Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece. Ninguno.

21/22

Penúltimo capítulo. Hola a todos, ¿cómo están? Realmente espero que bien. Como siempre, quería agradecerles de todo corazón por su amabilidad. Por darle una oportunidad a esta humilde historia escrita por una aficionada. Por sus realmente atentas opiniones y por ser sinceros cuando debieron serlo en sus críticas. Sepan que todo eso, en verdad, me sirvió y planeo seguir usándolo en mis fics futuros. Y, espero también que este capítulo los complazca y este a la altura de sus expectativas. En serio, ¡gracias por todo! Mañana, obviamente, estaré subiendo el final y, por ende, deberán buscar la historia en "complete". Nos vemos y besitos.


Yuxtaposición de soledades

Algo más

XXI

"La última pared"

Había permanecido en silencio desde hacía aproximadamente veinte minutos ya. Estaba sentado al borde de la cama de su habitación, inclinado hacia delante, con un rollo de vendas en las manos. Por unos instantes, contempló los vendajes y con una mano cubrió el símbolo del pájaro enjaulado en su rostro; recordando inmediatamente la noche en que Tenten había pasado sus dedos por aquel sello maldito. Él se lo había permitido, aunque no estaba seguro de porque. Tenten siempre había sido audaz, y quizá había querido evaluarla, ver hasta donde habría sido capaz de llegar. Le había permitido removerle las vendas, algo que nunca hacía él mismo siquiera en presencia de otros –dejando de lado la ocasión en la que deliberadamente quiso exponer el sufrimiento del clan Hyuuga a los ojos del mundo, en los exámenes chunin-, porque no quería que vieran la vergüenza tatuada en su rostro. El odio, el miedo, el dolor. Pero eso a ella no le había importado. Lo había tocado, con expresión de enfado y dolor. No de pena, que era lo que habitualmente solía ver en los ojos de los demás cuando, por una razón u otra, el sello quedaba expuesto. Neji odiaba ser mirado de esa forma, con pena y lástima. Él era fuerte, no necesitaba la compasión de nadie. Y le injuriaba siquiera que pensaran que lo hacía. Pero Tenten era distinta. Ella nunca lo había mirado con ojos de pena, ni siquiera la vez que había tenido al alcance de los dedos –literalmente- el símbolo tatuado que algún día lo llevaría a él a la muerte. Lo había mirado con enfado y con cierto dolor, pero no con pena. Y eso era mucho más de lo que el muchacho había podido esperar.

Cerrando los ojos, comenzó a desenroscar los vendajes que sostenía y tomando una larga tira entre sus dos manos, lo apoyó lentamente sobre su frente. Y con habilidad originada por la rutina, comenzó a envolver su cabeza, evitando atrapar su cabello bajo estas. Los movimientos eran fluidos y sus manos y dedos sabían donde plegar y doblar, aquí y allá, hasta terminar el trabajo. Su cabellera café, ahora suelta de su agarre, caía a ambos lados de su rostro inclinado hacia delante; chorreando pequeñas gotas de agua fría, gotas que también descendían rodando lentamente por su nuca y espalda descubierta. Suspirando, tomó una pequeña toalla y la arrojó sobre su hombro derecho, poniéndose de pie para contemplarse en el espejo del diminuto baño de su habitación.

Sus ojos blancos, al instante en que se encontraron con su propio reflejo al otro lado del espejo, descendieron evaluando su anatomía. Lenta y analíticamente, examinando cada centímetro de su cuerpo. Su cuello, su clavícula, su pecho; y allí algo atrajo su atención, en el lado izquierdo. Una cicatriz en forma de espiral. Allí la piel tenía un cierto relieve y había adquirido un color más oscuro. Si descendía la mirada podía ver otra igual del lado derecho de su abdomen, próxima a su cadera. Esa vez, esa funesta vez en aquella batalla con aquel shinobi arácnido del sonido, había estado al borde de la muerte. Y de no ser por los ninjas médicos de la aldea estaría bajo tierra y no vivo portando tan solo un par de horribles cicatrices. Cicatrices que aún en los día de humedad sentía palpitar y arder ligeramente.

