-Inserte regaños, mensajes de muerte, anyways :c-
Atención: Lenguaje quizá no apropiado para menores de 16 años(?)
-menos tú, pervertido menor de edad. Tú sí que puedes, has leído demasiado de esto.- (Mentira, no es fuerte, lo normal)


Ok, digamos que no fue del todo bueno el haber recibido ese tipo de mensajes durante el día, pero el tiempo ya había pasado, resumiendo, todo cambió de alguna manera; después de algunas cobardías cometidas hace unos años, Sasuke logró arreglar todo el malentendido, se descubrió que él e Ishida* eran familia, desde ese momento no fue tanto impacto para algunos, que eran los más cercanos, el azabache se mudó con "esa parte" de la familia —ellos dos solos en un pequeño departamento, que fácil Sasuke podía pagar—, sabiéndose que eran él e Itachi, adoptados después de la trágica muerte de su madre, y nunca se supiera de ellos después de la huida de Sasuke y la educación de Itachi en los Estados Unidos. La comunicación con su hermano de sangre, mejoró, se apoyaron económicamente, pero se dijo en claro que Itachi no lograría regresar a Japón, él tenía una vida hecha allá. Naruto ofreció un buen lugar en Komakurene, para que sacara adelante su economía, pero al final —y como siempre—, él tenía un "orgullo" y la verdad no quería ni tenía intenciones de trabajar en dicho lugar, lo consiguió en una famosa empresa —que estaba además vinculada con el centro comercial—, a unos pocos metros, y eso le daba la oportunidad de visitarlos de vez en cuando y salir con ellos cuando hubiera una oportunidad, fácilmente. En cuanto a Ino, durante algunos meses salieron a escondidas gracias al padre de la chica y el "espacio" de él, pero al final, él mismo fue quien decidió hablar con el señor Yamanaka e iniciar algo serio con la rubia. En verdad la quería.

En cuanto a Naruto, todo mejoró como no había idea, había hablado con Sakura, ayudó a convencer al padre de Ino a favor de Sasuke y tomó el control perfecto del centro comercial, todo era tan fluido, tranquilo, sabía cómo tomar decisiones, cómo llevar a cabo sus problemas y lo mejor de todo, había vuelto a ser el chico alegre, hiperactivo, tonto de hace algunos años, pero ahora con un poco más de seriedad. Y eso estaba bien, mantenía su futuro asegurado gracias al dinero guardado —para diez generaciones, de tanto que era—, que significaba todo el tiempo de trabajo y sacrificios, además mejoró el balanceo del dinero y el sueldo de quienes trabajaban para él, aumentó considerablemente el mismo, así que mientras pagaba, él ganaba por igual, no era ambicioso en temas económicos, todo era balanceado, era perfecto.

Con los chicos era algo más neutro, después de que Neji y TenTen hubieran terminado su relación y vuelto unas cuantas veces, digamos que gracias a esto, se había vuelto algo más serio y firme. Neji estaba por terminar la universidad en el campo de medicina, iba a ser oftalmólogo* y los planes iniciaban a brotar tanto que necesitaba grabarlos en algún sitio. Kiba se fue de Japón durante unos meses para poder acompañar a su madre en una gira de veterinarios expertos en la materia, sería una grande oportunidad para su futuro y conocer más personas influyentes, Hinata lo apoyaba y habían quedado en mandarse mensajes y hablar por teléfono unas cuantas veces, ya que resultaba costosa la larga distancia; se mantendrían en contacto. La familia de Chouji consiguió su propio restaurante de BBQ*, plantando algunos locales alrededor de Konoha y obviamente, dentro del centro comercial Komakurene, que era la planta que más visitaba él en frecuencia y por la cual terminó administrando completamente al final. A Temari le habían ofrecido un puesto más grande fuera de Konoha, gracias a su edad y experiencia, junto a un curso de turismo, pero ella sabía que dejaba mucho si lo hacía, además, Shikamaru hace unas semanas le había confesado de la manera más extraña lo que sentía por ella, algo que se había esperado por años, y que por supuesto, no iba a dejar pasar, tomando en cuenta, que sabía cuánto le había costado aquellas palabras al otro chico.

Lee había tenido un torneo de artes marciales y como deportista "profesional" —aunque, vaya, de verdad lo era—, tenía que mantenerse al margen, con entrenamientos rigurosos, pesados. Él había comentado hace unos días atrás, que le encantaría ser profesor de artes marciales y viajar por todo el mundo con su "poder de la juventud" contagiando la actitud y su esfuerzo por hacer las cosas, ahora mismo se encontraba en algún lugar del mundo tomando esos cursos de entrenadores dado por los mismos profesionales, en verdad, se extrañaba demasiado… Shikamaru usó la tienda de música de Komakurene como su trabajo de segundo tiempo, después de que su padre y el padre de Ino lo recomendaran en una de las más grandes y profesionales escuelas de Konoha, se decidió que terminara en el campo de la filosofía, después de una pequeña preparación, claro, juntó lo suficiente para comprar un automóvil, y habría cumplido sus tres metas, preparar su futuro y construirlo, comprar su propio auto con su propio dinero y confesar sus sentimientos a cierta rubia, terminando victorioso.

Ino se mantuvo en su propio local, el señor Yamanaka se había dado cuenta que era lo suficientemente grande y sabía lo que hacía, para que ella misma llevara el "negocio familiar", siendo entrevistada muchas veces por revistas de moda, gracias a ser una de las mujeres más jóvenes en Japón en lograr tal popularidad con sus fragancias y aún mejor, ser ella misma la creadora manualmente. Mantenía la comunicación con su madre, pero ya no se veían con tanta frecuencia, era ella una persona muy independiente. Seguía estudiando, como la mayoría de los chicos, pero su sueño poco a poco iba saliendo a flote, amaba su trabajo, amaba sus amigos, amaba Konoha, amaba a su chico y sobre todo… amaba Komakurene. Para Hinata era algo más familiar, después de que Kiba se había ido, prometió no estar mal, pero no podía asegurarlo del todo, trabajaba aún en la tienda de ropa, pero esta vez, le había pedido un favor a Naruto, su padre había enfermado y necesitaba el dinero, le avergonzaba pedirle, pero él le regañó después, ya que no había problema, eran amigos, así que la ascendió a la administración del local, no solo eso, Hanabi —su hermana—, había crecido y ella misma había pedido trabajar al igual para ayudar a la familia. Hinata en fines de semana iba a instalaciones de bajos recursos para llevar comida y ropa de rebaja que le regalaban después de meses en venta.

Casi dos años se cumplían desde aquella llamada, trámites para el pasaporte, documentos, pensar en el futuro, era totalmente un desastre, diecinueve años eran suficientes para saber qué era lo que ella quería en realidad, pero… no era así… ¿de quién hablamos? ¿Que de quién habla-

—Sakura… —llamaban tocando el mármol con golpecitos.

