ESTADO: REEDITADO

(CON VARIOS CAMBIOS)


Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro El diente de león. Regalo para Elenear28.


CAPÍTULO 14: CÓMPLICES

POV KATNISS


En la mañana, Prim y yo vamos a ver a Finnick. Hace dos días lo convencimos de que se tomará una pastilla para dormir, asegurándole que serían días largos y que él necesitaba todo el descanso posible. Al principio se negó, pero acabo cediendo ante nuestra insistencia.

Me preocupa el estado de quien en este tiempo se convirtió en mi mejor amigo. Acompañarnos es lo único que nos permite seguir de pie de cierta forma, pero eso no evita que el dolor de la perdida nos siga persiguiendo y torturándonos, por los días y las noches. Espero que acabe pronto, que dentro de unos días todo cambie. Que podamos recuperar a Peeta y Annie con vida. No importa si han sido torturados a todos los niveles inimaginables. Haymitch dijo que no podemos abandonarlos y no lo haremos.

Entramos sin pedir permiso. Cuando Finnick toma esas pastillas, no se despierta con nada, a no ser que lo despierten. Evidentemente, al entrar los vemos durmiendo de costado en su litera, con expresión pacifica. Prim se agacha a su lado y yo hago lo mismo.

-Hola, Finn. –Lo llama mi hermana.

Sonrío al ver lo bien que se llevan. Me pregunto si también tenía esa relación con Peeta. Guiándome por las pocas veces que los vi hablando y bromeando entre ellos, creo que sí.

Mi hermana acaricia su cabello cobrizo, al ver no reacciona.

-¿Finnick?

-¿Prim?

Murmura por lo bajo y abre lentamente los ojos para fijarlos en nosotras dos. Aunque se le vuelven a cerrar a cada rato.

-Sí. ¿Cómo estás?

-Bien, creo… Hola, Chica en Llamas.

Prim se ríe y me mira.

-Hola, Finn. –Le contestó.

-¿Qué hacen aquí? –Nos pregunta desviando la mirada adormilada de una a la otra.

-Venimos a despertarte. –Le digo. –Y darte una buena noticia.

-¿Buenas noticias? Eso es raro, muy pocas veces las escucho últimamente. –Veo en su voz que duda un poco.

-Finn, vamos a salir de aquí, hoy luego del desayuno. Mamá nos dijo antes de dormir que Boggs habló con ella para informarle, que ya no volverán a atacar y que podemos salir del bunker hoy mismo. Se lo dijo para que preparara a sus pacientes para sacarlos. Le van a informar al resto hoy por los parlantes.

Finnick se sienta en su litera de golpe y abre los ojos sorprendido y luego me mira a mí, sonriendo. Ambos sabemos lo que eso significa. Luego centra su mirada en mi hermana.

-Eso es genial, Prim.

Ella sonríe.

-Supongo que eso significa que van a rescatar pronto a Peeta y Annie. –Nos dice ella.

-Sí. –Contestamos al unísono.

Esta vez yo también sonrío porque la idea de tenerlo nuevamente conmigo me emociona, hace que mi corazón se acelere, sienta esa extraña sensación en el estomago por primera vez en semanas, que empiece a temblar y mi rostro se caliente. Mi esposo estará conmigo muy pronto.

-Oh, casi me olvidaba. –Dice Finnick. Prim y yo lo miramos confusas. –Veo que Finnick mete la mano debajo del colcho y me tiende una caja negra de cartón del tamaño de la palma de mano en largo, pero muy angosta.

-¡Lo conseguiste! –Dice Prim sonriendo y abrazando a Finnick.

-Claro, el plan salió bien.

-¿Qué es eso? –Pregunto.

-Algo que tú necesitas mucho ahora. –Murmura él temiendo que las paredes escuchen y mira mi abdomen. – ¿Recuerdas que me sentí descompuesto ayer?

-Y Prim te dijo que fueras al hospital improvisado y te acompaño.

