Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta retorcida historia.

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas explicitas de sexo y lenguaje adulto. Si eres menor de edad, ¿Qué estás haciendo aquí? Se advierte además que tiene contenido bastante conmovedor.


Capitulo 21: Sorpresas

Canción de la primer parte del capítulo: One day like this: Elbow

Canción que Edward le canta a Bella en la cocina: Just the way you are – Bruno Mars.

Canción de la última parte del capítulo: Sorry - Daughtry

¿A qué has venido?

Al parecer el señor Edward Cullen olvidó nuestro trato… no, no lo olvidó, finge haberlo olvidado. De lo contrario no se hubiese ido a San Diego todo el fin de semana con su Isabella adorada. ¿Crees que con eso la protegías de mí?

¿Cómo…como supiste donde estaba?

Tu contestador me dio la respuesta. Por cierto dijo Alice al final de su mensaje que devuelvas su llamada en cuanto llegues de San Diego.

¿Viniste por el dinero? ¿Por eso estas aquí?

Si no te hubieras ido de Chicago este fin de semana mi respuesta sería sí, solo vine por el dinero. Pero como decidiste complicarme las cosas, las reglas del juego cambiaron. Las condiciones para mi silencio han cambiado Edward, no solo quiero mi millón de dólares en 48 horas como plazo máximo sino que te exijo que termines tu relación con Isabella Swan hoy mismo…

¿De qué me estás hablando Tanya?

Ya me escuchaste, si no quieres que tu "Bella" sepa la verdad será mejor que termines con ella hoy mismo.

Esto va mas allá de cualquier arreglo, esto es chantaje y por supuesto que no pienso acceder a eso.

¿Ah sí? Piensa muy bien lo que estás haciendo Edward Cullen. Ella "accidentalmente" se puede enterar que tú has planeado destruirla por tantos años.

¿Qué sacas tú con esto? ¿Qué ganas tú si yo termino mi relación con Isabella Swan?

¿Qué saco? ¡Mucho Edward! Aunque no lo creas, yo te amé con cada fibra de mi cuerpo y me destrozó saber que para ti solo fui un revolcón más. Alguien a quien solo le calentaste su cama, alguien a quien utilizaste para tu maldito juego. Me lastimaste y no te imaginas lo que puede hacer una mujer herida. ¿Qué saco con esto Cullen? Únicamente vengarme de Isabella Swan, la mujer que logró con Edward Cullen lo que yo jamás pude.

¡Eres una arpía Tanya!

Como ya te lo dije, aprendí del mejor maestro. Debes terminar con ella hoy mismo Edward, es mi exigencia. Míralo de esta manera, esta será tu forma de protegerla de la verdad porque, supongo que no le hará mucha gracia cuando sepa que el millón que va a pagar será para la amante de su adorado príncipe azul.

Ella no pagara ese valor.

¿Ah no? ¿Y quien lo va a hacer? ¿Tu? Permíteme reírme Edward, te recuerdo que iniciaste este juego porque querías recuperar los cuatro millones de dólares que los Swan le robaron a tu abuelo así que, a menos que me hayas mentido, técnicamente no tienes donde caerte muerto.

Necesito más tiempo…

Tienes entonces 10 días más de plazo en el que debo tener mi dinero y tu relación con Swan debe terminarse. No intentes siquiera engañarme con este último punto Edward, aunque me hayas pagado lo que pido igual vendré a decirle la verdad. Recuerda que una condición va ligada a la otra.

Yo no puedo terminar mi relación con Bella, no puedo vivir sin ella.

Y si ella se entera de la verdad no creo que continúe a tu lado, así que te estoy ofreciendo la salida menos dolorosa. Tómate un par de días, dile que no la amas y se acabó. ¿No era así como vivías tus anteriores relaciones? Piénsalo Edward, terminar con ella es el mal menor.

Maldita…

Se te agradece el cumplido. En fin debo irme, tengo que devolver las llaves a tu portero. Te voy a estar chequeando Cullen. En pocos días llamaré para ver tus progresos. Ten mucho cuidado con lo que haces querido...o ambos saldrán lastimados...

.–.–.–.–.–.–.–.

– Bella...Bella ¡No! – grité con fuerza.

– Edward...Edward amor despierta – escuché su voz – es solo una pesadilla cielo, mírame...shhh, todo está bien – abrí los ojos para ver a mi ángel de ojos chocolates mirarme asustada.

– Pequeña, ven acá – la abracé con fuerza a mi pecho – Estas aquí, conmigo.

– ¿Donde más voy a estar si no es contigo Edward? – preguntó mientras yo acariciaba su espalda.

– Bella, necesito que se muden conmigo. Necesito tenerte cerca a ti y a la bebé.

– Edward yo...– alzó su cabeza y me miró.

– Yo sé que la vez anterior respondiste que no lo hacías por Charlie, ahora quiero que lo hagas por nuestra bebé. Quiero estar a tu lado todos los días y ver tu pancita crecer, ayudarte con las nauseas y cumplir tus antojos. Te necesito cerca amor, para protegerlas... A las dos – finalicé.

– Edward, no sabemos si es niña – me reprochó.

– Hasta que lo sepamos ella será la princesa de papa – ella me sonrió – Necesito estar cerca de ti Bella, si antes era difícil alejarme de ti por las noches ahora será imposible – Comencé a repartir besos por todo su rostro – ¿Le dices que si a este hombre enamorado? – hice un puchero para ablandar su corazón. Vamos Bella… ¡dime que sí!

– Sí, sí voy a venir a vivir contigo amor – susurró despacito. Quise tomarla en mis brazos y hacer un ridículo bailecito de victoria. Tener a Bella cerca mío en casa y en la oficina reducía a cero toda probabilidad de que Tanya la tome por sorpresa. Era mi deber y vocación proteger a mi pequeña y a nuestra hija – Pero primero – dijo señalándome con su dedo índice – Usted Sr. Cullen debe acompañarme a casa. Debo hablar con Charlie. Debe enterarse que va a ser abuelo.

– ¿Deberías preocuparme por eso?

– Ahora lo dudo, pero cuando este del todo recuperado no te fíes. Va a querer pegarte en el "orgullo" – dijo mientras miraba mi vientre bajo – por robarle la virtud a su pequeña Bella.

– ¡Ouch! – Fingí cara de dolor – Pero no importa, aceptaré el castigo con orgullo por haber sido el primero.

– Presumido

– Hermosa – me sonrió.

– Será mejor que vaya a casa ahora. Sue debe estar preocupada porque no pase allá y debo contarle también sobre mi próxima mudanza.

– ¿No podemos quedarnos un ratito más? – dije poniendo los ojitos de un pequeño cachorro abandonado.

– No Sr. Cullen, además debo pasar comprando las vitaminas que receto la Dra. Keller. Así que andando – dijo saliendo de la cama.

– Como ordene mamá...– después de sonreírme ante el llamado de su nueva condición, la vi dirigirse al baño completamente desnuda. No pude sino recordar el día que la hice mía por primera vez en la suite del hotel. Cuando la vi desnuda en la bañera, Bella se volvió mi diosa, mi Afrodita del Olimpo. Ahora, el cuerpo de mi diosa albergaba otra vida en su interior, a nuestra hija porque estaba seguro que sería niña, una mini Bella, con sus rizos y ojos chocolates, sus gestos divertidos y su enorme capacidad de amar.

Usando los mismos vaqueros y camiseta con las que estuvimos en el hospital esa mañana nos dirigimos a su casa. Ella no lo quería admitir pero se la notaba nerviosa, una avalancha de sucesos acontecieron en nuestras vidas en pocas horas y eso puede poner de nervios a cualquiera. Seriamos padres y viviríamos juntos en mi departamento, demasiado para un solo día.

Antes de llegar a su casa y aprovechando una luz roja de semáforo llamé a papa para decirle que no dijera nada en casa ya que Bella y yo les daríamos la noticia al día siguiente. Mi padre accedió diciendo que Esme estaría extasiada cuando se entere que sería abuela.

Al llegar al porche de su casa y verla morderse nerviosamente el labio, tomé su mano.

– Estamos juntos en esto mi pequeña. Te amo...– Ella me sonrió y abrió la puerta de la casa.

– ¿Sue? – preguntó mientras entrabamos. No hubo respuesta de Sue. Llegamos al área de la cocina donde Bella volvió a llamar a su nana.

– Mi niña ¿Estás bien? Ya estaba empezando a preocuparme. Su papa está algo inquieto mirando la puerta todo el tiempo. Sr. Cullen buenos días – yo asentí en respuesta a su saludo.

