No me pidas que te abandone porque no lo haré.
Mejor pídeme que salve el mundo porque lo conseguiré.
Eres mi todo y yo todo lo doy por mi mujer.
Solo miro al cielo porque en la luna te puedo ver…
21. Es culpa de Marley
Si alguien le hubiera dicho tiempo atrás a Rachel que presenciaría una tarde de películas en la casa de Quinn Fabray, su antigua "enemiga" y actual ladrona de sus besos, seguramente no se creería nada de lo que llegaran a decirle; pero ahora allí estaba, viendo como Quinn movía los labios repitiendo los diálogos de la película que estaba puesta en ese momento.
-Es peor que yo viendo comedias- pensó la morena sin poder quitar su mirada del sofá donde estaba la rubia sentada con Seth, que estaba igual o peor que la chica.
Aun así no podía negar que ese lado freak de Quinn le encantaba. De hecho, se le estaba complicando demasiado no arrojarse sobre los labios de la rubia y besarla hasta el cansancio. La presencia de las personas a su alrededor se lo impedía, de contrario otra sería la historia.
Lo que si no pudo controlar fue la sonrisa tonta que se apoderó de sus labios desde el momento en que entró al departamento de Quinn y ésta se perdió de la nada para volver de igual manera con una túnica negra, una varita en la mano y una bufanda verde y plateada gritando "¡Duelo! ¡Duelo!". Rachel se preguntó en qué momento el hijo de Samantha se colocó los mismos elementos que Quinn a excepción de la bufanda, que era de color escarlata y dorada, unos lentes redondos y una cicatriz ficticia en su frente.
-Quinn es Draco Malfoy y Seth es Harry Potter- le susurró Samantha a Rachel captando la atención de la morena. –Te lo digo por si lo preguntas… y esto no es nada. A veces son peores. Aún recuerdo cuando disfrazaron a mi perro de Buckbeak, o cuando me hicieron disfrazar a mí de Bellatrix Lestrange. Ellos realmente son…
-Asombrosos- interrumpió Rachel mirando tanto a Quinn como a Seth que en ese momento agitaban ambas varitas como si lanzaran hechizos.
Estaba por sentarse en el sofá para observar mejor como ambos chicos "luchaban" entre sí pero Isabelle tomándola del brazo se lo impidió. Trató de entender de qué iba todo el secretismo de Roxont pero solo le bastó una mirada hacia atrás para entender que era lo que sucedía, y también para ganarse una mirada por parte de Samantha.
-Me tiembla todo- confesó Isabelle tomando una manzana a la cual le dio un mordisco grande cuando ella y Rachel entraron a la cocina. -¿Cómo hacen tú y Quinn para disimular? Yo estoy cerca de Sa… de ella y lo único que hago es sentirme tonta. Para colmo no deja de pelearme.
-Ese es el secreto- comentó Rachel sentándose a la mesa frente a Isabelle a quien miró con una sonrisa. –Hablo por mí cuando digo que le peleaba a Quinn porque de esa forma llamaba su atención. No lo supe antes, obviamente. Siempre pensé que discutía con ella para defender mis "ideales". Hoy sé que solo lo hacía porque me gustaba sentir que tenía su mirada sobre mí, así sea para mirarme despectivamente.
-Da igual, necesito comida- se quejó Isabelle tomando otra manzana la cual se quedó mirando unos segundos más de lo pautado. -¿Me preparas una tarta de manzana, Rach?
Rachel asintió con una sonrisa preguntándose en qué momento Isabelle decidió convertirla en su confidente, o al menos en alguien con quien compartir secretos o estados histéricos producidos por esa persona que le gustaba. Aun así no podía evitar ponerse nerviosa al sentir los ojos marrones de Roxont sobre ella sabiendo que la chica había dejado en claro que era consciente de la relación que mantenía con Quinn. Solo era cuestión de tiempo antes de que Isabelle atara cabos y descubriera que la dueña del mordisco en su cuello era su propia prima. Con disimulo se cubrió con un gran mechón de pelo y trató de no mirar el rostro de la prima de Quinn cuando ésta sonrió con algo de picardía.
