Capítulo 21
Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling.
Gracias a...
Audrey Ludlow - Bueno, aquí está, sin mucha espera el próximo capítulo, espero que te agrade.
zhakdna-yhizet - Muchísimas gracias por los ánimos, espero que también te agrade este capítulo.
Luego de la cena Harry se regresó de inmediato a su habitación y allí frente al espejo meditó en los pro y los contra de lo que acababa de hacer, bueno... no meditó exactamente, quizo dejarse convencer porque Tom era muy bueno convenciendo mentes y en esos momentos eso era lo que necesitaba. Había aceptado quedarse en la mansión Malfoy donde vivían Lucius y Draco. Uno su más acérrimo enemigo por más de seis años y el otro su ex amante. Hubiera querido que las cosas terminaran muy diferentes, realmente quería estar con Draco porque el rubio lograba hacerlo sentir cosas que nunca antes había experimentado. Aún cuando lo había traicionado quería sentirse envuelto en sus brazos. Se reprendió por el momento en que se había refugiado en ellos frente a Lucius y se preguntó si Draco estaría sufriendo algún castigo por permitírselo.
Al cabo de un rato suspiró decepcionado. "No puedo seguir pensando en él."
"¿Por qué no?" Le preguntó Tom con curiosidad aún cuando sabía perfectamente la razón del joven pero le daría una buena entrada para convencerlo de lo que quería.
Harry le dio una mirada incrédula pero se dignó a contestar. "¿Qué no ves que me traicionó?"
"Pero está aquí contigo. No seas tonto, Harry, amantes como Draco no se encuentran dos veces en la misma vida." La voz de Tom era serena y en apariencia llena de sabiduría.
"Claro que no, ¿qué amante entrega a su compañero cuando su padre se lo pide?" Exclamó con disgusto y enojo al recordar la traición. Pero eso también le hizo recordar lo que había sucedido justo antes y sus mejillas se tiñeron levemente.
"Pero te gusta, el rubio te gusta, no me lo vengas a negar ahora. Es un Malfoy, Harry, es lo más fino que hayas podido conseguir." La imagen en el espejo le sonrió con malicia. "Te lo digo por experiencia." Harry le devolvió una mirada confundida, casi agarrando la idea pero escapándose al final.
"Draco sólo está tras el poder que yo pueda tener, me sedujo para poder traerme con su padre y eso es lo único que le importa. Incluso aprovecha lo que sabe de mí en mi contra."
"¡Ay, por favor! Cualquier Slytherin lo haría, está en nuestra naturaleza. ¿Por qué no haces lo mismo? Te aseguro que obtendrías más beneficios que comportándote como lo que no eres."
"¿A qué te refieres con eso de que me estoy comportando como lo que no soy?" Harry cruzó los brazos sobre su pecho, estaba llegando al borde de su paciencia y aún no estaba convencido de darle una segunda oportunidad al rubio.
"Tú sabes perfectamente que perteneces a Slytherin, por qué sigues negándote es un misterio para mí." El reflejo de Tom volteó los ojos con toda la indignación de la cual era capaz.
"Como si no fueras el culpable de que sea un Gryffindor."
"Echarme la culpa de todos tus problemas nunca fue la manera de resolverlos, ¿o sí?"
Harry hizo un puchero descontento. "Me caes mal."
"Nada nuevo." Hubo un largo silencio mientras Harry pasaba su enojo y Tom lo observaba como siempre. "Tu rubio besa bien. ¿Lo sabías?" Harry levantó la cabeza con celeridad y levantó una mano en dirección al espejo. "¡NO! ¡Espera! ¡Espera un momento, por favor, Harry!" La mano del joven dudó unos instantes mientras observaba silencioso la súplica de aquellos ojos rojizos que a pesar de la maldad que habían contenido una vez ahora le eran imposibles de resistir.
"Habla." Dijo finalmente.
"Date la oportunidad de probarlo una vez más. No eres de los que huyen al primer problema."
"Querrás decir a la primera traición."
"¿Se estaría comportando como lo hace si no sintiera algo por ti? He visto como te mira, como espera a que le dirijas la palabra, seguramente se conformaría con migajas si eso es lo que pudieras darle."
