Los personajes pertenece al gran Eiichiro Oda, yo soy la loca que coge estos personajes y hace estas historias, porque estoy loca. Lo repito por si alguien no se ha dado cuenta. Espero que disfrutéis y que me mandéis review.

Capítulo 21.

Dios le dolía todo, cuando decía todo, era todo, le dolía hasta el último pelo de su cabeza, se encontraba cansada, hambrienta y con un sueño que dormiría durante días, incluso podría asegurar que semanas. Dios solo de pensarlo le dolía la cabeza, solo necesitaba dormir unos minutos más, esos cinco minutos que realmente se convertirán otros cinco minutos más después de trascurrir y agotar esos cinco minutos al máximo que al final pasara una hora. Sonaba buen plan, la verdad, no tenía fuerzas ni para abrir sus parpados, solo para mover un poco sus brazos para analizar con las yemas de sus dedos el terreno alcanzable.

Su vista era borrosa, que solo veía oscuridad y una especie de luz débil atravesaba la habitación a un lado suyo donde se encontraba su mano que le ardía, pero era un calor agradable.

Agudizo el sentido del odio, escuchando el cantar de los pájaros asomarse por la ventana que a la vez el fondo era un completo silencio atrayendo tranquilidad y paz. Movió un poco su mano, ya que era lo único que le permitía mover. Descubrió que debajo de ella se encontraba algo suave y fino. De repente sus fosas nasales se hundieron de un olor a flores del campo. Dedujo por sus sentidos que se encontraba en una habitación con una cama, donde ella dormía plácidamente.

La idea de cerrar los ojos cinco minutos más se le hizo más tentadora que antes. Pero algo se lo impido, una punzada en el abdomen le provoco que se retorciera posando su mano en ese sitio específico. Ahogo un grito de dolor para no alarmar a nadie. Rápidamente se incorporó apoyando su espalda en el posadero de la cama.

Como había deducido ella, se encontraba sola en una habitación en una cama enorme, pero para su sorpresa la habitación estaba decorado con cosas de gran riqueza, incluso a Nami se le explotaría los ojos de tantas cosas caras que había a su alrededor. La cama era enorme y cubiertas de telas de buena calidad. ¿Dónde estaba?

Otra punzada interrumpió su interrogatorio mental por el mismo motivo que antes. Otra punzada de dolor provoco que esta vez liberara un gemido de dolor. Escocia. Y demasiado. Elevo, lo que parecía una túnica romana, para revelar el causante de su dolor. Estaba al rojo vivo. Toco levemente esa zona, pero rápidamente lo aparto por el dolor. Todo era extraño, no recordaba nada aparte de desmayarse y…Zoro.

¿Dónde estaba Zoro?

Observo con más detalle la habitación, pero su cabeza le iba a explotar, era como si una maquina demoledora, mejor dicho, un montón de máquinas demoledoras.

De repente la puerta se abrió entrando una vieja de casi 90 años, esa viejas de que eran muy viejas pero muy graciosas y que tenía más vida que un adolescente. Con las apariencias podría asegurar de que era una chacana, las que contaba las leyendas y los cuentos populares.

La anciana rápidamente se puso a su lado y le ofreció unas pastillas y un vaso de agua obligándolas a tragársela, no se encontraba en condiciones y menos con fuerzas para negarse a nada.

No sabía que se había tragado pero se encontraba mejor, pero faltaba el abdomen. La anciana destapo revelando el enorme escozor. Saco de su bolsillo un potingue parecido a una crema que olía muy fuerte que parecía que le daba una bofetada. Con delicadeza empezó a expandir la crema por toda la zona afectada provocando que la chica reprimiera con poco éxitos sus gemidos de dolor.

-Tranquila, mi niña. Esto reducirá el escozor.- siguió extendiendo con cuidado.- ¿Mejor?-pregunto ella al finalizar su acción.

