Wolas! Capítulo de larga duración! (ya verán porqué XD) Les prometo aventura, acción y algo de deducciones, y, como siempre, drama T . T pero se viene la resolución del capítulo anterior. Verán como Heiji y Kaito no se pasan mucho que digamos ( 9_9 ), pero también cómo cooperan y reunen pistas para los próximos capítulos. ¿Alguien dijo que esto pronto llegaría a su fin? Pues no. Los misterios comienzan a tomar cada vez más forma y empiezan a aparecer pistas para que ustedes puedan descubrir el misterioso pasado de Kuroba Toichi y los orígenes de la Organización.

Sin más que agradecer a todos los lectores que siempre me animan cons su reviews, grandes incondicionales ¡Os amo!, y dedicado esta vez al pasado mes de Kaito Kid * _ * ( gracias Aoyama por tantos obsequios para celebrar mi cumple)


Capítulo 21: Ángel de la oscuridad.

(No fue inspiración, pero igual me parece una linda canción para acompañarlo: "Last Kiss", Primer Ending de Orphen, pero en español)

"¿He de contar algo más? Que caí de rodillas, y con un castañeteo de dientes confesé la verdad y rogué que me perdonaran. Me han negado el perdón, y vuelvo a confesar la verdad. He sido juzgado por el crimen, me han encontrado culpable y sentenciado. No tengo valor para anticipar mi destino, o para enfrentarme varonilmente a él. No tengo compasión, ni consuelo, ni esperanza, ni amigo alguno. Felizmente, mi esposa ha perdido las facultades que le permitirían ser consciente de mi desgracia o de la suya. ¡Estoy solo en este calabozo de piedra con mi espíritu maligno, y moriré mañana!"

"Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II", por Charles Dikens.

Kaito despertó con pereza pero totalmente activo. Parecía que no había dormido así en años. De su frente sintió colgando un pañuelo húmedo y recordó así que estaba a bordo de un tren preso de una altísima fiebre. Miró a un lado y se encontró a Hattori durmiendo profundamente. Miró por la ventana y supo que faltaba poco para entrar en Tokio. Estaba agradecido del detective, pero no podía permitir que le siguiera la pista, por lo que buscó entre sus ropas.

- Qué iluso puede llegar a ser. Seguramente se piensa que somos amigos o algo así… - Kaito constató que Heiji no le había quitado el gas paralizante-.

Esgrimió una sonrisa socarrona y roció al detective mientras dormía para asegurarse poder partir sin ser seguido. Decidió bajarse en la penúltima estación para aumentar sus posibilidades de no ser seguido. Lo último que supo de Hattori es que estaba apoyado placidamente entre los respaldos de los asiento, tapado amablemente con una manta que Kaito hizo juntando todas las puntas de sus pañuelos mágicos.

- Ya me los devolverás- dijo mientras se despedía riéndose burlonamente-.

Eran las 5 de la mañana del día lunes y Kaito estaba indeciso. Aoko le había pedido muy angustiada su ayuda porque estaba muy preocupada por su padre, sin embargo el falso robo de Kid le preocupaba demasiado. ¿Podría Aoko ayudarle procurándole información o sería mejor visitar a Jii-chan y preparar algún plan de acción? De pronto se le ocurrió que, si habían querido ensuciar su nombre probablemente habría sido la organización y debía regresar a su hogar para constatar que todo estuviera en orden. Era al menos una posibilidad.

Decidió volver a su casa tomando uno de los primeros buses de esa fría mañana de lluvia. ¡Ya se encontraría con Aoko en la escuela y podría saber las últimas noticias al comprar el diario camino a la escuela! A las seis de la mañana se enfiló a su casa. Cuando conectó la llave supo que había algo diferente en el cerrojo. Retrocedió pensando en lo que podría haber sucedido, y examinó escrutando cada una de las ventanas. Luego se decidió a entrar sigilosamente. Con cuidado recorrió cada uno de los cuartos de la planta baja, y no encontró nada, sin embargo, en la cocina encontró un misterioso vaso lleno hasta la mitad de agua. Luego subió e investigó en cada una de las piezas de la planta alta. Por un momento quiso pensar que su madre había vuelto, pero en su cuarto no había ninguna señal que le indicara que así había sido. Sólo le quedaba su cuarto. Abrió sigilosamente y notó un montículo sobre su cama. Tomó suavemente una de las bancas y se aprontó a golpear a quien estuviera durmiendo en su cama. Concentrado como estaba no vio lo obvio que había a su alrededor. El sujeto sobre la cama se dio vuelta justo cuando Kaito estaba dejándole caer la silla en la cabeza.

- ¡AKAKO!- de un solo movimiento alcanzó a lanzar lejos la silla, pero él mismo perdió el equilibrio cayendo sobre la asustada chica que se despertó de golpe ante el grito de Kaito.

- ¡Pero qué rayos haces!

- ¡Al contrario qué haces tú acostada en mi cama!

Recién se dieron cuenta que estaban uno sobre el otro sobre la cama. El rostro de Akako se coloreó completamente y Kaito se levantó rápidamente quedando pegado a una de las murallas.

- No fue mi intención ¡Tú tienes la culpa!- gritó apuntandola con el índice y haciendo aspavientos con la otra mano.

Akako guardó silencio en medio de la habitación a oscuras.

- Que bueno… que bueno que estés bien.

- ¿A qué te refieres?

- Pensé que te había sucedido algo.

Kaito recordó su aventura y cómo Bourbon lo obligó a tomarse aquella droga. En ese momento se dio cuenta que aparte del fuerte dolor en el pecho y de la fiebre intensa que le subió no había sufrido ningún efecto permanente y que lejos de eso, se sentía lleno de vitalidad y energía.

- ¿Qué raro?

- ¿Eh, qué dices?

- No, nada que… ¿Por qué lo dices?

- Mi espejo… Es decir… los espíritus me avisaron que estabas en peligro… Decidí venir a esperarte porque ya sabes… ahora no puedo lanzarte hechizos de ningún tipo-.

- Bueno, pues… estoy bien. De todas formas gracias por preocuparte.- El chico vio como Akako sintió un ligero alivio-.

- ¡Ah, es cierto! Tienes una carta. La vino a dejar un amable chico ayer por la tarde

Kaito se acercó a encender la luz de su cuarto, pero de pronto los malos presentimientos volvieron al corazón de Akako. Con un breve vistazo Kaito notó el remitente siniestro de la carta: "Irish" y como un rayo la intuición de la bruja gritó por ella:

- ¡No enciendas la luz, Kaito!

Tres quiebres le dieron a la ventana indicando disparos dirigidos al chico, pero Akako logró anticiparse y, de un solo movimiento lo quitó del medio. Cayeron al suelo y el chico reaccionó abrazando a Akako para evitar que nuevos disparos la hirieran. La carta cayó a los pies de la cama, y sólo cuando estuvieron seguros de que los disparos no seguían, el chico se levantó a apagar la luz. Se arrojó a mirar por la ventana pero no pudo distinguir nada. Tomó la carta y la observó indeciso, alternandose entre la ventana y el posible sitio del que provinieron los disparos, y ese funesto pedazo de papel. En una fracción de segundos decidió salir a perseguir a quienes dispararon, pero un quejido de la joven bruja lo distrajo.

- ¿Estás bien?

- Pues… me duele… - Akako se quejaba bastante-.

Kaito bufó molesto y busco una pequeña linterna que tenía entre sus objetos personales. Al encontrarla se acercó a Akako y vió que la chica sangraba profusamente.

- Esto… - Kaito se estremeció al ver la herida en el brazo de la chica-.

- No te preocupes, estaré bien.

- ¡No, no estás bien! Debo llevarte a un hospital…

- ¡No, tú no entiendes! No entiendes nada.

- Pero…

- Soy una hechicera poderosa. Estaré bien con un poco de magia blanca.

- ¿Qué? – El joven mago no podía comprender los alcances de los poderes de una bruja en plena era Heisei-. Pero esto se ve muy mal…

Akako comenzó a recitar una extraña jerga y de pronto se pudo notar que cada gota de sangre que había caído flotaba a centímetros del piso, comenzando a ebullir en sí misma, y desapareciendo mientras la herida de Akako dejaba lentamente de sangrar.

Molesto arrugó la carta entre sus dedos y recordó que había leído el sospechoso nombre de Irish. Mirando de reojo a Akako, extendió el sobre y lo abrió, temeroso de encontrar cualquier disparate en él, sin embargo era una carta normal. La alumbró con su linterna y pudo leer su contenido:

"Kaitou Kid:

Este es un plan de emergencia que he ideado si llego a morir. Si estás leyendo esta carta seguramente ya no estoy vivo, pero te detesto tanto que no descansaré, y seguiré molestándote desde el más allá.

Seguramente ya te has dado cuenta de que hemos secuestrado a tu noviecita y ahora tienes dos opciones:… "

- ¡Secuestraron a Aoko!

Kaito sintió que era arrojado a un frío pozo oscuro. ¿Sería cierto?

- ¿De qué hablas, Kuroba?- la joven bruja se distrajo de su curación-.

- No… no puede ser… Te… tengo que comprobarlo… - el chico se levantó bruscamente y estuvo a punto de salir de su cuarto cuando Akako lo sujetó firmemente de su pantalón-.

- ¡Detente, Kuroba! Es muy probable que sea una trampa… ¡Kaito, si sigues así te van a matar!- Akako se aferraba a su herida y al pantalón del chico.

- ¡No estuvieron aquí esperando que llegara para dispararme por nada, Koizumi! Ese sujeto me odiaba tanto que es probable que la emprendiera con Aoko y…

Akako lo soltó y profirió un agudo chillido de dolor. Sería bruja, pero el dolor era tan intenso como para cualquier ser humano. Kaito estaba entre la espada y la pared. O se encargaba de Akako que le había salvado la vida, o se cercioraba de que Aoko estuviera a salvo y segura. Llamar a la policía no era una opción para él, tendría que dar demasiadas explicaciones… Y llamar a Aoko a esas horas de la mañana levantaría la alarma de su mejor amiga ¿Qué excusa le daría por llamarla a esas horas? ¡Ya lo tenía! El día anterior le había dicho que estaba muy preocupada por su padre y que necesitaba su compañía. ¡Le informaría de su llegada y así se despejarían sus dudas!