Desde esa vez, recordaba haberse jurado a sí mismo entrenar más duro y volverse más fuerte para no tener que volver a estar nunca más en una situación como esa. Y, ahora que lo recordaba, Tenten había estado dispuesta a entrenar con él a pesar de lo excesivo y estricto que Neji había sido. Una semana después, Tsunade le había recomendado a la chica descanso tras haber colapsado en uno de los entrenamientos con el Hyuuga. Cuando él había preguntado, ella simplemente había sonreído –esa sonrisa cálida y alegre-, alegando que si ese era el precio para que él no regresara nunca más al hospital en ese estado, ella estaba más que dispuesta a pagarlo. Además, había dicho que lo hacía por sí misma. Para mejorar, y ser fuerte como Lee y él.

Tenten siempre había sido de esa forma, desde que la recordaba. Aún en la academia, todas las aspirantes a kunoichi le habían irritado. Eran infantiles y tontas, siempre siguiéndolo y llamándolo por su nombre (con el sufijo honorífico "-kun", por supuesto) y diciéndole cuanto lo admiraban –aunque ni siquiera sabían porque lo admiraban, porque no lo conocían-, pero su actual compañera no. De hecho, ella nunca le había dirigido más de una palabra o una mirada en la academia. Y siempre que él la observaba, ella estaba en el patio practicando su puntería hasta no poder respirar más. Siempre esforzándose, aún cuando todas las otras niñas aprovechaban el tiempo para estar con personas que consideraban sus amigos. Ella no, ella permanecía sola entrenando y arrojando 100 kunai, uno tras otro, hasta agotarlos para volver a empezar. Y desde que habían sido colocados en el mismo equipo, Neji no podía recordar una vez en que no hubieran entrenado juntos sin ser el impedimento una misión. Pero estos dos días habían sido diferentes y sabía que la razón de que lo fueran era él. Por esa razón, había entrenado aquella mañana en el patio delantero del complejo Hyuuga –al igual que la anterior-, solo, y no en los terrenos de entrenamiento con ella como solía hacerlo. Y es que simplemente no encontraba apropiado volver. No después de lo sucedido, fuera lo que fuera que eso hubiera sido.

Debía admitir que, en cierta forma, era extraño cambiar la rutina. Se había acostumbrado a la presencia siempre alegre de ella. Se había acostumbrado a la tenacidad y a la voluntad que ponía Tenten en cada combate para intentar derrotarlo. Lo lograra o no, siempre estaba dispuesta a darlo todo en una batalla contra él; y esas eran cualidades que el Hyuuga apreciaba en un compañero de entrenamientos. Suponía que podría buscarlo a Lee, pero por más que lo intentara no lo encontraba una buena idea. Dejando de lado las razones obvias –ridiculez desmedida y mucho expándex verde-, Neji lo encontraba insatisfactorio para lo que deseaba entrenar. Seguro, había -con los años- llegado a apreciar su fortaleza, pero eso era todo lo que había en Lee. Era rápido, fuerte y persistente, pero carecía de la astucia que tenía Tenten. Lee no podía sorprenderlo, al menos no de la misma forma que podía hacerlo su castaña compañera. Y eso era razón suficiente para no buscarlo (una vez más, añadiendo a la lista el expándex, que simplemente no podía ser ignorado).

Dejando finalmente el baño, regresó a la habitación para comenzar a secarse metódicamente el cuerpo. Una vez que terminó, se colocó sus prendas habituales del clan Hyuuga y recogió su largo y lacio cabello cerca de las puntas como habitualmente solía hacerlo. Cuando terminó de amarrarse el protector de la aldea en la frente, en la puerta se oyó un pequeño golpe. Mirando hacia la entrada, frunció el entrecejo. No era habitual que alguien osara molestarlo cuando estaba en su habitación. De hecho, solo lo interrumpían cuando se solicitaba su presencia en alguna parte por algún asunto. Pero dudaba que ese fuera el caso, dado que aquel día no había concejo de los ancianos del clan. Y dudaba que Hiashi lo necesitara para algo.

Extendiendo la mano, corrió la puerta, solo para encontrarse con una dubitativa Hinata y una erguida Tenten que no dejaba de mirarlo. Debía admitir que no había esperado algo así. No solo porque Hinata no solía molestarlo cuando estaba en su cuarto sino porque también le había dicho en contadas ocasiones a su compañera de equipo que no fuera a su casa. Pero Tenten no parecía escuchar —Hinata-sama... —musitó, mirando de reojo a su prima con ligera sorpresa. Luego, su vista se clavó en los ojos color caramelo de la castaña. Y tal y como esperaba de ella, no desvió la mirada, sino que se la sostuvo con firmeza—. ¿Tenten, qué haces aquí?

