Capítulo 21: Oportunidad.


El jugador fantasma se encontraba afueras del balcón mirando las estrellas brillantes a lo alto del cielo, ese mirador era tan parecido al que tenía el tigre en su departamento situado Japón e incluso podía apreciar el asombroso paisaje desde allí, las luces de los edificios, la gente caminando a lo lejos tan deprisa quizás no tenían tiempo de admirar la luna y con intensidad vivir el día a día.

Aun estando en un lugar extranjero, con una cultura totalmente diferente percibía que habían cosas las cuales no cambiaban como los atardeceres, el viento azotando su cabello o el mismo sol, las hojas cayendo en el otoño y las flores de la primavera.

El jugador fantasma reflexionaba sobre su destino, tenía que tomar una decisión importante entre sus opciones estaban darle una oportunidad a Kagami o simplemente dejarle ir aunque suena más fácil decirlo que hacerlo porque nunca fue capaz de expresar un "no" o rechazar a los miembros de Seirin, ni a la misma generación de los milagros quienes jamás sintieron su ira o escucharon sus gritos puestos estos eran silenciosos. Siempre les perdonaba y de ningún modo les guardo rencor por el daño causado posiblemente mantuvo la esperanza de que se redimieran hasta luchar para esa causa.

Desde la separación con sus compañeros a ese instante de recuentro con el tigre le resultaba surrealista, el vivir con su enemigo en un país forastero parecía una locura que comenzó desde el momento de firmar ese condenado contrato el cual lo sentencio a un futuro gris, atado al mago como si existieran unas cadenas invisibles entre ellos, ya no era libre. Se preguntaba ¿Valía la pena sacrificar su vida de tal manera? Al verse en silla de ruedas sin poder jugar su amado deporte se daba cuenta no conocía la respuesta a esa pregunta pero necesitaba un rayo de esperanza para salir de su oscuridad porque entonces su cuerpo sería una coraza que mantiene a un muerto palpitando, un ser sin alma, simplemente una persona actuado por inercia.

Lo aposto todo como un juego de póker el cual termino perdiendo.

Seguramente si Nash se enteraba de que Kagami estaba cerca intentaría sepárale de su antigua luz por esa razón correspondía ser muy sigiloso tal si fuera un secreto aquella relación clandestina.

El nerviosismo, la ansiedad y el estrés le consumían más por aquel inminente escenario obscuro, necesitaba relajarse un poco antes de enfrentarse al salvaje tigre pero bueno si era el domador de fieras se supone no debía preocuparse tanto simplemente dejaría las cosas fluyeran y lo inevitable sucediera, permitiría el destino se hiciera cargo del porvenir.

Se dirigió al baño arrastrando su silla de ruedas y a como pudo se quitó la ropa para entrar en la tina, sabiendo que Nash le prohibió hacer ese tipo de cosas peligrosas por estar paralitico era obligatorio tener cuidado, en esa casa se volvía más fácil sobrellevar el no poder caminar, ya que había un ascensor además el apartamento era cómodo, justo para acoplarse a sus necesidades.

¿Desde cuándo a ese chico azabache le ha importado su seguridad? Probablemente nunca, no se detenía analizar en un momento determinado, gracias a esa conducta terminaba por enfrentarse con bravucones, al defender sus convicciones e ideales era capaz de todo.

La criatura encendió el grifo, sintiendo un escalofrió cuando el agua fría hizo contacto con su pálida piel, la cual se erizo completamente. Se propuso a nivelar la temperatura hasta que fuese ideal, su cuerpo se hundía por el calor e intento relajarse aunque olvidarse de sus problemas resultaba imposible cuando cada pensamiento terminaba como un ciclo en la causa de su reflexión y angustia.

Desearía fuese sencillo hablar con la persona que ignoro su existencia por largo tiempo ¿Cuándo había pasado? Parecía una eternidad desde la última vez que tuvieron una charla amena o jugaron el deporte el cual los conectaba en una misma frecuencia empática. No era fácil volver a su vieja relación con Kagami, ya que se encontraba resentido por la muestra de desinterés, apatía de quien decía ser su amigo como si realmente no le importara y eso le afectaba más de lo debido.

Al poseer Kuroko tan poca presencia las personas persistentemente dejan de notar su existencia tal si no existiera, el pequeño siempre se sintió en otro plano dimensional mostrándose invisible ante los ojos ajenos al igual que una triste prosa llena de soledad se acostumbró a ese tratamiento no obstante era diferente cuando esos sujetos llegaban a conocerlo o sentían algún interés por él, se terminaban aferrando a su vida porque creaban ese vínculo eterno con un fantasma. Naturalmente le dolía más el rechazo de los allegados que alcanzaba a querer, el pelirrojo por ejemplo se convertía en alguien importante, el rayo de esperanza en su preexistencia sombría, el sol eterno que alumbraba sus días de oscuridad.

Cada individuo que entraba a su corazón robaba un pedazo de su propia esencia hasta quedar sin nada más que un vacío profundo en su interior.

