Bueno... a los muchos que esperaban el reencuentro n.n aquí esta, ya veo que algunos estaban algo impacientes por esto, curioso que sea este mismo capitulo jaja n.n bueno, ojala hayan pasado feliz navidad! Dudo postear el siguiente antes de año nuevo, asi que ojala disfruten este, y prometo un luego un capitulo entero dedicado al aaml PROMESA de fin de año! Gracias por los que siguen aqui n.n me animan mucho, bueno:

Confesiones!


To be a Princess… for Dummies
By Maureen

- Vigésimo primera parte -

La puerta se abrió violentamente, por ella entraron cinco chicas apresuradas quienes se congelaron al ver a los otros dos que ya ocupaban la habitación. Ariadna por otro lado sonrió esperanzada.

- ¿Chicas? – dijo mientras cubría su boca y soltaba una risa de nervios y emoción.

- Fuimos poco oportunas. – comentó Gwen alarmada, dirigiéndose a las otras.

Las demás sonrieron, algunas confundidas, otras nerviosas. ¿Qué lío era ese ahora? Hans miró a cada una de pies a cabeza, se detuvo en Misty y sus ojos se abrieron.

- ¿Tú? – Misty entrecerró los ojos intentando reconocer al chico al lado de su amiga. – ¿No eres el chico del puerto? -

Hans miró a Misty y luego a Ariadna, repitió lo mismo unas tres veces. Se veía sumamente confundido.

- ¿Gemelas? – preguntó desconcertado.

- ¿Lo ves? Si parecen gemelas. – intervino Jillian.

- Eras… Hans, ¿Verdad? – el chico asintió.

- ¿Se conocían? – preguntó Janis.

- Sólo nos vimos una vez antes de que yo abordara el crucero. –

El joven de ojos grises se dirigió a Ariadna.

- ¿No eras tú la chica el puerto? - preguntó.

Ariadna se encogió de hombros. Con cuidado se retiró el cabello falso, dejando caer sus rizos negros sobre sus hombros en forma de cascada.

- Tenía que seguirte el juego… si llegabas a sospechar… - añadió con tristeza.

Hans se veía sumamente confundido. Tenía el ceño fruncido y examinaba a Ariadna como un 'bicho raro'. Ella intentaba evitar esa mirada suya que posiblemente ahora le guardaba rencor.

- Yo te explico. – Misty se acercó hasta estar al lado de Ariadna. - Yo soy Mirella Labourd. – le dijo a Hans. – Ella es Ariadna. Me ayudaba a descubrir cuales eran los planes de mi tía conmigo mientras yo investigaba desde lejos y me preparaba para mi gran entrada. – rió un poco. – Y la verdad es que el plan no pudo funcionar mejor. – concluyó satisfecha.

Le mandó a Ariadna una sonrisa de agradecimiento y esta se la devolvió. Hans arqueó ambas cejas. Ariadna estaba sonrojada y algo apenada. Sin embargo no parecía enfadado, simplemente sorprendido. Soltó un suspiro.

- ¿Ariadna? – preguntó con una sonrisa. La chica de cabello oscuro asintió tímidamente. – Es un nombre precioso. -

- Gracias… - respondió ésta algo sorprendida por la reacción.

- ¿Por qué no me lo dijiste? – preguntó acercándose una vez más a la joven.

Ariadna abrió la boca para decir algo pero las palabras no lograron salir. No pudo controlar la sonrisa que se formó en su rostro de forma desprevenida. Ese ambiente se rompió cuando una sexta persona irrumpió en la habitación con la misma urgencia con la que lo habían hecho las otras cinco chicas. Era Ash.

- ¡Ariadna! – exclamó. – Tengo que advertirte-.- se cortó al ver a la segunda chica al lado de quien buscaba. Su detuvo en la puerta.

Misty estaba igual de ofuscada que él. Respiró hondo pero tampoco logró decir nada, solo suspirar. Los demás presentes miraban a ambos lados de la habitación confundidos o bien sorprendidos. Toda se había complicado. Ash miraba a Misty fijamente, ella lo miraba por ratos, antes de desviar sus ojos de su penetrante mirada.

- ¿Podrá ser? – dijo Jillian dando un paso adelante.

- ¿Jillian? – Ash la miró extrañado.

- Vaya, ha pasado mucho tiempo. –

- ¿Se conocen? – preguntó Misty, algo alarmada.

Jillian se dio media vuelta con una casi sonrisa formada en su rostro.

- Pues, mi padre lo contrató hace unos tres años cuando tuvo que hacer un largo viaje… casi… se podría decir que salíamos. – dijo débilmente, creyendo que tal vez era demasiado sincera para su conveniencia. – Bueno… - Se mordió un labio y guardó silencio.

Misty alzó una ceja y le lanzó una mirada fulminante a Ash, quien la evitó, luego volteó la cabeza e intentó no volver a mirarlo por el resto del tiempo que seguían ahí. Ash puso serio el rostro, aclaró su garganta.

- No confíes en él. – advirtió a Ariadna con voz grave. – Deberías alejarte. -

Echó una mirada amenazante a Hans mientras se colocaba al frente de él. Eran casi de la misma estatura, Ash le ganaba por poco. El chico pareció gravemente ofendido.

- ¿Quién eres tú para decir eso? – lo retó el chico de ojos grises.

- ¿Por qué tendría que alejarme? – preguntó Ariadna molesta. – Sé que tienes tus sospechas Ash, pero Hans no ha sido sino bueno conmigo. -

- Te recomiendo que hagas lo que dice. – dijo otra voz masculina que entraba por la puerta. Misty y Janis se sorprendieron al verlo, era Brock. – Los estuvimos vigilando e investigando a ambos. – se acercó a Hans. -Tú y tu tío irán a la cárcel muy pronto. –

Hans soltó una risa sarcástica. Ariadna estaba a su lado, ignorando la 'sugerencia' de Ash.