Milagrosamente disminuyo el dolor del abdomen convirtiéndose en una simple molestia, pero prefería eso qué lo de antes y el dolor de cabeza había desaparecido por completo. Solo faltaba descubrir donde estaba el peliverde, era lo único que pensaba y lo única respuesta que necesitaba saber en ese momento. Ella asintió cuando encontró un poco de fuerza para mover arriba y abajo la cabeza.

-¡Ay, mi niña!-acaricio su frente apartando los mechones de su cabello de forma maternal.-Descansa.

Ella negó.- ¿Dónde está mi nakama?- pregunto con la voz casi sin fuerzas.

La anciana enarco la ceja un tanto sorprendida.- ¿El chico que tiene el pelo de césped?- ella se hubiera reído pero solo pudo sonreír.- ¿En serio es tu nakama? Desde que ha llegado ha estado durmiendo como un oso invernando. Seguro que se escucha sus ronquidos desde aquí.- bromeo pero tampoco era extraño.- Pero hay que reconocer que tiene un par de cojones ese chico.- no entendió nada.- No te soltaba, ni aunque le cortáramos los dos brazos.

-¿Esta bien? Es decir, su fiebre, sus heridas…- pregunto nerviosa y preocupada, normal.

-Tranquila, mi niña. Él está perfectamente, no como tu.- la anciana se levantó de su lado caminado hacia la puerta.- Te he dejado allí la ropa, tomate el tiempo necesario.- desapareció detrás de la puerta cerrándola para darle intimidad.

Ella rápidamente entendió el mensaje de esa mujer que parecía estar llena de vida, le recordaba un poco al capitán. Sin perder tiempo rápidamente se levantó y entro en una habitación donde supuestamente seria el baño, encontró maquillajes y un vestido blanco corto y escotado que le hacía muy sexy.

No perdió el tiempo y se ducho y se colocó esa prenda acompañado de una tiara de flores que le quedaba genial. Parecía una diosa, a la vista suya y a la de cualquiera. Se puso unos brazaletes de oros, unos zapatos de tacón blancos. Parecía que no había roto ni un plato en su vida, si ellos supieran.

Corrió hasta salir de la habitación lo más rápido que le permitía sus piernas y asegurándose de que nadie estuviera por esos pasillos. Lo único que se podría escuchar seria los tacones y los pajaritos cantando. Según por la intensidad del sol podrían ser perfectamente las 12 de la mañana. Lo nunca visto. No tenía ni la más mínima idea de dónde ir, pero algo le decía que sabía dónde estaba el peliverde. Seguía su instinto, es decir, sus piernas corrían por instinto. No tenía destino, sino una meta. Desvelar todo, encontrar a Zoro y localizar a sus nakamas.

Freno en seco sus pies al encontrarse una enorme ventana reflejando el jardín lleno de flores que conectaba con una colina hermosa, con una cascada y llena de árboles, era precioso. Pero eso no fue el motivo de que para en seco, fue que en ese enorme jardín se encontraba el peliverde y la anciana que hace unos instantes la había atendido sus heridas.

Lentamente y con timidez, y a la vez un tanto con medio en el cuerpo, no sabría cómo actuar y más todas las cosas que había ocurrido y rezaba que su odio hacia ella hubiera disminuido estas ¿horas? ¿Días? ¿Meses? Ni siquiera había preguntado cuanto tiempo había estado durmiendo. Oooh, necesitaba recuperar sus fuerzas y lo antes posible.

Camino con duda y miedo a ser descubierta. Zoro discutía con la anciana ahora mismo como si se tratara de la pelirroja de su tripulación. Lo malo es que tenía el mismo temperamento que la pelirroja.

-Mira, bruja enana. Déjame entrenar en paz.

-No hasta que me dejes ver si tu fiebre ha disminuido.- regaño con los dientes de sierra.

-Te he dicho que estoy perfectamente.

-No. Porque mi deber de médica tengo asegúrame de que este perfectamente, así que a callar.- de un salto le agarro de la oreja obligándole a sentarse y poner un termómetro en la boca.