La mencionada se cruzó de brazos. Ya había llegado hasta allí, no retrocedería en aquel momento. Sin importar con cuanta intensidad él la mirara —¿Qué crees? Vengo a buscarte.

Y por un instante aguardó en silencio a que él dijera algo, cualquier cosa. Sabía que Neji no pondría una patética excusa y no esperaba que lo hiciera tampoco pero al menos esperaba una respuesta que le indicara algo. Una respuesta que le indicara dónde estaba ella, dónde estaba él y dónde estaban ellos. Si deseaba que se marchara o no quería que lo hiciera. Si estaba enfadado o no. Algo. Pero, como siempre, el semblante de Neji no traicionó emoción alguna. Solo seguía allí, mirándola fijo, como si intentara decirle algo con la mirada pero ella se rehusaba a acobardarse –algo que nunca haría. Porque, para ser honesta consigo misma, ya se había cansado de la comunicación no verbal entre ellos. Si él quería decirle que se fuera, que lo hiciera. Si quería decirle cuan molesto era tenerla a su alrededor de esa forma, que lo vocalizara. De otra forma, ella interpretaría las cosas libremente y como quisiera. Y eso había hecho de hecho, por eso estaba allí.

Una pequeña y suave voz los sacó del estado de transe en el que parecían estar. Y Tenten debía admitir que se sentía aliviada que Hinata hubiera intervenido, o probablemente sus rodillas se habrían doblando de un instante al otro –figurativamente, por supuesto.

—D-Debo e-entrenar... a-adiós T-Tenten-san, Neji-nii-san.

Aprovechando la oportunidad, Tenten rompió el contacto visual y se volvió a la heredera del clan Hyuuga —Adiós Hinata, gracias por acompañarme —sonrió. La joven muchacha asintió y dando media vuelta se marchó.

Al volverse a Neji, este ya había ingresado de regreso en la habitación, dejando la puerta abierta tras de sí indicándole a ella que ingresara. Y así lo hizo la castaña.

—Cierra la puerta —no era una petición, por supuesto. Pero no podía decir que estuviera enfadada con él por ello. Después de todo, estaba acostumbrada a sus hábitos. Por lo que obedeció, y con cuidado deslizó la puerta de papel y madera a un lado hasta correrla por completo. Solo que no se volteó al instante, sino que permaneció inmóvil con ambas manos aún apoyadas suavemente sobre la puerta.

Neji, por su parte, permanecía también de espaldas a ella y al resto de la habitación, ya que se encontraba observando estoicamente por la ventana de su habitación.

Tenten se volteó y tomó una bocanada de aire. Ahora que pensaba con cuidado las cosas, notaba que no tenía un plan ni lo había tenido nunca. Simplemente había ido hasta allí sin preparación alguna, algo que no era habitual en ella. Tenten, siendo compañera por tantos años del Hyuuga –y una persona metódica por naturaleza-, había aprendido como él a nunca descuidarse. Pero, esta vez, lo había hecho; y se sentía una estúpida por ello.

—¿Estás enfadado porque vine aquí? —lo cuestionó, finalmente dándose vuelta y apoyando su espalda contra la puerta.

—Ya te dije, que no me agrada que vengas aquí —sentenció. Y por el rabillo del ojo vio la expresión de ella contorsionarse en una de tristeza (algo que Tenten rara vez solía manifestar). En verdad, le disgustaba; pero no estaba enfadado de que estuviera allí.

—Lo se-

Pero antes de que ella pudiera continuar, él la interrumpió —Tenten, ¿qué haces aquí? —volvió a preguntar, haciendo hincapié en el "qué". Y esta vez no quería una mentira, no quería que le dijera que lo había ido a buscar, quería que le dijera porque lo había ido a buscar.

Ella simplemente contestó —Desapareciste —finalmente volteándose y rodeando la habitación hasta sentarse detrás de él, al borde de la cama. Neji la siguió de reojo por toda la habitación, analizando cada movimiento de sus pies y del resto de su cuerpo en silencio.

—Estoy aquí —fue todo lo que dijo él en tono sereno. Y Tenten se vio compelida a bajar la mirada hasta sus manos que se encontraban boca arriba sobre su regazo. Neji, inconscientemente, hizo lo mismo y notó que todas las yemas de sus dedos –o casi todas- estaban cubiertas con banditas—. ¿Qué le sucedió a tus manos, Tenten?