-Bueno. Era mentira, fingí estar enfermo para poder robarles el test. Fue idea de Prim y Neyde. Aquí no tienen tanta seguridad con la medicación, era nuestra oportunidad.

-¿Por qué no lo buscaron ustedes? –Pregunto a mi hermana.

-El jefe nos tiene muy controlados a los doctores y enfermeros, se habrían dado cuenta. Le dijimos a Finnick donde podía encontrarlos y utilizó sus encantos para dejar en un estúpido estado a una enfermera de dieciocho años. Unas de las más jóvenes y nuevas. Mamá se excuso diciendo que no lo podía atender y le pidió a ella que lo hiciera. Él sólo nos siguió la corriente en el plan.

-Así que, le hablaba de mi distrito, las cosas que me gustaban de mi hogar y ella me decía que le encantaría visitarlo cuando la guerra acabe y que yo le sirva de guía… y no sé cuantas cosas más. No escuché todo, yo estaba concentrado en otra cosa. Me dijo que me conseguiría algo para el dolor de estomago para que lo tomará en ese mismo momento, para buscar agua tenía que salir de la sala de primeros auxilios. Aproveché esos cinco minutos que se demoró, para robar esta mágica cajita de un estante, por suerte no tuve que rebuscar mucho. Cuando volvió ya me había sentado en la camilla y ya tenía guardado el test de embarazo en mi bolsillo. Tomé la pastilla sin necesitarla para no levantar sospechas. Igual creo que la chica estaba tan embelesada mirando mi rostro y coqueteando conmigo que ni se dio cuenta que del bolsillo de mi pantalón sobresalía esa caja con la que no entré inicialmente.

-Por algo eres conocido como el Sex Simbol de Panem. Todas caen a tus pies si te lo propones. –Digo tomando la caja de sus manos riendo imaginándome la situación. –Gracias por el favor.

-No es nada. –Finnick también ríe. –Pero conozco alguien que no…

-No me llaman la atención los chicos en general. Nunca fui normal. Nadie tenía mi atención en ese sentido, excepto Peeta.

-Porque lo amas.

-Porque lo amo.

-Eso es mejor. Annie también fue la única, las demás mujeres me daban igual. Por eso es irónico que tenga tantos admiradores y…

Él sacude la cabeza, seguramente tratando olvidar lo que se vio obligado a hacer durante años, las violaciones y abusos que sufrió en manos de sus clientes, y lo sucio que se debe sentir cada vez que lo recuerda.

Me alegro de haber ganado con Peeta y no haber llegado a rebajarme tanto ante Snow para proteger a mi familia.

-Olvídenlo. Salgamos de aquí.

-¿Finnick? –Pregunta mi hermana.

-No pasa nada. Hay cosas que eres muy pequeña para saberlas. –Él acaricia la cabeza de mi hermana sonriente.

Antes de salir de la habitación, ellos me detienen.

-Guárdalo bien hasta que te lo hagas, hermana. –Me dice Prim.

-Envuélvelo en tu chaqueta de cuero y déjalo en tu bolsa. No lo tienen que ver.

Asiento y coloco provincialmente la cajita en la manga de mi camisa. Ahora mismo, pasaré para guardarlo…

No, mejor. Lo tendré entre mi ropa hasta que salgamos, no quiero que a nadie se le ocurra revisar entre mis pertenecías mientras estamos desayunando. Buscaré uno de los suéteres que traje de la casa de Peeta y me lo pondré para disimular el bulto. Su ropa me queda más grande y suelta, no notarán que llevo algo extra.

Puedo atribuir el cambio a que tengo frío, o desperté sintiéndome descompuesta. Todos están acostumbrados a verme así y no sería la primera vez que me ven usando el suéter gris, o incluso el negro de mi esposo. Ser el Sinsajo tiene algunas cosas positivas.


En el desayuno, el ánimo de todos parece haber incrementado, cuando a mitad del mismo Alma Coin informa por los altavoces a todos de que en breve saldremos del bunker. Algunos gritan, hacen vítores o murmuran entre sí.