—Sai —se sorprendió, acomodaba su chaleco—, pensé que en estos momentos estarías trabajando, o algo.

—No, yo venía para llevarte al registro, ya es tu cita —hablaba calmadamente, claro que se alegraba por ella, pero, eso quería decir que se la llevarían muy lejos, ella era lo único que tenía cerca, Sai estaba por cumplir los veinticuatro años, tenía una novia desde hace casi dos años y pensaba comprometerse, estaba muy feliz, pero, no se comparaba con lo que se venía, y él era el único que lo sabía. Él y Sakura habían quedado en mantenerlo en secreto, era algo obvio, aunque no sabían aún si la decisión se tomaría, las probabilidades se abrían en que sí…

—¿Ya ha pasado un año? —lo miró aterrada—, ¿de verdad? —bufó mientras quitaba su chaleco—, diré a alguien que me supla, está bien —fingió sonreír.

—Está bien —la sonrisa lo tranquilizó—, iré por algo de comer con Chouji, te espero en el carro.

—Claro —miraba a su alrededor, ¿qué haría en los próximos meses sin Komakurene?


¡Bienvenidos a Helados Yumiko!

Capítulo 20: "Progresos y dudas, sueños y fantasías"

"[…] Y yo no quiero que el mundo me vea

Porque no creo que lo vayan a entender

Cuando todo está hecho para romperse

Sólo quiero que tú me puedas comprender"

Iris – Goo Goo Dolls


Los helados Yumiko se habían mantenido solos durante un tiempo, la gente empezaba por irse, se hacía tarde pero por otra parte, iniciaron por llegar poco a poco los chicos, como si se tratara de alguna reunión, y cuando hablaba de "chicos" hablaba del género masculino. Neji fue el primero en llegar y feliz pagó una gran cantidad a Sakura, mientras le decía que quería "helados gratis para todos" durante ese momento, incluso ella. La chica preguntó si quería un momento de privacidad, que ellos eran personas de confianza y podían manejar el negocio sin algún problema, pero al contrario, por alguna razón el chico de los ojos aperlados le negó el que se fuera, la quería ahí. Ella no volvió a pelear por eso.
Poco a poco empezaron a llegar los amigos, primero llegó Chouji, quien apenas había cerrado su negocio, después Shikamaru llegó en su carro bajando un maletín, como todo un profesor, todos rieron al verlo soltar una ligera mueca de sonrisa con su serio rostro y lo invitaron a tomar asiento, platicaron de algunas cosas divertidas, otras no tanto, pero tenían muerta de risa a la chica de los Yumiko, la regañaron al verla dentro del local y la invitaron a tomar asiento, pero ella acertó al decir que no podría servir el helado, que ella aceptaría sentarse en cuanto todos llegaran, se extrañaron —al menos Sakura— al ver un taxi pararse enfrente de las puertas principales cristalinas de Komakurene y al ver que eran dos chicos bajando maletas y bolsas, Sakura salió del local, con la boca abierta y los ojos como platos, los chicos presentes solo sonrieron al verla así. Kiba y Lee llegaban del aeropuerto juntos ese día, solo que sería una sorpresa, aunque… ¿por qué? ¿Qué era tan importante para que eso ocurriera? Salió corriendo a abrazarlos y a ayudarlos con sus algunas de sus pertenencias con algunas lágrimas corriendo por su rostro. En cuanto la mayoría estaba ahí, Sakura sirvió platos grandes con bolas de diferentes sabores, y muchas cucharas, también algunos sorbetes, para que se sirviera cada quien al gusto, el lugar se llenó de abrazos, algunos "te extrañé", y hasta entrega de regalos.

Lee se encontraba de "vacaciones", por así decirlo, no tenía planes por ahora y pretendía quedarse en Japón por un tiempo, aunque ya se había desocupado desde hace unos días, quería regresar junto a Kiba, quienes se habían puesto de acuerdo con Neji después de su llamada, para llegar a Konoha ese mismo día. Kiba el día de ayer había terminado con la gira que su madre le había ofrecido, él ya estaba grande, así que gracias a esto obtuvo el permiso, su madre se habría de quedar por un tiempo más allá. Ahora las chicas, ¿por qué demonios no estaban las chicas aquí? Todas se habían ido ya, pero qué sorpresa se llevarían mañana mismo, en especial una.

—Bien, antes de que inicie por dar mi diálogo y el porqué era tan urgente tenerlos a todos aquí… ¿y Naruto? —miró por todos lados—, sé que Sasuke no alcanzaba a llegar por su trabajo, pero, se supone que Naruto estaría aquí —se llenó de silencio, mientras todos miraron a Sakura, esperando una respuesta.

—Bueno —se pausó algo nerviosa—, no sé por qué pretenden que yo sé.

—Vamos, no seas tonta —Kiba corrió hacia ella y la despeinó—, aunque no tenga mucho tiempo aquí, sé que algo hay por ahí… —le sonrió con su pícara faceta insinuadora—, además, debes de sentirte bien, eres como… ¡la hermana menor de todos! —sonrió para luego verla—, y Naruto está aprobado para eso.

—¿De qué carajo hablas? —gritó sonrojada mientras se escuchaba a todos reír, después golpeó al moreno.

—Vaaaya, ¿por qué tanta risa? —se escuchaban pasos corriendo por detrás—. Lo siento, yo de verdad no quería tardar, pero había junta y…

—¡No importa! —interrumpió Neji—, lo bueno es que has llegado Naruto.

—Claro, bueno, creo que no importa —se desajustó la corbata y se acercó a Sakura para darle un beso en la frente, quien se encontraba más roja que un tomate—, rayos, qué le han hecho —la observó por un momento, mientras los otros se burlaban—, no me digan que la han pervertido porque sé lo que se siente y… ¡Kiba, Lee! —corrió para abrazarlos y darles la bienvenida.

—No pasa nada hermano, simplemente que estás aprobado —contestaba Kiba con toda la intención, mientras Sakura lo amenazaba con la mirada.

—¿Que yo qué? —preguntó Naruto divertido.

—¡Nada! —se apresuró la chica—, les recuerdo que estamos aquí por Neji —decía hablando muy rápido—, ¡Neji, apresúrate, se hace tarde! —reía nerviosa.

—Ah, claro, yo, pues, esto es algo muy serio y… —no encontraba las palabras para decirlo, mientras nervioso jugaba con su saco café sobre la mesa—, fuera de toda broma, quiero que todos sepan que, los conozco desde que somos unos niños y quería que fueran los primeros que supieran esto —pasaba saliva pesadamente—, pero creo que es tiempo de que tome una decisión muy importante en mi vida.

