"La Vida luego de una Vida"

Por Galdor Ciryatan

Capítulo 21.- Algo que no pedí

La vida suele dar a manos llenas, sean bendiciones o sean problemas.

Generalmente no pedimos todo aquello que se nos da y no se nos da todo aquello que pedimos. Pero a fin de cuentas: Recibimos

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El barman del Séptimo Cielo no pidió novio con fiesta de cumpleaños integrada. Hubiese pedido una cosa o la otra, de preferencia no ambas. Sin embargo, ahora las tenía, y una de ellas le miraba con gesto acusador desde la puerta del bar.

— ¿Pensabas salir sin despedirte?— le recriminó.

Cloud no ocultó su rostro de culpabilidad tras los goggles o sus mechones de cabello, pero sí se excusó diciendo:

— Creí que aún dormías.

La Marioneta atravesó el umbral y salió a la acera, donde Strife ya se preparaba para salir a trabajar e incluso estaba sobre su motocicleta.

— Novio… — La palabra sonó aterradora en labios de Kadaj, quien se aproximaba al otro, pero también tuvo dejes de ser la cosa más irresistible de escuchar.

— Sí— convino el barman en voz baja y apenada haciendo crecer una sonrisa en el más joven.

De haber sabido… De haber sabido ahora sólo serían novios y Cloud no tendría también que preparar una fiesta y un regalo, o viceversa.

Kadaj se plantó junto a él y esperó por un beso, uno que suponía no podían negarse dos novios. Cloud no lo hizo; se sobrepuso a ese pavor de besarlo en la calle y unió sus labios.

Luego se despidieron; uno regresó a la casa y el otro se marchó a trabajar.

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A la Marioneta de Jenova se le podía ver muy contenta aquel miércoles. Tenía un novio. No sabía de pe a pa todo lo que conllevaba, sólo recordaba vagamente algunas cosas que Ícaro le había platicado sobre el ensalzado noviazgo…y poco le importaba. Lo que sí sabía con exactitud era lo verdaderamente importante: Estaba viviendo su vida.

Había viajado, tenía una familia, tenía un hogar y un novio, era él mismo, se movía por sus convicciones, era joven, no le pedía nada a nadie y podía poner la cabeza en la almohada cada noche y saber que todo su mundo seguiría ahí al amanecer.

Kadaj era feliz; el Sol se lo murmuraba cada mañana, la sonrisa de Ícaro no lo dejaba olvidarlo y en los labios de Cloud lo encontraba también.

Si meses antes alguien le hubiese relatado su vida actual, habría juntado las cejas y se hubiese hecho de los oídos sordos porque, antes, las pesadillas…

oOo Flash-back oOo

…no lo dejaban abrir las alas y despegar hacia esa nueva oportunidad que tenía, lo mantenían atado a su otra vida con cadena de hierro y lo atravesaban con la aguda aguja del sudor frío y la ominosa espada en que se convertía su propio miedo.

Sus pesadillas no lo dejaban en paz y, claro, tampoco era feliz.

Cada noche, Kadaj debía despertarse agitado y a punto de gritar, muerto de miedo, abrazándose a sí mismo y convencido (por la experiencia) de que la oscuridad era igual en cada cuarto de hotel en el mundo. No importaba la ciudad, el hotel (o motel), si dormía en el sofá o en la cama, no importaba ni siquiera si eran las 10 PM o las tres de la madrugada…la oscuridad siempre era la misma…y lo recibía con fútil consuelo cuando la pesadilla lo dejaba escapar.

Esa noche fue lo mismo que en otras. Sintió el temor pegársele en el cuerpo como un obstinado amante y en la oscuridad se hizo ovillo sobre la cama.

Dolía… Aquello siempre era doloroso. Hasta que despertó súbitamente y el miedo radicó en la consciencia de que ésa era sólo una noche, una de tantas, porque él seguía vivo y los días continuaban rodando a la par con él.

Se llevó la mano a la boca para contener el grito de angustia o el gemido de terror.

¡Qué injusticia era aquella! ¡Haberle devuelto la vida! Sí, ¡y qué vida! ¡Soñando cada noche con el ángel uni-alado y su apócrifa madre! Y además, no tenía a sus hermanos.

"Si tan sólo…".

