Londres (Primera parte)
Bella POV
- ¿Qué te parecería ir a Londres? – me preguntó Edward entrando al salón.
Acababa de llegar a casa después de salir a correr.
- ¿A Londres? – inquirí sin dejar de mirar la televisión.
- Sí – se sentó a mi lado y besó castamente mis labios. – Acabó de mirar el correo y mira que me ha llegado – me entregó con una sonrisa, un sobre abierto.
Saqué el papel que había dentro del sobre y lo leí.
- ¿Una reunión de antiguos alumnos? – le pregunté incrédula. – ¿Eso no se hace cuando pasan como cinco o diez años desde que te gradúas?
- No es exactamente una reunión de antiguos alumnos – me quitó el papel.
- ¿Y qué es?
- Una reunión con los antiguos alumnos – rió.
- Es lo mismo Edward – rodé los ojos.
- No, no es exactamente lo mismo. Esta reunión la organiza un grupo de alumnos y solo invitan a unos cuantos privilegiados, no a todos – me explicó.
- Da igual, como sea… No podemos ir a Londres – volví a mirar a la televisión.
¡Ya me había perdido por su culpa, quien había matado a la novia!
- ¿Por qué? – inquirió confundido.
- Porque el señor Denali no nos dará fiesta a ambos – le respondí sin apartar la mirada de la televisión.
- ¿Por qué? – repitió.
- Porque no podemos dejar a la empresa sin…
- Tanya lo hará bien – me cortó antes de que pudiera decir nada. Lo miré tras un suspiro y tras apagar el televisor, ya no merecía la pena seguir viendo la serie si Edward no me iba a dejar verla.
- Tanya no lo hará bien – le dije.
- ¿Por qué no?
- Porque apenas lleva un año en la empresa y no sabrá manejarla.
- Deberías de confiar más en ella.
- Confío en ella, quien no lo hace es su padre, si algo sucede mal dejándole a ella a cargo de la empresa, yo no podría perdonármelo.
- Tonterías.
- No lo son, perdona por preocuparme por mi trabajo – le dije molesta.
- No lo hagas, no lo perderás – besó mi mejilla y se levantó del sofá. – Vete haciendo las maletas, mañana hablaré con el Sr. Denali para que nos dé una semana de vacaciones a ambos.
- No, no lo harás – le dije levantándome.
Me negaba a viajar dejando la empresa en manos de la loca de Tanya. Estaba segura que su padre no nos daría a los dos una semana de vacaciones, así que por mucho que Edward estuviese sonriéndome de esa forma torcida tan sexy y creída, se iba a dar con el culo en el suelo.
- Sí lo haré. Prepara las maletas – volvió a besar mis labios y salió corriendo hacia el cuarto de baño sin darme tiempo a replicar. - ¡Voy a ducharme!, ¿me acompañas? – me gritó desde el baño.
…
- ¿No ves como si nos iba a dar la semana libre? – se burló Edward en el asiento de su coche camino hacia el aeropuerto. – Este mes no hay tanto trabajo y Tanya podrá con ello – sonrió orgulloso por su logro.
No le contesté nada, no me apetecía empezar otra estúpida pelea con él… y menos teniendo de acompañantes a dos personas más en los asientos de atrás.
Jacob y Leah nos acompañaban a Londres… a ella también le había llegado la dichosa carta y Jake se había ofrecido a acompañarla, cosa que me parecía estupendamente bien, mientras Jacob se hiciera cargo de ella, yo tendría una preocupación menos.
- ¿Estás enfadada? – la voz de Edward salió amortiguada cuando cerré la puerta de su coche de un portazo en cuanto lo aparcó en el parking del aeropuerto. – Bells – me llamó después de salir él.
- ¿Qué? – le pregunté caminando hacia el maletero.
- ¿Estás enfadada? – susurró a mi lado rodeándome con sus brazos.
- No – suspiré.
- ¿Segura?
- Sí – me alcé en la punta de mis pies y besé sus labios.
- ¿Te molesta que vayamos a Londres? Podemos dar la vuelta y no viajar.