Después de varias horas en el baño dejando que el vapor empañara el espejo, llenara la habitación y el ardor quemara su piel; pretendió salir de esa tina sin embargo por mucho que trato era incapaz de lograrlo, el rubio constantemente le ayudaba en las mañanas y Ogiwara era el que estaba cerca para sacarlo de la bañera. ¿Dependía tanto de ellos?

Pretendía ser independiente al menos una vez en su estado delicado de salud, iba apoyándose en la pared para salir de allí, al momento en el cual se propuso a dar un paso se fue de bruces para el piso, golpeándose muy fuerte al caer.

Se quedó hecho un puño en esa cerámica congelada y desesperadamente intento volver a levantarse sin lograrlo, era improbable moverse a libertad hasta un lugar donde pudiese establecerse, no era capaz de alcanzar ni siquiera su ropa.

Cubrió su desnudez con un paño azul el cual se encontraba tirado, al instante del accidente se lo llevo consigo. Suspiro frustrado ante dicha situación, odiaba sentirse inútil o débil como en esa ocasión sin poder si quiera moverse, sabia necesitaba ayuda exasperadamente aunque tuviese que humillarse en el proceso, no podía quedarse tirado en esa desolada superficie por mucho tiempo.

Fue arrastrándose buscando su teléfono que se encontraba cerca ¡por suerte! Consiguió el celular marcando el número del rubio porque Ogiwara se hallaba en sus prácticas, no podía atender por otro lado Gold a esa hora salía a divertirse, debía estar enfiestado o quizás reposaba en los brazos de esa sensual mujer sin nombre, con cabello largo de un tono claro, grandes pechos, largas piernas ciertamente se veía más alta por los tacones, de cuerpo estructural el cual se notaba más por el vestido corto, apretado y sus ojos azules similares a los suyos; sabia de su apariencia porque la había visto en el tiempo que le recogieron de la universidad además esa descripción solía darla el rubio, a menudo hablaba de sus conquistas como si fuera una hazaña digna de aplausos y reconocimiento.

La mujer era hermosa en apariencia pero por dentro parecía la bruja malvada de los cuentos de hadas al actuar presuntuosa, se notaba era superficial al ignorar su existencia todo el trayecto tal si fuera una molestia, poca cosa o probablemente lo veía como un impedimento en su camino para llegar al rubio quien lo dejo en la casa diciendo que volvería para cenar. Kuroko sabía este se irían a algún hotel donde pasaba horas disfrutando la compañía de las féminas, al menos había cumplido con lo de no llevarlas a su casa mientras no le molestaran pretendía acostumbrarse a la forma de vida del playboy que tenía Nash, los malos hábitos conjuntamente del alcohol, las fiestas constantes, los amigos molestos que lo trataban tal si fuera un juguete y se divertían al decirle apodos como "princesa" u otros más ofensivos.

Tetsuya llamo varias veces hasta que el soberbio contesto al fin el celular, se escuchaba la risa de la chica por el teléfono diciendo cosas en ingles que el japonés no entendía del todo– Mocoso sabes que no debes llamarme cuando estoy ocupado.

–Nash yo…– susurro con un ligero toque de desesperación.

Su voz de pronto se perdió entre el silencio. ¿Por qué no era capaz de decir nada?

Únicamente esas palabras debían salir de sus labios "Ven por mi" "Ayúdame" sin embargo no dijo nada seguramente era orgulloso y tenía miedo de que eligiera quedarse con la doncella a salvarle de ese fatal accidente después de todo parecía demasiado insignificante aquel suceso como para que el casanova dejara los brazos de su amante.

¿Por qué era tan difícil decirle que lo necesitaba? ¿Acaso tenía miedo de que Nash le abandonara allí?

El rubio molesto por interrumpir sus amoríos añadió de manera grosera– ¿Qué quieres?

Era tan vergonzoso casi humillante ese fatal escenario, no era capaz de levantarse del suelo y se encontraba medio desnudo en la intemperie. ¿Qué otra cosa podía hacer?

La voz de la joven empezaba oírse más seguramente continuaban con sus acciones indecorosas, podía percibir el sonido de algunos besos ciertamente Kuroko no le importaba lo que hacían en esos cuartos de hotel aunque se encontraba enojado porque Nash no venía ayudarle por estar revolcándose con la petulante desconocida por otro lado el magnate no tenía ninguna obligación de rescatarlo en su agonía ¿Por qué lo haría? ¿En qué momento llego a pensar que Nash se preocupaba por él?

El bravucón actuaba más amable desde su operación pero eso no quería decir nada, seguía siendo una insignificante sombra dominada por una cruel luz y el rubio no cambiaría, continuaría el desgraciado queriéndolo usar para sus objetivos vengativos.

Porque solamente se trataba de eso, era un falso espejismo las personas que apreciaba fingían cariño para utilizarle.

La triste realidad le impactaba con fuerza.