- Vamos, Koizumi. Te llevaré al Hospital…

- ¡¿Estás loco?

- … por el camino llamaré a Aoko y veré que sucede…

- Kaito… ¡detente!- Akako se negó a ser levantada por Kaito. Este la miró extrañado- ¿No te das cuenta?

- Akako…

- Si me llevas tendrás que dar explicaciones sobre los disparos ¿Qué vas a decir?- la chica hablaba a gritos para que las palabras le salieran coherentes-

- Pero…

- De acuerdo, llévame, pero a mi casa. – Akako sudaba- Así puede que logre hechizarte y te quedes como esclavo a servirme…- la chica quiso distender el ambiente con su habitual amenaza, que era bastante verdadera, por cierto-

- Ni lo sueñes… pero te llevaré igual- De un solo chasquido Kaito estuvo listo para surcar los cielos con su traje blanco-

- No Kuroba. Te sacaré de aquí sin que sospechen.

- Pero estás heri…

Los dos comenzaron a hacerse transparentes hasta desaparecer. Cuando reaparecieron, estaban en el jardín tenebroso de la casa de Akako. Con cuidado Kaito dejó a la chica en un viejo sofá, y se sorprendió con la aparición de un horrendo jorobado que parecía muerto viviente de lo pálido que estaba. Decidió ir a casa de Aoko, pero antes haría la llamada. Mientras el tono sonaba, Akako continuaba a duras penas su hechizo de curación y él seguía leyendo la carta póstuma de Irish:

"… Puedes escoger entre quitarte para siempre de nuestro camino frente a la mirada de mis camaradas, o puedes dejar que mi escuadrón personal lo haga por ti.

Como ves, quiero que sepas que sea lo que sea que escojas, mi intención claramente es hacerte pagar por los daños que tu personaje me ha hecho sufrir. Si no optas por ninguna de las dos opciones, la que morirá será tu novia… Sé que sabrás cómo contactarnos.

Irish"

- ¿Suicidarme o dejar que me maten? ¡Nunca!- Volvió a arrugar la carta y marcó el número de Aoko-

El tono de espera de pronto dejó de sonar y Kaito gritó desesperado el nombre de Aoko.

- ¡Oh! Pues ella no está disponible en este momento.

- ¿Q… quién eres?- A Kaito le pareció sentir un balde de agua fría al escuchar una voz varonil al otro lado de la línea-

- Eres Kuroba… y lo único que tienes que saber es que la chica tiene un poco de pena. Tuvimos que quitarnos a su padre de encima…

- ¡¿QUE HICIERON QUÉ?- El chico dejó de pasearse bruscamente, aunque pareció que su corazón hubiese seguido caminando sin él-

- Según vi en las noticias el viejo está bastante mejor que el auto que destrozamos.

- C… c… Como le hagan algo a Aoko, o Nakamori-san sufra ¡Me las van a pagar!

- Si, claro, como quieras. De todas formas vendrás... Y responderás por el Hope en lugar nuestro. A las 21 y 30. Edificio en construcción de la calle Shoguan- 7 chome. Te estaremos esperando Kaitou Kid.

La llamada se cortó pero la angustia del chico no. Bajó el teléfono en completo silencio, a pesar de que de su boca querían salir muchas palabras. Comenzó a balbucear, pero sus labios se movían sin emitir ningún sonido. Temblaba de furia.

- ¿Kuroba?- la bruja notó la rabia contenida del chico-

- Ahora lo entiendo… Mi padre… sabía que lo iban a matar… y se dejó matar…

- ¿De qué hablas, Kuroba?

- Ahora lo puedo entender… Él tuvo que escoger. Desde que descubrieron su verdadera identidad todos corrimos peligro sin saberlo, y él tuvo que escoger entre desaparecer y que nos liquidaran… Ahora… ahora es lo mismo… Primero Aoko, luego el inspector, ahora tú… Todos… por mi culpa… Pues si tengo que desaparecer, creo que le haré caso al destino- Kaito sonrió con tristeza al mirar los últimos minutos de luna antes de que amaneciera-

- ¡No estarás pensando en…!

- No, Koizumi. Pero no puedo volver a compartir con ustedes. Kaitou Kid y Kuroba Kaito deben desaparecer. No puedo seguir al lado de todos…

- No puedes decir eso. No podrás vencer si te aislas. Debes encontrar apoyo.

- ¿Quién? ¿La policía? ¡Nakamori-san está en el Hospital!

- No digas eso…

- Adiós… - Kaito se acercó y besó la frente de Akako con dulzura-

- No digas eso… -la chica se ruborizó unos segundos- En mi última visión… tú besabas mi frente y desaparecías, pero la luna seguía allí… ¡Volverás Kuroba Kaito! ¡Volverás y serás mi esclavo tal como deseo!

- Recupérate bien, Akako-chan. Quiero saber que estarás bien –un guiño antes de irse y el chico se encaminó a la salida-

Cuando el chico se fue, la bruja siguió con el hechizo de curación en silencio mientras su sirviente la arropaba con mantas embrujadas y la observaba atento a sus rasgos; pero la chica no demostraba nada más que cierta molestia por el terrible dolor que lentamente comenzaba a desaparecer. Ella no podía llorar.

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Ella caía y el ave también. Eternamente podía sentir cómo las rocas y vegetación pasaban velozmente por su lado, así como un viento que no sentía y que sin embargo sabía que estaba allí, porque ya conocía la sensación del vuelo. Pero el ave caía y ella también, eternamente, y mientras más tiempo pasaba, más aumentaba su ansiedad y su angustia por el trágico fin que les esperaba a ella y el ave herida. En algún lugar de su inconsciencia todo había comenzado, y ella sabía que era una maldita pesadilla, pero no podía despertar. Estaba atada a ese extraño lugar entre el sueño y la conciencia y si bien sabía eso, no podía evitar la angustia de la eterna caída. Comenzó a sentir frío, y supo que el lugar donde estaba era húmedo. En ese momento le ordenó a su sueño deternerse y al fin pudo notar el fin del precipicio, en el que abrupta y sangrientamente terminó el ave que ella en cierto momento pretendió proteger.

Del horror de ver el ave desparramada en un charco de sangre despertó revolviéndose ante la necesidad de abrazar y sentirse abrazada por alguien, y ella sabía muy bien a quien… Kaito.

Pero no pudo ni completar el gesto. Se encontraba atada y amordazada y de golpe recordó el accidente de su padre y al taxista que la había secuestrado. Como si la despedazada fuera ella gritó ahogadamente. Su padre estaba muerto y ella no había podido hacer nada. Se lo advirtió todo el día, el corazón le gritó mil veces que el peligro rondaba, y finalmente un sino lapidante se apoderó de sus futuros ¿Por qué ella había sido nuevamente secuestrada? ¿Acaso el psicópata seguía obsesionado? Pero esta vez su padre había ido por Kid, no por él… Kid… Kaitou Kid… Nuevamente su nombre se ligaba a su secuestro y esta vez era el causante de que su padre estuviera…

Ahogó un sollozo mirando la última imagen nocturna de la luna. Si ella hubiera sido adivina sabría que en ese momento Kaito también había hecho ese gesto. "¡Cómo odiaba a ese ladrón! ¡Y ahora era el responsable de la muerte de su padre! ¡Maldito, maldito ladrón!" gritaba mentalmente mientra se sacudía furiosa intentando safarze de las ataduras, pero todo era en vano. Lloró de pena, lloró de corage, y nuevamente se sacudió, logrando librarse de la mordaza. Gritó hasta que su voz se quebró y cuando no pudo seguir vociferando siguió llorando con los miembros entumecidos por tantas horas en la misma posición. Cuando el sol se podía vislumbrar al mediodía ella oyó la cercanía de unos hombres y una voz femenina, a todas luces, extranjera; parecían discutir y en un instante se escuchó claramente un par de bofetadas.

De pronto unas pisadas se acercaron y abrieron la puerta. Desde su lugar ella increpó al sujeto exigiéndole explicaciones sobre su padre, pero lo único que logró fue una risa de mofa y una siniestra confesión: "Debe estar muerto" La puerta se cerró nuevamente y desde afuera escuchó claramente como, en inglés, informaban a alguien sobre su estado. La voz femenina dijo algo que no pudo comprender completamente, pero un nombre la heló: Kaitou Kid. Siguió poniendo atención y pudo entender, gracias a su poco pero efectivo dominio del inglés, que ellos esperaban que Kid se presentara porque la tenía a ella ¿Por qué? ¿Por qué Kaitou Kid estaría interesado en ayudarle? ¿Acaso porque era la hija del Inspector Nakamori? ¡Pero era su culpa! ¡Su padre había muerto por perseguirlo a él! Tal vez la culpa lo movilizaba. ¡NO! Seguramente, tal como pensó antes, Kid era la mente detrás de todo y aunque todo el mundo pensara que ese ladrón era un caballero no dejaba de ser un criminal, que además ahora era secuestrador y… y… asesino…

Lloró nuevamente. Seguramente nunca más vería la luz del día.

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Kaito salió corriendo sin llevar puesto su traje de ladrón. La luz del dia comenzaba a aparecer y, como buen lunes, la jornada de todos comenzaba. ¿Qué debía hacer? Sólo por la tarde sabría algo sobre Aoko, y no sabía si la policía estaba siguiendo erróneamente sus pasos o estaban enfrascados en el accidente de Nakamori; por otra parte ¿Sería cierto que Nakamori estaba herido? ¿Debía hacerle caso a Koizumi y buscar aliados? Y si buscaba información, ¿podrían ayudarle los detectives?

