Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya
Capítulo 21
Mientras iban caminando hacia la tienda del español, Lovino aún estaba un poco molesto por el hecho de que aquel se había puesto a conversar de manera tan campante con el hermano mayor del alemán, en lugar de defenderlo. Aunque gracias a eso, se dio cuenta de que aún había muchas cosas que Antonio todavía no le había dicho acerca de su pasado, motivo por el cual estaba bastante intrigado.
Sin embargo, antes de que empezar a "investigar", decidió que lo primero sería reclamar un poco. Pero, en su interior, admitía que le gustaba de cierta manera que el hombre se hubiera puesto celoso de esa manera.
—¿En dónde has conocido a ese imbécil? —interrogó, pues quería saber la razón por la cual se habían puesto a hablar de esa manera.
—Fuimos compañeros de secundaria y con Francis, siempre salíamos —explicó, sin muchos rodeos.
—¿Por qué demonios no le dijiste de una vez que somos pareja? —indagó, deteniéndose para llamarle la atención al otro.
—Es que... —No tenía una buena respuesta para ello y además, no le había dado demasiado importancia —. ¿Acaso interesa? De todas formas, no iba a dejar que se pase de la raya —contestó.
—Espera, espera. ¿No será que te doy vergüenza o algo así? —Lovino se negaba a seguir caminando hasta escuchar algo que le satisficiera, aunque tampoco pensaba regresar junto a Gilbert en algún momento.
El español se dio vuelta, ya había pasado tantas cosas que si bien era cierto, le había causado más que vergüenza y no faltó ocasiones en las que hubiera preferido que la tierra lo tragase por completo, a estas alturas de la vida le daba igual. Todo lo que le estaba en su mente era que el italiano fuera feliz, aunque eso significara que el resto hablara de él. Sus piró y miró fijamente a los ojos color miel del otro. Luego sujetó los hombros de aquel, mientras que éste aún aguardaba por una respuesta.
—¿Por qué demonios me miras de esa estúpida forma?
—Lovino... —Sólo tenía una respuesta para ello y esperaba que eso bastara.
El español juntó sus labios con los del italiano, mientras que sus manos se iban deslizando hacia la cadera de aquel. El muchacho, pese a que estaba sorprendido, no dudó en corresponder al otro y lo abrazó al punto de tenerlo lo más cerca de él. Antonio trató de besar lo más dulcemente posible al otro, aunque fue un poco más agresivo de lo que acostumbraba y tras quedarse sin aliento, se separó de Lovino.
—¿Te parece que si sintiera vergüenza hubiera hecho eso? —Sonrió y tomó de la mano al muchacho.
—Yo... —Éste se ruborizó y se quedó sin palabras, todo lo que pudo hacer fue seguirle al otro en su marcha.
—Ya me parecía —respondió, contento por haber logrado lo que había pretendido.
Esa noche, luego de una acalorada tarde en la cual el español dejó bien en claro que no estaba dispuesto a compartir con nadie a Lovino, ambos estaban recostados sobre la cama. Al italiano no se le ocurrió una mejor idea que salir al balcón, vistiendo apenas una camisa y nada más. Antonio estaba algo ocupado sirviendo un poco más de vino, cuando comenzó a escuchar unos silbidos que aparentemente provenían de afuera.
El hispano dejó de lado lo que estaba haciendo, para tratar de descubrir lo qué estaba pasando, cuando vio que el descendiente de Roma estaba allí afuera, sin que nada cubriera sus partes bajas. El español se puso colorado y enseguida agarró del brazo a su pareja, para hacerlo entrar lo más rápido posible dentro del apartamento. Por supuesto, la respuesta de desaprobación de un par de mirones no se hizo esperar.
—¡Oye, nosotros también tenemos derecho a mirarlo! —gritó alguien desde las afueras.
—¡Sobre mi maldito cadáver! ¡Consíguete tu propio novio! —exclamó enojado el español y cerró con furia las persianas, pues no le complacía demasiado escuchar nada acerca del cuerpo del italiano.
