Capítulo 21.
Para la señora Kana era muy difícil lo que estaba ocurriendo... pero de pronto no lo pudo soportar más, así que tomó el auricular del teléfono en sus manos.
-¿Qué haces?- le preguntó con cierta sorpresa Akito, mirándola –no me digas que los vas a llamar ahora...
-Sí...- contestó su esposa, con voz segura. El hombre suspiró.
-Kana... ya dijimos que...
-¿Por qué no te pones en los lugares de ellos?- lo interrumpió ella –llevan años sin ver a sus hijas, ¿cómo crees que se sentirán si la próxima vez que las vean sea para su funeral?
Akito no contestó palabra, no tenía nada que decir ante las palabras de su esposa. Ella aprovechó el silencio para terminar de llamar.
-¿Si?- se escuchó del otro lado.
-Ehh... disculpa, ¿se encuentra Emily Salazar...- dijo Kana, después de unos momentos.
-Un momento...
Pasaron algunos momentos, en que una mujer contestó...
-Disculpe... le quiero hablar de su hija Lily- dijo Kana.
-¿De Lily?- escuchó que Emily decía, y notó emoción en su voz -¿qué sabe de ella?, ¿sabe donde puedo encontrarla?
A pesar de todo, a Kana le costó explicar a Emily lo que estaba ocurriendo. Y lo mismo le ocurrió cuando habló con Paula Apablaza sobre Alisse. Al final, las dos mujeres terminaron muy afectadas, pero estaban decididas a ir a buscar a sus hijas, así que se comprometieron a ir a Japón lo antes posible.
-Ya está hecho...- murmuró Kana, una vez que colgó el teléfono después de hablar con la mamá de Alisse.
-Espero que sea lo correcto...- suspiró Akito. La mujer lo miró con cierta molestia.
-¿Acaso no es correcto hablarle de sus hijas a dos mujeres que llevan años sin saber de ellas?- le preguntó -¿cómo te sentirías si alguno de nuestros hijos hubieran hecho esa locura?
-... Pero no la hicieron, y de verdad me alegra...
Kana suspiró...
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Alisse sintió un golpe en su cara, y se aguantó los deseos de soltar las lágrimas que sentía en sus ojos. Lily la miró, sintiendo también su mejilla algo hinchada.
Habían intentado hacer entender a los chinos que ellas no habían hecho nada, que ni siquiera conocían a Lee. El resultado fue que el padre del muchacho se desquitara un poco con ellas.
Finalmente, Alisse no pudo soportar las lágrimas...
-Ya, me cansé- dijo el hombre –hasta aquí no más...
Lily y Alisse se miraron, el pánico estaba pintado en sus rostros.
Dos de los hombres agarraron a la mexicana y los otros dos a la chilena. Alisse se resistía con insistencia, haciéndose que los chinos se aburrieran. Lily la miraba sin comprender de todo su actitud... finalmente, uno de los hombres la golpeó en la cabeza, dejándola inconsciente.
Lily comprendió por qué hizo eso y por unos momentos consideró en que le hicieran lo mismo, pero no tuvo mucho tiempo para pensar, puesto que llegaron y la tiraron al mar.
Al menos la mexicana pudo tomar aire antes de caer. Cuando aun no comenzaba a hundirse, vio que a Alisse también la lanzaron. Por supuesto que la chilena no tardó en comenzar a hundirse, contrario a Lily, que hacía todos los esfuerzos por mantenerse a flote...
Pero eso le duró muy poco. Con desesperación notó que se hundía, y que el aire pronto dejara de mantenerlo... soltó el aire de pronto, y comenzó a sentir que lentamente iba perdiendo la conciencia...
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Diego y André vieron alejarse el yate de los chinos, con Lily y Alisse en él. Muy pronto todo se acabaría, y ellos podrían estar tranquilos.
-¿Nos vamos?- preguntó de pronto André, Diego, sonriendo, asintió.
-Vamos al hotel, ahí repartiremos el bo...
Unas voces llamó su atención. Mirando hacia el muelle, vio a unos hombres, tres de los cuales los reconoció inmediatamente.
-¿Qué demonios hacen ellos aquí?- gruñó, al ver a Taro Misaki, Genzo Wakabayashi y al padre de este último, Akira.
-¿Cómo se enteraron?... ellas no pudieron haberles dicho...- murmuró André, con cierta preocupación.
-Por supuesto que no se lo dijeron. Las conozco, nunca lo habrían hecho si es que estaban amenazadas con eso... ¿cómo demonios se enteraron de esto?