- No cariño, está bien que salgamos de aquí unos días – le sonreí y palmeé su trasero antes de girarme y abrir el maletero.
- Dejad eso para cuando lleguemos – dijo Jacob a mi lado antes de coger su maleta y la de Leah.
…
Muchas, muchas horas después – no sabría decir cuántas, porque me dormía a ratos… – llegamos a Londres, de día. Mis piernas estaban adormecidas y doloridas, mi culo no se encontraba en mejores condiciones y mi espalda, mejor no hablemos de mi espalda.
- Luego te haré un masaje – murmuró Edward en mi oído cuando vio que me levantaba con dificultad del asiento del avión.
Salimos del avión, caminamos por el inmenso aeropuerto, cogí la mano de Edward para no perderme, tenía el presentimiento de que si lo hacía, acabaría sola en mitad de la terminal. Pasamos por inmigración y salimos de allí en tren. Yo solo me dejé guiar por la mano de Edward que tiraba ligeramente de mi cuerpo.
En cuanto vi las calles de Londres bajo mis pies, mire a cada rincón, cada casa, cada negocio… anonadada. Esta ciudad tenia algo… algo…
- ¿Te gusta? – Edward me sacó de mi ensimismamiento.
- Es… - no tenia palabras…
- Lo sé, yo también me quedé igual cuando vine y vi la ciudad – sonrió y tiró de mí para comenzar a andar.
Gracias a dios el hotel estaba cerca y en el mismo Londres, no soportaría estar más tiempo de pie o dentro de un vagón con una peste de macho entrando por mis fosas nasales.
Jacob y Leah iban en su mundo a unos pocos pasos de nosotros. En cuando llegamos a la recepción del hotel, Edward pidió la llave de nuestra habitación, ya lo había planeado todo desde Seattle, había reservado nuestras habitaciones, cosa que me sorprendió que Leah y Jake no compartieran una. No le di vueltas al asunto ya que no me interesaba y me dejé guiar de nuevo por Edward hasta nuestra habitación.
- ¿Tan cansada estas? - inquirió Edward.
Ya habíamos entrado a la habitación y yo ya me había tirado boca abajo en la blandita cama.
- Sí – mi voz sonó amortiguada por culpa del edredón.
Sentí como la cama se hundía a mi lado y pronto las manos de Edward separaron el pelo de mi cuello y sus labios se posaron ahí.
- Edward – gemí.
- Dime amor – siguió besando mi cuello.
- No puedo, estoy muy cansada – ahogué un bostezo con el colchón.
- ¿El qué no puedes? – preguntó curioso y divertido.
- No puedo ni con mi alma.
- No es necesario que tú hagas algo – abandonó mi cuello y atacó mi oreja derecha.
- Aun así, me quedaría dormida – sonreí aunque él no pudiera verme.
- Sigo diciendo que tú no tendrías que hacer nada – me giró lentamente dejándome boca arriba. Comenzó a soltar los botones de mi chaqueta. – Solo desnudarte – sus ojos estaban lujuriosos, encendidos, llameantes, pero aparte de eso, había algo más que no supe descifrar.
- No puedo – rezongué.
- No seas niña – me regañó y me ayudó a sentarme en la cama. – Ahora desvístete.
- Edward – me quejé cruzando mis brazos.
- ¿Prefieres que lo haga yo? Porque como lo haga, no haré nada de lo que tengo pensado en mente contigo, cambiaré mis planes y haré que no duermas durante al menos una hora.
Una hora… ¡JA!
No le contesté, solo lo observé durante unos largos segundos, hasta que aparté la mirada de sus intensos ojos verdes y con mucha fuerza de voluntad, me puse de pie y me quité la ropa, quedándome tan solo con la ropa interior.
- Eso es, buena chica – me sonrió y yo me dejé caer de nuevo en la cama, esta vez boca arriba. – No, no. Date la vuelta amor – me incorporé un poco con ayuda de mis brazos y lo miré de nuevo durante unos segundos. El muy cabrón solo sabía sonreírme… me guiñó un ojo y comenzó a desvestirse, bajo mi atenta mirada. – ¿Te gusta lo que ves? – preguntó cuando vio que no apartaba la mirada de su cuerpo desnudo.