Yo estoy sentada en una mesa entre medio de Finnick y mi hermana. Con mi madre, Haymitch y Beetee en frente. Sintiendo el peso del test de embarazo en mi cintura bajo el suéter gris y sujeto al cinturón, tengo miedo de hacérmelo y descubrir lo peor que puede sucederme. Sonreímos, en realidad todos en la mesa lo sabíamos ya. Aún así estamos nerviosos, porque si el rescate esta cerca, hoy mismo o mañana, tendremos que grabar la "distracción" como la denominó Finnick en la reunión.

-¿Saben de que hablarán? –Mi voz rompe el silencio de la mesa.

-Yo contaré secretos. Pero seguiré omitiendo mi historia con Annie. No quiero exponerla.

-Yo no quiero hablar de Peeta.

-Pero debes hacerlo. Nadie conoce mi historia con Annie. Pero si conocen la tuya con Peeta.

-Lo sé. –Susurro.

-Coin quiere que hable de cómo perdí a mi familia. –Me dice Haymitch bastante molesto. –Aparte de contar secretos sucios del gobierno.

-Yo también debo hablar sobre lo mismo que Haymitch. Y alguna información a la que he accedido por medios tecnológicos. A diferencia que Haymitch, también he pasado por lo mismo que Finnick. Hasta que dejé ser "deseable". –Agrega Beetee.

Miro a Beetee sorprendida. Supongo que debió ser bastante atractivo en su juventud, sin embargo los años pasaron y debe llegar una edad a la que ya no resultas útil. Siento asco por Snow, por cómo nos utilizó, nos amenazó, nos arrebató a las personas que amábamos, no nos dejó ser libres.

Me pregunto si Peeta y yo hubiéramos acabado como ellos, tal vez… de no haber rebelión, de habernos casado, de haber sido mentores… posiblemente tiempo después nos hubiera prostituido contra nuestra voluntad y bajo amenaza. La sola idea me hace temblar de pánico, peor aún, teniendo en cuenta que Peeta está en el Capitolio ¿Estará siendo abusado de esa forma por toda esa gente enferma del Capitolio que trata a los vencedores como mercancía?

Cierro los ojos, intentando borrar esas imágenes de mi mente. Lo dudo, por el estado casi deplorable que se encuentra Peeta, Snow le debe estar haciendo otras cosas, pero el resultado debe ser igual de desagradable.

-Katniss. –Escucho mi madre. Suena alarmada. Cuando vuelvo a abrir los ojos descubro a todos mirándome con preocupación. – ¿Te sientes mal, hija?

-Estoy bien. Son los nervios.

Casi no hablamos durante el resto del desayuno y debido al asco repentino que me provoca mi desayuno, no como casi nada, a pesar de que Prim, mi madre y Finnick insisten. Si como algo más, vomitaré.

-¿La medicación te sigue afectando, Preciosa?

Por su expresión triste sé que sospecha de mi embarazo. Peeta y yo le dijimos que era posible que quedara embarazada después de lo sucedido.

-Sí. –Hablamos en clave.

-Deberías hablar con el Doctor Aurelius para que te cambie la medicación o la suspenda.

-Ya nos encargamos de eso, Haymitch. Él dijo que analizaría mi caso y después me daría una respuesta.

-Eso es bueno. No queremos que acabes enfermándote. –Sonríe levemente y después cambia el rumbo de la conversación. –Sigues usando la ropa de Peeta.

Sí, a veces hasta uso sus camisetas para dormir. De alguna forma me hace sentir mejor, su ropa aún conserva su fragancia y eso me calma y hace que me sienta más cerca de él.

-¿Algún problema? No creo que a mi esposo le importe.

-Ninguno, pero su ropa es muy grande para ti.

-Por ahora... supongo. –Si estoy embarazada en unos meses tendré que recurrir a su ropa y dejar la mía de lado. Y hacia el final del embarazo también me quedará pequeña la suya. –No traje nada mío excepto la chaqueta de mi padre, unas botas y un tapado oscuro, Haymitch.