Kadaj se dio vuelta intempestivamente esperando espantar sus propios pensamientos y allí, en la otra cama individual del cuarto, al otro lado de la monótona sombra, estaba aquel hombre… Ícaro.

La Marioneta lo vio dormir tan pacífico y eligió distraerse en él. Así olvidaría su pesadilla, al menos.

Ícaro… Tan transparente, alentador, alegre, responsable… O cuando menos ésa era la faceta que le conocía hasta entonces.

Se habían vuelto amigos ya —Azor lo facilitó bastante— aunque no eran todavía muy íntimos. Se conocían apenas de un par de semanas. Aún así el bermejo lo cuidaba muy bien (Kadaj pensaba que de más): Era amable con él, no solía negarle nada, lo alimentaba, lo vestía, le daba un techo, le tenía paciencia, se preocupaba por él…

Sin embargo, con la pesadilla aún tibia en su mente, Kadaj no sintió la más mínima emoción por lo que Ícaro hacía por él. La pesadilla no lo dejaba, aplastaba todo lo demás y se ponía ella en primer plano.

A pesar de que esa noche Kadaj se colaría por primera vez en cama de Ícaro y hallaría un poco de consuelo, de momento no podía más que verle el sentido negativo a su recién devuelta vida y pensar: "Esto es algo que no pedí".

oOo Fin del flash-back oOo

Y Dios… Porque hay que corregir: También Dios da a manos llenas, salud o enfermedad, extiende sus manos y colma.

Cloud no era particularmente creyente en Dios, tampoco en la gracia divina o cualquier cosa religiosa, pero tenía que admitirlo: A parte de quitar, el tipo que estaba en lo alto sabía dar…y Cloud debía recibir.

oOo

Otra cosa sobre el rubio (y lo descubrió él mismo por la tarde de ese miércoles) es que no era precisamente un gran dibujante.

¡Todo por el regalo de Kadaj! Tuvo que dibujarlo y ahora se preparaba para entregárselo a Ícaro; él haría el resto.

Llevaba una hoja de papel con sus pulcros garabatos metida en el bolsillo trasero del pantalón, doblada en 4 partes. Sólo esperaba (y para esto sí creía en Dios) y rezaba al cielo para que Kadaj no apareciera y le tocara el trasero, cosa que no le parecía tan imposible o disparatada. Era muy pero que muy factible y (en otra situación) deseable.

Como sea, aquello no pasó. Strife entró al bar —servicio de mensajería a aquella hora y día— con el bolsillo trasero del pantalón inmaculadamente intacto.

Ícaro eraba sentado en un banco, de espaldas a la barra, encorvado y escribiendo un mensaje en su celular; se había quitado las gafas y éstas colgaban del cuello de su playera.

Cloud permaneció de pie guardando la distancia y esperando a que el bermejo terminara con lo que estaba haciendo. Sin embargo, aquello que escribía parecía más una carta que un mensaje, con lo que ante tal demora el rubio se aclaró la garganta decidido a llamar la atención.

Ícaro le regaló una fugaz mirada de sus ojos color granada, apenas si volteó a verlo…y entonces regresó a su mensaje.

Un rubor tenue subió a las mejillas del ex-Mercenario al ser ignorado de manera tan natural, como si sólo se tratase de una basurilla flotando en un inmenso lago.

— Lo tengo— espetó Cloud para hacerse notar de mejor manera. Un poco de ese sonrojo seguía en su rostro.

Por tres segundo Ícaro ni se inmutó y el otro creyó que tendría que repetir la frase, hasta que el bermejo volteó…pero sólo para dirigirle una mirada extrañada.

"¿Tú tienes qué?" pensó confundido. Arqueó una ceja, gesto frecuente en él, y escrutó el rostro de Strife en busca de respuesta.

Cloud se sacó el papel doblado del bolsillo y se lo mostró.

— ¡Ah, el dibujo!— exclamó Ícaro y se echó a reír—. Lo había olvidado. Qué bueno que ya lo tienes.

Entonces regresó a su mensaje.

Cloud se volvió a ruborizar y sintió que comenzaba a cabrearse. ¡Pero cómo lo ignoraba tan monumentalmente! ¡Si se trataba de algo relacionado con Kadaj! Le entraron ganas de arrebatarle el celular al más alto y gritarle que le prestara un poco de atención, pero en eso él terminó de escribir, mandó el mensaje y se guardó el teléfono.

