¡Holaaaaa lectores! Doble actualización xD Antes que nada, muchas gracias por sus reviews. Me dio gusto saber que el capítulo anterior fue bueno. Este capítulo, se los confieso, ha sido espontáneo, y probablemente es el más corto que he escrito. Se enfoca más que nada en Rachel, y sus conflictos entre Broadway, sus amigas, y Finn. A pesar de que no es el mejor (eso creo), espero que lo disfruten porque a partir de aquí las cosas serán diferentes. Me he entretenido con él y gracias a él creo que pueden darse una idea de lo que viene en camino, claro, si las cosas no cambian, porque todo puede pasar. Agradecería muchisimo sus reviews, y así, me dedicaré a escribir el siguiente de inmediato. Por favor, necesito su opinión, porque sinceramente, no tengo idea de lo que puedan pensar xD...¡Disfruten!
Aviso: La serie Glee y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de FOX, Ryan Murphy, Brad Falchuck e Ian Brennan. Yo solo los uso para entretenerme escribiendo :)
Al recorrer Nueva York, no pude evitar suponer que yo me había convertido en el centro. El centro de los dos lados más solicitados y famosos de la Gran Manzana, por decirlo así…
Me encontré con Kate en un café de la Quinta Avenida a comienzos de Junio. Mi amiga y asistente tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando me reuní con ella en su mesa.
-¿Puede haber algo más?- pregunté, sorprendida.
Kate asintió.
-Siéntate, por favor…
-¿Qué pasa?
-Estaba pensando…-comenzó- que estaría bien si tomaras un pequeño curso antes de comenzar con la obra.
Levanté una ceja.
-No estoy cuestionando tu talento, Rachel- me dijo- Solo que…como ya llevas dos años inactiva, sería mejor que fueras a practicar un poco con los profesionales, tus antiguos maestros. ¡Tienes que estar completamente fresca en tu primer día!
Solté una carcajada.
-Desde luego, Kate…-le dije- Tengo que ponerme al día con las técnicas que se requieren…
Dos días después, me uní al taller del maestro Andrew Rivers, uno de mis favoritos en Julliard.
-¡Rachel!- exclamó al verme- ¡Hace tanto tiempo que moría por saber de ti!
Sonreí con culpabilidad.
-Lo siento, maestro. Mi vida…ha cambiado mucho.
Mi maestro asintió.
-Tu asistente me lo contó. Y debo decirte…felicidades. ¿Un Tony y un marido en menos de cinco años? Estoy muy orgulloso de ti.
Me acerqué y le di un abrazo.
-Gracias, maestro…
Y dejando a un lado mi vida profesional, que últimamente me mantenía muy ocupada, volví al Manhattan al que ya estaba acostumbrada…
-¡Te ves genial!- exclamó Tina, mientras Mercedes nos mostraba una fotografía de ella en el New York Times, sacada de un evento de caridad al que había asistido.
-¡Lo sé!- acordó ella- Me veo radiante, fabulosa…
-Y feliz- observé- Y ese vestido, Mercedes…El idiota de Freddy verá esto y morirá.
-Es asombroso-continuó Tina- La primera vez que él te verá después de que lo rechazaste. ¡Se lo merece!
Quinn nos miró con fastidio.
-¿Porqué seguimos hablando acerca de él?- preguntó, malhumorada- Él la lastimó, está fuera de la jugada. Se acabó. Vamos a hablar de algo más, ¿de acuerdo?
-Bien.
-Como quieras.
-De acuerdo.
Después de unos minutos de silencio, Tina decidió hablar.
-Pero de verdad, creo que morirá, y lo tiene merecido.
-¡Muy bien!- exclamó Quinn- Ha sido suficiente.
-Alguien está de mal humor- observó Mercedes.
Quinn suspiró frustrada.
-Mi suegra está aquí- nos informó- Lo único que hace criticarme.
-Vaya.
-La recibí con mi mejor cara el día de ayer, y lo primero que me dijo fue: Vaya, creo que el embarazo te ha afectado. ¿Es enserio? ¿Ustedes creen que he engordado?
-Claro que no- repuso Mercedes- La que ha engordado ha sido yo, y aún así, me veo fantástica.
