LOS PERSONAJES PERTENECEN A LA QUERIDA STEPHENIE MEYER.

LA HISTORIA ORIGINAL PERTENECE A S.B YO SOLO LA ADAPTO PARA DIVERTIRME.


"Cuando menos lo esperes,

la oportunidad llega."

Anónimo.


Capítulo 20

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Palmetto, mayo, 2013

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El auditorio cívico estaba hasta los topes ese tranquilo Primero de Mayo. Bella estaba sentada en una hilera de sillas que habían sido colocadas en el escenario. Se había llenado rápidamente con una multitud ruidosa y expectante.

Poco a poco, había ido circulando la noticia de que se había adquirido una gran parcela de tierra para uso industrial. Edward llevaba varias semanas en Palmetto, para conseguir los permisos de construcción, y ocupándose de los accesos a la obra, pero lo había hecho muy discretamente y no había anunciado nada públicamente.

El chisme era desenfrenado. Circulaban rumores de todo tipo; se decía incluso que se estaba construyendo un reactor nuclear en Palmetto. Bella había pedido que el concejo municipal —cuyos miembros no estaban seguros de lo que iba a hacer GSS— organizase esta reunión para disipar los temores y explicar todo a la población.

Ella se había preparado su discurso a conciencia, pero sentía un nudo en el estómago. Para calmarse pensó en la casa que había alquilado en Palmetto para ella, Rosse y Daniel. Era una casa antigua que tenía espaciosas habitaciones, suelo de parqué y vigas en el techo. Los dueños la habían restaurado y modernizado antes de decidir trasladarse a Charleston. Bella, a través de un agente de la propiedad inmobiliaria de Nueva York, había firmado el contrato de alquiler tan pronto como la casa estuvo disponible.

A Rosse le encantaría la soleada cocina y el porche trasero, que, sin lugar a dudas, le recordaría su casa de Morgantown. El espacioso y sombreado patio trasero estaba rodeado de arbustos. Bella había elegido una de las habitaciones de arriba para Daniel. A él le gustarían las estanterías que había en ella para poder instalar su equipo de música.

Ella le había descrito entusiasmada la habitación por teléfono.

—Tiene tres ventanales que dan al jardín delantero y un armario mucho más grande que el que tienes ahora. Te va a encantar.

Él todavía se sentía inseguro y con pocas ganas de hacer el traslado.

—Eso suena bien. ¿A cuánto está de la construcción?

—A unos cuantos kilómetros. ¿Por qué?

—Curiosidad. Edward me dijo que a lo mejor podría ir allí alguna vez.

Daniel conoció a Edward en Nueva York, cuando una tarde se presentó en el despacho después del colegio. Sólo se habían visto una vez, pero Daniel mencionaba al hombre con frecuencia. Hank era el único hombre adulto con el que Daniel estaba relacionado. Bella pensó que no era malo que Daniel considerase a Edward como una especie de ídolo, siempre y cuando la cosa no fuese más allá. Aunque Edward Cullen era exactamente lo que ella necesitaba para construir TexTile, no estaba segura de que fuese un modelo apropiado para su impresionable hijo, sobre todo si Edward buscaba reemplazarlo por el hijo que había perdido.

Ella sabía sobre Edward más de lo que él se imaginaba. Después de ella, el contratista iba a ser el individuo más importante del proyecto. Durante las dos semanas desde su encuentro en Los Ángeles y su aparición en Nueva York, Bella había utilizado todo los recursos de GSS para indagar en su historial, confiando en que su intuición no le hubiera gastado ninguna mala pasada.

Ahora conocía la dura infancia que él había pasado, el período que había estado en un correccional y su carrera universitaria. Estaba enterada de lo de las empresas Pilot y las dificultades que tuvo con la nueva administración después de la adquisición. Las trágicas muertes de su mujer y de su hijo explicaban su cinismo. A través de antiguos trabajadores que lo conocían, había sabido que tenía un talento excepcional pero que no lo utilizaba.

