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Beteado por Flor Carrizo.

Beta de Élite Fanfiction

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Capítulo 18

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¡Hola! ¡Estoy aquí de nuevo actualizando este corto pero importante inicio de capítulo! Éste es el inicio del desenlace, aquí comienza todo y a la vez nos acerca cada vez más al final. Espero que les guste…

Habían pasado dos días desde que había aterrizado en Inglaterra y me había mantenido ocupado organizando el traslado de mi oficina en Londres a Hong Kong. La reunión que mantuve el día que llegué con los socios de la corporación había sido muy satisfactoria y tenía casi todo resuelto en ese país, lo único que faltaba era ponerle un alto a los hostigamientos de Carlisle y Esme. Así podría marcharme en un par de días nuevamente a China.

En este momento me encontraba sentado en uno de los sillones blancos de cuero que Esme solía cuidar con demasiado ahínco. Desde que éramos pequeños, siempre supe que mi madre valoraba más las cosas materiales que a sus propios hijos, redecoraba la casa muchas más veces de las que solía visitar a Emmett o Alice en el internado. En mi caso no contaba, ya que nunca lo hizo y, al final, terminé acostumbrándome a que, de mis compañeros, yo era uno de los que no poseía padres que se preocupaban o interesaban por su hijo. Las cosas siempre fueron así desde que nací, cuando Esme me dio a luz, fue la niñera de unos cuarenta años quien se encargó de mí y fue ella a quien vi en todos los años en los cuales iba creciendo.

Para Bella fue todo lo contrario, ella tenía unos padres que se preocupaban por su bienestar, ellos siempre fueron muy atentos y también amables. Cuando tenía la oportunidad de visitarla o cuando ellos la llevaban a mi casa, se podría decir que llegué a sentir un poco de celos de la suerte que tenía, pero ellos murieron y todo su mundo se convirtió en un completo infierno.

El ruido de unos tacones sobre el brillante mármol me devolvió a la realidad y vi a Esme bajando por la escalera de una manera elegante con un vestido verde y zapatos de tacón alto. Rápidamente, me levanté del sillón.

—¡Edward! —dijo ella mientras caminaba hacia mí—. Has cambiado tanto, quien diría que ya tienes veintidós.

Ella intentó abrazarme, pero esquivé sus brazos haciéndome a un lado.

—En cambio tú no has cambiado en nada, Esme. Y, para tu información, tengo veinticinco años, no veintidós —contesté tajante.

—Tres años más, tres años menos, ¿qué importa? —contestó mientras tomaba asiento en el amplio sofá para cuatro personas—. Pero imagino que tú debes encontrarte muy ocupado, así que déjame aligerarte esta visita —prosiguió, mirándome con esos grandes y fríos ojos verdes, tan parecidos a los míos—. Me enteré de que terminaste abruptamente tu compromiso con Claire, Edward, ¿qué sucede contigo? Claire es una joven hermosa y sería una perfecta esposa para ti, ¿o es que acaso no lo ves? Me sorprendí tanto al enterarme de semejante noticia y lo peor de todo es que no fuiste tú quien nos informó, si no los Staton, la familia de tu prometida.

—Exprometida —corregí mientras le daba la espalda y veía a través de los grandes ventanales franceses que poseía la sala y que daban a un paisaje relajante, como lo era el jardín lleno de rosas de muchos colores.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? ¿Acaso has encontrado a alguien de una mejor familia que ella? —preguntó la señora Esmeralda Cullen, hija de Richard Cullen.

El nombre de mi padre, Carlisle Masen, había sido ignorado por mi abuelo y estrictamente había hecho que mi apellido de peso fuera el de él y no el del hombre que me engendró. Richard era un hombre de carácter serio y duro, no le gustaba que lo desobedecieran y cuando su única hija se casó con Carlisle fue una completa decepción para él, pero cuando ella quedó embarazada y le dio a su primer nieto, mi abuelo hizo de mí todo lo que hubiera deseado en un hijo.

—No, no he encontrado a nadie, y si he roto mi compromiso es mi problema, no tengo por qué darte explicaciones, Esme —contesté sin alzar la voz.

—¡Oh! ¡Por fin ha regresado el hijo prodigo! —exclamó una voz detrás de mí.

No necesitaba girarme y mirarlo para saber de quién se trataba, con sólo escuchar su voz mi mente trajo su nombre: Carlisle.

—Les diré esto una sola vez —comencé y me volví para enfrentarlos—. No quiero que vuelvan a molestar a Emmett o Alice preguntando sobre mis asuntos personales, ustedes no tienen nada que ver con ello, ¿entendido?

Esme frunció el ceño al igual que Carlisle, ella se levantó y caminó hacia donde se encontraba su esposo.

—¿Acaso nos estás amenazando, Edward? —preguntó desafiándome con su mirada, tratando de hacer que me intimidara como cuando era un niño y utilizaba esa actitud fría y autoritaria.

Una risa cínica brotó dentro de mi pecho y rompió el silencio de la habitación.

—No me hagas perder el tiempo, Esme. No quiero que vuelvan a molestarme, porque si lo hacen, es mejor que vayan despidiéndose de esta casa y de todas las comodidades que ahora poseen, porque me encargaré de dejarlos sin nada. ¿Ahora sí me entendieron? —Esa vez mi voz se alzó unos grados y fue mucho más fría de lo que esperaba.

—Te aprovechas de la posición que el viejo te dejó, hijo, pero no olvides que Esme es su hija —dijo Carlisle sombríamente.

