Capítulo 21
«¡Dios mío! Graham, ¿estás loco?» cuestionó Regina, deteniendo el vehículo bruscamente al casi atropellar al sheriff que apareció de repente delante de su coche.
«¡Entra en el coche ahora, Regina, o acabaré con tu maldita vida aquí mismo!» exclamó él, en tono enfurecido
«Graham, ¿qué tienes? ¿Qué está pasando?» preguntó ella, asustada ante la agresiva reacción por parte de él.
«¡Te he dicho que entres en el maldito coche!» gritó otra vez, y Regina obedeció
Regina casi no podía sujetar el volante del coche debido a su estado de nervios. Graham parecía estar drogado, fuera de sí.
Bajo punta de pistola, la alcaldesa condujo hasta el lugar donde el cazador la mandó parar.
«Baja, ponte te rodillas y quédate callada» dijo él, recibiendo una mirada asustada por parte de Regina.
Emma había dejado la fábrica pocos minutos después de que Graham y la alcaldesa se encontrasen. Cuando estaba a mitad de camino, su móvil sonó. Al ver la pantalla, vio que era Whale. Por un momento pensó en cogerlo, sin embargo, en ese momento no tenía paciencia para hablar con nadie. Así que, optó por ignorarlo.
Antes de regresar a casa, Emma decidió visitar aquella que fue su antigua morada. La casa del lago había sido destruida. Solo quedaban algunos troncos de madera y los dolorosos recuerdos del momento en que Elsa murió. Era la primera vez que la rubia se dirigía al sitio desde que presenció aquella tragedia.
Caminó por los alrededores preguntándose si su hermana estaría vivía si hubiesen escogido otro sitio para vivir.
Mientras eso pasaba, muy cerca de allí…
«Graham, ¿por qué estás haciendo esto?» preguntó Regina, con la voz tomada
«¡Porque estoy cansado de que te metas en mi relación» dijo él, sosteniendo el arma
«No te entiendo…ni sabía que Zelena y tú estabais juntos» dijo Regina, todavía más confusa con toda aquella situación
«¡Oh, claro! ¡La inocente Regina nunca sabe nada!» exclamó Graham, apuntando la pistola a la cabeza de la alcaldesa
«Por favor…no sé de lo que estás hablando…» murmuró ella con voz trémula, mientras las lágrimas bañaban su rostro
«Pues entonces morirás sin saberlo…»
Antes de que Graham pudiese apretar el gatillo, Emma lo derribó, comenzando una violenta lucha cuerpo a cuerpo.
En el momento en que la rubia apareció impidiendo que el cazador disparase, Regina corrió, resguardándose detrás del coche.
Mientras intentaba defenderse, Emma se preguntaba cómo era posible que aquel hombre tuviera la misma fuerza que ella o incluso un poco más, ya que las uñas de Graham parecían garras de un animal rasgándole la carne cada vez que acertaba un golpe.
Regina, sin alternativas, presenciaba la lucha horrorizada, temerosa de lo que podría pasarle a Emma.
«Tendrás un final tan doloroso como el de tu hermana. Te haré pedazos» dijo él, tras causarle profundos arañazos en el abdomen a la rubia
«Perro ladrador, poco mordedor. Es por eso que hasta la canalla de Zelena te desprecia» dijo ella, sonriendo guasonamente
«Maldita aberración…voy a acabar contigo…» gritó en tono amenazador, tirándosele encima a la vampiro
Una vez más comenzaron una lucha cuerpo a cuerpo. Por más que Emma lo alcanzase con golpes certeros en el rostro, Graham no retrocedía. La rabia reflejada en los ojos de cazador parecía que alimentaba su fuerza. Emma podría perfectamente morderlo y succionar toda su sangre y dejarlo seco. Sin embargo, para los de su especie, beber la sangre de sus enemigos era lo mismo que beber veneno.
Lo que estaba por llegar no era exactamente lo que Emma había planeado para Graham, a fin de cuentas, ella quería verlo sufrir tanto como su hermana había sufrido cuando el sol quemó su carne hasta hacerla cenizas. Sin embargo, el cazador estaba diferente. Graham poseía la misma fuerza que ella y por esa razón, no podía arriesgarse a que se fugara, principalmente porque parecía, curiosamente, que Regina era su objetivo en aquel momento.
Emma se preguntaba cómo el cazador había adquirido toda aquella fuerza de un día para otro. Se preguntaba también por qué motivo pretendía matar a Regina, ya que, siendo el perrito faldero de Zelena, esta, estando obsesionada por su hermana, no permitiría que nadie la hiriese. Eran muchas preguntas que, en aquel momento, quedarían sin respuestas, ya que la prioridad era detenerlo.
Así que Emma optó por hacer lo que hacía años había aprendido, pero nunca había sentido la necesidad de ponerlo en práctica: arrancó el corazón de Graham a través de las costillas.
«Esto es por mi hermana…» murmuró, mientras apretaba con fuerza el órgano aún en su mano.
