Les juro que desde que decidí retomar la historia, las ideas se arremolinaron en mi cabeza, y a pesar de mis responsabilidades (ahora como universitaria) muero de ganas de seguir escribiendo. Fue un poco triste notar que ahora no hay comentarios inmediatos, sugerencias o, en general, la interacción a la que estaba acostumbrada; supongo que muchas de mis antiguas lectoras han abandonado la plataforma o simplemente ya dieron por muerto el fic. Y no las culpo, regularmente eso pasa, y creo que pude haber dado a entender que pensaba matarme o algo así (una chica insinuó algo así en un comentario y me pareció algo gracioso).
Pero bueno, aunque sería hipócrita negar que hago esto por "fama" (si se le pude llamar así a tener a cincuenta lectoras que están aquí por personajes ajenos), pienso terminar esto por mí, aunque esté escribiéndole a la nada. Porque nunca he terminado mis proyectos largos de escritura, y estoy segura de que me sentiré satisfecha cuando lo haga por primera vez.
Como sea, si estás leyendo esto, independientemente de que seas alguna de las lectoras del 2015 o nueva, muchísimas gracias.
Mientras Reiji hacía su anuncio en el comedor, las dos humanas se encaminaban silenciosamente a la habitación de Kothone. Entre el drama, las heridas y los encuentros sexuales, ambas habían quedado demasiado agotadas. Irónicamente, la habitación de la pelirroja se encontraba justo enfrente de la de la azabache, lo que resultó un consuelo para ambas, ya que podrían buscarse cuando se necesitaran. Dado el panorama, eso iba a ser algo constante.
Entraron a la habitación sin haber intercambiado palabra; el silencio que las envolvía no era incómodo, pues ambas tenían demasiado que procesar; mientras Kothone lidiaba con la culpa de haber metido a otra inocente en esa situación, Gretell sentía una extraña mezcla de terror y alivio; independientemente de donde estuviese metida, estaba segura de que las cosas no podían ser peores que en casa. Y pensaba sobrevivir.
- Bueno... -Comenzó la pelinegra, un poco nerviosa. - Puedes tomar lo que quieras del armario. Supongo que no compartimos el mismo estilo, pero nuestra complexión es bastante parecida, creo que esto te quedará bastante bien. A demás, supongo que será temporal; luego podremos ir al centro comercial o algo parecido...
Lo de la complexión no era del todo exacto, pues aunque Kothone era esbelta, la delgadez de Gretell rayaba a lo enfermizo. Y por supuesto, no tenía las mismas curvas, aunque tampoco podía considerarse plana. La pelirroja agradeció tímidamente, pero no se atrevía a comenzar a fisgonear en el armario, así que la azabache comenzó a sacar prendas por montones y arrojarlas a la cama.
Media hora después, ambas estaban visiblemente más relajadas. La ojiverde había tomado la iniciativa en seleccionar los diversos conjuntos que la otra chica se iba probando y cuando eran demasiado atrevidos (como un top de lentejuelas rojas y una mini falda de cuero) esta simplemente los rechazaba con una risita. No sabían cuándo podrían conseguir prendas nuevas, así que Kothone decidió que lo más prudente era cederle varias mudas de ropa.
Tras preparar unos cinco conjuntos, la pelirroja quedó finalmente vestida con un una camisa gruesa de mangas largas, falda negra, calcetas hasta las rodillas de rayas y los mismos zapatos escolares viejos con los que había llegado, pues no calzaban el mismo número. Vestida de aquella manera, se veía aún más frágil e inocente, y a pesar de ser un año menor que su nueva amiga, Kothone no pudo evitar sentir una punzada en el corazón al darse cuenta de ello.
- Bueno, debo decir que eres bonita con lo que sea, pero vestida de esa manera, volverías loca a los chicos de la escuela.- Comentó la azabache en un intento de disipar el aura melancólica que se había formado. Sabía que era un comentario demasiado estúpido y banal, dada la situación en la que se encontraban, pero era justamente eso lo que necesitaban; olvidar lo cerca que estaban ahora de la muerte.
- No creo que alguno de ellos logre verme de otra forma que como la chica rara y callada que viste como pordiosera, aunque realmente ya no me molesta. - La chica se observó frente al enorme espejo que había en la puerta del armario. - Pero a mi me gusta, y creo que con eso es suficiente.
- ¡Así se habla, mujer! -
Y de esa manera, comenzaron a platicar, primero de temas muy banales, como la actitud prepotente de la mayoría de los estudiantes del costoso colegio, las personalidades de los vampiros con los que a partir de ese momento ambas vivirían y las primeras impresiones de la pelirroja. Todo ocurría de forma bastante fluída, pues ambas chicas estaban emocionadas de tener una amiga por primera vez, y a pesar del choque de personalidades, la pelirroja no se escandalizaba ante las candentes anécdotas de la azabache, así como la segunda no insistía en obtener detalles de la vida personal de la otra chica: tenía entendido que vivía con su tío a raíz de la prematura muerte de sus padres, pero el hombre era demasiado agresivo, así que Gretell procuraba evitarlo a toda costa. La sola mención del sujeto hacía que la chica se tensara, por lo que rápidamente dieron por zanjado el tema.