Rodé los ojos y sin responderle nada, - de verdad que no podía con mi alma… - me giré cerrando los ojos y quedé boca abajo en la cama. El peso de su cuerpo hundió el colchón a mi lado unos minutos después, no sabía que había estado haciendo esos minutos, solo había oído ruido, como si hubiese estado rebuscando en su maleta y como no tenia ni ganas, ni fuerzas para abrir mis ojos cerrados, me mantuve en silencio y quieta.
- No te duermas Bella – me dijo o creo que me dijo, ya que mi cabeza estaba más en el mundo de los sueños que en esa habitación. – Esto quizás esté un poquito frio – soltó mi sujetador y apartó las tiras.
¡Joder!
Mis ojos se abrieron de golpe y mi espalda se arqueó cuando sentí que ponía algo frio en mi piel.
- Te advertí que estaría frio – rió.
- ¿Qué es? – le pregunté tratando de llegar a lo que me había echado por toda la espalda con mi mano.
Sus manos cogieron mis muñecas y las colocó por encima de mi cabeza.
- Quieta – dijo. – Solo es crema hidratante. Te voy a dar un masaje, solo eso, así que relájate, pero no te duermas, aun es temprano para hacerlo.
- Ahora estaría durmiendo en mi cama en Seattle – me quejé sin fuerzas e inhalando el olor de la crema hidratante que había echado en mi piel.
Olía tanto a él…
- Pero no estamos en Seattle, así que deja de quejarte y relájate.
Dejé de quejarme y de luchar contra él en cuanto sus manos esparcieron la crema por mi espalda y comenzó a masajear.
No tarde nada en quedarme dormida.
Edward POV
No podía creer todo lo que mi autocontrol estaba aguantando. Tener a Bella prácticamente desnuda, excepto por sus braguitas, estaba haciéndome complicado mantener mi entrepierna… flácida. Agradecía en este momento que estuviera no tan pero si cansado como ella. Tapé nuestros cuerpos con una manta que encontré en el pequeño armario que había en la habitación, programé el despertador de mi teléfono, dormir una horita no le iba a hacer mal a nadie… y atraje su cuerpo hacia el mío.
Se acurrucó en mi abrazo y suspiró antes de susurrar no sé si consciente o inconscientemente.
- Que bien hueles.
Sonreí y después me dejé lleva por el cansancio y el sueño.
…
- ¿Estás preparada? – le pregunté a Bella desde la cama.
Se encontraba en el baño preparándose para "la fiesta de antiguos alumnos". Yo ya estaba preparado, me había puesto un pantalón vaquero negro, una camiseta blanca y llevaría la cazadora. No sabía que se estaba poniendo Bella, llevaba encerrada en el baño cerca de una hora.
- Sí, ya salgo – gritó desde el interior.
- No es necesario que te pongas de gala – le dije.
- Lo sé – contestó abriendo la puerta del baño.
- ¿Para eso tanto tiempo? – me burlé al verla tan corriente vestida.
Alzó una ceja y me miró con los ojos entrecerrados.
- Me habías dicho que no me vistiera de gala… he tenido que cambiarme de ropa.
- ¿Por eso has estado una hora encerrada? – me levanté de la cama y me acerqué a ella.
- Tal vez – se encogió de hombros.
- Yo me habría conformado solo viéndote así vestida, no era necesario que te cambiaras de ropa.
- No lo he hecho – me sonrió y besó la punta de mi nariz.
- Entonces… ¿qué has estado haciendo una hora ahí encerrada?
¿A qué estaba jugando?
- Mis cosas – sonrió de nuevo y cogió el abrigo de encima de la cama. – ¿Nos vamos? Deben estar esperándonos – agarró mi mano y tiró de mí hasta que estuvimos fuera de la habitación.
Nos reunimos con Leah y Jacob en el bar del hotel. Salimos a la noche fría de Londres y caminamos hacía el local en el que se hacia la reunión, que para nuestra suerte, estaba bastante cerca del hotel.
