Disclamer: los personajes son de la fantástica Stephenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo 20

-Bella, despierta. Tu padre quiere verte.

La cara de Sue era sombría y tenía los ojos hinchados, como quien lleva horas llorando. Se levantó apresuradamente y se colocó la bata. Camino a la habitación de su padre se armó una trenza desprolija y se ajustó el abrigo. Esa noche era más que helada. El corazón le latía a mil por hora sin razón y tenía escalofríos por todo el cuerpo.

-¿Padre?

Susurró al entrar al aposento. Su padre yacía sobre la cama iluminado por la pobre luz de una vela a medio consumir. Ella dejó al suya a un lado y se arrodilló frente al anciano. Su aspecto era deplorable, su piel estaba terriblemente amarilla y parecía estar consumiéndose.

-hija querida…

Su voz era ronca y áspera, tosió y luego sonrió. Pero esa alegría no llegaba a su rostro.

-Dime que te sucede.

-Lo que sucede, es que, quiero despedirme.

-¿Qué dices?

Bella se levantó y posó sus labios sobre la frente del anciano. Estaba demasiado caliente y posiblemente estuviera alucinando. Se giró y encontró a una llorosa ama de llaves.

-Llama al doctor Fleming, Sue.

-Ya lo he llamado.

Charlie la detuvo del brazo y ella volvió a acercarse a él.

-No, no más médicos. Esto es todo lo que puedo soportar, Bella. No voy a quedarme mucho tiempo.

-Se fuerte…

-Ya lo he sido. Es tú turno.

-Está en la puerta.

Anunció Sue y Bella acarició la mejilla del anciano. Sonrió tristemente.

-Lo siento.

Se levantó y fue en busca del doctor a la sala.

-Señorita, Swan.

Hizo una reverencia y ella sonrió de manera pétrea.

-Mi padre no se encuentra bien…

-Lo sé y no va a mejorar. Disculpe mi insensibilidad.

-¿Cómo dice?

Alguien corría escaleras abajo, se encontró a Jasper en pantalones de dormir y sin camiseta. El muchacho frunció el ceño y se unió a su lado.

-Buenas noches, señor Withlock.

El doctor asintió en su dirección y él hizo lo mismo.

-¿Qué está pasando, Bella?

Ella lo ignoró y se dirigió al doctor.

-Dígamelo.

-Su padre, no está bien. No hay vuelta atrás, señorita. Las enfermedades en los pulmones se agravan con el tiempo, rayan la agonía hasta la muerte. Lo siento.

-Oh por Dios…

Se llevó una mano a la boca y sus ojos se inundaron en lágrimas. Jasper se acercó a su amiga y abrazó a la pequeña figura que era. Su contextura diminuta la hacía vulnerable, justo como se sentía en ese momento. Bella lo apartó suavemente para mirar al doctor.

-Gracias por estar aquí ¿Podría quedarse?

El hombre asintió, entendía ese pedido indirecto. En caso de que falleciera, necesitaban a un médico cerca para denotar la hora de defunción. Se giró y caminó hacia las escaleras. Pasaría los últimos minutos con su padre.

Jasper se acercó al lacayo quién recién aparecía en escena. Su cara de ensueño y estaba agitado por tener que despertar a una criada para que sirviera a los dueños e invitados.

-Ve en busca del conde y su hermana al terreno vecino. Serán un apoyo para Bella cuando suceda.

El hombre asintió con firmeza y se retiró. Jasper acompañó al doctor hacia el cuarto de arriba y se sintió terriblemente mal. Era detestable tener que despedirse de una persona con tantos valores y virtudes como lo era Charlie. Eso lo hizo valorar aún más a su viejo padre que se encontraba en Europa en ese momento.

Félix no podía dormir y decidió hacer un patrulle nocturno. Habían tenido problemas con bandoleros y nunca venía mal un chequeo del lugar.

Un muchacho venía a caballo a toda velocidad y se preparó en la oscuridad para atajarlo. El caballo pasó a centímetros de él y saltó para tomar de los pies al menudo crío.

-Así que eres tú…

-¿Qué? ¡Suélteme loco!

Félix se enderezó y lo alzó por el cuello.

-¿Quién eres?

-Soy criado de la casa Swan. Me envían con un mensaje.

-¿Cómo dices?

Lo dejó el suelo sin mucho cuidado y el muchacho se molestó.

-El viejo varón está en su lecho de muerte. El señor Withlock mandó a buscar el conde y su hermana para el apoyo de la señorita.

-Avisaré enseguida. Gracias y… lo siento. Pensé que eras el ladrón de ganado.

-Lo que sea.

Se volteó y regresó andando al caballo. Félix corrió a la casa.

Bella bajó al vestíbulo en busca de Jasper. Estaba congelada, tenía los músculos agarrotados y le picaban los ojos. Estaba cansada y hambrienta. Eran las cinco treinta de la madrugada y faltaba media hora para el amanecer. Esa noche había sido fatídica.

-¡Bella!

Alice corrió en dirección a su amiga y se abrazaron con fuerza.

-Ali ¿Qué estás haciendo aquí?

-Tu primo fue por nosotros.

Bella frunció el ceño al tiempo que Edward entraba por la puerta principal, acompañado por Jasper.

-Edward…

Éste se acercó a rápidos pasos y la envolvió en sus brazos. No pudo ser más fuerte. Sus lágrimas se convirtieron en un fuerte sollozo y el conde la acercó más a su pecho. Acarició su cabello suavemente y su espalda, en busca de poder tranquilizarla.

-Bella, corazón…

-Se ha ido.

-Lo sé, no sabes cuanto lo siento. Está en un lugar mejor.

-Lo extraño.

-Todos lo hacemos.

Alice se cubrió los labios delicadamente con una mano mientras por sus mejillas corrían las lágrimas. Siempre había admirado al padre de su amiga, una gran persona que tenía un humor espectacular para hacerlas reír cuando eran niñas. Las complacía siempre que la madre de Bella no estaba y lo había adorado. Una mano se ajustó a la suya y se encontró a Jasper sosteniéndola con fuerza. La tiró y le señaló con la cabeza para que los dejaran a solas.

-¿Se encuentra bien?

Preguntó cálidamente. Ella asintió, aún sin poder hablar.

-¿Segura? Puedo ofrecerle un té…

Alice soltó su penoso sollozo y el caballero se acercó a ella. Le acarició los brazos y le ofreció su pañuelo. La dama sonrió y se secó las lágrimas. Más la perturbaba que no llevara camiseta de abrigo, estaba deseosa de salir de allí antes de que pudieran atacarla como injuriosa.