Decidieron concentrarse en los chicos, principalmente, en la mejor manera de tratarlos dada la personalidad de la pelirroja: Evitar a Ayato, tratar a Kanato como una madre extremadamente blanda, obedecer a Reiji y llamar a Kothone en caso de que Raito se excediera. Dictaminaron que tratar con Shu era bastante seguro, al igual que con Subaru. Al mencionar el nombre del albino, Gretell se sonrojó violentamente, y una sonrisa malvada apareció en el rostro de Kothone.
- Oh, no me digas que te gusta el tsunderé. - Al ver que la chica solo se ponía más roja, soltó una carcajada. - Bueno, te felicito. Elegiste probablemente al más decente de los seis. Aunque su coqueteo va a ser una completa odisea; no sé quién de los dos es más tímido.
- ¿Tímido? Pero en las clases parece tan duro y seguro de sí mismo...
- Ah, es la primera impresión. Pero ese chico es más blando que un malvavisco... Como sea, es todo tuyo. Aún quedan cinco para mí. Aunque si gustas, podemos compartirlos. - Al escuchar esas últimas palabras, la pelirroja se sonrojó aún más, y la azabache soltó otra carcajada. - Dios, Gretell, tu cara está más roja que tu pelo. - Poniéndose un poco más seria, continuó. - Mira, independientemente de lo amables que puedan llegar a ser, ellos nos están utilizando, por nuestra sangre. Así que no te sientas culpable de hacer lo mismo. No sientas ningún remordimiento y trata de disfrutar al máximo, porque no sabemos que día... - Al darse cuenta de lo que estaba apunto de decir, interrumpió su discurso. No quería recordar que ambas tenían los días contados, pero desde que vio la colección de muñecas de Kanato, no podía ahuyentar de su cabeza la idea de la muerte. - Lamento haberte metido en esto, pero ya estamos aquí, así que trata de no pensar y diviértete.
- ¿Sabes? Realmente esta situación no es muy distinta a la que vivía en casa. Estoy acostumbrada a lidiar con monstruos, a temer por mi vida... Y por lo que me has contado, estos chicos no son ni la mitad de malos que mi tío. Así que estoy bien. No tienes que sentirte culpable, odiarte o pedirme disculpas. - Esbozando un leve sonrisa, continuó. - Y creo que tienes razón en lo de tratar de divertirme, aunque no creo tener el valor necesario.
- No es tan difícil, solo es cuestión de dejarte llevar cuando se de el momento.
En ese momento, fueron interrumpidas por unos suaves golpes en la puerta.
- ¡Adelante! - Gritó la pelinegra. Sin esperar otra invitación, Raito abrió la puerta y entró con la mayor confianza del mundo.
- Vaya, vaya. La nueva chica luce incluso más apetecible vestida de esa forma, ¿no lo crees, hermanito? - En ese momento se dieron cuenta de que el castaño no iba solo; en la entrada de la habitación, se encontraba Subaru, tratando de lucir indiferente.
- N-no se ve mal. - Musitó, y se dio la vuelta antes de que el otro vampiro pudiese notar su ligero sonrojo.
- Ignora al idiota de mi hermano. - Guiñando un ojo, añadió - Luces exquisita. -El duo de pervertidos rompió en carcajadas ante el sonrojo de la chica. - En fin, a pesar de que luces bastante apetecible, tendré que dejarte ir. Subaru va a acompañarte a las habitaciones subterráneas para que busques un uniforme de tu talla.
Al escuchar quién iba a acompañarla, la pobre chica se sonrojó aún más. La azabache le dedicó un guiño travieso, y con un gesto, la incitó a darse prisa. A los pocos segundos, Raito y Kothone se encontraban solos en la habitación.
- ¿Conque exquisita, eh? ¿Acaso la nueva inquilina ha robado tu atención? - Ronroneó la pelinegra, mientras se acercaba a su interlocutor a gatas.
- ¿Por qué preguntas, Bitch-Chan? ¿Acaso estás celosa? -
- Mhh... No, realmente no me molesta compartir. - Diciendo esto, pasó una pierna sobre el cuerpo del chico para sentarse sobre él a horcajadas. - Mientras quede suficiente para mi, está bien.
- Tengo suficiente para ambas. Al mismo tiempo, o por separado, como ustedes prefieran. - Al decir esto, tomó a la chica de la parte posterior del cuello para acercarla más a su rostro. Comenzó a besar su cuello de forma salvaje, mientras ella solo gemía, extasiada.