- ¿Se pueden explicar? – dijo Gwen. – Ya me marearon. –

- ¿Podría saber qué crimen tan imperdonable cometí? – preguntó con ironía.

- Hartknoch es uno de los cinco líderes de las Águilas Negras, una organización criminal. – explicó Ash. – Hemos tenido la suerte de atrapar a dos de ellos. Para nosotros, tu tío es el pez gordo. –

- Nathan es un abogado. – se defendió Hans. – Un hombre honrado. –

- Los mafiosos se consideran a sí mismos hombres de honor si es que no conocías el dato. –

- ¡Alto! – exclamó Misty colocándose al medio de los tres. – Tenemos que explicarnos bien. – les dijo a Ash y Brock. – Necesitamos un tiempo a solas con él. –

- No dejaré que te quedes, no es bueno para ti. – sostuvo Ash.

- No me dirás que hacer. – lo desafió Misty. – Si voy a hacerme cargo del asunto necesito saber todos los pormenores. – le dirigió una mirada a Janis. – Asegurarte de que nadie vea a Ariadna. -

Las cinco chicas abandonaron la habitación en silencio, Janis cerró la puerta. Misty suspiró y le indicó a Hans a que se sentara. Este vaciló antes de seguir lo que fue más una orden que una sugerencia.

- Lamento que esto haya tenido que ser así. – suspiró ella. – Algunas personas son poco delicadas. – les lanzó una mirada de reproche a ambos chicos.

- No se puede ser delicado cuando tratas con gente como él. – protestó Ash de mala gana. – Y no me entrenaron para amistar con convictos. –

- Tampoco te entrenaron para salir con tus protegidas y no veo que lo cumplas. – le dijo furiosa.

- ¿Qué ahora estás celosa? – respondió condescendiente. - Si me dejaras explic-.-

- ¡No quiero saber nada ya! – lo interrumpió.

- ¡Cállense los dos! – gritó Brock. Se hizo silencio. – Ya tendrán tiempo de discutir a solas. Ahora tenemos que hablar de esto muy seriamente. –

Ambos se miraban a los ojos fijamente con fiereza. Misty se sentó en el brazo del sofá donde estaba Hans. Este se encontraba serio y miraba a los otros dos con desconfianza. Brock lanzó unos papeles sobre la mesa. En ellos salían fotos de un hombre al cual pocas veces se le reconocía el rostro, ya que se las arreglaba para cubrirse. Huellas digitales, archivos de vida, registros, facturas de deudas, etc.

- Nathan Hartknoch. – dijo Brock. - Abogado corrupto, delincuente,asesino, secuestrador, ladrón y estafador. – rodeaba a Hans como buitre a su presa. - Voy a tomar en cuenta tu coartada. ¿Fuiste o no cómplice de alguna de estas cosas? -

Hans se acercó a la mesa y con cuidado revisó los documentos con el ceño fruncido y los labios apretados. Misty suspiró.

- No tienes que preguntar. No hay duda de que estuvo involucrado. – intervino Ash.

- ¿Podrías por favor callarte? – le dijo Misty. – ¿Por qué quieres inculparlo? ¿Por qué insistes tanto en que es culpable? – preguntó indignada. Ash se acercó.

- No voy a permitir que se me escape nada esta vez. No voy a ponerte en juego. Vas a estar a salvo así tenga que encerrar a medio país. – susurró en un tono dominante.

Misty ahogó un gemido. Mantuvo la mirada firme en él. Brock no se entrometió esa vez, parecía revisar los documentos juntos con Hans.

- Hablas de nosotros como si hubiera mucho que salvar… - dijo Misty con voz cortada.

- No. – intentó tomar sus manos pero ella las retiró. – No, no entiendes nada yo… - ella negó con la cabeza.

- No hay nada que entender. – agregó secamente y se unió a Brock y Hans.

Hans estaba arrodillado junto a la mesa de centro, examinando los documentos. No parecía nervioso, Misty no supo si eso era buena o mala señal.

- No puedo creer que esto sea verdad. – dijo Hans. – Simplemente me niego a creer… - le lanzó una mirada de ayuda a Misty. – Es mi única familia… él me crió cuando mis padres murieron. -

- ¿Nunca te preguntaste cómo murieron? – intervino Ash con frialdad.

- No es momento para eso. – advirtió Brock. – Calma. Todo tiene un tiempo. –

- ¿Qué insinúan con eso? - preguntó de forma sarcástica.

Misty entendió a qué se referían y sintió algo de lástima por el chico, después de todo su padre había muerto de una forma similar.

- Yo sé cómo te sientes. – le dijo Misty de forma comprensiva. – Mis padres también murieron. Dos veces, para ser precisa. – Hans la miró extrañado. Misty soltó una risita. – Si, entiendo. Verás, nunca conocí a mis verdaderos padres, murieron antes de tener oportunidad. Y los que me adoptaron tuvieron un accidente cuando era pequeña, mis hermanas mayores terminaron de criarme. Las cuatros estábamos solas. – se encogió de hombros. – Mala suerte la mía… -

- Lo siento. – dijo Hans ya más tranquilo.

- Te lo digo porque sé que quieres defender a tu tío, pero no puedes tapar el sol con un dedo… - suspiró. – Creí que solo eran suposiciones pero viendo que hay pruebas… no queda mucho que salvar. Como lo siento. –

Hans también suspiró. Se veía perturbado y pensativo. Brock se acercó mientras que Ash recostado en la pared más alejada y cruzado de brazos observaba todo.

- Voy a preguntar de nuevo. ¿Estuviste involucrado? -

- No. – respondió débilmente.

- En la corte estarás bajo juramento, así que recomiendo que lo que sea que digas aquí sea cierto. – advirtió Brock.