Ella alzó la mirada y masculló, a regañadientes —Errores de cálculo.

El chico frunció el entrecejo —Tú no tienes errores de calculo.

Su voz había sonado casi acusadora, y Tenten se preguntó si esa había sido la intención de él. Pero lo ignoró. La castaña era más que conciente que habitualmente no solía tener errores de cálculo, o demasiados errores en general, y por eso estaba segura que no necesitaba que alguien le refregara estos "errores" en su cara. Menos aún, la persona por la que los había cometido.

—Soy conciente de eso —refunfuñó, quizá algo infantilmente, cruzándose de brazos y aprovechando esto para ocultar sus dedos de la vista de él. Acción que no pasó desapercibida por Neji.

Sin embargo, él no dijo nada. Tenten tampoco lo hizo. Y el silencio descendió como una cortina entre ellos. De repente, la castaña pareció caer en la cuenta de que se encontraba en la habitación, en el dormitorio, del prodigio del clan Hyuuga y no pudo evitar echar un vistazo a su alrededor. Para ser el lugar más íntimo y privado de Neji era bastante sencillo y soso, sin mencionar que era pequeño también y la cama que se encontraba en medio acaparaba prácticamente todo el espacio. Las cuatro paredes, como era de esperarse, eran blancas y sobrias. Al igual que las sábanas de la cama sobre la que estaba sentada, que también eran blancas. Y el techo era de madera, como lo era el suelo. No había escritorio ni cuadro alguno, no había planta en algún rincón para darle vida al lugar ni alfombra. Solo dos mesitas de noche, una prácticamente vacía –con un vaso de agua, agua que probablemente estaría allí desde hacía días- contra el lado izquierdo de la cama, y otra sobre la que se encontraba un rollo de pergaminos y un portarretrato apoyado contra la superficie de madera para que la imagen no pudiera verse. Extendiendo la mano, cargada de curiosidad, Tenten observó la imagen. Neji se tensó en su lugar pero se contuvo de arrebatársela violentamente de la mano.

Con los ojos abiertos desmesuradamente, observó la fotografía. No tenía demasiados colores tampoco, y esto no le sorprendió pues la fotografía parecía vieja –aunque no tanto-, sino que predominantemente era de color sepia. Estaba ajada, por lo que podía ver a través del cristal, en las puntas y algo rota en una de estas. En la imagen, solo había dos personas. Una persona que lucía sorprendentemente igual a Hiashi –pero ligeramente diferente- y que se parecía en demasía a Neji y un pequeño niño que la chica reconoció al instante como su compañero de equipo. El cual en la fotografía debía tener cuatro años y en la actualidad tenía diecinueve.

—Este... —no supo si debía continuar, pero lo hizo—, ¿es tu padre?

El Hyuuga apretó los dientes. Esta vez ya no se encontraba de espaldas a ella y a la habitación, sino que se había volteado y ahora permanecía apoyado de brazos cruzados contra la ventana —Era.

Tenten volvió a bajar la mirada a la foto —Lo siento. Parecía un gran shinobi...

Neji cerró los ojos y suspiró —Lo era.

La castaña negó con la cabeza, aunque él no pudo verla —Tú también lo eres.

Y al instante los ojos níveos de él se abrieron y se fijaron en ella. E inconscientemente Tenten desvió la mirada a la foto e intentó ocultar la extraña sensación que la estaba acometiendo —No me respondiste, Tenten. ¿Qué haces aquí?

Suavemente, depositó el objeto en la mesa de la misma forma que lo había encontrado y se puso de pie, caminando lentamente hasta quedar frente a él. Al ver esto, Neji se atiesó pero no se movió —Vine a verte.

El Hyuuga no descruzó los brazos, aún a pesar de que la tenía de pie frente a él; pues intentaba establecer algún tipo de distancia entre ellos pero Tenten parecía dispuesta a ignorarlas todas y cada una de ellas con cada paso que daba. Y solo se detuvo cuando ya no hubo más espacio para avanzar. El próximo paso que diera, sería colisionar contra él.

—Detente —dijo de repente Neji. Severamente. Pero su voz sonó áspera. Como si su boca se hubiera secado repentinamente.