–Lamento haberte llamado no es nada, no quiero interrumpir. – Mintió intentando que su voz ronca no delatara su mal estado.

Se arrepintió de llamar al rubio, había quedado en vergüenza tal vez esa fue una prueba de que estaba empezando a confiar un poco más en el bravucón al pedirle ayuda o en verdad yacía muy desesperado.

El mago no percibió aquella aptitud o las señales que indicaban que el adolecente pedía a gritos auxilio, las curvas de una desconocida eran para este semental toda una distracción –Ya te dije, regresare para cenar.

Ciertamente el rubio era sincero en esa cuestión, si decía que iba a cierta hora llegaba lo malo es que faltaba mucho para la cena.

– ¡Cuelga ya! A menos que prefieras tener audiencia– La dueña de esa voz seductora indicó con burla o más como una seductora insinuación. – Ni siquiera podemos ir a tu departamento, deberías tener menos consideración puede que sea tu responsabilidad ese niñito pero tu prioridad es complacerme a mí, no a él.

Gold se aburría de ese parloteo le gustaba la acción, no que estuvieran intentando dominar su vida. – Es raro, nunca me llamas…– comento extrañado ignorando a su atractiva compañía.

–No me digas que prefieres hablar con un lisiado a quedarte con una pobre mujer deseosa de tu cuerpo la cual te espera desnuda en la cama– replico enojada la mujer porque el vigoroso no le ponía mucha atención.

– Por qué no olvidas a ese molesto infante y empiezas a darme lo que quiero – fue lo único que escucho el fantasma posteriormente del sonido de algunos besuqueos entre otras cosas repulsivas.

Así fue como Kuroko colgó la llamada, se sentía decepcionado por alguna razón quizás se acostumbró a que la generación de los milagros y seirin fueran tan atentos con él todo lo contrario a Nash el cual le cuidaba como una responsabilidad y no porque quiera hacerlo.

Siempre era visto como un objeto, estaba harto de eso.

No quedaba más que esperarlo, este llegaría entre algunas horas. Se cubrió con el paño su desnudo cuerpo frágil tal porcelana mientras era arrasado por el frio infernal, concibió tanto sueño sin darse cuenta se fue quedando dormido, acostado en el frio piso del baño.

No fue capaz de decirle al rubio que viniera a ayudarle, no después de escucharlo tan complacido con esa mujer arrogante. Debía reconocer la mujer decía cosas ciertas en muchos sentidos una de ellas fue que en verdad no era importante bien lo sabía posiblemente fue estúpido de su parte pensar que Nash se preocupaba al menos un poco por su persona.

El peso de la soledad le golpeaba más fuerte con el silencio. A lo mejor Kagami, la generación de los milagros llegarían a su auxilio si fuere el caso, estos si se mostraban llenos de preocupación cuando se enfermaba o se metía en líos con bravucones, sus camaradas invariablemente estaban defendiéndole, ellos a pesar de todo…Por ventura extrañaba ese sentirse seguro con un equipo que te respalda, ese era un sentimiento de acogimiento como si fuesen un refugio o una familia.

Posteriormente de largas horas en las cuales se quedó dormido percibo un ruido proveniente de la puerta, ese debía ser el rubio quien era tan escandaloso. Escucho esa voz fuerte resonar las paredes– Oye niño traje comida china.

El jugador fantasma gimió para sus adentros ante aquel dolor, soportando tanto frio perfectamente podría congelarse; fue distinguiendo una figura borrosa en la oscuridad, alguien hablaba y lo envolvía con una cobija para trasportarlo lejos, apreciaba aquel aroma dulce a colonia de mujer, debía ser Nash ¿Quién más?

Tetsuya entrecerró los ojos, recostándose a la calidez de ese cuerpo caliente quien parecida quemar su piel, necesitaba un poco de calor porque estaba al borde de quedarse congelado.

El mago coloco con cuidado al muchacho en la cama y enojado replico con mucha razón– ¡Eres un idiota! Así que para eso llamaste ¿Por qué no me dijiste nada?

–No quería interrumpir– susurro con una voz suave porque aún se encontraba aturdido por estar tantas horas tirado en el suelo.

–Pensaste "No voy a interrumpir, me quedarme en el piso semi desnudo hasta que el tipo termine de follar y venga a dejarme al hospital por hipotermia o aun peor a un cementerio" – empezó a gritar exasperado diciendo malas palabras en el proceso– Tanto odias estar conmigo que prefieres morirte.

El adolescente no tenía ánimos simplemente se mostraba cansado, no deseaba discutir–No pensé nada de eso y no deberías hablar tan grosero.

El otro enfurecido vocifero– ¡En qué diablos pensabas! Cuantas veces te he dicho las reglas o al menos espera a que tu amiguito tonto venga antes de hacer tonterías. Es peligroso entrar a la bañara solo si no eres capaz de ponerte en pie puedes dañarte gravemente y por algo conteste tu llamada ¡sabes! Esperaba que te pasara algo así porque eres tan torpe.