Se detuvo y se rascó la cabeza. Furioso golpeó fuertemente con el puño un murallón que tuvo a su lado. Tenía que cerciorarse respecto al inspector Nakamori, pero también necesitaba profundizar en las pistas que su padre le había ido dejando. Volver a su casa no era la mejor opción, pero ciertamente debía recuperar las memorias y el libro de magia de su padre. Necesitaba pensar. Necesitaba sentir que estaba avanzando en algo. Las dudas lo atormentaban mucho más que la incertidumbre: la canción "Nanatsu no ko" parecía ser una pista, la mujer rubia aseguraba ser amante de su padre, el mismísimo Kuroba Toichi, siendo un hombre tan respetable había sido un ladrón, su madre también tenía un pasado muy misterioso (siempre se cuestionó la forma extraña en la que se habían conocido), los hombres que lo perseguían sabían de la identidad de Toichi como si lo conocieran mucho más que él mismo siendo su hijo. La carta con tinta invisible que su padre le dejó en sus escritos hablaba sobre cuidarse de la líder de la facción moderada, y ya no dudaba que esa persona era la mismísima mujer rubia; por otra parte estaba la droga que ese sujeto le había dado a probar contra su voluntad y que, pese al ataque de fiebre y las fuertes molestias en el pecho que le sobrevinieron, hasta el momento no había sucedido nada más ¿qué sería? Y por qué la mujer rubia a veces lo protegía y otras veces juraba querer matarlo. ¿Para qué querrían una joya que absurdamente pensaban que podría dar la eternidad?

Se detuvo en una esquina y decidió ir por las anotaciones. El era mago, no era un detective.

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Hattori despertó después que dos acomodadores lo removieron bruscamente intentando despertarle. Sólo allí se dio cuenta de que Kuroba ya no estaba a su lado y que estaba en la estación terminal, en Tokio. Salió remilgando mil maldiciones en contra del mago. De pronto azuzó su puño pensando en darle su merecido y notó que llevaba una manta hecha de los pañuelos mágicos del ilusionista. Se llevó las manos a la frente y se arropó con el improvisado cobertor pues hacía mucho frío. Se dirigió a casa del profesor Agasa, pues pensaba llamar desde allí a Kudo y contarle el estado de la situación, no sin remilgar mil y un palabrotas por el absurdo ataque de color que llevaba a cuestas.

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Kaito mientras tanto había vuelto a su casa. Se masajeó suavemente la zona herida la vez anterior. Aún sentía molestias de vez en cuando y tanta tensión acumulada habían recrudecido algunas dolencias en forma ligera. Pensó que ante tanto movimiento no era extraño sentirse así, sin embargo él esperaba más pues había sido una lesión muy importante. Olvidó el asunto y con gran precaución se introdujo al escondite secreto, y se cercioró que nada malo había sucedido allí, salvo los vidrios quebrados de la madrugada todo estaba en su lugar aunque ni rastros de la sangre de Akako-. En el mundo existían misterios más allá de una mente racional. Mientras buscaba desesperadamente entre la biblioteca oculta de su padre, por primera vez cuestionó su idea sobre la joya. ¿Y si Pandora realmente era una joya con poderes mágicos? Se detuvo… y trato de entrar en la mente de su padre. Un hombre racional y que sin embargo era capaz de creer en la magia más allá de un truco ¿Por qué sabía eso? Trató de recordarlo. Pensando en la racionalidad dentro de la magia, notó que cada libro tenía un orden lógico y no era el abecedario en orden. El espacio libre, donde alguna vez estuvo el libro de la Condesa de Cagliostro estaba en el centro y el orden de los libros estaba invertido y era concéntrico. El último libro era el del centro, aquel que tenía en su mesa. Comenzó a ordenarlos pues no creía que fuera simple azar. Al hacerlo encontró que justo detrás de lo que debía ser la "K" había una caja fuerte ¿La contraseña? Era casi obvia para él: 1412. Se abrió y dentro encontró un nuevo monóculo y una nota:

"Siento no haberte hecho fácil el código del libro, pero sabía que descubrirías este lugar. Protege este monóculo. Es importante. Trátalo con cuidado, como ya sabes, no dejes que nadie vea a través de él. Espero que sepas perdonarme.

Toichi."

- ¿Es importante? ¿Qué nadie pueda ver a través de él? ¡¿Qué todo estaba en el código del libro?

Kaito volteó y miró sorprendido el dichoso libro del que, irónicamente, no había descubierto su código del todo, y sólo un golpe de suerte le había llevado a descubrir la última nota de su padre.

Frente a eso miró el suelo y, con desazón, reconoció que necesitaba ayuda. Luego de un breve silencio, tomó el monóculo con un pañuelo y lo observó con curiosidad, mirando a través de él sin encontrar nada. Había demasiados misterios y ahora uno nuevo se unía a su colección… y ya no tenía tiempo. ¡¿Dónde estaría Hakuba? Mientras más mentes trabajaran con él, mejor sería. Tomó una mochila y guardó los dos libros y el "monóculo sagrado", como lo bautizó humorísticamente en ese momento. Su nueva meta fue encontrar a Kudo Shinichi, aunque debía ser precavido con Ran, pero antes debía saber sobre la salud de Nakamori- san.

Horas antes, Hattori se había aparecido en la agencia de Mouri Kogoro, y había invitado, con una excusa, a Conan, aunque en toda la mañana no paró de despotricar contra Kaito. Molesto por lo monotemático que estaba su amigo, Kudo le puso un alto:

- Kuroba es un tipo solitario, pero no hace nada que no tenga una razón poderosa.

- ¿Crees que me dejó durmiendo en el vagón por algo? Si, seguramente… quería fastidiarme…

- ¿Es que no lo sabes?

- ¿Saber qué?

- Nakamori keibu sufrió un grave accidente mientras seguía al falso Kid… - Hattori pudo notar que Conan no creía en una coincidencia-. Debemos averiguar lo que sucedió tras esto. Sabemos que Kuroba no pudo provocar ese accidente porque estaba contigo y un policía de tanta trayectoria como Nakamori-san no tendría un accidente tan fácilmente. Algo me huele muy mal aquí.

Sólo se enteraron de la desaparición de Aoko al encontrarse con Takagi en el Hospital Haido.

Cuando se dirigían junto con los policías hacia la comandancia vieron a Kaito justo frente a ellos.

En silencio se detuvieron como lo que eran, rivales. Los policías saludaron a Kaito y le preguntaron por Aoko, pensando que estaría con él, pero Kaito negó saber algo. Heiji enfrentó a Kaito zamarreándolo por no saber nada, aunque sólo ellos, y Conan, sabían que el detective se estaba desquitando por lo de la mañana.

Pero el joven ladrón no estaba de humor y deshaciéndose de las manos de Hattori, lo miró gélidamente anunciando su deseo de visitar a Nakamori, y que tal vez Aoko estaría en su casa. Bajo aquella mirada fría Conan pudo distinguir que Kaito ocultaba información, y que su frialdad parecía no ser la de alguien que de verdad no sabe nada, sino más bien una estudiada forma de ocultar algo… y él sí que sabía sobre eso.

- Kaito-niichan ¿Puedo acompañarte?- le dijo con una sonrisa fingida-

- No, porque no te dejarán entrar, pero tal vez… los necesite más tarde. Se los haré saber-

Hattori y Conan vieron como Kaito se alejaba cabizbajo por el pasillo. Como ninguno de los inspectores conocía tan bien a Kaito como Nakamori y su asistente, no vieron lo extraño de su reacción, excepto los jóvenes detectives. Los inspectores desaparecieron por las mamparas pero los detectives se quedaron en pie, mirando el camino que el chico había tomado.

- Hattori…

- Sí, lo sé, Kudo.

Ambos notaron que Kaito les había pedido ayuda. A su manera, pero lo había hecho, sin embargo ¿Por qué no de inmediato?

- Él tiene sus razones, cierto Kudo.

- Esperemos. Debemos confiar en él, aunque cueste.

Los detectives decidieron averiguar respecto al robo del día anterior; seguramente allí encontrarían alguna pista sobre las ideas del ladrón. Su objetivo serían los vídeos del robo y el sitio del suceso.

Cuando Kaito entró y vio a Nakamori conectado con tubos, su corazón se recogió. Le había fallado en proteger a Aoko, y además estaba en riesgo por su culpa. Se acercó y hablándole como si pudiera escucharle, le prometió encontrar a Aoko y le pidió que se recuperara para ver a su hija sana y salva.

Al salir, se sentó en los peldaños de la escalera de acceso. Abrió la Condesa de Cagliostro e intentó encontrar lo que su padre asumió que encontraría. Tan concentrado estaba que no se dio cuenta que la figura de un hombre alto y grueso se plantó frente a él.

- ¿Kuroba-kun?

Él levantó la mirada y se encontró con Kurogane Tsubasa sonriéndole ampliamente. Cuando vio que Kaito no reaccionaba se sentó a su lado y prendió un habano.

- ¿No te molesta?

- No tanto. Mi padre fumaba del mismo en algunas ocasiones- Kurogane lo miró de reojo con seriedad-.

- Lo vi en las noticias ¿Es por Nakamori?

- Nakamori-san está herido. Perseguía a Kid y su patrulla se estrelló- era verdad, a medias-.

- ¿Qué lástima? ¿Pero estará bien? Preguntó muy afectado-.

- Parece que sí, pero tardará un poco.

- Pero es una buena noticia ¿Y Aoko-chan? – Kurogane no dejó de notar que Kaito se entristeció- Debe estar muy afectada…

- Pues… si…

- Y tú también, parece… Tu padre, cuando necesitaba clarificar sus ideas, fumaba este mismo habano, bueno, supongo que lo sabes… - Kaito prestó atención- ¿Qué edad tienes?

- 17, pronto cumpliré 18.

Se miraron. Kaito, desde que conoció a Kurogane Tsubasa, se sintió acogido por él. Alguien que había conocido muy bien a su padre, aparte de Jii, era motivo de admiración para él. Kurogane, en ese instante, sostuvo el habano y se lo acercó sin mirarlo.

- Tal vez quieras… - Kaito lo miró, sorprendido y luego indeciso-.

- Pues- estuvo a punto de cogerlo- No. El día que triunfe frente a Sanada lo haré.

- De acuerdo, pero luego no te envicies.- Kurogane hizo desaparecer el habano transformándolo en una paloma que emprendió el vuelo.