Ícaro se dirigió hacia Cloud y le pidió la hoja.

— ¿Servirá?— preguntó Strife aún con resquicios de indignación en la voz.

— Hombre, ¡está perfecto!— y le dio una palmada en el brazo mientras sonreía.

Con ese solo gesto, todo lo demás pareció desvanecerse.

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Strife salió del bar hacia la cocina. Aún podía percibir en derredor suyo el halo de Ícaro carcomiéndole, ése que hacía a las cosas flotar y a los problemas verse un poco más pequeños. No era de sorprenderse, se dijo a sí mismo, que Kadaj hubiese podido lograrlo luego de tantos meses teniéndole a él a su lado. Hacía lucir todo…más fácil. Como si lo fuera.

— Tienes algo en el rostro. — Una voz colapsó contra Cloud, la que lo desarmaba y arrancaba del mundo la firmeza y seguridad.

— ¿Eh?

— Algo en tu cara. Ahí— le indicó.

Se acercó a él, mas en sus francas intenciones no se reflejaba el objetivo de quitarle 'aquello' de su cara; no, sólo se aproximó y lo miró detenidamente, de distintos ángulos y haciendo diversos gestos. Por fugaces instantes, dio la impresión de ser un ave de mal agüero mirando su próxima comida, calculando. ¿Dónde lo picotearía primero?

— ¿Qué es?— dijo Cloud.

— Lo que tienes…es un beso. Ahí.

Strife sintió sus labios de pronto, al igual que su voz había llegado de pronto a sus oídos hacía momentos, de la misma manera que a su vida llegó de improvisto.

Y ahora el halo ligero de Ícaro, marchito y opacado, era ocupado por la sensación de esos labios sobre el borde de su boca, aquel cosquilleo corrosivo que se metía entre su piel y le llevaba al borde de un abismo que hacía lucir al mundo infinitamente prescindible.

— Kadaj…— Y su nombre también flotaba en su boca, llamándolo, pidiéndolo.

— Te veré después— dijo el joven sin dar tiempo a más. Tenía esa sonrisa eterna que desacreditaba su horrendo pasado, que juraba, sinceramente, que lo vería después aunque su espalda desapareciera ya tras la pared, aunque su cabello se desvaneciera como un rasgón de humo en el viento.

oOo

El barman subió a su habitación por su celular —lo había dejado cargando— y luego de regresar a la calle con la intención de ir a trabajar, se dio cuenta de que Kadaj lo esperaba sobre la motocicleta.

Qué poco parecía hacerlo sufrir ese día, qué complaciente.

Aún así, Strife bien sabía que la Marioneta lo que más quería era blandir una espada, no hacerla de aprendiz de repartidor. ¿Y cómo podía negarle una razón más para que le besara y echara sus brazos en torno a su cuello? No lo haría, menos aún con su cumpleaños tan cerca y con esa placa colgada en su cuello que decía "Novio". Así pues, lo llevó con él.

— ¿Quedará tiempo para entrenar?— preguntó la Marioneta casi al instante.

— Ya lo sabes— contestó al mismo tiempo que se dejaba abrazar por la espalda.

oOo Flash-back oOo

Abrazándose era la única forma en que podía obtener un mínimo de confort. Kadaj no tenía una madre en cuyo seno encontrar calor, no tenía hermanos que pudieran abrazarlo por los hombros y no tenía amigos que pudieran estrechar su mano.

En las noches el resto del mundo se esfumaba y dejaba a la Marioneta sola con sus pesadillas. No tenía nada. Estaba solo…

¡Mentira!... Ese hombre alto y bermejo se hallaba ahí también. Kadaj lo veía dormir plácidamente —¡qué envidia!— y se preguntó si cosas como esas no podrían contagiarse. La locura se contagiaba, ¿por qué un sueño apacible y despreocupado no?

Se sentó en el borde de la cama aún con las manos y el cuerpo temblándole de miedo y nerviosismo, y observó con las pupilas dilatadas a aquel bermejo. Kadaj tenía ganas, casi era un hambre mortal…de paz, cariño y seguridad. Y ¿quién iba a darle todo es? ¿Quién era el único ahí?