– ¡Quiero ser más independiente! No pretendía ser una molestia para ti, pensé que aunque te dijera de mi accidente no vendrías porque parecías estar divirtiéndote mucho con esa chica y la verdad yo no te importo lo suficiente quizás de igual manera me dejarías tirado allí. – susurro arrastrando la mirada para el suelo, se daba cuenta fue un terrible error no tener cuidado y ahora le había dicho sus temores a su verdugo.

Gold suspiro tal si le hablara a un infante, poniéndole otra cobija encima se sentó a un lado en esa cama –Escucha lo que quiero decir– paso la mano por su cabello dorado como el sol– No importa que me interrumpas si estas en una situación como esta debes decírmelo, yo vendré por ti.

– ¿Por qué lo harías?– agregó violentamente asimismo inseguro, ya que no entendía porque un playboy como Nash dejaría una conquista por un insignificante enemigo caído simplemente no tenía ningún sentido.

El mago se quedó en silencio ¿Qué podía decir? Abrigaba en sus entrañas el remordimiento al abrir la puerta y observar esa escena atroz, observar a esa criatura pálida durmiendo en el suelo inhumanamente, concibió lástima o algo en su interior se rompía por ese acontecimiento. Debió irse cuando el jugador fantasma lo llamo pero no lo hizo por quedarse en los placeres terrenales de las curvas de esa hembra hasta que se aburrió de ella, fue tan rápido la lujuria pasajera, tan efímera era esa pasión como de costumbre; por algo le gustaban las rudeza, los fetiches sadomasoquistas porque todo resultaba igual de aburrido nunca por más mujeres nada llenaba el vacío que le dejo su amada sin embargo por alguna razón el doncel si, ese chico curaba poco a poco su alma atormentada de demonios, veía a través de él como un pequeño ángel y eso de alguna forma lo asustaba.

–Vendría por ti de otra forma morirías, si eres un idiota sin remedio ¡Debo cuidar mis intereses!– añadió engañándose a sí mismo pensando que no se preocupaba meramente era una formalidad, se sentía molesto a veces por sucumbir ante los caprichos del niño mimado por los monos.

Kuroko no creía que el rubio por su salud abandonara a una de esas sensuales mujeres parecidas a las de las revistas de Aomine, naturalmente era ilógico el tipo era todo mujeriego ¿Por qué dejar una conquista por alguien como él? Seguía ese pensamiento atormentando su cabeza –Me parece sorprendente que digas eso

–Sabes en realidad no me importa, lo dices como si me sacrificara por ti…Mujeres me sobran, ninguna es realmente especial, las uso como Elizabet hizo conmigo y ellas lo saben, saben que no me comprometo únicamente es una noche de frenesí como mis objetos de diversión las cojo y las desecho, aun sabiendo como soy me buscan para el placer efectivamente soy buen amante… Si me hubieras dicho lo que paso habría venirlo por ti, total puedo tener otra modelo tronando mis dedos. – respondió con cierta verdad. El rubio era promiscuo como un vicio enfermizo a menudo se volvía como un monstruo violento desquitando su enojado en la lujuria, liberaba tensión con el sudor y la excitación del éxtasis placentero sin embargo ahora su vida había cambiado por culpa de ese estúpido mocoso quien se había adueñado de su tiempo poco a poco pasaba más tiempo con él, por mucho que odiaba admitirlo le agradaba la compañía serena del inocente niño de alma pura sencillamente le parecía muy sincero nunca había conocido a una persona tan exótica, tan directa para atreverse a insultarlo y asimismo era tranquilo con un misterio en su mirada.

Kuroko era astuto sabía que aunque en diferente situación el rubio lo etiquetaba igual que esas doncellas –Las usas como quieres usarme a mí

Para Nash las cosas eran sencillas si deseaba algo lo tomaba, si se aburría lo botaba y siempre conseguía lo que quería–Tu eres diferente porque tenemos un contrato pienso utilizarte como un arma, ese no es un secreto y luego liberarte si me apetece hacerlo.

–Eres una persona bastante inestable y cruel al jugar con los sentimientos de los demás, no deberías hacer esas cosas. ¡Las mujeres no deben ser tratadas como objetos! ¿Cuantas pobres has hecho sufrir por desquitarte y verter tu odio en sus cuerpos? Sé que quieres hacerme lo mismo simplemente usarme luego cuando ya no te sirva me desecharas. – dijo molesto el jugador fantasma.

Su educación era diferente, tenía moral al contrario del rubio quien meramente no le importaba nada, ni nadie.

– ¡Los sentimientos no significan nada más que una absurda debilidad! No es como si ellas estuvieran enamoradas quizás de mi dinero, de mi poder al igual que tú desean algo a cambio. ¡Que hipócrita resultaste ser Tetsuya! No eres diferente a mis amantes que pasan por mi cama, aceptaste este contrato por mi dinero, te vendiste y yo te compre incluso caes más bajo que ellas– se burló del adolescente.