- No tenía idea de ninguna de estas cosas. – dijo más firme. – Sabía que pertenecía a un grupo de inversionistas, no sabía que en realidad eran una mafia. –

- Una muy peligrosa. – explicó Brock. – Responsable de atentados y asesinatos. No te culpo por no saberlo, la verdad es que es sumamente difícil rastrear a este tipo de gente, están por todas partes. Ahora mismo estamos en riesgo de que nos maten si se enteran de que sabemos lo que ellos saben. –

- Es como un trabalenguas. – Hans intentó ser gracioso. – Quieres decir con eso… que debo callar, ¿Verdad? – Brock asintió.

- Ni una palabra. –

- No es sólo por nosotros, Hans. – dijo Misty. – También es por ti. Ellos solo quieren protegernos. – dijo refiriéndose a Brock y Ash.

- ¿En qué sentido? Eso… sigo sin entender… -

Misty miró a Brock quien parecía bastante relajado. Asintió al verla. Misty tomó aire para poder decir lo que venía.

- Hans. – se sentó a su lado. – Nathan asesinó a tu padre… -

El chico empalideció, quedó pasmado al parecer, mirando al vacío. Al tocar su mano, Misty sintió que estaban frías. Escuchó una frágil risa de nervios. Negaba con la cabeza mientras bajaba la mirada.

- Pero eso… no puede ser… - decía titubeante. Misty suspiró.

- También… al mío… - agregó Misty con la mirada en el suelo.

Hans levantó la vista y la miró con ojos tristes.

- Como lo siento. – volvió a decir. – En serio, si tan sólo yo hubiera sabido… -

- De haberlo deducido no estarías con vida. – dijo Ash.

Era la primera vez que se escuchaba su voz de hacía rato. Se acercó a los otros tres.

- Quiso llegar a ser el conde. No lo consiguió matando a tu padre. – decía mientras se colocaba detrás de Misty. Esta ni se dignó a mirarlo. – Intentó tener poder sobre Molvania pero otra vez su plan resultó fallido. Esta vez tiene la oportunidad de matar dos pájaros de un solo tiro. -

- Y eso es una metáfora claro. – explicó Brock. – Si tiene éxito, conseguirá el título y el poder. Lo gracioso es que también tiene una parte literal… - Misty y Hans lo miraron con curiosidad. Brock suspiró. – Los matará a ambos para conseguir lo que se propone.–

Misty tan sólo alzó las cejas y abrió los ojos. Hans miró al suelo, era mucha información para asimilarla toda el mismo día y a la misma hora, sobretodo el asimilarla de buena forma. Hubo silencio. Después de algunos minutos, se escuchó un sollozo ahogado de parte de Misty, que al poco rato se había cubierto el rostro con las manos. Hans la miró con compasión.

- Debes preguntarle sobre el plan de Nathan. Antonia tiene su versión, pero seguro que el tío le llenó de otras ideas a este. – le dijo Brock a Ash en un tono casi inaudible.

- Hazlo tú. – le dijo este. – Voy a llevarme a Misty de aquí. –

Brock vaciló pero asintió. Fue hacia Misty y le ofreció una mano para ayudarla a levantarse, la aceptó decaída. Ya de pie y con ojos brillosos Brock le susurró algo al oído y ella asintió. Ash la observó desde la puerta. Tenía tantas ganas de abrazarla y besarla… pero en ese momento no podría hacerlo, después de lo que se habían dicho. Sentía tanta impotencia por no poder siquiera tocarla o decirle algo sin el riesgo de que lo menosprecie. Se acercó hasta él y sus miradas se cruzaron. No había ira en ella, solo tristeza, y una necesidad de alguien a su lado. Abrió la puerta y le cedió el pase.

Ya fuera del cuarto, cerró la puerta tras de él. Misty se abrazaba a sí misma mirando hacia el suelo. Ash se quitó el saco negro que llevaba y se lo colocó sobre los hombros. Aprovechó para estrechar la parte superior de sus brazos con sus manos. Acercó su rostro a su oído por detrás, apoyó parte de su frente. No lo evadió.

- Tenemos que salir desapercibidos. – le susurró. – Te llevaré a casa. ¿Está bien? -

Misty asintió débilmente. Ash logró darle un rápido beso en la frente.

Consiguieron salir sin ser vistos, ese día no había demasiada gente dentro de la casa. En el auto, Misty observaba fuera de la ventanilla, suspiraba constantemente pero el llanto había cesado. A pocos segundos de llegar a su casa, Misty estaba recostada en el asiento con los ojos cerrados, parecía dormir, pero aún se le podía oír gemir de angustia de rato en rato. El auto se detuvo. Ash bajó y dio la vuelta para ayudarla a salir.

- ¿Misty? Despierta… - tocó su rostro con una mano. No hubo respuesta verbal, giró el rostro para el sentido contrario sin abrir los ojos. – Mi amor… - susurró. – Vamos, por favor, no seas así. -

Tomó una de sus manos, pero al soltarla cayó como peso muerto. Se alarmó. Desabrochó el cinturón de seguridad de prisa y la sacudió con cuidad llamando su nombre.

- No… me siento… bien… - gimió.

- Ya, déjame llevarte. – dijo mientras la cargaba en brazos y rodeaba su brazo sobre su cuello para no permitir que cayera.

Con algo de dificultad llegó a la puerta y fue atendido por Daisy. Ella junto las otras dos hermanas la subieron hasta su habitación, donde la recostaron en su lecho para que pudiera descansar. Ash estaba sentado en la sala, muy preocupado y también frustrado. Después de media hora, Daisy bajó con él y le ofreció una taza de café caliente, él la aceptó muy agradecido.

- Tiene algo de fiebre. – le contó Daisy. – Creo que estuvo apunto de desmayarse antes de que la bajaras hasta aquí… - le sonrió con calidez.

- ¿Le pasa seguido? – preguntó mientras acercaba la taza a sus labios para darle un sorbo al contenido.