"¿Cómo puedes estar seguro?" Susurró Harry mirando al suelo. No quería ser herido una vez más menos por Draco. Aún se sentía atraído por él, aún deseaba estar en sus brazos y sentirlo sobre su piel, pero eso no significaba que confiara en él. Además el rubio se mostraba tan distante que le costaba trabajo creer que aún seguía interesado. De no haber sido por aquel momento en que lo había consolado cuando pensaba que el intento de matar a Lucius casi había dado resultado. Suspiró profundo y miró al espejo. El reflejo de Tom esperaba con ansias su respuesta. Meneó la cabeza con incredulidad, quién hubiera dicho que el arma más peligrosa de Tom Riddle eran su mirada inocente y sus ojos de cachorro. "Bien... lo voy a intentar."
"Ah, ese es el mocoso que me venció siete veces seguidas. ¿Ahora puedo ir y hablar con Lucius? Ya sabes, recordar buenos tiempos y eso. Aquí encerrado es muy solitario a veces."
"¿Solitario? ¡Estás dentro de mi mente!"
"Pero te la pasas compadeciéndote, necesito aire fresco, al menos tú has estado afuera."
"Aarghh.... está bien. Pero nada de pláticas de mortífagos. No quiero tener pesadillas."
"Lo prometo." Dijo al tiempo que se ponía una mano en el corazón. Harry volteó los ojos y se preparó para salir de la habitación. Al momento de cerrar la puerta sus ojos resplandecían suavemente con luz rojiza.
Una semana más tarde, Harry se hallaba montado sobre un corcel de peluda piel y de respetable tamaño de regreso a la mansión de los Malfoy. La nieve caía en livianos copos, blanqueando todo cuanto tocaba. Frente a sí podía ver el caballo de Lucius Malfoy, el negro animal era tan grande como el suyo pero con muchos más bríos. Una blanca capa de gruesa piel perteneciente al jinete cubría la parte trasera del animal. El también estaba envuelto en una gruesa capa de pieles grises con diminutas pintas negras y sus manos a pesar de estar enfundadas en gruesos guantes de piel estaban algo acalambradas.
La rutina había comenzado el segundo día de su estadía en la mansión. Lucius había declarado que practicarían en el bosque aledaño y para ello irían cabalgando. Recordaba la expresión divertida en los ojos azules cuando a pocos minutos de haber montado Harry había ido a parar al suelo. Claro que montar un hipogrifo era diferente, el vaivén del cuerpo era mucho más suave y sólo tenía que preocuparse por sujetarse del cuello mientras volaban a gran velocidad. Un caballo era algo muy distinto, o al menos eso decía para no pasar más verguenza. Había que mantenerse sentado derecho, no sujetarse de las crines ni del cuello, sólo las bridas y mantener los pies en los estribos con suficiente presión, aunque esa parte la había captado luego, cuando al bajarse del animal Draco y Lucius habían reído de buena gana al notar que sus piernas no lo mantenían en pie. La fuerza que había hecho con ellas para mantenerse en el animal luego de caer la primera vez se las había entumecido.
A esas alturas ya dominaba un poco el cabalgar el animal, siendo el suyo el más manso de los tres. El caballo de Draco era tan bríoso como el de su padre, pero mientras que el del padre era negro, el de Draco era rojo, más que el cabello de Ron. Suspiró suavemente, extrañaba a sus amigos y extrañaría que estas navidades no las iban a pasar juntos. Extrañaría el momento en que abrieran los regalos y sus amigos vieran lo que les había comprado. Justo entonces recordó que tampoco tendría oportunidad de repartir regalos en la mansión de los Malfoy, no que fueran a hacerlo de todas formas. No creía que Lucius celebrara la navidad, aunque sí sabía que Draco había recibido regalos en sus primeros cinco años en Hogwarts. El año anterior no había visto signos de regalos para el Slytherin. Y sí, Harry sabía cuándo Draco recibía sus regalos.