El lugar ya estaba repleto de gente, saludé a unos cuantos compañeros de clase en la puerta y nos metimos más adentro.
- ¡Cullen! – exclamó uno de mis pocos amigos por encima de la música con su acento inglés.
Por suerte, la música no estaba muy alta.
- ¿Riley? – pregunté mirándolo de arriba abajo, había cambiado bastante.
- Claro tío, ¿quién sino? – sonrió y me abrazó como él solía hacerlo cada vez que me veía. – Cuanto tiempo, no he vuelto a saber nada de ti desde que te graduaste.
- Lo sé – le contesté un poco avergonzado.
Había dejado a mis amigos de lado cuando entré a trabajar después de mi graduación. Comenzamos a hablar unos minutos hasta que sentí la mano de Bella sobre la mía.
- Disculpa Riley, no te he presentado a Bella – me giré para mirarla con una amplia sonrisa. – Es mi novia – mi sonrisa se hizo más amplia.
- ¡Oh!, Riley Biers encantado – le extendió su mano a Bella. Ésta la miró un tanto desconfiada, pero al final la tomó y la estrecharon.
- Bella Swan, encantada – se presentó antes de girarse hacia a mí. – Voy a por algo de beber, ¿qué quieres tú?
- Cualquier cosa amor, estará bien – besé sus labios antes de que se fuera.
Bella POV
Me separé de Edward y caminé hacia lo que parecía una mesa improvisada con cajas de madera y cartón. Llegué allí y observé todas y cada una de las bebidas que allí había. Si tenia que oler todos los vasos para saber que contenían, la llevaba clara…
¿Qué concepto tenían los ingleses de fiesta?
Esto en América, sería una fiesta de…
- Creo que deberíamos de ir a aquella barra – me sobresalté al escuchar la voz de Jake tan cerca. – Lo siento – rió entre dientes. – No quería asustarte.
- No pasa nada, estaba concentrada mirando que bebida elegir.
- De esta me… intento de mesa, ninguna. Vamos a la barra de allí, aquello tiene mejor pinta – me señaló una barra con sus camareros y sus botellas bien colocadas a sus espaldas sobre unos estantes.
- Vamos – le dije rápidamente y cogiendo su mano, tiré de él.
Llegamos hasta allí entre empujones y alguna que otra pisada, ¡menos mal que no llevaba zapatos! Nos abrimos paso entre la gente hasta que alcanzamos la barra. Apoyamos nuestros codos en ella y esperamos a que alguien pudiera atendernos.
- ¿Estas preparada para soportar esta noche? – Jake alzó su mano y pasó su dedo por debajo de mis ojos. - ¿Cullen no te da tregua? – rió.
- Sí y sí – le respondí. – Edward no me ha tocado en ese sentido desde que estamos aquí – un par de días. – Y sí estoy prepara para soportar esta noche. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque tiene pinta de que va a ser una noche en la que tú y yo, no pintamos nada.
- Lo sé – suspiré. – Yo no quería venir, pero Edward se puso muy… - no encontraba la palabra exacta para definir el comportamiento de Edward de las últimas dos semanas.
- ¿Pesado? – inquirió con una sonrisa.
- Pesado no sabría decir si es la palabra adecuada – me encogí de hombros. – Más bien diría…
- Mejor no lo digas, no quiero saber cómo consiguió convencerte – se estremeció de forma graciosa.
- No me convenció de…
- Shh – puso rápidamente su mano en mi boca silenciándome. – Solo pidamos algo y volvamos con ellos – asentí con una sonrisa aunque tuviera su boca tapada por su mano.
Después de lo que parecieron las veinte minutos más largos de mi vida, acabamos con cuatro vasos de whisky en nuestras manos. Nos juntamos con Edward y Leah que estaban de lo más entretenidos hablando con un montón de gente. Me puse al lado de Edward y le entregué su vaso, me lo agradeció con un tierno y rápido beso y se volvió hacia la pareja con la que estaba hablando.