-Manejar más información que Santana siempre me gustó- comentó Isabelle jugueteando con una manzana mientras que Rachel frente a ella preparaba la tarta. –Ella no sabe quién es tu Edward Cullen personal y yo ya tengo una fuerte sospecha de quien podría ser. De hecho, me arriesgo a decir que se encuentra en la sala de este departamento jugando con Seth a ser Harry Potter.
-Y espera que falta más- intervino Samantha entrando a la cocina haciendo que la manzana con la que jugaba Isabelle se le escurriera de las manos yendo a parar al suelo. –Por lo que escuche, planean ver Game Of Thrones o maratón de El Señor de Anillos o El Hobbit… O de ambos- Samantha se agachó y tomó la manzana del suelo devolviéndosela a Isabelle. -El día tiene veinticuatro horas y ellos planean quedarse despiertos veinticinco, no sé en qué momento planean dormir.
-Mientras tenga con quien compartir su frikismo, Quinn es feliz- bromeó Isabelle haciendo reír tanto a Samantha como a Rachel que decidió mantenerse al margen de la conversación que parecía presentarse entre ambas chicas. –Mmm… Rachel nos… Nos está cocinando una tarta de manzana. ¿Te… Te gustaría probarla? Es una de las más ricas que he probado en mi vida después de la que prepara mi tía Josefina.
-No escuchaba ese tono en una frase similar desde que Quinn dijo "No hay pasta mejor que la de mi madre"- recordó Samantha haciendo ruborizar a Isabelle y captando la atención de Rachel. –Dado que hablamos de la misma mujer me gustaría probar la comida de Josefina algún día, ¿Me llevarías a comer a su casa?
-¿Yo por qué?- preguntó Isabelle con nerviosismo mirando con los ojos abiertos a Samantha que se encogió de hombros con una sonrisa adornando sus labios.
Rachel al escuchar esa pregunta se abstuvo de darse una palmada en la frente o de negar con la cabeza. No conocía ese lado torpe de Isabelle y tampoco iba a burlarse de eso pero aun así no iba a negar que sintió ganas de agarrar a la prima de Quinn y darle una buena bofetada para que reaccionara o diera otra respuesta que no fuera ese "¿Yo por qué?". Aunque al parecer eso no significó nada para Samantha teniendo en cuenta la sonrisa de lado que adornaba sus labios.
-Mmm… ¿Porque eres su sobrina talvez? No puedo pedirle a Rachel que me lleve a comer a la casa de tu tía porque no mantiene ningún parentesco con ella, al menos no biológico- razonó Fox guiñándole un ojo a la morena frente a ella. -¿Tú qué opinas, Rachel? ¿No que no puedo ir a la casa de Josefina invitada por ti porque…?
-Porque apenas puedo enfrentarme a la madre de Quinn sin morir de vergüenza en el intento, ¿Y tú quieres que lleve a Samantha conmigo una tarde a comer a la casa de tu tía, Isabelle?- cuestionó Rachel con una ceja en alto ocultando una sonrisa traviesa. –Creo que… ¿Puedo llamarte "Sammy"?- preguntó la morena mirando a Fox que asintió con una sonrisa. –Bien. Como decía, creo que Sammy tiene razón. No puedo llevarla yo a casa de Josefina para que pruebe la comida de tu tía, por ende creo que quien debería llevarla eres tú.
¿Qué hacía ella haciendo de intermediaria entre dos chicas que claramente estaban, de cierto modo, coqueteando? O al menos Samantha lo hacía. Obviamente sabía que ninguna de las dos se animaba a hacerlo abiertamente, Fox usaba la excusa de ir a casa de Josefina a probar su comida aunque era claro que el fin de todo era pasar un tiempo con Isabelle. La misma que se hacía la tonta para no admitir que la idea de llevar a la chica con ella a casa de su tía le gustaba. Rachel por otro lado quería salir de allí y dejarlas a ambas para ver cómo se comportaban sin presencia de terceros.
-Aunque si no quieres invitarme tú, siempre puedo pedirle a Jason que me invite él- canturreó Samantha fingiendo indiferencia. –Escuche por ahí que es muy caballero, sobre todo en la cama. Lástima que no es mi tipo. Lo sería si se quitara eso que le sobra entre las piernas para mi gusto.