Sabía lo que le gustaba para desayunar, para almorzar y para cenar. Sabía cuáles eran sus dulces preferidos. Conocía el movimiento nervioso de sus dedos sobre los rubios cabellos o el sacudir de su cabeza cuando estaba enojado. Conocía a la perfección su sonrisa burlona y arrogante. Pero nunca lo había visto como esos días en la mansión, simplemente no era el Draco Malfoy que conocía. Al lado de su padre Draco era demasiado serio, demasiado controlado, incluso algo ansioso y por nada del mundo lo había visto retroceder un sólo paso. En sus ojos no brillaba la rebeldía, la arrogancia o la socarronería y las ropas que usaba eran mucho más oscuras que las que usaba en Hogwarts, como si quisiera estar a tono con la atmósfera lúgubre con la cual se rodeaba. Como si de pronto Draco hubiera madurado su carácter hasta alcanzar y sobrepasar los diecisiete años que tenía en realidad.
"Potter, te estás rezagando." Harry escuchó al rubio amonestarlo y apresuró el paso de su caballo. El rubio le dio una mirada curiosa para luego continuar mirando al frente. Desde que Potter aceptara la invitación de su padre para quedarse el chico se había mantenido silencioso, retrayéndose cada día más. Su padre estaba cumpliendo su parte, le estaba enseñando a Harry cosas que el profesor Snape no hubiera podido en Hogwarts pero era obvio que nada de eso estaba mejorando la moral del joven Gryffindor.
"Oye, Potter." Harry le dio una mirada curiosa pero no respondió verbalmente, le molestaba cada vez que Draco lo llamaba por su apellido pero ya había notado que sólo lo hacía frente a su padre. "Si pudieras elegir qué quieres que te regalen estas navidades, ¿qué te gustaría recibir?"
La respuesta mental de Harry fue inmediata. Le gustaría recibir a sus padres de vuelta, a su padrino, a Cedric, a todos los que habían muerto en aquella guerra sin sentido. "Yo... no lo sé. Cualquier cosa estaría bien." Se encogió de hombros y continuó cabalgando en silencio.
"¿Cualquier cosa? Sí que te anima esto de la navidad." El comentario fue recibido con una mirada furtiva pero nada más. Draco comenzaba a sentirse frustrado, no era la primera vez que intentaba montar charla con el chico dorado y era olímpicamente ignorado. Con su padre el chico se mostraba respetuoso, pero tampoco iba más allá para complacerlo. Apenas faltaban unos días para la festividad navideña y luego de eso otros pocos días para regresar a Hogwarts. Continuaron cabalgando en silencio hasta llegar a los establos donde dejaron los caballos para que los elfos los atendieran. Al entrar a la mansión se despojaron de los abrigos y se dirigieron al comedor. Allí tenían el almuerzo servido.
Al terminar de comer Lucius se dedicó a observar al joven de cabellos oscuros. Apenas había probado lo que tenía en el plato, apenas había dicho un par de cosas durante el día y practicamente se remitían a sí, señor, no, señor. Si Draco hubiera sido tan obediente como el chico seguramente se habría ahorrado un par de dolores de cabeza y un centenar de disgustos.
"Draco, mañana tú y Harry me acompañarán para las compras navideñas." Draco se atragantó levemente con el jugo de calabaza que bebía y su padre le dio una mirada de reproche, un Malfoy nunca se atragantaba. Suspiró. "Siendo que estas navidades es la primera que pasamos sólos supongo que nos tocará hacer las compras."
"¿Nunca han ido de compras navideñas?" Preguntó Harry exaltando a ambos Malfoy, bueno, Draco terminó de atragantarse con el jugo.
"La verdad, no. Narcisa se encargaba de todo pero como no ha dado señas de volver no creo que vaya a estar a tiempo para hacerlas ella misma."
"Como si fuera a regresar." Murmuró Draco, obteniendo otra mirada fulminante de su padre. Luego de eso sus ojos grises se mantuvieron firmes en su plato.
"Como decía, no tengo ni la menor idea de qué se supone que debemos comprar además de regalos."
"¿Tienen un árbol?" Preguntó Harry un poco más interesado.