- Solo cuando se le acumulan muchas emociones fuertes. – explicó. – Tiene sentido, estaba emocionada por volver aquí, tal vez se sintió ansiosa cuando te volvió a ver… y cuando vio a sus otras amigas de nuevo… asustada por lo que tú y Brock le dijeron… -

- Enojada conmigo por lo que dijeron… -

Daisy lo miró con una ceja arqueada, luego suspiró y sonrió.

- Bueno, definitivamente tú y mi hermanita tienen de qué conversar. ¿Puedo saber de que se trata? – preguntó mientras ella misma alcanzaba de café.

- Hace como tres años, tuve mi primera misión: la hija del presidente de una compañía multimillonaria. – explicó. – Era una chica bastante activa. Quería ir de fiesta en fiesta, tener más libertad… salir por ella misma y tenerme a un kilómetro de distancia. – sonrió y negó con la cabeza. – Era algo difícil de manejar. –

- Y debo suponer que pasó algo con esta chica… - denunció Daisy.

- Sí y no. – dijo Ash. Daisy arqueó una ceja. – Nos volvimos buenos amigos, y sí, comenzamos a salir. Pero juro que no era nada más allá de eso… -

- ¿También te corrieron de ese caso? – demandó la rubia.

Ash suspiró. ¿Qué acaso esa chica se sabía todas las preguntas menos oportunas?

- Sí… - afirmó. Daisy asintió sin mucha gracia y tomó otro sorbo. – Pero no fue por el motivo que te imaginas… hubo un accidente. – hizo una pausa. – Jillian se escapó de mi cuidado. La dejé sola por un momento y de ahí, ya no estaba. Había tomado mi auto y usado para escapar con un chico. Decía que se sentía sobreprotegida. – suspiró. – En fin, hubo un choque… el chico sufrió una lesión grave pero se recuperó. Jillian perdió la conciencia, y estuvo en coma por unos tres meses. -

Daisy bajó la taza y lo miró más atenta. Su expresión era seria, neutral.

- ¿Qué pasó después? – preguntó.

- Mi padre me culpó de todo, y bueno, me reasignaron a una nueva posición. Claro, con ayuda de mi padre conseguí el puesto de ahora, del que acabo de renunciar. – soltó una risa y apoyó su cabeza en una mano.

- Y cuando la chica se recuperó… -

- No la volví a ver nunca más. Yo vivo en Londres, la mayoría del tiempo al menos. Hoy nos encontramos por casualidad, y temo que Misty entendió mal todo… -

- Seguramente piensa que es común en ti que coquetees con las chicas que te dejen a cargo. – decía mientras removía su café con una cucharita. – Yo puedo explicarle todo… sería difícil que lo entienda de ti. – le sonrió. Ash asintió.

- Ya debo irme. – dijo y se levantó. – Muchas gracias por todo. –

- Gracias por traerla. – le dijo Daisy. – ¿Sabes? Misty pretende ser muy fuerte… pero en el fondo necesita a alguien que la cuide y la proteja… alguien como tú… -

Ash suspiró. Le dedicó una sonrisa a Daisy, quien seguía sonriendo de forma cálida. Era bueno sentir ese ambiente, tan acogedor… relajante, al menos por un momento antes de volver a la realidad que lo abrumaba. A lo que se tenía que enfrentar.

- Avísenme si necesitan algo. – y diciendo eso se fue.

Cerró la puerta casi sin hacer ruido. Daisy suspiró y subió escaleras arriba hacia la habitación de su hermana menor. Misty tenía los ojos entreabiertos, seguía cansada. Sonrió al ver entrar a su hermana. Daisy la abrazó.

- ¿Ya te sientes mejor? – le preguntó cariñosamente.

- Algo. – sonrió débil. – Tengo la mente algo nublada… ¿Cómo llegué aquí? –

- Te trajo Ash. –

La sonrisa de Misty se desvaneció, mostrando una seria faceta. Posó una mano en su frente y soltó un leve gemido de dolor. Se dejó caer en las almohadas que habían empilado.

- ¿Te dijo algo? – preguntó Misty sin muchas ganas.

- Estaba muy preocupado por ti. – le dijo Daisy.

- Bien. – respondió entre dientes. – Me alegro. – Daisy suspiró.

- Deberías hablar con él. – concluyó.

- No tengo deseos de verle por el momento. – dijo molesta. – Y él debería enfocarse en su trabajo. –

- Y tú en tus deberes. –

- Por favor, Daisy, no comencemos con eso. – resopló Misty.

Daisy suspiró. Misty cerró sus ojos, dejándose descansar un poco por al menos segundos.

- Sabes que el próximo ciclo comienza en un mes. -

- Lo se… - respondió la pelirroja.

- ¿Ya has decidido qué vas a hacer? –

Misty abrió los ojos y miró a su hermana. Soltó un suspiro.

- Estoy considerando dejar la carrera… sabes lo mucho que me gustan las artes… creo que tendría buenas oportunidades en Europa… tal vez en París. -

- ¿De donde sacaste eso? – preguntó con curiosidad.

- Bueno, Ash me habló sobre un par de escuelas… - hizo una pausa. Suspiró. – Dijo que él podría acompañarme… supongo que eso ya no podrá ser. – dijo con un poco de tristeza.

- ¿Y eso es por que…? – instó Daisy. Misty soltó otro suspiro.

- Es que… tuvimos una pelea… - bajó la mirada.

- ¿Y no es algo que puedan conversar? –

Misty le lanzó una mirada de sospecha. ¿Desde cuando se interesaba tanto en que se reconciliara con Ash? Sin duda era raro.

- Tú sabes algo, ¿Cierto? – Daisy rodeó los ojos. - ¿Qué te dijo? – demandó Misty.

- Pienso que eres demasiado obstinada. – la criticó su hermana. - Deberías dejar que te lo explique. -

- ¿Explicarme qué? ¿De Jillian? ¿De cómo juega conmigo? – decía molesta.