-Y también si se pusiera tetas- intervino Quinn entrando a la cocina robándose una sonrisa por parte de Rachel y haciéndole olvidar a Samantha e Isabelle.
Fabray se acercó a las dos chicas y se apoyó en el hombro derecho de Roxont y en el izquierdo de Fox mientras le guiñaba un ojo a la morena que sonrió apenas para no ser descubierta. Roxont por otro lado rodó los ojos al girarse para mirar a su prima descubriendo el gesto que ésta le regaló a su chica.
-¿De que hablaban?- Preguntó Quinn tratando de no perderse demasiado en la sonrisa oculta de Rachel.
-De que Samantha quiere probar la comida de tu madre pero Isabelle no quiere llevarla a su casa- respondió la morena adelantándose a las chicas recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de Samantha y una mirada fulminante por parte de Isabelle. –Mi humilde opinión es que Isa debería invitarla a casa de Josefina…
-La próxima vez que tú vayas a comer con mi tía quiero estar presente- afirmó Roxont con una sonrisa traviesa. –Me gustaría ser testigo directo de la cara que pondrás cuando sepa que tus dedos profanan la cueva de… ¡Mentira!- gritó cuando Quinn comenzó a correrla para diversión de Samantha que se reía a carcajada. Rachel, en cambio, se quedó petrificada.
Lo último que quería era que más personas supieran que ella estaba con Quinn, no porque se avergonzara de tal cosa sino porque aun quería mantener la intimidad solo para ellas dos. Sabía que así como Isabelle ya estaba al tanto de la relación, Samantha sería la próxima en saberlo. Luego lo sabría Santana que se lo diría a Kurt y así seguiría la cadena. No sabía si estaba preparada para algo como eso.
-Es tan adorable- murmuró Samantha sacando a la morena de sus pensamientos.
-¿Quinn o Isabelle?- preguntó Rachel ocultando una sonrisa cuando las mejillas de Samantha se ruborizaron y la timidez se hacía presente en ella a través de una mirada al suelo. –Mmm… pregunto porque soy muy curiosa y…
-Puedes preguntar todo lo que quieras. No tengo nada que ocultar- interrumpió Fox con una sonrisa de lado. –Creo que debo empezar a disimular más porque si no comenzare a parecerme a Marley. Esa idiota necesita una buena patada en sus partes para que se le vaya la calentura- escupió la amiga de Quinn con molestia. –No se cansa de ser rechazada y eso que Quinn más obvia no puede ser. Porque solo basta mirar a mi rubia para saber que está hasta los huesos por…- Se detuvo pensando que estaba contando una confidencia mientras que Rachel guardó silencio sin saber si Samantha hablaba de ella o no. La intromisión de Seth a la cocina cortó un poco la tensión que se había generado. -¿Pasa algo, hijo?
-No quiero ser partícipe de la matanza que están protagonizando la tía Quinn y su prima Isabella- respondió el chico con una sonrisa de lado sentándose al lado de su madre que lo abrazó por los hombros recostándolo en su pecho.
-Isabelle- corrigió Samantha mientras que su hijo acentuaba más su sonrisa de lado con un dejo de picardía. –Se llama Isabelle, no Isabella.
-Ya lo sé…- murmuró Seth con diversión mirando a su madre que frunció el entrecejo con confusión. –Pero me gusta cuando saltas en defensa de tu novia- Rachel dejó escapar una carcajada viendo como el rostro de Samantha se volvía completamente rojo para diversión de Seth que le regaló un nuevo beso a su madre en la mejilla. –Es broma, mami. Solo me gusta molestarte y ya encontré con qué hacerlo.
-Te odio- murmuró Samantha con diversión ganándose un nuevo beso por parte de su hijo que escuchó el grito de Quinn en la sala y acudió en defensa de la rubia al grito de "Perderás la cabeza, maldita Stark". –Aun no viste Game of Thrones con ellos, ¿No?- preguntó Fox mientras Rachel frente a ella negaba con la cabeza. –Ok, te explico así puedes defenderte la próxima vez y no se burlan de ti como lo hicieron conmigo. Quinn es una Targaryen y Seth es un Lannister… Lo que no sabía era que Isabelle era una Stark.