– Yo, yo estoy bien – sin darse cuenta, Bella había posado una mano en su vientre – Pero Edward y yo debemos hablar con Charlie, y veo necesario que tu estés allí también – Bella me miró como pidiendo mi consentimiento.

– Será como tú lo quieras pequeña – dije antes de besar sus cabellos.

– Bueno, entonces vamos donde papá – Subimos a la habitación de su padre. Al entrar, pude ver como el rostro de mi pequeña se iluminaba al ver a Charlie. Bella amaba a su papá, y de una u otra manera yo la estaba alejando de él.

– Hola papá – dijo sentándose en la cama. Yo permanecí de pie mientras Sue ocupó la silla de un costado – Lamento haber llegado tarde hoy pero no me sentía del todo bien – Su corazón latía con la misma velocidad que un colibrí batía sus alas.

– Bella, respira – dije acercándome a su oído.

– Papá, yo... Yo te quiero presentar a alguien. El es Edward Cullen, mi novio y el hombre que amo con toda mi vida – sonreí ante la presentación de mi pequeña.

– Buenos días Sr. Swan yo...

– Charlie, solo dile Charlie – me corrigió dulcemente Bella.

– Erm... Bueno Charlie, es un gusto conocerlo – Aunque Bella me había dicho que las reacciones de su padre eran pocas definitivamente había aprendido muy bien a fruncir el ceño. ¡Oh oh! Mi pequeña estaba en lo cierto, mi "orgullo" estaba en riesgo.

– Edward es el abogado de la empresa en el caso de la demanda de Tanya Denali. ¿Puedes creer que estamos a punto de salir de aquello papá? Edward ha hecho un brillante trabajo, negoció con la demandante y la pesadilla está por terminarse – Recordé en ese momento lo ocurrido en Cambrigde días atrás:

¡Edward! Que sorpresa verte aquí – dijo al abrir la puerta de su departamento

He venido a hacer un canje. – Respondí de manera cortante.

¿Un canje? – frunció el ceño en señal de confusión.

He traído un documento donde tú aceptas voluntariamente levantar todos los cargos en contra de Swan Editors.

¿Y qué te hace creer que lo voy a firmar?

El hecho que en mi maletín llevo un cheque a tu nombre. – Vi su sonrisa ensancharse dramáticamente.

¡Muy bien Edward! Si te lo merecieras te aplaudiera pero en nuestro trato hay una condición más.

Si quieres saberlo, yo... Yo terminé con mi relación con Isabella hace unos días. Ella, ella debía irse a la costa oeste y aproveché para terminar todo con ella.

¿Ves que fácil es cuando todos colaboramos? – dijo pasando un dedo por mi pecho.

El cheque vino a nombre de Tanya Denali y es comprobante lícito del acuerdo que estamos haciendo – Entrando a su departamento saqué de mi maletín el sobre de documentos – En el acuerdo que estamos por suscribir tu aceptas el retiro de todos los cargos a Swan Editors a cambio de un millón de dólares americanos. Se estipula además una clausula donde se deja en claro que por ningún motivo te acercaras al menos a 2 Kms. de distancia de la casa o lugar de trabajo de Isabella Marie Swan o se te generara una orden de restricción.

Esto me parece ridículo Edward – pensé en ese momento en las palabras de Bella "solo cuido lo que amo" – ¿Cómo tengo yo la garantía de que tu relación con Isabella Swan ha terminado?

No lo sé... Creo que por primera vez te tocará confiar en alguien.

Confiaba en ti, y lo jodiste todo – y sin más, estampó su firma en el acuerdo y tomó su cheque.

.-.-.-.-.-.

– ¿Edward? ¿Cielo estas bien? – Bella agitaba su mano en frente mío.

– Si, si... Lo siento – intenté volver a la conversación.

– Le decía a papá lo excelente abogado que eres. Creo que debo pedirle a Emmett que te deje ir para que trabajes con nosotros como abogado principal.

– No sé si Emmett esté de acuerdo, pero yo estaré encantado de hacerlo– le respondí al tiempo que acariciaba sus mejillas.

– Bueno papá – mi pequeña comenzó a mover nerviosamente los dedos, el momento había llegado – Como tú sabes, bueno... como quizás lo recuerdes cuando una mujer ama a un hombre de la manera que yo amo a Edward, ellos ummm – hizo una pausa y me miró – ¡Dios esto es tan difícil Edward! Se supone que los padres deben hablar a los hijos de sexo no viceversa.

– Trata de no hacerlo muy complejo amor – le respondí divertido al ver su cara de angustia.

– Tampoco voy a usar la cigüeña de París o el pajarito y la flor – frunció el ceño molesta.

– Mi niña...– nos habíamos olvidado completamente de la presencia de Sue en la habitación – ¿Cigüeñas y pajaritos? Acaso usted...– Enseguida se puso de pie y se acercó a Bella quien con lagrimas en los ojos asintió despacito – Mi niña va a ser...

– Shhh, aun no lo digas Sue – Ella asintió mientras la abrazaba. Las dos estaban hechas un mar de lágrimas, así que decidí seguir yo con la explicación.

– Sr. Sw...Perdón Charlie. Cuando dos personas se quieren, lo demuestran frecuentemente con el más puro acto de amor que existe. Cuando esto pasa los hombres dejan en el vientre de las mujeres una semillita. – ¿Semillita? Pfff ¿En serio Edward? ¡Vaya! En serio que me sentía ridículo hablándole de sexo a mi suegro. Al menos debía practicar para cuando nuestra bebé tenga unos ¿30 años? Sonreí y volví mentalmente a la explicación – En algunas ocasiones no ocurre nada con esta semillita, pero en otras esa semillita si llega a un terreno fértil se convierte en...un bebé – El rostro del papá de Bella paso de confusión a terror.

– Lo que Edward intentó explicarte papa es que estoy embarazada. Estamos esperando un bebé...– finalizó la noticia por mí

– ¡Mi niña! Vas a ser mamá – dijo Sue quien estaba sentada a su lado – ¡Qué felicidad tan grande...!

– Quizás esto les resulte muy apresurado a todos, pero desde que conocí a su hija supe muy dentro de mí que ella era la mujer de mi vida. Supe que quería hacerla mi esposa, la madre de mis hijos...– dije viendo sus hermoso pozos chocolates llenos de lágrimas. Sequé sus lágrimas y seguí hablando – Estoy muy contento con el embarazo de Bella, ella va a traer al mundo un pedacito perfecto de nosotros, cada día su cuerpo irá cambiando para albergar mejor a la bebé y quiero estar presente en cada cambio, en cada antojo, en cada pequeña patadita que dé nuestra hija cuando esté en la pancita de su mamá. Hemos hablado con Isabella de esto, y ella ha aceptado esta mañana venir a vivir conmigo en mi departamento.

– Mi niña... ¿Te vas de casa entonces? – preguntó triste Sue a lo que Bella asintió.

– Papá, quizás esto no era lo que tú esperabas pero quiero que sepas que, al igual que Edward, yo también estoy contenta con la bebé. Muero de nervios eso sí, porque no sé si seré una buena madre, y yo... yo no tengo mamá a quien preguntar todas las cosas relacionadas con un bebé – ¿Era allí donde radicaba su miedo? ¡Oh pequeña! Acaricie su espalda en señal de apoyo.

– Es una sabia decisión mi niña, usted y el Sr. Cullen necesitan un espacio para ustedes solos, para desarrollarse como pareja y padres.

– Edward, por favor Sue, solo llámeme Edward – Tanto Sue como Bella me sonrieron amables.

– El hecho que no esté en casa no significa que me voy a olvidar de ti. Vendré a verte todos los días un ratito ¿sí? – En los ojos de su padre se escapó una lágrima – No te pongas así papá, cuando mejores que se que será muy pronto podrás visitarnos y cuando nazca la bebé la podrás cargar también– sonreí al escuchar que por segunda vez bella le decía LA bebé. Ella también quería una princesa. – Tampoco es que me voy a ir hoy, voy a ir poco a poco pasando mis cosas hasta que llegue el día que deba irme.

– El lo va a entender mi niña, sé que las lágrimas de su papa son de alegría. Va a ser abuelo – le sonrió su nana

– Lo sé Sue, lo sé – mi pequeña le sonrió mientras secaba sus lagrimas.