Cuando ella le pidió las referencias, lo hizo para probar su integridad. Su sinceridad le demostró que había hecho la elección correcta. Él tenía razones personales para querer llevar a cabo este proyecto. Eran tan poderosas como las de ella, pero cada uno en su propia conveniencia. Si él no hubiese aparecido en Nueva York, ella habría vuelto a Los Ángeles en su busca.

Se decidió que Rosse y Daniel se quedasen en Nueva York hasta que Daniel hubiese acabado el curso. Si la idea de volver a ver a Edward le hacía más agradable el traslado, perfecto. Pero Bella no quería que Daniel viese a Edward como un compañero. Ella confiaba en que cuando Daniel empezase el colegio en Palmetto, haría amistades rápidamente y se adaptaría.

Aunque había crecido entre dos mujeres, era un chico sin ninguna ambigüedad respecto a su sexo. Tenía cuatro años cuando preguntó por primera vez:

—Mamá, ¿dónde está mi papá?

Se acababan de marchar de Morgantown a Charlotte, y Bella lo había matriculado en el kínder garden. Él era un niño despierto, así que no era de extrañar que después de sus primeras semanas en el colegio se hubiese dado cuenta de que a su familia le faltaba algo que las otras tenían.

—Tú no tienes padre —le explicó ella con suavidad—. No necesitas ninguno. Tienes a Rosse y me tienes a mí, y antes de morir, tenías a Poppy. Eres muy afortunado de tener tanta gente alrededor que te quiere.

Durante un tiempo él se sintió satisfecho, pero el tema volvió a salir un día que Hank los había visitado.

— ¿Hank es mi padre?

—No, cariño. Sólo es un amigo que te quiere mucho.

La tozuda racha de Daniel había crecido en proporción al resto de su cuerpo. Sus cejas se habían juntado encima del puente de la nariz y sus verdes ojos se habían oscurecido.

—Entonces, ¿quién fue mi padre? He debido tener uno.

—Tuviste uno, pero no es importante.

Al contrario, tener un padre era extremadamente importante para un niño de siete años. A diferencia de antes, el asunto no era tan fácil de evitar.

— ¿Te has divorciado de él? —preguntó.

—No.

— ¿Podría venir a verme alguna vez?

—No.

— ¿No le gusté cuando nací?

—Él no estuvo allí. Sólo yo. Y yo te quiero tanto como diez personas juntas. Como cien. —Por aquel entonces, había alcanzado una edad en la que los abrazos no eran bien recibidos, pero esa noche había dejado que ella lo sostuviese entre sus brazos durante mucho rato.

Durante un tiempo él se ocupó a su aire del problema, a veces de manera difícil. Llegó a oídos de Bella que Daniel iba contando por el colegio que su padre se había muerto cuando estaba salvando a un niño pequeño en un incendio.

— ¿Por qué has dicho eso, Daniel? —Ella hizo la pregunta con buenos modos, no como una reprimenda.

Se encogió de hombros. Puso mala cara, pero sus ojos resplandecían llenos de lágrimas. Era muy hombre para ponerse a llorar. Acababa de cumplir diez años.

— ¿Los niños del colegio te molestan por el hecho de no tener padre?

—Algunas veces.

Sus esperanzas de que Daniel no se sintiese defraudado habían sido ilusas. No tener padre marcaba una gran diferencia. Y aunque gran parte de su adolescencia transcurrió en un hogar en el que sólo estaba su madre, durante los años de su niñez su padre estuvo con ella. Después de su muerte, conservaba fotografías y recuerdos de él que la consolaron. Nunca olvidaría las tranquilas charlas que mantenían juntos, su carácter afectuoso, sus abrazos, sus besos de buenas noches o lo que él le susurraba al oído: «No tengas nunca miedo, Bella».

No consideraba la opción de contarle a Daniel la verdad. Si él supiera que era el resultado de una violación, muy probablemente se culparía de vivir. Rehusó dejarle tal tipo de culpabilidad, recordando la cruel responsabilidad que Renée le había dejado a ella la última vez que la vio.