La morena no pudo evitar sonreír, pero de repente sintió que alguien la tiraba de la parte baja del vestido. Rápidamente agacho la mirada encontrándose con una niña rubio de pelo ondulado y ojos azules como los suyos. Le sonrió por la ternura que transmitía la pequeña que más o menos iba vestida como ella.

-Hola.- se agacho hasta estar frente a frente.- ¿Cómo te llamas?

-Me llamo, Sara.-sonrió de lo más infantil.

-Yo soy, Robin.-le devolvió la sonrisa.

La niña la agarro de la mano tirando un poco de ella para que caminara a la dirección que ella quería ir. – Nana me ha dicho que te lleve con ella.- sonrió de lo más inocente, seguro que no alcanzaba ni a los ocho años de edad. Y era adorable.

Arrastrada y atracción por la niña dulce camino hasta estar enfrente de esa discusión entre los dos deteniendo la discusión que tenía todas las de perder el espadachín.

-Nana.-llamo Sara para abrazar a la anciana que la cogió en brazos.

-Mi pequeña. ¿Qué haces aquí? Deberías estar con los demás.

-La profesora se ha puesto enferma.

-Ooooh. Será mejor que vaya hacerle una visita.- miro a Zoro que se quedó serio observando a la morena de pies a cabeza, en su ojo a primera vista podía decir que quería odiarle, pero por desgracias no podía por que la amaba. Lo mejor que estos dos tuvieran en intimidad. –Sarita me llevas donde está tu profesora.-ella asintió.-Nos vemos.

Ambas se marcharon de allí lo más rápido y disimuladamente que podía hasta dejar a los dos un poco de intimidad, una intimidad que ahora mismo era incómodo e innecesaria. Los dos se analizaban con la mirada, Zoro estaba bien, sus heridas habían desaparecido y por lo que había escuchado la fiebre iba disminuyendo. Esto le alegraba en lo más profundo de su corazón. No sabían que decir y tampoco entendía a Zoro, por que no se marchaba de allí, puede ser porque sus ojos azules transmitían tristeza o lo hermosa que se veía con ese vestido o porque realmente necesitaba saber la verdad que tantas veces ha intentado contárselo y él se le había negado esa oportunidad.

No lo entendía, pero el silencio le estaba matando y la distancia aún más, el sentado en un árbol con sus katanas de compañera y ella delante de pie aguantando su amenazas atravesó de su ojo oscuro que a cualquiera le hubiera petrificado.

No lo soporto más, se levantó hasta estar enfrente de ella separados por unos centímetros, quería ir al grano. Ya no soportaba más estos juegos, pero lo que él no sabía era que ella tampoco porque lo que más deseaba era besarle y explicarle por qué se había ido, que tramaba esos villanos y lo más importante si la seguía amando. Ya que le dolió mucho lo que le dijo en el capítulo anterior.

¿Quién daría el paso? El ambiente era precioso y maravilloso, solo era paz y alegría. Él se estaba hartando, sino decía algo. El…el.

-¿Aun sientes algo por mí?- pregunto tan triste que solo de pensar la respuesta le hacía daño, mucho más que mil apuñaladas. Esto le tomó por sorpresa, imagino un millón de preguntas pero no esa.

No sabía si en ese momento le estaba poniendo a prueba o solo era un maldito juego. Su cara, seria, mostro confusión absoluta, como si no entendiera esa clara pregunta. Le miro directamente a los ojos buscando una respuesta, pero su mirada era inexpresiva, neutra. Estos dos años había aprendido que nunca expresar sentimiento aunque fuera con la mirada o con un simple gesto, al final puso en práctica la lección.

El espadachín abrió la boca para responderla, pero alguien la interrumpió.

-Así que estabas aquí.- se hizo presente en el lugar un chico, el mismo chico que le persiguió. Los dos le miraron intimidándole, pero la ignoro.- Es normal que me miréis así.- sonreía como si no hubiera pasado nada.