- No creo que ella tenga mucho interés. Parece que prefiere a chico albino aficionado a romper paredes. - Al escuchar eso, el castaño interrumpió la sesión de besos para soltar una sonora carcajada.
- ¿Qué demonios tiene Subaru que no tenga yo? - Hizo un pequeño mohín. - Está acaparando toda la atención femenina. Tener a dos bellezas como ustedes haciendo fila para ser desfloradas por él... El chico tiene talento.
- Bueno. No exactamente. Yo estoy fuera.
- ¿Y a qué se debe ese repentino cambio de opinión, Bitch-Chan? ¿No acabas de decir que no te molesta compartir?
- Puede que sea una zorra, pero tengo principios - Respondió la azabache, poniendo los ojos en blanco. El castaño sintió una oleada de excitación al escuchar a la chica denominarse a sí misma de aquella forma. Esa clase de cosas lo ponían bastante caliente. - Si un chico le gusta a mi amiga y para mi es solamente un capricho, lo dejo en paz. De todas formas, tengo a otros cinco a mi disposición... - La chica se frotó suavemente contra la erección del muchacho. - Y tú eres uno de ellos. - ronroneó.
Ambos comenzaron a besarse con furor, como si su vida dependiera de eso. La atmósfera en la habitación comenzó a sentirse más cálida mientras sus cuerpos se enroscaban, buscándose con desesperación. Sabían perfectamente que hubieran llegado muy lejos, de no ser porque Raito solo estaba ahí para dejar un recado.
- Kothone. - Jadeó su nombre, separándose bruscamente. - Reiji quiere que vayas a su estudio, y creo que te conviene no desobedecer.
De mala gana, la joven se separó. Aunque no le tenía miedo al cuatrojos, prefería mantenerse en buenos términos con él a partir de ese momento por el bienestar de su amiga. También tendría que dejar su revancha para después, pensó con tristeza.
- Raito, creo que el universo conspira para mantenerme virgen.
- Bueno... - Soltó una pequeña risa ronca muy cerca del cuello de la chica. - Podemos solucionar eso más tarde, ahora que mi hermano menor está fuera del juego. Pero por el momento, tienes una cita. - Y haciendo uso de todo su autocontrol, se apartó de ella.
Kothone entró a la oficina de Reiji con la ropa mal arrugada, ligeramente despeinada y con un visible chupetón en el cuello. No tuvo que tocar la puerta, pues esta se encontraba abierta. El vampiro le dirigió una mirada de reprobación, imaginando los motivos por los que había tardado tanto.
- La próxima vez le dejaré los recados a Subaru.
- Creo que sería lo más sensato. En fin, ¿para qué me necesitabas?
- En primer lugar, bebe esto. - El vampiro le ofreció una pequeña copa llena de un líquido naranja y espeso. Al notar que la chica lo miraba con desconfianza, probablemente recordando la vez que puso una droga en su bebida, añadió. - Es para facilitar la regeneración de tus células sanguíneas. a señorita Khöler
Aún con un aire de desconfianza, la chica tomó la copa y bebió todo el líquido. Sabía mal, pero no lo suficiente para provocarle náuseas. Cuando terminó, la depositó suavemente en el escritorio.
- Probablemente tengas más hambre de la habitual, pero es normal. Tu cuerpo necesitará nutrientes extras. Te daré una dosis cada semana, a esta misma hora. Procura llegar puntualmente. La señorita Khöler también estará ingiriendo esta poción, pero ya arreglaré con ella los horarios. Ahora, pasemos al segundo punto. ¿Sabes como realizar curaciones sencillas? - Kothone asintió. Varias veces había tenido que tratar los cortes con los que se le "iba la mano". - Bien, entonces te harás responsable de las curaciones de tu amiga. Las heridas tienen que ser desinfectadas diariamente y no puedo desperdiciar mi tiempo de esa manera. Solo me notificarás en caso de que se presente alguna infección, fiebre o en caso de que se rompan los puntos, ¿entendido? - La ojiverde asintió. - Bien, ya puedes retirarte.
Camino a su habitación, se encontró con Ayato. Se sintió algo incómoda al pensar que la noche anterior casi la mataba, y suposo que el vampiro sentía algo parecido, porque simplemente se alejó sin decir palabra. Llegó a su habitación sin mayores percances y se tumbó en su cama. Por alguna razón, se sentía más tranquila, así que esta vez no le costó quedarse dormida hasta que Gretell la despertó anunciándole que era hora de la comida.
Bien, creo que me gustó bastante este capítulo. Creo que este y los anteriores fueron capítulos de transición para hacer la historia un poquito más pesada. Poco a poco, iré revelando algunos detalles respecto a la vida de Gretell, detalles bastante dolorosos. Creo que no habrá tanto salseo como al inicio, pero lo compensaré de alguna forma.
En fin, hasta la próxima actualización (espero que sea pronto).