Aunque ella no pareció percatarse de esto. Simplemente bajó la mirada y aferró ambos antebrazos de él entre sus manos. Lenta y suavemente, comenzó a descruzarlos notando al principio una leve resistencia que luego desapareció. El chico la observó serio pero desconcertado —¿Qué haces?

No le respondió. No dijo nada. Permaneció por unos segundos contemplando el pecho de él y luego, de forma tentativa, apoyó sus palmas contra este; tamborileando con sus dedos nerviosamente. Las manos de él –que colgaban a ambos lados de su cuerpo- se alzaron para cubrir las pequeñas manos de Tenten con las suyas. Luego, con cuidado, intentó apartarlas de su cuerpo, pero la chica se aferró con más fuerza a sus vestimentas —Tenten...

Ella negó con la cabeza —Neji, por favor —susurró, y terminó de inclinarse hacia delante para apoyar su mentón en el hombro del chico.

Por un instante, su mente pareció quedar en blanco. Lo único que podía percibir era el silencio que los rodeaba a ambos, la sensación de que el tiempo había dejado de tener algún tipo de sentido por completo y la percepción del cuerpo de ella presionado contra el suyo -lentamente, suave y sutilmente- tal y como había estado días atrás, cuando él mismo se había impuesto contra ella en su apartamento. Solo que en aquella vez, no se había percatado de varias cosas. No había notado la forma en que una de las piernas de ella se escabullía entre las de él, la forma superficial en que la chica respiraba o la forma en que sus pequeños y firmes pechos –por vendados que estuvieran- reposaban contra su propio pecho. Así como tampoco había notado demasiado la forma en que el corazón de ella parecía querer salirse de su caja toráxica, aunque esa era una visión que con su Byakugan había presenciado incontables veces antes.

Una vez más, intentó detener todo aquello. Pero aunque logró articular su nombre, su cuerpo no intentó apartársela de encima —Tenten.

—¿Por qué hiciste eso el otro día? —susurró, ignorándolo.

Las manos de él, las cuales nuevamente habían ido a parar a ambos lados de Neji, se alzaron y la tomaron firmemente por los hombros. Pero se sorprendió nuevamente de no querer apartarla sino que, por el contrario, deseaba atraerla más contra sí y así lo hizo. Luego, enterrando su rostro en el cuello de la chica, suspiró. ¿Por qué había hecho aquello? No sabía. No tenía idea, porque no había razón alguna lógica para que lo hubiera hecho. Y si lo pensaba fríamente, sabía que no debería haberlo hecho y sabía que debería alejarla en aquel momento, pero la frialdad que lo caracterizaba con ella siempre parecía flaquear. Era como si la calidez de Tenten llegara a derretir ligeramente la coraza de hielo que construía alrededor de las demás personas. Pero nunca antes lo había derretido con tal potencia. No desde ese primera vez que lo había tocado, al descubrir su sello maldito. Y desde allí todo había ido en picada. No supo porque, ni supo cuando, pero sintió la necesidad de tenerla cerca de esa forma. Era lo que se había estado negando todos esos días que la había esquivado, y lo sabía, pero la sola idea de desear que alguien capaz de derretirlo de esa forma estuviera lo suficientemente cerca lo estaba perturbando. Nadie debería desear sentirse de esa forma, como si de un instante al otro fuera a convertirse en un charco de agua, pero lo hacía. Y eso era lo peor de la cuestión. Neji odiaba sentirse frágil.

Pero eso no le impidió que rozara la punta de su nariz por el cuello de ella, primero hacia arriba y luego hacia abajo, respirando muy suavemente. No le impidió seguir acariciándola de esa forma por unos segundos para luego rozar su nariz por su garganta, y no le impidió sentir un inmenso placer cuando ella tiró la cabeza hacia atrás dándole acceso completo a su piel. Así como tampoco lo detuvo de presionar con mucha fineza sus labios contra la garganta de ella y comenzar a ascender hacia arriba hasta besarle el mentón y las comisuras de los labios. Le besó la punta de la nariz, los ojos, pero no allí donde ella más deseaba; a pesar de que ella permanecía con la boca entreabierta expectante, y eventualmente la veía humedecerse los labios con la punta de la lengua.