Jacob y yo estuvimos cerca de dos largas horas escuchando historietas, anécdotas y más estúpidas cosas que tenían que contarse los unos a los otros. Estaba realmente jodida en esta situación y en este momento. No me dolía que hablaran y hablaran y hablaran… no, lo que me dolía era que Edward no me había hecho ni puto caso en toda la puta noche. Jacob estaba igual que yo, incluso un par de veces tuve que zarandearlo un poco para que no se quedara dormido. Leah se había unido a Edward y estaban recordando con las demás personas todo lo que habían vivido en la universidad. Jake y yo nos sentíamos un poco desplazados, claro, todo porque ninguno de los dos nos hacía caso. Estábamos siendo completamente ignorados.
- ¿Quieres bailar? – Jacob me sacó de mis pensamientos.
- Claro – acepté inmediatamente, mejor mover el cuerpo que estar allí sentada y aburrida.
Tomé su mano extendida y me levanté de la silla en la que llevaba más de una hora sentada. Nos juntamos con un grupo de personas que estaban bailando en el centro del local.
- Creí que no te gustaba bailar – me dijo Jake cuando comenzamos a… mover raramente nuestros cuerpos.
Éramos ridículos bailando si no teníamos quien nos guiara…
- No me gusta, pero prefiero estar aquí, que allí sentada – le expliqué. – Pensé que me quedaría dormida igual que tú – reí a recordar las veces que tuve que moverlo.
- Es que esto es realmente aburrido – cogió mi mano y me hizo dar un giro que no venia al caso con el ritmo de la música. – Cuando acepté venir aquí, pensaba que iba a divertirme mucho, pero no he hecho otra cosa que aburrirme desde que llegamos.
- Leah no… - sonreí pícaramente sin acabar la frase.
- Apenas salgo de la habitación del hotel. Cada vez que Leah me saca tengo que soportar todo lo que vivió con Edward aquí – bien, no diré que eso no me molestó, porque lo hizo…
No quería ni imaginar todo lo que Edward había vivido con Leah aquí, pero muchas imágenes para gente mayor de dieciocho pasaron por mi mente sin mi permiso.
- Olvidémonos de ellos esta noche y seamos solo Bella y Jake, como en los viejos tiempos – ofreció.
No lo dude, no quería poner más imágenes desagradables en mi cabeza, así que acepté.
- De acuerdo. ¿Leah no te ha enseñado nada de Londres?
- No, excepto un par de restaurantes en los que hemos comido y algunas calles y casas o algo así en las que me contaba su… pasado.
- Vámonos de aquí – le propuse. – Yo te enseñaré la ciudad.
-¿Ahora? – inquirió incrédulo.
- Sí.
- ¿Estás segura? Es tarde.
- ¿Tienes prisa?
- No.
- Entonces vámonos.
Asintió emocionado y entusiasmado. Agarró mi mano y tiró de mí hacia la salida.
- Espera Jake, vamos a decirles que nos vamos.
Nos acercamos a Edward quien seguía hablando y Leah que le asentía y sonreía a lo que él decía.
- Edward – tiré un poco de su brazo para que me prestara atención. – Edward – probé otra vez. Sabía que era de muy mala educación interrumpir las conversaciones, pero bastante mal me sentía por haber sido ignorada durante la noche.
- Dime – se giró con una sonrisa.
- Me voy con… - se giró de nuevo hacia un par de chicos y rió con ellos de algo que estaban diciendo.
No me molesté más. Solté el brazo de Edward, cogí la mano de Jacob que ni se molestó en avisar a Leah de que nos íbamos y salimos del local.
- ¿Estás bien? – me preguntó deteniendo mis rápidos pasos.
- Sí – murmuré.
- Si quieres podemos dejarlo y volver ahí dentro.
- No, no quiero estar más ahí. Te voy a enseñar Londres o al menos lo que yo conozco de Londres – le sonreí como más buenamente pude.