Rosse no opinaba lo mismo. Cada vez que Daniel sacaba el tema de su padre apremiaba a Bella para que se lo explicara, pero no daba resultado. El estigma de no tener padre ya era de por sí suficientemente malo como para que supiera el resto. Para aliviar su conflicto, le dio permiso para mentir.

—Odio las mentiras, Daniel, tú lo sabes. Pero creo que algunas veces son necesarias si sirven para proteger a alguien y no a uno mismo. Así que cuando tus amigos te pregunten por tu padre, diles simplemente que tu padre murió. De esta manera no te sentirás incómodo. Te doy mi permiso para que digas eso, que murió antes de que tú nacieras. ¿De acuerdo?

Evidentemente todo fue bien, pues Daniel no volvió a sacar el tema nunca más. Había llegado a un nivel de madurez que le permitía resolver las cosas por sí mismo. Pensando en lo rápido que iban pasando los años, el corazón de Bella se encogió de añoranza por su hijo. No podía esperar hasta junio, cuando él se reuniría con ella en Palmetto.

—Has congregado casi a una multitud.

Bella salió de su ensimismamiento y giró la cabeza en respuesta a la suave voz cerca de su oreja. Edward se había sentado en la silla vacía que estaba a su lado.

—Buenos días, Edward. Estás muy guapo.

—Gracias —respondió él muy consciente de ello.

Llevaba un traje nuevo para la ocasión y se había cortado el pelo.

Ella se había vestido con mucho esmero. Habría viejos entre la gente que recordarían el escándalo que provocó cuando se marchó de la ciudad. La mayoría sentía simplemente curiosidad por la nueva industria de Palmetto. En cualquiera de los casos, iba a ser el foco de atención de todo el mundo. Quería deslumbrarlos.

—Ayer por la noche me acerqué hasta tu remolque, pero no estabas —le dijo a Edward.

—Lo siento. Te eché de menos.

—Parecía como si ya te hubieras instalado.

—No había mucho que hacer. Estoy preparado para empezar a trabajar.

—No sabía que tuvieras un perro.

— ¿Un perro?

—Había un perro echado en el último escalón del remolque.

— ¡Ah, él! —Dijo frunciendo el ceño—. Apareció hace unos cuantos días y cometí el error de darle unas sobras de la comida.

Inclinó la cabeza y le sonrió burlonamente.

— ¿Y ahora te ha adoptado?

—No por mucho tiempo. Pienso llevarlo a la perrera en la primera ocasión que tenga.

—Después de que se cure su pata, supongo. Eso parecía un vendaje casero —le dijo ella todavía con la misma provocativa sonrisa.

Edward frunció aún más el ceño.

—Se metió en una pelea. Tenía una fea herida. Le puse agua oxigenada y se la vendé. Eso es todo.

—No sé, Edward —dijo ella despreocupadamente—, creo que has hecho un amigo para toda la vida.

Cambió de tema moviendo la cabeza hacia la multitud.

— ¿Esperabas esto?

—Sí. Mi nombre apareció ayer por la tarde en el periódico local.

Su mirada se posó nuevamente en ella.

— ¿Alguna razón especial para que tu nombre provoque tanto interés en la ciudad?

—Es posible. Crecí aquí.

Él reaccionó como si hubiera sufrido una descarga eléctrica. Sus ojos verdes la miraron directamente.

—Es curioso que te hubieras olvidado de comentarme este pequeño detalle.

Pero antes de que dispusiera de una oportunidad para responderle, el alcalde de Palmetto se le acercó.

—Señorita Swan, esperemos otros cinco minutos más o menos para que la gente encuentre un sitio para sentarse, entonces podrá dar paso a su presentación. ¿Cuánto calcula que durará?

—Unos diez minutos aproximadamente. Después daré paso a las preguntas.

—Perfecto. Disponga de todo el tiempo que considere necesario, pequeña dama. Hoy es un día memorable. Todavía no me lo puedo creer.