-¿En serio?

-En serio. –Me encojo de hombros.

-Pero buscaste la de Peeta en su casa.

-Él la va a necesitar cuando vuelva y quería tener algo suyo conmigo. –Intento no quebrarme y fallo. Derramo unas lágrimas sin darme cuenta.

-Está bien, Katniss. Peeta estará contigo antes de lo piensas. Coin se rindió en esta pelea y aceptó el rescate. Ten eso en mente, no lo malo. –Me dice mi mentor.

Seco mis lágrimas con el dorso de mi mano y le indico que entendí con la cabeza.


Cuando terminamos de comer nos separamos, Haymitch y Beetee se van juntos, Prim se va ayudar en el improvisado hospital junto a mamá. Finnick y yo no sabemos qué hacer.

Vagamos por el bunker hasta casi cansarnos, luego nos dirigimos al compartimento que comparto con mi familia, porque recordé todas las cosas que rescatamos cuando fuimos a buscar a Prim, ya que en cualquier momento nos avisarán que debemos evacuar el bunker, y no quiero olvidar nada. Mientras meto todo lo que estaba suelto en la bolsa, Finnick me habla.

-Puedes engañar a tu madre, o Prim, pero no a nosotros. Tus aliados. Tus iguales. ¿Qué te pasó en el comedor?

-Estaba pensando en ti. En Beetee. En mí. En Peeta.

-Explícate. –Veo la confusión en su mirada.

Finnick se sienta frente a mí.

-Peeta y yo… ¿hubiéramos acabado igual? Siendo vendidos para… –Mis mejillas se enrojecen y no puedo terminar. Miro a Finnick esperando ver una expresión de burla por mi timidez ante el tema, algo gracioso si se tiene en cuenta que Peeta y yo ya hicimos el amor varias veces. Pero sólo veo lástima en su mirada.

-Posiblemente. –Contesta triste. –Tal vez no de inmediato. Les hubiera dejado disfrutar de su matrimonio y esperaría a que las aguas se calmarán, con el tema de la rebelión. Tal vez, al pasar los años los hubiera empezado a vender a esas personas y ustedes no hubieran tenido otra opción más que aceptar para protegerse entre ustedes, a sus familias, a los hijos de ustedes dos… Peeta se hubiera sacrificado por ti… El problema hubiera sido, que todos en el Capitolio los aman. Son "hermosos", "sexys", "románticos", "valientes" entre otros adjetivos que mejor ni te los digo, porque, son asquerosos. –Hace una mueca de asco. Debe ser lo mismo que decían de él. –Snow no hubiera permitido que Peeta hiciera el "trabajo" por ambos, tú no eres una "chica loca". Así que, el destino de ambos hubiera sido el mismo. Pero, de todas formas jamás pasará ¿Por qué lo preguntas?

-Por él. –Respondo con un repentino nudo en mi garganta. – ¿Crees que Snow sea capaz de hacerle eso a Peeta?

Él no contesta al inicio y mi miedo se incrementa.

-De ser capaz, lo es. Pero sinceramente, hemos visto a Peeta en las entrevistas ¿no? –Asiento. -¿Si fueras una superficial capitolina? ¿Considerarías a Peeta sexy? Y no te estoy preguntando como lo ves tú, sino como lo verías de haber sido criada en el Capitolio. ¿Querrías acostarte con alguien tan inestable, torturado, loco, lastimado físicamente, demacrado y con pésimo aspecto?

-Probablemente no. –Respondo poniéndome en la piel de todas esas mujeres que suspiraban por jóvenes como Finnick o Gloss. Peeta en las entrevistas no estaba en su mejor momento. Tiene razón en el Capitolio son exageradamente superficiales. Peeta es hermoso, y tiene esa personalidad que traería loca a cualquier mujer del Capitolio. Pero ese Peeta con coincide con el chico torturado a todo nivel, que vi últimamente. Definitivamente para ellos no entraría en el perfil de "deseables" estando así.

