Llevaba días ahí, se le había presentado a todos, se sentía incomoda y fuera de lugar, deseaba con ansias volver al piso del baño de su habitación. Patrick le había exigido que vuelva, su hermana le había pedido que se quedara. Paso días con Candice no tan alegres, solían caminar juntas y platicar, pero Candy perdía la chispa cada día que pasaba.
A su llegada las medidas de seguridad de la casa eran bastantes, no entendía perfectamente porque, pero nadie, aparte del chico de ojos color miel que le había mencionado que se habían encontrado con una desagradable visita le habían dicho nada.
Aun así solía salir de la casona al bosque cercano a encontrarse con Patrick de vez en vez para recibir nuevas órdenes o escuchar nuevas horribles ideas.
Marisa se había levantado temprano, estaba justo en el portal fumando un cigarrillo, vio llegar al cartero y sonrío amable.
-Buenos días- Saludo
-Buen día señorita- Contesto el señor
-¿Trae correspondencia?- Casi reía de lo obvio de su pregunta.
-Así es-
-Muy bien, puede entregármela a mí-
-Eh…- Parecía contrariado –La jovencita que trabaja aquí me pidió que se la entregase exclusivamente a ella, disculpe-
-Oh si, Lucia- Recordó –Ella me ha pedido que la recoja hoy, verá, se encuentra algo indispuesta- El anciano pareció más tranquilo y sin más se las dio. Se despidió y tirando la colilla al suelo regreso a la casona, durante el trayecto saco discretamente de su bolsillo un sobre que posiciono entro los otros.
La idea estaba clara, Patrick le había pedido a Marisa que consiguiera reunirle con Candy a escondidas, ella sabía que era una idea totalmente descabellada pero como siempre no pudo negarse, citar a Candice en cierto lugar y que esta apareciera sería aun más seguro si se tratase de Terrence Grandchester quien le buscaba, pues esta había hecho notar con anterioridad cuan ansiosa estaba al no recibir noticia alguna del castaño. Entonces seria sencillo hacerse pasar por Terrence y hacerla llegar a cualquier lugar citado. Cuando estaba por entrar se topo con la muchacha.
-Eh tú- Le hablo –El cartero ya ha venido, toma- Lucia estaba petrificada, Marisa tenía tiempo inmiscuyéndose en los asuntos de la señora Annie, y representaba un problema, si había revisado la correspondencia sabría que Terrence le estaba escribiendo a Candy. Entonces corrió directamente al invernadero.
-¡Señora!-
-Lucia cállate- Susurro Annie – ¿No ves que la niña está dormida?-
-Discúlpeme señora, pero ha llegado la correspondencia- Annie sonrió
-Bien, dámela-
-Hay un problema- Exclamo seria, la sonrisa de Annie desapareció.
-¿Cuál?-
-Marisa Trümper la ha recibido esta mañana- Annie se levanto de la silla de un salto poniendo a la niña en su coche, le arrebato las cartas de las manos y busco la que siempre esperaba, la encontró al final de todas.
-Puedes retirarte- Lucia hizo una venia y se fue. Observando a su alrededor abrió la carta con cuidado y leyó su contenido inmediatamente.
"Candy, sé que has esperado mucho por mí, esta vez debo anunciarte mi pronta y secreta visita. Por la seguridad de ambos sabrás que debo verte a escondidas, he escapado de la casa con una excusa solo para visitarte. Me encuentro ya en el pueblo, si mis planes salen como espero nos veremos esta noche. Ya te explicaré el motivo de tan secreto avistamiento. Te encontraré afuera del portal de las rosas a la media noche. Sabrás disculparme. Te ama Terrence Grandchester"
La carta era breve, y lo único que le importaba era la visita, así que él iría a buscarla ¿Qué pasaría si ella nunca llegara? Annie había estado reteniendo también las cartas que Candice le enviaba, ninguno de los dos sabría nada. Sonrió llena de satisfacción.
-¿Amor?- Reconoció su voz y escondió inmediatamente la carta en su espalda, Archie apareció. –Cariño te he dicho que no salgas tan temprano al invernadero, mucho menos con la bebé- se acercó para levantarla en brazos.-Tu salud ha mejorado notablemente, ya no has estado días en cama y eso me tranquiliza bastante, no deberías descuidarte-
-No lo haré- Contesto secamente
-¿Qué ocultas?- Annie trago grueso -¿Esa es la correspondencia?-
-Ah… sí, el cartero ha estado trayéndomela a mí-
-¿Quién te ha escrito?-
-M-mis padres- Dudó –Me han suplicado que vaya a visitarles, tal vez vaya la próxima semana-
-Sería grandioso, aires nuevos te vendrían muy bien- Ella asintió.
-Iré a responderles, si no te importa- Se excusó y marchó.
Marisa estaba pegada a la puerta de su habitación, tratando de escuchar cualquier tipo de actividad en el segundo piso. Escuch los pasos y abrió ligeramente la puerta, era Annie quien seguida de Lucia entraba en una habitación. Algo se traían esas dos, le parecía bastante sospechoso, ¿la criada habría entregado ya la carta a Candice? Salió discretamente para tratar de escuchar su conversación pero justo cuando se situó en la puerta alguien le llamo.
