Los primeros días después de la segunda fase fueron, como esperaba, los peores. Sasuke aún continuaba siendo chequeado regularmente por médicos y por él, controlando no sólo su estado de salud, sino también el sello que le implantó encima de la mordida de Orochimaru. Anko, a pedido del Hokage, debía encargarse de algunas rondas de vigilancia del Uchiha, dado que de haber algún cambio ella sería la primera en notarlo, y porque el Sarutobi creía que así Sasuke tendría alguien con quien hablar que comprendiera lo que ocurría en su cuerpo, pero Anko nunca se acercó a verlo, aterrada de los recuerdos.

El líder de la aldea le había prometido, a su vez, que dentro de poco llegaría Jiraya, su ex-estudiante (alguien que, Kakashi sabía, superaba ampliamente sus conocimientos en fuinjutsu) y le haría chequear el sello maldito del muchacho para garantizar que quede inactivo.

Naruto, como esperaba también, estaba en una constante nube de… felicidad, saltando de arriba a abajo sin detenerse. Haciendo bromas a quien se le cruzase y apareciéndose de la nada para insistir en que lo entrene durante este mes.

Y él que pensaba que Gai era molesto.

Era insoportable, pero Kakashi no podía evitar sentir un gran alivio, sin dudas el comportamiento del Uzumaki era lo único que aún continuaba normal.

Ino no lo buscó en ningún momento, Inoichi le había informado que le daría una "semana de descanso", lo que claramente significaba que alguien en su clan se había percatado de lo sucedido y querían ver qué tanto se había afectado su psique (sobre todo por la total destrucción del Hogosha maindo). Sólo supo que ella volvió a entrenar cuando Hayate le comentó que hacía dos días Ino se había acercado a verlo para pedirle retomar sus clases.

No lo sorprendió demasiado que no quisiera verlo a él.

"Kakashi-sensei!" La atornilladora voz de su hiperactivo alumno sonó fuerte y claro, provocando que el jönin rodara los ojos, "Kaka-shi-sen-sei. Kaka-sensei. Kashi-sensei. Seeeenseeeeei."

"¿Qué pasa, Naruto?"

"Entréneme."

"Ah-ah, Naruto, pensé que te había dicho que te tomes unos días de desc-"

"Nonono, ya estoy totalmente recuperado, quiero entrenar dattebayó!"

"Naruto-"

"Seenseeeeei…" dijo fingiendo tristeza, "por favor, porfi, entréneme."

Kakashi bufó, "no…"

El rostro del muchacho se contorsionó en una mueca, "¿por qué?"

"Es… Sasuke, debo entrenarlo a él."

"¡¿Qué?!" Gritó "¡¿Por qué?!"

"Bueno… en primer lugar debo vigilarlo para que no tenga… otro episodio…"

"Epi- Oh," pausó de pronto, mirando al piso, colorado con lo que Kakashi supuso era vergüenza. "Eso… y, erhm, q- qué le pasó? Quiero decir, por qué él hizo… hizo eso?"

"Aún no sabemos," mintió, y notó la mueca de tristeza que surcó la cara de Naruto, "además creo que mis habilidades lo ayudaran mejor a él," le respondió aburrido, señalando su ojo cubierto.

"Pero, y- y- y- y yo?"

"No debes preocuparte por eso, dejé todo preparado para que obtengas la mejor educación posible. Bueno, tan buena como puede llegar a ser sin tenerme a mí como profesor…"

Naruto sólo levantó una ceja en respuesta.

"Espero que eso no signifique que no me consideras el mejor profesor del mundo…"

"Por supuesto que sí."

"Voy a ignorar que dijiste eso porque no quiero quebrarte los brazos y arruinarte el mes de entrenamiento."

Naruto palideció visiblemente, más para darle el gusto a Kakashi que porque realmente tuviera miedo de su sensei. Después de todo, sabía que el jönin jamás haría algo para lastimar a cualquier integrante de su equipo.

El ninja que copia sonrío satisfecho.

"Bien, deberías empezar cuanto antes tu entrenamiento. Recuerda que debes asegurarte de mostrarle tus puntos débiles a tu nuevo maestro, no sólo los fuertes." Naruto hizo una mueca de fastidio, "tu nuevo sensei es-"

"-Naruto-niichan!" Una voz casi tan potente y aguda como la de Naruto retumbó en los oidos super desarrollados del jönin que dió un paso hacia atrás inconscientemente y frunció la nariz a modo de molestia.

"¡Konohamaru!" Lo saludó el rubio, y Kakashi -reconociendo de inmediato al muchacho de cabellos castaños y su procedencia-, se contuvo de darle una buena sacudida al menor.

"Naruto-niichan, es cierto? Es cierto que llegaste al último nivel de los exámenes?" Los ojos del menor brillaban con lo que Kakashi rezaba fuera sólo admiración.