Mientras tanto, Lovino estaba sentado, con cara de enojo por la forma en que le había zarandeado el otro. Antonio suspiró y luego se dirigió al muchacho, que lo estaba esperando con una expresión muy feliz. Él tampoco estaba muy contento por la situación, aparentemente tenía un exibicionista a su lado y pese a que le encantaba ver al italiano como había venido al mundo, prefería que eso se lo guardara exclusivamente para él.
—Ahora, ¿qué demonios hice? —Lovino miró hacia abajo y Antonio, pensando que el italiano se había dado cuenta de qué era lo que le había molestado, sólo se sentó a su lado.
—Espero que entiendas que...
—¡Lo sé! Salí con estos calcetines que no combinan con la camisa —comentó y acto seguido, los arrojó contra la pared —¿Mejor? —preguntó, aunque claramente el español estaba más que decepcionado.
—De verdad, ¿no te das cuenta cuál es el problema? —cuestionó el dueño del lugar, frotándose la frente e intentando no enojarse.
—¡No, imbécil! —Se levantó y se inspeccionó, tocándose por todas partes, mas continuaba sin saber qué era lo que el hispano quería decirle.
—La próxima que salgas afuera... Ponte un par de pantalones —aconsejó el hombre.
Finalmente, el italiano se dio cuenta de la situación y trató de cubrirse tanto por delante como por detrás, completamente ruborizado por la circunstancia. Fue a buscar su ropa que se encontraba debajo de la cama, para al menos, ponerse sus calzones. Pero cuando metió su mano debajo de aquel mueble donde horas atrás se habían prometido amor y deseo, el muchacho encontró algo que le llamó la atención.
Antonio simplemente decidió continuar en lo que estaba haciendo y fue a traer la botella de vino a su habitación. La verdad era que ese día había tenido demasiadas razones para ponerse celoso, pues de todo lo que poseía, era Lovino a quien no quería perder. Además, quería que aquel sólo estuviera a su disposición y de nadie más, pues francamente la idea de que alguien más osara a poner sus manos encima del muchacho lo enojaba bastante.
—Ah, qué día —Luego, bebió aquella rica bebida y fue a su dormitorio.
Desde esa tarde, Lovino había tenido curiosidad por saber qué era lo que el español no le había dicho acerca de su pasado. Realmente, se había quedado atónito cuando aquel se había puesto a conversar tan amigablemente con Gilbert, pues obviamente ignoraba hasta ese momento que esos dos, además de conocerse, habían sido grandes amigos. EL muchacho miró por todas partes para asegurarse de que Antonio aún no estaba cerca, ya que estaba intrigado por saber el contenido de aquella caja de madera
Apenas lo abrió y se dio cuenta de que había un mar de información acerca del español que completamente desconocía. Había cartas, fotografías y algunos recortes. Sin embargo, lo que más cautivó su atención, fue una segunda caja, mucho más pequeña y cubierta de terciopelo, pero cuando vio su contenido, se quedó anonadado. No sabía ni que decir acerca de lo sus ojos estaban contemplando. Una gran cantidad de sentimientos se le vino repentinamente, por un lado se sentía confundido y por el otro, se sentía bastante mal con respecto a su relación. Incluso, podría decirse que creía que su relación con el español estaba siendo amenazada.
Lovino no se dio cuenta del tiempo que había pasado mientras seguía mirando ese anillo de compromiso y leía los recortes de los periódicos. No podía creer que todo eso le estaba ocultado el español, no entendía por qué nunca le había comentado acerca de ello, cuando que él le decía todo lo que le pasaba por la cabeza.
¿Quién era ese rubio de ojos claros al lado del español? Ambos parecían bastante felices, había una gran cantidad de fotografías que simplemente lo estaban aturdiendo. Ni una mísera imagen de él se encontraba en el dormitorio de Antonio, mas de ese hombre había por do quier en esa caja. Aunque, por lo que podía notar, era de una época muy anterior. Sin embargo, eso no le sacaba el sinsabor que tenía en su boca.
Enfrascado en sus propios pensamientos, notó la presencia del dueño de casa únicamente porque a aquel se le cayó la botella.