-Yo estoy casi seguro que la tortura de él viene por otro lado. –Agrega. –Créeme hay cosas peores que ser prostituido y creo que nuestro presidente optó por algo peor… mucho peor. Aunque no lo matará, porque él necesita tener un arma contra ti.

Pasan unos minutos hasta que asimilo sus palabras y las reflexiono. Me siento horrible con todo.

-Ya no soporto esto, Finnick. ¿Cómo lo haces tú?

-No lo hago. Es evidente que no. Estoy tan destrozado como tú. Annie es mi vida, ya lo sabes. Me destruye que ella esté allí y yo no pueda protegerla. A veces, trato de no pensar en ella. Pero su imagen siendo torturada, no se va de mi cabeza. ¿Pero sabes una cosa? Es mejor no rendirse a eso. Se necesita diez veces más tiempo en volver a ponerse en pie, que en desmoronarse. Y debo ser fuerte por ella, porque es lo que mi novia querría, porque cuando la vuelva a tener conmigo, me necesitará. Pero, si me pides un consejo… me ayuda hacer una lista mental de todos los momentos felices que viví con ella. Es más fácil resistir si tratas de pensar en cosas buenas. –Me confiesa con una sonrisa que no llega sus ojos.

-No somos tan fuertes, como todos creen. –Le digo.

-Todos tenemos nuestros puntos débiles, Katniss. Ese detestable hombre sabe que tarde o temprano terminaremos quebrándonos. Pero no le podemos dar ese gusto. No se lo daremos, porque antes de lo que pensemos, los tendremos de vuelta con nosotros y no permitiremos que los toque nuevamente.

Luego de varios minutos de silencio, Finnick se pone a ver el libro de las plantas de mi padre. Yo dejo que lo haga, después de todo debemos encontrar una manera de entretenernos mientras esperamos el próximo aviso.

-No me sorprende que hayas sobrevivido en la arena de forma tan perfecta. En el bosque parecías estar en tu ambiente. ¿Gracias a esto sabías que comer o utilizar para las curaciones y que era toxico? ¿O que las bayas que recolectó Peeta eran venenosas y fatales?

-Sí, es de la familia, lo iniciaron mis padres. Y lo seguimos Prim y yo. Los dibujos mejor hechos son de Peeta. Él nos ayudó a perfeccionarlos o dibujarlos por completo en base a las descripciones que le dábamos, o si veía la planta. A los Everdeen no se nos da bien dibujar. –Confieso.

-No se puede negar su talento. –Me dice examinado en detalle una flor y lee en silencio la leyenda que había en la hoja de al lado, escrita a puño y letra de Peeta. –Katniss. Saeta de agua. Es tu flor.

Peeta la dibujó en tamaño grande con los colores reales y ocupaba una carilla entera. Lo mismo hizo con unas prímulas y unos dientes de león. Porque él consideraba que merecían más espacio, por lo que significaban para mí, mi familia y creo que para él, aunque no lo reconoció abiertamente. Seguramente para no incomodarme.

-Lo es. –Le contesto.

Sonrío al recordar todos esos días casi completos que Peeta pasó conmigo mientras me estaba recuperando del incidente con la valla. Amaba verlo tan concentrado, y haciendo miles de gesto mientras dibujaba los bocetos en hojas lisas y luego me los mostraba, esperando mi aceptación, para al instante hacer el mismo dibujo sobre las hojas del libro.

Extraño esos momentos con él, donde hablábamos, nos íbamos conociendo y conseguía hacerme reír o sonreír a cada rato, algo poco común en mí. También la paz que sentía a su lado. Por primera vez hicimos algo normal que no involucraba luchar por sobrevivir y protegernos, ni salidas prohibidas fuera del distrito. Disfruté como nunca las veces que pasamos tiempo juntos en el bosque, en el lago y la casita a las orillas del mismo. Fueron esas veces que mi amor por él creció más. Peeta supo como conquistarme sutilmente de a poco y casi sin intención.

