Esta historia es de Krazyk85, yo sólo traduzco.

Aclaración: Los personajes y lugares reconocibles son propiedad de Stephenie Meyer. El argumento y demás ingredientes de esta obra, son de la autora.

.

Chop and Change

Capítulo veintiuno

Edward era tan complejo como los tatuajes que cubrían su cuerpo. Los diseños intrincados eran una visión exterior de cómo funcionaba su mente. Era como dos caras de una moneda. Cuando era cara, era un loco que buscaba diversión empujando los límites y quebrando las leyes. Cuando era cruz, la parte que solo yo podía ver de él, era gracioso y muy protector conmigo.

Esto solía confundirme, él podía ser una o las dos cosas, o ninguna de las dos. Me hacía adivinar cada vuelta, siempre tratando de descifrar lo que quería decir o por qué hacia algunas cosas. Al final, me lo estaba haciendo muy complicado. Edward hacía las cosas sin ninguna razón, pero las hacía deliberadamente.

E independientemente de lo mareada e inestable que me hacia sentir a veces, podía confiar en que él siempre estaría allí para atraparme.

Sus largos dedos se deslizaban sobre mi piel, haciendo figuras desde mis pechos y hacia mi ombligo. Cada toque de sus dedos enviaba escalofríos a mi cuerpo.

—¿Estás durmiendo? —murmuró en mi cabello.

El agotamiento por los hechos de ayer no mantenía despiertos pero aletargados. Nuestros cuerpos estaban dormidos, pero nuestras mentes seguían girando salvajemente. Eran casi las nueve de la mañana, y el sueño todavía me eludía.

—No —respondí, sosteniendo la Colt en mi mano y mirando mi reflejo, pensando en lo aburridos y simples que eran mis ojos. No eran tan hipnotizante como los profundos ojos verdes de Edward.

—Trece días más —susurró Edward, tratando de vencer el sueño.

Sonreí, soltando el arma y acurrucándome contra él.

—Si… pero ya no hay cuenta regresiva. Lo único para lo que esperaba ese día era para tenerte a ti, y ya lo tuve.

Resopló.

—Me rendí fácilmente.

—Deberías haberte rendido antes.

—Lo hice… —Bostezó, acercándome a él—, esa primera noche.

Había muchas primeras noches cuando se trataba de Edward y yo.

—¿Cuál?

—La noche que te traje a casa y te desmayaste por fumar marihuana. —Caía más y más en su sueño que su voz salía cortada e incoherente—. Te besé.

Mis ojos se abrieron de golpe y me senté en la cama. Me giré para mirarlo. Me estaba observando, viendo mi reacción, pero podía decir que estaba a dos segundos de quedarse dormido.

—¿Me besaste? —Sacudí mi cabeza con incredulidad.

—Si —dijo, encogiéndose de hombros—. Solo fue un beso. Apenas hubo algo de lengua.

Me froté el rostro con fuerza, tratando de que mi mente lo aceptara. Edward me besó, ¿y yo no lo sabía? ¿Sin mencionar que puede que haya habido algo de lengua?

—¿Yo estaba inconsciente para este beso?

Se mordió el labio, sus dientes sobre su piercing, y lucía como un niño que atraparon con las manos en la masa.

—Estabas un poco… apagada.

—¿Apagada? —Entrecerré mis ojos—. Así que, ¿cuántas veces me has besado sin mi conocimiento?

—Fue solo esa vez —dijo, sentándose en la cama, ahora bien despierto.

Después de todas sus "morales" y bromas, él fue quién había quebrado el acuerdo y me había besado esa primera noche. Y ni siquiera había tenido la decencia de decírmelo.

—¡Eres tan…. idiota! —gruñí, torciendo fuertemente su pezón, y alejándome de él.

Él gritó del dolor, tomando mi mano rápidamente. De un solo tirón, me trajo de vuelta a él. Me envolvió en sus brazos, aferrándome fuerte mientras trataba de resistirme.