-Chicas…
-No lo sé- dijo Quinn- Me he visto las caderas, y ya no son lo mismo…
-Chicas…
-¡Qué más daría yo por tener caderas! Mi trasero es enorme.
-Pero eso es bueno, supongo…
-¡CHICAS!
Las tres voltearon a verme algo distraídas.
-¿Qué pasa, Rachel?- preguntó Tina.
-He estado yendo a un taller de interpretación con el maestro Rivers, ¿lo recuerdan? Tomé clases con él en Julliard.
-¡Oh, claro!- exclamó Mercedes- Aquel tipo canoso de lentes.
Asentí.
-Es bueno que te prepares antes de regresar- me felicitó Tina.
-¿Y él no se la pasa criticándote?- preguntó Quinn.
-Qué horror tener una suegra así-comentó Mercedes- Otra de las razones por las cuales no pienso casarme…
-No todas las suegras son malas…-comenzó Tina.
Puse los ojos en blanco. Al parecer, lo que pasaba conmigo era muy poco a comparación de las suegras.
Afortunadamente, la mía- Carole- era todo lo contrario a la de Quinn.
-Estoy muy feliz por ti, Rach- me dijo Finn, mientras desayunábamos por la mañana- Falta muy poco para que vuelvas a los escenarios. ¡No puedo esperar!
-Yo tampoco- admití- Y aunque no lo creas…estoy algo nerviosa.
-¿Por qué?
-No lo sé- admití- Será como empezar de nuevo.
-Lo harás excelente- me dijo- Y yo estaré ahí apoyándote.
Solté una carcajada.
-Sin embargo, creo que lo mejor será que Rachel Hudson será el nombre que se encontrará en la marquesina del teatro.
Finn sonrió, y se acercó para besarme.
-¿Quién dijo que no podríamos tenerlo todo?
Días después, mientras caminaba, o más bien corría por Manhattan, sosteniendo bolsas de compras, mi agenda, y revistas y periódicos que había comprado en un kiosco, mi teléfono celular sonó, y con algo de dificultad, lo busqué entre mi bolso y contesté.
Era Finn.
-¿Hola?
-Hola, Rach…¿estás ocupada?
-Acabo de salir de mi taller y fui a hacer unas compras… ¡no se trata de zapatos, te lo aseguro!
Finn soltó una risita.
-Está bien, yo solo…quería decirte que me encuentro en Brooklyn.
-¿En Brooklyn?- pregunté- ¿Qué haces ahí?
-He venido a supervisar la otra cafetería, y tengo algo de tiempo libre, ¿te gustaría venir a acompañarme?
Miré todas las cosas que venía cargando conmigo, pero sinceramente, no me importó. Finn haría cualquier cosa por mí y yo tendría que devolverle el favor.
-Claro- le dije- En cuanto pueda estoy ahí.
-Perfecto- parecía emocionado- ¿Sabes la dirección, no es así?
-Creo recordarla.
-Gracias, Rach. Te amo.
-Y yo a ti…
Al poco tiempo, me subí al primer taxi que me encontré.
-A Brooklyn, por favor.
-Lo siento, yo no voy a Brooklyn.
Mi indignación fue completa.
¿Por qué demonios me decía eso?
Claro, sabía que Brooklyn no era precisamente el lugar favorito de los neoyorkinos, pero para llegar a ese extremo…
-Bueno, gracias…-repliqué, malhumorada, sacando mis cosas de nuevo.
Caminé un par de calles más hasta que me detuve en el metro.
El tiempo amenazaba lluvia, así que no me quedó otra alternativa.
Cuando llegué, identifiqué la otra cafetería Hudson´s, y un poco cansada, entré al lugar.
No había muchos clientes, y Finn estaba sentado en la barra. Se volteó apenas escuchó la puerta.
Me acerqué a él y lo saludé con un beso.
-¿Qué sucede?- preguntó.
-Tuve que caminar desde el metro hasta aquí en estos tacones, y me duelen los pies.
-¿Porqué no los cargas y usas tenis deportivos como todo el mundo?- preguntó sonriendo.
Lo miré con suspicacia.