Ambos se rieron abiertamente, pero pronto el rostro apenado de Kaito volvió.

- Aoko… ella no sabe lo de su padre…- confesó Kaito-

- ¿Qué? ¿Pero por qué no se lo dices?

- Por que… pues…

- Un momento… ¿Cómo es posible que no lo sepa? Ha salido en las noticias ¡Hasta yo me he enterado!

- Está desaparecida desde anoche.

- Pero Aoko-chan es una chica muy centrada ¿Por qué no estaría con su padre en estos momentos? ¿Crees que haya ido tras Kaitou Kid?

- No. Ella fue sec… - se detuvo de golpe. No podía confesarle la verdad a Kurogane. Lanzó un hondo suspiro- No sé donde está.

Kurogane miró inquisitivamente el rostro de Kaito, hasta el punto de hacerlo sentir incómodo. Al chico le pareció que el hombre tenía dudas, y se debatía entre las preguntas. ¿Qué haría si le comenzaba a hacer preguntas demasiado quisquillosas?

- Aoko tal vez… - Kaito sudó frío al notar que Kurogane se puso serio- ¿Comprobaste si no está encerrada en su habitación? Las chicas a veces son así, sabes…

- No está en su cuarto- La verdad no lo había comprobado, pero no tenía que hacerlo para saber que así era. Los disparos de la madrugada y la llamada habían sido muy elocuentes-

- Una chica desaparecida, un padre que es policía y está herido, un chico visiblemente preocupado y un culpable aparente… Kaitou Kid. Cualquiera diría que la chica ha ido tras el ladrón, pero tú no lo crees así, ¿verdad?...

Kurogane se estaba acercando demasiado a su secreto. Sin embargo su forma de decirlo era un tanto extraña, casi como si supiera su secreto y tuviera temor de decirlo de frente. No, era su imaginación ¿Cómo podría saber su secreto alguien que recién empezaba a conocer? ¿Podía ser acaso un nuevo detective en su camino?

- ¿Que te hace pensar eso, Kurogane-san?- Kaito rodeó sus rodillas y ocultó parte de su rostro entre las piernas-

- ¿Dónde estuviste ayer, Kuroba-kun? Un novio leal hubiera acompañado a su novia en los momentos difíciles.

- ¡Que Aoko no es mi novia!- A Kaito se le subieron los colores al rostro al pensar que el mundo notaba sus sentimientos por Aoko y vociferó enseñando divertidamente sus dientes-

- Vale, vale ¡Como tú digas!- Kurogane se disculpó negando con las manos mientras una pequeña gotita de sudor corrío por su sien-

Pero esa breve situación cómica se quebró porque un pequeño resabio de la droga que le obligaron a tomar le forzó a tomarse firmemente el pecho. Se dejó caer lentamente de rodillas sobre la loza de las escaleras, justo frente a Kurogane, que lo sujetó asustado.

- ¿Qué tienes, Kaito?

- No es nada… es sólo que pesqué un resfriado anoche…

- … ¿Dónde estuviste anoche, Kaito-kun?

- Venía de vuelta a Tokio. Estuve en…

- … ¿Osaka?

- Si…

- Parece que tienes fiebre… Llamaré a Jii-chan para que venga por ti.

No, gracias…

- Lo llamaré de todas formas, dame tu móvil… aunque ¿No te molesta que te deje solo? Es que… debo atender un asunto urgente.

- Para nada, ya estoy mejor.

- ¿Estas seguro?

- ¡Claro! – Lentamente Kaito recobró el aliento-

Kurogane dejó a Kaito en la recepción del Hospital, a la espera de Jii. Cuando estaba a punto de salir de allí, volteó y sonrió al chico para darle ánimos. Al emprender su camino su rostro cambió totalmente. Una súbita expresión de preocupación reemplazo toda esperanza dibujada anteriormente.

- Esto está poniéndose color de hormiga.

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La tarde comenzaba a llegar, pero Kaito esperó prudentemente la llegada de Jii-chan. Tenía el cuaderno de su padre en el regazo y lo estudiaba concienzudamente. Había miles de datos sobre nuevos trucos, que su padre nunca realizó, y de vez en cuando las anotaciones se interrumpían para explicar ciertas claves que ahora a Kaito le hacían mucho sentido. Trató de adelantar, pero no tenía ni idea de dónde detenerse pues todo era nuevo y estaba en código. Volvió las páginas atrás y comenzó desde el mismo último sitio. En la página siguiente encontró algo interesante. Era una historia de su padre cuando fue pequeño. Leyó con detención y descubrió que su abuelo había discutido con alguien que fue su amigo. Toichi habría escuchado esa conversación oculto, trás unos arbustos y acompañado por quien fuera su mejor amigo en ese momento: Yuusaku Kudo.

A Kaito no sólo el nombre de ese amigo llamó su atención, ciertamente debía corroborar más tarde si podría ser el padre de su archirrival; también le llamó la atención el que Toichi no se refiriera a su padre como habitualmente lo hacen los hijos. Usaba la tercera persona, como si, más que respeto, quisiera evidenciar lejanía. Era aún más extraño que dentro de sus memorias, tan importantes al parecer, su padre le comentara por primera vez la existencia de su abuelo. Ni su padre ni su madre nunca le hablaron sobre sus abuelos. Al único que tenía casi por familiar era Jii-chan, y al inspector Nakamori con quien prácticamente había crecido. Cosa más extraña aún: ¿Cuál era el nombre de su abuelo? No lo sabía, al menos allí no salía.

Perdido como estaba en sus pensamientos, no se percató de la presencia de Jii-chan, quien se sentó a su lado y le convidó un chocolate caliente que recién había sacado del dispensador. Kaito sonrió al notar su procedencia y lo tomó, poniéndose de pie. Dio un trago y pidió a Jii que salieran de allí pues debía pedirle que lo llevara a cierta dirección.

- Señorito… ¿Por qué recibí la llamada de un hombre llamado Kurogane Tsubasa? Él me comentó que usted estaría aquí y que no se sentía bien.

- No molestes, Jii-chan. Sólo estoy aquí por el inspector.

- Sé que el señor Nakamori está herido debido al accidente, pero no entiendo por qué estaba él persiguiéndolo a usted, si usted estaba en Osa…

- ¡Porque no es verdad, Jii!- Kaito volteó molesto justo al abrir la puerta del automóvil del anciano- Le tendieron una trampa.

- Señorito… sabía que esto sería arriesgado…

- Lo sé… y quiero que sepas todo lo sucedido ayer, pero no ahora. Lo importante no es mi situación sino lo que sucede con Aoko… - Kaito comenzó a ver nublado-

- ¿A qué se refiere, señorito? ¡Señorito que le sucede!- El chico se afirmó rápidamente del techo del automóvil-

- Nada, nada… Jii-chan… - Kaito entró al vehículo pidiéndole con un gesto a su asistente que entrara también – Me dieron una droga, Jii… no me ha hecho nada aparte de provocarme mareos constantes… Pero no tenemos tiempo de detenernos en eso. Aoko fue secuestrada y fueron ellos, Jii.

- ¡La señorita Aoko…! – Los ojos de Jii reflejaron su miedo –

- Encontré esto entre los libros de mi padre, Jii-chan - Kaito le mostró el monóculo misterioso a su asistente- me pide que lo cuide y que no permita que lo vean a contraluz ¿Qué sabes sobre esto?...

El viejo bajó la mirada entristecido.

- Todo lo que yo sabía, se lo contó su madre, señorito. Quisiera saber algo más, pero no es así.

- Mi madre siendo pequeña se dedicó a ese tipo de actividades, pero no me dijo porqué. Cuando se lo pregunté me miró y me dijo que eso tendría que descubrirlo por mí mismo, aunque me dio a entender que la justicia siempre le llamó la atención. Mi padre quiso sacar a mi madre de ese mundo, pero sospecho que ambos ya se conocían de antes… y de algo previo… Estoy descubriendo esto por mí mismo, Jii… pero mientras tanto el tiempo corre y pongo en peligro a todos quienes quiero… - el chico se tomó la cara con ambas manos y estiró su espalda aferrado al asiento- Quieren que esté en Shoguan a las 9 y media y que me inculpe por el robo del Hope y el accidente de Nakamori-san. Sólo así me devolverán a Aoko… también me pidieron que…

- Es una trampa, señorito.

- Lo sé. Por eso pedí refuerzos, aunque probablemente aun no lo sepan… Quiero que me lleves, Jii-chan, y que aguardes a tener señales de Aoko. No te preocupes por mí, que yo veré cómo me las apaño con ellos, pero quiero que, apenas veas a Aoko, la saques del lugar y te la lleves a la comisaria central.

- ¡No me puede pedir que lo deje solo, señorito!

- Confía en mí - Kaito sonrió satisfecho de sí mismo- sacaremos a Aoko de este problema y saldremos bien, como siempre-

En ese momento Conan y Heiji investigaban los vídeos, escena a escena. Estaba claro para ellos que el hombre que se distinguía no era el verdadero Kid. Salieron de la sala de proyección con la excusa de que el caso estaba claro y que había que arrestar a Kid apenas pudieran. Entre cuchicheo y susurros Heiji contó a Conan lo que pudo averiguar, y cómo al parecer estaba involucrada Vermouth en el caso del catador chino.

- ¿Qué vinos estaban sobre esa mesa, Hattori?

- Pues una variedad de vinos chinos de exportación… Me pareció leer en uno de ellos "bai-jiú".

- Mmm… muy cercano al spirit… Es curioso… Es la segunda vez que veo a la organización relacionada con licores…

- Sólo Kuroba sabe el tipo de conversación que se sostuvo allí dentro - Heiji puso mala cara al recordar cómo Kaito lo dejó fuera de combate en esa ocasió por lo que, fastidiado, metió sus manos en sus bolsillos- Ese odioso sí que sabe ganarse mi molestia.

- Kuroba… ¿Te mencionó algo respecto a la conversación?

- Pues no, pero… - Heiji se percató de un extraño papel en su bolsillo- ¿Qué es esto?