-Marisa- Se sobresaltó.
-Jhon- Saludó.
-¿Qué haces ahí?-
-Nada… ¿bajas a desayunar?- Él asintió -Te acompaño- Continuó tomándole del brazo.
El día había transcurrido con rapidez, Marisa varias veces se había encontrado encerrada en su habitación dando vueltas una y otra vez, temía encontrarse con Candice y decirle que era mentira, que no saliese a reunirse con nadie en la noche. Temía encontrarse con Marisa e incluso John y que estos pudiesen leer en sus ojos la preocupación que la carcomía.
Había llegado la hora de la cena, le habían llamado a tiempo y había decidido bajar con seguridad, ella no sabría nada ni podrían culparla por lo que pasaría esa noche.
Su hermana se encontraba platicando amenamente con el tal Archiwald, se sentía recelosa al ver el rostro celoso de John ¿es que acaso su hermana no conocía a su marido? Candy se notaba preocupada, tenía unas ojeras terribles y se encontraba muy callada, ¿habría recibido la carta ya? ¿Por eso estaría así? La tal Annie no se encontraba y Lucia tampoco estaba ayudando a servir la cena, tal vez se encontraba enferma. Albert se veía molesto, decidió tomar asiento junto al rubio, por algún extraño motivo se sentía cómoda en su presencia.
Se retiro temprano, paso por delante de la puerta de Annie otra vez, murmullos… se fue rápidamente a observar el reloj, eran apenas las 9:15, debía esperar hasta las campanadas del horrible reloj de la antesala del comedor, sería suficiente.
Las doce, el sonido de una puerta, por poco se habían quedado dormida. Por curiosidad abrió lentamente su puerta y salió hasta las escaleras escondiéndose en el más oscuro rincón ¿de quién eran los pasos? Vió la silueta y entre emocionada y asustada tapó su boca por prevención. La silueta delgada se movía a pasos largos. Traía un pequeño candelabro en la mano derecha, en cuanto esta luz reflejo su rostro se dio cuenta que no era Candice.
Pensó tal vez que la rubia le había pedido algún tipo de ayuda a su amiga, pero era ilógico, no se hablaban y hasta discutían delante de todos. No podía ser ¿A dónde iba? Si Candice salía y la veía arruinaría todo, tal vez volvería a su habitación, era horrible, Patrick estaría muy molesto.
No lo pensó mucho y salió de su escondite.
-¿Annie?- La mujer se sobresalto emitiendo un grito ahogado al pie de las escaleras.
-Maldición- Susurró –Me has asustado-
-Disculpa- Se acercó -¿Te sientes bien?
-Me siento perfectamente, me dirigía a la cocina por un vaso de agua- Trago grueso, a pesar de todo nunca le había tratado de otra manera más que hipócritamente, se notaba a leguas su desprecio en las palabras.
-Puedo traerlo para ti, he escuchado que has estado algo enferma-
-Yo puedo hacerlo, no te molestes- La sonrisa había desaparecido de su rostro. Y como un rayo vino a la mente de Marisa una idea.
-¿Has estado ocultando el correo que se dirige a Candice Andrew verdad?- Los ojos de Annie se abrieron como platos, había dado en el clavo.
-No entiendo porque me acusas de tal abominación, nunca me atrevería a hacerle nada de eso a Candy-
-Detienes las cartas que Terrence le envía- Annie pensó en que Lucia había tenido razón, Marisa era una chismosa que se había inmiscuido en asuntos que no le importaban.
-No- Respondió y tenso su mandíbula. Marisa se acerco y la tomo del brazo.
-Ahora mismo vamos a hablar de eso, a mi no puedes engañarme-
-Suéltame- Por poco gritó
-No quieres que llame la atención de todos a esta hora de la noche, me parece bastante raro que vayas a media noche solo por un vaso de agua cuando podría apostar que en tu habitación hay una jarra- Marisa sonrió ocultando su inseguridad. Annie suspiró.
-Lo estoy haciendo ¿Y qué? ¿Qué vas a hacer para detenerme? Tú eras la amante de un loco que termino secuestrando a Candice, no van a creerte, eres la rara ¿No lo entiendes? Candice nunca va a recibir ninguna maldita carta de Terrence mientras yo viva para evitarlo - La irá le lleno el cuerpo y la sujeto ahora con más fuerza de los hombros.
-Vas a darle esas cartas a Candice-
-Suéltame- Forcejearon, Marisa era fuerte pero decidió soltarla.
Annie resbalo.
Notas:
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos leímos. Sé que seguramente muchas de ustedes habrán perdido el hilo, sé que también muchas no desearán recobrarlo. Aun así, optimista, he vuelto a traerles el final de lo que un día anhele sucediera con Juegos del Destino. No les miento, nos encontraremos más seguido.
Con cariño, Jennifer Hernández.