—¡Vamos viejo, me matas de curiosidad! —Kiba tragaba helado frenéticamente—, no me digas que te mudas, o algo, porque me mato…

—¡No, no, nada de eso! —empezaba a golpear la mesa con ritmo, comenzaba a rascar su nuca rápidamente y a secarse la frente, lo diría de tiro, ya no era un chico enamorado de diecisiete, ya no más. Quedaron en silencio durante unos momentos, mientras todos esperaban "la noticia"

—Oye, quiero hacer del baño —Lee interrumpía el momento de tensión mientras levantaba la mano en modo de opinión, provocando la risa de todos, cosa que tranquilizó al futuro doctor.

—¡Mañana le propondré matrimonio a TenTen! ¿Correcto? —gritó, cerrando los ojos.

Silencio. Todos dirigieron la mirada hacia el nervioso chico.

¿Qué había pasado? ¿Cuándo habían crecido? ¿Desde cuándo, el matrimonio era algo tan serio, o algo que no fuera el típico juego de "San Valentín" o en las ferias, donde casarse era eso… un juego? Todos se encontraron conmovidos, Sakura se llevó las manos a la boca, mientras unas lágrimas de sensibilidad por el momento salieron, corrió a abrazarlo rápidamente, mientras los otros chicos no lo podían creer aún, de verdad… ¿cuándo había pasado todo? Después de eso, la chica sintió esa necesidad de alejarse por un momento, dejarlos solos a ellos, lo necesitaban, aunque ellos no quisieron, ella puso la excusa de limpiar el sitio, y por una parte era verdad. Poco a poco se desprendió de ellos, en cuanto ella salió de escena, los vio como nunca en la vida los habría visto, estaban llorando. Empezaron a balbucear algunas cuantas cosas de la infancia, de las novias anteriores del joven, de que TenTen era un buen partido para él, que eran el uno para el otro, en fin, buenos deseos. Ella no alcanzó a escuchar la fecha que se acordaría, pero se suponía que en un año más o menos, aún eran jóvenes y según Neji, aún faltaba la opinión de TenTen, aunque él supiera de sus planes como nadie. Terminaron su plática a altas horas de la noche, eran épocas de lluvia, así que se apuraron con salir, cerraron con un abrazo entre todos, eran hermanos después de todo.


Naruto le dio a Sakura su saco, empezaba a chispear pero aún hacía aire, abrió la puerta del copiloto y fue a su asiento. La contempló, su mirada se veía pesada, cansada, así que prendió la radio, hasta que encontró milagrosamente una de sus canciones favoritas.
—Mira, están a tu favor —decía un poco cansado, pero con buena actitud, había sido un día pesado. Al ver que no contestaba, la miró de nuevo—, ¿qué pasa? Pensé que te gustaba supercell.

—No, no es eso —una comisura de la boca se curveó ligera y lentamente—, estoy cansada, es todo —acomodó el cinturón de seguridad y se recostó del lado derecho, dándole la espalda. Él se dio cuenta de que algo estaba mal. Esperó unos momentos para pensar qué debía decir, pero luego se arrepintió, iría al grano y se disculparía.

—Sakura… —en ratos la miraba fugazmente, mientras conducía—, sé que éste último año, bueno… los últimos meses no hemos estado tan cerca como se supone que deberíamos, sabes que ha sido muy pesado el trabajo, tengo que mantenerme por mí mismo, pensar por otras personas, hacer planes de trabajo… es demasiado y —se pausó—, sabes que quiero estar contigo, bueno, con todos también —decía lentamente. Ella fingió estar dormida, pero en el momento escuchaba todo—, estoy dispuesto a compensarte por todo el tiempo perdido y la verdad no sabes cuán arrepentido estoy —se escuchaba desesperado.

En ese momento guardó silencio, sabía que estaba hablando en vano, ella se supone que estaba dormida y gritar ahora no era la solución. Ella aguantó las lágrimas, tenía que alejarse de él poco a poco si quería que la despedida fuera menos dolorosa. En el transcurso del tiempo que había pasado, ellos habían aprendido a quererse en secreto, él no se atrevía a decirle cuánto la quería, había sido lastimada, ¿Qué si ella lo seguía viendo como amigo? ¿Qué si ella lo rechazaba? ¿Echar a perder la amistad que tenían? Habían salido durante todo ese tiempo y aunque se veían todos los días en Komakurene, Naruto había estado ocupado durante la mayoría del tiempo. Sakura era una chica difícil, a veces no se daba a entender, no sabía que era lo que ella quería y ella misma se había dado cuenta de cuánto había luchado Naruto por llamar su atención, por hacer que ella sintiera algo por él, pero todo el año lo pensó, no quería ilusionarlo si ella sabía que al final de todo, ella iba a "escapar" de Japón. Y ellos se amaban, de verdad lo hacían pero… lo suyo no podía ser. Sí… pero no y eso era algo que Naruto no podía entender, aún no.


Así pues, como las últimas semanas, Sakura llegaba antes para evitarse el que Naruto la llevara al centro comercial, y fue cuando lo pensó, disfrutaría cada día que estuviera ahí, sobretodo disfrutaría a las personas. Sonrió para sí misma al darse cuenta que la mayoría del tiempo escapaba de los problemas cerrándose frente a los demás, ignorando todo, preocupando a los demás. Debería dejar de preocuparse por demasiadas cosas, ya saben lo que dicen… se vive solo una vez.
Levantó la mirada dentro ya del local, con todo preparado para abrir, dejó listos los utensilios, se lavó las manos, agarró su cabello e hizo como siempre muecas en el espejo que ella misma había colgado hace tiempo atrás. Se rió de lo que había pensado momentos atrás, ya casi tenía veinte años y no afrontaba ese tipo de cosas… ¡que inmadura!
Al abrir las ventanas de protección del local y dar una pequeña limpiada a la barra de mármol, logró ver a lo lejos una manchita amarilla, esa cabeza rubia que tanto quería, pero que a la vez era algo que no podía tener, no debía. Nunca se dio cuenta de que se aferró tanto al pensamiento, que esa manchita poco a poco empezó por acercarse.

—Buenas tardes señorita Haruno —sonrió con su estúpida sonrisa encantadora—, ¿acaso deslumbro para que no me quite la vista? —carcajeó aún más, saltando furtivamente el mármol que les separaba, entrando al local. Obviamente, lo que recibió por parte de Sakura fueron golpes.

—¡Oye, no! ¡qué haces idiota! —se indignó cuando el chico se agachó para esconderse de la parte del local que se veía—, sal de aquí ahora mismo, o llamaré a las autoridades —amenazó de una manera no muy convincente.