Naruto rió con tono falsamente modesto y rascó su nuca, "por supuesto que sí. La segunda no fue nada, de hecho fue super fácil. Tuve que luchar contra un camaleón de siete metros de altura que quería matarme, pero lo vencí rápidamente."

Konohamaru abrió la boca de impresión.

"Un camaleón?" Preguntó Kakashi levantando una ceja, "eso no se vé muy intimidante…" susurró, imaginándose un bicho de ojos saltones y lengua gigante tratando de comerse a Naruto. "¿Cómo lo venciste? ¿Lo obligaste a tratar de volverse de color naranja?"

"¿Eh?" Respondieron ambos niños al unísono, atónitos.

Dándose cuenta de que Naruto se había equivocado horrorosamente del nombre del animal que lo había atacado, decidió no hacer ningún otro comentario hiriente. "Creo que te refieres a un escorpión, Naruto." Dijo sonriendo.

"¿Escorpión?" Preguntó el rubio.

"Sí, son esos bichos que tienen una cola con púa venenosa y tenazas," ante estas palabras del peliplata el rostro de Konohamaru se iluminó aún más con admiración.

"Oh! Naruto-niichan es muy fuerte! Seguro vencerás a todos los demás en el examen."

El rubio se sonrojó un poco, "jé, ¡por supuesto que sí!" Gritó entusiasmado.

Kakashi levantó una ceja y tosió.

"Oh-" recordó el Uzumaki, "pero en realidad tendremos que luchar en equipo…" dijo en un tono más bajo de voz.

Konohamaru pareció entristecerse un poco ante la idea de no poder ver a su ídolo en un mano a mano, pero rápidamente se recuperó.

"No importa! Con lo fuerte que es Naruto-niichan ninguno de sus compañeros tendrán que pelear! Sólo deja que tomen su sueño reparador a los costados de la arena!"

Naruto rió sonrojado y Kakashi reprimió rodar los ojos.

"Oh-oh, Naruto-niichan, tienes que practicar tu pose!" Continuó el pequeño.

"¿Mi pose?" Preguntó el gënin y Kakashi levantó una ceja.

"¡Exacto! Tu pose cool para presentarte y tu otra pose cool de victoria! Los más poderosos guerreros siempre hacen una!"

"Pose cool?" Preguntó nuevamente el Uzumaki con estrellas en los ojos, "oh-oh- pose cool, pose cool, ¡¿cómo no pensé en eso antes?! Si quiero ser el más poderoso Hokage de Konoha tengo que tener una!" Gritó totalmente excitado con la idea.

"Sí sí. Podemos ver en mis comics y mangas qué pose hacen los héroes y copiarlas, crear poses juntos y-"

"Kakashi-sensei," lo llamó su alumno inesperadamente, "¿cuál es su pose?"

"¿Qué?" Preguntó el aludido que, al escuchar la sarta de idioteces de los jóvenes, había comenzado a imaginarse su escena favorita del Icha-Icha Paradise.

"¿Su pose? Ya sabe la que hace antes de luchar o después de vencer a su enemigo…" Intervino Konohamaru levemente ofendido.

"¿Acaso levanta un puño a modo de triunfo?"

"¿Saca pecho y pone sus manos en la cadera?"

"¿O hace el signo de la paz con los dedos?"

"Pone cara sexy y-"

"No hago nada."

"¿Eh?"

"No hago nada."

"¿Cómo que nada? Un ninja cool tiene que hacer algo!"

"Uh…" dijo llevándose un dedo al mentón, "bueno si les sirve de algo la primera vez que vencí a un enemigo…" los ojos de ambos menores se iluminaron, expectantes, "grité."

"Gritó?" Pregunto Konohamaru decepcionado.

"Sip."

"Pero…" empezó Naruto.

Grité porque tenía mi brazo atrapado en su torso y, verán, su sangre caía por mi antebrazo. Pensó en confesar el jönin, pero no quería destruir la energía positiva que transmitía el jinchüriki, no cuando sus otros dos alumnos estaban al borde del colapso mental y físico.

"Menudo jönin! Seguro que Naruto-niichan podría vencerte si quiere!" Comentó el nieto del Hokage.

Kakashi envió una mirada curiosa a Naruto que empalideció.

"N-no importa, Konohamaru, tú y yo crearemos nuestras propias poses!" El pequeño asintió entusiasmado, "¿cómo crees que deba hacer la mía? Podría hacer una mostrando mis músculos, o una haciendo la mueca de estar comiendo ramen!-"

Notando que la atención del menor de sus estudiantes estaba irrevocablemente perdida, el jönin decidió desaparecer de la escena sin volver a intervenir. No importaba, de todos modos Naruto averiguaría quién iba a ser su maestro sin ningún problema. Algo le decía que el muchacho tenía ese tipo de suerte…


Cualquiera pensaría que habiendo logrado aprobar la segunda instancia del examen, su padre se sentiría levemente más orgulloso de ella, o por lo menos, le habría dado una muestra de aprecio, un pequeña felicitación.