El peliverde cabreado por la actitud del chico le agarró del cuello empotrándolo en el árbol donde hace unos minutos estaba sentado él, rozando su cuello con Wado. Su cara reflejaba el rostro de un demonio, tenía sed de sangre.

-¿Por qué ibas detrás de ellas?- su voz sonaba cabreada.

-Tranquilízate, por favor. – el bufido de Zoro respondía a su plegaria. Le volvió a empotrar acercando más su katana.- Nico Olvia. – soltó antes de morir estrangulado.

-Espera, Zoro.-la miro por un segundo de la misma forma que a él, no se apartó de él sino que su sentimiento aumento. No le quedó más remedio que utilizar sus poderes para florecer dos brazos en su espalda y desarmarle en un segundo. Y dejarle en el suelo totalmente impactado.

–Gracias.

Antes de que pudiera seguir hablando la morena hizo florecer unas cuantas manos en el tronco del árbol sujetándole de las extremidades. Ahora la que más miedo daba era la arqueóloga.

-¿De que conoces a mi madre?- se acercó a él y por una vez Zoro decidió no tomar entierro ahí.

-Si me sueltas te lo contare.- intento negociar con ella pero el agarre de su cuello cada vez era más fuerte. Hasta que la curiosidad le gano y le soltó.- Habla.

-De acuerdo. –él se sentó recuperando el aliento. – Tu madre estuvo aquí hace 22 años, yo la conocí cuando era un crio.-ella enarco una ceja intimidándole.-Ella vino por la leyenda de nuestra isla y por una piedra.

-¿Un Poneglyph?-el asintió.

-Nadie sabe que pone, pero ella fue la única que leyó. Nunca no nos lo conto, pero me dijo que estaba relacionado con la leyenda de esta hermosa isla. – el ambiente se volvió cómodo y perfecto para contar leyenda.

-¿No será por casualidad la del Espadachín y el demonio?-el asintió. Agacho la mirada triste. Era la hora que Zoro descubriera la verdad.

-¿De qué está hablando, Robin?- otro secreto que guardaba ella. Cada vez le irritaba más esto. Necesitaba descubrir la verdad.

Ella suspiro derrotada, por lo menos averiguo de que no tenía ni idea de nada.-La leyenda cuenta sobre una mujer, parecida mí y con los mismo poderes que los mío, la gente de la ciudad la maltrataba y la golpeaban creyendo de que era una especie de demonio por sus poderes sobrenaturales. Ella huía pero no podía dejar esa ciudad por que vivía un chico, para ser exacto el hijo del emperador de esa pequeña ciudad. Eran amigos desde pequeños e inseparable, pero él se enamoró de ella. – Le dolería decir esto porque era la parte donde le recordaba cómo se conocieron ellos dos.- Un día el emperador contrato a un espadachín para que la mataran.- ella le daba la espalda al peliverde, mientras el tenia los brazos cruzados, pero al decir lo último los dejo caer. –Supuestamente tú eras el espadachín.

-¿Qué quieres decir?- la cogió de los hombros para encararla. El otro estaba de espectador.

-Yo…yo…

- Vosotros sois la rencarnación de la leyenda.- interrumpió el otro ya que ella no se atrevía a contarle la verdad. Dirigió unos segundo la mirada hacia el para después posarla a la chica que agachaba su cabeza, no se atrevia a enfrentarle.-Cuando los dos pelearon por mantenerse con su vida, los dos se enamoraron. Al enterarse de la situación el joven enloqueció de la ira que mato a su padre culpando al espadachín y la chica. Tuvieron que huir por su bien y más en el estado de la chica.

-¿Estado?

-Ella estaba embarazada del espadachín.- prosiguió la morena.

-Así es. Por el camino se encontraron con siete personas más donde construyeron esta hermosa ciudad. – Elevo los brazos mostrando el árbol detrás de él.- Este fue el principio para ellos. Pero el nuevo emperador lleno de ira mando a sus soldados a por ellos e hizo un acuerdo con el demonio. Que le diera poderes sobrenaturales para vencer al espadachín. Cuando empezó la batalla ella ya había dado luz. Los dos hombres luchaban por mantenerse con vida, mientras que ella huía y protegía a su hijo.