El resto del día la dejé en casa con Sue, quizás ella tenía algunas dudas sobre la maternidad o cosas así y era mejor dejarla tener una tarde solo de mujeres. Con Bella en casa mi alimentación definitivamente iba a cambiar, debía desechar de mi alacena toda clase de comida chatarra y golosinas. La Dra. Keller había indicado que Bella debía comer sano así que fui directo al supermercado. Conseguí toda clase de frutas, vegetales y cereales saludables. Al salir junto al supermercado había una tienda con un letrero enorme a la entrada que decía "Baby R Us" y junto a él un globo con la leyenda "It's a girl". No me di cuenta en qué momento mis pies me habían llevado al interior de la tienda.

– Buenas tardes ¿Le puedo ayudar en algo? – Se me acercó una joven pequeña de cabellos negros – Mi nombre de Gwen.

– Hola Gwen, si… yo solo entre porque...

– ¿Se acaba de enterar que será papa? – la miré extrañado.

– ¿Como lo supo?

– Es la primera reacción del 99% de los hombres que entran a "Baby R Us" – me sonrió – Asumo por su reacción que así es ¿verdad? – Asentí – ¡Felicitaciones entonces! Supongo que su esposa tiene solo unas cuantas semanas de embarazo por lo que no podría por el momento comprarle al bebé algo de un color definido – mientras la pequeña vendedora seguía parloteando, en mi cabeza resonaba la palabra que ella había mencionado "esposa" Era lógico, ¡Ese era el paso que nos faltaba dar! Aunque el orden lógico era casarse, vivir juntos y tener bebés nada en nuestra relación era común. "Esposa" resonó nuevamente en mi cabeza como un gong.

– Unos patucos son una excelente opción – dijo la pequeña voz a mi lado.

– ¿Ah? – pregunté confundido.

– Patucos, escarpines, zapatitos de bebé como quiera decirles. Es una buena opción si no sabe el sexo del bebé.

– Sera una niña – le sonreí ante la imagen de mi pequeña y una princesa en sus brazos.

– ¿Pues qué le parece si compra unos blancos con apliques en rosa?

– Excelente idea Gwen – enseguida ella tomó del mostrador los más pequeñitos zapatos del mundo. Los primeros zapatitos de mi bebé eran unas preciosuras tejidas en delicado color blanco, con tres pequeñas florcitas en tonos rosado rodeadas de pintitas verdes que hacían ilusión a microscópicas hojitas. Eran unos escarpines en forma de bailarinas, dignas de una princesita.

– ¿Estos le parecen bien?

– ¡Hermosos! ¡Me los llevo! - dije sonrientes.

– Muy buena elección Sr...

– Cullen

– Sr. Cullen, se ve que usted es padre primerizo así que puedo recomendarle un par de libros para usted y su esposa y que les serán de mucha utilidad – Me condujo hasta un pasillo donde habían toda clase de revistas, libros y folletos informativos – Estos son los mejores que tenemos "Being a great dad for Dummies" y "What to expect when your expecting" – les di una ojeada rápida y vi que la vendedora tenía razón, ahora entendía porque estaba aterrada mi pequeña.

– ¿Qué hacer en caso de llanto por cólico de gases? – leí en voz alta. ¿Gases? ¿Por qué un bebé tendría gases? – Añada esto a la cuenta por favor – dije devolviéndole el libro.

Después de cancelar en caja y agradecer la atención de la vendedora regresé a casa. Acomodé todas las compras en la alacena y después de un baño, caí rendido en la cama. Ni siquiera tenía hambre, me sentía con mucho sueño. Ojeé un poco el libro que había comprado y leí que en muy pocos casos los hombres comparten los achaques del embarazo de sus mujeres.

– ¡No jodan! ¡No pienso vomitar todas las mañanas! – seguí leyendo hasta que el sueño me venció, aferrado a la vieja camiseta que mi pequeña había usado esta mañana.

Me levanté muy temprano en la mañana y pasé por la tienda de los Webber por las flores de mi pequeña. Al llegar dejé los pequeños zapatitos junto a sus flores sobre el escritorio acompañados de un pequeña notita.

Para la pequeña mamá sus flores preferidas, y para mi princesa su primer par de zapatitos. Gracias por toda la alegría que han traído a mi vida.

Las ama demasiado

Papa...

La mañana seria ocupada, había llegado la resolución de la corte sobre la petición de levantamiento de cargos de Tanya y debía ir a revisar que todo estuviese en orden. Antes de salir, recibí un mail:

Mamá y princesa agradecen los regalos. Te amamos mucho.

Entré a su oficina y la encontré concentrada leyendo.

– Buenos días mi pequeña. ¿Cómo amanecieron las dos mujeres más bellas de Chicago?

– Yo algo cansada, la bebé de mal humor. Me mandó a vomitar toda la cena de ayer.

– ¿Se sienten bien ahora? – pregunté acercándome a ella. Bella se puso de pie y la noté mucho más bajita de lo normal. Alcé una ceja en señal de confusión.

– Sue insistió que debo olvidarme de los tacones altos… Por un buen tiempo.

– Mujer sabia y sensata… ¡Me gusta tu nana! – le sonreí.

– Bobo... Me siento desnuda con estas bailarinas Edward – hizo un puchero.

– Y no creas que yo te voy a dejar usar tacones cuando estés en casa. Son una trampa mortal Bella.

– ¿Cuando crees que se empiece a notar? – puse mis manos en su vientre.

– Espero que pronto, ya quiero verla crecer – hice pequeños círculos en su pancita aún plana mientras me perdida en sus profundos ojos chocolates. – ¿Eres feliz pequeña? – pregunté un rato después.

– Mucho – respondió.

– ¿Tú querías un bebé cierto?

– Sí – mordió su labio nerviosamente – Pero no vayas a creer que por eso olvide la píldora Edward… yo...

– Shhh… Amor no te estoy reprochando nada, yo también quería un bebé Bella. Ven acá mami – la abracé para posteriormente darle un beso. Sus labios tan suaves y su aliento de chocolate me embriagaron enseguida.

– Esta noche cenamos en casa de mis padres, ahora es su turno de saber la fabulosa noticia – dije separándome de ella.

– ¿Que creen que digan?

– Bueno, viste la reacción de mi padre. El está más que contento, y mi mamá creo que se desmayara de la alegría. La pequeña Ali después de dar vueltas por toda la casa como el Demonio de Tasmania, de seguro querrá planear el baby shower, primer cumpleaños y hasta fiesta de dulces 16 para la bebé.

– ¿Por qué estás tan segura que es niña Edward?

– ¿Por qué lo estás tú? Ahora le dices LA bebé – le sonreí.

– No lo sé, ¿instinto de mama?

– Entonces yo tengo instinto de papa, y esos ¡no fallan! – nos reímos de nuestras graciosas teorías. Me quedé con ella un rato más y luego salí a la corte. Efectivamente todos los cargos estaban levantados y solo era cuestión de hacer el petitorio para cerrar el file.

Cerca de las 8 pasé por ella, usaba un vestido habano que la hacía lucir como toda una princesita. Una cinta debajo del busto daban lugar a una figura esbelta por su pequeña cintura y abdomen plano, sin embargo mi felicidad era mayor al saber que eso pronto cambiaria, porque ese espacio albergaría a mi hija por casi nueve meses.

Acompañó su vestido de vuelos imperceptibles con unos zapatos de tacón bajo y un maquillaje natural como a ella siempre le gustaba lucir. Mientras caminábamos al auto pude notar algo en ella, desde que supimos que seriamos padres su mirada había cambiado. Sus hermosos pozos chocolates reflejaban más ternura, su cabello brillaba con intensidad y su sonrisa era incluso más bella de lo normal. La besé al subir al Volvo y así partimos para la casa de mis padres.

– Mamá... Papá. Estamos en casa – dije al entrar y dejar las llaves sobre la mesita de la entrada.

– ¡Bella! ¡Qué bueno volverte a ver cielo! Te ves hermosa – dijo mi madre mientras la abrazaba.

– Mamá solo han pasado dos días desde que la viste – Bromeé. Fuimos hasta la cocina ya que Bella se empeñó en ayudar a servir la cena. Alice bajó con mi padre en cuanto nos escucharon llegar y después del acostumbrado y efusivo saludo de mi hermanita nos sentamos a cenar. Mamá había preparado un delicioso Cordon Blue, mi plato preferido. Al inicio Bella estaba un poco renuente a comer.

– Lo voy a vomitar mañana – me susurró despacito.

– Si, pero eso será mañana. La bebé necesita comer hoy, vamos solo un poco mi amor – ella asintió y comenzó a comer. Mi padre nos comentó sobre los excelentes resultados de la cena, habían recaudado casi 2 millones de dólares de diversos donantes y dentro de poco empezaban con la construcción de la nueva sala pediátrica de oncología, mi madre se había ofrecido a ayudar en la decoración de la sala de juegos y habitaciones de los chiquititos.

