Capítulo 21
La ilusión que perdí…
Esa tarde ambos se quedaron en aquella casa, tratando de entender todo lo que había pasado. Syaoran se sentó en frente de aquel altar donde, años antes, pasó su entrenamiento en manos de Eriol. Aún no lograba comprender el porqué, siendo un gran maestro con la espalda, él se había dejado atrapar con tal facilidad.
Sakura lo miraba de lejos, con tristeza en sus ojos. Quería ir a consolar a su profesor pero temía que lo tomara de una manera incorrecta, además… si estaba cerca de él, no sabía si podría controlar sus fuertes sentimientos hacia Syaoran.
-Kinomoto… -dijo el joven con voz suave.
-Hoe… Sí, Syaoran -respondió la chica tímidamente a su maestro.
-¿No te molesta si pasamos la noche aquí? Tengo… mucho que pensar
-Este… sí, mañana no hay clases así que no hay prisa –contestó Sakura mientras miraba a su mentor tiernamente.
-Gracias…, Sakura
Syaoran le sonrió tan gentilmente, que la muchacha de ojos de jade no pudo evitar sonrojarse. Aquel lado tierno del joven lobo no lo había visto hasta ese momento, y para peor, le fue increíblemente irresistible. Nunca creyó que su profesor podía ser tan tierno. Se acercó a su lado y lo acompañó por horas.
El valiente justiciero nocturno dedicó esas horas de la tarde para meditar sobre los acontecimientos vividos y, por supuesto, los pasos a seguir ahora en adelante. Le resultaba muy difícil ya que, a pesar de que siempre su objetivo era la venganza, cosa que Eriol se oponía rotundamente. Ahora debía seguir por sí solo sin su maestro como guía.
Pero sus pensamientos fueron espantados por una cabeza castaña que se apoyaba en su hombro; Sakura se había quedado dormida y había apoyado su cabeza en el hombro de su maestro buscando inconscientemente comodidad.
Delicadamente Syaoran la levantó en sus brazos y la llevó a otra habitación, la misma que alguna vez ocupó cuando era solo un aprendiz de samurai. Delicadamente la recostó sobre la cama y la cubrió con una cobija. Por alguna razón el joven vampiro no resistió la tentación de juguetear con el cabello de su alumna; es que hacerlo le traía paz.
"¿Paz?" De pronto Li se preguntó eso; mientras estaba junto a Sakura, él se sentía tranquilo, en calma. En ese momento le vinieron unas palabras que alguna vez oyó de su maestro: "Aquello que te traerá paz".
~ Hace 170 años atrás ~
Syaoran tomó sus pocas pertenencias, que se encontraban dentro de un bolso, y vio por última vez su habitación. Habían pasado diez años desde aquella blanca noche y creyó que ya era hora de seguir adelante. Diez años desde que decidió aprender el arte de la espada y seguir el camino del bushido, todo gracias a su maestro Eriol.
Pero aquel fuerte sentimiento de venganza no había cedido; es más, estaba creciendo a pesar de los esfuerzos de Hiraguizawa de llevarle la paz que parecía necesitar y que tercamente Li se negaba a buscar.
Pasó por frente del dojo, donde se encontraba su maestro meditando profundamente. No quería irse sin despedirse, para él era más que un gran espadachín; era su mejor amigo.
-Ya me voy, Eriol…
-¿Volverás a esa inútil búsqueda, amigo mío? –preguntó Hiraguizawa tristemente.
-Sabes perfectamente que no descansaré hasta vengar la muerte de Ying Fa.
-Lo sé…
-Debo agradecerte todo lo que me has enseñado –le dijo el joven amablemente.
-Te enseñe todo lo que sé, incluso te regalé mi secreto para caminar entre los humanos
-La poción…
-Así es, la poción –dijo el vampiro mayor, confirmando la respuesta de Li-. Pero aún te falta algo para ser un verdadero maestro.
-¿Qué es lo que me falta? –preguntó Syaoran algo intrigado.
-Tu ilusión perdida… -respondió Eriol sin perder su seriedad.
-¿Mi ilusión perdida?
-Es aquello que te traerá paz, sin ello contigo no podrás ser un maestro completo.
Entonces, el vampiro samurai le entregó a Li, su discípulo hasta ese momento, una katana. Aquel gesto lo tomó por sorpresa a Syaoran ya que desde que él era alumno de Eriol, jamás le había permitido portar una espada.
-¿Recuerdas esta katana?
-Sí… ¿acaso no es la que forjamos juntos?
-En realidad la forjamos para ti –afirmó Hiraguizawa, sonriéndole amablemente.
-¿Para mí? –Syaoran se sentía aún más confundido.
-Te había dicho anteriormente que la espada es el alma del samurai –explicó Eriol mientras desenvainó la espalda para contemplarla-. Es la extensión de su cuerpo, la espalda y el guerrero son un solo ser.
Syaoran tomó entre sus manos la espalda, y sin salir de su asombro la contempló por unos momentos que parecieron eternos. Recibir ese regalo de parte de su maestro significó mucho para el torturado vampiro.
-Hagas lo que hagas en tu futuro solo recuerda siempre seguir las enseñanzas del bushido –agregó Eriol mostrándole aquel orgullo que sólo puede expresar un maestro a su alumno.
Y después de mostrarle su respeto, Syaoran tomó sus cosas y se marchó hacia el horizonte con la esperanza de encontrar al vampiro que inició sus pasos en la inmortalidad.
~ Fin de flash back Syaoran ~
El joven lobo se quedó pensativo mientras observaba a la apacible Sakura, quien seguía inocentemente dormida: ¿Podría ser posible que aquella chica de ojos color esmeralda sea aquello que le traerá paz? ¿Acaso ella es su ilusión perdida?