Rio.

—¿Por qué estás tan enojada?

—Porque si vas a besar a alguien, al menos puedes despertarle para ello —dije, pateando las sábanas.

—¿Qué importa? Te he besado un montón desde entonces —dijo, deslizando su boca por mi cuello—, y has estado despierta cada vez.

Me volvía loca. Debilitó mi voluntad para seguir enojada con él, pero no solo eso, olvidé por qué estaba enojada. Él nublaba mis pensamientos, y ahora, todo lo que podía pensar era en la manera que sus labios se sentían contra mi piel y la fuerza de sus dientes mientras me mordisqueaba.

Nos recostó en la cama y se colocó sobre mí. Me besó a lo largo de mi mandíbula, mis labios, mi nariz, y mis párpados. Estaba besando cada parte de mi rostro. Metió su mano por mi camiseta y tomó mi pecho, girando su pulgar por mi pezón.

Solté un gemido, a lo que él calló con su boca, y me besó con más fuerza y urgencia, su lengua fuerte y dominante, y pronto estaba dominando la mía. Presionó su pecho contra mí, apretando mis pechos y empujando suavemente su pelvis.

Mis manos estaban en su cabello, y mi pierna estaba alrededor de su cadera, jalándolo hacia mí con mi talón, deseándolo y necesitándolo. El deseo de sentirlo dentro de mí estaba incrementando y convirtiéndose en un infierno.

Deslizando sus dedos por el borde de mis pantalones, los bajó por mis caderas. Su mano agarró mi culo desnudo. Era doloroso pero delicioso, y lo besé, rogando por más.

Se sentó sobre sus rodillas, tomando de mis pantalones y sacándolos en cuestión de segundos. Los tiró al suelo justo cuando hubo un golpe en la puerta.

—Por Dios —gruñó Edward, dejando caer su cabeza en mi vientre.

—¿Eddie? ¿Bella? —gritó Emmett.

—¿Qué mierda quieres? —respondió a gritos Edward.

—Necesitan venir aquí. ¡Ahora!

—¿Para qué? ¡Estamos tratando de dormir aquí! —dijo Edward, levantando su cabeza y fulminando con la mirada hacia la puerta, tratando de hacer un agujero en ella.

Emmett soltó una carcajada, y podía verlo rodando sus ojos.

—Solo vengan aquí, carajo. Es importante.

—¿Qué puede ser tan jodidamente importante? —murmuró para sí mismo, tomando mis pantalones desechados y volviéndolos a poner. Lucía tan triste por eso.

Sentándome en la cama, me reajuste mis prendas y le sonreí.

—Es como si supiera o algo así.

—Él solo adivina las probabilidades —comentó Edward, levantándose de la cama y poniéndose una camiseta.

Una vez que estuvimos presentables, y nuestros rostros no estaban excitados y sonrojados, salimos de la habitación. Toda la familia estaba allí, sentados en la sala con los ojos pegados al televisor. Apenas fueron conscientes de nosotros, y no podía entender qué era tan importante, pero entonces, eché un buen vistazo a lo que estaban viendo.

Eran las noticias, y estaban mostrando un video de un asalto en la estación de policía que fue grabada por su cámara de seguridad. Las imágenes en blanco y negro eran claras e inconfundibles. Mostraba exactamente lo que había pasado hace menos de cinco horas.

—¿Qué mierda? —siseó Edward, mirando el televisor, viendo la repetición de él apuntando el arma hacia la cabeza de Phil—. ¿Cómo mierda es esto una noticia? No lo maté.

—¿No lo mataste? —Rio Jasper secamente—. Sí, y me puedes agradecer por eso, idiota. Porque de lo contrario, no sería asalto a mano armada, sería asesinato.