El muchacho extendió el papel y se dio cuenta de una dirección y una hora. No dejó de llamarle la atención las siglas finales... K.K

- Ese idiota… ¿En qué momento?

- Cuando lo zamarreaste. Sabía que nos dejaría saber lo que quería. Según lo que puedo ver Aoko-chan…

- Fue secuestrada por esos sujetos.- concluyó Hattori-

- Y Nakamori fue víctima de una emboscada. La pregunta es…

- ¿Por qué quisieron tenderle esa trampa a Kuroba?

- ¿Realmente habrá sido una trampa?- se preguntó Conan- y si lo que buscaban era incriminar a Kid de alguna otra actividad y desviar la atención… tal vez de lo sucedido en Osaka…

Hattori reflexionó lo vivido en Osaka, y recordó la curiosa reacción de Kaito al subir al tren. No recordaba haberlo visto así horas antes, e incluso sus acciones en ese momento le recordaron lo que le sucedía a Conan cada vez que se transformaba en Kudo. Observó detenidamente al pequeño detective mientras seguían caminando en dirección a la casa del profesor.

- Hace un rato que me miras raro - Conan miró extrañado y con un gesto astiado a Heiji- Empiezas a incomodarme - Una sonrisa de desagrado se dibujó en el rostro del pequeño-

- Es que… Kudo… Cuando estás bajo el efecto de la droga que te vuelve a tu cuerpo normal… ¿Qué sientes?

- Pues… - Conan se sorprendió ante tal pregunta inesperada – pues, es como si algo me quemara por dentro. Casi siempre reacciono con la fiebre –

- Una vez me dijiste que un licor te produjo cierta reacción similar.

- El bai… - Ambos presintieron la misma idea-

- ¡Por eso estaban allí, Hattori!, ¡Definitivamente ese licor tiene alguna relación con la droga y ahora ellos lo saben!

- ¡Y ese idiota de Kuroba seguramente debe haberlo bebido también!

- ¡¿Qué?

- Durante el viaje a Tokio estuvo con mucha fiebre y, delirando, se quejó de que le quemaba. Era la misma reacción que tú tienes.

- Pero él… ¡No puede ser! Lo vimos completamente normal en el Hospital…

- ¿Y si es una trampa?

- Hm… no lo sé… - Conan se llevó una mano a la barbilla, pensativo – Definitivamente el que vimos era Kuroba. Si te fijaste, su reacción al preguntarle por Aoko-chan fue…

- … de una frialdad muy estudiada. – El moreno se dio vuelta la gorra-

- Algo malo está sucediendo con Kuroba, y puede ser tan terrible que decidió bajar la guardia y pedirnos ayuda.

- Aoko no apareció, pero a nadie parece llamarle demasiado la atención, pues están centrados en la investigación, todos detrás de la pista de Kid.

- ¡Rayos! Ya son las 7 y treinta y aún debemos llegar al lugar que Kuroba nos señala.

- No me agrada colaborar con ese imbécil, pero si con eso logramos obtener información sobre los hombres de la organización y la cura que puede ayudarte, entonces iré.

Los detectives corrieron en dirección al lugar indicado por Kaito. Aún quedaba lo más difícil para ellos.

Un rato más tarde Jii se estacionaba a unas esquinas de distancia. Ambos pasajeros se bajaron del automóvil en silencio. La tarde llegaba a su fin y dibujaba unas largas sombras contra el pavimento, con un colorido ananranjado de fondo; el anciano no se atrevía a hablarle a su joven amo quien lucía ensimismado.

- Recuerda que la prioridad es alejar a Aoko de esos sujetos.

- Eh… ¿Está bien que no tenga un plan definitivo, joven amo?

- No puedo tenerlo aunque quisiera. No sé a qué atenerme con ellos. Por eso mismo espero reunirme con unos chicos que me serán de mucha ayuda, Jii – El anciano y el chico se miraron, uno preocupado y el otro enternecido- confía en mis decisiones, Jii-chan, por favor.

El anciano asintió algo resignado ante la situación, a la vez que Kaito se encaminó en dirección contraria al sol. El viejo sentía que algo no iba a ir del todo bien.

Mientras tanto los detectives dirigieron su mirada hacia el edificio en cuestión. Estaba en proceso de demolición, por lo que lo rodeaban grandes tabiques que señalaban el no paso, y el peligro de derrumbe. A su lado había un edificio no tan alto pero aún en funcionamiento. Era un sector de oficinas de gremios y asociaciones, por lo que era normal encontrarse con personas extranjeras y, de hecho, muchas personas caminaban alrededor. Buscando atentamente con la mirada a su rival, Conan notó una curiosa mujer en medio de la multitud. Nada tenía de extraño, pero su presencia tenía algo que Conan conocía; un presentimiento la hizo ver a sus ojos como una figura difusa a la vez que un curioso aroma se extendió desde el extremo en el que ella se encontraba. La mujer, de cabello castaño y algo pasada de peso, entró al edificio contiguo y se perdió de vista tras las mamparas. Heiji de pronto vio la mirada concentrada del pequeño detective y de pronto lo interrumpió.

- Una mujer extranjera, sin duda. ¿Qué piensas, Kudo? – Heiji puso su cabeza a la altura del pequeño detective-

- No lo sé… Es… extraño… - Conan llevó su mano al mentón en actitud pensativa- El aroma… he sentido un aroma similar en otra parte…

- Seguramente no quieres aceptar que esa mujer es tu tipo, detective- Kaito apareció mostrando una sonrisa socarrona justo en medio de ambos detectives-

Se levantaron y se separaron rápidamente, sorprendidos por la llegada sigilosa del ladrón poniéndose en guardia, a pesar de que Kaito sólo levantó el torso y, con sus manos en los bolsillos, dirigió su mirada hacia el edificio en demolición.

- Me pregunto ¿Por qué retrasarían esto hasta esta hora? Pudieron haberme citado más temprano.

- ¿Por qué estamos aquí, Kuroba?

- Les tengo un misterio… - Kaito tomó de su saco el libro de anotaciones de su padre y se acercó a Conan- Estoy algo apremiado, pero necesito que mantengan esto alejado de mí por un tiempo, y que lo investiguen… en caso de que no pueda volver a hacerlo por mí mismo-

- ¿Qué estás queriendo decir?

- Aoko-chan…

- Fue secuestrada ¿No es cierto?

Kaito miró fijamente a Conan y luego entristeció su mirada. Entregó el cuaderno al chico y, mirando a Heiji, se levantó para luego señalar hacia el edificio cuestionado con un gesto.

- Me tienen contra la espada y la pared esta vez…

- Entonces no niegas que tienes relación con ellos…

Un fuerte sonido del interior del edificio los distrajo. Era como si una gran viga hubiera caído desde una gran altura. Todas las personas allí cerca voltearon a mirar. De pronto grandes trozos de revestimiento se vinieron al suelo, provocando el griterío generalizado y la correría por ponerse a salvo. Los chicos corrieron a resguardarse. Fue en ese instante que Kaito vio a la misma mujer que Conan había visto, colándose por una rendija del edificio en demolición. Entre el gentío Heiji pudo distinguir un automóvil negro que huyó rápidamente al salir de un estacionamiento subterráneo. El detective del oeste indicó lo sucedido a Conan justo cuando vieron entrar a la zona de estacionamientos a varios sujetos vestidos de oficinistas que claramente no parecía que estuvieran huyendo de los trozos que seguía cayendo sobre la vereda.

Kaito corrió tras la mujer, mientras que los chicos, al voltear y ver la dirección contraria que tomaba el mago, decidieron ir tras los sospechosos.

Antes de desaparecer, el mago dio una última mirada a los detectives, Conan percibió nuevamente el sutil aroma que antes había sentido, pero esta vez parecía venir del ladrón.

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Aoko escuchó nítidamente aquel ruido. Así como los gritos de sus secuestradores dándose instrucciones y recibiendo las furibundas palabras de una especie de jefe. Estaba entumecida pero pudo distinguir que algo estaba sucediendo. Las órdenes se sucedían unas tras otras. Incluso pudo oír el ruido de teléfonos móviles en los que los secuestradores sin duda respondían al jefe. En un momento de curioso silencio dos palabras salieron de la boca de uno de esos malnacidos: Kaitou Kid. ¡Claro! ¡Pero si él era el responsable de todo! Un sentimiento que Aoko jamás había sentido antes se instaló en ese momento en su corazón. El hielo que había sentido todo ese día se volvió un calor sofocante que se acumuló en el medio de su estómago. Lo odió como jamás había podido sentir antes contra nadie. Cada célula de su cuerpo se encendió en un torbellino de lucha entre el calor intenso y la gelidez más intensa. Apretó los dientes tan fuerte que podría haberse hecho daño en las encías de no haber sido por la brusca aparición de uno de sus captores que, con una sonrisa vacía y un arma que la apuntaba se acercó contándole lo que sucedía afuera:

- ¿Estas lista, chica? Estamos trabajando para dejar el escenario perfecto, tal como nuestro líder Irish quería. ¿Qué estamos haciendo? Oh, no me mires con ese odio. Arruina tus ojos bonitos y no mereces morir fea. La verdad la jefa se enojó por la disposición de nuestro líder, pero estuvo de acuerdo en hacerte desaparecer. Como sea, su deseo de dejar libre a Kid no se lo podremos cumplir. Luego que ella estuvo aquí, el señor Bourbon nos llamó para retener lo más posible al ladrón si es que aún seguía vivo. ¿Puedes entender eso? Ese ladrón de verdad piensa que será fácil y podrá rescatarte, pero… - ¿Estaba entiendo bien? Pensó Aoko. ¿Kid era quien venía a salvarla y no era él quien había planeado todo? ¿Quiénes eran esos tipos? – ninguno de los dos saldrá vivo de aquí…

Aoko no podía creerlo ¿En realidad Kid no es responsable? pensaba. El hombre soltó un poco las ataduras de sus pies para obligarla a caminar. La levantó y se la llevó a rastras hasta la salida del cuarto.

- Te haré un favor y te diré algo que te hará feliz por última vez… - Aoko al borde de las lágrimas lo miró aún con la última mordaza puesta- Tu padre… finalmente se salvó.