-¿Qué paso?-las piezas empezaban a encajar.

-Cuando el emperador iba a matarle ella se puso en medio para que no le mataran.-tenía unas ganas enorme de abrazarle, pero tuvo que reprimirse.- El emperador aprovecho la distracción para secuestrar a su hijo. Eso lo que se de ellos.

-Esa es la historia. Por eso tu madre volvió su isla natal, para avisarte. Pero por lo que veo en tus ojos no obtuvo la oportunidad. –Suspiro.- Os ayudare a localizar a vuestros nakamas. Nana se encargara de atenderos en lo que necesitéis. Solo os pido descubrir la verdad de esta leyenda. Presiento que todo es mentira u ocultan algo. No lo sé pero la Marine hace unos meses vinieron aquí.-ambos le miraron apunto de atacarle.-Tranquilo, aquí estáis a salvo.- aunque lo dijera no confiaban en él. –Sentiros como vuestra propia casa.

-Majestad, necesitamos que venga, por favor.

-De acuerdo. Lo siento, tengo que irme. Si necesitáis algo decírselo a uno de mis soldados.

Sin más se marchó. Todo esto era muy extraño, y cuando decía todo era todo, que casualidad que entre todas las islas del Nuevo Mundo habían caído en esa, de cómo su madre había acabado y como podían confiar de un desconocido, la última vez que dieron un voto de confianza acabaron en una base secreta del gobierno.

Los dos volvieron a estar solos y ella le daba la espalda por el miedo del rechazo absoluto, si antes no tenía ni una oportunidad de solucionar esto ahora sería imposible. ¿Cómo se atrevería a decirle la verdad? Lo mejor, aunque no fuera lo correcto, seria escapar de él, pero para su desgracia él fue más rápido y la agarro de la muñeca estando cerca de su rostro más enfadado que nunca en su vida.

-¿Por qué no me lo dijiste?- presiono más su agarre.

-¿Tu sabias el plan de la Marine?- para su sorpresa fue el gesto de Zoro que fue soltarla bruscamente. Así que lo sabía.- ¿Por qué no me lo dijiste?

-¿Para qué?, para que te suicidaras.- justifico y era realmente lo que temía.

-Deberías habérmelo contado.

-Con el estado que estabas.- se tranquilizó por un segundo.- Sufría verte sufrir. Era frustrante. Ya lo que llevabas encima, que me pareció correcto no contártelo. – con la mano se tapó su ojo bueno para luego ocultarla en su pelaje. –Ellos querían que te violara para dejarte embarazada y luego convertir a nuestro hijo en un arma biológica.

-Lo siento, por todo lo que te hice.- antes de que se lo pensara dos veces le abrazo mientras confesaba esas cosas. –Estaba confusa, solo pensaba en mí, pero realmente pensaba en ti.- aprovecho ya que le daba permiso para contarle la verdad. Él se tensó tanto a su confesión que ni siquiera correspondió el abrazo. La aparto empujándola de los hombros.

-¿Quieres saber la respuesta a tu pregunta?- se refería si la seguía amando. Ella asintió.

Suspiro profundamente, esto sería duro pero sería lo correcto para él aunque sonara egoísta, pero realmente era lo que necesitaba.

-No.

Para Robin esa monosílaba de negación le rompió el corazón, esto no se lo esperaba, tenía que ser mentira pero ahora mismo no se atrevía leerle sus ojos por temor de que todas las cosas que habían pasado dijera la verdad. De que la había dejado de querer, que no la amaba. Las ganas de llorar eran insoportables. No lloraría otra vez.

-Mientes.