—Lovino, no deberías estar viendo todo esto —Antonio se lo sacó todo en un par de minutos, trató de guardarlo lo más rápido que pudo, pues ese era un aspecto de su vida que había querido mantener en el olvido y del cual no quería hablar.
—¡¿Cuándo me ibas a decir acerca de todo esto? !—reclamó el muchacho, enojado.
—¡Nunca! No es algo de lo que quiero hablar, es algo que pasó hace mucho tiempo —explicó el español, quien se sentó cabizbajo al lado de su pareja actual.
—Ni siquiera planeabas decirme que ibas a casarte con este tal Vincent. ¿no es así? —Lovino abría y cerraba esa diminuta caja.
—Lovino, ¿podrías...? —Antonio no podía creer lo absurdo que sonaba Lovino en ese momento, aquello no era suyo. Era algo que estaba guardando como un favor para alguien más.
—¡Gracias por confiar en mí! —gritó y arrojó el anillo de compromiso —. Mejor me largo, ¡Ahora entiendo por qué no le dijiste a Gilbert acerca de nosotros!
El italiano se vistió lo más rápido que le fue humanamente posible, no quería saber nada acerca de aquel hombre. Estaba triste pues había creído que Antonio le había dado un voto de confianza, él lo había hecho y le indignaba que no fuera recíproco. Mal que mal, se puso sus pantalones y se apresuró en salir del dormitorio. El español quiso detenerlo, pero tal fue el apuro del muchacho, que éste rodó por las escaleras y aún cuando se sentía un poco mal, Lovino se levantó del piso.
—¿Podrías siquiera escucharme? No te dije porque... —Pero el italiano, con su tan acostumbrado mal carácter, no pensaba escuchar ninguna palabra del español.
—¡No me importa! ¡Vete con ese Vincente no se qué! —gritó y dio un portazo.
Sin embargo, el español no se iba a dar por vencido tan fácilmente y decidió seguirlo. No tardó demasiado en alcanzar al muchacho, pues éste, con las lágrimas que iba derramando, se le nublaba la vista. Se tropezó bastante mal en la calle y ahora, estaba llorando mientras trataba de ponerse de pie, cuando vio la mano de Antonio. Pero, en lugar de aceptarla, el italiano lo empujó y se levantó por su cuenta.
—¿Y ahora qué quieres, idiota? ¿No crees que me ocultaste demasiado? O quizás... ¿Hay algo más que no sé? —Lovino miró con desprecio al otro, que lo intentaba sujetar para calmarlo, pero se rehusaba a que siquiera le tocase.
—¿Qué quieres que te explique? Sí, sé que no te dije nada acerca de mi anterior novio. Pero... —Aunque no quería tocar el asunto, iba a hacer el esfuerzo de explicárselo al muchacho, si es que tanto quería saber.
—¿No querrás decir prometido? —Lovino se paró a una distancia prudencial y de vez en cuando, le echaba un vistazo al hispano —De todas formas, no me importa. Si realmente sintieras algo por mí, ya me lo hubieras dicho antes.
—¡Lovino, no puedes compararte con Vincent! —exclamó, sin notar el mal que acababa de lanzar.
Los ojos del muchacho se abrieron de manera amplia, si ya estaba molesto, ahora estaba furioso. Estaba más que determinado a detener esa conversación y abandonar de una vez esa relación. Aún cuando creyó que el español no podía haberse hundido más y estaba considerando oír sus explicaciones, luego de esa afirmación, el italiano no pensaba darle esa oportunidad. Se secó las lágrimas y el moco que llenaba su rostro , para después darle la espalda.
—Si tanto aprecias a ese estúpido, regresa con él. No me necesitas y no te necesito —afirmó y se retiró hacia su apartamento, incluso prefería ver la cara de ese molesto alemán antes que continuar con esa plática.
—No es lo que piensas. Sólo déjame decirte lo que pretendía... —Antonio comenzaba a desesperarse por lo terco que estaba siendo el otro, pero no pensaba en desistir.