—Sí, pero hay un problema —tomó de su mano e hizo que se hincara, igual, acercando su rostro al suyo— yo soy la autoridad —susurró. Sakura quedó hipnotizada por un momento gracias a dos océanos azul intenso, azules, la hundían, la llevaban mar adentro y lo peor de todo es que, no quería salir.

—No… no deberías hacer eso —se acercó un poco más, hasta que la conciencia la mató, se alejó un poco—, ¡no! Más bien… ¡no deberías estar aquí! —se puso de pie, "desempolvando" sus rodillas.

—¡Ay, no! ¡Estuve taaan cerca! —se llevó las manos a la cara con coraje, pero riendo.

—¿Qué dijiste? —gritó Sakura avergonzada, mientras intentaba sacarlo por la puerta trasera.

—Nada, Sakura, nada —caminó resignado, haciendo pucheros, y cuando estuvo a punto de cruzar la puerta, una mano lo detuvo. Naruto la miró extrañado y se giró para quedar enfrente de ella—, ¿qué sucede? —preguntó cuando vio su rostro bajo.

Rápidamente Sakura le dio un beso a la mitad de su labio, justamente en la comisura, para terminar escondiendo su sonrojado rostro, sobre el pecho del rubio. Él quedó como piedra, hace mucho que no recibía un beso de parte de ella, y claro estaba que no la iba a presionar, siempre había pensado que el beso que cuenta, es el que viene sin saber pero con toda la intención de la otra persona y aunque no hubiera sido uno completo, le mataba, ¡qué mariposas en el estómago, qué zoológico! ¡El mismo parque jurásico en guerra, señores! La abrazó. Sonrió complacido, y se extrañó, Sakura no era la típica chica amorosa y cursi, no, y eso era lo que hacía, que cada detalle, por más mínimo, fuera especial, muy especial. Las cosas estarían cambiando ¿verdad? ¡Oh, espera! ¡Naruto! Puede que sea tu oportunidad…

Sakura terminó por corresponder el abrazo de una manera tímida, le apenaba pensar en lo que en ese momento hacía y había hecho, pero… se sentía bien, no podía negarse a lo que sentía y podía ser que… ¿estaba siendo algo "correspondida? Se apartó algo brusco, pero nunca levantó la mirada.

—Ya se te hace tarde —rascó su cabeza, atontada—, deberías correr o algo —decía nerviosa, mientras acomodaba la parte superior del traje de Naruto, ajustando y poniendo en su lugar la corbata, sin mirarlo a los ojos. Naruto la contempló como si ella fuera el último recurso de agua en un desierto, sentía sus manos palpar su pecho, sus pestañas, sus ojos evadiéndolo, su pálida piel, sus labios…

—Sí —atinó a decir desconcertado—, supongo que sí —dijo recobrándose y sonrió ya, asimilándolo—, bueno… —cruzaban miradas. Silencio de nuevo. Naruto poco a poco se acercó a ella, tomó su rostro delicadamente, frotó sus mejillas con suavidad y ciegamente en la oscuridad del local, la iba a besar.

—Ay, yo… ¡lo siento muchísimo! —decía apenado Kiba, riendo avergonzado. Había entrado por la puerta del servicio, justo donde ellos estaban, los deslumbró con la cantidad de luz y la velocidad con la que él había actuado. No se habían besado, pero estaban a unos cuantos milímetros de distancia— ¡no, no vuelve a pasar! —se tapó los ojos, mientras ellos se alejaron violentamente uno de otro tosiendo fingidamente—, ¡yo solo venía a avisar que Neji está a punto de proponerle matrimonio a TenTen! ¡pero… ustedes tienen permiso a faltar, o no sé, sigan con lo suyo! —dijo unas cuantas cosas que no sabían si tenían significado y a una velocidad considerable—. ¡Ah, adiós! —cerró la puerta para dejar a dos personas totalmente avergonzadas.

Neji ideó todo para que algunos de los clientes y visitantes del centro comercial participaran en la propuesta, al final, todos se conmovieron al ver la escena, Sakura observó todo dentro de los helados Yumiko, al ver que Neji al centro de la fuente de bebidas —la manzana más grande del centro comercial—, le entregaba el anillo, no pudo evitar suspirar y sentir extremada felicidad por lo ocurrido. Era hermoso. La cara de la morena, los arreglos de flores que aparecían en cada momento, los aplausos, el confeti y los pétalos desde el tercer piso, ver a las chicas emocionadas, las parejas espectadoras inconformes al no recibir "el mismo trato" entre ellas, todos esperando la respuesta.

Hasta que se pudo oír el "Sí" después de un fuerte golpe por "pasarle la pena de estar a la mitad de Komakurene e hincado", todos gritaron de la emoción, las amigas empezaban a llorar, ya que no se lo esperaban, mientras los chicos chocaban manos en modo de victoria, Neji abrazó a TenTen mientras la giraba por el aire y la besó, el evento se cerró con la gran magnitud de aplausos que llenaban la fuente de bebidas. Desde su lugar Sakura solo pudo soltar unas cuantas lágrimas y aplaudir hasta que sus manos se cansaran, quién lo diría, la primera pareja comprometida, la primera boda entre sus amigas, era difícil de creer. En verdad, había pasado mucho tiempo. Alzó la mirada, y como si fuera un imán, la primera cara que divisó fue la de cierto rubio que ya la estaba observando, al captarlo, desvió rápidamente y entró a una oficina. Sonrió.


—En realidad yo estaba segura que le ibas a decir que no —decía Ino con helado en la boca—, porque claro —se llevaba un gran pedazo del mismo a la boca—, somos mujeres ¿no? Es lo que hacemos, rechazar gente a lo idiota —miraba su cuchara llena de helado, para después comerla.

—Eso dices porque no te han hecho lo mismo —tomaba con violencia la mano de TenTen—, y ni lo harán, de eso estamos seguras —bromeaba Temari. Todas soltaron la risa en una mesa del local.

—Ja, ja, qué divertida y chistosa eres Temari, tienes tanta suerte, que apenas y te dijeron que te tienen afecto, ahora imagina cuando te quieran pedir matrimonio… ¡Ja! Años luz —susurraba lo último para reír después, la sonrisa se borraba del rostro de la encargada de la agencia de viajes.

—Eres una tonta —contestaba.

—¡Chicas, chicas! —interrumpía tímidamente, Hinata—, no peleen, debemos estar felices —bajaba poco a poco la voz al ver que todas la miraban.

—Es cierto mujeres —Sakura reía—, esto sí que merece una celebración, el regreso de Lee y Kiba —Hinata asentía frenéticamente—, y sobre todo el que nuestra querida TenTen da un paso muy grande en su vida, que creo que es el momento donde todas la apoyamos —miraba amenazadora a las dos rubias para que se calmaran, mientras TenTen solo lograba sonreír nerviosamente.