-No miento, maldita mujer. Ya no te amo y tampoco siento nada por ti ni siquiera compañerismo. Tu moriste el mismo día que fingiste tu muerte.- estaba siendo muy cruel pero en el fondo estaba tomando la misma medicina que hizo con él. La soltó y a paso lento camino hasta perderse, como hacia habitualmente, pero esta vez deseaba que fuera más lejos posible de ella. Freno en seco antes de que la perdiera de vista.-No quiero que te vuelvas acercar a mí. Jamás.- su voz resonó por todo el jardín cortando la respiración de Robin.

Su voz sonó tan convincente que iba ir detrás de él, pero le parecía lo más estúpido, correr detrás de alguien que estaba herido y que no le daría la oportunidad de explicarse. Apretó los puños y la mandíbula para desaparecer a paso lento reprimiendo las ganas de llorar. En el fondo deseaba darse la vuelta y besarla y hacerla suya. Pero su orgullo se lo impedía. Se consoló pensando que era lo correcto para él.

Las piernas de Robin flojearon hasta caer al suelo mientras lloraba, no se daría por vencida, pero ahora mismo lo que necesitaba es que alguien le consolara y aquí no estaba sus amigos y menos su madre. Apoyo la espalda en el enorme tronco del viejo árbol mientras abrazaba sus piernas y a la vez lo ocultaba allí.

De repente sintió que alguien le acariciaba su cabellera carbón, elevo la cabeza encontrándose con los ojos de la anciana.

-Todo se solucionara mi niña. Dale tiempo.

-Me lo merezco. Pero no me rendiré, Anciana.

-Llámame, Nana, por favor. Donde ves aun soy joven, solo tengo 89 años.- bromeo para sacarla una pequeña sonrisa.-Ven. Quiero enseñarte un sitio antes de que anochezca.

Ella insegura acepto seguir a la anciana. Caminaron durante unos veinte minutos por la enorme selva sin ningún problema, hasta llegar a una especie de pirámide que se caía a cacho a causa de la antigua que era. Si no estaba descaminada podría tener más de tres siglos o más. Nana encendió una antorcha para entrar esa especie de pirámides.

-Ten cuidado, mi niña. Hay trampas que siguen activas. Tú sígueme y seguirás de una pieza.

Cada pasillo dabas más miedo que el anterior, lo decoraba cráneos, distintos huesos del cuerpo, seguramente de ladrones buscando algo. Cuando quiso deducir cosas llegaron a una sala enorme lleno de escrituras, dibujos y más cosas como libros. Era enorme y luminoso.

-Lo que pone en estas paredes esta la historia de nuestra isla.- observo con nostalgia las escrituras de las paredes.- Sé que solo soy una anciana pero me gustaría saber la verdad. Ya que mi bisabuelo era el espadachín de la leyenda. – esto lo sorprendió. Es normal que quisiera saber la verdad.

-De acuerdo. Os ayudare.

-Gracias. –Acaricio su mejilla.-Eres igualita a tu madre. Sabía que Ojo de Halcón estaba en lo cierto.- ella abrió los ojos.- ¿Qué? Ojo de Halcón me llamo preguntando por la leyenda ya que le habías ido visitar por esto.

-Por favor, Nana. No se lo digas a Zoro. Si se lo digo puede que le pierda para siempre.

-Tranquila mis labios están cerrado. – Hizo el gesto de cerrar los labios.-Sé que él te ama con todo su corazón. Cuando te trago aquí se negaba a que nadie te pusiera un dedo. Cuando le lanzaron flechas y tú estabas inconsciente, cubrió su cuerpo del Haki de Armadura mientras te cubría con su cuerpo para que no te hicieran ningún rasguño. – Que sabía era la joven de 89 años.- No te soltaba ni aunque le arrancara los brazos.- otra persona igual que Robin y su humor macabro.- Así que le convencí para que viniera aquí. Era muy cabezota, pero se notaba que te amaba, así que yo que tú haría es darle un tiempo y cuando las cosas se tranquilice iría a contarle la verdad.- ella asintió.