Pero ella sabía mejor qué esperar y, por supuesto, al enterarse él de que en realidad su equipo llegó a tiempo por pura suerte, le dió el tratamiento silencioso, lo cual tendría que ser una especie de bendición dado el modo en que la trataba constantemente.

Pero Hinata descubrió que el ser ignorada era mucho peor que ser castigada.

Hiashi se había rendido con ella.

Él ya no la entrenaba, ya no la levantaba temprano en las mañanas para luchar contra ella en el döjo familiar hasta el atardecer, ni la cuestionaba cuando salía a ver a sus compañeros de equipo o la interrogaba cuando regresaba de algún entrenamiento. Hinata se encontraba ahora a la merced de sus familiares para aprender las técnicas de su estirpe, y debía soportar ser comparada constantemente, una y otra y otra vez con el prodigio del clan. Neji.

De haber sido él el heredero al trono o de haber sido ella otra chica más dentro de la rama secundaria de la familia Hyüga, nadie jamás la habría comparado con su primo. Era sólo por su estatus que su nombre era constantemente utilizado para denigrar a la rama principal en comparación con las capacidades del representante más importante de la rama inferior. Pero para ella llegó un punto en que ya no le importaba.

Jamás llegaría a ser tan buena como Neji en el control de las técnicas de su clan, en ver los puntos de chakra tan precisamente y en canalizar la cantidad específica de poder necesaria para romper, lastimar o simplemente hacer un cosquilleo al oponente como él. Jamás sería tan rápida como él, o de carácter tan tranquilo y perfecto para la batalla como Neji.

Pero eso no le importaba, lo único que realmente le molestaba era ser constantemente comparada. Pero ¿cómo evitarlo? Ella como la heredera debería ser la más fuerte de su clan, y sin embargo, ni siquiera podía vencer a Hanabi, su hermana menor.

El problema era que no tenía manera de escapar de aquellas comparaciones ahora que los entrenamientos con su equipo habían sido suspendidos debido a los exámenes. Tenía que estar todo el día en su hogar, ser entrenada por gente de la rama secundaria y ser ignorada por su padre.

Todo eso, durante un mes.

Y la última instancia se trataba de luchar en equipo, junto a Kiba y Chöji, por supuesto, lo que significaba que sin dudas tendrán que pelear contra otros equipos a su vez.

La idea la hizo estremecer por un lado y alegrarse por el otro: Las peleas eran en equipo, por supuesto, si lo eran, entonces Kurenai les diría de entrenar juntos para perfeccionar sus estrategias.

Gracias a Dios.

Se levantó del suelo donde se encontraba sentada y se limpió de los pantalones la tierra, dentro de poco, Neji llegaría para su sesión de entrenamiento habitual, y no parecía prudente estar en las inmediaciones cuando eso sucediera.

Tenía que encontrar un arbusto donde esconderse y observar su técnica.

Después de todo, hay que aprender del mejor.


El sonido de su columna contra el tronco retumbó en una gran parte del páramo, pero Ino no tuvo tiempo de recuperar el aire que súbitamente abandonó sus pulmones o de gritar su dolor porque tuvo que esquivar como pudo la afilada hoja de la katana de su sensei.

Como una especie de déja vú, el tronco que había detenido su vuelo fue partido por la mitad, el olor a humedad de la corteza y astillas volando por doquier llegaron a sus alertados sentidos, pero ningún indicio de la presencia de Hayate se encontraba allí, como si el espadachín hubiese aparecido sólo por esos escasos segundos en los que cortó el árbol para luego desaparecer de la faz de la tierra.

E Ino creyó que eso era sumamente posible.

Un súbito mareo le nubló la vista, la presión en el pecho debido al golpe del mango de la katana y el punzante dolor en su espalda no se comparaban con la imposibilidad que tenía para respirar. Su garganta parecía haberse cerrado y en conjunto con las grandes bocanadas que tomaba en un intento desesperado por llevar oxígeno a sus pulmones, su cerebro parecía haberse quedado sin aire. Cerró los ojos en un intento desesperado por no caer, quedándose tan sólo con el sentido auditivo y el sensorial para detectar la llegada de su sensei.

Pero Hayate no era el mejor por algo, y por más buena que Ino fuera, ella sencillamente no era un prodigio.

No es que hubiera nada malo en no serlo, respondería la joven Yamanaka en algún futuro distante si alguien le preguntaba, serlo significaba más presión, más expectativas y, además, ser prodigio sólo te otorga la habilidad de aprender más rápido cosas que a otros les cuesta más, lo que los hace arrogantes.