—Entonces hagamos algo —se ponía de pie Ino—, pedimos prestado el terreno del señor Jiraiya —se aclaraba la garganta—, digo, de Naruto, ahora y nos la pasamos ahí. De todas formas es seguro y queda cerca de nuestras direcciones.

—Pero es pequeño… —aseguraba Hinata.

—Exacto, no es la gran cosa, pero no necesitamos más, solo, entre nosotras y los chicos, es buena idea.

—Me agrada Yamanaka —abría los ojos más—, vaya, hasta que piensas —decía burlona Temari, para luego guiñarle un ojo.

—Entonces, hagámoslo.

Cada una de las señoritas fue despejando el área para continuar con sus respectivas labores, Sakura cada vez se alegraba más, que mientras se daba cuenta de que era un nuevo año, las personas cada vez iban acercándose más, y con esto quería decir, que últimamente todos habían estado distantes, cerca, pero distantes. Volvió a pensar en el futuro, después de fijar la vista en la nada durante un tiempo, buscó entre su estante de cosas personales, del otro lado del local —ése, el no visible—, la carpeta donde guardaba los trámites y documentos para viajar al extranjero. Mordió su labio inferior.


Habían quedado en verse el fin de semana en aquel terreno del que se había hablado, Ino, había hecho de una simple reunión, algo que quizás, no se olvidaría. El lugar estaba escondido en uno de los barrios de Konoha adinerados, pero solitarios, era pequeño, pero se conservaba en orden, era un rectángulo que se alargaba hacia el fondo, a la mitad del camino, se encontraba techado, el pasto estaba húmedo y verde vivo, a la entrada se podía observar una fuente considerablemente grande; un camino de piedra se dibujaba en el trayecto, bien decorado, hacia el "comedor"; ya debajo del techo, se veía una mesa muy grande, con muchas sillas alrededor al juego, tallada en caoba blanca y un poco más atrás, podías encontrar sofás de piel también, en colores claros. Elegante y sencillo a la vez.

Acordaron en agarrar los cojines de la multitud de sillones que se encontraban al fondo y colocarlos en la parte "exterior", fuera del techado. Aunque se esperaba sol, lamentablemente estábamos en tiempos de lluvias, por eso fue que el "evento" comenzaría desde la mañana, algunos rayos del astro rey hicieron acto de rebeldía, sin mucha duración, ya que al final, las nubes terminaron por imponer respeto. Chouji había traído comida y aparatos tanto portátiles como armables para poder cocinarlo y así fue. Se supone que todos habían conseguido un "sustituto" para no dejar el negocio sin función, pero otros simplemente cerraron. Se acomodó leña para una fogata e iniciaron la conversación.

—En verdad, no puedo creerlo —agarraba un bocado de su postre para llevarlo a su boca—, hace unos diez años se encontraban peleando porque Neji llamaba "marimacha" a TenTen —terminaba riendo con ironía.

—Ino, eso fue hace demasiado tiempo ya —reía la morena en brazos de su chico.

—Además opino que tú y Sasuke se den prisa —reía aún con más fuerza para terminar con una bola de helado en el ojo—, ¡oye! ¡Lo decía de buena manera!

—Yo también idiota.

—Bueno, bueno —interrumpía el de las cejas considerablemente gruesas—, creo que el objetivo de esto, no era este tipo de conversaciones… —decía serio—, ¡mejor hablemos de mis medallas! —para después ser golpeado por la mayoría del lugar.

—¡Y yo opino que empiece la diversión! —gritaba tomando dos grandes botellas de alcohol, el futuro médico.

Se encontraban sobre los grandes almohadones, algunos fuera de la parte techada, otros dentro de ella, el cielo empezaba a tornarse cada vez más gris. Neji junto a Kiba, comenzaron por poner en pequeñas copitas, alcohol combinado con algún jugo natural. A excepción de los que no tomaban, claro. Neji era algo así como, el más acostumbrado y aunque tomara, él no perdía la cordura, a menos que se excediera. Ino le importó poco esto último y prefirió perder todo sentido antes de "aburrirse", sin antes apagar su teléfono móvil. Los primeros en estar totalmente ebrios fueron Chouji, Lee y Shikamaru, aunque era un poco sorprendente del último mencionado. Naruto hablaba con Kiba aunque el amante de los animales se diera cuenta un poco después, de que su diálogo era un poco en vano, ya al chico se le desviaba la mirada a cierto grupo de amigas, a unos metros detrás de ellos. Ya un poco después, cuando el sol avisaba su salida, decidieron prender la fogata —gracias al frío que empezaba a hacer—, y todos juntos compartir el diálogo.

—Prometan… —decía TenTen, mirando el cielo, acostada sobre el pecho de Neji, tomaba su mano—, que —le costaba hablar, la atmósfera era algo nostálgica, en silencio, en reflexión—, no. Sé, que todos estamos tomando caminos distintos desde ahora y otros que ya lo tienen planeado todo. Por eso —hacía más fuerte el contacto con él—, quiero que el día de nuestra boda, todos estemos juntos —salía una lágrima de su rostro sin expresión.

—TenTen, lo prometo —respondía Ino, con los ojos cerrados, seriamente.

—Lo prometo —Sonreía Naruto al cielo.

—Lo prometo —contestaban todos, menos cierta chica de ojos jade, quien dudaba de su respuesta, llevando su mirada al abdomen lentamente.

—¿Cuándo fue que crecimos tanto…? —Preguntaba Temari.

Ese ambiente de tranquilidad se perdió, cuando Chouji y Lee empezaron a cantar, había conectado el karaoke en un volumen considerablemente alto. Todos morían de la risa al ver tal escena, divertidos, fueron a bailar. Naruto llevó a "la pista" a Ino, quienes fueron los coreógrafos del momento, Kiba bromeaba con otros pasos de baile con Sakura, quien no podía parar de reír. Shikamaru bailaba con Lee, que al parecer fueron víctimas de fotos comprometedoras, pero ellos no estaban en sus cinco sentidos como para saberlo. Al final, terminaron cansados y agitados de la racha de baile que habían tenido, la comida se había acabado y el hielo como las bebidas naturales —sin alcohol—, escaseaban.

—Chicos, recuerden que no tarda en llover, y nosotros no podemos dormir aquí, si la tormenta viene para esta dirección —apuntaba debajo de la parte techada, pero sin pared—, vamos a morir de hipotermia —silencio…

—¡Todos a dormir a la casa de Ino! —gritaba el ebrio de Lee, a quien Ino le había dado una buena idea con su comentario anterior.

—¡Sí! —para todos terminar en un acuerdo.