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Pasaron casi una semana desde que había despertado en esa ciudad, realmente era preciosa se parecía tanto una ciudad antigua con el estilo romano. No había violencia, solo paz y tranquilidad, en esos días pudo conocer mejor al emperador, ya que empezaba a tener interés por ella, es decir, que intentaba ligar con ella, pero ella no estaba interesada, ya que quería recuperar a Zoro a toda costa. El espadachín veía lo intentos fallidos de ligar con Robin, reconocía que le fastidiaba un montón que intentara ligar con ella, pero como había dicho el, no la amaba y tenía todo el derecho del mundo en ligar, estar y acostarse con otros hombres, aunque se engañara.

No había podido contactar con sus nakamas, y cada vez se preguntaba si estaban bien y si le estaban buscando.

Él se pasaba todo el día entrenando para hacerse más fuerte, su salud había mejorado gracias a la insistencia de Nana y sus palizas, pero lo importante era que mejoraba. ¿No?

En cambio la morena se pasaba todo el día en las ruinas esas investigando como se lo había pedido, por lo menos con ellos describirían la leyenda y lo que realmente tramaba El Gobierno Mundial y Daniel. Pero se encontraba en el mismo punto, esas cuatro paredes y esos libros decían lo que ya sabían. Esto era desesperante.

Desde que Zoro le amenazo de que no quería que se acercara, no tenía apetito comiendo casi nada y dormía poco hasta sentía algún leve mareo. Y Zoro lo percataba, aunque le amenazara era imposible no preocuparse por cada movimiento. Y esto le preocupaba. Pero no era de su incumbencia, ya tenía suficiente con su dolor.

Cuando Robin necesitaba despejarse iba al jardín enorme para poder despejarse y seguir con su investigación. Allí se encontraba con un montón de papeles y una libreta en su regazo con todos los apuntes obtenidos por si lo podía relacionar con otro Poneglyph. Pero era inútil. Una mariquita se posó en su libreta, ella poso su dedo para que la mariquita anduviera en su dedo y colocarla en una flor, ya que estaba alrededor de miles de flores. Suerte que de fondo tenía los cantos de los pájaros.

Pero aunque tuviera tranquilidad no se concentraba. Solo pensaba en Zoro y cómo podía conquistarle. Pero no se le ocurría nada. Realmente necesitaba unas vacaciones.

Sintió unas pequeñas pisadas que se acercaba hacia ella. Volteo para encontrase con la pequeña sara que la sonreía tan radiante. Gracias a ella y a Nana el escozor había desaparecido tanto como dolor y la marca. Le pediría las recetas de sus potingues para dársela a Chopper.

-Hola, Robin.

-Hola, Sara. ¿Qué hacer por aquí?

-Me ha mandado Nana, dice que ya es la hora de comer.

-De acuerdo.

Ella recogió sus cosas para irse a comer, pero cuando se levantó sintió un leve mareo preocupando a la pequeña.

-¿Te encuentras bien, Robin?

-Si solo ha sido un…- no pudo continuar por que se desmayó cayendo al suelo.

-¡ROBIN!-grito asustada. La agito un poco para que despertara pero no movía de un musculo y esto le aterro.

Sara, llorando, fue corriendo a pedir ayuda a su Nana que se encontraba en la cocina, no quería dejar sola a la morena y más sin saber si estaba viva o no. Por la culpa de que sus ojos estaban cubierta de lágrimas se chocó con alguien cayendo de culo. Alzo la cabeza encontrándose con Zoro.

-¡ZORO!- le abrazo la pierna sonándose los mocos en su pantalón.

-Oye. No te suenes los mocos en mi pantalón.- le regaño pero cuando la vio llorar a mares entendió que algo había pasado.

-Ro…Ro…ella…-se sonó los mocos para dentro. Zoro se agacho hasta estar su altura un tanto alarmado pensando que algo le había pasado a ella.

-Tranquilízate.- la tranquilizo.

-Robin…- al soltar el nombre de la chica lloro más fuerte.

El entendió todo que abandono a la chica, corrió hasta el jardín donde siempre se la encontraba leyendo o en su mundo. Temía lo peor por ella. Llego al jardín encontrándola esparramada en el suelo.