Kuroko se sintió denigrado al escuchar esas palabras venenosas– Tú fuiste el que convenció a mis padres de firmar, no me dejaste ninguna alternativa además pagare por mi libertad… A mí no me importa tu posición social, ni dinero nunca me ha importado eso.

–Pero si no te hubiera dado capital para tu operación te irías a engatusar al emperador, al hijo del dueño del hospital, al modelo o alguno de los monos ¿No? Ellos te habrían pagado todo sin titubear, tan fácil como batir tus lindas pestañas y tendrías el dinero a tus pies. – Chasqueó tachándolo de ser amigo de estos por interés o algo por el estilo hasta que les manipulaba.

Tetsuya frunció el ceño con enojo al escuchar tal absurda declaración– Si hubiera sido así no estaría aguantándome a un tipo molesto como tú.

El jugador fantasma lo dejo callado porque tenía razón Nash fue quien manipulo la situación a su conveniencia para obligarlo a firmar el contrato y tener la tutoría.

–De verdad quisiera entenderte a veces pienso que hay maldad latente en ti y otras simplemente me pareces tan inocente como si tuvieras un alma pura ¿Qué debo pensar? – susurro el rubio–

Nash se confundía porque subestimo al fantasma pensó era un tonto ingenuo pero resulto ser bastante astuto, se había equivocado al juzgarle por eso Kuroko podía parecer un ángel pero tenía en cuenta los demonios son tan encantadores como los mismos ángeles.

–Puedes pensar lo que quieras de mí, eso no cambiara lo que soy. – dijo estoicamente el azabache con suma frialdad

El mago se arrepintió por expresar todas esas calumnias ofensivas al ámbar, se mostraba enojado por la sinceridad casi dolorosa con que hablaba el mocoso–Está bien, dije todo eso precipitadamente…

El celular sonó justo para romper el momento incómodo, mirando la pantalla Nash se dio cuenta que era su padre el cual nunca llamaba, era inusual si lo hacía era porque ambicionaba algo – Hey viejo ¿Qué quieres?

Sr Gold hablo con estricta seriedad –Necesito hablar contigo, quiero que vengas de inmediato.

Kuroko le miro con curiosidad un poco mareado, titiritaba agarrando su cobija, necesitaba ponerse una piyama. La pasada conversación lo había hecho sentir irritado sabía que el bravucón le estaba probando pretendía sacarle de quicio o desestabilizarlo pero no lo lograría, ya que no era de los que se perdían en la ira, se hallaba acostumbrado a retener los sentimientos en su interior y mantener un gesto estoico.

Nash coloco la mano en la frente del azabache quitándole el flequillo para percibir la temperatura corporal–No puedo ir ahora Tetsuya tiene fiebre.

El señor arrogancia obviamente se extrañaba por el comportamiento de su primogénito, este nunca se preocupaba por nadie no obstante actualmente como los medios de comunicación lo expusieron Nash tenía un adolescente en su poder, un extranjero de origen japonés y al parecer se manifestaba inquieto por su salud. ¿Cómo paso eso?

Pretendía hablar con la criatura azabache seguramente era uno de esos caprichos de su hijo o simplemente quería fastidiarlo haciendo tonterías para arruinar su reputación. – ¿Quiero conocer a tu pequeño juguete?

–Lo harás a su tiempo– refunfuño. No deseaba que Kuroko tuviera relación con su familia porque estos eran insoportables en todo el sentido de la palabra.

–Entre unos meses habrá una fiesta exijo que lleves al salvaje y procura que se comporte adecuadamente – dijo el padre con una voz formal como si Tetsuya fuese un indomable animal feroz el cual no sabría comportarse en un ambiente sofisticado.

–No lo llevare– se negó hacerlo por razones lógicas, su padre era de la alta alcurnia, esos hombres burgueses o adinerados los cuales se creen los reyes del mundo y pisotean a los demás por ser de bajo nivel social.

Su progenitor le regañaría por volverse el tutor de alguien extranjero seguramente con el poder que tenía investigaría todo sobre Tetsuya y sabría que él pago mucho dinero por tener en sus manos al jugador fantasma. De ninguna manera expondría al chico a su familia mucho menos a esa situación, rodeado de esas personas petulantes que solamente se interesan por el dinero y las cosas materiales como buenos capitalistas. ¡Hipócritas! Pero bien Nash Gold Jr era uno de ellos, aprendió de estos sus mañas y de esa manera se hizo de dinero.

–Si le diste mi apellido a un forastero japonés al menos quiero conocerlo… En la prensa hay muchos rumores sobre su procedencia pienso debiste platicarme primero que aceptarías ser el tutor de una pequeña fiera salvaje– replico molesto de que Nash hiciera tal tontería, su apellido era de un linaje elevado, no se le podía regalar a cualquiera.

–Tetsuya es educado no tienes por qué preocuparte lo llevare pero no quiero que lo molestes. Ahora déjame en paz, tengo cosas que hacer– Colgó volviéndose al chico a su lado.