– Ya quiero ver como quedarán las habitaciones de los niños. Al menos si les preparamos habitaciones alegres y acogedoras su ánimo mejorara notablemente. Hay unos chiquitines hermosos allí, muchos son apenas bebés.

Al escuchar la palabra bebé pude notar que Bella se puso nerviosa, mordía su labio y movía las manos por debajo de la mesa.

– ¿Estás bien? – pregunté tomando sus manos y dejándolas sobre su regazo.

– ¿Estamos juntos en esto verdad? – me miró expectante.

– Siempre juntos mi pequeña, siempre – tomé una bocanada de aire. Bueno, aquí vamos otra vez.

– Mama, papa, Ali...Bella y yo tenemos algo que decirles. El día de ayer nos hemos enterado de algo y debemos contarles lo que está pasando.

– Edward hijo no nos asustes por favor ¿Qué sucede?

– Ayer Bella se hizo un examen de sangre debido a sus continuos malestares. Descubrimos algo en Bella...

– ¡Edward por favor habla ya! – ordenó Alice. Vi de reojo a mi padre quien estaba tratando de contener la risa.

– Descubrimos que en la pancita de Bella… ¡Está creciendo la más pequeñita de los Cullen! Bella y yo estamos esperando un bebé – Lo que paso después de eso fue confuso. Un borrón pasó junto a mí y se abalanzó a los brazos de Bella, mi hermana apretaba con fuerza a mi pequeña mientras que mi madre saltó a mi lado besando mis mejillas.

– Mi Edward va a ser papá ¡Yo lo sabia Carlisle! Eran los mismos síntomas, el mismo brillo en la mirada. ¡Mi cielo no sabes cómo me has hecho feliz! ¡Voy a ser la abuelita Esme!

– ¡Voy a ser tía! ¡Santo cielo! ¿Cuántas semanas tienes Bella? Necesito saberlo con tiempo para organizar tu Baby Shower. No está en mis planes pero podría empezar una línea de ropa para mujeres embarazadas para que tú la luzcas. ¡Y una línea para bebes! Ay por Dios, cuando nazca le vamos a poner los más lindos vestidos que la tía Ali va a diseñar para ella.

– ¿Alice tu también? – frunció el ceño mi Bella.

– ¿Qué? ¡Sera niña! Lo sé – dijo apuntando su sien.

– Papá ¿No vas a decir nada? ¡Vas a ser abuelo! - preguntó Ali.

– Ya lo sabía Alice, yo les di la noticia ayer…

– ¡Carlisle Cullen! – Lo regañó mamá – ¿Y se puede saber por qué no lo sabíamos acá en casa?

– Yo le pedí que no diga nada mamá, quería que lo supieran por nosotros.

– ¿Y tu cielo? ¿Cómo estás? ¿Tienes muchas nauseas? - preguntó mi madre acercándose a Bella.

– Si, en las mañanas sobre todo.

– Dentro de poco se te van a ir cielo, Edward me hizo padecer los dos primeros meses pero luego se comportó y ya no me hacía devolver la cena. Eso sí hubo algo que nunca tolere, detestaba el olor del ca...

– ¿Café? – dijimos al unísono con Bella.

– Como se nota que es un Cullen quien está creciendo allí dentro. Son los mismos síntomas que me hiciste padecer hijo – sonrió – Gracias por este regalo tan hermoso.

– Gracias a Bella mamá, es ella quien está llevando a nuestro pequeño milagro allí – me acerqué a mi pequeña y acunando su rostro le di un corto beso – ¡Te amo Bella… las amo a las dos! – susurré sobre sus labios.

El resto de la cena se pasó en comentarios del embarazo de Bella, todos en casa estaban entusiasmados con la llegada de un bebé. Dejé a Bella en su casa un poco antes de la media noche, al llegar a mi departamento y entrar, las fotos de mi pequeña y mi princesa me saludaron graciosas sobre la mesita de la sala.

– Pronto, pronto las tendré en casa a las dos...

Al día siguiente Bella me contó que efectivamente había devuelto toda la cena gracias a las nauseas matutinas.

– Princesa, no es bueno que le hagas eso a mamá. Ella te adora y no es justo que la tengas abrazando el excusado todas las mañanas – dije besando su vientre y dando unas pequeñas caricias. No lo quería admitir pero esa mañana estaba realmente emocionado. Ese día empezaba la mudanza de manera oficial.

Primero fueron los zapatos y accesorios que según ella era lo que ocupaba menos espacio, aproximadamente unos 30 pares de zapatos y 3 cajas repletas de accesorios fueron los primeros en arribar a casa. Al día siguiente fueron los trajes de coctel, fiesta y una parte de sus trajes de oficina. Al llegar el día de la ropa deportiva y vaqueros supe que en mi habitación no habría espacio para los dos, así que compré una percha movible para colgar mis camisas y pantalones y pasarlos al cuarto que usaba como bodega junto a mi habitación.

Las pijamas y ropa interior fueron las últimas en llegar. El éxodo nos había tomado prácticamente una semana completa. Había ropa de Bella hasta en la sala así que no hubo otra opción que pasar toda mi ropa a la bodega para dejarle espacio a ella en mi closet. Esa noche la recogí temprano en su casa, me confesó entre sollozos que la despedida había sido triste pero era necesaria. Llegamos al departamento y después de una ducha juntos caímos rendidos en la cama. Esa noche fue la primera noche que dormí con Bella y la bebé en casa. Oficialmente mi frío departamento se había convertido en mi hogar.

La visita al baño de Bella se convirtió en mi despertador de todas las mañanas. Corría a ayudarla en cuanto la escuchaba, en varias ocasiones la vi botar un par de lágrimas.

– Shhh pequeña, ya pronto se irán – la consolaba meciéndola en mis brazos. Hoy se cumplía una semana de tenerlas en casa así que decidí que cenaríamos fuera. Fuimos a cenar al Riviera, un exclusivo restaurant de comida italiana en Chicago. Ella escogió mariscos a la magiordomo, un plato a base de limón, supuse que había escogido eso esperando que lo ácido le quitara las nauseas, mientras que yo me fui por las pastas. Llevábamos la mitad de la cena cuando sentí a alguien tocar mi hombro.

– Edward Cullen ¡Que sorpresa verte aquí!

– Victoria – dije entre dientes. ¡Qué pésima suerte la mía!

– Es un placer volverte a verte después de tanto tiempo. ¿Qué sucedió que nunca más me llamaste? ¿Has estado un tanto ocupado? – preguntó dando una mirada envenenada a mi pequeña.

– Se podría decir que a tiempo completo – contraataqué – Te presento a mi novia Isabella Swan – me aseguré de remarcar la palabra novia.

– ¿Novia? – espetó.

– Si, su novia y la feliz mamá del bebé que esperamos con Edward – dijo Bella poniéndose de pie y estirando su mano para saludar – mucho gusto Srta…

– Sutherland, Victoria Sutherland. Edward – me miró – Entiendo entonces que con esto estas fuera del mercado, o ¿La Srta. Swan está dispuesta a compartirte?

– No creo que Edward quiera buscar algo fuera de casa – acarició una de mis mejillas – Estaría demasiado cansado para desempeñarse de manera correcta. ¿Verdad cielo? – Mi quijada llegó hasta el piso ¡Rayos! ¿De dónde salió esta Isabella Swan? Alguien estaba sacando sus garras para defender lo suyo. Le sonreí y besé el dorso de su mano. Escuché a Victoria bufar mientras se alejaba.

– Mami y princesa 1 – Zorra pelirroja 0 – me sonrió.

– Te amo hermosa – susurré antes de besarla – Lo siento, no quise hacerte pasar un mal rato amor.

– Sabía que este tipo de cosas pasarían en algún momento. Estaba algo preparada cuando esto ocurriese – bajó la mirada.

– ¿Ya terminaste de comer? – Ella asintió despacito – Vamos a casa…

Conduje lo más rápido que pude a casa. Al llegar la tomé en brazos y la llevé a la cama, la besé con pasión mientras ella enterraba sus dedos en mi cabello.

– Pequeña te quiero hacer el amor. Demostrarte lo mucho que te amo, sé que es poco en relación con las cosas que te hago pasar pero créeme que te amo demasiado Bella. Ustedes son mi vida entera.