-Espera un segundo- le dije- Podrás sacarme de Manhattan, pero no me sacarás de mis Louboutins.
-Entonces no te quejes de ellos…
-Cierto- acordé- Últimamente tengo otras cosas de que quejarme. Ni siquiera trabajando me había visto tan apresurada.
-¿Ha sido una mala idea venir aquí?- preguntó.
-¡No!- exclamé- Para nada. Es solo que he estado todo el día dando vueltas. Lo siento.
Finn me contempló por un momento.
-¿Quieres café?
-¡Por favor!
Finn y yo regresamos a Manhattan en un taxi menos discriminatorio, y al subir al departamento, mi teléfono sonó.
Finn me pidió que lo contestara.
Era Mercedes.
-¿Qué sucede?- pregunté, un poco cansada.
-Tengo que contarte algo.
-¿Ahora qué pasa?
-Es mi cabello. Me lo teñí.
-¿Y qué tiene de malo?
-Quise que fuera rojo, para tener un look parecido al que una vez llevó Rihanna.
-¿Y?
-Me pasé de tiempo… ¡y ahora está rosa! ¡Está rosa, Rachel! ¡Mi cabello es rosa!
-Oh, por Dios, ¿porqué no fuiste con el estilista?
-Compré el tinte y decidí que lo haría yo misma- dijo- No pensé que sería tan difícil. ¡Ahora no podré salir a la calle!
Finn se percató de mi expresión incómoda y me miró preocupado.
Por medio de señas, le dije que todo estaba bien.
-Traté de lavarlo, pero se me ha decolorado más. ¡Parece una bola de chicle, Rachel!
-Mercedes…creo que esto lo hablamos luego…
-No cuelgues, por favor- pidió- Esto…me está afectando. Creo que tendré que ponerme una mascada en la cabeza.
-¿Y el estilista?- pregunté- ¿No lo podrá arreglar?
-Está saturado- sollozó-¡Me veo idéntica a Frenchy, de Grease! ¡He tenido el mismo problema que ella!
-¿Está todo bien, Rach?- preguntó Finn.
-¡No, no está nada bien!- gritó Mercedes, por el teléfono, aturdiéndome- ¡Mi cabello es rosa!
Una vez terminado el drama del cabello rosa, decidí apagar mi teléfono y me acosté en la cama. Finn se reunió conmigo y me miró nuevamente preocupado.
-Tranquilízate, Finn- le dije- Todo está bien. Solo necesito descansar…
Mi esposo sonrió y comenzó a acariciarme el rostro.
-Entonces…no te molestaré.
Tomé la mano con la que me estaba acariciando, y la besé.
Al poco tiempo me quedé profundamente dormida, y él no se había separado de mí.
Al día siguiente, después de que Finn volviera al trabajo, Tina llamó un poco alarmada.
-¿Qué sucede?- pregunté- ¿Tú también tuviste problemas con un tinte?
-¿Un tinte?- estaba algo desconcertada- No, pero te tengo malas noticias. A Quinn le dio la gripe, y está sola en su departamento.
-¿Porqué Noah no está cuidando de ella?
-Porque tuvo que llevar a su madre al aeropuerto.
-Bueno, al menos con eso se sentirá un poco mejor-comenté- Creo que deberíamos ir a verla.
-Claro, nos vemos allá.
-De acuerdo.
Y a pesar de que tenía mil cosas que hacer, decidí prepararle una sopa a Quinn, y al poco tiempo llegué a su departamento.
Bridget, la niñera, me dejó entrar.
Quinn estaba postrada en su cama. Realmente se veía muy mal.
Tenía la nariz congestionada, los ojos hinchados, y estaba muy pálida.
-¿Rachel?
-Hola, Quinn- la saludé- ¿Cómo te sientes?
-Fatal- admitió- Nunca me había enfermado así.
En ese momento soltó un terrible estornudo.
-Salud.
Mi amiga se limpió con un pañuelo.
-Gracias.
Mercedes y Tina llegaron minutos después, y tal y como supuse, Mercedes tenía una mascada en la cabeza.
-Es increíble- comenté.