-¿Hace mucho la conoces?- preguntó Rachel poniendo la tarta en el horno para prestarle completa atención a Samantha que bajó la mirada. – ¿Desde que conoces a Quinn o mucho antes de eso?
-Meses después de conocer a Quinn- respondió Fox jugando con sus manos. –Una noche la llevó con ella al Cuban Love. Jamás había visto a alguien tan hermoso y desquiciante en mi vida. Esos ojos marrones y su expresión pacifica lograron engañarme completamente porque debajo de esa apariencia de chica frágil se escondía una mujer con miles de muros a su alrededor y ganas de pelearme- Samantha sonrió de una manera que Rachel no logró descifrar, quizás porque quería preguntar algo y no se animaba. –Ya sé cuál es tu siguiente pregunta… y no, no sé el momento exacto en que empezó a gustarme o me di cuenta que me gustaba. Podría decir que fue desde el primer momento que la vi o desde el ultimo cumpleaños de Quinn, cuando la vi llegar con su vestido negro y su melena marrón recogida, esa sonrisa iluminando su rostro…
-Si sigues describiéndola así hasta yo podría enamorarme de ella- murmuró Rachel con algo de humor haciendo reír a Samantha. – Perdona pero está bastante claro que te gusta, de ser así me pregunto por qué no intentas algo con ella, ¿Es porque tienes miedo… o es por Seth?
-Es un poco de todo, supongo- susurró Samantha completamente expuesta y vulnerable. –Nos llevamos nueve años de diferencia y no quiero robarle su juventud…
-También eres joven y creo que ya le estas robando más que la juventud- aseguró Quinn entrando a la cocina con el entrecejo fruncido y el pelo despeinado. -¿Cuántas veces tengo que decirte que la edad no es un impedimento para estar no solo con mi prima, sino con quien desees estar? Odio cuando te valoras tan poco valiendo tanto en realidad- Samantha levantó una ceja y Quinn la imitó mientras se acercaba a la chica apuntándola con un dedo. –A ver si entiendes de una maldita vez, en cuestiones de sentimientos no manda la mente, manda el corazón… Y si el corazón de Isabelle te eligió, tú no puedes hacer nada para evitarlo. ¿O acaso te comportaras como una idiota para alejarla porque no quieres "robarle la juventud" después de que le robaste algo más importante que eso?
-Que tú me des catedra de amor es tan irónico como que Harry Potter acompañe a Lord Voldemort a una operación de nariz- atacó Samantha haciendo reír sarcásticamente a Quinn antes de que la rubia se cruzara de brazos mirándola directamente. –Iré a ver dónde y con quien dejaste a mi hijo.
-Está con tu futura novia estableciendo lazos- se burló Quinn viendo como Samantha salía de la cocina enseñándole el dedo medio. –Odio cuando se pone tan obstinada, tan cerrada, tan…
-Shhh- interrumpió Rachel tras un vistazo a la puerta viendo que no entraba nadie. Se acercó a los labios de Quinn y le robó un beso. –Déjala ir, seguramente volverá dentro de un rato. No vuelvas a alterarte, ¿Puede ser? Habías recuperado tu humor después del almuerzo en el Cuban Love…
Sí, Samantha volvería… O quizás iría ella hacia donde estaba la chica. En situaciones como esas nunca estaba segura de qué era lo que debía esperar por parte de su amiga. Quizás se había excedido pero tampoco iba a disculparse por decir una realidad. Era obvio que Samantha quería estar con Isabelle, y viceversa, por esa razón no lograba entender porque su mejor amiga se volvía tan cerrada y cabeza dura con respecto al tema. Aunque de cierto modo sabía que Fox tenía razón, ella no podía darle catedra acerca del amor cuando se pasó tantos años huyendo y ocultando lo que sentía por Rachel.
Recordar a la morena la hizo regresar a la realidad. Sacudió la cabeza y se concentró en prestarle atención a la chica que en ese momento le estaba preguntando el por qué se dé su mal humor antes del almuerzo en el Cuban Love.