"Pues... no, aún no tenemos el árbol, pero eso se puede remediar, sólo tengo que anunciárselo a los elfos, ellos traerán uno que sea perfecto. Al parecer tienes mejor idea que yo de qué debemos comprar, Harry."
"Algunas veces... los Dursley me llevaban con ellos para las compras navideñas. Ahh... para que pudiera ver todo lo que me iba a perder y para cargar los paquetes." Padre e hijo se miraron mientras Harry procuraba masticar un bocado de comida mirando atentamente su plato. Lucius trató lo más serenamente de pasar por alto el comentario.
"¿Sabes de alguna otra cosa que podríamos necesitar?" Murmuró Lucius con los ojos fijos en los ademanes del muchacho.
"Básicamente compraban un árbol, algunos adornos, regalos para Dudley y para las tías. Y había una gran cena."
"¿Nada más?"
"No que yo recuerde."
"Imagino que podemos intentarlo entonces. No suena dificil." Volvió a murmurar el hombre. "Pero no podemos simplemente aparecernos en Hogsmeade. Alguien podría reconocerte."
"¿A dónde iremos entonces?" Preguntó entusiasmado ante la posibilidad de salir de la mansión aunque fuera unas horas.
"Supongo que podemos ir a alguna parte de Francia o Italia, Alemania también celebra esta época. ¿Has viajado alguna vez, Potter?" El joven negó enérgicamente. "Bien, entonces espero que mañana estén listos tan pronto amanezca." Sin más Lucius Malfoy se excusó de la mesa dejando solos a ambos jóvenes y libres para hacer lo que les apeteciera con el resto de la tarde.
"Malfoy." El aludido apartó el plato que desapareció de inmediato y le prestó atención. "¿Hay alguna posibilidad de que pueda ir a Gringotts?"
"¿Para qué quieres ir a Gringotts?" Vaciló un poco antes de continuar. No sería extraño que el joven hubiera decidido regresarse con los suyos y si lo había hecho ni él ni su padre podrían impedirselo aunque deseaba que su señor lograra convencerlo de quedarse con ellos más tiempo.
"Quería hacer un retiro, para comprar los regalos." Murmuró con timidez.
"No veo ningún problema con eso. Pero consultaré con mi padre al respecto, quizás podríamos ir esta misma tarde." Harry asintió y terminó de comer, dicho lo cual ambos se retiraron de la mesa, Harry hacia su cuarto y Draco en dirección de la habitación de su padre regresando más tarde con una respuesta afirmativa.
Ambos se prepararon para la fría atmósfera que seguramente reinaría en Gringotts, Draco llevaba un pequeño cortaplumas que serviría de llave para el puerto a Gringotts. Ambos lo tocaron, los dedos enguantados de Harry tocaron los de Draco. "Tres... dos... uno..." Y la vertiginosa sensación hizo que el moreno cerrara los ojos con fuerza. Cuando la sensación terminó se halló aferrado a los brazos del rubio, quien lo sujetaba para que no cayera. Se separó de repente y se enderezó un poco abochornado por no poder controlar su reacción a los traslados. Al fijarse vio que estaban frente a las puertas del edificio de Gringotts.
Ambos entraron con paso cauteloso y reservado, tratando de esquivar cuanta gente le era posible ya que el banco se hallaba lleno por ser época navideña y los retiros eran más frecuentes que los depositos. Harry notó que el duende lo observaba de forma extraña pero no hizo ningún comentario al respecto. Draco lo esperaba afuera por lo que esperaba que la conexión entre ambos no resaltara demasiado. Al terminar el retiro se regresaron de inmediato, Draco no quería arriesgarse a que los reconocieran o que alguien les fuera a estorbar para regresar.
Cuando regresaron encontraron a Lucius sentado tranquilamente junto al hogar en la sala de estar, frente a él había una pequeña mesa en cuyo tope yacía un tablero que le era familiar a Harry, quien se acercó con curiosidad. El juego estaba a medias y parecía que Lucius se entretenía en un juego solitario. Al ver al joven sonrió con aquella aparente malicia que marcaba cada una de sus expresiones pero Harry no lo tomó a mal, una semana en compañía del hombre le había enseñado no sólo algunos hechizos nuevos sino que un Malfoy no podía sonreír de otra forma que no fuera aquella expresión lobuna y feral. Bueno... todos excepto Draco... pero eso no era relevante en esos momentos.