—Idiotas… —contestaba la rubia para sí misma, para terminar resignada, la mayoría tenía alcohol en su sangre y ella vivía a unas cuantas cuadras.

El cielo tronó. Mientras la música sonaba cada vez más y el tono gris del cielo se iba haciendo lentamente más concentrado, Kiba, un poco más consciente, fue a hablar con cierto rubio.

—¡Eh Naruto!

—Dime —contestaba el chico, alejándose un poco del lugar, sonriente.

—¿No crees que estás dejando pasar el tiempo? —rascaba su cabeza

—¿Eh? —miraba de reojo a Sakura, bailando al lado de Neji, sonrió—, ¿de qué hablas? —respondía agitado, aún con su radiante sonrisa.

—¿Lo ves? —gritaba—, yo tenía razón.

Naruto lo observaba divertido, pero sin saber de qué hablaba, bueno, sí, pero se hacía el tonto.

—No entiendo de qué hablas —rió, de nuevo, mirándola de reojo.

—¿Te rendiste? —preguntaba

—¡No!, digo, ella y yo estamos bien, ¿pero tú sabes algo? —lo miraba desesperado. Kiba rió.

—Yo hablaba de nuestra apuesta del partido de Japón, pero… veo que tu atención está en otra parte… —atrapado. El moreno se retiraba poco a poco con una sonrisa en la boca. Naruto quedó impactado, sí, había caído en una trampa

Últimamente sabía que Sakura había estado en un extraño humor, desde un tiempo atrás, sabía también que cada mes, la mujer sufría por, regularmente la semana, un cambio de humor considerable. Pero, esto no llevaba solo una semana…
Decidió acercarse, el tiempo se estaba acabando, pensaba hablar con ella en el "momento perfecto", pero, ese momento perfecto, se estaba yendo por un hueco rápidamente. Percató su mirada relajada, sonriente, agotada de la diversión; el cielo volvió a tronar, esto hizo que volviera a su estado de la realidad, para actuar de una buena vez; poco a poco se fue acercando, contemplaba sus torneadas piernas moverse, su cuello un poco sudado, sus manos actuando libremente. Al llegar, la tomó de la mano.

—¿Naruto? —rió un poco extrañada, para después disculparse con Neji.

—Nos vamos, pequeña —decía sin soltar su mano.

—Pero —miraba a su alrededor—, ¿qué haremos? Está apunto de llover.

—Lo sé, por eso tenemos que apurarnos —terminó su diálogo para luego sonreír, llevándola de la mano.

Ino les preguntó por qué rayos tenían que irse en ese momento, pero después "entendió" cuando Naruto no le pidió explicaciones con su expresión en el rostro: —Está apunto de llover —gritaba Naruto, justificándose. Cuando se despidieron de todos, el chico la invitó a salir primero, Sakura logró distinguir los automóviles de todos, menos el del rubio, pero antes de poder hablar, un tono de llamada la desconcentró, era Sai, quien le pedía quedarse un momento en la casa de alguna de las chicas, ya que acompañaría a su prometida, a ver arreglos de la boda, que pronto llegaba. Suspiró.

—Dime cuál es tu plan —se cruzó de brazos, enfadada, ella estaba cansada. Lo vio caminar.

—Caminaremos —decía, mientras le daba un infarto a la chica.

—¡Estás loco!, la lluvia nos va a comer —gritaba, señalando las cargadas nubes.

—Es por eso que te tienes que dar prisa —caminaba sin mirarla—. Éste es el plan, llegamos al departamento y ahí tomamos el deportivo, al final te llevo a tu casa, todos muy contentos.

—¿Y, el deportivo? —decía asustada.

—En casa, te he dicho.

—¡Qué hace ahí, pedazo de idiota! —preguntaba con desesperación.

—Pues, pensé no necesitarlo… —rascaba su cabeza. Sakura soltaba un bufido.

Él se dio cuenta, de que Sakura iniciaba por tener frío, pero el orgullo no le haría abrir la boca. Naruto se quitó su chaqueta y la colocó sobre ella. Caminaron un poco, mientras la chica poco a poco fue acercándose a él, era el perfecto momento para hablar acerca de sus asuntos, ¿le tendría que decir, que quizá en algunos meses, no estarían juntos, cuando lo único que querían, era eso…?
Su cabeza ahora reposaba sobre el hombro de él, o al menos una parte, ya que se encontraban en movimiento. Fue ahí donde el chico posó su brazo sobre los hombros de ella, haciendo un medio abrazo. Y cuando él pensaba hablar, algo lo había interrumpido, pestañeó algunas veces, la soltó y dejó de caminar, mientras ella lo vio extraño.

—¿Naruto?

—Dime —miraba algo divertido el cielo.

—Idiota, está apunto de llover y tú te paras. Caminemos antes de que otra cosa pase.

—Pero —quitaba la gota de lluvia sobre su ojo—, ya está pasando, bueno, al menos chispea.

Y en ese momento, la lluvia hacía presencia, de un segundo a otro, iniciaba a llover de una manera… no tan suave. Naruto quedó en seco por un momento, ¡eso no ocurría! ¡No de un momento a otro! Así que para despertar de su estado helado, Sakura tuvo que lanzar su zapato. Iniciaban por correr, los chicos buscaban por todas partes alguna cosa que los protegiera de la lluvia, pero, lamentablemente, los edificios que estaban por ahí, no contaban con ese recurso.

—¡Naruto! ¡ahora piensas que era necesario el deportivo! —preguntaba, mientras gritaba.

—¡Ah, rayos, yo no sabía! —gritaba algo desesperado.

—¿Entonces por qué demonios estamos parados? —gritaba aún con más coraje—, ¡corre!

El departamento quedaba a unas cuantas cuadras, pero la lluvia era muy fuerte, eran impactos algo fuertes contra su cabeza, y la oscuridad hacía presencia, si no fuera porque Japón era demasiado comercial y había anuncios con luz por todas partes, no sé qué habría sido de ellos.
Sakura en uno de sus pensamientos fugaces, pensó en uno de esos doramas* románticos, donde el amor de la vida de la protagonista la besaba apasionadamente bajo la calmada lluvia, en un paseo en el parque. Pero, eso no era un parque, eso no era un paseo y pues, digamos que no se encontraban en el acto de beso, sino corriendo… qué triste. Ella miró sus brazos, traía puesta la chaqueta del rubio ¡y él! ¡moriría de hipotermia, de seguro!
—¡Naruto idiota! ¡tengo puesta tu estúpida cosa de cuero! —decía enojada.

—¡Eso no es lo que importa! —reía, parando de caminar.

—¡Qué haces, el departamento está solo a menos de una cuadra! —caminaba hacia él, desesperada—, ¿me estás escuchando?