A veces me pregunto en qué momento empecé a ser más consciente de mis sentimientos por él y no tengo una respuesta acertada. Tal vez desde la cueva, el problema es que reprimí esos sentimientos y esas necesidades que tenia de él, hasta la charla con Snow antes de la Gira de la Victoria. Donde me continué negando a aceptarlo y luego en el Vasallaje, en los días previos me atreví a reconocerlo, seguramente porque nos quedaba poco tiempo de vida, y no quería desperdiciarlo por mi testarudez. Quería que fuéramos felices por unos días y después salvarle la vida, como el último sacrificio de amor que era posible hacer por él. Mi di cuenta que no podía vivir sin él, y no solamente porque me ayudaba a superar mis problemas, enfrentar mis pesadillas, sino por todo. Porque lo amaba y quería una vida a su lado, aunque fuera corta.

-¿Pensando cosas buenas? –Me interrumpe mi amigo. Lo miro a los ojos, aún sonriendo.

-Sí. –Contesto. –Creo que tienes razón, tendré que hacer una lista mental de los momentos felices que viví con él, más a menudo. En vez de sumirme en el dolor que me provocó perderlo.

-¿Te das cuenta? Debes escuches a los demás de vez en cuando. –Me sonríe, pero esta vez con cierta satisfacción, puesto que deje ser tan inflexible. Hasta en eso, el amor que siento por mi esposo me cambió. – ¿Cuándo…? –Deja la pregunta en el aire.

-No tengo idea. –Recuerdo que llevo el test entre mi ropa todavía por lo que lo desengancho de mi cinturón y lo guardo el bolsillo interior de la chaqueta de mi padre. La cual vuelvo a doblar y guardar en la bolsa entre medio de otras prendas de ropa. –Cuando me sienta preparada para saberlo, o el día vuelva mi esposo. No lo soportaré si el resultado sale positivo y el padre de mi bebé no se encuentra a mi lado.

-Te entiendo. Nadie te presionará. Es algo muy personal de la pareja. Por ahora, no dejes que te inyecten nada, ni tomes la medicación, le puedes hacer daño a tu hijo. ¿El prospecto lo tienes a mano?

-Mamá lo pidió, ella no dejaría que me dieran algo nocivo. ¿Por qué preguntas?

-Sólo dámelo.

Lo encuentro en el botiquín de remedios y se lo doy sin comprender porque lo quiere ver. Se toma su tiempo para leerlo y cuando levanta la cabeza tiene los ojos abiertos.

-¿Qué leíste?

-Tal vez sea una casualidad, pero no tiene contraindicaciones ni reacciones adversos durante el embarazo y lactancia. No daña al feto durante su desarrollo…

-¿Quieres decir qué…?

-Habiendo tantas drogas y tratamientos contra la depresión posiblemente te buscaron una que no es perjudicar para un bebé en desarrollo, ni para la madre, y para no levantar sospechas me dieron la misma a mí, porque fuimos diagnosticados con el mismo trastorno prácticamente.

-No quieren matar al bebé, pero ¿por qué me lo ocultarían?

-Eso hay que averiguar. En el caso que estés embarazada, esto no es una casualidad y podemos conjeturar que el Doctor Aurelius está metido en esta historia de mentiras. Nos está asistiendo médica y psicológicamente a nosotros y Haymitch.


A/N: Como verán este capítulo tiene muchas partes extras. Esto es todo un plan de Coin y hay mucha gente metida aquí. El nombre de capítulo sirve para los dos bandos. Los vencedores y la familia Everdeen; y el Distrito Trece. ¿Qué creen que suceda? ¿Prefieren que Katniss se haga el test antes de la llegada de Peeta o después? Recuerden que no todo será miel sobre hojuelas y Peeta no será el mismo enamorado de Katniss. (Las que leen la historia en Fanfiction lo saben porque lo han leído, pero en Wattpad aún no publiqué esa parte porque estoy esperando a reeditarlo. Para ella tal vez sea más feo confirmar el embarazo, con Peeta sin "amarla". Así que, díganme que piensan.

Buenas Tardes,

Lucy.