– Hazme el amor Edward – susurró seductora a mi oído. Esa noche la amé despacio y con ternura, haciéndola gemir mi nombre mientras llegábamos junto a la cima. No demoró en quedarse dormida, mientras acariciaba su cabello recordé las palabras de Bella en el restaurant

"Si, su novia y la feliz mamá del bebé que esperamos"

Bella era feliz al igual que yo, pero sin duda ese estatus de novia ya le había quedado corto, ella debía ser mi esposa. Mi pequeña lo prometió esa mañana en el baño…

"Algún día seré tu esposa"

Había llegado el momento de hacerla cumplir esa promesa. Al día siguiente mientras Bella tomaba una ducha, tomé de su joyero un anillo y lo guardé en uno de mis bolsillos. Después de desayunar juntos, la dejé un rato en casa de su padre. Me aseguré que Billy la llevará a la oficina posteriormente mientras yo iba camino al centro. Después de 20 minutos de trayecto, estacione el auto fuera del local que estaba buscando.

– Bienvenido a Royal's Jewlery ¿Hay algo en que pueda ayudarlo? – me preguntó una joven de cabellos rubios y muy bien vestida.

– Sí, estoy buscando un anillo de compromiso.

– Perfecto ¿Tiene algo en mente?

– Debe ser especial, de preferencia delicado. Es para una mano algo pequeña – Sonreí al recordar como la mano de Bella siempre cabía perfecta en la mía.

– ¿Tiene alguna muestra?

– Si, si – le extendí el pequeño anillo que guardé en mi bolsillo.

– Es realmente pequeño, pero creo que tengo algo perfecto para lo que usted busca. Acompáñeme por favor – Me condujo tras un mostrador de dónde sacó varias cajitas. Me mostró algunos modelos, unos eran modernos y otros del tipo vintage. De oro blanco, y de plata, había una variedad para escoger pero ninguno era el adecuado, se veían tan fríos y no proyectaban la alegría que Bella irradiaba en mi vida.

– ¿Estos son todos? – pregunté decepcionado.

– Hay uno que nos llegó hace un par de días pero a nadie le gusta por ser algo sencillo. No tiene incrustaciones de piedras en la banda ni…

– ¿Puede mostrármelo? – la interrumpí. Ella asintió y sacó del último nivel una cajita de terciopelo negro. En su interior estaba el más hermoso anillo que había visto. Era de oro blanco, se veía muy delicado. Una banda extremadamente fina era coronada con un hermoso diamante engarzado, tenía forma hexagonal y cada una de sus seis puntas brillaba de una manera graciosa si lo movía. Me recordó a la mirada de Bella, radiante y pura. Sonreí y se lo devolví a la vendedora.

– Empáquelo. Encontré el anillo perfecto – Después de pagar una suma de dinero bastante considerable por el anillo, regresé a la oficina. Los papeles de la demanda de Crowdley habían llegado y estuve de cabeza metido todo el día en ello. Como me había prometido Bella, sus horas de trabajo se habían reducido drásticamente, ahora solo trabajaba hasta las 3 y regresaba a casa. No le agradaba la idea de quedarse sola hasta que yo llegara pero dijo que cualquier sacrificio era bueno para la bebé.

Esa noche al entrar a casa un olor exquisito llego a mí. Sin hacerle notar que había llegado me dirigí hasta la cocina donde la encontré descalza usando una de mis camisas viejas y un delantal gracioso que habíamos comprado la semana anterior. Movía constantemente una olla mientras bailaba divertida. Reconocí la voz en los parlantes del ipod, su nuevo placer musical: Bruno Mars.

Con cautela me acerqué por detrás y sequé una gota de sudor que se había escapado. Ella me sonrió y apoyó su cabeza en mi pecho mientras yo acariciaba su vientre. Al escuchar la siguiente canción del reproductor sonreí y me acerqué a su oído para susurrarle…

Oh, her eyes, her eyes, make the stars look like they're not shining

Her hair, her hair, falls perfectly without her trying

She's so beautiful, and I tell her every day

Yeah, I know, I know, when I compliment her she won't believe me

And it's so, it's so, sad to think that she don't see what I see

But every time she asks me do I look ok, I say

When I see your face, there's not a thing that I would change

Cause you're amazing, just the way you are

And when you smile, the whole world stops and stares for a while

Because girl you're amazing, just the way you are

Her lips, her lips, I could kiss them all day if she let me

Her laugh, her laugh, she hates but I think it's so sexy

She's so beautiful, and I tell her every day

Oh, you know, you know, you know, I'd never ask you to change

If perfect's what you're searching for then just stay the same

So, don't even bother asking if you look ok

You know I'll say

Tomándola por las caderas la volteé, sus hermosos ojos brillaban y me sonreía feliz. Acarició mis mejillas mientras yo posaba nuevamente una mano sobre su pancita y le seguía cantando.

When I see your face, there's not a thing that I would change

Cause you're amazing, just the way you are

And when you smile, the whole world stops and stares for a while

Because girl you're amazing, just the way you are

The way you are, the way you are

Girl you're amazing, just the way you are

Finalicé con un beso mientras ella abrazaba mis caderas con sus piernas. La llevé a la encimera de la cocina y la senté allí mientras mis manos acariciaban sus senos. Menos mal el dolor había desaparecido en esa parte no así su hinchazón, se veían hermosos.

– La cena – gimió sobre mis labios – La princesa me ayudó a preparar la cena para papá.

– Luego amor, ahora tengo apetito de algo más – respondí. Casi rompo el nuevo delantal por la prisa que tenía. Ella me ayudó a desvestirme rápidamente, besé con adoración mi consentida pequita antes de pasar a sus pechos.

– Hermosos…– dije antes de succionar uno de sus pezones. Se sentía tan bien después de varios días de no hacerlo. Sus gemidos se hacían cada vez más sonoros, el hecho que estuviera embarazada hacía a mi pequeña ultra sensible a cualquier caricia. Con solo pasar un dedo por su sexo supe lo mojada que estaba.

– Vamos a la habitación – le dije tomándola por la cintura.

– No… – me detuvo – Tómame aquí. Te necesito Edward, ahora. – me respondió y no pude hacer otra cosa que cumplir su voluntad: tomarla sobre la encimera de la cocina. Con cada embestida le susurraba lo hermosa que se veía vistiendo mi ropa, oliendo a mi colonia, usando mi delantal, cocinando en mi estufa, viviendo conmigo, llevando con amor a mi hija. Sucumbimos ante nuestros orgasmos unos minutos después. Despacio salí de ella y la ayudé a incorporarse.

– ¿Cenamos? – dijo acariciando mis mejillas

– Estoy hambriento – le sonreí. Después de comer y lavar la vajilla recogimos todo y fuimos a la habitación. Me acosté muy cerca de ella, alcé su camisa para trazar círculos sobre su pancita.

– Espero que no te moleste pero tomé estos libros que tenías sobre la mesita y los estuve leyendo esta tarde – dijo apenada mientras pasaba delicadamente sus dedos entre mis cabellos.

– Amor, había olvidado completamente contarte que los había comprado. Son para los dos, ambos somos novatos en esto – dije antes de besar sus caderas.

– Hay unas cosas muy interesantes, incluso sugieren los colores para las habitaciones de los bebés.

– Hablando de eso. Pronto tendremos que empezar a decorar la habitación de la bebé. Cuando estuve en "Baby R Us" vi unas cosas hermosas para nuestra hija.

– No sé qué haremos si es niño Edward – me dijo divertida.

– Pues lo regalamos e intentamos hasta que salga una princesa.

– ¡Edward! – me regañó.

– Era broma pequeña, lo vamos a amar mucho si es un niño. Pero yo sé que es niña, así que no hay de qué preocuparse – le sonreí – Tendremos que contratar alguien que nos ayude con la pintura de la habitación, es demasiado tóxico para que ustedes me ayuden.

– ¿Que habitación usaremos?

– Pensaba usar la que está aquí junto a esta habitación.

– Pero Edward, esa es tu bodega. Además allí está ahora tu ropa. Creo que no debí traer todo mi ropero – su voz se escuchó triste.

– Shhhh, mi ropa puede ir en otro lado pequeña. No te atormentes por eso ahora, de todas formas aun nos faltan algunos meses para decidir lo de la habitación de la bebé.

– ¿Has pensado en algún nombre? – preguntó.

– Si, de hecho hay uno que me gustaría para la pequeñita aquí adentro.

– ¿Ah sí? ¿Cuál es ese nombre?

– Elizabeth. Elizabeth Cullen…

– Es un lindo nombre amor. Pero ¿Por qué Elizabeth?

– Elizabeth es el nombre de una reina mi pequeña. Además, es la traducción inglesa de Isabel, el derivado de Isabella en italiano. Si la llamamos Elizabeth tu nombre y el nuestra bebé estarían conectados de alguna forma.

– Wow… ¿Cómo supiste todo eso Edward? – dijo asombrada.

