Capitulo 21

Pv Katnnis

—Solo me tutea mi familia y unos pocos amigos íntimos. Lo prefiero así.

Todavía no me ha dicho: «Llámame Peeta». Es sin duda un obseso del control, no hay otra explicación, y parte de mí está pensando que quizá habría sido mejor que lo entrevistara Annie. Dos obsesos del control juntos. Además, ella es casi rubia —bueno, rubia rojiza—, como todas las mujeres de su empresa. Y es guapa, me recuerda mi subconsciente.

No me gusta imaginar a Peeta y a Annie juntos. Doy un sorbo a mi té, y Mellark se pone otro trozo de magdalena en la boca.

— ¿Es usted hija única? —me pregunta.

Vaya… Ahora cambia de conversación.

—Sí.

—Hábleme de sus padres.

¿Por qué quiere saber cosas de mis padres? Es muy aburrido.

—Mi madre vive en el distrito 6 con su nuevo marido, Boggs. Mi padrastro vive en el distrito 12.

— ¿Y su padre?

—Mi padre murió cuando yo era una niña.

—Lo siento —musita. Por un segundo la expresión de su cara se altera.

—No me acuerdo de él.

— ¿Y su madre volvió a casarse? Resoplo.

—Ni que lo jure. Frunce el ceño.

—No cuenta demasiado de su vida, ¿verdad? —me dice en tono seco frotándose la barbilla, como pensativo.

—Usted tampoco.

—Usted ya me ha entrevistado, y recuerdo algunas preguntas bastante personales —me dice sonriendo.

¡Vaya! Está recordándome la pregunta de si era gay. Vuelvo a morirme de vergüenza. Sé que en los próximos años voy a necesitar terapia intensiva para no sentirme tan mal cada vez que recuerde ese momento.

Suelto lo primero que se me ocurre sobre mi madre, cualquier cosa para apartar ese recuerdo.

—Mi madre es genial. Es una romántica empedernida. Ya se ha casado cuatro veces.

Peeta alza las cejas sorprendido

—La echo de menos —sigo diciéndole.

— Ahora está con Boggs. Espero que la controle un poco y recoja los trozos cuando sus descabellados planes no vayan como ella esperaba.

Sonrío con cariño. Hace mucho que no veo a mi madre. Peeta me observa atentamente, dando sorbos a su café de vez en cuando. La verdad es que no debería mirarle la boca. Me perturba.

— ¿Se lleva bien con su padrastro?

—Claro. Crecí con él. Para mí es mi padre.

— ¿Y cómo es?

— ¿Haymitch? Es… taciturno.

— ¿Eso es todo? —me pregunta Mellark sorprendido.

Me encojo de hombros. ¿Qué espera este hombre? ¿La historia de mi vida?

—Taciturno como su hijastra —me suelta Mellark. Me contengo para no soltar un bufido.

—Le gusta el fútbol, sobre todo el europeo, y los bolos, y pescar, y hacer muebles. Es carpintero. Estuvo en el ejército. Suspiro.

— ¿Vivió con él?

—Sí. Mi madre conoció a su marido número tres cuando yo tenía quince años. Yo me quedé con Haymitch.

Frunce el ceño, como si no lo entendiera.

— ¿No quería vivir con su madre? —me pregunta.

Francamente, a él qué le importa.

—El marido número tres vivía en el distrito 8. Yo tenía mi vida en en distrito 12. Y… bueno, mi madre acababa de casarse.

Me callo. Mi madre nunca habla de su marido número tres. ¿Qué pretende Mellark? No es asunto suyo. Yo también puedo jugar a su juego.

—Cuénteme cosas sobre sus padres —le pido. Se encoge de hombros.

—Mi padre es abogado, y mi madre, pediatra. Viven en el capitolio.

Vaya… Ha crecido en una familia acomodada. Pienso en una exitosa pareja que adopta a tres niños, y uno de ellos llega a ser un hombre guapo que se mete en el mundo de los negocios y lo conquista sin ayuda de nadie. ¿Qué lo llevó por ese camino? Sus padres deben de estar orgullosos.

— ¿A qué se dedican sus hermanos?

—Finnick es constructor, y mi hermKatnnis pequeña está en el distrito 4 estudiando cocina con un famoso chef.

Sus ojos se nublan enojados. No quiere hablar de su familia ni de él.

—Me han dicho que ese distrito es precioso —murmuro.

¿Por qué no quiere hablar de su familia? ¿Porque es adoptado?

—Es bonito. ¿Ha estado? —me pregunta olvidando su enojo.

—No solo he estado en el distrito 12, en el 6 en el capitolio y aquí en el 2.

Volvemos a las trivialidades. ¿Qué esconde?

— ¿Le gustaría ir?

¿Al distrito 4?—exclamo.

Me he quedado desconcertada. ¿A quién no le gustaría ir ahí?

—Por supuesto —le contesto.

- Pero a donde de verdad me gustaría ir es al distrito 13.

Ladea un poco la cabeza y se pasa el índice por el labio inferior… ¡Madre mía!

— ¿Por qué? Parpadeo. Concéntrate, Everdeen.

—Porque allí nacieron Austen, las hermKatnniss Brontë, Thomas Hardy… Me gustaría ver los lugares que les inspiraron para escribir libros tan maravillosos. Al mencionar a estos grandes literatos recuerdo que debería estar estudiando. Miro el reloj.

—Voy a marcharme. Tengo que estudiar.

— ¿Para los exámenes?

—Sí. Empiezan el martes.

— ¿Dónde está el coche de la señorita Cresta?

—En el parking del hotel.

—La acompaño.

—Gracias por el té, señor Mellark.