-Parker volvió a jugármela- escupió Quinn con molestia llamando la atención de Rachel. –Parker es un ex novio mío que en realidad no me quería sino que estaba conmigo para robarme una receta…
-¿Cómo Plankton con la Cangreburger?- preguntó la morena sorprendiendo a Quinn que le robó un beso corto pero sentido.
-Me gusta muchísimo cuando hablas mi idioma- afirmó la rubia robándole un nuevo beso a Rachel. –Mmm… si, podría decirse que era como Plankton, salvo que él sí tuvo éxito porque patentó el producto a su nombre y nada pudimos hacer al respecto. Ahora, después de tantos años, lo volvió a hacer.
-¿Cómo?- cuestionó Rachel con el entrecejo fruncido y un dejo de molestia en la voz. -¿Dónde encuentro a ese infeliz? Lo matare por dos razones. La primera, porque estuvo contigo antes que yo y la segunda, porque no supo cuidarte… Cosa que de cierta forma debería agradecer porque ahora estás conmigo, de otra forma seguirías con él. ¡Oh, por dios!...
-Tú no mataras a nadie- detuvo Quinn abrazando a la morena fuertemente antes de robarle un beso sonriendo al descubrir los ojos cerrados de ésta. –Te quedaras aquí conmigo y dejaremos que Isabelle se encargue de Parker. Quiere infiltrar a alguien de nuestro entorno que John no conozca, alguien que se gane su confianza…- Explicó al ver la ceja en alto de la morena cuestionándola.
-Yo puedo hacerlo- afirmó Rachel con convicción recibiendo la negación por parte de Quinn. – ¿Por qué no? Quiero hacerlo, sobre todo si eso significa hacer caer a ese tal Parker que le roba las recetas a mi chica… ¿Qué? Eres mi chica, supéralo- agregó la morena restándole importancia aunque por dentro se moría de nervios por lo que Quinn llegara a decir respecto a eso. –Entonces, me dejaras ayudar, ¿Sí o no?
-No- negó Quinn con la cabeza y las manos haciendo sonreír a Rachel. –Los planes de Isabelle siempre requieren e implican seducir a la "victima" y no dejare que seduzcas al depravado de Parker.
-¿Son celos lo que detecto, señorita Fabray?- canturreó Berry con una sonrisa traviesa acercándose a los labios de la rubia que negó con orgullo. -¿Ah, no? Ok, si dices que no son celos entonces no tendrás ningún inconveniente en dejarme participar del…
-Tú no harás nada- interrumpió Quinn con seriedad cerrando los ojos al sentir los labios de Rachel en su cuello. –Hab… Hablo en serio. No participaras de… del plan de… Ok, basta- fue lo último que dijo antes de tomar a Rachel por la cintura y subirla a la mesa colocándose entre las piernas de la morena mientras la besaba de una manera que no lo había hecho antes.
Rachel por otro lado sonrió orgullosa de sí misma mientras correspondía los besos que Quinn le estaba entregando con tanto anhelo y deseo. Cuando comenzó a dejar un camino de besos por todo el cuello de la rubia lo hizo con intención de hacer que la chica asumiera que estaba celosa, no con intenciones de despertar algo en Quinn. Aunque tampoco se quejaba si podía disfrutar de los labios de la rubia en los suyos completamente hambrientos.
-Contrólate- se repetía una y otra vez Quinn sin éxito alguno porque sus manos recorrían las piernas de Rachel sin control alguno. Sobre todo cuando la morena le mordía el labio provocándola mucho más.
Obviamente había sentido el deseo sexual con anterioridad pero no se comparaba al que estaba sintiendo en ese momento con Rachel pegada a su cuerpo, al sentir las manos de la morena en su espalda y los besos de ésta en su cuello antes de volver a sus labios los cuales mordió a su antojo haciéndola perder más el control.
Se detuvo solo cuando un fuerte olor a quemado comenzó a inundar el lugar obligándola a que se detuviera al mismo tiempo que escuchaba con claridad, y esperaba no equivocarse, un gemido escapar de los labios de Rachel.