"¿Te gustaría acompañarme?" Preguntó con voz tersa al notar el interés del joven. Harry asintió y Lucius le indicó que acercara una mesa. Draco tomó una de las copas vacías que estaban al lado de su padre, llenándose la misma con algo de vino para luego sentarse a observar cómo iría el juego entre ambos. Harry tomó las fichas negras por instinto puesto que Ron siempre escogía las blancas al jugar contra él sin percatarse de la extraña mirada que le dio Malfoy padre.
El juego se desarrolló con inusitada lentitud cuando ambos jugadores se vieron pareados punto por punto en habilidad y estrategia. El juego finalizó cuando el alfil negro atrapó al rey blanco y Lucius tumbó la ficha con mal presentada submisión. "¿Quién te enseñó a jugar?" Preguntó con genuina curiosidad. "¿Estás seguro que no había nadie susurrándote las respuestas?" Murmuró aguzando la vista en busca de señales que le indicaran que su señor había estado jugándole una broma.
"Ron me enseñó a jugar."
"Será mejor que le creas, padre. Yo mismo perdí contra el muy..." Draco carraspeó levemente tratando de cubrir su falta.
"Draco, cuántas veces debo decirte que..."
"...no utilice ese tipo de lenguaje en frente de magos superiores. Ya lo sé, ya lo sé." Dijo exasperado y algo irritado.
"Draco, un Malfoy..."
"...sabe conducirse correctamente en toda situación." Dijo fastidiado. "Estoy algo cansado, padre. Servirle como blanco a Potter no es una empresa que pueda tomarse a la ligera." Replicó con sarcasmo. Harry nunca lo había visto dirigirse a su padre de aquella forma. En todo el tiempo que había pasado allí Draco se había esmerado por complacer a su padre en todo, por obedecerle y nunca contradecirlo. Sin embargo observó que el joven Slytherin se pasaba una manos por los platinados cabellos con lentitud. "Lo siento mucho, padre, creo que será mejor que descanse un poco." Esperó a que su padre le diera permiso y dejando la copa sobre la mesa salió con paso urgente hacia las habitaciones en el segundo piso.
"No sé qué le pueda estar pasando..." Murmuró Lucius más para sí mismo que otra cosa, pero se sorprendió al escuchar al joven Gryffindor contestarle.
"Está preocupado." Susurró Harry sin querer.
"¿Y cómo es que sabes cuándo mi hijo está preocupado, Potter?" Preguntó con recelo el hombre.
"Yo... sólo..." El joven se había puesto de un profundo color escarlata y Lucius lo observó con una sonrisa y un extraño brillo en los ojos.
"No importa, Harry." Dijo de la forma más natural posible. "De hecho, yo también pienso que podría estar preocupado, pero conociendo a mi hijo como lo conozco, sé de algo que podría calmarle los nervios un poco." Lucius se puso en pie con la gracia que le era innata y se acercó a un gabinete de madera hermosamente tallado. Lo abrió para mostrar un interior lleno de botellas cuidadosamente colocadas de forma semi horizontal. Buscó una y la sacó con extremo cuidado observando la etiqueta con detenimiento. "Mhh... estoy seguro que esta le ayudará." Comentó. "¿Podrías llevársela?" Preguntó mientras tomaba dos copas del fondo del gabinete. "Y si lo deseas también puedes servirte un poco, estoy seguro que te ayudará de igual forma."
"Señor Malfoy, lo siento mucho, pero yo no bebo..."
"Ahh, no te preocupes, muchacho. Esto no es alcohol." Susurró como si fuera un secreto, sus ojos brillaban con extrema picardía pero Harry no se percató de la expresión pues sus ojos observaban la etiqueta en la botella que Malfoy acababa de darle junto con las dos copas. "Para tí una copa es suficiente, pero quizás a Draco le hagan falta dos." Le dio una palmada en la espalda, animándolo a subir a la habitación de su hijo.
Gracias por leer.