—Pero no le pegué. Presioné en arma contra su cabeza, grandísimo hijo de puta —dijo, acercándose más al televisor—. ¿Y por qué solo están mostrando esto? ¿Y qué hay de cuándo estaba estrangulando a Bella? ¿Dónde está eso?

—No lo tienen —dijo Alice con tristeza—. La cámara no estaba enfocada allí en ese momento. Solo te vieron a ti.

—Oh, mierda —jadeé, cayendo en el sofá al lado de Alice. Ella me pasó el brazo por mis hombros.

Esto era malo.

—¿Qué mierda estabas pensando, Eddie? ¿Frente a una estación de policía? ¿Acaso estabas jodidamente drogado? —interrogó Emmett, sacudiendo su cabeza.

—Ese imbécil estaba estrangulando a Bella, Emm, ¿qué mierda se supone que debía hacer? ¿Tocarle en el hombro y pedirle amablemente que deje de hacerlo? —preguntó Edward, pasándose una mano por su cabello.

—No, pero hay otras manera de manejar una situación —intervino Rose—. No puedes ir apuntando con un arma por ahí a cualquiera como un salvaje.

Él le fulminó con la mirada.

—Tal vez debería usar tu técnica y simplemente apuñalar a la gente.

—Agh —gruñó Rose, levantándose de su silla y le dio un puñetazo mientras pasaba—. Maldito idiota.

Me dio una mirada fugaz, una mezclada de simpatía e irritación y se fue a la cocina.

—También han estado hablando del Lamborghini toda la mañana —informó Jasper.

—¿Sospechan de Edward y yo? —pregunté.

Él negó con la cabeza.

—No, no tienen pistas.

—¿Pero cuánto crees que vaya a durar eso? —dijo Emmett, sus palabras apuntaban hacia Edward—. ¿Eh? Unirán dos y dos, y lo próximo que sabrás es que tu culo estará detrás de las rejas.

—Estás exagerando, Em —respondió Edward, mirándome a mí—. ¿Limpiamos todo, no?

Asentí, pero la duda se colaba en mi cabeza. ¿Y si había omitido alguna parte? Mis huellas estaban en los archivos por cargos de asalto y agresión, y las huellas de Edward… asumí que también estaban registradas.

Mostraron las fotos policiales de Edward y yo en la pantalla, indicando que sabían quienes estaban involucrados en el asalto. Esto no era algo bueno. La policía iba a estar tras nosotros en cualquier momento. La apariencia de Edward en la foto parecía la misma, tal vez un poco más joven, pero era yo la que lucía diferente. Mi cabello había estado más corto con mechas rubias, ellos sabrían que no fue tomada anoche.

Todos de ellos, como un dibujo animado, miraron directamente hacia mí.

—¿Cuándo fuiste arrestada? —preguntó Edward.

—Em, hace un año —respondí.

—¿Por qué? —preguntó Alice.

—Asalto y agresión —respondí tímidamente, encogiéndome de hombros.

—Mierda, ¿en serio? —preguntó Rose, volviendo a la sala—. ¿Bebé Bella fue arrestada por patear traseros? ¿Quién fue? ¿Fue una chica que estaba metiéndose con tu hombre?

—No, no exactamente —dije, mirando fijamente a Edward. Él me miraba con algo de asombro. Me sonrojé bajo su mirada—. Rompí un jarrón contra la cabeza de mi padrastro.

—¿El mismo tipo que le diste un puto rodillazo en las pelotas en el vídeo? —preguntó Emmett.

Asentí.

—El único.

La sonrisa orgullosa de Edward se desvaneció cuándo se dio cuenta la razón por la que había golpeado a Phil. Se levantó de su lugar y comenzó a caminar.

—Mierda, ¿qué hizo este tipo para merecer tanto maltrato? —preguntó Rose, concentrándose en el televisor y tratando de ver mejor a Phil.

—Él es un idiota, Rose. Dejémoslo así, ¿de acuerdo? —espetó Edward.

