No quise seguir el juego D: !


21.- Kimodameshi


—Unas chicas se han perdido.

Todos se miraron desconcertados. La clase estaba nerviosa. Era un juego lo que debía de estar sucediendo. El típico juego de terror en el que pasabas una prueba de terror y ganaba la primera pareja en llegar a la meta.

Solía ser divertido. Una típica excusa para formarse parejas. Tonterías.

Él había sido arrastrado ahí por Horio y los demás, quienes tenían la esperanza de poder llevarse en las manos algo más que sudor por el terror.

Él simplemente quería que terminara.

Pero entonces, había comenzado todo el barullo.

No se había percatado, pero lentamente, algunas chicas de su clase y de la conjunta, habían ido desapareciendo. Si hubiera prestado atención, se habría percatado de que faltaba la amiga chillona de Ryuzaki. Otra chica que siempre iba en un grupo ruidoso.

Y, mierda, sí. Si se fijaba, también faltaba ella.

Ryuzaki.

Una cosa era el juego y otro que realmente desaparezcan las chicas porque sí. Empezaba a sospechar que hubiera algo entre medias.

Mientras los demás pataleaban y lloraban o gritaban ordenes sin sentidos, alguien llamaba a la policía, él se escurrió entre la muchedumbre y entró en el bosque que habían decidido de usar para hacer el dichoso juego.

¿A quién demonios se le había ocurrido hacer esa mierda?

Atravesó matorrales, se chocó contra árboles y se raspó los codos. Saltó un terraplén y vio la tela rasgada de un disfraz de fantasma. Entrecerró los ojos y siguió las pistas. Ir con su padre a las montañas servía de mucho y no solo para perder la memoria y entrenar.

Seguir rastros era ya una costumbre. Y más, tras su aventura con los últimos juegos.

Por eso, no era sorprendente que llegara hasta donde estaban las chicas. Llegó justo cuando Ryuzaki se rompía el vestido por las piernas para vendar la pierna de otra chica que se había herido. Al llegar hacia ellas, las ramitas bajo sus pies crujieron y llamó así la atención de las chicas. Todas les miraron con espanto, para suspirar aliviadas.

—Ryoma-kun— murmuró Sakuno inclinándose sobre la chica para vendarla—. ¿Y los profesores? Tres chicas se han herido.

Se limpió el sudor con el dorso de la mano y se levantó hacia él.

—Nos dieron los mapas equivocados. Del año pasado. Este año tenemos un nuevo circuito— explicó una de las chicas heridas—. Si Sakuno no tuviera nociones de cuidados, estaríamos asustadas.

La nombrada sonrojó y se quitó mérito rápidamente. Ryoma las contó mentalmente. Estaban todas.

—Iré a por los profesores— informó.

Una chica levantó la mano.

—Espera. Llévate a Sakuno. Ella se perderá si vamos en grupo.

Sakuno enrojeció.

—Mou, no es…

—Es cierto, Ryuzaki— interrumpió tomándola de la mano. Temblaba—. Let's go.

Sakuno protestó, pero siguió de cerca sus pasos, tropezando y protestando cuando ciertas ramas entraban en contacto con sus mejillas. Jadeante, cuando llegaron al claro con el resto de chicos y profesores, quienes los miraron con espanto, cayó de rodillas.

—Las… chicas. Están bien… pero heridas…— balbuceó.

Luego cayó en brazos de Ryoma, medio desmayada. Ryoma aprovechó su poca visión para sonreír, acariciándole la sudada frente.

—Lo hiciste bien, Ryuzaki— felicitó—. Las mantuviste seguras y les diste primeros auxilios. Good girl.

Sakuno sonrió y cerró los ojos.

Mientras recuperaban a las chicas y traían ambulancias. Ryoma bajó colina a bajo, con Ryuzaki murmurando su nombre en su oreja, mientras iba montada en su espalda.


Sigamos :3