocía? ¿Cuántos coqueteos o dobles intenciones le había visto desplegar? ¿Con cuántas mujeres lo había visto jugando al juego de la seducción?

Puff…

Con una.

Ella…

Playboy… Playboy maniático y excéntrico…

¿Pero no es que tenía novia? ¿Por qué tenía que volverla loca a ella?

Espantó tales pensamientos a manotazos. Eran peligrosos para su pobre corazón…

Bah, la falta de sueño, adecuado y reparador, le estaba pasando factura… La sobrecarga de datos, las nuevas revelaciones, Corn, Kuon… Demasiada información, demasiado en lo que pensar… Demasiado que asimilar… Demasiado…

Ya no estaba pensando con lógica…

Mejor intentar dormir…

A punto estaba de abandonar el reino de los seres conscientes cuando una idea hizo explosión en su mente, arrollándolo todo a su paso. Ángeles, demonios, furias, rencores…, todos fueron aniquilados por la fuerza de la onda expansiva. Los pocos que sobrevivieron (demonios redimidos y reconvertidos en ángeles por la gracia del amor, y por ende, más fuertes y resistentes a la luz y a las sombras) pudieron ver cómo la revelación tomaba forma, cada vez con más nitidez, hasta que llegó el momento de ser verbalizada.

Sentada, las manos a sus costados, la respiración agitada y los ojos como platos de puritita incredulidad…

—¿Y si la chica de secundaria era yo?