Él me estaba protegiendo. Él sabía lo incómoda que me hacía hablar sobre Phil, pero más que eso, era nuestro secreto. La familia era un tema tabú para cualquiera fuera de nuestra burbuja.

—Diablos, lo que sea que hizo, parece que se lo merecía —dijo Rose, agitando su mano con desdén y sentándose en el regazo de Emmett.

—Bueno, ahora saben quién eres —dijo Alice, abrazándome cariñosamente—. Con el tiempo, van a relacionarte con el Lamborghini robado.

—No lo harán —interrumpió Edward, sacudiendo su cabeza—. Fuimos cuidadosos.

—No importa, tío. Sin importar si son arrestados por el Lamborghini o el asalto, ustedes irán a la cárcel… —pausó Jasper, mirándome a mí—. Bueno, tú tal vez no. Sigues siendo menor de edad.

La única vez en que mi edad funciona a mi favor.

—No —dijo Edward, decidido—. Si vienen por nosotros, escaparemos.

Mis ojos se abrieron sorprendidos, y me quedé boquiabierta. ¿Hablaba en serio?

—¿Escapar? Cállate, tío. —Rio Emmett—. ¿Dónde mierda van a ir? ¿A México? El cartel de droga no está muy feliz contigo después de esa mierda que hiciste la semana pasada.

—No lo sé —dijo Edward, encogiéndose de hombros y continuando con su caminar frenético—. Iremos a algún lugar.

—Estás loco —se mofó Rose—. Cargo de asalto no es el fin del mundo, Eddie. ¿Qué es eso? —preguntó, mirando hacia Emmett—. ¿Cinco años?

—Depende —respondió él—. Si no hubiese sacado su arma, tal vez cinco años, pero es un idiota con mal genio y probablemente le den de diez a quince, considerando que esta no es su primer cargo.

—¿Diez a quince? —pregunté, luchando por respirar ahora.

—Bella —dijo Edward, dando un paso largo a través de la sala y poniéndose de rodillas frente a mí. Tomó mis manos en las suyas y me obligó a mirarlo—. Eso no va a pasar, ¿de acuerdo? Huiremos y nos iremos a algún lugar.

—¿Y luego qué? —pregunté, tragando el gran nudo en mi garganta—. ¿Vamos a vivir nuestra vida como fugitivos?

—¿Qué otra opción tenemos?

—¿Y qué pasa con el dinero? ¿Dónde vamos a vivir? —interrogué,

—Dónde queramos. Si necesitamos un rollo de cinta, —sonrió—, nos detendremos en una ferretería.

Bufé, rodando mis ojos.

—Si, está bien.

—Vamos, nena —dijo, explorando mis ojos con los suyos—. Sabes que quieres hacerlo.

—Estás loco —respondí, apoyando mi frente contra la suya—. Toda esta idea es una locura.

—Sí, lo sé —dijo, sus ojos brillaban de emoción—, pero imagínate toda la diversión que tendremos.

En ese momento, y sin ninguna razón en absoluto, el capó del Lamborghini vino a mi mente.

—Y todo los problemas que causaremos —añadí, mis labios apenas rozando los suyos, sintiendo la emoción y excitación abrumadora.

Edward sonrió, sabiendo que ya me tenía.

—Exactamente.

En algún lugar de la sala, Jasper gruñó fuerte, ya prediciendo lo que se nos venia… total y completo desastre. Pero ya estábamos decididos.

Salir a la carretera en un Chevelle rojo con las ventanillas bajas y crear un infierno con mi novio no era lo que había planeado para mi vida. Hace unos meses, inspiraba a ser escritora, pero ahora mis prioridades habían cambiado…

Yo había cambiado.

Y, honestamente, ¿cómo podía negármele a él?

No todos los días tu novio ofrece robar el mundo para ti.

.

.

.

Ok, a partir de ahora es donde empieza toda la locura de verdad jaja

Saludos :)