En un rápido movimiento, los giró a ambos intercambiando los papeles. Ahora era ella la que permanecía contra la pared junto a la ventana y era él el que se cernía cauta y cuidadosamente sobre ella. Pero, a pesar de todo, Tenten siguió aferrándolo de las ropas y atrayéndolo contra sí misma y él no pareció, al menos no esta vez, dispuesto a refrenarse. Y, de hecho, no lo estaba. Tenten pudo comprobarlo en el preciso instante en que los labios de él se posaron nuevamente sobre la piel de ella, más intensos y demandantes que antes. Y ella aprovechó aquí a allá para besarlo en el cuello también. Tenten no era agresiva –como lo era Ino- pero tampoco era pasiva –como Hinata-, simplemente le gustaba ser activa. Le gustaba cooperar. Y de alguna forma le agradaba que su buen trabajo de equipo se aplicara a otras situaciones de la vida. Situaciones como en la que se encontraba actualmente.

Las manos de Neji se habían soltado de los hombros de ella para descender por el torso de la chica y enroscarse posesivamente alrededor de su cintura, atrayéndola aún más hacia sí. Y por primera vez se percató de cuan pequeña era la cintura de Tenten, cuan firme era su abdomen y cuan curvada era su espalda. Y le agradaba sentir todo aquello, aunque no podía explicar bien porque.

Finalmente, cansado de posponer lo obvio, ascendió nuevamente por la garganta de ella –besándole con cautela cada espacio descubierto de piel- hasta llegar a sus labios. Y, una vez contra estos, se detuvo. Tenten también lo hizo, pero una vez que recobró el aire presionó su boca contra la de él, a la espera de una respuesta. Respuesta que inmediatamente llegó al instante. Suave en un principio, y etéreo, tal como era él cuando combatía. Sus labios se deslizaban cuidadosamente contra los de ella, presionando eventualmente sobre uno más que el otro, deslizándose algunas veces sobre las comisuras para regresar al centro; pero siempre manteniendo la misma rutina. Siempre con exacta precisión y con suma dedicación. Hasta que, aprovechando un instante en que ella dio una pequeña bocanada de aire, deslizó con vacilación su lengua en su interior. Entonces se detuvo y aguardó. Pero cuando ella correspondió, todas las sensaciones regresaron cada una a su lugar.

Hasta que finalmente se detuvo, jadeando ligeramente, y recostó su cabeza en el hombro de ella —Tenten... debes irte.

Ella, en vez de soltarlo y marcharse, se rehusó y lo aferró con más fuerza —Neji, no tienes que alejarme.

Pero tenía. Tenía que hacerla marcharse de allí en aquel instante. A lo largo de su vida, Neji se había forzado a construir paredes y crear corazas a su alrededor para protegerse. Se había forzado a dejar a todos los demás afuera. Aún después del combate con Naruto, aún si había cambiado su perspectiva, no había cambiado su forma de ser. Era un hecho para Neji que estar solo era más seguro. No solo para él, sino para los demás también. Cuanto menos dependiera de otros menos necesitaría preocuparse. Pero no estaba solo. Neji sabía perfectamente que nunca lo había estado. Lee y Gai, de alguna forma siempre habían estado allí. Hinata, Hanabi y Hiashi, desde los exámenes chunin, en parte, también –principalmente la primera- y Tenten no había instante en que no pudiera recordarla parada a su lado, sonriendo. Todos ellos habían estado allí, pero él había podido tener un cierto tipo de control sobre ese tipo de relaciones. Neji sabía que esto era distinto, pero no podía obligarse a odiarlo. Así como tampoco podía obligarse a odiarla a ella.

—Tenten —suspiró, sus ojos cerrados, su semblante ahora más calmo—. No debiste venir.

Ella levantó la vista y sonrió, aún con él abrazado a ella y con su cabeza en su hombro —Necesitaba hacerlo. Mi puntería estaba empezando a apestar.

Él soltó un bajo gruñido —Exactamente. Esto afectará nuestro desempeño.

Tenten ladeó a duras penas la cabeza y besó la sien de él, dejando caer al piso el protector de la aldea que no recordaba haber desatado —No, si no lo permitimos.

—Tu puntería...

Ella frunció el entrecejo, irritada —Neji, mi puntería falló porque hiciste lo que hiciste en mi apartamento y te fuiste y me dejaste. Llevo sintiéndome así desde los catorce y eso nunca afectó mi concentración.

Neji se separó parcialmente de ella y se enderezó. Su rostro acababa de adquirir una notoria rigidez —¿Sientes?

La castaña bajó la cabeza —Se que lo sabes Neji, y se que sabes que yo lo sé también.