- Tomas conclusiones apresuradas. Yo también tuve mis dudas pero… aprende a escuchar. – le sonrió. – Escúchalo. -

Misty resopló y se dejó caer de nuevo con los brazos cruzados y una mueca de disgusto.

- ¿Qué tenía que escuchar? – Daisy suspiró.

- Yo te diré. –

En una habitación a media luz, se encontraba un hombre vestido de negro. Tenía un puro encendido en la mano izquierda, y el celular en la otra. Tomó una bocanada de humo y la exhaló antes de colocar el auricular junto a su oreja.

- ¿Recibiste la utilería? – preguntó una voz mecánica del otro lado.

- Acabo de abrirla. – dijo el hombre y dio una palmada al paquete que estaba al lado suyo. - Una elección… interesante. –

- La mujer… ¿Ya firmó el acta? –

- Dame tres días, la senadora está cayendo poco a poco en la trampa. –

- Bien, todo de acuerdo al plan. – rió la voz. – No olvides de que pongan las propiedades a nombre del muchacho. Solo así podrás encargarte luego. –

- Será más rápido de lo que creí. Con esto… - sacó un frasco de la caja y lo observó maliciosamente. – Una cena formal y todo estará listo. Siento lástima por el chef que cocine esa noche. Envenenamiento por comida… un crimen grave, ¿No lo crees? – soltó una risa malévola. La otra voz también rió entre dientes. – No será mucho hasta que tenga en mis manos el poder de la nación. Ya conocerán mi nombre… -

- ¿Qué hay de la senadora? –

Nathan se sonrió. Sus ojos brillaban con malicia entre la oscuridad.

- La princesa y el conde no serán los únicos que cenarán esa noche… - rió entre dientes. - Es una lástima que yo tenga negocios que atender. No quería perderme ese brindis. -

Dejó el pequeño frasco dentro del paquete y lo cerró con cuidado. Sonrió.

- Falta poco… muy poco… -

Dentro de la mansión Monserrat, en el salón de seguridad, dos jóvenes intentaban concentrarse en su trabajo. Había sido un día difícil para todos, y sólo les quedaban veinticuatro horas para tener éxito o abstenerse a las consecuencias.

Brock soltó un suspiro de cansancio. Se recostó contra el respaldar de su silla y cruzó los brazos por detrás de su cuello. Ash lo miró de reojo.

- Tómate un descanso. – le dijo sin mirarlo. – Yo te cubro la siguiente hora. -

- Hemos estado tres horas sentados sin descubrir nada nuevo. – se quejó el moreno.

- Nadie dijo que sería fácil este trabajo. – Ash seguía tecleando, buscando e indagando. – Tengo tres años haciendo lo mismo… Hay que estar atentos a cualquier detalle. El más mínimo podría ser crucial. –

Brock asintió. Acercó su silla a la de Ash, donde ambos pudieran observar bien las imágenes que captaban las cámaras de video en toda la mansión. De repente parpadeó una luz roja en la máquina he hizo un ruido mecánico. Una ventana se abrió en la pantalla mostrando imágenes de Nathan ingresando a una habitación.

- ¿Cómo hiciste eso? – preguntó Brock. - ¿Dónde está? -

- En la embajada Alemana, es invitado de honor. – decía muy tranquilo. – Hace dos días coloqué un rastreador en uno de sus bolsillos. Cuando supe lo de la embajada hablé con mi padre para que me de acceso a todas las entradas, cámaras y micrófonos de seguridad. Coloqué censores de proximidad de las habitaciones, estas reaccionan con la energía eléctrica del rastreador, informándome en qué parte se encuentra nuestro amigo. No fue tan difícil. –

Brock parecía sorprendido. Se concentró en el video. Las imágenes eran oscuras, pero se reconocía al personaje muy bien. Se encontraba levantando el auricular de un teléfono. Ash, inmediatamente, se colocó unos audífonos inalámbricos y controló el volumen. Tardó en captar bien la transmisión, pero lo logró a fin. Había una voz ronca del otro lado.

- … cuantas unidades enviaste? – era la voz de Nathan.

- Una, no necesitas más. –

- Recuerdo haber pedido dos. – dijo molesto.

- Este chico es nuevo, material fresco. Su nombre código es Zeta. Llegará mañana temprano, y estará en tu oficina a las 8:00 AM. – concluyó la voz. Nathan vaciló en el teléfono.

- Asegúrate de que sea puntual. –

Alejó el auricular de forma violenta y colgó haciendo ruido. Ash no pudo escuchar nada más, solo ver las imágenes. Había conseguido grabar esa parte de la conversación.

- Tendremos visita mañana. – dijo a Brock.

- Lo sé, escuché. –

- Es peligroso. – suspiró. – Hay que encargarnos. –

- ¿Qué planeas? – inquirió.

Ash mantuvo el silencio por un momento antes de responder.

- Tomaré el lugar de Zeta. –

Brock lo miró con curiosidad, y un poco de reproche. Arqueó ambas cejas y se hizo para atrás.

- Si te descubren… puedes morir. -

- Si no lo hago, alguien más morirá. – suspiró. – Habla con Arthur. Dile que avise a las aerolíneas que estén atentas. La llamada viene de Europa pero el hombre no estoy seguro… dale todos los datos. –

- Está bien. – se levantó de su silla y se acercó a la puerta. – De paso preguntaré por Antonia, quiero saber en qué quedó todo ese asunto. –

- Buena idea. – dijo medio volteando el rostro. Brock suspiró.

Se preparó para salir, pero al abrir la puerta se encontró con una jovencita quien estaba apunto de tocar. Quedó sorprendido al verla.

- ¿Qué haces aquí? – le preguntó a la pelirroja. Misty se encogió de hombros.

- Yo… si no te molesta… quería hablar con él. – dijo indicándole a Ash, quien al reconocer la voz había sentido una punzada de ansias.