Cuando Graham cayó en el suelo sin vida, Emma tiró el órgano al lado de su cuerpo y enseguida caminó despacio hasta Regina. Sus ropas estaba hecha jirones. Su cuerpo entero ardía debido a las heridas que, al ser tan profundas, dificultaban sus movimientos.
A paso lento, Emma se acercó a la alcaldesa que se encontraba agachada detrás del coche, encogida, tan frágil como una niña. Era posible escuchar los latidos de su corazón, así como su respiración desacompasada que denotaba su miedo aún presente.
Cuando Regina finalmente levantó la mirada, Emma le extendió la mano.
Regina pareció dudar por algunos segundos, fuera por el estado de shock en que aún se encontraba, fuera por el hecho de ver a su amada en aquel estado. Por fin, agarró con firmeza la mano de Emma, que delicadamente, la ayudó a levantarse.
«Estás muy herida…» murmuró la morena, al constatar los profundos arañazos en los brazos, abdomen y muslos de la rubia.
Emma nada comentó. Abrió la puerta del coche de Regina y le dio paso para que se sentase en el sitio del copiloto. Rápidamente, entró y arrancó.
Regina todavía estaba trémula y asustada. Se preguntaba si estaría viva si Emma no hubiese aparecido. Por cierto, ¿cómo sabía Emma que ella estaba ahí, en peligro? ¿Cómo la encontró? Fue sacada de sus pensamientos al notar la expresión de malestar en el rostro de la rubia siempre que el coche pasaba por algún bache de la carretera.
«¿Qué ha pasado con Graham? ¿Por qué estaba en esa forma que daba miedo?» preguntó la alcaldesa, recibiendo el silencio como respuesta.
Emma continuaba conduciendo sin decir una sola palabra. Ni siquiera miraba hacia Regina, lo que estaba dejando a la alcaldesa incómoda y recelosa al mismo tiempo.
«¿Cómo me encontraste? ¿Y por qué no me respondes?» volvió a preguntar, impaciente ante aquel silencio.
Emma parecía un vegetal. Su mirada estaba enfocada solo en una dirección. Cuando finalmente llegaron, la vampiro estacionó frente a la mansión de la alcaldesa. Y antes de que Regina pudiese decir nada más, Emma bajó del coche y se fue, dejando a la morena perdida en sus pensamientos.
Gracias a la rapidez con la que podía moverse, aun estando herida, Emma llegó rápidamente a su casa sin ser vista en ese estado por nadie.
«Emma, ¿qué ha pasado?» preguntó Whale, asustado
Mientras el científico limpiaba las heridas para que curasen más rápido, Emma le contaba lo ocurrido, desde en el momento en que encontró a Graham con un arma apuntando a Regina hasta la fuerza desconocida que tenía en su cuerpo.
«Hace algunos años, un colega comentó algo sobre un suero en el que estaba trabajando junto al abuelo de la alcaldesa y otros científicos. Esa repentina fuerza tiene que ver con eso. Pero no te preocupes, hubiera muerto por los efectos secundarios si tú no lo hubieses matado» dijo él.
«Veo que Zelena está dispuesta a todo para echarme de esta ciudad, sobre todo para apartarme de Regina. Pero cuando se entere de que su perrito faldero casi mata a su hermana "favorita" no volverá a usar más el suero» dijo Emma
«Emma, arrancar el corazón de alguien por las costillas está considerada una de las muertes más brutales para todas las especies de vampiros. ¿No estarás perdiendo tu humanidad, no?» preguntó, receloso
«¡Claro que no! Fue el único modo que encontré para pararlo» respondió ella, caminando hacia su cuarto.
«¿Regina? ¿Qué ha pasado?» preguntó Zelena en cuanto la morena apareció en la sala llorando
«No lo sé…estaba conduciendo y de repente, Graham me atacó» dijo ella, trémula
«¿Graham te atacó? ¡Cobarde, miserable! ¿Por qué hizo eso?» preguntó Ruby, abrazando a la alcaldesa
«No lo sé…decía cosas que no entendí…»
«¡Maldito! ¡Pagará muy caro por esto!» exclamó Zelena
«Ya ha pagado, Zelena…» dijo Regina
«¿Cómo?» preguntó Ruby, con el ceño fruncido
«Emma llegó a tiempo y lo detuvo. Él casi la mata…» respondió Regina
«¿Emma está bien?» preguntó Ruby, mostrando una preocupación tan grande que llegó a molestar a la alcaldesa
«Estaba muy herida, pero consiguió detenerlo» dijo finalmente
«Iré a visitarla, saber si todo está bien» dijo Ruby, besando a Regina y saliendo enseguida
Regina no consiguió evitar los celos. Tal vez si no supiese que su hermana había tenido intimidad con su amada, no lo sentiría tanto. Se levantó rápidamente y se fue a su cuarto.
«Voy a tomar un baño» dijo, subiendo a prisa las escaleras.