La Marioneta de Jenova se levantó y atravesó el espacio entre las dos camas plenamente consciente del por qué lo hacía: Iba a buscar todo lo que necesitaba en otra persona porque no sabía cómo se fabricaba. No sabía de dónde salía la paz, qué hacer para dar cariño o cómo provocar seguridad, así que esperaba que Ícaro hiciera todo eso por él (al menos mientras lo aprendía).

Sigilosamente se escurrió bajo las mantas del bermejo y encontró un lugar cálido entre sus brazos. No era el Edén, pero era mejor que nada.

Azor sintió de inmediato al intruso pues no tenía el sueño pesado. Bien sabía que se trataba de Kadaj a pesar de ser la primera vez que se metía en su cama.

Ícaro no hizo nada por erradicar su presencia. Por esa ocasión (y muchas otras) lo dejó permanecer a pesar de tener plena consciencia de que él, Ícaro, no era más que un comerciante de armas, un hombre muy promiscuo, alguien que no sentía devoción hacia la paternidad y, también, a pesar de que mientras percibía su calor y sus espasmos pensaba: "Esto es algo que no pedí".

oOo Fin del flash-back oOo

Se lanzó contra el rubio en un ataque desesperado y lo hizo por poderosas razones: no iba precisamente ganando y ambos sabían quién llevaba las de perder desde antes de ponerse en guardia; además, se estaba cansando y no resistiría mucho tiempo más en pelea por lo que esa podría ser su última embestida; aunque su maestro le tratara de enseñar a ser paciente, esos arrebatos de coraje no se podían evitar, él era así, en la vida y en las batallas; y última razón: lo atacó desesperadamente porque sabía que, si fallaba, Cloud no lo dañaría.

Kadaj sujetaba la espada con sus dos manos y arremetía contra Strife en un último intento por deshacer su defensa. Al igual que a lo largo de toda la pelea, la Marioneta no pasó del 'intento'. Cloud no se había mostrado blando con él por ninguna razón y no tenía intenciones de dejarlo ganar por ser cortés. ¡De eso nada! Que lo venciera con sus propios méritos o siquiera tratando.

Aprovechando la desesperación y cansancio del joven —porque eran bastante notorios— Cloud encontró la oportunidad para poner fin a su pequeño entrenamiento. No esperó plantado la embestida del otro, ni siquiera retrocedió, se adelantó unos pasos a su encuentro y lo atacó para sacarlo de equilibrio y, con una estocada más, lo despojó de su arma.

Por esa vez Kadaj se dio por vencido y no le importó que la espada saliera volando de sus manos ante el golpe de Cloud. Después de todo, era la primera vez que peleaban entre sí con algo de seriedad y vaya que había resultado mucho más animado de lo que hubiesen pensado.

— Nunca sueltes tu arma— le reprochó el mayor.

A pesar del regaño, el humor de la Marioneta ese día era inalterable. Respiraba agitado pero sonreía.

— Yo puedo desarmarte cuando quiera y no necesito una espada para hacerlo— declaró el de cabello plateado.

— No lo creo— respondió Cloud y se encaminó al sable tirado para recogerlo. Por supuesto no cazó el sentido de la frase dicha por el menor.

Entonces Kadaj le siguió los pasos y, cuando Strife estuvo a punto de agacharse para tomar el sable con la manó izquierda, lo tomó de la muñeca y lo giró hacia sí. Se acercó a él hasta pegar sus cuerpos y una sonrisa pícara en sus labios fue lo último que el barman vio antes de cerrar los ojos. Pero aún a ese punto Strife no comprendió la frase de Kadaj.

Con labios humedecidos y entreabiertos, el rubio rozó la boca del otro, apenas un leve saludo cordial, y como en muchas otras ocasiones lo besó…a las afueras de Edge…donde no había miradas curiosas ni dedos señalando. Pero no… Algo de mentira ha de haber en eso, no sobre las miradas o sobre los dedos (porque la soledad los acompañaba a ambos), sino sobre la forma en que Cloud lo besó… No fue como las otras veces. Fue diferente porque le pertenecía explícitamente, había dicho "sí" a la petición de la Marioneta y esa respuesta no se borraría ni con sangre; ella lo había escuchado, lo sabía, rondaba su mente desde aquel momento, y ese beso ya no era consentido o por gusto.

Era un hábito. Era una forma de unión.