– Investigación por internet mi amor. Tenía que distraerme de alguna forma las noches que no estabas aquí.

– Me gusta mucho ese nombre. Elizabeth Cullen Swan…– respondió Bella.

– Suena perfecto para mí – me acerqué a su pancita y susurré – ¿Ves princesa? Yo te dije que a mami le iba a gustar el nombre. Mi pequeña Elizabeth, papi te ama tanto... – finalicé con un beso cerca del ombligo de Bella.

– Me haces cosquillas Edward – rió con fuerza. Reí con ella mientras la acomodaba en mis brazos para dormir. Nos quedamos muy tranquilitos en la posición de cucharita, con mis manos descansando sobre mi lugar favorito ahora: El vientre de Bella, la primera cuna de Elizabeth. Debido a su condición mi pequeña ahora dormía con más facilidad así que fue cuestión de minutos en que ella cayera rendida en los brazos de Morfeo.

Me quede pensando un rato en la conversación que habíamos tenido con Bella. Era cierto, la habitación que había escogido para adecuar el cuarto de la bebé no era la adecuada, no solo por estar ocupada sino además porque no tenía la suficiente ventilación ni luz natural. Pero era lo único que había, no podíamos poner a la bebé en el cuarto de lavado entre la lavadora y secadora, y tampoco podíamos ubicarla en nuestra habitación, ella necesitaba su propio espacio.

Siempre me gustó mi departamento, lo encontraba bastante amplio, aunque al parecer ya no era suficiente. Estaba diseñado para que en él viva un hombre soltero, pero ahora ya no estaba solo, ya éramos tres. Extrañaría mucho el lugar, sin embargo era momento de buscar una casa para ellas, se lo merecían.

Al día siguiente a la hora del almuerzo le dije a Bella que iría a la corte, una mentirita piadosa ya que en realidad iba al banco. Iba a solicitar un préstamo para comprar una casa para Bella y la bebé.

– Buenas tardes Sr. Cullen. Mi nombre es Kathy Barker y soy su oficial de crédito – me saludó la atenta joven detrás del escritorio.

– Buenas tardes Srta. Barker. Estoy solicitando un préstamo para la compra de una casa y espero me pueda ayudar – le sonreí.

– Si, si Sr. Cullen – de repente la pobre chica se puso nerviosa. ¿Qué le sucedió? ¡Ah! ¡La sonrisa! Pensé enseguida. Ufff al parecer Cullen conserva el encanto de seductor.

– Estoy buscando una casa, preferiblemente en las afueras de Chicago, en un área tranquila y alejada del ruido.

– Dentro del mercado de bienes raíces del banco hay muchas opciones Sr. Cullen ¿Prefiere usted que el banco le recomiende algunas casas o desea buscar por su cuenta?

– Prefiero hacerlo solo, así la puedo escoger a mi gusto y decorarla acorde a lo que estoy buscando.

– Excelente. Pero ¿Por qué una casa Sr. Cullen? – Dijo fijándose en mis manos – ¿Por qué mejor un departamento de soltero? – Ok…Mensaje captado, la chica estaba buscando un anillo de matrimonio en mis dedos.

– No, ahora vivo en uno y a mi prometida y a mi ya nos queda algo pequeño. Estamos esperando una nena y necesitamos más espacio.

– ¡Oh! Comprendo – susurró desairada – Vamos a procesar y analizar toda la documentación que nos trajo y estaremos dándole una respuesta en la segunda semana de septiembre – ¡Perfecto! En la segunda semana de ese mes era el cumpleaños de Bella, y que mejor regalo que darle la noticia que tendríamos una casa para los 3.

Salí del banco sonriente para pasar posteriormente a La Bella Italia, el lugar escogido para proponerle matrimonio a mi pequeña. Había sido el restaurant donde tuvimos nuestra primera cita hace apenas unos 4 meses atrás. Me aseguré de reservar el privado del lugar para mañana por la noche, estaba tan emocionado en pedirle a Bella que se convierta en mi esposa que quería que las horas vuelen.

Regresé a la oficina y me enfrasque en papeles. Volé a casa cuando dieron las 7, necesitaba ver a mis pequeñas. Al llegar el olor de la cena inundaba el lugar pero Bella no estaba en la cocina. Caminé un poco más y encendí las luces de la sala, donde la encontré dormida en posición fetal en el sofá.

– Pequeña, te has quedado dormida otra vez – dije acercándome a ella y acariciando sus rizos.

– La cena. Preparé la cena – balbuceó aún dormida.

– Lo sé amor, pero necesitan dormir. Vamos a la habitación – La tomé en brazos y la llevé a la cama.

– Te amo Edward – dijo acomodándose en la cama.

– Y yo las amo a las dos. Duerme pequeña... Mañana será un día muy especial para los tres – Después de dejarla dormida en la cama fui hasta la cocina y me serví la cena. Uno de los talentos escondidos de Bella sin duda era la cocina, había preparado unos filetes espectaculares acompañados de puré de patatas. Lavé los platos y guardé el resto en el refrigerador. Estaba cansado y necesitaba sueño, mañana por fin seria el gran día.

– Bello durmiente, es algo tarde. Es hora de levantarse – Escuché la voz de mi pequeña a lo lejos. Abrí despacito los ojos y vi a mi Afrodita completamente desnuda a horcajadas sobre mí. Recién había salido del baño ya que tenía el cuerpo completamente mojado y su cabello envuelto en una toalla.

– Bella. No es justo que me despiertes así – gruñí. Ella se acerco a mi oído y susurró.

– ¿Y por qué no? – sus pezones erectos rozaron mi pecho provocándome al instante una dolorosa erección.

– Porque ya es tarde y no podre hacerte el amor como el cuerpo de mi diosa lo pide a gritos – se levantó y pasando sus pechos muy cerca de mi boca susurró en mi otro oído.

– Debe saber el Sr. Cullen que a una mujer embarazada jamás se le prohíbe un antojo.

– ¿Y qué se le antoja a mi pequeña ahora? – Quise seguirle el juego.

– A ti, quiero sentirte, dentro de mí. Quiero que me hagas tuya Edward – finalizó mordiendo el lóbulo de mi oreja.

– Pequeña seductora – la tomé por la cintura y solté la toalla de su cabello. Ella se rió divertida mientras se acomodaba entre las almohadas. La admiré por un momento sin dar crédito a lo que mis ojos veían, mi niña, mi Afrodita esta noche sería mi prometida y en poco tiempo más mi esposa y madre de nuestra bebé.

Me embriagué de inmediato con el exquisito olor de su piel, con su característico aroma de fresias y chocolate. Mis manos viajaban traviesas por toda su anatomía repartiendo besos y caricias. Cuando me aseguré que ella estaba lista para recibirme, me deslicé despacito en su interior sin despegar mi mirada de aquellos pozos chocolates que eran la luz de mi vida. Haciendo el amor con Bella me olvidaba de todo lo que fui antes de conocerla: un maldito manipulador de gente, un monstruo que quiso destruir a la única mujer que ha amado en su vida y que ahora albergaba en su vientre a su hija. Esa mañana le repetí una y otra vez que la amaba con locura, que ella y Elizabeth eran mi razón de vivir.

– Te... amo... Edward – dijo entre jadeos. Y se dejo llevar por el orgasmo que la azotó e hizo estremecer su cuerpo con fuerza.

– Te amo...mi Bella – dije mientras era azotado por mi propio orgasmo. Después de unos cuantos besos y caricias fuimos al baño a tomar una ducha. Desayunamos algo rápido y partimos a la oficina. Cerca del medio día fui a su oficina.

– Hermosa – llamé su atención mientras entraba a su oficina – He venido a hacerte una propuesta.

– ¿En tu baño o en el mío? – sonrió mientras se ponía de pie. Vaya, la bebé tenía a mi pequeña con sus hormonas alteradas. ¿Es que acaso Bella solo pensaba en sexo?

– En ninguno pequeña. Esta noche necesito que no hagas la cena en casa. Vamos a cenar fuera...– acaricié sus mejillas que al instante se sonrojaron.

– ¿En serio?

– Si, y necesito que te veas radiante. Sera una noche muy especial.

– ¡Hecho! ¡Radiante y hermosa! ¿Me puedes decir dónde vamos o es una sorpresa?

– Es una sorpresa pequeña curiosa. Ahora, vamos a comer – Salimos del edificio y fuimos a un lugar de comida vegetariana que Bella había empezado a amar. En lo personal no era del tipo vegetariano, pero todo lo hacía por complacerla. Regresamos a la oficina y después de las 3 la vi irse. Cuando dieron las 5 pasé por la florería y conseguí sus fresias, las ultimas que quedaban.