–No entiendo cómo puedes temblar del frio pero estas ardiendo– dijo Nash descuidadamente después de esa fastidiosa conversación, realmente no se llevaba mucho con su padre a pesar de que ambos tenían mucho en común sobre todo la avaricia, el orgullo y era buenos en el negocio.

–Estoy bien– dijo quitándole la mano de su frente aún se mostraba enojado por las calumnias que el rubio le acusaba sin siquiera conocerle.

El mago paso los dedos por la boca del enfermo con su característica brusquedad – Mira esos labios morados que tiemblan sin parar parece que tienes hipotermia, todo por no hacerme caso.

Se acercó abrazándolo forzadamente de una manera muy extraña, era obvio que el mago no tenía la menor de las ideas de cómo ser gentil o cariñoso, era tosco como uno de esos guerreros vikingos.

– ¿Qué haces?– replico el jugador fantasma algo asfixiado por el acercamiento repentino

–Calentarte– dijo sencillamente como si eso bastara para responder todas las dudas pendientes.

No le agradaba mucho esa proximidad, el mago definitivamente no sabía cuidar de un enfermo. Ese abrazo más bien parecía un estrangulamiento de tan fuerte era su agarre, lo apretaba en su contra bruscamente, apenas es que podía respirar.

Lo alejo poniendo sus manos en el pecho para separarlo, inhalando con dificultad–Espera, no puedo respirar además no me gusta como hueles.

–Me iré a bañar, su majestad– bromeo recuperando un poco el humor– De paso te traigo tu ropa y algunas medicinas que debo tener por algún lado.

Después de unos tantos minutos el bravucón entro con el pelo mojado, recién bañado hasta su piel olía a jabón, era refrescante tomar un baño a esas horas, se volvía una rutina.

Le ayudo a Kuroko a vestirse aunque resultaba incómodo para ambos, le coloco un paño de agua fría en la frente al pequeño quien se notaba enfermo, sus mejillas estaban rojas por la fiebre y sus labios temblaban sin parar.

Por varias horas se quedó cuidándolo sin saber que hacer al respecto porque no era un profesional en resguardar criaturas heridas, al momento en que la fiebre bajo decidió marcharse pero cuando estaba a punto de retirarse Kuroko jalo su camisa o mejor dicho se aferró a su ropa sin soltarla.

– ¿Quieres que me quede? –pregunto con duda intentando leer las acciones repentinas del azabache si bien era difícil porque este se mostraba inexpresivo la mayoría de las veces lo que hacía difícil predecirlo.

El jugador fantasma asistió como si ese gesto quisiera decir "No quiero estar solo" o en realidad necesitaba alguien en ese momento y Nash se quedó sin saber bien porque lo hacía, se supone él era de esos machos que no le interesaba nada quizás su corazón se iba suavizando un poco para su desgracia el mocoso tenía ese efecto en la gente.


En la mañana el sol despampanante se asomaba tras la ventana.

Nash se despertó con el sonido del timbre, se había quedado toda la noche cerca de la cama del jugador fantasma el cual se encontraba profundamente dormido aun aferrado a su ropa como un niño asustado si no fuera un bravucón diría que es adorable.

Se levantó medio entumecido para abrir la puerta dándose cuenta era Ogiwara quien insistía con el desdichado timbre – ¿Qué haces tan temprano en mi casa?

–Quería hablar con Kuroko– dijo como si fuese los más obvio del mundo.

El desgraciado con mal humor dijo –Está enfermo

Ogiwara entro sin permiso fijándose en la casa hasta descubrir que su amigo se hallaba en mal estado– ¿Qué has hecho con él?

–No he hecho nada. – expreso con aburrimiento poniendo la cafetera, tenía sueño ya que se había desvelado por culpa de ese azabache y le dolía la espada.

–Yo agradezco que me permitieras ver a Kuroko pero no soy tonto, me he dado cuenta lo has golpeado y ahora lo encuentro en malas condiciones ¡No permitiré esto! Si crees puedes hacer lo que quieras con él estas muy equivocado– grito ansioso, no era normal sentir tanta preocupación sin embargo quería proteger a su amigo de la infancia y estaba dispuesto a poner límites con ese sujeto cruel.

–No le he hecho daño desde hace mucho tiempo sabes le prometí no volver a lastimarlo… Aunque no te debo explicaciones tú no puedes hacer nada en mi contra, tengo la vida de ese niño en mis manos, si deseo que estés en su vida o no es mi decisión – Expreso con advertencia tal si fuese una serpiente venenosa.

–Más vale que no le hagas daño, Kuroko es preciado para mí nunca dejaría que nadie lo lastimara – empezó amenazarle instintivamente porque había visto a su amigo golpeado por ese violento hombre agresor ¿Cómo se atrevía a tocar a tan inocente criatura?