—No estoy aprovechándome de nada —afirmé mientras pasaba a su lado—. Y es verdad que es su hija, pero aun así no le importó.

Mis palabras hicieron palidecer el bello rostro de Esme, ella sabía perfectamente a lo que me refería. Cuando leyeron el testamento, mi madre y Carlisle quedaron completamente fuera de la herencia familiar, todo fue puesto en manos de mis hermanos y mías. Emmett y Alice tenían el veinte por ciento cada uno en acciones, mientras que yo poseía el sesenta por ciento y los demás bienes que él poseía. Mis padres casi sufrieron un infarto cuando eso sucedió, pero a pesar de que no poseían nada, aún seguían siendo ellos, personas tan egoístas y avariciosas.

Caminé hacia la puerta de la mansión y pude escuchar como ellos me siguieron. Por mi parte ya había dado la advertencia y no estaba dispuesto a ponerme a discutir con personas tan irracionales, que sólo se metían en mi vida porque creían que tenían derecho de buscar una esposa con una buena familia que aumentara más la fortuna familiar.

—¡Edward! —dijo Esme pero yo no hice ademán de detenerme, fue entonces cuando sentí una de sus manos sobre mi brazo—. ¿Acaso no escuchas cuando tu madre te está hablando? —me reprochó con indignación, como si yo fuera un niño pequeño al cual aún tenían derecho de regañar.

Me giré y, bruscamente, su mano se alejó de mi brazo.

—¿Madre, Esme? —pregunté sintiendo que mi ira comenzaba a surgir—. Tantos años intentando captar tu atención, intentando que me quisieras o que te dieras cuenta de que tenías un hijo, ¿y hasta ahora me vienes a decir que eres mi madre?

Mis palabras no la lastimaron, en realidad no hicieron ningún efecto en ella.

—¡Por favor, Edward, no seas tan exagerado! Ese es el pasado, ahora lo que de verdad nos importa es el futuro.

Una risa cínica de mi parte la hizo fruncir el ceño.

—¿Futuro? Creo que de eso puedo encargarme perfectamente yo mismo —contesté.

—Esme, déjalo, él jamás entenderá que tú te preocupas por su futuro, son unos hijos desagradecidos, no valoran lo que uno ha hecho por ellos.

Las palabras de Carlisle provocaron asco en mí, su papel de padre ofendido me hacía querer golpear su rostro, pero me controlé y decidí que era mejor marcharme antes de que hiciera algo peor; pero no me iría sin antes dejarles bien en claro que no se volvieran a meter en mi vida.

—Si vuelvo a saber de alguno de los dos, o si mis hermanos dicen que vuelven a molestarlos, voy a dejar que pasen lo que les queda de vida en la calle. Vuelvan a hacerme venir hasta aquí y lo van a lamentar.

La actitud prepotente de Carlisle y la indignación de Esme desaparecieron de sus rostros y dieron paso al miedo y la palidez de su muy denigrante y pobre futuro.

—Esto es una advertencia, la próxima vez lo haré realidad —finalicé.

Ninguno de los dos dijo nada y yo salí de esa maldita casa que tan malos recuerdos me traía, desde que me mudé no había vuelto a visitarla hasta ese momento y no esperaba hacerlo en el futuro.

Me subí al Aston Martin y lo puse en marcha, alejándome rápidamente de mi pasado y de las personas que había en él.

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Sin proponérmelo, terminé en el lugar donde antes había vivido Bella. Nada había cambiado y seguía estando todo como lo recordaba. Estacioné el coche frente a la mansión de los Swan y me percaté del coche negro que se encontraba estacionado allí.

¿Quién podría estar ahí?

Abrí la puerta y salí al exterior, la humedad habitual de Londres golpeó cada uno de mis sentidos. Las hojas de los árboles estaban esparcidas en la acera, caminé hacia la casa y subí los escalones hacia la entrada. Me detuve un momento frente a la puerta de la mansión y dudé antes de entrar.

Cuando metí la llave en la cerradura e hizo clic, con una de mis manos giré el pomo y la abrí. Di unos pasos hacia adentro y cerré la puerta detrás de mí, observé cautelosamente cada rincón del recibidor y traté de escuchar pasos o algo que me indicara si había alguien, porque no creía que fuera casualidad que se encontrara un auto desconocido afuera. Hacía años que nadie visitaba ese lugar y dudaba que fuera la excepción.

Revisé la primera planta pero no encontré nada, cuando llegué al segundo piso entré en las primeras habitaciones, pero tampoco había alguien en ellas. Cuando finalmente abrí la puerta de la habitación que había pertenecido en el pasado a Bella, vi una figura frente a la ventana, parecía como si estuviera esperándome, pero era imposible, ¿cierto?

Me adentré un poco más a la habitación, que sólo estaba iluminaba por la poca luz de la luna. Dudando me acerqué a la persona que estaba allí, pero entre más cerca estaba más clara era la imagen.

Una mujer.

Mi corazón comenzó a latir con anticipación, sólo había una persona que podría estar ahí en ese momento. Cuando me quedé a un metro de distancia pude ver su hermoso rostro reflejado perfectamente por la luna.

—Bella —dije y ella se volvió hacia mí.

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¿Muy corto? Lo sé pero ese era el final que quería para mí de esta escena, ya continué el siguiente y espero terminarlo pronto. Los primeros capítulos de TOCADO POR UN ÁNGEL ya están en manos de mi Beta, Flor. Ya faltan 19 días para su estreno….

Nos leemos pronto :)