Comenzamos a caminar por toda la ciudad, le enseñé todo lo que pude a estar horas de la noche, cómo la torre de Londres, el Big Ben, caminamos por Camden, también lo hicimos por Hyde Park en cuanto abrieron sus puertas, vimos el Buckingham Palace, caminamos al lado del rio Támesis… acabamos en el London Eye cuando ya era de día.
Era una de las norias más grandes que había en el mundo o eso me había dicho Edward cuando me la enseñó, un día después de que llegáramos. Desde lo más alto de la noria se apreciaba casi todo Londres. Era espectacular.
Llegamos un poco antes de que abrieran la atracción y ya había gente esperando. Nos colocamos en la cola a la espera de que abrieran, en cuanto lo hicieron no tardamos mucho en subir. Nos metimos en la cabina los dos, con algunas personas más y comenzamos a ascender lentamente.
- Wow – dijo cuando estuvimos en lo más alto de la noria.
- Lo sé – sonreí. – Es espectacular.
- Sí, espectacular es el mareo que estoy sintiendo al estar aquí encerrado y a esta altura – dijo con voz ahogada.
Me giré hacia él preocupada y asustada, nunca creí que Jacob pudiese marearse en una noria.
- Era broma, tranquila – rió como solo él sabía hacerlo, alto, fuerte y escandaloso. – A mi estas alturas no me asustan – golpeó su pecho con su puño cerrado demostrando lo machote que era y volvió a reír de nuevo.
- No ha tenido gracia – me quejé. – No iba a poder aguantarte el cuarto de hora que tarda esto en bajar de nuevo.
- ¿Te resulto insoportable? – inquirió divertido cuando sus risas cesaron.
- En algunas ocasiones sí – me burlé sonriéndole, no podía evitar hacerlo.
- ¿Ahora te resulto insoportable? – volvió a preguntar acercándose peligrosamente a mí.
- No, ahora puedo manejarte a mi antojo – reí entre dientes.
- ¿Manejarme a tu antojo? – Jake alzó una ceja.
- Sí, a mí antojo – repetí.
- No creo que pudieras hacerlo en este momento – cortó la poca distancia que separaba nuestros cuerpos. - ¿Ahora serias capaz de manejarme? – murmuró con la voz más ronca que de costumbre, alzando sus manos y colocándolas una a cada lado de mi rostro.
Estaba segura de lo que iba a hacer sin importar cuanta gente nos rodeara. Estaba más que segura que sus labios iban a tocar los míos en cuanto su rostro se fue acercando a mí y yo, no podía permitirlo, no quería herirle, pero debía pararle.
- Jake – susurré poniendo las manos en su pecho para apartarlo de mí. – No creo que debamos hacer esto – lo separé unos centímetros.
Sus ojos me miraron durante varios largos minutos, hasta que con un suspiro los cerró y se apartó de mí.
- Lo siento, no sé que me ha pasado – susurró. – Creo que ha sido el alcohol.
- Solo has bebido un par de vasos de whisky.
- Sí, pero… a algo había que echarle la culpa, ¿no? – sonrió y se llevó una mano a su nuca, lucia un pelín avergonzado.
- Jake… - reí. – Eres imposible.
Edward POV
- Leah, ¿has visto a Bella? – le pregunté cuando me di cuenta de que había pasado bastante tiempo sin verla y de no sentirla a mi lado.
- No – me contestó muy cerca de mi cara, su aliento olía a alcohol, a mucho alcohol.
El mío esperaba que no lo hiciera así, tenía planes para esta noche con Bella y lo que menos me quería es que se arruinaran por culpa de mi aliento.
Busqué por todo el local con Leah pisándome los talones, literalmente hablando. Caminé hacia la salida después de recorrerme todo el local, incluso le pregunté a Riley si la había visto, pero me dijo que no, que la última vez que lo había hecho, había sido de la mano de mi amigo el moreno.
Salí del local sin despedirme de nadie y respiré el aire limpio de Londres. Ya había amanecido… miré la hora en mi teléfono móvil y me sorprendí de lo tarde que era.
- Vamos al hotel – le dije a Leah. – Bella y Jacob estarán allí – o eso espero, añadí internamente.