-¡Se quema la tarta!- gritó la morena empujando a Quinn lejos de ella al tiempo que se bajaba rápidamente de la mesa. -¡Maldita sea, Quinn! ¡Se quemó!- abrió el horno y agitó las manos quitando el humo que salía, pero se olvidó colocarse la manopla y se quemó. -¡Mierda! ¡Está caliente!
-No es lo único- susurró Quinn para sí misma antes de acercarse a la morena y hacerse cargo ella de la situación. –Ve por el botiquín así te curo esa quemadura… Rachel, no puedes salvar a la estúpida tarta. ¡Te acabas de quemar!
-Pero aún se puede salvar- afirmó la morena ganándose una mirada por parte de Quinn que agitaba las manos alejando el humo mientras colocaba lo que quedaba de la tarta de manzana. -¿Está muy mal?
-No tanto como tu mano. Ve a hacer lo que te dije, Rach- ordenó Quinn mirando seriamente a la morena que resopló antes de salir de la cocina dándole paso a Isabelle que sonreía con travesura. –Ya conozco esa sonrisa, así que ahórrate lo que sea que vas a decir.
-No iba a decir nada- afirmó Roxont recibiendo una mirada irónica por parte de su prima. –Ok, por un momento pensé que incendiaron sus vaginas… Pero no hay olor a pelo quemado, así que…
-No tengo pelos, ¿Quieres ver?- se molestó Quinn haciendo reír a su prima. –Eres una idiota, Clarisse. Madura, ¿Quieres?
-No soy fruta- replicó Isabelle con una ceja en alto y una sonrisa burlona en los labios. –Y no quería saber tanto de tu… intimidad. ¿Piensas que me gusta saber si tienes pelos o no? ¡Eso es asqueroso, Quinn! Por cierto, ¿Qué estaban haciendo con Rachel que se les quemó la…? Dime que esa cosa negra que larga humo no es mi tarta- pido Isabelle señalando hacia la bandeja donde estaba la tarta quemada. Quinn rodó los ojos mientras asentía y veía como Roxont se llevaba las manos a la cabeza. -¡No! ¡La tarta, no!
-¿Qué les pasa a todos con la estúpida tarta?- pensó la rubia volviendo a rodar los ojos antes de arrebatarle la bandeja a Isabelle tirando la tarta a la basura antes de que alguien más montara un espectáculo entorno al alimento.
No entendía por qué tanto escándalo por un pedazo de masa y recortes de manzana, pero teniendo en cuenta el amor oculto de Isabelle por dicha fruta de cierto modo lo entendía. Sus ojos entrecerrados mirando hacia su prima que seguía lamentándose por la tarta cambiaron en cuanto Rachel regreso a la cocina con el botiquín en la mano y una expresión de dolor en el rostro.
Lo que si le sorprendió fue que detrás de la morena estaba Cooper con una sonrisa de oreja a oreja. De solo ver al chico sintió como una sonrisa se apoderaba de su rostro y corrió hacia el obligándolo a abrazarla con fuerzas. No veía al chico desde el cumpleaños de Rose y no sabía que lo necesitaba hasta que se apareció en su cocina detrás de la morena.
Lo abrazó con toda las fuerzas que pudo y escuchó como la risa de Cooper golpeaba directamente en su cuello haciéndola reír también. Rachel por otro lado entrecerró los ojos y frunció el entrecejo viendo como Quinn se comportaba estando con McCain. Sabía que lo que había entre ambos chicos fue algo ficticio pero aun así no podía evitar ponerse celosa al ver como Cooper se tomaba confianzas con Quinn.
-¿Vas a curarme o no?- pregunto con evidente celos que llamaron la atención de la rubia, hicieron sonreír con picardía a Isabelle y sorprendieron a Cooper. –Digo, como prácticamente me obligaste a ir por el botiquín entonces pensé que estabas…
Quinn la interrumpió con una mano en alto y una sonrisa cargada de picardía, le regaló un beso en la mejilla a Cooper y se acercó hacia donde estaba Rachel con el botiquín en la mano y evidentes celos reflejando su rostro. Jamás había entendido a Isabelle cuando decía que no había cosa más dulce, tierna y divertida que los celos de esa persona que te gusta, ahora por fin vivía esa experiencia al ver la actitud de Rachel. Tomo el botiquín que la morena dejó con furia en la mesa y sentó frente a la chica que en ese momento no sonreía para nada y la fulminaba con la mirada.