Cuando Regina se ausentó, Zelena llamó a Robin para informarle de lo ocurrido. El cazador entonces buscó por los alrededores de donde supuestamente Graham tenía que esperar a Emma. No tardó en encontrar el cuerpo del sheriff junto a su corazón. Conforme a lo que Zelena le había mandado, Robin hizo desaparecer el cuerpo. Graham no tenía familia y por ese motivo, cualquier disculpa sería aceptada en la comisaría para que mandasen a alguien nuevo.
«Te he traído un té»
«Gracias, Zelena»
Regina acababa de salir del baño solo cubierta con un albornoz. Se sentó en la cama, al lado de su hermana mayor mientras se tomaba el té.
«¿Por qué no me contaste que mantenías una relación con Graham?» preguntó Regina
«No te he contado porque nunca ha existido nada entre los dos» dijo ella
«Mientras me apuntaba con la pistola, me dijo que estaba cansado de que interfiriera en tu relación con él»
«Idiota…Graham nunca supo lo que era tener una familia y sentía celos de ti…de Ruby. Pero yo nunca le di algún tipo de esperanza» dijo ella, y aparentemente, convenció a Regina.
Después de tomar el té, Regina se vistió bajo la atenta mirada de Zelena. La pelirroja estaba aliviada ante el hecho de que el cazador no le hubiera revelado con claridad los motivos por los que detestaba a Regina. Nunca se perdonaría si hubiese conseguido acabar con la vida de su hermana. Regina lo era todo para ella, desde su felicidad hasta su perdición.
«¿A dónde vas?» preguntó Zelena
«Quiero saber cómo está Emma» dijo ella
«Ruby ya fue para allá y en este momento deben estar compartiendo la misma cama» comentó la pelirroja, celosa
«Ella salvó mi vida, Zelena. Y ni se lo agradecí» dijo Regina
«¿Hacia dónde ibas cuando Graham te atacó?» preguntó la pelirroja, con los ojos medio cerrados
«Iba a buscarla a la fábrica» se limitó a decir
«¿Te estás viendo con ella?»
«¡Zelena, no me meto en tu vida, así que no te metas en la mía! ¡Si me veo o no con ella, solo me concierne a mí!» dijo Regina, en tono enfurecido
«¿Qué os pasa a ti y a Ruby? ¡Parecen dos perras en celo corriendo detrás de aquella aberración!» exclamó Zelena, enfurecida, ganándose una bofetada
«¡Nunca más me hables en ese tono!» tras decir eso, se marchó
«Y tu hermana, ¿cómo está?» preguntó Emma
«Está bien, a pesar del susto. ¿Llegaron a hablar?»
«No. Regina ya dejó claro que no pretende mantener una relación conmigo. No soy lo que le gustaría que fuese» dijo ella casi en un susurro
«Emma, la alcaldesa está abajo» dijo Whale, manteniendo la puerta entre abierta.
«Yo me marcho para que podáis hablar» dijo Ruby, depositando un pequeño beso en los labios de Emma
«Ruby…» la reprendió la rubia
«Todavía no estáis juntas, así que puedo. Además, ¡no fue con lengua!» argumentó, marchándose enseguida
Desde que había regresado a Storybrooke, Ruby había sido la única persona en provocarle sonrisas sinceras. Si no estuviese tan enamorada de Regina, la hermana pequeña de la alcaldesa sería la persona ideal para pasar la eternidad.
«Emma está en el cuarto» dijo Ruby, dándole un beso a la alcaldesa
«No sabía que todavía estabas aquí. Si lo hubiese sabido, habría venido más tarde» dijo ella, incómoda con la presencia de su hermana
«No tengas celos, Regina. Hoy solo hubo un besito» confesó entre risas, y antes que la alcaldesa pudiese decir algo más, ella se fue
Regina subió las escaleras sin prisa, recelosa y, ciertamente, llena de celos. No sabía por dónde comenzar, tampoco qué decir, sobre todo si Emma continuaba indiferente como hacía unas horas. Al ver la puerta entre abierta, entró sin llamar.
«¿Estás bien?» preguntó Regina y felizmente, Emma no permaneció en silencio
«Lo estoy» se limitó a responder
«Gracias por haberme salvado la vida» agradeció mostrando media sonrisa
«Un placer» respondía de forma seca
Algunos minutos de silencio que parecieron horas estaban dejando a Regina todavía más nerviosa
«Creo que no estás muy por la labor de conversar, así que, vengo otro día» dijo al alcaldesa, y cuando hizo mención de retirarse, sintió la mano de Emma agarrar la suya
«¿Qué estabas haciendo en aquella parte del bosque?» preguntó Emma
«Estaba de camino a la fábrica. Necesitaba hablar contigo»
«¿Sobre?»
«Sobre…nosotras» dijo por fin, bajando la mirada
«¿Nosotras?»
«¡Sí, nosotras! No sé lo que has hecho conmigo, y ya no me importa. Te amo, Emma. Te amo como nunca imaginé que pudiese amar. Y no hay juramento en este mundo que sea más fuerte que mis sentimientos por ti» dijo Regina, sorprendiendo a la mujer que tenía delante.