Kadaj puso sus manos en las muñecas del otro y las sujetó. Entonces Cloud estuvo a punto de dejar caer la espada para forcejear, para que lo liberara y lo dejara tocarlo. No obstante, comprendió

puedo desarmarte cuando quiera

que de hacerlo Kadaj estaría ganando. Y no es que no deseara otorgarle la victoria, pero debía ofrecerle pelea o, si no, no sería divertido. Además, siempre era él quien daba su brazo a torcer, nunca la Marioneta, y no era mala enseñanza mostrarle que las cosas no son así en las relaciones (al menos en las recíprocas).

Cloud creyó que podría tolerar un beso sin caricias, que resistiría tener los labios de Kadaj sobre los suyos sin ponerle él las manos encima. Después de todo, ¿qué tanto podía durar el beso? ¿Qué tan bueno podía ser?... De sólo considerarlo Cloud sintió el mango de su espada tal como lo que era: un objeto rígido y frío, e infinitamente pesado. Y Kadaj… Kadaj era humano, cálido…y persistente. No aflojaba el agarre de sus muñecas un ápice y lo besaba demostrándole lo bien que había aprendido.

"Si pudiera aprender a usar la espada tan bien cómo aprendió a besar…" pensó Cloud con un deje de humor, mas interrumpió el pensamiento al percatarse de que estaba disminuyendo la fuerza sobre el mango del sable.

¿Le dejaría ganar…otra vez? ¿Lo consentiría tal como le gustaba? O, ¿pondría a prueba su tenacidad?

No importaba, al final Cloud confirmaría que la terquedad de la Marioneta no necesitaba probarse. Era infalible.

oOo En Edge oOo

Tenía dinero en la cartera, un dibujo en el bolsillo del pantalón, una dirección en la mente y un chocobo debajo suyo, el cual lo llevaría a la dirección para presentar el dibujo y posteriormente pagar. ¿Y las entregas?: Cloud lo cubriría. —Ni idea tenía de que Strife estaba peleando con Kadaj para luego besarse.

Bah, nimiedades. Él tenía sus asuntos concretos; una fiesta de cumpleaños era el más importante.

¿Y qué clase de cumpleaños sería sin un regalo?

Para ello tenía el dibujo y todo lo demás: para el regalo de Kadaj, uno que Ícaro estaba seguro de que la Marioneta amaría. Casi podía ver su rostro cuando lo abriera.

"Va a desarmarse del gusto". Y su propio pensamiento lo hizo sonreír.

Hizo parar al chocobo pues llegó al lugar. Sobre la puerta había un rótulo viejo e Ícaro no tuvo duda de que era la dirección indicada. Se bajó del chocobo y le dijo:

— Quédate ahí.

El animalito ni siquiera lo miró. Contemplaba distraídamente la calle vacía.

— Hey, eso quiere decir que no te vas, permaneces aquí…quietecito— replicó, y esta vez el emplumado se dignó a dirigirle una mirada con sus dulces ojos. Eso conformó a Ícaro; sabía que era un buen chocobo y no desaparecía en cada oportunidad, podía ser un poco lento (casi perezoso), pero algo de lealtad había en él.

El bermejo entró al lugar dejando solo al chocobo y se sacó el dibujo del bolsillo apenas al cruzar el umbral. Adentro pudo apreciar la pintura descolorida del establecimiento y vio con ojo crítico la mercancía; alguna estaba muy empolvada o parecía haber sido hecha mucho tiempo atrás. Sin embargo, cada artículo (e incluso la conciencia de que el chocobo se hallaba afuera) levantaron ante él una nube de nostalgia que penetró sus pulmones.

— ¿Cuál le gusta?— pronunció la voz de un hombre al otro lado de la habitación, tras un mostrador empolvado—. Todas son de la mejor calidad…y las hice yo mismo.

Ícaro no contestó. Continuó caminando y mirando cada pieza, cada destello opacado por el polvo, cada figura…

— Lo que necesito es algo especial— dijo hasta que hubo llegado al mostrador. Entonces desplegó el dibujo de Cloud y se lo tendió.

El hombre, que parecía casi tan viejo como el rótulo de la puerta, rebuscó en un cajón del mostrador hasta dar con unas gafas, se las puso y tomó la hoja que el otro sostenía. Analizó el dibujo por varios segundos, silencioso, y un poco de mala espina penetró en Azor para hacer compañía a su nostalgia.

— Hace mucho que no fabrico nada, pero esto…esto creo que lo puedo hacer.