-¿Cómo te sientes, Quinn?- preguntó Tina.
-Tal y como estoy.
-Te ves muy mal- observó Mercedes.
-Tú también- dijo Quinn- ¿Por qué demonios llevas eso en la cabeza?
Mercedes se quitó la mascada y todas nos quedamos con la boca abierta.
Al parecer, lo que decía era cierto, y no había exagerado ni un poco.
Su cabello era rosa. Tan rosa como la goma de mascar.
-Debes de ser una idiota para haberte pasado de tiempo- le dijo Quinn.
Mercedes la miró ofendida.
-Solo porque estás convaleciente, omitiré todos mis comentarios.
Tina y yo nos miramos, tratando de no reírnos.
Después de unos minutos, Tina nos miró, algo esperanzada.
-Bueno… ¿alguien tiene algo que decir?
-¡Tengo cabello de prostituta!- exclamó Mercedes, lamentándose.
Quinn se sobresaltó, y comenzó a toser sin poder controlarse, y Tina se acercó para darle un poco del té que se encontraba al lado de su cama.
Aquel era un día neoyorkino nada perfecto.
Saliendo de la casa de Quinn, Tina me detuvo antes de que tomara un taxi.
-Rachel, espera…
-¿Qué sucede?
-Quería…pedirte algo.
-Dime.
-Es vergonzoso- admitió- Pero, creo que eres la única disponible.
-Disponible entre comillas- la corregí- ¿De qué se trata?
-Necesito un compañero para mi grupo- admitió.
-¿Qué?
-Es solo esta tarde- dijo- Haremos unos ejercicios en pares, y me sugirieron que llevaran a alguien. Inmediatamente pensé en ti. Por favor, Rachel…
-Tina, tú ya me has llevado a esas reuniones, y sabes que no son mi estilo…
-No tiene nada que ver contigo- me aseguró- Es…por mí. Necesito tu ayuda.
Finalmente me resigné y acepté. No podía ser tan malo…
-Quiero que le digan a su compañero, tres cosas que no pueden soportar de ustedes. Tres defectos que quisieran cambiar. Es difícil, señores, pero una vez que piensen en ellos, los admitirán, y una vez que los confiesen, se sentirán mejor.
Tina sonrió.
-Bueno, tú ya lo sabes todo- dijo-Pero supongo que tengo que hablar…
-Adelante.
-Yo…no soporto ser tan aprensiva- admitió, cabizbaja- Tampoco soporto ser demandante, y mucho menos, histérica.
Miré a Tina. Parecía haberme describido a mí, pero si así se sentía ella, no había más que apoyarla.
-Decir esto me está haciendo sentir mejor- dijo.
Sonreí.
-Es bueno poder ayudar…
Los días fueron pasando muy rápido. Incluso aunque solo se trataban de dos. Me quedaba solamente una semana y tres días para prepararme. A partir de ahí, mi vida sería Broadway, y era un poco triste darme cuenta de que en cierta forma, mis amigas y Finn pasarían a segundo lugar.
Por lo pronto, seguí con mi rutina, y mientras esperaba el autobús para dirigirme al taller, mi café caliente, las compras en Prada y la nueva edición de Vogue fueron mi consuelo.
No quería decir que iba a extrañar precisamente el ocio. Pero probablemente extrañaría ser la típica ama de casa que espera a su marido todos los días, porque ahora Finn me esperaría a mí. Y también extrañaría ser la amiga que está ahí cuando la necesitan…
Después de un día de práctica, Quinn me llamó.
-Gracias por prepararme aquella sopa, Rachel- me dijo. Aún se escuchaba un poco congestionada- Ahora me siento mucho mejor. En unos días volveré al trabajo.
-Me alegro, Quinn- le dije- Pero me siento mal. El taller me ha tenido algo ocupada… ¿has hablado con las chicas?
-Desde luego- contestó- Mercedes recuperó su negro cabello. Es un alivio, verdaderamente. Me estaba cansando de los extraños nombres con los que se refería a él.
-Parece que aprendió la lección- dije, entre risas.
-¿Y tú, como has estado?- preguntó- Pareces estar fuera del mapa.