El cementerio está lleno de prodigios.

Sintió el dolor lineal y punzante en gran parte del brazo y, al sentir el líquido cálido caerle por la extremidad, supo que el corte -si bien superficial- era mucho muy real.

Pero no gritó. Gekkö le prohibió hacerlo bajo la pena de un tajo más profundo y la suspensión de las clases durante tiempo indeterminado, sostenía que gritar era revelar la posición, o demostrar el daño a su enemigo, y eso podía ser mortífero. Un shinobi no sólo tenía que ser bueno en la lucha directa, sino también en el engaño. Muchas peleas eran ganadas con una simple mentira, una sencilla actuación.

Hayate había rebanado muchas gargantas porque el enemigo lo había subestimado.

Y no quería que Ino fuera una de ellas.

La kunoichi llevó su brazo sano a la herida y apretó con fuerza, maldición, pensó mientras entrecerraba los ojos con odio.

"Sensei!" Gritó cuando el silencio volvió a reinar y su sensei dejo de atacarla, "En un mes tengo los exámenes finales, no puede lastimarme!"

La voz de Hayate retumbó por todos lados, imposibilitando a la muchacha de descubrir su locación, "no te distraigas." Fue lo primero que dijo, cuando de pronto muchísimas shurikens fueron arrojadas en su dirección.

Ino logró esquivarlas sin mucha gracia, básicamente porque Gekkö sólo quería probar un punto y no tiró de manera letal.

"La próxima será peor. Sin importar las heridas tienes que seguir peleando, Ino."

"¡¿Cómo puedo seguir peleando si me quitó mi espada?!" Gritó indignada a un árbol cualquiera.

El silencio reinó durante unos segundos hasta que el jönin volvió a hablar, "aún no, Ino. Tu psique…"

"-Sí, sí, sí," lo interrumpió, "mi psique, mi psique, mi psique. Eso es todo de los que papá habla, y ¡usted también! Ya está, maté a alguien, supérenlo."

El tono era frío y calculado, muy calculado, Hayate notó, y descendió de su escondite para descubrirse.

"No somos nosotros los que tenemos que superarlo, Ino."

La muchacha parpadeó un par de veces, sorprendida, y el jönin notó cómo sus ojos brillaban un poco más, antes de que toda su cara se contorsionara en una mueca de enojo.

"Yo ya lo superé."

Negación.

"No, no lo hiciste." Contestó calmo, "y eso está bien."

"Soy una kunoichi," dijo mirándolo a los ojos -la imagen de Kakashi cruzó por su mente unos instantes, pero la parpadeó antes de que pudiera asentarse-, "así es nuestra vida. Estoy preparada para eso."

Hayate quedó perplejo y la observó unos largos minutos sin hablar. La pequeña muchacha que llegó un día de la mano de su sensei y que no estaba segura de querer aprender el arte de la espada estaba ahora ahí, frente a él, con los ojos desafiantes. Iba a responder algo cuando sintió el cosquilleo en su garganta anunciándole el regreso de la tos y tuvo que dejar su frase en el aire cuando empezó a expulsar el aire en sus pulmones.

Ino, sin embargo, no se movió. Entrenar tanto tiempo con Gekkö la hizo acostumbrar a las constantes toses de su profesor y que interrumpieran una lección o una discusión entre ellos (aunque parecía desaparecer siempre que luchaba y, si lo hacía, eso nunca lo detenía de atacarla), de tal modo que ella tan solo la ignoraba cuando llegaba. Se quedaba parada, esperando que cese, sin prisa.

Cuando por fin el ruido terminó y el jönin pudo respirar normalmente, ella agregó, "quiero mi espada de vuelta."

El castaño la observó. "No."

"Pero…"

"No discutas conmigo, Yamanaka. Soy yo quien decide."

Ino iba a gritar, pero se mordió los labios con resignación.

"¿Ya terminamos?" Preguntó con tono grave, mirándolo a los ojos.

"¿Dije yo que habíamos terminado?" Contestó serio su sensei, decidiendo ignorar el modo en que ella lo observaba enojada, "ponte en guardia."

Y sin más desapareció.

Sin que Ino ni Hayate lo notaran, una persona los observaba desde las sombras de un árbol cercano, con cuidado de no ser vista ni sentida y, tratando de no hacer ningún ruido, descubrió su Sharingan.


A/N: No tengo ninguna excusa salvo que las cosas en mi país -ergo, en mi vida personal económica- no están del todo bien y no puedo sentarme a escribir esta historia como solía poder.

Perdón por el retraso y espero sigan leyendo esta historia, que no voy a abandonar.

Muy buenas vacaciones de invierno! :3