No iba a poder llamarla al móvil, porque no se lo había traído…
- Edward ¿podrías ayudarme a andar?, los tacones me están matando.
- ¿Cuánto has bebido? – le pregunté divertido al ver como se tambaleaba cuando caminó hasta donde estaba yo.
- No más que tú – contestó.
Caminamos lentamente hacía el hotel, después de un camino que pensé que nunca acabaría porque teníamos que parar cada diez metros porque Leah no podía con sus pies, llegamos al hotel.
- Acompáñame hasta mi habitación a ver si esta Jake – me pidió.
- Él estará en su habitación.
- No, dejó libre su habitación ayer para dormir conmigo, tiene todas sus cosas en la mía.
Caminamos hasta el ascensor y una vez dentro, Leah se quitó sus zapatos. La vi suspirar de alivio, supongo. Apoyó su espalda y su cabeza sobre una de las paredes del ascensor y cerró los ojos.
Salimos de allí y caminamos por el pasillo hacia la puerta de su habitación. Leah ya no se tambaleaba, así que supuse que antes había sido por los zapatos y no por la cantidad de alcohol que hubiese podido beber. Abrió la puerta y asomó la cabeza dentro, se giró hacia a mí con el ceño fruncido y dijo:
- No está.
- ¿Cómo que no está? – inquirí confuso y abriendo la puerta.
- Como que no está – la miré de reojo justo a tiempo para verla rodar los suyos. – No era tan difícil de entenderlo.
- ¿Y donde ostias esta? – bramé.
Como estuviese con Bella… en mi habitación…
- Y yo qué coño sé, no he estado con él durante toda la noche – me respondió cuando pasé por su lado rumbo hacia mi habitación.
Llegué a la puerta y la abrí cuando conseguí meter la llave en la cerradura… un momento… si yo tenia la llave, ellos no podían estar en nuestra habitación. Aun, con mi reflexión, empujé la puerta y miré por toda la estancia.
Nada, no había nadie. Suspiré aliviado un segundo, después varias imágenes de Bella y Jake en otra habitación aparecieron en mi mente. Gruñí como si fuese un perro y me giré para salir de la habitación, pero el cuerpo de Leah me lo impedía y que hubiera cerrado la puerta del cuarto, lo impedía más.
- ¿Qué haces? – rugí.
- Tenemos que hablar – dijo casi sin voz.
- No tengo tiempo, necesito encontrar a Bella – intenté apartarla de la puerta pero no pude. Leah era más fuerte de lo que aparentaba. – Leah…
- Vamos a hablar, no puedo más Edward – la miré a la cara cuando un pequeño sollozo escapó de sus labios.
- ¿Qué ocurre? – le pregunté preocupado.
- No puedo más con lo que siento – la miré sin llegar a entender del todo. – Edward, yo te quiero.
- Yo también te quiero Leah – le dije con el ceño fruncido.
Quizás el alcohol que había bebido le estaba afectando más de lo que parecía.
- No, no, ¡no! – me gritó asustándome. – Quiero decir que te a…
- ¡No! – le corté antes de que dijera nada más, sabía de sobra lo que me iba a confesar. – Lo hablamos Leah, hablamos de que esto no podía ser cuando empezamos con nuestra locura. Dijimos que teníamos que dejar los sentimientos fuera cuando nos necesitásemos de esa forma. ¡Lo dijimos!
- ¡No tengo la culpa de que haya sido tan estúpida de haberme enamorado de ti, imbécil! – me gritó de vuelta.
Lo había previsto… sabía que esto ocurriría… lo sabía por la forma en la que actuaba cuando se entregaba a mí cuando estábamos viviendo aquí. Lo sentía por ella, ya que no quería hacerle daño, pero…
- Olvídalo Leah, ¡olvídalo! Sabías de sobra que solo había una mujer para mí, lo sabías – me aparté de ella dándole la espalda.
- Sí, lo sabía – susurró. – Solo había una mujer para ti, pero dime, ¡¿pensabas en ella cuando me follabas a mí? ! – alzó la voz.
Me giré bruscamente y la miré con los ojos abiertos de par en par.