Confieso que extrañe el olor de la cena recién hecha en cuanto llegué a casa pero esta noche no sería como todas las noches. Fui a la habitación y la encontré poniéndose unos pendientes, estaba de espaldas mirando el espejo. Fruncí el ceño al verla en tacones altos pero esta vez no diría nada, era nuestra noche.

– Hola "mama" – dije con sus flores en la mano. Despacito se volteó y su belleza me noqueó de inmediato. Mi pequeña estaba enfundada en un abrigo trench coat beige oscuro con filas de botones y ajustado en la cintura con un lazo hecho con la tirilla del mismo. El fuerte temporal de la fría noche lluviosa, rara en esta época en Chicago hizo preparar a mi ángel con un atuendo adecuado, probablemente cuidando de no enfermarse y proteger así a la bebe. De seguro mi Afrodita llevaba un vestido corto debajo de aquel abrigo, porque sus piernas largas y torneadas eran imposibles de ocultar aún con ese abrigo.

– Hola "papa" – sonrió mientras me dejaba un tierno beso en los labios y tomaba sus flores – Estoy casi lista.

– Pues dame 20 minutos que yo también lo estaré – Entre al baño rápidamente para darme una ducha. Salí corriendo con una toalla envuelta a la cintura a la habitación de mi ropa. Escogí un traje que Ali me había hecho comprar hace un tiempo atrás, era un sencillo traje negro Hugo Boss de corte recto, camisa blanca y corbata fina negra también.

Sin que mi pequeña lo notara guardé la pequeña cajita en el bolsillo de mi pantalón. Después de intentar sin éxito acomodar mi cabello salí de la habitación donde Bella me esperaba lista sobre el banquito del piano.

– ¿Vamos amor? – le ofrecí mi mano.

– Muero por saber cuál es la sorpresa – me miro mientras caminábamos por la sala. Alcancé a ver qué Bella había acomodado sus fresias sobre la mesita de las fotos, entre la suya y la ecografía de la bebé.

– Pronto la sabrás – le sonreí. Ella tomó su bolsa que estaba sobre el sofá y nos dirigimos a la puerta. En cuanto la abrí la puerta del departamento mi sonrisa se borró de inmediato. Tanya estaba allí de pie...

– Vaya, vaya, vaya... Al parecer alguien me mintió – sonrió mientras entraba a mi departamento.

– ¿Qué haces aquí? – espeté con furia.

– ¿Quién es ella Edward? – Preguntó Bella aferrándose a mi brazo – la risa socarrona de Tanya inundó el lugar.

– ¿Qué quien soy yo? Bueno yo si sé perfectamente quien eres tú. Eres Isabella Swan, dueña del imperio editorial más grande de este país.

– Edward ¿Qué está pasando? ¿Quién es ella? – me preguntó asustada Bella. ¡Dios, mi peor pesadilla se estaba llevando a cabo aquí en mi departamento, la misma noche en que le pediría a Bella ser mi esposa! ¡Esto no podía ser real!

– Que descortés de tu parte Edward, no presentarme a tu novia – ella caminó hasta nuestra posición y frente a nosotros y de manera altiva habló – Mi nombre es Tanya Denali mi querida Isabella.

– ¿Qué...qué está haciendo usted aquí? ¿Ustedes… se conocen? – me preguntó con voz débil.

– ¿Qué estoy haciendo aquí? Muy fácil, vine a ponerte en aviso sobre la clase de hombre que tienes junto a ti. ¿Qué si lo conozco? ¡Claro que sí! Fuimos amantes por más de un año en Cambrigde.

– ¡Tanya, ya basta! Lárgate de mi casa antes de que llame a la policía.

– Uuuuh, miedo – hizo una mueca – Me mentiste Edward, me mentiste…y eso lo pagas caro.

– ¿De qué...de qué habla Edward? No entiendo – Tanya se adentró en la sala del departamento deteniéndose en la mesita de las fotos.

– ¡Vaya, esto sí es una sorpresa! – Dijo tomando la foto de la bebé – ¿Isabella está embarazada acaso? – Bella enseguida llevó sus manos a su vientre a causa de la impresión – Debo admitir que eres más astuto de lo que pensaba Edward Cullen. Embarazar a Isabella para asegurar con un bastardo tu parte en la fortuna de los Swan. Creo que ni a mí se me hubiese ocurrido tal atrocidad. ¡Eres un genio! Pero mira que cosa más tierna – Pasó sus dedos por la ecografía – ya le tienen nombre al mocoso. Baby Elizabeth… ¡oooh!

– Suelta la foto de mi hija y lárgate – le grité.

– Pues fíjate que de aquí no me muevo hasta que ella sepa la verdad - Tanya dejó la fotografía sobre la mesa y me dio una mirada envenenada.

– ¿De qué verdad habla? ¡Por Dios Edward explícame que sucede aquí! – Quise abrazar a Bella y cubrir sus oídos, protegerla de la ponzoña que Tanya estaba lanzando indiscriminadamente. Pero era muy tarde...

– De la verdad sobre Edward Cullen, el padre del bastardo que estas esperando.

– Bella mi amor por favor no la escuches – dije tomando su mano. Como si hubiese tocado una superficie caliente de inmediato Bella retiró su mano de la mía.

– Edward, mi querida Isabella, no te ha dicho la verdad. ¿Sabes tú la verdadera razón por la cual él tomó el caso de defensa en la demanda que puse sobre tu compañía? – Bella negó con la cabeza – ¿No lo sabes? Qué tristeza ser yo quien te la diga – llevó sus manos al pecho haciendo un gesto teatral.

– Ya basta Tanya, ya tienes lo que pediste. Déjanos en paz, lárgate de aquí. Acuérdate del papel que firmaste.

– Claro que lo tengo presente Edward, y te recuerdo también que no lo estoy violentando. El papel decía muy claro que no podía acercarme ni a su oficina ni a su casa y este lugar no es ninguno de los dos.

– ¿De qué acuerdo hablan? ¡Por Dios necesito que me expliquen que pasa! – dijo en voz alta Bella.

– Bueno, no pretendo quedarme mucho tiempo, así que vamos a hacer las cosas lo menos difícil posible. Isabella – se acercó un poco a ella – Edward Cullen ha estado planeando vengarse de ti y tu familia por años. El cree firmemente que tu abuelo robó la fortuna de su abuelo y desde la muerte del viejo Cullen ha estado tramando una venganza contra ti. ¿Cómo es posible que Isabella no supiera esto Edward?

– Cállate Tanya… solo…lárgate – susurré derrotado.

– El planeó todo Isabella, después que su amigo Emmett le ofreciera trabajo en el bufete de su familia, bufete que llevaba los casos de tu compañía, Edward fue hasta Cambrigde. Luego de una muy buena sesión de sexo de las que estoy segura tu también has disfrutado – dijo viendo el vientre de Bella – Edward prácticamente me rogó que fuese yo quien pusiera la demanda de derechos de autor contra tu compañía. Pediríamos 5 millones de dólares, uno sería para mí y los otros cuatro irían de regreso a su familia, sin mencionar la humillación a la que te sometería todo este tiempo, enamorándote y hundiéndote cada día en la miseria.

– Edward… Es– balbuceó Bella – ¿Es todo esto…cierto? ¡Dime que esta mujer está mintiendo!

– No estoy mintiendo Isabella, cada una de mis palabras son ciertas. Mientras Edward se revolcaba en mi cama, planeaba conmigo la manera de humillarte. Te haría pedir perdón por todo lo que los Swan le hicieron a su abuelo. ¿No es eso patético? - dijo entre risas.

– Pequeña... Yo – me acerqué con cuidado a Bella quien mantenía las manos en su vientre.

– Suéltame Edward… no…te acerques – me dijo sollozante.

– Mi amor…por favor, escúchame… Las cosas no son así, solo escúchame – le rogué mientras veía sus ojos cafés llenarse de lagrimas. ¡Maldita sea! ¡Bella le estaba creyendo a Tanya! ¡Todas y cada una de sus palabras se las estaba creyendo! Si tan solo mi pequeña me escuchase...

– ¿Para qué habrías de escucharlo Isabella? ¿Para escuchar más mentiras de Edward? Lo único que ha hecho toda su vida es mentir. ¿Te dijo que te amaba? Pues era mentira. Mentira como cuando te dijo que ese millón de dólares era para negociar conmigo, era una farsa porque eso fue lo que le pedí para quedarme callada, lástima que no cumplió la última condición que era alejarse de ti. Cuando llamé esa noche fuiste tú la que me contestaste y me dijiste que era su novia, allí supe que había mentido de nuevo. Toda su vida es una patética mentira…

– Tanya ya basta, Bella está embarazada… no puede seguir escuchando esto.