-Robin.-se lanzó a su lado. Sin perder el tiempo coloco su oído en su pecho. Suspiro aliviado al escuchar el ritmo del corazón de la morena.

-Mi niña.- grito Nana. Le había avisado Sara.-Llévala a su habitación rápido.

Sin perder el tiempo la cogió en brazos y corrió lo más rápido posible a su habitación, por una vez en su vida no se había perdido. Llego a su habitación y la tumbo en su cama. Nana tardo unos segundo en llegar con su maletín grade llenos de medicamentos y artilugios médicos.

Empezó inyectándole un montón de medicamento a la vez que la analizaba para obtener un diagnóstico, pero no entendía por que había perdido así de repente el conocimiento. Los dos estaban nerviosos y los nervios no son buenos para estas situaciones, pero son inevitables.

-¿Qué le pasa?- grito Zoro no quería gritar pero los nervioso le dominaba.

-No tengo ni idea. Tengo que pedirte que salgas de aquí.

-No pienso marcharme.

-Zoro.- le llamo gritando.-Sé que la quieres y quieres estar junto a ella pero me pones de los nervios. Así que largo.- le empujo echándole de la habitación.

Las horas pasaban y sus nervios aumentaban con cada segundo que pasaba. Solo pedía saber si era un simple mareo o algo grave. Estuvo en ese pasillo dando vueltas para tranquilizarse pero era imposible, si moría, no se perdonaría por las cosas que le había dicho anteriormente.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el crujir de una puerta saliendo de la habitación la Nana.

-¿Cómo esta Robin?

-Bien. Solo necesita descansar. Solo ha sido un susto. Pero de aquí ahora deberá cuidarse más.

El suspiro aliviado, se acababa de quitar un peso encima, solo había sido un pequeño susto, prefería un millón de veces eso de que hubiera sido algo peor. Siempre metiéndose en lio. Pero que le había causado el desmayo causante de los nervios.

-¿Por qué se ha desmayado?

De repente la sala domino un silencio incomodo, no sabía si decírselo o no. Primero debería saberlo ella, no el más por lo que le había contado ella esto podía joder la oportunidad de enamorarle otra vez. Pero el la amenazaba con la mirada y por una vez temía por su vida.

-Ella está embarazada.

El quedo de piedra como podía ser era imposible. Si ella estaba embarazada el hijo que estaba esperando no era suyo, sino de otro. No no era imposible… ella…pero pensándolo mejor, todo tenía sentido.

¿Que pasara?

Continuara…

REVIEW.

REVIEW.

REVIEW.

Hace mucho tiempo que no actualizaba, ahora estaréis pensando quien es el padre del pequeño, pero eso será en el próximo capítulo. Espero que os haya gustado.

Siento mucho por no haber actualizado desde hace meses pero me enganche por el fic" Que empiece el juego" y por qué no se me ocurría nada para seguir y era esto o eliminar la historia y empezar de nuevo, pero gracias a oda no es así. Espero tener tiempo para seguir actualizando y creando más fic.

Bss y abrazos y espero que me mandéis review. Lo siento por las faltas de ortografías.

Respondiendo review:

-Susii ZoRo : espero que disfrutes leyendo este capítulo. Disfrútalo que no sé cuándo actualizare. Bss y abrazos.

-NicoRobin2130 : Tus deseos son órdenes pero te tengo que dejar con la intriga como siempre, ya queda poco para que estos dos estén juntos, es decir en el capítulo siguiente. Bss y abrazos.

-Kirika: Si la cosa esta ardiendo y más se va arder en el siguiente te lo aseguro. Descubriremos la verdad de todo y más de estos capítulos raros. Bss y abrazos.

-Last: Siempre y digo siempre me alegra tus reviwe, me da igual en que fic tu me alegras el dia con cada review. Te tengo en el kokoro guapa. Espero que te guste y que en el próximo todas vuestras dudas se resuelvan, bss y abrazos.