- Son casi las ocho… es tarde para que estés por aquí. – protestó Brock.

- Es la casa de mi tía, Brock. – dijo mientras entraba. – reo que soy bienvenida a toda hora. –

- Pero esta área está restringida. – intervino Ash, mientras se paraba de su asiento y se acercaba hasta quedar cara a cara con ella.

Misty lo miró de forma altiva, él tampoco cedía a su fuerte mirada. Brcok suspiró y se alejó de la escena con un 'los veo más tarde' y cerró la puerta detrás suyo. Ash y Misty quedaron mirándose las caras fijamente por varios minutos, en silencio. Misty había colocado sus puños a ambos lados de su cadera, y Ash estaba cruzado de brazos. Misty fue la primera en desviar la mirada, luego de un rato. Suspiró y bajó la mirada.

- Siéntate, Ash. -

- ¿Vienes a darme órdenes? – reclamó de forma sarcástica. Misty le lanzó una mirada fulminante.

- Por favor. – dijo ella.

Ash vaciló, pero lo hizo. Misty tomó la silla de Brock y se sentó frente a él, jugueteaba con sus manos con la mirada baja. Ash estaba recostado de forma desinteresada.

- ¿A qué vienes ahora? – demandó.

Misty suspiró. No era de las que toleraba ese tipo de tratos. Cerró los ojos con fuerza y se contuvo de responder agresivamente.

- Deja de ser hostil. – se relajó. – Hablé con Jillian… - hizo una pausa al ver que la expresión del chico cambiaba. – Y con Daisy… ella me contó lo que le dijiste… Y Ariadna y Janis… - suspiró.

Ash se acercó un poco más a ella. Misty aún no lo miraba a los ojos.

- Si me hubieras dejado explicarte antes… - intervino él.

- Fui… muy inmadura… y lo siento. – lo interrumpió. Acercó su mano hasta la de él y la estrechó un poco, él la apretó fuertemente. – Tan solo… creí que ese momento sería diferente… y necesitaba hablar contigo de tantas cosas, contarte todo… - le dedicó una frágil sonrisa mientras él acariciaba su mano.

- Yo también fui muy torpe… no tuve motivos para hablarte así. – le dijo. – Y estaba algo molesto, creo… porque te fuiste sin avisar… y por otras cosas más. – suspiró y besó su mano. - ¿Me perdonas? –

Misty le sonrió y soltó una risita. Estrechó su mano con más firmeza y se acercó para abrazarlo. Terminó sentada en sus piernas, hundiendo su nariz en el cuello de él, inhalando ese fuerte perfume masculino que llevaba que se sentía tan bien. Él la estrechó entre sus fuertes brazos y besó su frente.

- Siento no haberte dicho que me iba… creí que no lo entenderías, que tratarías de retenerme a la fuerza. - le dijo suavemente.

- Posiblemente hubiera sugerido irme contigo. – sonrió. – Y es verdad, suelo ser algo sobre protector. –

- Necesitaba ese tiempo conmigo misma… encontrarme… - suspiró. – Y en serio me sirvió de mucho… - sonrió de nuevo y besó su mejilla.

- ¿Qué cosas interesantes pasaron a bordo? – preguntó mientras jugaba con su rojo cabello.

- ¿Además de conocer Ariadna y encontrar cartas de mi padre? – rió. – Nada muy interesante. – lo miró con ternura. - ¿Por qué? – Ash suspiro y sonrió.

- Me prometí a mi mismo que lo primero que haría al verte de nuevo sería raptarte y tenerte solo para mí las siguientes horas. – Misty se estremeció al escucharlo decir eso con tanto deseo en su voz. – Luego apareció esa nota… d-del bebé. – logró titubear. Misty sonrió, luego soltó una risa divertida.

- Ese rumor es falso… Ariadna me contó que Antonia ya habló con la prensa y presentaron una disculpa pública, ya que si no lo hacían lo juzgarían por difamación.-

- Ya veo… - suspiró. – Bueno es… una pena. – le sonrió.

Misty arqueó ambas cejas sorprendida. Ash rió.

- Me refiero… me pareció… - hizo una pausa. – No me hubiera molestado en lo más mínimo, quiero decir… -

Pero no tuvo oportunidad de terminar, antes de que el rostro de Misty terminara por acercarse rápidamente al suyo plantándole un tierno beso que lo hizo callar. Ella rodeó su cuello con uno de sus brazos y él su cintura, para estarse más de cerca. Lo besó como nunca antes, con tantas ganas reprimidas, que suspiraba en cuando se separaba para volver a atacar sus labios con apetito y halaba su cuello para sí, dejándolo sin escape. Luego de un rato, Ash tomó la mano que ella tenía puesta en su rostro y la apartó con delicadeza. La miró con ojos entrecerrados y le sonrió de forma traviesa.

- Cómo extrañaba eso… - le susurró. Misty le devolvió la sonrisa. – Te extrañé mucho… - le dijo al oído.

- Te quiero. – dijo con dulzura y hundió su nariz en el cuello de él.

- Créeme que, a pesar de mi mal humor a veces… y todos mi errores… también te quiero. –

- Si te creo. – soltó una risita. – He tomado una decisión. –

Ash la separó de sí para verla directamente a los ojos con mucha atención. Misty vaciló antes de hablar.

- Voy a dejar la universidad… - a Ash pareció no gustarle la noticia.

- Pero estás en el punto crítico de tu carrera… -

- Quiero ir a Europa… viajar y conocer… adentrarme en las artes… - dijo sonriendo.

- Creí que habíamos hablado de eso… Que iría contigo apenas terminaras… -

- No quiero esperar tanto… y no quiero estar lejos de ti por tanto tiempo. – concluyó seria.

Ash suspiró y desvió la mirada hacia el techo. Se frotó el cuello, sin saber cómo responder o qué decir.