–No le hecho daño, ya te lo dije– Expresó intentando controlar la ira de Ogiwara quien defendía a kuroko con valentía pero su debilidad estaba en que no quería perder a su amigo y si se ponía a discutir con el bravucón muy probable el tipo era capaz de alejarlo de su mundo, su ángel de cabellos oscuros.

–Más vale que así sea– dijo aun enojado porque esa situación era muy similar a cuando discutió con el emperador en esos tiempos donde se enfrentaron y sabia estaba entrando a un terreno peligroso. Nash se comportaba igual que Akashi al tratarse del jugador fantasma, su mirada depredadora, casi hambrienta de sangre y posesiva por su amigo era la misma ¡No permitía que le hicieran daño! Aunque fuese destruido como una vez paso si alguien es poderoso no le importa acabar con todos por su avaricia.

El rubio no le agradaba ese necio solamente lo soportaba porque era el niñero, el tipo cuidaba de Kuroko como si se tratara de un faraón de Egipto además era útil para manipularlo en contra de la generación de los milagros si ese tonto influenciaba al pequeño a su favor era una cosa positiva de lo contrario si el jugador de futbol americano dejara de ser lucrativo le prohibía volver, lo echaría a patadas


Shigehiro se había quedado al cuidado del jugador fantasma por varios días mientras el rubio se iba a entrenar.

Para la sombra su amigo de la infancia era un soporte, su zona de confort por ende pasaban momentos amenos juntos, podían hablar largas horas, reírse al ver una película o simplemente se sentían cómodos con la presencia del otro pero cuando llegaba el bravucón había cierta tensión y de inmediato Ogiwara se retiraba por desgracia a veces tenía miedo que este no volviera, necesitaba al simpático hombre en su vida porque era feliz estando a su lado.

Nash lo echaba con su mirada, se notaba que no le agrada.


En una noche de luna llena el jugador fantasma se encontraba acostado cómodamente en su cama algo débil aun por la enfermedad, fastidiado de sus propias debilidades y triste porque su amigo de la infancia a lo mejor no volvería por unos días, culpa del entrenamiento como era el capitán no podía faltar.

No quería estar solo.

De repente escucho un ruido, con curiosidad siguió el sonido con la mirada si bien en la oscuridad únicamente se advertía una silueta acercándose parecía un sueño cobrando vida frente a su persona, una quimera infernal sacada de un cuento de terror.

En la opacidad el ser cobro forma, al contemplarlo se encontró con nada más y nada menos que con su luz o al menos se parecía a la causa de sus inquietudes, a menos que fuese una alucinación creada por la fiebre o la misma dolencia le hacía fantasear.

¿Estaba perdiendo la cordura?

¿Ahora tenía visiones?

Con su mano busco el rostro del desconocido percibiendo o mejor dicho cerciorándose que no fuese una cruel invención de su mente y al acariciar su tersa piel se dio cuenta era real. ¿Acaso las quimeras se sienten así? ¿Son tan concretas?

El calor se aferraba a la llena de sus dedos, con un susurro lo llamo por su nombre – ¿Kagami-kun?

El otro tipo le tapó la boca violentamente, eso hacia las cosas aún más raras ¿Qué estaba pasando? Miles de preguntas llegaban a su cabeza que era un desastre por no tener ninguna respuesta.

– No hables tan fuerte que pueden escucharnos. – Expresó el pelirrojo con miedo de ser descubierto infraganti.

– ¿Qué haces aquí?– pregunto con asombro de verle en el departamento perteneciente al enemigo.

–Estaba preocupado, no has venido a la universidad ahora veo porque, pensé que me estabas evitando– Dijo con cierta inseguridad.

Kuroko no podía creerlo, pensaba estar ofuscado por la fiebre alta porque era el apartamento de Nash que probabilidades había de que el tigre estuviese allí sin embargo al tocar su mejilla se dio cuenta que era verdad, podía percibir el corazón del otro latiendo con frenesí e incluso había rastros de hojas en su cabello pelirrojo.

–Estas aquí ¿Cómo?– titubeo, parpadeando sin saber que decir al respecto.

–Fue fácil saber dónde vives si todos los medios de comunicación lo dicen luego costo entrar, subirme en el árbol hasta el balcón y fue una suerte que dejaras la ventana abierta…. Bueno viene porque quiero hablar contigo de algo importante y no podía esperar– agregó Kagami con nerviosismo.

Kuroko le había dicho al Tatsuya que le iba dar una oportunidad de justificarse al tigre así que cumplió con su palabra–Himuro me convenció de escuchar lo que tenías que decir, puedes hablar pero rápido porque Nash se enojaría si te ve aquí.

El tigre se acostó a su lado sin permiso, mirando el techo mientras esperaba que el enojado azabache lo quitara de allí con un golpe sino sucedía era una señal para permanecer – No hay escusas te he fallado pero no pienses me olvide de ti, en ningún momento lo hice. ¡Fui un cobarde nada más! Pensé estarías mejor sin mí, es simple fui un idiota.