La noticia devolvió el calor al cuerpo de la chica. Su padre estaba vivo.

Su mente se llenó de imágenes de su padre: Ginzo sonriéndole, haciéndole mimos siendo pequeña, cocinando para ella, riñéndola por su mal comportamiento, apoyándola en el funeral de su madre. Sonrisas y más sonrisas. Y un nuevo calor en su pecho; uno más grande que la gelidez intensa que sintió contra Kid segundos antes. Desde ese fuego intenso comenzó a aflorar un ímpetu que desconocía que tenía, comenzó a forcejear débilmente con el sujeto que la arrastraba por el pasillo, y este la abrazó hasta levantarla y llevarla cargando. Se removía con cada vez más fuerza hasta que de pronto, como si hubiera roto una ligadura interna, se sacudió con un coraje más allá de sus energías. Comprendió que debía ver a su padre, que tenía que encontrarlo y asegurarse de si estaba vivo o no. Cayó de los brazos del sujeto, quien intentó atraparla de nuevo, pero ella recordó uno de los movimientos básicos que le habían enseñado en la escuela de policías y esquivó los braseos hasta que pudo levantar una patada que nockeó insólitamente y por unos segundos a su captor, tiempo suficiente para que ella pudiera correr escaleras arriba.

- ¡La chica escapa!

Kaito escuchó un grito rebotar por todas partes en aquel lúgubre lugar. Sin energía eléctrica y sin la luz del sol, era andar a tientas. De pronto un disparo que zumbó cerca de su cara le alertó. Comenzó a buscar con la mirada, pero no veía por ninguna parte a la mujer que había seguido, pero había escuchado las voces de hombres desde arriba. Sin importarle nada corrió en dirección a los pisos superiores esquivando los disparos que de vez en cuando le asaltaban.

- Hey, Kid ¿Has venido por tu amiga?

- ¿Dónde tienen a Aoko? ¿Le hicieron daño?

- ¡Claro que no!- dijo otra voz- ¡Ven a buscarla!

Kaito decidió aparecer frente a ellos. Los sujetos dejaron de disparar y uno de ellos, sonriendo le dijo:

- Acepta el Hope, - La joya cayó a sus manos fácilmente, arrojada por el sujeto- y firma esta cartita para el Inspector Nakamori…

- No firmaré nada ¿Por qué quieren inculparme?

- Oh, bueno la carta no importa tanto. El jefe te odiaba. Nunca nos contó la razón, pero nos dejó instrucciones muy precisas - La sonrisa del hombre se hizo aún más amplia.

- Aoko… quiero verla.

- Está arriba. La dejaremos ir cuando hagas lo que te pedimos.

- No voy a suicidarme.

Una lluvia de disparos salieron desde uno de los extremos laterales del gran salón en el que se encontraban. Kaito se movió ágilmente y en una fracción de segundos un pesado bloque de cemento cayó desde lo alto quebrándose en miles de pedazos que los golpearon a todos. Se levantó inmediatamente y pudo notar la figura del hombre que le había obligado a tomarse la droga. ¿Le había salvado la vida?

Los sujetos huyeron escaleras arriba uniendo sus maldiciones al ruidoso eco de aquel accidente. Mascullaron que el plan había fallado y que debían ir por la chica.

Kaito intentó seguirlos, pero el hombre seguía disparando, contra él y contra los hombres de Irish. Todo olía a traición, y él tuvo que guarecerse detrás de un muro. En un momento los disparos dejaron de oírse y el vocerío subía escaleras arriba y él se asomó. No había nadie.

- Estoy seguro. El plan se les arruinó… ¡Irán por Aoko y la usarán contra mí!- la conclusión lo obligó a correr a toda prisa escaleras arriba-

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Los detectives siguieron a los hombres misteriosos y se dieron cuenta muy pronto que la entrada de aquel estacionamiento de enfrente conectaba a través de un oscuro y sinuoso pasillo al edificio en derrumbe. El acceso parecía nuevo y sin duda, artesanal.

Al llegar al sótano del edificio escucharon una serie de disparos provenientes de los pisos superiores. De los sujetos no había ni rastro. Comenzaron a subir las escaleras rápidamente, pensando en apoyar a Kaito.

De pronto Conan escuchó un extraño ruido detrás de ellos. Volteó antes de seguir corriendo, pero no vio nada. Heiji lo aventajaba, ciertamente el cuerpo de niño no le ayudaba mucho en ocasiones. Un piso más arriba, nuevamente una extraña sensación de estar siendo seguidos le hizo voltear. La percepción no le había fallado. Un zapato blanco se había escondido detrás. El chico se quedó atrás y volteó de cuerpo completo, llevaándose las manos a los bolsillos. Cerró los ojos y levantó la nariz al aire, olisqueando.

- Sal de allí.

Apareció lentamente. La dama que el pequeño detective tenía delante no podía ser otra, y él lo sabía. De la misma manera ella sabía que el niño detective la había reconocido.

- ¿Qué haces aquí… Vermouth?

- La mujer lo observó unos momentos, hasta que finalmente se decidió a hablar.

- Cool guy, como siempre… tan astuto.

- ¿Por qué estás tras Kaitou Kid? ¿O es que acaso él es quien se metió en tu camino?

- Oh… - la mujer suspiró y se quitó la máscara que ocultaba su verdadero rostro- eso es algo que no puedo contarte, my silver bullet. Pero realmente me has sorprendido ¿Qué relación tienes tú con Kuroba Kaito? - Ocultó la máscara dentro de su largo abrigo y se arregló el cabello esbozando una sonrisa al volver la mirada a su pequeña compañía- ¿Acaso ahora te interesa la magia?

- No te atrevas a desviar la atención, Vermouth. Sin duda sabes la verdadera identidad de ese arrogante ¿Por qué suplantaron a Kid e intentaron inculparlo? ¿Qué había en Osaka que prefieres ocultar con todo esto?

- Pues esto… no fue mi plan. Además alguien acaba de intervenir sospechosamente… He tenido que improvisar… - la mujer se acercó a Conan y se arrodilló hasta llegar a su estatura- y un artista siempre sabe improvisar. – El detective sostuvo la mirada de la mujer por un tiempo que pareció eterno – Encontrarás al falso Kid junto a tu amigo, la policía viene en camino, tal como Irish planeó intentarán culpar a Kid. Dile a Kuroba que se aleje. Esta es la última vez que lo ayudaré, y puede que me arrepienta porque esa ultima intervención no me es para nada agradable.

Fuertes disparos se escucharon en los niveles superiores. Conan se distrajo un segundo, y Vermouth rápidamente hizo distancia entre ambos. El chico intentó detenerla lanzándole un dardo pero la mujer dejó caer parte de su disfraz, el que de pronto se rodeó de humo y terminó incendiándose, cuál acto de magia digno de Kid.

- Como siempre, nunca dejan huella.

Corrió escaleras arriba hasta que comenzó a escuchar más fuertemente sonidos de los disparos. Habían perseguido al menos a cinco sujetos, pero la cantidad de disparos eran superiores. De pronto se vio frente a una escalera que se abría en dos. Los disparos se escuchaban por todas partes debido al fuerte eco del edificio vacío y en ruinas. De pronto la voz de Hattori pareció venir desde una de las bifurcaciones. Parecía estar en problemas. Subió rápidamente y apenas se asomó al nivel vio al moreno detective golpeándose contra la muralla. Un sujeto de estatura mediana y gran agilidad lo acorraló usando una viga. En el último momento Conan usó su dardo anestesiante para desbaratar al oponente que iba a golpear a Heiji.

- ¡Podrías haber llegado antes! Este sujeto es quien se disfrazó de Kid.

- ¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes?

- No es un hombre muy inteligente – respondió el moreno dejando ver parte de la camisa del hombre caído-

- Es cierto. Ella tenía razón…

Una nueva cruza de balas los distrajo.

- ¡Vamos! Kuroba está a punto de caer en una trampa, y no lo sabe - El pequeño comenzó a correr y el detective adolescente lo siguió-

-¿A qué te refieres con eso?

- Perseguimos a unos sujetos, pero Kuroba entró tras la mujer que entró aquí. Todo comenzó cuando vimos la caída del revestimiento y escuchamos aquel sonido de vigas.

- Citaron a Kuroba en este lugar…

- Y secuestraron a Aoko-chan para atraerlo.

- Ellos robaron la joya…

- ¿Hay dos grupos aquí, Kudo?- Hattori se detuvo unos segundos-

- No sé porqué, pero así es, y el idiota de Kuroba quedó en fuego cruzado entre ambos grupos. Uno quiere matarlo y el otro grupo no lo sé muy bien.

Una bala pasó silbando sobre sus cabezas. Se parapetaron en los últimos escalones del nivel y vieron a uno de los sujetos que persiguieron. Disparaba contra alguien del otro lado del edificio. Un resplandor rojo se vislumbró por ese extremo justo cuando sintieron una serie de disparos que casi les da a ellos. Cuando volvieron a mirar, el sujeto yacía acribillado.

- Definitivamente se están enfrentando entre ellos.

- Corre Hattori. Debemos aprovechar el momento.

Kaito por su parte logró llegar a uno de los niveles intermedios. Tenía raspaduras en sus ropas de ladrón y respiraba con dificultad ante la carrera que había hecho con tal de escapar de la lluvia de balas que de pronto se trazó. Algunas efectivamente iba dirigidas a él, pero las que venían desde abajo, estaba seguro que eran para quienes disparaba desde arriba. La capa siempre era un buen distractor contra los disparos y de un pase hizo aparecer sus blancas ropas. Así Aoko no lo reconocería al menos. Comenzó a correr de sala en sala buscando alguna evidencia sobre la chica, y cada vez que aparecía apuntaba con su lanzacartas, pero parecía como si se hubieran esfumado los captores. Más que un edificio, lo que veía eran muros sólidos, como si el lugar fuera un gran edificio de estacionamientos, sin embargo ese piso sí tenía cuartos, y eso lo llevó a ser cuidadoso en su búsqueda en ese nivel. En una de las salas a las que entró encontró un curioso artículo. Se acercó atento a cualquier movimiento extraño y notó que era un par de sogas, a su lado se encontraba la mariposa de la pequeña cartera azul que Aoko había estado llevando desde hacía un tiempo. ¿Dónde la tendrían? Salió rápidamente del salón y al abrir la puerta una nueva balacera le impidió seguir la ruta. Se escondió detrás del marco de la puerta y esperó a que terminaran los disparos. Luego se asomó y notó un sujeto que se encontraba muy cerca de su posición, esperándolo.