– Eso debiste pensarlo antes, antes de embarazarla de aquel bastardo producto de una mentira. Debiste pensarlo antes de siquiera involucrarte con ella, de planear por tantos años humillarla – hizo una pausa mientras reía - ¡Bravo! ¡Bravísimo!- aplaudió con fuerza haciendo una ligera reverencia - Al final, conseguiste lo que querías Cullen. Solo mírala; humillada y destrozada por la verdad. Ella te amaba Edward ¿Por qué le hiciste esto?

– Ya no más – dijo Bella con voz rota y su rostro enterrado en sus manos – ya no más por favor…

– Mi pequeña – quise acercarme pero ella negó con su cabeza y puso sus manos en frente.

– ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Era ésta tu sorpresa? – Me acerqué un poco más a ella con algo de temor – ¡No! ¡No me toques Edward!… si es que ese es tu nombre…– gritó Bella entre desgarradores sollozos mientras retrocedía unos cuantos pasos y golpeaba su espalda contra una de las paredes de la sala.

– Mi amor… por favor solo escúchame… lo siento… lo siento mucho – le dije mientras un par de lágrimas se escapaban de mis ojos y sentía mis rodillas flaquear.

Mi amor… lo siento mucho… ¡Qué deprimente te escuchas Edward! – no pude contener más la ira que tenía oprimida en el pecho y me acerque con violencia a Tanya tomándola por el brazo – Basta Tanya… ya basta, les estás haciendo daño.

– ¿Mas daño que el que tú me hiciste Edward? Ella y tu bastardo solo están pagando lo que tú me hiciste.

– Lárgate Tanya solo…– me volteé a ver a Bella pero ella no estaba – ¿Bella? ¿Bella? – grité soltando a Tanya y mirando por todos lados.

– Ella se fue Edward, ¿Qué esperabas? ¿Qué se quede aquí aplaudiendo agradecida? No podías protegerla por siempre – Salí como un loco por la puerta gritando en el corredor su nombre.

– Bella mi amor ¿Dónde estás? – Presioné desesperado el botón del ascensor. Mientras bajaba los 18 pisos del edificio agarraba con violencia mi cabello, volviéndome loco por llegar al lobby y detenerla. Ella debía escucharme, las cosas no eran como la maldita de Tanya lo había dicho. Al llegar por fin al lobby, corrí hasta la puerta pero Bella no estaba allí. Un torrencial aguacero caía esa noche en Chicago, el cielo lloraba como amenazaba llorar mi corazón. Busqué alterado al portero pero no lo vi por ningún lado. Salí a la calle en busca de alguna pista, algún rastro que me diga donde se metió mi Bella. Completamente empapado entré al edificio al ver al portero.

– Sr. Smith… Isabella, mi novia. ¿Por dónde se fue? – le grité.

– No lo sé Sr. Cullen, yo acabo de llegar. No la vi pasar…

– ¿Cómo….cómo es posible que nadie la viera? – Grité mientras golpeaba una mesita que estaba cerca – ¡Mierda! Su trabajo es ver quien entra y sale de este maldito edificio.

– Lo siento Sr. Cullen… Yo solo me moví un segundo al baño, pudo pasar en ese momento en que no estuve – Caminé derrotado de regreso al elevador para ir en busca de mi teléfono. Al abrirse el elevador vi a Tanya en el pasillo

- Bueno, una vez que nos deshicimos de la molestosa de Swan ahora si ¿Podemos volver a la normalidad? En verdad me hace falta un poco de sexo y…

- Cállate Tanya… ¡Ya cállate! ¡Ya destruiste mi vida! ¿Qué más quieres de mí? ¿Qué más? – grité con fuerza.

- A ti... Siempre a ti. Pero sé que no es el momento. Por ahora me voy satisfecha porque he cumplido mi misión aquí. Que tengas una buena noche – La vi entrar al elevador mientras yo iba de regreso al departamento. Tomé mi celular y marqué el número de Bella. El sonido de Unchained Melody llenó la fría estancia. Vi con desolación como Bella había dejado su celular en la bolsa cerca de la puerta. Apoyé mi espalda sobre una de las paredes y me dejé rodar hasta el piso. Estirando la mano, tomé su bolsa para sacar su celular, al hacerlo vi mi foto titilar en la pantalla bajo el titulo "Amor te está llamando"

Cerré la llamada y guardé su teléfono en la bolsa. Me arrastré por el piso y tomé la foto de Bella y la bebé.

- ¿Donde están? – Grité agarrando mi cabello con fuerza - ¿Dónde están? - Volví a gritar desesperado. Un pitido ensordecedor resonaba en mis oídos, me sentía mareado, y sin fuerzas. Recosté mi cuerpo en el piso pero algo me impidió hacerlo por completo: La cajita de terciopelo negro que estaba en mi pantalón. La saqué y admiré el pequeño anillo que se suponía a esta hora Bella estaría luciendo con orgullo en su dedo, un memorial de la promesa de unir nuestras vidas para siempre.

Apoyé mi cabeza en el frio suelo mientras sostenía el anillo con fuerza. Sentí en ese momento que mi corazón se rasgó en mil pedazos. Que la respiración me faltó, que el alma se me escapó en un último suspiro…

No logré resistir un segundo más y rompí en llanto, en el más triste, doloroso y desgarrador llanto de toda mi existencia.

Bella se había ido…

Mi bebé se había ido…

Mi vida… se había ido con ellas…


Llegamos al capítulo de la verdad, ¡Y de qué forma! Me tomó un par de respiros y varias lagrimillas escribir esa última parte ya que sentí el dolor de Edward, pero es un tontito porque todas le advertimos jejeje. A las nuevas lectoras bienvenidas, y a las antiguas gracias por su fidelidad y apoyo de todos los miércoles. Son la razón por la cual Twisted sigue publicándose cada semana…

Debo decir que estoy completamente asombrada por la respuesta del capítulo anterior, es impresionante la cantidad de alertas que me llegaron esta semana, y de los reviews ni se diga. Mi eterno agradecimiento a: NinnaCullen, yukarito, Belewyn, Tata XOXO, Partisan11, Vasy Palma Mallorca, Mgcb, Beakis, Tatis18, CristellaWolfe, Sianita, Diana, V, Clauditha, Liyus-C, Ericastelo, green'splace, Jimena, L'Amelie, Blapagu, Bellaliz, Cherrie, Carigt05, Caro . Bere . Cullen, Yzza, Patri, Naobi Chan, Fran Cullen Masen, VictoriamarieHale, Sayuri1980, Laura Katherine, dA-tOnKs, yolabertay, Joli Cullen, Zujeyane, Larosaderosas, ABYS, Karla-Cullen-Hale, Indacea, Gegargas, Adriu, DianElizz, Jebell Cullen-Swan, Martinita, Magymc, Felicytas, Sol, Olivia, Chuvy1487, Mary, Bethzabe y MayEscudero que siempre me dejan saber que hay en sus cabecitas, espero que Edward les haya removido el corazoncito al final del capítulo.

De mis amigas que puedo decir: Isita, mi Dj favorita por fin regresó a casa. Gracias por tomarte el tiempo para ayudarme estas semanas, pensé que esta semana no llegaríamos a tiempo. Vivi, mi vestuarista, adoré los zapatitos de la bebe y el resto de la ropa excelente como siempre, el buen gusto de mis personajes se los debemos a AliCepeda. Gaby, y sus consejos prácticos para volver a Tontubella una poderosa arma de destrucción jejeje gracias por toda tu ayuda, aun no me creo que Bethzabe me este leyendo. Esther, millón gracias por tu ayuda del sábado con el asunto del ajedrez. Tener como modelo una gran escritora y amiga es un aliciente para sacar la historia adelante. Y Ninna, mi constante apoyo en las estructuras. Tus alocadas ideas hacen de Twisted una historia grandiosa de escribir, gracias por escucharme en mis crisis.

Como les prometí, todas las que dejaron su review obtuvieron su preview así que las que faltan anímense en comentarme que les pareció este capítulo. Las chicas que no tienen cuenta en FF pueden pasarme sus correos electrónicos para el envío de adelantos. Las grandiosas fotos incluida la ecografia de la bebe como siempre estan en mi perfil!

¿A dónde fue Bella? Lo sabremos la siguiente semana. Hasta mientras muchos besitos y nos vemos el miércoles.

No se olviden: Review recibe Preview!