—Sakura…

—¡Qué! —gritaba enojada, mientras él quedaba bajo la lluvia, con los ojos cerrados.

—Déjate llevar por el momento —decía mientas hacía un ridículo y lento baile.

—Que haga qué… —contestaba atónita. No lo podía creer.
En ese mismo instante él corrió hacia ella, a la mitad de la solitaria calle, sin miedo a ser atropellado, la tomó de la mano y la invitó a bailar, ella rió.
—¿Me aceptas esta pieza, madame? —se inclinaba "elegante". Ella alcanzó a carcajear, lo entendía todo, debía dejar de ser la arrogante, la preocupada, la recta. No siempre sucedían las cosas como querías, pero cuando pasaban, pasaban a tu manera, porque así lo tenías que vivir, lo mejor de todo, es que no es fantasía, esta vez es verdad.

Iniciaron a bailar frenéticamente, mientras la lluvia hacía su presencia, comenzaron con rock, simulando tener guitarras, estando en un concierto, para terminar con un baile, algo entre medieval e indígena. Después de terminar algo "cansados" Naruto tarareó una canción lenta, mientras la invitaba a bailar de nuevo, esta vez, juntos; Sakura rió por un momento, era de llorar de risa gracias a las desafinaciones del chico, pero, ese era el punto. Él, bajando el tono de voz y un poco más serio, la tomó de la cintura, hasta callar. Ella puso sus manos sobre sus hombros, él en su cintura e iniciaron a bailar, lentamente, durante algunos largos minutos. La chica encontró cómodo el posicionar la cabeza en su pecho y él, recostar la suya en la de ella. La lluvia bajaba su intensidad.

—Naruto —rompía el silencio, después de unos momentos, así, en la misma posición.

—Dime —contestaba tranquilamente.

—¿Qué estamos haciendo? —entraba a la realidad.

—¿De qué? —se reía irónicamente, soltando el abrazo. Sakura se enojó.

—¡Lo ves! —gritaba neurótica—¸ siempre evadimos este tema, ¡siempre! —se despegaba de él para caminar directamente al departamento.

Naruto extrañado la comenzó a seguir, poco a poco ella se iba alejando, ¡pero qué había hecho!, no, ¡qué había dicho! Sakura estaba justamente por pasar, al lado de un callejón oscuro, fue donde él corrió, la tomó del brazo y la llevó ahí. Encerrándola entre sus brazos a la altura de su cabeza, contra la pared.
—¿Qué es lo que te sucede? —Gritaba enojado—, por qué tanto escándalo, Sakura —jadeaba desesperado, sin conocer la razón, ella, de tener el ceño fruncido, lo miró con miedo. Él relajó la mirada al darse cuenta de eso. La quería, la quería demasiado y como ella, él también tenía sus sueños, sus fantasías. La tenía justo como la quería tener, tantas veces había soñado con tenerla acorralada, con poca ropa y que sus ojos, lujuriosos, mostraran deseo, pero, lo que los ojos de Sakura mostraban en ese momento, no era eso. Se sintió posesivo, un ogro, un monstruo. Fue destensando sus brazos poco a poco, dejó su frente sobre su frente, encorvado, mojado. Cerró por un momento los ojos, jadeante, sintió la respiración de la chica, cada vez más acelerada, fue lo que hizo que él se separara un poco. La luna, era la única fuente de luz que en esos momentos irradiaba y era escaza. Los ojos de Sakura brillaban, la luna se reflejaba en esos hermosos ojos jade. Él suspiró, se había dado cuenta cuánto la quería, bueno, él ya lo sabía, pero lo estaba comprobando una vez más.
En esos momentos, nada importaba, tenía a la mujer de sus sueños acorralada, no supo cómo, pero no sintió culpa, ella estaba relajada, mirando perdidamente su pecho. Ese silencio duró una eternidad; se dio cuenta, que la lluvia, había creado un escote sobre la blusa holgada de la chica, la tela delgada, era un perfecto escenario para contemplar, ese magnífico y claro cuerpo, su pecho al inhalar y exhalar de una manera lenta, pero profunda, se volvía cada vez más tentador, esa tela, que definía cada centímetro de piel, adherida a cada parte de ella. Las gotas caían y caían de su cabello, la respiración bajó de intensidad. El rubio la miró al fin a los ojos, cansado de tanto fingir, cansado de tanto esperar, de pretender, de evitar. Se llevó una sorpresa cuando los ojos de Sakura mostraban lo que él había visto alguna vez en sus sueños, entrecerrados, señalaban el marcado abdomen del chico y sus labios, tentadores, rosados, carnosos, que incitaban ser besados. Y sin control alguno, Naruto la tomó de la cintura para tener contacto con su piel, agresivamente, la aprisionaba contra él, besando sus fríos labios, que después de algunos segundos, serían cálidos, las gotas de lluvia subieron de intensidad, como si de coordinarse habláramos. Él metió sus frías manos debajo de la blusa de la chica, creando un ligero cosquilleo que hasta él sintió, ella, lo encarcelaba con sus dos brazos sobre el cuello, enredando sus dedos en la rubia cabellera. Naruto llevó sus manos lentamente de la cintura a la espalda, para luego llegar a sus costillas y quedar ahí. Ella jadeó al sentir el contacto e hizo que el rubio la besara con más pasión. Y cuando él lentamente llegó a la parte trasera de su espalda, subiendo poco a poco para desabrochar dicha prenda interior, ella lo paró. Él se arrepintió con la mirada, llevando sus manos a su cabeza, pero, ella sonrió, tomó su mano y corrió hacia la dirección que los dos sabían de memoria. Ya era de noche, y la temperatura comenzaba a bajar. Sin soltarlo de la mano, lo llevó al edificio, ya dentro, subieron esas molestas escaleras de caracol, donde en momentos, él la paraba para conseguir ese contacto.

Al llegar a la puerta, Naruto rápidamente tomó la llave correcta para abrir esa puerta. Las luces estaban apagadas, uno que otro rayo de luz muy débil penetraba por las ventanas del departamento, el chico estuvo a punto de besarla, pero notó el temblor de su cuerpo, suspiró y se alejó de ahí, buscó algunas toallas y una gran cobija. Le dio miedo pensar por unos momentos lo que estuvo a punto de pasar, entró a su baño y secó improvisadamente su cabello, tomó un gran respiro y sintió la necesidad de regresar, quitarle la ropa y besarla como nunca antes lo había hecho. Pero, quizá no era el momento.
En cuanto salió, se encontró a la chica, frente a él, con una mirada perdida, pero a la vez, como si no hubiera otra salida, más que él. Al encontrarse con las miradas, el chico nunca se hubiera dado cuenta de lo tentadora que se veía en ese momento, él, obviamente sabía que era hermosa y no había nada en el mundo que brillara más que sus ojos, pero, en estos momentos, no era lo que le llamaba la atención. Nunca la había visto de esa manera, ya no llevaba su chaqueta de cuero negro, sus hombros, descubiertos llamaban a gritos por ser besados, su cuello, su abdomen, cada curva en ella, que la hacían perfecta. Indefensa se mostró con la mirada, estaba oscuro, pero ella era un faro de luz que lo incitaba a acercarse cada vez más.
Quedaron algunos momentos en esa posición, como si de dos rocas se tratara, estáticas, fijas. Su respiración, era tranquila, pero con sed de ser agitada, sus palpitaciones, podían ser escuchadas a kilómetros de distancia y solo palpitaban por ellos mismos. Ahí, de frente, deseándose.