- Ven aquí, Kid. Nos has traído la traición y eso no lo voy a perdonar.

- ¡No sé de qué hablas!

- No tienes que entenderlo tampoco. Con razón el jefe te odiaba tanto. Eres el culpable de que Bourbon y la señora Vermouth nos haya enviado a sus propios sometidos. Pero no la vas a encontrar nunca. Si no te mato yo, ellos la matarán a ella cuando la encuentren… - el sujeto salió de su escondite- ¡y luego irán por ti!

El hombre apareció en la puerta junto a Kaito apuntándolo con su arma. Sorprendido el chico cayó acorralándose contra la muralla y esperó el disparo final, pero lo que escuchó fue una serie de disparos que luego vio como atravesaron al sujeto y lo salpicaron de gotas de sangre. El hombre murió en ese preciso momento, caído a los pies de Kaito.

La imagen iba a perseguirlo como una pesadilla mucho tiempo.

El horror creció en su corazón. Apenas podía respirar por culpa del temblor que se apoderó de su cuerpo. Se levantó nervioso y cerró los ojos tratando de concentrarse en lo que tenía que hacer. Aoko estaba unos pisos más arriba, podía sentirlo, y alguien, que estaba seguro que no eran los detectives, estaba cubriéndolo para que pudiera pasar a salvo entre los secuaces de Irish. Saltó sobre el cuerpo sin vida del hombre y salió al pasillo sin nadie que le impidiera el paso, sin embargo los disparos continuaban en los pisos superiores. La angustia se apoderó aún más de su corazón. El hombre había dicho que tenían que encontrar a Aoko ¿Por qué? ¿Acaso se les había escapado? Entonces esos disparos… ¿Eran para Aoko?

Siguió corriendo hasta el piso siguiente usando las escaleras de emergencia que encontró en ese preciso momento. No se dio cuenta que la joya había caído de su bolsillo, al lado del cuerpo del acribillado.

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Los detectives fueron encontrando los cuerpos uno a uno, pro ninguno era alguno de los sujetos que habían seguido. Entraron al pasillo que se encontraba acondicionado y pronto encontraron también el cuerpo del hombre acribillado. Casi a su lado se encontraba el Hope.

- ¿Lo habrán dejado aquí a propósito?

- Seguramente no.

- Claro, la idea era incriminar a Kid. Entonces…- ¡Qué idea tan terrible apareció en sus mentes!- … imposible.

- Ese arrogante pudo haberlo dejado, pero él no puede haberlo…

- ¡Mira esto! La dirección de los disparos viene con un ángulo diagonal.

- Kuroba tendría que haber estado fuera…

- Y aquí los rastros de sangre son continuos, pero siguiendo esta línea no hay nada, lo que muestra que alguien estuvo frente a este sujeto…

- Como si lo hubieran tenido acorrralado.

- Kuroba mide más o menos… lo mismo que yo. El bolsillo de su chaqueta está más o menos, justo aquí.

- Junto a la joya. Seguramente se le cayó del bolsillo.

- Pero él estuvo en Osaka, así que no pudo haber robado la joya. ¿Cómo llegó a su bolsillo?

El ruido de sirenas de policías los distrajo, y notaron que nuevamente la lluvia de balas arreció.

- Deberemos preguntárselo luego, pero estoy seguro que todo es parte del plan por inculparlo. – volvieron a correr escaleras arriba-

- Debemos sacarlo de todo esto antes que la policía entre.

- Deben haber llegado luego del incidente de la caída de material a la calle.

- Todo estuvo planeado de esa forma. La gente llamaría para que investigaran y se encontrarían con Kid dentro, junto a la joya y quien sabe qué tragedia.

- Así ellos se librarían del robo y la investigación

- Y se desharían de Kuroba.

La pregunta quedó en el aire. Ellos aún no sabía que misterios unían a Kuroba Kaito con la organización, pero Conan comenzó a sospechar que la conexión parecía estar en aquella mujer, de otra forma ¿Por qué defenderlo?

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Kaito corrió decidido a llegar a la azotea, saliendo presuroso y angustiado, su Aoko estaba en peligro. Abrió y se dio cuenta que allí no había nadie, pero la seguidilla de disparos venía desde abajo aún. Decidió volver a bajar y, unos pisos más abajo, al tomar un giro sorpresivamente se estrelló con alguien que gritó agudo y que cayó al suelo estrepitosamente. Kaito reaccionó y miró a quien había chocado con él.

- ¡Aoko!

El joven mago se tapó el rostro instintivamente con su capa. En un segundo un tropel de hombres los rodeo, separándolos. Uno de ellos tomó a Aoko violentamente por el brazo y la agarró fuertemente por el cuello para luego amenazarla con un filoso cuchillo.

- ¿Dónde vas, ladrón?

- Ao… - Kaito estuvo a punto de perder el control -

- ¿Qué sucede? ¿No quieres que dañe a tu noviecita?

- ¿De qué hablas? Ella no es mi novia, ni siquiera la conozco.

- Quítate el sombrero y ese monóculo, ladrón.

Uno de los tipos apoyó su arma en la espalda de Kaito, amenazándolo.

- ¿No escuchaste? ¡Quítate el sombrero y ese monóculo!... mago adolescente…

Kaito miraba furioso a los sujetos. Aoko no podía estar pasando por esto. Él jamás pensó en involucrar a la chica que más le preocupaba en el mundo. No se atrevía a mirarla a los ojos pero sabía que ella lo miraba aterrorizada.

Aoko… ella no podía creerlo. Nunca había estado tan cerca de Kaitou Kid, pero por dios que era parecido a Kaito, y esos sujetos estaban sugiriendo que Kid era Kaito… No podía ser… ¿Cómo era posible que él pudiera hacerle una canallada tan grande como esa? Lejos de estar preocupada por el cuchillo con el que era amenazaba, trataba de buscar la mirada de Kid para sacarse la duda de la cabeza. Esos hombres debían estar mintiendo. Nadie podía tener la mirada de Kaito… y ahora ella podría sacarse la tormentosa duda de la cabeza.

El ladrón bajó la cabeza y comenzó a quitarse lentamente el sombrero. Una sonrisa cruzó el rostro de sus perseguidores. Kaito también sonrió. Una bomba de luz y humo irritante estalló en el instante. Con el movimiento más rápido que sus manos le permitieron Kaito hizo que el cuchillo que amenazaba a Aoko cayera de manos del delincuente. Con lágrimas en los ojos Aoko sintió que una mano enguantada la tiró del brazo y la guió hasta las escaleras de emergencia del edificio, mientras a su alrededor sonaban disparos al azar y voces tosiendo.

La chica se dejó llevar por su salvador. Ni en sus sueños imaginó que sería salvada por Kaitou Kid, el encarnizado enemigo de su padre, pero había algo más… ¿Podría ser Kaito la verdadera identidad de Kid? Lo pensó antes, y muchas veces, pero ya una vez ella descartó de plano esa posibilidad. ¿Se estuvo engañando todo ese tiempo acaso? Siempre hubo tantas pistas…

Él tapó su rostro ¿Por qué haría eso? ¿Eran realmente los ojos de Kaito los que apenas pudo ver tras el monóculo? Un agudo dolor en el tobillo la sacó del sopor. Había estado corriendo, siendo arrastrada por ese ángel salvador, pero ahora estaba herida.

- ¡¿Puedes seguir corriendo?

El ladrón no volteó, pero ella tampoco levantó los ojos. La verdad podría ser más dolorosa incluso que la bala que le dio en el tobillo.

- No, pero…

- Entonces ven - El ladrón la levantó casi sin mucho esfuerzo justo en el momento en el que una nueva lluvia de balas los amenazaba.

Se aferró al cuello y pecho del ladrón, mientras advertía a Kid hacia donde esquivar las balas, mirando por sobre su hombro. Su aroma era tan inquietantemente familiar. A cada momento Aoko sentía crecer el terror en su corazón. Su voz era ligeramente diferente, pero Kaito era un maestro disfrazándose, igual que Kid; Kaito era mago, igual que Kid; parecían ser sus ojos; su aroma igual que Kid; era un maldito ángel encantador que la había salvado y que galantemente soportaba su peso mientras corrían escaleras arriba… igual a Kaito. Demasiado parecidos y demasiado cerca, y ella sin atreverse a mirarle a la cara. Ahora entendía porqué lo odiaba tanto. Su cuello, su pecho, sus orejas… zonas que ella había explorado antes en Kaito ahora replicadas en Kid.

La puerta de la azotea se abrió de una sola patada que Kid dio. Al momento Aoko sintió cómo el frío punzaba en su herida. Ya no podía pensar en Kaito o en Kid. Su piel se recogió y las sacudidas por el frío agudizaron su dolor. Desde abajo se escuchaban las sirenas de algunas patrullas.

El ladrón la dejó cuidadosa pero rápidamente en el suelo, volvió tras sus pasos y trancó la puerta. Corrió hasta donde Aoko se había hecho un rollo para conservar el calor, y se quitó su capa para cubrirla. Intentó abrazarla, pero ella de un solo empujón se negó en redondo.

- ¿Quién eres? - le preguntó mirando sus pies.

Las balas rompiendo la puerta fueron su respuesta. Ella se levantó de un brinco a pesar del dolor y él montó guardia interponiéndose entre ella y los malhechores amenazando con el lanzador de cartas que también Kaito solía usar.