- ¿Lo hacías? – volvió a preguntar ahogando un sollozo.
No le contesté, porque no sabía que decirle. Todas las veces que había estado con ella en la cama… acostándonos, follando… yo había bebido y bastante que algunas veces lo recordaba, aunque otras muchas veces no lo hacia, como para acordarme de lo que pensaba o sentía.
- ¡He sido una estúpida todo este tiempo por creer que al menos una parte de ti pensaba en mí de esa forma!
- ¿Qué forma? – le pregunté casi sin voz.
- No solo como amigos – sus lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas sin que ella pudiera evitarlo.
- Te lo dije Leah, te lo dije incansables veces. Te lo repetí mil veces y tú siempre me decías que no había problema… ¿Desde cuándo estas…?
- Que más da – sollozó. – ¡Que más da!
- Mucho – rugí. – Si me lo hubieses dicho, yo hubiera…
- ¿Hubieras qué? – preguntó cuando no acabé la frase.
- Me hubiera alejado de ti – murmuré. – Y estaríamos evitando que pasase esto – la señalé. – No quiero hacerte daño Leah, sabes cuánto te quiero y cuanto te agradezco todo lo que has hecho por mí. Pero solo puedo ofrecerte mi amistad, solo eso – le dije con voz suave.
- No me vale – susurró. – No puedo dejar de pensar en ti, verte con ella me mata – dijo entre dientes acercándose a mí.
- Lo siento Leah, sabías que mi vida era Bella, siempre ha sido ella y siempre lo será.
- Edward por favor – me mataba verla suplicar con las lágrimas derramándose por sus mejillas. – Por favor – agarró mis manos y se acercó más a mí, dejándonos separados por apenas unos centímetros. – Por favor – volvió a suplicar.
- Leah… - me silenció cortando la poca distancia que separaba nuestros labios.
Su boca se presionó en la mía, su lengua invadió mi cavidad bucal, yo estaba en shock ante su acción, no es como si no me lo esperara, pero su forma de besarme, hambrienta, cálida, necesitada… me dejó pasmado.
Realmente estaba enamorada de mí, siempre pensé que Leah era una persona incapaz de enamorarse de alguien por su forma de ser, pero estaba equivocado.
Con un saltó rodeó mi cadera con sus piernas e hizo que perdiera el equilibrio y ambos retrocediéramos hasta que mis piernas golpearon la cama. Caímos en el colchón, su boca seguía pegada a la mía y yo, seguía igual de… aturdido.
Cuando ya salí de mi estado de estupidez e iba apartarla de mi cuerpo, escuché su voz.
- ¿Edward?
¡Hola!
Vuelvo con otro capitulo más al que quiero agradecer la idea a tlebd y xikita por contribuir a ayudarme a tener algo que manejar y darle forma a la historia. Estaba un poquito parada y en blanco (solo tenia ideas sueltas), y entre las tres he podido sacar esto, ¡espero que os guste! (me muerdo las uñas... jajaja)
No tengo mucho que deciros, solo que siento el retraso, pero mi vida ha estado una vez más cuesta abajo y yo he caído en picado y sin frenos, apenas he tenido tiempo para escribir...
Gracias a todas/os por vuestros reviews, por las alertas y los favoritos que cada vez me agregáis más, y sobretodo por leer (aunque no estaría mal que alguna vez dejéis un comentario aquellas personas que no lo hacen, dejando de lado vuestra vergüenza :-P )
Gracias Pili por aguantarme día y noche, no sabes que duro es esto... digo que no tengas internet y tengamos que tirar de móvil... jajajaja. Gracias por estar ahí siempre que lo necesito ^^. Y gracias a Silves por tratar de levantarme el ánimo planeando tu escapada hacia mis playas para emborracharnos a la luz de la luna. Os espero a ambas con los brazos abiertos ;-). La Pili se nos une... jajajaja. Y también gracias a la desaparecida Yzza que siempre está ahí para escucharme. ¡Gracias chicas!
Nos leemos espero que pronto...
¡Un abrazo!