-Bueno... ¿no que Akira Wakabayashi no es de los trigos muy limpios?- dijo André, después de unos momentos –debe tener sus contactos por ahí, que le dijeron que las otras dos estarían aquí.
-¡Diablos!, lo más seguro es que ahora vayan a alta mar a intentar rescatarlas- gruñó Diego.
-Mm... ¿qué hacemos?
-... Será mejor asegurarnos a que ellas estén muertas- dijo Diego –esperaremos a que ellos regresen y después, si es que no están muertas...
-¿Piensa hacerlo tu?
-Nosotros, dirás mejor- corrigió Diego –de algo estoy seguro: esas no se quedarán vivas y felices con esos estúpidos.
André suspiró, con cierto cansancio por esa situación.
-¿No será mejor que desaparezcamos de una vez?
-¿¡Te volviste loco!?, ¿tú sabes lo que significa que Akira Wakabayashi las esté ayudando?, ¡estamos fritos, muertos!, ¿o acaso no crees que él no va a defender a su nuera y a la amiga de ésta?. Si esas quedan vivas, nosotros estamos muertos, porque los chinos no se quedarían tranquilos sino hasta matar al asesino de su hijo, y yo no estoy dispuesto a morir.
Nuevamente André no volvió a replicar palabra.
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Lily ya no sabía cuánto tiempo llevaba ahí, ni cuánto tiempo le quedaba a ella y Alisse para terminar con todo. A todo esto, a su amiga le había perdido el rastro hacía bastante rato...
Pero de pronto, sintió que algo la jalaba. No entendió en un primer momento qué ocurría, hasta que, sin abrir sus ojos, se dio cuenta que otra vez podía respirar...
-¿Estás bien?
Reconoció inmediatamente esa voz. Aun pensando que podía equivocarse, abrió los ojos lentamente, y se dio cuenta que era su esposo el que la estaba afirmando y manteniendo a flote, con una pequeña sonrisa en sus labios. De algún lugar, les llegaba luz directa, bastante fuerte, parecía un foco.
-Tuve miedo de no llegar a tiempo...
Antes que lograra decir cualquier cosa, un poco más alejado, salió otra persona a la superficie. Lily lo reconoció, era Taro.
-Ya está todo bien...- volvió a decir Wakabayashi.
Lily no entendía del todo lo que estaba ocurriendo. Aun confundida, dejó que Genzo la llevara hacia un yate que los estaba esperando, y de arriba los ayudaron a subir.
-¿Cómo está Alisse?- preguntó, preocupada, mientras Genzo le desataba las manos.
-Misaki está con ella...
Cuando Lily se soltó al fin de las amarras, Genzo la abrazó con fuerza. Por un momento, ella quiso separarse, pero estaba tan aliviada que se abrazó a su esposo... Alisse ya había despertado, y Taro también la estaba desatando. No había dicho una palabra aun...
-¿Te sientes bien?- le preguntó Misaki, preocupado al ver lo callada que estaba -¿qué te ocurre?
La chilena no contestó, sólo miraba a Taro, quizás con algo de temor.
-¿Alisse?- le preguntó otra vez -¿te hicieron algo?
Pero ella volvió a quedarse callada, aunque de un momento a otro, se abrazó a Misaki, comenzando a llorar. El respondió a ese abrazo con una pequeña sonrisa.
-Tranquila... ya todo pasó...
-¿Por qué vinieron?- les preguntó Lily, aunque más parecía un reclamo -¿qué no ven que Diego les va a hacer algo?
-A ése no hay que hacerle caso...- dijo con despreocupación Wakabayashi –más bien debería empezar a pensar en desaparecer, porque cuando la familia de Lee se entere de quién es el verdadero asesino, quizás qué le harán...
-¿Cómo así?- preguntó Alisse -¿cómo... tienen contacto con ellos?, ¿conocían a ese muchacho?
-Ahh...- Genzo miró disimuladamente a Taro, y éste sonrió un poco –digamos que mi papá tiene algunos contactos con su familia...
Alisse y Lily fruncieron el cejo. Una vez que ellas ya estaban más tranquilas, de alguna parte salieron dos frazadas con las que ellos las obligaron a cubrirse. Taro no se había despegado nada de Alisse, lo mismo Genzo con Lily.
-¿Contactos?- repitió Lily -¿a qué te refieres?
-Ahhh...- a Wakabayashi le era algo difícil explicar todo eso lo que hacía a su padre, aun a Lily, que después de haberla tratado tan mal por el echo de que "supuestamente" ella y Alisse habían matado a alguien, quizás como reaccionaría ella al enterarse en los negocios en que anda el suegro...