Ícaro sonrió al escuchar al hombre de cabello cano.

Kadaj tendría su regalo.

oOo Afueras de Edge oOo

Cloud sintió cómo Kadaj dejaba sus labios por la paz y sentimientos encontrados lo abordaron: Dicha —por creer que había ganado— y desilusión —por el rompimiento del beso—. No obstante, se equivocó, se equivocó, se equivocó…

La Marioneta no le soltó las muñecas y, si bien no reanudó la tarea en su boca, se acercó a su oído.

— A que sí puedo desarmarte— le susurró y atrapó su lóbulo con los labios.

Cloud moría de ganas por abrazarlo, ¿qué caso tenía negarlo? Prefería sentir la cintura del menor bajo su palma en lugar del mango del arma.

Kadaj lo torturó mucho. Chupó su lóbulo y jugueteó con el pendiente por largo rato, acariciando la piel y el arete con su lengua dentro de su boca.

Un suspiro reprimido emergió del barman mientras sentía su rostro arder…y todo su cuerpo también. Percibía el calor de su propia piel bajo su ropa y su obstinación se derretía ante la temperatura. Sabía que estaba a punto de ser vencido, que no resistiría mucho más bajo los lengüetazos y pequeño besos de Kadaj. Allende, para la Marioneta aquello no representaba ningún esfuerzo, se degustaba en hacerlo y podría seguir por siempre; nunca tendría suficiente de Cloud, jamás se cansaría de él.

Una lengua cálida y húmeda comenzó a bajar por la piel del ex-Mercenario, partió de su oído y se abrió camino por su cuello. Mientras lo hacía, Kadaj separó un poco su cuerpo de Cloud y movió los dedos sobre sus muñecas.

Cloud Strife no aguantó más. Abrió la mano derecha y desprendió de la espada sin sopesar nada más que su propia temperatura, que a ese punto era muy alta. Casi al instante sus muñecas fueron liberadas como premio y la risita de Kadaj llegó a sus oídos. Pero le tenían sin cuidado las burlas, ahora lo único que quería era besarlo y abrazarlo fuerte; se quemaba por hacerlo.

— La soltaste— remarcó la Marioneta con una gran sonrisa en su boca.

— Pero a ti no te voy a soltar— habló con voz profunda y se hizo dueño de sus labios antes de que existiera réplica.

Kadaj dejó de jugar, se portó maduro y se entregó a las exigencias del otro. No dudó en abrir la boca para recibir su ávida lengua y no surgió de él protesta cuando unos dedos metieron sus yemas bajo su playera. Permitió todo aquello de buena gana y hubiese dejado a Cloud llegar más lejos (si hubiese tratado) porque su ánimo de ese miércoles era el mejor de hacía semanas y porque quien lo besaba y lo acariciaba era nada más y nada menos que su novio.

oOo

Regresaron a casa con el Sol de media tarde brillando a sus espaldas, el cielo despejado y muchas cosas en la cabeza. El que más dejaba su mente divagar era Cloud, quien pensaba en los 24 días y pico que Kadaj llevaba en su vida, le había dado sustos, sorpresas, risas, besos…y todo le parecía tan rápido. Hacía no mucho hubiese rechazado de buenas a primeras un abrazo de la Marioneta, qué decir de un beso; hacía un mes pensaba que estaba muerto y eso no le quitaba el sueño. Pero ahora Kadaj estaba ahí junto a él, compartían momentos, tenían diferencias de opinión, guardaban secretos, se quería… Y Cloud preparaba una sorpresa, un regalo y una fiesta: Todo un embrollo para su cabeza porque él no era del tipo que socializaba, repartía invitaciones o reía; era el callado y hasta cierto punto tímido.

Quién sabe por qué, pero se acordó de Ícaro y se preguntó si ya habría ido a arreglar lo del regalo de Kadaj, si ya tendría una idea más clara de qué hacer para la fiesta, si cumpliría su parte del trato, si Kadaj no descubriría todo antes de tiempo, si…

Suspiró. Estaba agobiado por todo eso.

Entonces pensó: "Esto es algo que no pedí…" pero al sentir las manos de Kadaj apoyadas sobre sus caderas, terminó la línea.

"…pero qué bueno que lo recibí".

oOo Continuará oOo

Siguiente: "Un regalo".

Galdor