Atajando sus efusividades sexistas, le presentó a Edward. Mientras los hombres se daban la mano, Bella tuvo la oportunidad de echar un vistazo a la multitud y distinguió a una mujer que estaba sentada entre el público.

Reflexivamente sus labios pronunciaron su nombre: Ángela.

Su amiga no había corregido su labio superior; su pequeña cara seguía convergiendo en un punto por encima de su labio superior. Llevaba el cabello más corto, pero éste seguía siendo inexorablemente liso.

Pese a ello, había marcados cambios en su aspecto. Ya no parecía irremediablemente animada sino severa. Sus ojos parecían haberse hundido en sus órbitas, haciendo que su mirada resultase más furtiva que nunca. Parecía un animal receloso asomándose al mundo desde su guarida.

Su mirada estaba ahora anormalmente fija, clavada en Bella. El tiempo había marcado profundas líneas en cada lado de su prominente boca. Bella y Ángela tenían la misma edad, pero Ángela parecía diez años mayor.

Bella sintió una punzada de remordimiento al recordar con cariño todas las noches que habían dormido juntas, en casa de una u otra, riendo y haciendo planes sobre su futuro, en los que invariablemente aparecían los hombres con los que se casarían: Jacob y Paul. Por lo menos una de ellas había visto cumplido su deseo. Los pensamientos de Bella debían de haberse transmitido a través de sus facciones, pues Ángela fue la primera en desviar su mirada. Bajó los ojos hasta su regazo.

Era extraño no ver a Paul entre la multitud. Una serie de agentes ayudaban a controlar a la multitud, pero Paul no se encontraba entre ellos. Paul siempre había sido alto y fuerte, pero sobre todo cobarde. No cabía duda de que estaba intentando evitar su primera confrontación en quince años.

Había algunas personas vagamente familiares para Bella. Podía ponerles nombres a sus caras. No distinguió a Athenodora Volturi, pero ella no era de las que se mezclaban con el público, que ella consideraba más bien chusma. Y evidentemente Caius tampoco estaba. Bella sólo había oído hablar de él una vez más después de verlo en Morgantown. Como entonces, le había suplicado su comprensión. Había lamentado que su muerte fuera tan trágica, pero su postura no había cambiado. Murió sin ser perdonado.

El alcalde se volvió a aproximar. Miró su reloj de pulsera y tironeó de su abrigo, dándose importancia.

—Bueno, señorita Swan, creo que podemos empezar.

—Estoy preparada —contestó.

El alcalde empezó a hablar poéticamente a través del micrófono hasta que todo el público se quedó aletargado por el aburrimiento o se empezó a impacientar. Finalmente presentó a Bella.

El aplauso de la audiencia fue correcto pero reservado.

—Señoras y señores, muchas gracias por haber venido esta mañana. Su asistencia me confirma que la GSS ha escogido un excelente lugar para instalar su planta textil. Palmetto fue escogido por varias razones. Por encima de algunas de estas razones privaba su disponibilidad de materia prima para la construcción y su accesibilidad a los astilleros, que facilitarán el transporte de materiales, relativamente poco costoso, a mercados nacionales y extranjeros. Sin embargo, la primera razón de esta elección ha sido el doble beneficio que se derivará de esta empresa. La planta textil creará cientos de puestos de trabajo y reanimará una debilitada economía. Y la planta textil progresará gracias a una fuerte, espontánea e ingeniosa fuerza de trabajo; en otras palabras, gracias a ustedes.

Bella contuvo el aliento. Como ya había esperado se produjo un gran aplauso que fue creciendo como una marea hasta hacerse ensordecedor en la atestada sala. Sonrió interiormente, sabiendo que ya los tenía. Estratégicamente no había empezado su discurso intentando impresionarlos con el poder y el futuro de la GSS. Eso sólo habría conseguido aflorar sus resentimientos. En cambio, había adulado a la región y a su gente.