El jugador fantasma no lo quito posiblemente se sentía en calma teniendo una cálida compañía como si fuese agradable estar con la presencia del sujeto – ¿Por qué Kagami-kun? Tu sabias lo mucho que he sufrido por perder, perder a mis amigos y mi mundo en Japón… Vienes aquí como si no me hubieses herido, sabias muy bien que Aomine me dejo de igual forma sin importarle nada y eso me rompió. ¿Por qué haces lo mismo?

¿Eres igual a la Generación de los milagros?

Pensé serias diferente y me hieres de la misma forma cruel, despiadada, llevándose un trozo de mi alma herida.

–Dame una oportunidad como se la diste a él, a todos ellos… No crees yo merezco eso, te demostrare con hechos que nunca quise lastimarte todo lo contrario– susurro intentando convencerle de aceptarle

Se acercó sin embargo el fantasma puso la mano en su pecho sintiendo el ritmo estremecedor de sus latidos y detuvo la proximidad– ¡Vete!

Kagami al advertir semejante reacción agarro la muñeca del otro por primera vez hacia contacto físico después de tanto tiempo y era para evitar este lo echara; dándose cuenta que su sombra yacía muy delgado, débil al no poder zafarse. Esencialmente su sombra era un desastre por la fiebre, las pupilas se dilataban de forma singular, su pulso media los latidos de su corazón acelerando e incluso su voz sonaba ronca tanto como perdía el impulso y la voluntad de mantenerse enojado.

¿Qué paso con su amigo?

Parecía más muerto que vivo, no podía caminar y había sentenciado su futuro en ese contrato infernal con el enemigo si bien había un bache él no era parte de la generación de los milagros por eso podía libremente mantenerse cerca con cuidado porque Nash lo podía reconocer, eso sería peligroso de seguro lo alejaría al fantasma.

No lo perdería, esta vez sería diferente

– ¡No es justo! Vienes cuando estoy vulnerable, cuando sabes que no soy capaz de rechazarte– expreso casi con desesperación porque sentía lo necesitaba después de todo una sombra no es nada sin una luz.

El tigre continuo sosteniendo la muñeca, apretándola con más fuerza de la que debería, mirando simplemente al inocente con esa expresión de dolor.

Le punzaba verle así, quería consolarlo, quería sanar sus heridas pero ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo lograr Kuroko confiara de nuevo?

Impulsivamente el tigre tiro del cuerpo frágil para abrazarlo de forma calurosa, manteniendo un agarre firme inclusive si se negaba a ese afecto forcejeando el jugador fantasma no tenía fuerzas como para zafarse así que simplemente se rindió a que esos brazos le dieran calor.

El azabache se mostraba tenso al menos este abrazo era más suave que el del rubio quien era mucho más rudo– ¿Por qué haces esto? Me atormentas en la universidad, me confundes hasta castigas ¡Deja de destruirme! Déjame caer…No ves que es tarde ya para retornar nuestra amistad, te fuiste perdiste el derecho al hacerme sentir miserable como si no fuera importante para ti.

"¿No ves que eres transcendental para mí?" "Tanto que me hacen sufrir tus acciones."

El tigre no lo soltó más bien paso los dedos por sus cabellos negros para calmarlo – Siento no haberte llamado, siento haberte ignorado…Siento haberte hecho sentir de ese modo, fui un egoísta únicamente pensé en mis propios sentimientos y no en los tuyos.

–Eres cruel Kagami-kun. – expreso rindiéndose, necesitaba de su luz bien lo sabía pero no quería ser un idiota de nuevo siempre convirtiéndose en una persona desechable, una persona la cual es usada por otras y dejada a un lado.

– ¿Me aceptas? Quiero una oportunidad, déjame demostrarte que soy mejor que ese rubio bastardo puedo ganar tu confianza si me permites hacerlo– susurro a su oído.

–Aun no te he perdonado, no va ser fácil– expreso cerrando los ojos.

No quería escuchar nada, ni pensar simplemente mantenerse cerca de su luz un poco más antes de dormir quizás así no tendía pesadillas, quizás de esa forma al fin su existencia cobraba algún sentido.

Kagami sonrió, sabiendo que si este había permitido su cercanía quería decir algo o talvez deliraba por la fiebre. De igual forma lucharía si el jugador tenía el corazón destrozado él se encargaría de unir los pedazos y obligarlo a caminar aunque este no quisiera insistiría. –Lo sé pero sabes que soy terco, no me doy por vencido y nunca me rendiré contigo.


Saludos les agradezco por seguir esta historia y disculpen las faltas de ortografía.

Drosob: Gracias, estaba escuchando la canción para inspirarme más xD

Inochan–Uchiha: Mientras Nash no se dé cuenta.

Seiryu: Efectivamente su análisis es muy acertado y no es fácil perdonar, acuario Kuroko actúa así.

Jaki: Los personajes tienen cosas malas y buenas cometen errores puede sentir odio/amor pero creo después de una acción hay una reacción.