-Dame tu mano- pidió ocultando una sonrisa tratando de que nadie descubriera lo mucho que estaba disfrutando de ese momento. -¿Qué te trajo por aquí, Cooper? Cuéntame- y mientras el chico comenzaba a explicar los motivos que lo llevaron a visitarla, Quinn bajó la voz convirtiéndola en un susurro para dirigirse hacia Rachel. -¿Celosa, Frodo? No deberías estarlo…
-Tranquila que no lo estoy- negó la morena con orgullo.
Después de eso guardó silencio aumentando la diversión en Quinn que fue curando la quemadura en la mano de la morena con una sonrisa arrogante que Rachel deseó borrar con ansias. Sabía que no debía sentir celos, y menos de Cooper conociendo la historia que conocía, pero no podía evitar sentirse así cuando alguien revoloteaba cerca de Quinn. Solo le bastó escuchar la palabra "Quidditch" en toda la palabrería que el chico estaba soltando para que sus sentidos se pusieran en alerta.
-Marley era una de las Bateadoras junto con Brittany, ¿Cierto?- preguntó Rachel llamando la atención de todos, incluso la de Samantha y Seth que se sumaron al resto de los chicos en la cocina. Quinn, Isabelle y Cooper asintieron con algo de desconcierto. –Ella no estuvo con nosotros en los pocos entrenamientos que tuvimos. Mi humilde opinión es que no debería estar en el equipo.
No, no eran celos. Solo estaba pensando en lo mejor para el equipo y por lo que sabía ese torneo era importante para Quinn, era el regreso de la rubia al campo de juego después de la sanción que le otorgaron por golpear a un jugador del equipo contrario y no iba a dejar que una bibliotecaria sosa e insulsa arruinara eso. Quinn merecía volver con toda la gloria que le fuera posible reunir y ella contribuiría a eso.
-Eso no es del todo cierto, Berry- se burló su mente y ella la mandó a callar haciendo sonar una canción. Aun así la voz en su cabeza siguió hablando. –Admite que son celos… Sí, son celos.
Si, lo eran. No quería a Marley cerca de Quinn y no porque no confiara en la rubia sino porque no confiaba en la bibliotecaria. Había visto como miraba a Quinn, como se movía a su alrededor, la manera en que le hablaba. Era por eso mismo que quería a la chica lejos de Quinn, además era cierto que no había asistido a ninguno de los dos o tres entrenamientos que tuvieron.
-¿A quién pondrías en su lugar?- preguntó Quinn con una mirada acusadora que la morena correspondió con los ojos entrecerrados. –Ya que quieres deshacerte de Marley, al menos deberías tener alguien similar a ella.
-Lo siento pero no creo poder encontrar una zorra o una perra que juegue Quidditch y que sea similar a tu Marley- atacó Rachel con los dientes apretados fulminando con la mirada a Quinn que supo que había metido la pata o dicho algo de más. -Yo solo quiero ayudar al equipo al cual pertenezco desde el día que me elegiste como Buscadora y creo que una persona que jamás asistió a los entrenamientos que tuvimos no sabrá como jugamos, no conoce nuestra forma de movernos, nuestras técnicas...
-Rachel tiene razón- intervino Cooper sonriéndole a la morena que no correspondió el gesto porque estaba concentrada en matar a Quinn con la mirada. –Además, debí haberlo dicho ese día pero, no vi a Marley como un jugador en quien confiar y apoyarme. Lo siento, Quinn, pero estoy a favor de Rachel.
-Ey, Seth- llamó Isabelle sorprendiendo al chico que la miró. La sorpresa aumentó cuando le lanzó cinco naranjas al hijo de Samantha que atrapó cuatro. –Lánzame las naranjas de regreso con todas las fuerzas que puedas reunir.