—¿Qué cosa? —presionó él, y Tenten se sorprendió de la determinación que parecía mostrar Neji para que ella dijera lo que tenía que decir.

—Sabes que te amo...

El Hyuuga, sin siquiera inmutarse asintió. De hecho, si lo hacía. Los signos habían sido evidentes y cada vez que había activado el Byakugan los había visualizado con más claridad. Cuando por primera vez lo había notado, tenían, tal y como Tenten dijo, catorce años y entonces la única reacción que había tenido era construir paredes más altas. Inconscientemente, había engrosado su coraza helada y había construido muralla tras muralla para alejarla. La había tratado con frialdad y había sido más duro con ella en todos los entrenamientos, hasta el punto de drenarla completamente. Pero eso no había alejado a Tenten, lo hubiera hecho con cualquier otra persona, estaba seguro, pero no con ella. Tenten estaba decidida a permanecer a su lado. Y había entrenado aún más tiempo para lograr hacerlo.

Desde entonces, se había asegurado de dejarle en claro en cada ocasión que podía que era más sensato para ella cesar con esos sentimientos peligrosos que continuar con ellos. Por supuesto, de forma indirecta pues hasta ese momento ella nunca antes le había dicho las palabras. Y lo irónico de todo aquello era que, a pesar de que por años había intentado evitar que las dijera, le acababa de comandar que hiciera exactamente lo contrario. Que le dijera las palabras. Y, por alguna razón, oírlas se había sentido bien. Se había sentido sumamente placentero en su ego. Y esa era una sensación que nunca antes había sentido, ni siquiera en batalla, pero que no cambiaría por nada.

—Lo se —susurró, observándola fijo con la misma intensidad que solo sus ojos podían emanar.

—¿Qué? —preguntó la joven, desconcertada. Neji empezaba a ponerla nerviosa, mirándola de esa forma. Tan fijamente. Tan fuertemente.

Pero el Hyuuga solo negó con la cabeza —Estaba pensando.

Ella se cruzó de brazos —¿Qué, qué cosa?

La mirada penetrante regresó —¿Qué es esto? ¿Qué es ahora?

Y solo entonces la castaña se permitió sonreír, alegre y aliviada. Por un momento, había temido que Neji fuera a retractarse y a decirle que se marchara y nunca más regresara. Había temido que la frialdad regresara y una vez más le cerrara las puertas de su vida y de su mundo en la cara, pero tal cosa no había pasado. Por el contrario, el Hyuuga parecía dispuesto a ahondar en aquello. Y eso la hacía feliz, muy feliz.

—No se, ¿qué quieres que sea?

Él frunció el entrecejo, no quería arriesgarla. Seguir con aquello era y sería egoísta –aún cuando se sintiera tan correcto-, pues si lo permitía, la chica se convertiría en su debilidad, si tal cosa ya no había sucedido —Tenten, seguir con esto será un riesgo en las misiones. Si alguien sabe que tú... que eres relevante para mi...

Tenten puso los ojos en blanco, ¿acaso Neji había convertido una especie de seudo-confesión en algo tan soso como "eres relevante para mi"?. Si lo había hecho, por ridículo (y extremadamente formal) que sonara. Pero suponía que eso era todo lo que obtendría de su parte. Al menos por ahora. Y estaba bien, por ella estaba bien. Neji era así y ella no lo cambiaría, no tenía intenciones de hacerlo tampoco.

—Nadie tiene que saberlo —sugirió. Después de todo, sería ridículo esperar de Neji algo que no fuera él mismo. El Hyuuga no era del tipo de persona expresiva que disfruta de las demostraciones de afecto en público. Ella no esperaría que él le tomara la mano en la calle y la presentara a los demás como suya, no esperaría que le comprara flores y la invitara en una cita formal. El solo pensamiento era ridículo, y eso estaba perfecto. Porque ella no era del tipo de chica que prefiere flores y gusta de arreglarse el cabello y usar vestidos (obviamente), no era del tipo que necesita ostentar que tiene un hombre al lado, y definitivamente no necesitaba etiquetar o rotular su relación para no sentirse insegura. Al fin y al cabo, todo lo que quería y deseaba y siempre había deseado, era poder estar a su lado. Y ahora él lo permitiría.

—Bien —musitó. Y en algún rincón recóndito de su mente, oyó el ruido de la última pared derrumbarse.