Corrió, Naruto corrió para ser seguido por ella, él la tenía justamente en su cadera, mientras ella forzaba a mantenerse aferrada a él, luchando entre la humedad de sus piernas y la espalda baja de él, haciendo contacto de manera frenética, como quien no ha tomado agua en una sequía, como el ciego que ve por primera vez, como quien tiene al amor de su vida, ahí, junto a él.

Rápidamente llegaron a la cocina —que se encontraba a unos centímetros de la sala—, donde él la sentó sobre la barra; ella comenzó por quitarle la parte superior de sus prendas, jugando con sus cabellos, mientras lo único que los guiaba en ese momento, era el deseo. Naruto lentamente recorrió cada milímetro de sus piernas con sus manos, la sintió fría, causando un poco de calor con fricción. Removió sus pantalones, después su ligera blusa blanca, para quedar solo en ropa interior, después de recobrar un poco de cordura, ella sintió pena, cubriéndose "discretamente" su pecho, que aún no estaba del todo descubierto, él lo notó y suavemente acarició su mejilla, susurrándole al oído que era hermosa, para después darle un tierno beso en la comisura de sus labios. Sakura se mostró agresiva al besarlo con tal intensidad, que sus ritmos cardíacos estaban a punto de explotar, se separó un momento después para anunciarle con la mirada que no era el mejor lugar, para después ser aprisionada de nuevo por sus brazos, hablándole con besos, para moverse así, a su habitación, que no se encontraba tan lejos. Al llegar, el rubio trató de no dejarla caer tan fuerte, ni posicionar tanto su peso en ella, pero terminaron por verse a los ojos, en ese estado.

—¿Tienes frío? —decía jadeando. Ella rió, cómo podría encontrarse con frío después de lo que acababa de ocurrir.

—Terminaremos con alguna fuerte enfermedad gracias a esto —Sakura tomaba los cabellos húmedos de él.

—Entonces —él apartó la mirada de la chica para una idea—, creo que tengo algo. Espera aquí —decía para terminar apartándose.

—No tardes —gritaba sonriendo, lo veía apartarse—, tengo frío —. Miraba su cuerpo, casi desnudo, sobre la cama de él, como algunas veces lo había visto en sus fantasías, pero, ¿en realidad quería eso? ¿Estaría ilusionándolo cuando sabía que ella se marcharía? Fue entonces cuando tomó la sábana que se encontraba a un lado, tapando su cuerpo, pensando si era lo correcto. Lo amaba y demasiado, pero, no aguantaría el hecho de dejarlo en Japón, con aquel sentimiento, si es que existía, claro…

—Aquí, bonita —lanzaba un grueso cobertor para luego cobijarla. Ella perdió su mirada en la nada. Empezaba a sentir el peso de su ropa húmeda.

—¿Tienes algo de ropa? —se sentaba.

—Lo siento —corrió hacia su ropero—, qué tonto fui —sacaba algo ligero.

—No, no importa, es solo que no quiero mojar tu cama.

—Solo estará un poco húmeda, no importa —atinaba a tomar algo, ya que no había luz. En cuanto logró darle las prendas a la chica, ésta se apartó de la luz para poderse cambiar, solo las voces pudieron penetrar en la habitación.

—Gracias, Naruto —decía tímidamente.

—Sakura… me alegra que estemos aquí —decía lentamente—, que estés tú aquí, conmigo.

—Naruto, no…

—¡Deja solo terminar! —Interrumpía levantando poco la voz—, no había tenido el momento para decirte esto, pero —empezó a caminar, en las sombras, para de alguna manera llegar al otro lado de la habitación, donde se encontraba ella—, te quiero.

—Eso ya lo sé, idiota —reía ligeramente, para sentir su calor, cerca de ella.

—¡No! No lo sabes… —buscaba su mejilla, en la oscuridad—, quiero decir, te quiero es algo muy superficial, muy general, pero de verdad —tomaba con ambas manos su rostro, delicadamente—, no sabes cómo te quiero —el estómago de ella se convirtió en pleno parque de diversiones con dinosaurios, terremotos, diluvios y otros desastres naturales que en ese momento, casi la hacían explotar.

—Naruto…

—Sakura, quisiera despertar cada mañana contigo, porque sé que, no, mejor dicho, puede que no te lo haya demostrado —comenzaba por besar su cuello—, pero, no hay día que no piense en ti, que, te convierta en la mujer más perfecta en todo el mundo —jadeaba—, que siempre haya soñado con hacerte mía y nada más —levantaba la mirada para observar sus ojos, con la poca luz blanca, que apenas entraba.

—Mira, yo… —tomaba el rostro de su acompañante, para enredar sus dedos en sus rubios cabellos, mientras algunas lágrimas salían de sus ojos. Todo estaba dicho.

—No —volvía a interrumpir—¸ no me lo digas con palabras —terminaba diciendo para abrazarla, sentir su pecho descubierto en su ropa al contacto con el suyo, besando cada parte de su rostro, tocando con energía, pero respeto, haciéndola sentir como nunca nadie podrá hacer sentir a alguien de la misma manera. Estaban ahí, haciendo de un sueño, una fantasía algo real.

—¡Naruto basta! —decía ella, levantando la voz. El chico sentía lágrimas corriendo sobre su cuello. Paró, pero no rompió el abrazo. Solo se escucharon sollozos de ella—. Me iré de Japón.

¿Qué?...


-Inserte algunas excusas-

Esto lo editaré para dar a conocer mi vida en un año sin subir capítulo :l en fin, eh, no tengo tiempo para eso ahora mismo, prefiero subirlo ya, así siento que estoy ahorrándome una media hora aproximadamente de mi vida, así que los dejo con el capítulo. LO SIENTO no es tiempo del lemmon, aún no.

Bais' los quiero mucho, mil disculpas, prometo no tardar, el fic se está terminando y mis vacaciones llegaron :)

Volveré para editar algunas cosillas y agregar mis asteriscos. (*)