—Dijiste lo que querías decir, no me puedo comparar con el otro —explicó con voz temblorosa y caminó, sin volver a mirar al español.
Antonio miró como el muchacho se iba a alejando de él, quizás debería esperar a que Lovino se le pasara un poco el enojo. Aunque tampoco lo culpaba, debió habérselo dicho desde hacía un buen tiempo pero es que estaba tan contento con la relación que había estado manteniendo con el de ojos color miel, que ya se había olvidado de lo que era sentirse miserable e infeliz con alguien. Ahora, sin duda, recordaba ese sentimiento.
Pero lo que más se lamentaba el español era el hecho de que el dichoso anillo de compromiso ni siquiera le pertenecía. Era un simple favor que le había hecho a Ludwig y tan sólo por eso, lo estaba guardando. Estaba comenzando a arrepentirse de ello, incluso se lo hubiera negado si hubiese adivinado que las cosas se iban a poner de esa forma.
Sin embargo, fue algo más lo que le dolió.
—...No te puedes comparar a él, porque contigo soy demasiado feliz y realmente te amo —Antonio se quedó allí parado, con la falsa esperanza de que el muchacho regresara, aún a sabiendas del berrinche que acababa de hacer.
Por su lado, Lovino ya había llegado a su apartamento. Abrió la puerta de manera furiosa y sin hacer contacto visual, se dirigió a su habitación. Ni siquiera le dio importancia a Gilbert, quien estaba vistiéndose para salir a un bar. Éste, a pesar de lo que había dicho Antonio unas cuantas horas atrás, decidió intentarlo una vez más. Por supuesto, sin tener mucha suerte. Todo lo que el italiano quería hacer era encerrarse, pero eso no iba a hacer posible.
—¡Hermano, hermano! —exclamó el pelirrojo a lo lejos —¿Qué te sucede?
—¡Encontré un maldito anillo al imbécil! ¡Eso es lo que pasa! —se quejó —.Pero ya me encargué de eso —dijo orgulloso.
Ludwig escupió toda la cerveza apenas escuchó eso, sabía que ese anillo le pertenecía a él y era un secreto que estaba manteniendo a las espaldas de Feliciano. El rubio se acercó a Lovino y lo empujó hasta su habitación, donde llaveó de inmediato el dormitorio. Éste no entendía nada, creyó que aquel hombre estaba siendo influenciado por su hermano mayor o simplemente se había decidido deshacerse de él.
—¿Qué demonios es tu condenado problema? —Lovino se soltó de inmediato de la mano de Ludwig y luego, se limpió esa zona.
—Lovino, ¿me puedes decir a qué anillo te estabas refiriendo? —El alemán estaba sudando de manera impresionante, preocupado por lo que el italiano hubiese llegado a hacer.
—Uno bastante estúpido que decía algo como "tu y yo por siempre" o algo así. De todas formas, ¿por qué carajo te preocupas? —preguntó, pues normalmente aquel hombre era bastante indiferente a lo que le ocurría.
—¿Qué hiciste con él? —Ludwig estaba comenzando a hacer idea de las cosas terribles que pudo haber hecho Lovino, todo lo que le interesaba era el estado en que esa sortija se encontraba.
—Lo arrojé al piso —dijo, sin darle importancia.
—Lovino, ese anillo es para Feliciano. Más te vale que esté en buenas condiciones —amenazó, pues no le había resultado para nada barata ese regalo.
Aunque al principio, Lovino no prestó mucha atención a lo que el alemán dijo, al escuchar el nombre de su hermano menor, las cosas comenzaron a cambiar. Ahora recordaba que las "cartas" que estaban allí también llevaban a Feliciano como destinatario y parecía que las cosas estaban cobrando más sentido y lo cual significaba que había insultado a Antonio por las razones totalmente equivocadas.
Sólo había una foto de aquel hombre con ese holandés y nada más. Le había hecho acordarse de cosas que no quería, por el mero de hecho de haberse confundido de una forma bastante épica. Lovino estaba cada vez más nervioso, se había comportado como un reverendo idiota con el español y de paso, había arruinado de cierta forma el regalo del alemán, aunque de esto no se arrepentía demasiado.