El cambio de ánimo era palpable. El público comenzó a asumir una cordial actitud. La audiencia no desconfiaba ya de la compañía yanqui que se entrometería en su camino e inundaría la región de extranjeros. Les habló de los procedimientos de la planta, de las distintas fases, desde que llegaba el algodón hasta que salían las prendas confeccionadas con destino a todos los mercados del mundo.

—Esta planta pertenecerá a esta ciudad —continuó Bella—. Cuanto más inviertan en ella, mayores beneficios obtendrán. Generará miles de dólares cada año, sólo en impuestos locales, que serán canalizados para hacer mejoras necesarias para la comunidad. En un plano individual, significará mejores ofertas de trabajo para numerosos trabajadores de diversas áreas profesionales.

— ¿Qué tipo de trabajos? —gritó alguien desde el final de la sala.

—En cadenas de montaje, fletes y transportes, mantenimiento, ingeniería, trabajos de oficina. La lista de oportunidades es interminable. Para empezar, necesitaremos albañiles. Ahora me gustaría presentar al señor Edward Cullen. Él es nuestro contratista.

Se volvió hacia Edward y lo invitó a acercarse al micrófono. Se aproximó a la tarima. Su aspecto era imponente, sobre todo por su físico excepcional. Ello, sumado a su mirada convincente, originó un silencio que cayó sobre la sala llena de murmullos. Bella le dedicó una sonrisa alentadora mientras le acercaba el micrófono.

Después de unas breves palabras se excusó, volviendo más tarde con un dibujo arquitectónico de toda la planta. Una exclamación corrió por toda la sala cuando lo vieron.

—Así quedará la planta una vez acabada —explicó Edward—. Como pueden ver, será una obra de lo más moderna que tardará años en construirse. Animaré a los subcontratistas para que contraten mano de obra de la región.

Apoyó el dibujo contra el facistol y regresó deprisa a su asiento.

—Muchas gracias, señor Cullen.

Bella se dirigió nuevamente a la audiencia.

—Ahora me gustaría responder a sus preguntas...

La puerta trasera de la sala se abrió con tanta fuerza que dio un portazo contra la pared de la sala. Todo el mundo giró la cabeza para averiguar qué había causado tal conmoción. Un expectante silencio se cernió sobre la sala cuando dos hombres interrumpieron en ella.

Avanzaron directamente hacia el centro de la sala por entre las filas de sillas caídas a su paso, llegando hasta el borde mismo del escenario. El corazón de Bella latía en su garganta, pero no hizo caso de la ruda interrupción.

—Ahora contestaré a sus preguntas.

Se levantaron algunas manos pero no tuvo tiempo de percibirlas.

—Tengo una pregunta para usted, señorita Swan —le anunció una voz del pasado—. ¿De dónde demonios ha sacado usted la desfachatez para presentarse en esta ciudad?

Bella mantuvo la compostura, aunque su expresión se tornó glacial al bajar la mirada hacia el hombre que estaba frente al atril.

Iván Bierbs la miraba desafiadoramente desde su silla de ruedas.


Y que empiece el show!

凸(^_^)凸

Gracias: | yasmin-cullen | patymdn | lys92 | The Princess of the Dark | MaeCllnWay | Masilobe | jacke94 | Gigi Cullen | Liz PattStew | alexf1994 | | maribel hernandez cullen | Deathxrevenge | linda-swan | Jesk | Esteph PV17 | Elenamar-16 |loreblue31 | yaxia| por sus reviews, amo leerlas niñas!

A pesar de leer todos los rr no puedo responder uno por uno sus mensajes, ya conocen mis motivos, pero les agradezco enormemente su apoyo constante. Como siempre, espero que de a poco se vayan respondiendo sus preguntas.

Gracias a las nuevas lectoras que se sumaron esta última semana!

Como siempre, gracias a todas aquellas personitas que me leen, dejen o no reviews, para mi es importante saber que están acompañándome.

Próxima actualización: Domingo 16.

Sí, porque el lunes tengo que rendir mi primer examen, así que estaré subiendo un día antes!

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#Andre!#