-Digamos que el papá de Genzo está metido en... "ese mundo" de la maf...
-¿¡Qué!?
Los dos se quedaron inmediatamente en silencio, mientras que Alisse y Lily se estaban sintiendo bastante molestas.
-¿De la mafia?- preguntó Lily -¿de la mafia?
-Eh... sí...- contestó con poca seguridad Wakabayashi.
-No puedo creerlo... después de la forma en que nos trataron, resulta que tú papá es de la mafia, ¡o sea!- dijo Alisse, molesta.
-Bueno... ¿cómo querían que reaccionáramos?- dijo esta vez Taro –si un tipo llega y nos dicen que mataron a alguien...
-No quisieron escucharnos- lo interrumpió Lily, quizás un poco molesta –no tenían idea de cómo fueron las cosas, ¡le hicieron caso a unos tipos que era primera vez que veían y, peor aún, querían matarnos!
Genzo y Taro no replicaron palabra. Sólo desviaron la vista, arrepentidos.
-Ya les dijimos que lo sentimos...- dijo Misaki –sabemos que cometimos un error, y no tienen idea el miedo que sentimos al darnos cuenta que podían haber muerto...
-Nos portamos mal, lo tenemos bien claro... pero ya no vamos a permitir que les hagan más daño...
Pero para las latinas, ellos ya habían hecho mucho con haberlas ayudado... y con eso, volvían a tener la ilusión de vivir tranquilos...
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En Chile, después de recibir la llamada de Japón (era de madrugada), Paula se levantó rápidamente. Desde la cama, su esposo la miró.
-Paula, ¿vas a alguna parte?- le preguntó con voz adormilada.
-A Japón...- contestó ella, sin mirarlo siquiera, y buscando su ropa para empezar a empacar.
-Ah...- Gastón volvió a cerrar los ojos, para dormirse. Pero esa tranquilidad duró poco, porque no demoró en reaccionar -¡¿Qué?!, ¿a Japón?
-Sí...- contestó la mujer. Gastón se sentó en la cama, mirándola.
-¿Por qué vas a Japón?
-Para ir a buscar a Alisse y traerla de una oreja de vuelta a Chile.
-A... ¿A Alisse?, ¿te hablaron de ella?
-Sí, y no tienes idea en los líos que está metida...- murmuró Paula –y si ya dejas de ser tan orgulloso, también deberías empezar a empacar para ir conmigo.
El hombre no hizo más que suspirar, levantándose. Ya en el camino le preguntaría qué había hecho su hija... muchas veces definida como la "oveja negra".
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En México, también otra familia se estaba levantando... Bueno, no levantando, ya que de plano ninguno había podido dormir. Alejandro Del Valle tenía deseos de irse a Japón cuanto antes para tratar de encontrar a su hija, y no había podido pensar en otra cosa desde que su esposa le había dicho acerca de la llamada de la mujer japonesa.
-¿En qué lío se habrá metido Lily esta vez?.- gruñó Alejandro.
-Por lo que sé, es algo serio.- respondió Emily, apretando los labios.- Problemas con la mafia. Te dije que debimos haber puesto más empeño en encontrarla cuando huyó del Internado.
-Y yo te dije que era caso perdido.- replicó Alejandro.- Mira en lo que se metió ahora. Seguramente ha de ser algo relacionado con las drogas.
-No, más bien sobre un asesinato que no cometieron.- explicó Emily.
-¿Asesinato?.- Alejandro gritó.- ¿Cómo puede ser?
-Vamos, no puedes creer que eso puede ser verdad.- gruñó Emily.- Conozco a Lily, sé que ella es capaz de hacer muchas cosas pero no la creo capaz de matar a nadie.
Alejandro no respondió, pero se dio cuenta de que tenía razón. La pareja pronto estuvo lista para marcharse en el primer vuelo con rumbo a Japón, no sin antes dejarle un mensaje a la hermana mayor de Lily.
-Solo espero que lleguemos a tiempo.- musitó Alejandro.
-Algo me dice que alguien la va a ayudar y a proteger.- respondió Emily.
-¿Qué te hace estar tan segura?
-¿Qué no has leído el periódico?.- exclamó Emily.- ¿No sabes aun con quien se ha casado nuestra hija?
El señor Del Valle puso cara de desconocer el hecho de que su hija menor estuviera casada. Emily prefirió guardarle la noticia de que, además de todo, también ya era abuelo...