- No sacrifiques tu futuro por mí. – dijo Ash aún sin mirarla de frente. – Es tu vida, Mist. -

- Tú también eres mi vida. – le dijo. Él volteó a mirarla. – Y quiero que seas parte de mi futuro. Solo de esa forma... voy a ser feliz. – le sonrió con cariño.

Él le devolvió la sonrisa y alcanzó a darle un pequeño y rápido beso en los labios. Se detuvo un momento y apoyó sus labios contra el rabillo del ojo de ella.

- Te amo. – dijo él contra su piel. – Siempre lo haré… pase lo que pase… - besó su mejilla.

Ella tomó su rostro entre sus manos y lo acercó lentamente. Fueron interrumpidos por el molesto sonido del teléfono. Misty suspiró con frustración. Ash soltó una risita y levantó el auricular.

- Diga. – dijo él.

- Ash, ya conseguí al sujeto. – dijo la voz de Brock del otro lado. – No fueron muy listos esta vez, al parecer utilizaron el pasaporte de una de sus víctimas, Alex Pelosi. Ese hombre murió hace dos años. Pedí que no lo detuvieran en ese momento, avisé que nosotros nos encargaríamos. –

- Ya veo, muy buen trabajo. – felicitó Ash. Misty lo miraba con curiosidad, con ojos parpadeantes. – Perfil del sujeto. – pidió.

- Metro ochenta, cabello rubio, tez pálida… Podría decirse que de unos veintisiete años. El hombre tiene toda la pinta de un nazi. –

- ¿Equipaje? –

- Todo bien, me enviaron una copia de la fotografía de los rayos x y la lista de medicamentos que llevaba, dijo que eran para un paciente que debía atender. –

- Así que es un supuesto doctor. – comentó Ash algo pensativo.

- No supuesto, lo es. – aclaró Brock. – Tiene el título y todo el permiso legal de llevar farmacéuticos a donde se le antoje. -

- Vaya… eso será difícil. –

- ¿Aún quieres hacerlo? –

- Definitivamente. – afirmó.

Miró a Misty, quien estaba recostada en el asiento de en frente jugando con sus dedos, algo aburrida. Suspiró y volvió a concentrarse en la llamada.

- Bien, - Brock hizo una pausa. – reúne a los demás, en este momento debe estar subiendo al taxi que lo llevará a… -

- Entiendo. – asintió Ash. – Voy preparándome… - al escuchar eso, Misty alzó la mirada. – Asegúrate de que Patrick conduzca bien el auto… y que ese tal Zeta no se entere de nada. -

- Copiado. Debo irme. – dijo Brock.

- Te veo luego. – Ash colgó el auricular despacio.

Ash suspiró y miró a Misty, quien tenía los ojos fijos en él, con un aire de sospecha y algo de preocupación.

- Amor… - le dijo Ash mientras se levantaba del asiento y se acercaba a ella. – Tengo que salir por algunas horas… - besó su frente. Ella no pareció convencida.

- ¿Hay algo que deba saber? – preguntó. - ¿Algo… importante? –

- Nada que te convenga saber. – le sonrió con diversión. – Ya, no me tardo. – besó sus labios despacio.

- ¿A dónde irás? – inquirió con más desconfianza aún.

- Misty… - pidió Ash.

- Siempre me haces lo mismo… - se quejó. – Nunca estoy tranquila… te arriesgas por mí… y ahora no sé que tramas con Brock… pero ha de ser nada bueno… - refunfuñó. Ash suspiró.

- Escúchame, - se sentó a su lado y la tomó de los brazos. – Solo quiero terminar con este asunto ya, dejarte a ti y a tu tía a salvo… y toda esta gente que te rodea ahora… - respiró hondo. – Quiero que todo esté bien… para de una vez vivir tranquilo contigo… poder disfrutarte como debo. – le sonrió con picardía.

Misty alzó ambas cejas, aún no estaba del todo de acuerdo al parecer. Soltó un suspiro. No le quedaba de otra más que dejarlo ir. Amarga decisión, y se sentía impotente de no poder hacer nada para ayudarlo. Todo lo que él arriesgaba por ella…

- Se me hace tarde. – dijo y se paró. – No me esperes aquí, ya está muy oscuro. Ve a casa. – besó su mejilla.

Misty asintió sin decir nada. Ash salió rápidamente, tomó su casaca de cuero negro del asiento y se marchó.

- Bueno, - Misty dijo para sí. – mejor llamo a Janis… -

Suspiró y sonrió para sí. Se levantó, apagó las luces y cerró la puerta. Su conciencia estaba en paz…

Mas tarde esa noche, Antonia estaba en la penumbra de su habitación, rebuscando en uno que otro cajón algún documento olvidado que se había traído desde la oficina hacía ya varios días. Lo tenía escondido ahí con la esperanza de que Arthur no sospechara de su plan desde el principio, pero claro, había fallado. Retiró del mueble un par de hojas color blanco, impreso con letras negras. Había tres firmas al final de este, una suya, una de Nathan, y una de Hans. Faltaba una, la de Misty, solo eso para poder realizar en acuerdo. Se acercó a una mesa del centro de su habitación, con algo de cuidado, encendió una vela que meramente alumbraba. Tomó una de las dos hojas, ambas eran exactamente iguales, copias, y la prendió con el fuego. Vio satisfecha como poco a poco ardía en cenizas. Al culminar con el primero, echó un último vistazo a la segunda. Suspiró. Acercó el papel lentamente a la llama… cuando alguien la tomó por la garganta. Intentó gritar, pero una mano ya presionaba contra su boca, ahogando su voz. Una fría risa se escuchó pro detrás de ella, era difícil ver de quien se trataba con tan poca luz…

- Esa no es una buena idea, Nina. – dijo la cruel voz.