-He estado preparándome- respondí- Falta muy poco para el ensayo y necesitaba practicar. No recuerdo haber corrido tantas manzanas en menos de una semana.
-Es un récord- comentó.-Pero valdrá la pena.
-Gracias, Quinn…Por cierto, ¿qué pasó finalmente con tu suegra?
-Espero que no se vuelva a aparecer por aquí hasta la graduación de Claire.
-Para eso falta mucho…
-Por eso mismo.
Solté una carcajada, y entonces…mi teléfono me indicó que tenía otra llamada.
En esos días, no había podido evitar sentirme como el punto intermedio entre el Upper West Side y el Upper East Side. Una parada a la que todos acuden, pasan por ella, y tratan de vivir en ella a pesar de que ya está muy solicitada.
Tanto en mi vida personal como en la profesional.
Aunque realmente me sentía más tranquila, aquel jueves por la noche tuve que desahogarme. Me estaba volviendo loca.
Era como si, de pronto todos necesitaban mi ayuda. Y yo lo único que necesitaba era a Finn.
Kate, Mercedes, Quinn, Tina, el maestro Rivers, e incluso Maxime.
Los quería a todos, y no dudaba en apoyarlos, pero sentía que cada vez que ellos me necesitaban, el que tenía que ceder era Finn, y eso nos quitaba tiempo.
-Mi agenda está llena- me quejé- Me la paso recorriendo esta ciudad. Me parece que he cambiado mi número al 911 ¿no te parece? ¡Todos me necesitan!
Finn sonrió.
-Eso es porque eres una buena amiga, Rachel…
Me besó en la frente, y entonces yo comencé a comprender…
Yo nunca me negaba. Había estado ahí para Tina, Quinn, y Mercedes. No importaba lo que sucediera. No importaba si no pedían mi ayuda, o si solo necesitaban contarme algo, por muy irrelevante que fuera. Yo estaba ahí para ellas. Me había permitido ser accesible.
Tal y como aquellos dos puntos.
-Y ahora que regrese a Broadway…tendremos menos tiempo juntos- dije con tristeza.
Finn se puso de pie, y tomó mi mano.
-No te discutiré eso- dijo- Pero… ¿qué te parece si aprovechamos este momento?
-¿Cómo?
-Escapémonos
Y justo como en los viejos tiempos, Finn y yo pasamos el resto del día en nuestro lugar. Un lugar en el que nadie podía molestarnos.
Llegamos a Central Park, y nos situamos en nuestro árbol para contemplar el cielo.
Tal vez la mayor parte del tiempo las cosas se veían agitadas, y tenía que pasar de una a otra. Cumplir con mis obligaciones como profesional y como amiga…pero en ese momento, me quedé quieta.
Me recosté en las piernas de Finn, y ahí fue cuando dejé de sentir aquella sensación de estar corriendo por Manhattan.
Estaba en Central Park, desde luego, pero con el amor de mi vida, y por primera vez, el tiempo no pasaba rápido.
Y en efecto, ya no podía decir que me sentía como el Upper East Side o el Upper West Side, incluso aunque esta vez, literalmente, me encontraba en medio de los dos.
¿Y? ¿Qué les pareció? Como lo mencioné anteriormente, no es de lo mejor que pude haber escrito, pero digamos que aquí comienza "el nudo" de la historia, jajajaja. Espero que lo hayan disfrutado, y por favor, por favor, por favor, dejen reviews. Me encanta revisar el inbox y darme cuenta de que tengo algunos, jaja xD ¡Por favor!
Para el próximo capítulo, me gustaría adelantarles que, probablemente, Finn y Rachel se meterán en problemas...
Por cierto, estaba pensando en algo. Si han seguido este fic, supongo que recuerdan el viaje que hicieron los chicos a Las Vegas. Bueno, se me ocurrió escribir un one-shot de todo el viaje, en el POV de Finn. ¿Qué les parece? ¿Les gustaría saber todo lo que ocurrió lejos de las chicas, fuera de Nueva York y como Puck hizo lo que hizo? ¡Solo avisenme y con gusto lo haré! xD Claro, si es una buena idea...¡Esperaré sus reviews! Nos seguimos leyendo...