Cuando los sujetos entraron Kaito disparó a sus manos para quitarles el arma. En un santiamén los hombres estuvieron desarmados, pero se lanzaron contra ambos para dar la pelea cuerpo a cuerpo. El ladrón sabía que no tenía oportunidad en ese tipo de enfrentamientos por lo que arrojó una bomba de luz y humo a los pies de sus perseguidores. Aoko sintió nuevamente las sutiles y a la vez decididas manos del mago-ladrón intentando levantarla cuando de pronto vio aparecer un sujeto entre las sombras que empujó y azotó al ladrón contra el piso. Los breves segundos de camuflaje se habían perdido, mientras duraba la lucha entre el corpulento hombre y el ladrón.

La nube se disipó y uno de los sujetos apuntó a Kaito.

- ¡KID, A TU DERECHA!- gritó ella-

Kaito escuchó la orden y volteó unos centímetros cuando sintió una bala pasarle por el estómago. Al borde del precipicio perdió estabilidad tratando de soportar el dolor, y cayó.

Aoko se lanzó tras el mago. Ni un segundo pasó para que ella notara que tenía puesto el ala delta del ladrón.

Al lanzarse sintió un leve ardor en su brazo derecho, pero eso no le importó. Kaito ahogó el grito y su voz desapareció junto con su conciencia. Aoko tras él gritó su nombre sin dudas y extendió sus brazos pero fue inútil. En unos segundos ambos estarían muertos pegados a la calle si ella no lograba alcanzarlo. Perderlo… verlo muerto como en su siniestra pesadilla… Aoko plegó sus brazos a su cuerpo y se perfiló hacia abajo, ganando velocidad. Abajo uno de los policías notó la blanca figura, La multitud que reodeaba el accidente, desde donde se encontraba, sólo pudo vislumbrar al famoso ladrón cayendo y otra figura blanca intentando alcanzarlo. Aoko estiró un brazo alcanzando a Kaito y abriendo el alas-delta con el otro. La multitud gritó de alivió dando vítores por el ladrón y la figura blanca.

Aoko levantó las alas aplicando la presión necesaria hacia arriba y recién pudo sentir la molestia de la pequeña herida del hombro. Kaito seguía inconciente y ella tenía problemas para elevar el planeador por culpa del peso. La luna finalmente apareció.

Los sujetos observaron desde la azotea sin disparar. La posibilidad de delatarse era muy alta.

- La jefa se encargará de ellos.

Voltearon, pero un par de disparos les dio a todos desde la puerta de la azotea, sin darles tiempo de nada. La figura del sujeto desapareció como un ninja en las sombras de aquel lugar, mientras Conan y Heiji llegaban hasta allí. Notaron a los hombres muertos, pero el griterío les hizo asomarse al borde. Allí pudieron adivinar que Aoko-chan planeaba el alas delta con Kaito colgando.

Los jóvenes lograron llegar a la azotea del edificio de enfrente, que era lo suficientemente alta. Aoko descendió suavemente pero fue incapaz de aterrizar. Al sentir que iba a ser atrapada por el viento, decidió replegar las alas y ambos cayeron rodando aunque ella nunca dejó de abrazar a Kaito. Bajo la tenue luz de la luna ella se levantó. El viento comenzó a correr, y las nubes comenzaron a avanzar, la capa de Kid comenzó a ondearle y Aoko decidió devolver la capa a su ángel de la guarda, sin embargo esperó todo el tiempo del mundo a que él reaccionara sin poder aún mirarlo a la cara.

Él finalmente abrió los ojos y gimió de dolor. Su amiga volteó esperando ver parte del cuerpo del ladrón.

- Ao… ko… - dijo lastimeramente el ladrón-.

Al escuchar su nombre, la chica cometió un grave error: mirarlo directamente a los ojos. Y descubrió la sincera expresión de sobresalto de su mejor amigo.

- No puede ser… Ellos tenían razón. Ese aroma… y esos ojos… - silencio-. … Quítate… el… monóculo… Kid.

Kaito se alejó de ella y se levantó lentamente dándole la espalda. Aoko se volteó completamente de un salto.

- Kaitou Kid… ¡Quítate el monóculo!

Kaito no respondió.

- ¡Quítate el monóculo, Kid! ¡O acaso tienes algo que ocultar!… Ellos tenían razón… Ahora comprendo tu rara forma de actuar… y tus extrañas palabras... eres Kaito…

- No… soy mucho más guapo que él… - dijo el chico con amargura y en voz baja sujetándose la herida del estómago que, cosa curiosa, parecía no dolerle tanto-.

El ladrón volteó justo en el momento en que una silueta se abalanzó sobre Aoko lanzándola al piso. Era ella, "la mujer", que amenazó con una daga el cuello de Aoko.

- Muévete y la mato, my dear…

- Ella no tiene nada que ver con esto.

- Pero sí tiene que ver contigo…

- ¿Qué quieres?

- Que sueltes tu juguete y te acerques…

Kaito obedeció sin pensarlo. Se acercó lentamente pues si bien no le dolía mucho, se sentía débil por la herida. Estando cerca de ambas, la mujer soltó a Aoko y sin dar tiempo de reacción al malogrado mago lo lanzó contra el piso y lo amenazó con el cañón de una brillante pistola plateada apuntando directamente a su cabeza.

- Debí cumplir con lo que se me encomendó en ese momento. Ahora hay más involucrados y no arriesgaré el plan completo. Voy a terminar con todo esto al fin, Kaitou Kid.

Aoko estaba petrificada. El rostro que veía ante sus ojos era el de Kaito a quién un pequeño derrame de sangre le corría por una comisura de sus labios y una mancha más grande se visualizaba desde su estómago, mientras la capa se extendía a sus espaldas como si de un par de alas de ángel se tratara.

Kaito que tenía los ojos cerrados, los entreabrió ligeramente buscando la mirada de Aoko como pidiéndole perdón. En breves segundos estaría muerto sin duda. Estaba angustiado porque ella, su mejor amiga y tal vez la persona más importante para él, lo vería morir y además quedaría a merced de "la mujer". Perdió su cara de póker y de sus propios ojos asomaron lágrimas por haber involucrado a su amiga de infancia en ese juego de muerte, sin embargo no cayeron. Escuchó el pasador y miró a los ojos a su captora breves segundos, para asegurar las reales intenciones del hermoso monstruo que acabaría con su vida. Volvió a cerrar los ojos y esperó su fin, respirando agitadamente por la boca.

- La misma boca…

Kaito sintió el pulgar de una mano enguantada en cuero en sus labios quitándole cierta tibia humedad, pero no pudo abrir los ojos. Segundos más tarde pudo notar la tenue luz de la luna dándole directamente en el rostro, señal inequívoca de que su verdugo le había perdonado la vida.

Abrió los ojos y buscó a Aoko, quien lo miraba unos metros a distancia, sentada en el suelo de lado, con el cuerpo inclinado hacia delante, expectante, y una mirada perdida en la sorpresa, la preocupación y la tristeza más absoluta.

- Kaito…

Él se desmayó.

Despertó en una clínica, siendo observado por Jii-chan.

- ¿Qué sucedió, Jii-chan?

- …

- ¿Aoko? ¿Dónde está Aoko?- De pronto lo recordó-. ¡Jii-chan! ¡¿Dónde está Aoko?- Kaito respiraba con dificultad e intentaba sujetarse con un brazo la herida del estómago.

- Pues… señorito… ella…

El anciano, a manera de respuesta, se acercó a una mesita y tomó una carta, la que recogió y comenzó lentamente a acercar a las manos de Kaito, quien extendió sus brazos sobrecogido por la ansiedad.

Abrió la carta de Aoko desesperado. La carta decía…

Kuroba Kaito-kun:

No se lo diré a la policía ni menos a mi padre. Al menos no aún, pero debe desistir de ser quien pretende, o de otra forma no me dejará más alternativa. Consideré su vida más importante que cualquier reproche, pero tenga en cuenta que nuestra "relación" o como quiera que se llame lo que hubo entre nosotros, se ha roto para siempre.

No volveré a verlo nunca más.

Nakamori Aoko.

(Recomiendo escuchar May it Be, de Enya al final)


¡Pues al fin Aoko se entera! T _ T Un poco terrible la forma, pero en realidad mi drama no tenía otra forma. Desde un principio he querido mostrar la evolución de Aoko como una persona de carácter poco firme a uno que toma decisiones y está segura de lo que siente, porque siempre queda muy claro lo que ella piensa XD. Me la imaginé hace mucho tiempo siendo ella quien volaba valientemente salvando a Kaito, como una princesa rescatando a su caballero. ¿Les gustó? Kaito también crece, pero la culpa comienza a ser un sentimiento que comienza a bloquearlo. ¿Creen que pueda avanzar y crecer o se quedará un rato más en esto?

Sobre los misterios, bueno, siempre he pensado la historia como un final alternativo de DC visto desde la perspectiva de Magic Kaito. No pretendo unir los finales, pero intento dar luces sobre un posible final de DC. Quien sabe si me anime y lo escriba más adelante (Aunque Shinichi no me inspira mucho, es demasiado frío ¬ _ ¬ y me gustan un poquito más malulos).

¿Que sucederá de ahora en adelante entre Kaito y Aoko? ¿Qué relación tienen Toichi y Yuusaku con el pasado de la organización? ¿Quién desbarató realmente el plan de irish causando tal traición? ¿Por qué? Vemos que Kaito está teniendo algunos síntomas de la droga ¿Irá a ser permanente o se detendrá? ¿Por qué a él no le pasó lo mismo que a Shinichi? ¿Le irá a pasar algo después? Cómo Conan y Heiji salvarán la reputación de Kid? (Buena pregunta esta... no había pensado en que debo resolver esto también : S ) ¿Cómo evolucionará Nakamori keibu? ¿Cuál será la relación entre los detectives y el ladrón de ahora en adelante? ¿Volveremos a vr a Hakuba? ¿Estará bien Akako? ¿Qué será de Bourbón? ¿Qué hará Kaito a partir de este momento?

Uy, muchas preguntas... pero ahora el adelanto

Próximo capítulo Capítulo 22: Buscando la joya desesperadamente

Si no dejo
rastro alguno
en este mundo fugaz,
¿qué podrías
reprocharme?
(Ukifune)

"...En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego..."

(Soneto LXVI, Cien sonetos de amor, Pablo Neruda)