Las pupilas de Antonia se dilataron de terror al comprender de quién se trataba, y de lo que posiblemente venía a hacer. Una mano cubría su boca, y la otra sujetaba con fuerza la mano en la que llevaba el documento. Su respiración se agitó, intentaba hablar pero era inútil.

- Shhhh – dijo Nathan. – Tranquila. Si cooperas nada te pasará… por ahora. – terminó con una risa gélida. – Es bueno ser precavido y tener dos copias… un documento como este sería una pena perder… - retiró de su mano la hoja de papel, que estaba algo arrugada por la presión del puño de Antonia. – Si no me ayudas por las buenas… pues, tendré que hacerlo a mi modo. -

Con un movimiento rápido, soltó el brazo de Antonia y le dio vuelta, su boca aún cubierta con su mano izquierda. Al levantar la otra, el miedo de Antonia creció inmensurablemente. Sostenía con cuidado una jeringa. Intentó forcejear pero el peso de Nathan se lo impedía. Cerró los ojos, su respiración era pesada mientras sentía como el objeto punzante se acercaba a su hombro…

- Deténgase en la siguiente esquina. – indicó un hombre de aspecto cadavérico.

Llevaba un sombrero negro que cubría su rostro en sombras y vestía de un smoking negro con delgadas líneas color perla en sentido vertical. Su sonrisa era maliciosa al dirigirse al hombre del taxi, quien también ocultaba su rostro tras las sombras y evitaba el reflejo de cualquiera de sus espejos. El conductor sonrió sin responder y viró a la derecha, cambiando por completo de dirección al pedido.

- Lo llevaré por un atajo, señor. – dijo este. – Sabe, es peligroso andarse por estos lados solo. Sobretodo un hombre como usted. -

El aludido pareció halagado, pero no respondió, tan solo rió entre dientes. Se adentraron hasta una calle medio iluminada, desolada… El delgado hombre de piel pálida se recostó. Con cuidado y silenciosamente, retiró un par de cuchillas que escondía dentro de su elegante saco. Un débil sonido metálico llegó a los oídos del conductor, quien estaba bastante alerta y la adrenalina empezaba a correr por sus venas. Actuó rápido y aceleró, haciendo que el pasajero de atrás perdiera el equilibrio y cayera al asiento. Condujo como si lo llevara el diablo, lo suficientemente rápido y violento como para evitar algún ataque exitoso de parte de su enemigo. Frenó con brusquedad y escuchó un sonido sordo de atrás suyo. Abandonó el vehículo sagazmente y sacó un par de pistolas que apuntaron hacia el sujeto. Este estaba intentando incorporarse de su anterior caída, esa frenada había hecho que se golpee contra uno de los vidrios.

- Buen trabajo, Patrick. – dijo un hombre que salía de la oscuridad. – Quítate el abrigo. – le ordenó al hombre quien con respiración agitada, seguía ocultando su rostro.

No hubo movimientos. Más hombres se acercaron, armados y atentos a cualquier posible intento de "defensa" o escape. Ash dio un paso adelante y apuntó con el revólver directamente a la sien del hombre.

- Estamos cortos de tiempo. – le advirtió. – Y yo no soy un hombre de paciencia. -

- Máteme. – dijo con voz gélida. – No pienso darles nada. –

- Eso es una pena. –

Ash tiró del gatillo y disparó… hacia su hombro. Un grito de dolor hizo eco por las calles vacías, el hombre apretó la herida con una de sus manos libres, ese dolor ardiente no paraba. Ash volvió a dirigir el arma hacia su frente. Antes de que pudiera predecirlo, el hombre en un veloz movimiento, con uno de sus cuchillos cortó la palma de Ash, quien a su vez reaccionó retirando con la otra mano el otro revolver y disparando a la mano atacante. El cuchillo cayó al suelo de cemento con un sonido tintineante.

- No estoy de humor. – le dijo Ash al hombre en un tono amenazante. – Deténganlo. – ordenó a los demás.

Un grupo de seis hombres se introdujeron en el auto y con algo de dificultad, lograron aprisionar al hombre. Lo despojaron de su saco, el cual resultaba tener todo una colección de dagas de plata lo suficientemente afiladas como para cortar carne humana cual mantequilla. Su camisa blanca estaba manchada del rojo carmesí de la sangre que había derramado. Esposaron sus manos detrás de su espalda y revisaron el resto de sus ropas en busca de alguna otra arma blanca. El sujeto resoplaba de furia. Ash se acercó lentamente y retiró el sombrero de su rostro. La luz pareció reflejarse en su palidez, sus ojos eran cristalinos e irradiaban una ira asesina. Su cabello rubio desteñido parecía de un castaño con esa pobre luz. Brock se puso al lado de Ash con brazos cruzados.

- ¿Qué hacemos? – preguntó. – Sugiero que lo amordacen. – dijo y un hombre detrás suyo rasgó un trozo de tela del smoking manchado de sangre, lo anudó y se lo colocó cual bozal. – Mucho mejor. No queremos que piensen que algo malo pasa aquí, ¿Verdad? –

El hombre conocido como Zeta los miraba con odio. Ash sonrió fríamente.

- No va a ser tan fácil con este. – comentó. – Es duro… se rehúsa a darnos información… - soltó un suspiro pesado. Guardó su arma en su bolsillo izquierdo. – Es una lástima… En ocasiones normales estoy totalmente en contra de que se use la tortura para sacar datos pero… en situaciones desesperadas, medidas desesperadas.–

Hizo una seña con la mano y los cuatro hombres que aprisionaban a Zeta lo llevaron hacia dentro del callejón. Brock miró a ambos lados, atento a cualquier movimiento extraño. Nada. No había nadie. Era un escenario de miedo, realmente. Todo podría pasar ahí, y absolutamente nadie lo sabría…


Continuará

Mmm... si bueno Ash se comporta medio duro... n.n y Misty no sabe lo que le espera... ¡Sigan leyendo!

- Maureen