—Espera, macho patatas. Me estás diciendo que... —Lovino se acarició la barbilla, a modo de pretender que estaba pensando en algo muy profundo —¡¿Vas a proponer matrimonio al estúpido de mi hermano?
Ludwig enseguida tapó la boca del italiano, que se retorció un poco, para tratar de escapar de sus enormes manos. No quería que el otro italiano lo escuchara, aunque quizás era algo tarde por que Lovino podía ser bastante ruidoso. Luego de dejar libre al muchacho, se dirigió a la puerta, miró hacia afuera sólo para ver cómo Feliciano jugaba con el gato del edificio, por lo que se sintió más que aliviado.
Tras cerciorarse de ello, el hombre se sentó en la cama de Lovino. Decidió contárselo de una buena vez, ya que prácticamente todos lo sabían exceptuando el que debía recibir la sorpresa.
—No te dije que te puedes poner cómodo, estúpido —contestó molesto, en todo lo que podía pensar era en cómo disculparse con el español.
—¿Quieres saber o no? —preguntó de una buena vez, que no tenía demasiadas ganas de explicárselo, pero debido a la forma en que había entrado, se dio cuenta enseguida que el español había sido la víctima de un enorme malentendido.
Unos días antes, el hombre andaba bastante nervioso. Finalmente, se había decidido dar el siguiente paso con su pelirrojo y ya había comprado la sortija en cuestión. Le había llevado un buen tiempo ahorrar el dinero para comprarla, pues conocía a la perfección que el muchacho era de gustos bastante elegantes.
Sin embargo, luego de haberla comprado, estaba más que seguro que no podía guardarla en el apartamento, por miedo a que alguien lo descubriera y no podía arriesgarse. Si Lovino la veía, el destino de ese anillo era probablemente la basura, por decir algo mínimo. Si, en cambio, fuera Feliciano quien la encontrara, su sorpresa se vería arruinada. Dado que su hermano mayor no vivía allí, sólo había alguien en quien podía confiar.
—¿De verdad le vas a proponer matrimonio? —Los ojos verdes del español se iluminaron cuando escuchó la noticia de la boca del hombre.
—Sí, ¿podrías guardar el anillo y lo que escribí? —preguntó con vergüenza, ya que normalmente no era algo que anunciaría al mundo entero.
—Por supuesto, lo voy a esconder bastante bien —guiñó el hispano.
—Eso fue lo que pasó, ¿podrías guardar el secreto por unos días? —No tenía en fe en ello, mas valía la pena intentarlo.
—Sí, sí. Lo que sea —El italiano estaba más interesado en conseguir la manera de que el español le disculpara.
—Gracias —Ludwig respiró profundamente, sólo debían pasar unos días más y dejaría ser el maldito infierno.
Pero Lovino tenía un problema más grave, le había dicho de todo al español, sin pensar mucho. Una vez más, había soltado un montón de cosas muy dolorosas y ahora no tenía la menor idea de cómo solucionarlo. Hasta que se le ocurrió una grandiosa idea: Una foto. Pero no una cualquiera...
Asdf, lo actualizé hoy, principalmente porque ayer me dediqué a prepararme para mi exposición de Economía que tuve esta tarde.
El compromiso entre Ludwig y Feliciano sí es importante, va jugar un rol bastante denso para el final.
En cuanto al personaje misterioso, decidí que aparezca en un capítulo posterior.
Me gustaría que me hicieran un favor, comencé con una nueva historia, con Hungría y Bélgica de protagonistas. Espero que quieran darle un vistazo, va a ser bastante divertida es Yaoi, les prometo. Sólo denle una oportunidad :)
Quiero agradecer los comentarios de: TheFannishaUssui, Damdadidoo, Miriken, yueuzumaki, kikyoyami8, EmilySteilsson, mikaelaamaarhcp, Lainden, Yume-no-Himeko, Rina.Y, Aizawa Yuu, Loto de Origami y Ritsu-chii.