No solo Rachel o Quinn miraron asombradas como el chico le devolvía las naranjas a Isabelle con todas sus fuerzas, sino que también a Cooper y Samantha que sonreía orgullosa mirando a su hijo antes de acercarse al mismo y abrazarlo cuando terminó de lanzar todas las naranjas.
-Eh, Quinn… Quiero al chico en el equipo- soltó Isabelle con una mano en las costillas, donde impactó la última naranja, y una expresión de dolor en el rostro que ocultó como pudo. –Tiene fuerza y me gusta su puntería, es muy acertada. Si Marley no estará en el equipo, lo quiero a él… y dado que el partido es este fin de semana, yo quiero entrenar ahora mismo porque no voy a presentarme y hacer el ridículo, ¿Ok? Soy una Roxont, y ese apellido es sinónimo de grandeza. Tú querías ir a lo de Josefina a comer, ¿Cierto, Fox?- Samantha se sorprendió pero aun así asintio. –Bien, porque iremos ahora mismo a su casa a cenar con ella y después nos pasaremos la noche entrenando… Guste a quien le guste.
-Llamare a Camille- indico Cooper saliendo de la cocina.
-¡A Marley no llames!- gritó Rachel antes de que el chico se perdiera completamente tras la puerta del lugar. Sintió la mirada de Quinn y estaba en lo correcto cuando descubrió la ceja en alto de la rubia. -¿Qué? Si quieres a tu chica, ve a buscarla tú pero no te garantizo que no vaya a romperle la escoba en la cabeza por zorra.
-Siento que estoy perdiéndome algo- intervino Samantha antes de sentir la mano de Isabelle en su espalda.
-Vámonos. Dejemos que Quinn arregle lo que quemó- fue lo último que dijo Isabelle sacando a Fox y su hijo de la cocina dejando solas a Quinn y Rachel. –Te veo en casa de tía Josefina, rubia. Limpia el lugar después.
-¡No vamos a matarnos!- gritó Quinn con molestia.
-Habla por ti- replicó Rachel cruzándose de brazos. La rubia se giró para mirarla mientras le preguntaba cuál era su problema. -¿Cuál es mi problema? ¿Lo dices en serio, Lucy? Solo te falto decir que te ibas del equipo porque no iba a estar tu Marley.
-Primero, no es mi Marley- aseguró Fabray que a pesar de la molestia se fue acercando a Rachel que rodó los ojos. –Segundo, no es mi chica. Tú sí lo eres- susurr+o llamando la atención de Rachel que la miró con una ceja en alto pero no se movió ni un poco cuando la rubia avanzó un poco más tomándola de la cintura. –Y tercero… Los celos te hacen más adorable y me hacen querer comerte la boca.
-Ve a comerle la boca a…- pero Rachel no pudo terminar porque Quinn la calló de un beso donde le expreso que la única a quien quería besar era a ella. Dejo escapar un grito de dolor cuando los dientes de Rachel se cerraron en su labio inferior obligándolas a separarse. –No te creas que será tan fácil y que vas a solucionarlo esta noche. Toma tus cosas y vamos al entrenamiento porque el apellido Berry también es sinónimo de grandeza. Así que mueve tu culo…
-¿Este?- preguntó la rubia tomando las manos de la morena llevándolas hacia su trasero el cual apretó. Sonrió con picardía cuando descubrió la sorpresa en el rostro de Rachel, después se acercó al cuello de ésta y comenzó a dejar besos cortos y suaves mientras hablaba erizándole la piel a Rachel. –Creo que podríamos llegar un poco tarde a casa de mi madre y continuar donde estábamos cuando la tarta se quemó…
-Eso no pasara hoy- se negó Rachel cuando reunió las fuerzas suficientes para alejarse de la rubia solo para molestarla y no terminar cediendo tan fácil. –Voy por mis cosas y nos vamos. Tú deberías hacer lo mismo.
-Estúpida Marley- se quejó Quinn en un susurro y el entrecejo fruncido cuando se quedó sola y con ganas en la cocina, aunque ciertamente en realidad estaba molesta con ella misma por haber defendido de cierto modo la posición de la chica en el equipo pero obviamente no admitiría eso. –Ella tiene la culpa de todo.
Gracias por tanto y perdón por tan poco :)
Hasta la próxima...
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